Disclaimer and dedications eternal.

Capítulo dedicado a Wendy Ruiz y Tanysha Sánchez.

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11

Secretos descubiertos

Temari miró la puerta del vagón de Chiyo y su nieto. Desde hacía días tenía la curiosidad de abrirlo. Esos dos siempre le habían parecido personas muy extrañas, muy alejadas de Suna a pesar de pertenecer al tren. Recordó el altercado que Sasori tuvo con Kankurō cuando se enteró de la verdad de sus padres. Baki ya les había ordenado no adentrarse en el vagón de los desertores, pero para Temari era casi imposible. Kankurō, su hermano mayor, ya le había dicho que estaba seguro de que podría encontrar el secreto para crear marionetas verdaderamente bellas, como las que Sasori hacía.

Temari encarnó una ceja, preguntándose qué era lo que la arrastraba a desplazarse a tan altas horas de la noche a revisar aquel vagón prohibido. Quiso culpar a la curiosidad de Kankurō y a las palabras de Baki, pero en verdad era su propia ansiedad la que la llevaba a meter una de las llaves que Gaara le había confiado días atrás, para abrir el vagón desconocido.

Miró una vez más la estancia en la que se encontraba. Matsuri y su equipo debían estar dormidos, por lo que no habría problema, no podrían escuchar el sonido de la puerta al abrirse.

Enseguida se adentró al vagón, cerró la puerta. Tosió a causa del polvo, o al menos eso creyó. Su nariz aspiró un fuerte olor que la molestó de inmediato. Temari colocó su antebrazo sobre la mitad de su rostro para aminorar el aroma. No le parecía lógico que el vagón se empolvara y enmoheciera en tan sólo cuarenta y cinco días. No a menos que Sasori y Chiyo hubieran comprado veinte kilos de carne de cerdo antes de irse.

Envalentonándose, la muchacha caminó por la sala y entró a una de las habitaciones. Un mal presentimiento la llenó de inmediato. Esa habitación apenas contaba con una cama individual y un canasto de ropa. No había tocador, armario o una mísera silla. Temari era consciente de la creciente obsesión de Sasori por crear marionetas, pero no lo había creído capaz de utilizar hasta los muebles de su abuela. No era que Temari creyera que Sasori era un sujeto digno de admirar, mas tampoco le parecía que fuera una mala persona. Era arisco, sí, más que su propio hermano menor, pero nada fuera del otro mundo.

O eso es lo que Sasori quiso simular.

Sin más que admirar, Temari salió de esa recámara y avanzó hasta llegar a la puerta de Sasori. El olor a descomposición la embargó con fuerza. Por alguna razón, su mano tembló cuando la colocó sobre la manija, como si supiera lo que encontraría apenas dejara que la luz de la luna iluminara esa oscura habitación.

En cuanto Temari lo permitió, sus ojos se abrieron hasta casi salírsele de las órbitas. Apenas vio los primeros dos cuerpos colgados cuales premios al fondo de la habitación, se dejó caer de rodillas y soltó el más desgarrador grito en su vida.


Chiyo se metió los palillos a la boca para ahogar la absurda discusión entre Sasori y Sakura. Aquélla por la que Sakura ya llevaba varios días fastidiando a Sasori. Y no podía culparla, pues en un descuido – de ambos, aunque Sasori aseguraba que se trataba únicamente de Sakura – uno de los botes de pintura de Sasori cayó sobre la blusa roja de Sakura y ésta tuvo que lavarla de inmediato. A diferencia de la situación de la falda, Sakura no podía quedarse simplemente con lo que había debajo de su blusa por la sencilla razón de que vivía con un "maldito pervertido". Por ende, le había gritado a Sasori todas las amenazas que fue capaz durante cerca de cuatro horas, mientras estaba encerrada en la pequeña habitación que ambos improvisaron adentro del cuarto de Sasori. No hay que explicar que Sakura se negó rotundamente a pasar una sola noche tan cerca de Sasori durante la primera tarde en la que Sasori colocó las varillas para crear dos paredes.

— ¡No pienso dormir tan cerca de un sujeto como tú! — exclamó una vez se percató del plan de Sasori al bajar la madera del ático.

— Por mí no hay problema si lo que quieres es permanecer en el sofá. Sólo te advierto que a los dueños de la casa les hará mucha gracia verte ahí y se burlarán también de mí. No puedo permitir eso. — contestó Sasori. — Créemelo, niña estúpida, tampoco me agrada la idea de escuchar tus quejidos incluso cuando duermo.

— ¿Quiénes son los dueños de esta casa? — cuestionó Sakura, dándose cuenta de lo ilógica que había sido al olvidar que esa casa no era de Sasori y su abuela.

— Akatsuki. — contestó el muchacho mientras martillaba una varilla sobre la otra, sin variar su tono desinteresado. No había tenido otra intención además de cerrarle la boca a esa chillona, cosa que increíblemente logró por unos largos segundos.

— Mientes. — afirmó ella cruzándose de brazos.

— Ojalá. — murmuró él colocando la siguiente tableta. — Pronto los conocerás, no creo que tarden mucho. — prometió indiferente.

Sakura le recriminó por jugar con ella y salió de la recámara avanzando a zancadas. Sasori sonrió: ya quería ver la expresión de esa muchacha cuando Deidara y Hidan se burlaran de ella.

— ¡Ve cómo quedó! — insistió Sakura señalándose la blusa.

Sasori permaneció quieto sin dejar de mirar cómo el agua hervía en el fuego. Sopesaba la opción de arrojársela en el pecho para que dejara de quejarse de su preciada blusa. Sin embargo, creyó que eso sólo empeoraría las cosas. Esa mujer nunca estaba feliz por nada.

— ¡Mírame, Sasori! — exigió Sakura tomándolo del brazo. El aludido se zafó del agarre para después mirarla con el entrecejo más que fruncido. Estaba oficialmente harto de ella. — ¡Necesito ropa y…!

— Ropa, ¿quieres más ropa? — la interrumpió él mientras sentía cómo la sangre le hervía en la cabeza.

— ¡No la quiero, la necesi…! — exclamó Sakura con un dejo de esperanza.

— De acuerdo. — contestó Sasori, nuevamente irrumpiéndola.

Enseguida, colocó las manos sobre su playera y la sacó de su cuerpo. Sakura, enfadada, apretó los puños cuando él le arrojó la prenda a la cara. Chiyo, quien los veía desde la mesa, negó con la cabeza.

— De verdad que no tienes modales, Sasori. — intervino Chiyo. — Un caballero debe escuchar en silencio cuando una dama habla con él.

— Tú me educaste. — respondió con total indiferencia.

Sakura bufó algo parecido a: "estúpido pervertido insensible" y se fue, aún con la playera de Sasori en la cabeza, a la recámara de ambos. Chiyo frunció el entrecejo cuando Sakura golpeó sus caderas contra la mesa y movió unos milímetros el plato de Chiyo. En verdad, le parecía más factible que ellos se mataran antes que el veneno hiciera efecto en ella.

— En segundo lugar — dijo Sasori como si se tratara de una explicación analógica. — ella no es una dama, sino una mota de pelo rosado sin sentido del arte. Y en tercer lugar, ser un caballero y un artista es una contradicción; yo sólo soy un artista. — finalizó antes de servir el agua caliente sobre su plato de ramen. Sin darle importancia al siguiente acto, tomó una de las píldoras soldado que Sakura aún tenía a un lado del lavadero y la echó sobre su sopa. Había descubierto que esas porquerías sabían mejor cuando se les combinaba el sabor a carne de cerdo.

Chiyo no respondió a la enumeración de Sasori, pero dejó escapar una muy leve risa cuando vio que Sasori finalmente sí apreciaba lo que Sakura hacía por su salud. La anciana mujer quería creer que detrás de toda esa hostilidad, podía existir un mínimo lazo de confianza. No quería que su nieto se quedase solo una vez ella muriera y confiaba en que Sakura algún día pudiera tratarlo con un poco de afecto.

Sakura, concentrada en desabotonarse la blusa para después colocarse la playera de Sasori, se regañó por haber deseado admirar el torso desnudo de su compañero de cuarto. Se suponía que era él el pervertido, se suponía que era él quien deseaba verla en prendas menores. Ya lo había demostrado al entregarle su playera, gris, larga incluso para él y de algodón. Sakura reconocía que podría servirle como pijama. Al mirarse al espejo que Sasori tenía en su lugar, Sakura reconoció que la prenda, aunque corta, no dejaba a la vista nada prometedor. Ante tal visión, Sakura se sintió confiada en quitarse la falda y los mallones para lavarlos al igual que la blusa. Estaba segura que el olor a pintura también llegaba a sus mallones.

Cuando salió del baño, se encontró de frente con Sasori, quien todavía no cubría su torso desnudo. Sakura, ruborizada tras ver con detenimiento los músculos en los brazos de Sasori, desvió la mirada. Él, mientras tanto, alzó una ceja, con el curioso impulso en la lengua de restregarle que ella sí veía su cuerpo. Sasori no consideraba que su cuerpo fuera arte, pero también era consciente de lo atractivo que resultó en Suna. Sabía que aunque Sakura lo negara, le parecía tan siquiera simpático y eso, por alguna razón, lo hacía sentir poderoso.

— Quiero que te quede claro que sólo utilizaré esta prenda durante el tiempo que tarde mi verdadera ropa en secar. — le dijo Sakura tratando de estirar la tela de la playera para cubrirse mejor las piernas.

— ¿Tu verdadera ropa? — cuestionó Sasori encarnando una ceja. — ¿Acaso no consideras esta playera como tu verdadera ropa?

— No.

— Excelente. Entonces, devuélvemela de inmediato. — le dijo mientras extendía el brazo frente a ella.

Sakura lo escrutó con la mirada dudando que él no bromeara, pero al ver la seriedad en sus ojos, abrió la boca para insultarlo. Empero, un ruido detrás de la puerta verde los distrajo.

— ¿Qué fue eso? — preguntó Sakura. — No-no son los dueños, ¿verdad?

— Por fin regresaron. — respondió Sasori más para sí mismo que para ella.

Sin decirle nada, avanzó hasta la puerta de la habitación para visualizar a los miembros de Akatsuki. Como siempre, Deidara ya se había adelantado con el objeto de entrar antes que Hidan y Kisame. Los otros miembros de la organización se aglomeraron en la pequeña puerta verde, provocando que sus capas se enredaran un tanto.

Sakura soltó un pequeño grito al reconocer las nubes rojas en los ropajes. Cuando Sasori le dijo que esa casa pertenecía a Akatsuki, no creyó que hablara en serio; pero ahora que los veía a tan escasos metros de ella, sintió cómo su corazón latía con fuerza. Sin ser plenamente consciente, se colocó detrás de Sasori para así esconderse. Por alguna razón, creyó posible que desaparecería si Sasori no se movía.

No obstante, Sasori la miró sobre su hombro con una expresión de extrañeza. Se preguntó si ella de verdad creía que la protegería en caso de que alguno de los Akatsuki quisiera atacarla. Nuevamente, sin pensarlo, Sakura respondió a esa muda pregunta al no moverse de su lugar. Ingenua niña tonta.

— Amigo Sasori — dijo Deidara interrumpiendo las cavilaciones de ambos. — no querrás seducirnos con ese escorpión en el pecho, ¿verdad?

— Deidara. — saludó Sasori sin ninguna emoción en el rostro.

— ¡Hazte a un lado, imbécil! — le dijo Hidan a Deidara antes de empujarlo. — Qué confianzudo saliste, enano Sasori. — se burló antes de adelantarse.

Kakuzu, Konan y Yahiko pasaron sin hacer ningún comentario y el primero caminó directamente a la cocina. Detrás de ellos, Kisame se asomó para comprobar que Deidara ya no estorbaba el acceso y se adentró a la estancia. Sin embargo, cuando Itachi lo hizo, Sakura dejó escapar un grito de asombro antes de cubrirse la boca. Demasiado tarde: los Akatsuki habían dirigido su vista hacia Sasori y la pequeña mota rosada que se asomaba discretamente sobre su hombro. Sasori suspiró antes de dar un paso a su derecha y dejar ver a Sakura.

— ¡Una chica! — exclamó Kisame extrañado.

— Hn, lo que nos faltaba: has contratado a una prostituta. — dijo Deidara con una sonrisa cínica.

— ¡¿Trajiste a una puta a nuestra casa, hijo de perra?! — bramó Hidan con un paquete de ramen en la mano.

— No es una prostituta. — respondió Sasori cruzándose de brazos.

— ¿Es tu chica? — preguntó Konan con una ceja encarnada, ocultando su enojo tras ese gesto. — Creo que no te especificamos muy bien el hecho de que nadie debía saber acerca de este lugar, Sasori.

— No es mi chica. — aseguró Sasori arrugando la nariz como si aquella suposición fuera lo más desagradable en la vida. — Ella se está encargando del antídoto de Chiyo. — explicó, pero nadie pareció creerle.

— ¿Y entonces por qué tiene sólo tu playera puesta? — cuestionó Deidara sonriendo con más amplitud.

— ¡¿Qué quieres decir con eso?! — estalló Sasori sonrojándose ligeramente al responderse a sí mismo.

Giró el rostro para mirar a Sakura. No le parecía normal que ella no hubiera desmentido aquellas atrocidades con sus usuales chillidos, mas la mirada de Sakura seguía fija en Itachi. Sasori recordó que una vez creyó que ese sujeto era muy parecido a Sasuke, por lo que podía asumir lo que pasaba en la mente de Sakura: ella había dicho que Naruto y Sasuke no tenían padres y que ellos funcionaban como una familia, lo que daba a entender que ninguno poseía parientes. Es decir, Sasuke no tenía hermanos… aparentemente.

— Sea quien sea, no puede permanecer aquí. — dijo Yahiko con firmeza. — Y como no es seguro que ella no revele nada acerca de nuestro paradero, tendremos que matarla.

— Ella es Sakura Haruno, de Konoha. — dijo Itachi, quien había respondido sin vacilar a la mirada de la muchacha. — ¿Qué haces aquí?

Sakura lo miró con asombro antes de fruncir el entrecejo. Repentinamente, el escuchar a Itachi hablarle, había despertado en ella el odio que cargó junto con Sasuke durante esos años. Sintió sobre ella el peso de la pérdida de su amigo y deseó que aquello fuese una mentira, que él no estuviese ahí, que no formase parte de tan atroz civilización. Lo deseó muerto, tal y como Sasuke y todo Konoha lo creían.

Sasori vio en su mirada el profundo odio que sentía por Itachi y de inmediato sintió el peligro venir. Si ella atacaba a Itachi, lo más seguro era que los demás lo defendieran. No le preocupaba el bienestar de Sakura, pero sabía que terminarían por atacarlo a él por ser su "invitada". Estúpida niña voluble.

— ¡¿Yo qué hago aquí?! — preguntó Sakura con la respiración entrecortada y los ojos centelleándole de ira. — ¡¿Tú qué haces aquí, maldito mentiroso?! ¡Sasuke-kun te cree muerto! ¡Sufrió por tu familia! ¡Lo dejaste solo! ¡Lo abandonaste, estúpido! ¡¿Por qué no estuviste con él?! — preguntó antes de que un par de lágrimas resbalaran por sus mejillas. — ¡Él te necesitó, imbécil de mierda! ¡Sasuke-kun te necesitó y tú lo abandonaste para unirte a este maldito grupo de asesinos! — lo acusó antes de dar dos pasos al frente y tomar un pedazo de madera que Sasori había recargado casualmente a su lado. — ¡Deberías estar muerto! — le gritó antes de arrojar la tabla de madera hacia donde estaba Itachi.

Por fortuna, antes de que pudiera siquiera acercarse a su objetivo, Sasori ató uno de sus hilos para jalarlo con fuerza hacia atrás y hacerla trizas sobre la pared del pasillo. Akatsuki miró la escena perplejo, a excepción de Itachi, pues él ya había advertido la furia de Sakura desde que Sasori la descubrió. Al Uchiha no le importaba qué fuera ella de Sasori, pero sí lo que habría pasado con Konoha para que ella tuviera que encerrarse en ese lugar, seguramente bajo la merced de Sasori. Algo muy grave tenía que estar pasando en Konoha y no le daba buena espina. Miró los pedazos de madera que permanecían en el suelo; la muchacha merecía respuestas, pero no quería dárselas. A él ya le dolía demasiado recordar el pasado, recordar a su pequeño hermano, como para abrir nuevamente las cicatrices.

— Esa perra es hábil. — dijo Hidan sonriendo. — Me gusta.

— ¡Responde, idiota! — exclamó Sakura estirando el brazo para tomar otra tabla de madera, mas Sasori se colocó frente a ella y la miró a los ojos, para que ella le respondiera el gesto. — ¡Quítate! — le ordenó tratando de empujarlo, pero él tomó sus muñecas y las colocó arriba de su cabeza, sin decirle una sola palabra. — ¡Suéltame! — gritó tratando de darle un rodillazo en la entre pierna. Sasori, sin dejar de mirarla, se colocó de perfil y recargó la mitad de su cuerpo en ella para inmovilizarla. — ¡¿Cómo puedes defender a ese monstruo?! — chilló sacudiéndose con el objeto de deshacerse de su agarre.

— Porque Akatsuki no es lo que crees. — contestó él poniendo énfasis en sus palabras. — Mírame. — ordenó, pero ella siguió moviéndose como podía. — Mírame, mírame, Sakura. — le dijo, por primera vez utilizando su nombre.

Ella reaccionó de inmediato al percatarse de ese hecho. Su rostro perdió todo el color y sus ojos se centraron en las pupilas de Sasori. Nuevamente, vio en ellas indiferencia y mucho dolor. Empero, también podía ver una firmeza digna de un líder. Sasori hablaba en serio. Paulatinamente, Sakura relajó su respiración, comprendiendo lo estúpida que fue al atacar así a Itachi: no sólo se había arriesgado a ella, sino a Chiyo y a Sasori. Había sido egoísta; no importaba el odio que sintiera por Itachi, debía poner al frente sus prioridades.

— Lo siento. — se disculpó después de unos segundos, bajando la mirada.

Sasori resopló previo a soltarla y girar el cuerpo para encarar a Akatsuki. Ya imaginaba que Hidan y Deidara seguirían creyendo que Sakura era su novia, pero ahora le importaba que se percataran de que él no la dejaría ir tan fácilmente. Ella era su herramienta, su asistente y la persona que volteaba de cabeza su mundo. A diferencia de Sakura, a Sasori no le importaba qué tan egoísta pudiera sonar: no permitiría que alejaran a Sakura de la casa hasta que no hiciera lo que debía hacer.

— ¿No vas a responderle, Itachi? — espetó Sasori.

— Yahiko, no podemos tolerar… — comenzó Konan, pero el líder alzó la mano para hacerla callar.

— Ella es alumna de Tsunade Senju, es médico, así que Sasori puede no mentirnos. Sin embargo, quedará bajo responsabilidad de Sasori que ella no diga nada de nosotros. — advirtió. — Respecto al asunto de los Uchiha, me parece que es algo privado. Si Itachi quiere hablar con ella, daré mi consentimiento y si el niño desea hablarle de nosotros, debe ser más que cuidadoso. No confiamos en ella y debe saberlo. — concluyó antes de dirigirse a la cocina.

Kakuzu murmuró algo que sonó a: "yo la habría matado" y preparó su sopa, no sin antes percatarse del escaso número de paquetes que quedaba en la alacena.

— Ella absorbe nuestro ramen, que se compre el suyo. No pienso mantener a una mosquita muerta, sin importar que se trate de la novia del mocoso. — aseguró.

Sasori suspiró, aliviado por la tolerancia de Yahiko. El asunto del ramen no le preocupaba, ya iría más tarde a comprar los paquetes faltantes; sólo deseaba no tener ningún problema con todos ellos.

— Danzou mató a nuestra familia. — dijo Itachi sin moverse de la puerta. Sakura y Sasori lo miraron con incertidumbre. Kisame, a un lado de Itachi, lo observó con cierta melancolía: seguramente ya había escuchado antes esa historia. — Sasuke posiblemente no lo recuerda, pero yo lo encerré en una de las alacenas para que no fuera descubierto. Mientras tanto, intenté proteger a mis padres, pero cuando llegué ya era tarde. Deseé morir, que me mataran y estuve a punto de salir de la casa y permitir que sus espadas me atravesaran, aunque después recordé que mi hermano… que él no podía quedarse solo.

»Estuve tentado a sacar a Sasuke de la alacena, criarlo y prepararlo para pelear contra Danzo, pero él era tan chico y yo tan inmaduro. Supe de inmediato que nadie me daría trabajo y mucho menos uno en el que Sasuke pudiera estar cerca de mí. Antes había escuchado del tren que se llevaría a los habitantes con mayor potencial, por lo que asumí que en cuanto encontraran a Sasuke, lo meterían a él. Supe entonces que no volvería a verlo; al menos hasta que la revolución se llevara a cabo y pudiera salvarlo… pero tuve la certeza de que lo mantendrían con vida y con un techo. Aun cuando los gritos de nuestros familiares seguían escuchándose, abrí la alacena, abracé a Sasuke y le dije que permaneciera en la casa, en la cocina, hasta que alguien fuera por él. Le ordené que no se moviera de ahí y que no se asomara por la ventana. Él no respondió, sólo se mordió el labio… a papá no le gustaba que llorara. — explicó sin perder la compostura o sin variar el tono de voz.

— Un par de semanas más tarde — continuó después de unos segundos. — encontré a Kisame y a Konan. Ellos me explicaron lo que era Akatsuki y reconocieron mis facciones como las de un Uchiha. Al ver la oportunidad de una revolución, accedí a unirme a ellos.

— ¿Revolución? ¿Eso es lo que buscan? — preguntó Sakura completamente atónita, aún sin creer por completo la historia de Itachi. — ¿U-ustedes? ¿Por qué?

— Porque el dolor ha cegado a las personas y se ha convertido en indiferencia. — contestó Yahiko sentándose a un lado de Chiyo, quien ya se había acostumbrado a esos muchachos. — Las personas pierden sensibilidad cuando creen que lo que sucede a su alrededor es normal, por lo que el dolor ocurrido en los trenes de Danzou sólo es comprendido por los habitantes de esos trenes, mientras que la gente alrededor de la estación, cree que esas personas son ratas que deben permanecer encerradas.

— Sigo sin entenderlo. — insistió ella.

— Danzou corrió la noticia de que Akatsuki se dedica a matar y robar para mantenernos a la raya. — resumió Deidara mirando una de las píldoras soldado de Sakura. — ¿Esto es arcilla?

— Son vitamínicos. — contestó Chiyo completamente ajena al embotellamiento en la cabeza de Sakura.

— Hn, se ve horriblemente asquerosa.

— ¿Y no lo hacen? — cuestionó Sakura con una sonrisa irónica. — Disculpen, pero creo que hace unos minutos, planeaban matarme.

— Si nos pagaran por cada vez que decimos eso, Kakuzu no sería tan malditamente tacaño. — respondió Hidan. — Claro que te mataríamos si dices algo, pero parece que Sasori te tiene muy bien controlada.

— Eso es mentira. — respondieron Sakura y Sasori al unísono.

— Sasuke-kun merece saber que estás vivo. — le dijo Sakura a Itachi tras un par de segundos de incomodidad. — Él ha sufrido mucho creyendo que no tiene…

— Él tiene amigos. — la interrumpió Itachi. — ¿Qué sucedió en Konoha?

Sakura enrojeció al recordar su fracaso. No podía decirle al hermano de Sasuke cómo había fallado en una misión tan sencilla, no podía decirle que no había podido cumplir una orden tan poco compleja y que desconocía el bienestar de sus amigos. No podía decirle todo eso porque ella misma trataba de enterrarlo en el fondo de su memoria.

Finalmente, empujó a Sasori para introducirse a la habitación. No toleraría la mirada de Itachi, no toleraría que todo Akatsuki sintiera lástima por ella. Hasta cierto punto, agradecía que Sasori fuera tan distante con ella pues sólo de esa manera él no sentiría pena por su situación. Sasori era tan distinto a las personas, tan ajeno al mundo, tan solitario…

Se mordió el labio antes de tumbarse en el colchón que Sasori había introducido en la pequeña pieza de Sakura. Sí, Sasori era todo eso, pero también había sido considerado con ella, la había admitido en la casa, había permitido que ella comiera de su ramen, había dejado que ella invadiera su privacidad y le había dado parte de su espacio personal. Por si fuera poco, también le había regalado una prenda. Era cierto, no se trataba de la persona más amable del mundo; en realidad desconocía gran parte de Sasori, pero tampoco era un monstruo. Tal vez había mostrado una máscara de insensibilidad, mas Sakura ahora sabía que ése no era el verdadero Sasori.

Se dio la vuelta en la cama y miró al techo, mientras aspiraba el aroma a madera incrustado en la playera gris. Pensó en sus ojos, en su mirada; sonrió y cerró los ojos. Sasori no podía ser tan malo después de todo lo que ya había descubierto de él.

Sasori, mientras tanto, dejó a Akatsuki y se adentró en su habitación para buscar a Sakura. Vio el rostro sereno de Sakura a través de las persianas que habían puesto.

— Vaya chica. — murmuró. Habría jurado que momentos atrás había estado a punto de llorar.

Sasori también sonrió. Aún había mucho por descubrir de esa mujer y, por primera vez, él quería adentrarse al mundo de otra persona que no fuera su reflejo. Sakura era diferente a otras personas, Sakura valía el tiempo, valía la vergüenza. Sakura valía la vida.

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¡Hola!:

Este capítulo me gusta mucho por la parte cómica que hay entre Akatsuki y Sakura. La verdad, es de las primeras escenas que se crearon en mi cabeza - ese día me reí como loca en pleno transporte público. Espero haya sido de su agrado. Para su fortuna, la interacción de Akatsuki en el fanfic aún tiene mucho que dar y seguirán presentes en el capítulo siguiente.

Por otro lado, Temari entró a donde no debía y encontró lo que no quería. Fue una escena contrastante respecto a lo siguiente; pero por eso el capítulo lleva el nombre de "Esperanza". Sakura sí ve cosas buenas en Sasori y él ya está demostrando que Sakura no está tan equivocada.

La ternura va a estar muy presente en estos capítulos, así que cuiden su azúcar.

Les mando un fuerte abrazo.

A Kikyo-chan: Muchas gracias por el comentario y el apoyo. Me alegra saber que has seguido el fanfic desde sus inicios, qué linda eres. Deja que primero se conozcan un poquito más antes de que se besen; sí habrá beso, pero todavía no. Saludos.

Andreea Maca.