Cap. 11: Defendiendo a Kurt
Un nuevo día había comenzado en el Mckinley, estudiantes corriendo por el edificio, abriendo y cerrando casilleros, hablando y riendo era todo lo que apreciaba Quinn desde su propio casillero, estaba esperando que su amiga Brittany le trajera unos libros pero estaba desistiendo de la idea de esperar por su amiga, ya que habían transcurrido unos diez minutos y no había señal alguna de ella.
Sus ojos vagaron a lo largo del pasillo hasta que una voz se llevo toda su atención, era Kurt peleándose con Karofsky como casi todos los días, desde que el chico había vuelto al instituto los insultos y bromas se habían convertido en la actividad favorita del rugbier.
-Eres insoportable-le grito el chico de ojos azules mientras seguía al chico dentro del vestuario entonces sin pensar en las consecuencias la rubia camino para defender a su amigo, tal vez ella podría frenar tanto acoso y odio que recibía por parte de Karofsky.
-Vete de aquí, o qué quieres verme desnudo-lo empujo arrugando el saco gris que Kurt llevaba puesto
-Eres un asco, ni siquiera eres mi tipo-le respondió alterado enfrentándose al chico que era mucho más alto y corpulento
-Kurt-lo llamo la porrista pero nada cambio, ellos seguían en su pelea
-Claro Hummel, yo tenía entendido que todos eran tu tipo-contesto con una sonrisa burlona
-No, para tu información no quiero estar con niños gorditos que sudan mucho y van a ser calvos para sus treinta años-respondió mientras Quinn le ponía una mano en el hombro para tranquilizar a su amigo
-No me provoques Hummel, no lo hagas-le indico el chico cerrando con fuerza la puerta del casillero
-Kurt, ya déjalo. No tiene sentido pelear con él.
-Eso Hummel, escucha a tu amiga si no quieres terminar en el hospital-le aconsejo
-¿Qué? ¿Me vas a pegar? Hazlo así tengo una buena razón para que te expulsen del instituto-respondió sin escuchar a la rubia que le hablaba para tranquilizarlo-Pégame, pero eso no va a cambiar lo que soy. ¡No puedes quitarme a golpes lo gay en mí, más de lo yo puedo quitar lo ignorante en ti!-entonces la porrista vio esa mirada de odio resurgir en Karofsky, vio como sus ojos transmitían tal odio incompresible y supo que debía parar aquel golpe que el rugbier le tenía preparado a Kurt, no lo dudo ni un segundo, se puso frente a su amigo y un ardor en su mejilla izquierda la dejo viendo solamente oscuridad.
-¡QUINN!-grito el chico de ojos azules viendo a su amiga en el suelo, la tomo del rostro pero está no despertaba y mientras Karofsky se lamentaba en su posición apareció Sam en el vestuario seguido de Finn y otros integrantes del equipo de futbol.
El rubio corrió hacia la porrista desesperado por no poder despertarla, mientras Puckerman era sostenido por dos de sus compañeros para que no golpeara a Karofsky, Finn se quedo estático al ver aquella escena.
-Finn ayúdame-le grito Sam mientras trataba de llevar a una Quinn desmayada a la enfermería, pero le era imposible sostener a la chica
-Claro, perdona-murmuro tomando a la rubia en sus brazos, camino con rapidez hasta la sala de enfermería, se enfrento al pasillo donde la gran mayoría de los alumnos todavía deambulaban y se preocupaban por la líder de las porristas
Al dejarla en la camilla, la enfermera le pidió que saliera al pasillo y lo último que vio fue a una Quinn acostada, con sus ojos cerrados y sangre cayendo por su labio.
-¿Dónde está Quinn?-cuestiono Santana llegando de la mano con Brittany-¿Qué le paso?
-Tranquila Santana, es solo un desmayo, va a estar bien-le respondió Finn sin dar mucho más detalles, tratando de tranquilizar a sus compañeros
-¿Quién fue?-cuestiono con tono molesto la latina
-Karofsky-respondió Sam mientras cerraba sus puños con fuerza
-Todo esto es mi culpa-espeto Kurt mientras sus lágrimas caían sin cesar, Mercedes lo abrazo con fuerza para consolar a su amigo y Tina se unió a ellos.
-No es tu culpa, tú no le has hecho nada-le indico Sam tratando de animar al chico
-San, ¿Quinn va a estar bien?-pregunto con miedo, le entristecía ver a sus amigos preocupados y otros llorando, pero lo que más miedo le daba era perder a su mejor amiga.
-Sí, tranquila Britt. Ella va a estar bien-contesto con suma seguridad mientras atraía a la rubia hacia su cuerpo para abrazarla con fuerza
El pasillo estaba lleno de gente que necesitaba saber sobre la salud de Quinn, no estaban los chismosos, o alumnos que querían perder la primera hora del día lectivo, allí estaban sus amigos, sus compañeros, aquellos con los que se entretenía en la hora del club Glee aunque ella no lo dijera en voz alta.
La ayudante de la enfermera salió al exterior sorprendida de ver a los chicos en aquel pasillo pero aquellos rostros de preocupación le hizo entender que la chica rubia que yacía desmayada en la camilla tenía amigos, gente que se preocupaba por ella.
-¿Cómo está Quinn?-cuestionaron desde la lejanía, entre tanto silencio durante quince minutos Rachel hablo sin poder ocultar su preocupación
-Ella está bien, solo fue un desmayo, pero su madre la vendrá a buscar y la llevara al hospital para que todos puedan estar tranquilos-contesto tratando de calmar los nervios y lágrimas de los presentes, luego de sus palabras se retiro y los abrazos no tardaron en llegar, Finn se abrazo a su novia con fuerza, a pesar de sus peleas constantes aquel momento le restaba importancia a su situación actual como pareja.
Quinn despertó dolorida, su lado izquierdo de su rostro se sentía como si hubiera recibido una puñalada pero solo era un corte en el labio y su pómulo moreteado, supo que ya no estaba en el instituto cuando se sentó en la camilla y vio a su madre en un pequeño sillón y su padre entrando con café al dormitorio.
-Cariño-espeto Russel dejando de lado las tazas humeantes de café
-Quinn-exclamo su madre acercándose a ella-¿Cómo estás? ¿Te duele?
-Un poco-respondió con una mueca de dolor al hablar-¿Cómo termine aquí?-cuestiono aun sorprendida de estar en un hospital
-Te has desmayado y la enfermera no podía despertarte, llamaron a urgencias y yo pedí que te trajeran aquí, pero todo está bien, solo fue un golpe.
-No, nada está bien Judy. Golpearon a nuestra hija, podría haberla matado y nadie se haría cargo-respondió Russel con tono molesto-Cariño-le hablo tratando de sonreír mientras la tomaba de la mano-¿Cómo ha pasado esto? ¿Cómo un chico termina golpeándote?
-Papá-se quejo esperando poder evitar el tema
-Déjala Russel no quiere hablar de eso, ella está bien y eso es lo importante- Judy lo detuvo mientras acomodaba el cabello de su hija
Su estadía en el hospital fue un tanto divertida, estuvo dos días enteros para que pudieran hacerle todos los estudios que Russel pedía por precaución y las visitas de sus amigos y compañeros del club Glee no se hicieron esperar.
-Lo siento mucho, Quinn-le dijo Kurt por enésima vez en aquella visita
-Ya Kurt, deja de pedirme disculpas o voy a llamar a mi enfermera para que no te deje entrar-le advirtió con un tono bromista
-Vale, no mas disculpas. Es que no lo puedo evitar-le respondió defendiéndose
-Estoy bien, no hay nada de qué preocuparse. Tal vez me quede una pequeña cicatriz en el labio pero existen las cirugías plásticas-le indico con tranquilidad
-Yo no me operaria-respondió viendo aquella pequeña marca
-¿Por qué no?-pregunto interesada
-Pues te da un punto extra tener una cicatriz, es algo sexy-le explico
-Si tú lo dices, yo no le veo lo sexy.
-Supongo que es la historia detrás de la cicatriz-le aclaro
-Va a ser una de las mejores cuando se las cuente a mis hijos-le aseguro a su amigo-defenderte a ti me ha hecho pensar en lo que quiero ser o hacer pero por culpa de la popularidad lo evito.
-Es difícil vivir la secundaria Quinn, tú al menos tienes la suerte de poder sobrevivir a ella.
-¿A qué precio? Supongo que ya habrán inventado una historia donde tú tienes toda la culpa y yo sigo intacta.
-No podemos decirle la verdad, tú no puedes exponerte, eres mi amiga en secreto y yo lo acepto.
-Yo no, ya no quiero que todo en mi vida sea un secreto.
-¿Todo? ¿Hay algo más?
-Rachel-contesto sin más porque era su mayor secreto, jamás se había animado a decir nada al respecto excepto aquella noche en el porche de su casa junto a Kurt.
-Pero ella no te ha correspondido.
-Lo sé, pero como sé que no me ha correspondido si nunca lo hemos hablado, al minuto de haberle declarado mi amor fui a correr a los brazos de Sam. Además tengo que saber si tan solo quiero estar con ella o si…tú sabes, si…-la rubia titubeaba moviendo sus manos
-Quieres saber si te gustan las chicas en general-termino Kurt la oración en la que divagaba la rubia
-Sí, eso mismo-respondió sintiendo calor en sus mejilla producto de la vergüenza
-Bueno, pero lo primero es hablar con la mini diva-le comento-¿Ha venido a visitarte?
-No-contesto dolida, pero lo aceptaba porque ambas se habían alejado, ni siquiera se saludaban, eran dos extrañas y además Rachel no se enfrentaría sus padres-Ella no vendrá
-¿Por qué? ¿Cómo lo sabes?
-Mis padres son una de las cosas que la aleja de mí, mi papá no tolera a su familia, para él son dos hombres enfermos que van a terminar perturbando la vida de Rachel.
-Eso es… es horrible-sentencio Kurt algo conmocionado ya que él no había recibido nunca un mal trato de aquel hombre, tal vez porque no conocía su orientación sexual o solo evitaba conocerla-Sabes, yo sé que ella te quiere.
-¿Cómo lo sabes? Ni siquiera hablamos Kurt.
-Bueno, cuando estuviste en la enfermería del instituto ella fue la primera en preguntar por ti, se la veía muy afectada y estoy muy seguro de que la vi entrar a escondidas a la sala de enfermería.
-Estas mintiendo-respondió sin creérselo, la morena no tenía intenciones de acercarse a ella, ya nada podía unirlas.
-Yo no miento-se defendió un tanto ofendido-Ella no puede evitar preocuparse, nadie podría hacer algo así, mucho menos Rachel que es la reina del drama.
-Bueno, pero eso no significa que me quiera, ella tan solo estaba preocupada al igual que todos-contesto rápidamente tratando de ocultar la felicidad que estaba creciendo dentro de ella
-Sí, pero no todos saben que Quinn Fabray le declaro su amor a Rachel Berry, ella tiene más razones para preocuparse-le indico con una media sonrisa
El reloj que colgaba en la pared frente a la camilla de la rubia marcaba las diez de la noche cuando decidió que lo mejor era tratar de conciliar el sueño para estar lista en la mañana cuando le dieran el alta.
Aquella noche se encontraba sola en la habitación, uno de sus libros favoritos descansaba en la mesa de luz y decidió terminar con las doce páginas que le quedaban para llegar nuevamente al final que tanto le gustaba.
Se acomodo en la cama para leer en pura tranquilidad, sus padres estaban en una cena, una de las tantas cenas de negocios que su padre no podía postergar y la rubia no se molesto cuando le comentaron que aquella noche se quedaría a solas.
No le molestaba en absoluto estar en aquella habitación con un libro entre sus manos, solo faltaban cinco hojas cuando la puerta se abrió sin hacer el menor ruido, ella esperaba que la enfermera de turno la saludara y comprobara si necesitaba algo pero sus manos cerraron el libro con puro nervios recorriendo su cuerpo.
-¿Rachel?-susurro con sorpresa, tratando de comprobar si aquello no era una alucinación o un sueño.
-Hola Quinn-respondió la morena con voz tímida acercándose a la porrista que entonces entendió que aquello era tan real como el latir acelerado de su corazón.
NI GLEE NI LOS PERSONAJES ME PERTENECEN
