Lo siento! se que no cumplí lo que dije... ¬¬ tardé más de lo que me esperaba en poder escribir este capítulo, pero para compensar lo hice mas larguito. Espero que os guste y que disfruteis de el.
CAP.11 CORRE
Tai la cogió de la mano y se dispusieron a salir por la puerta, cuando esta se abrió de golpe.
Ambos dieron un brinco del susto.
-¿Dónde crees que vas tan deprisa?-la silueta de una de las enfermeras, con un gotero en la mano apareció en la entrada de la habitación- El doctor aun no ha pasado a verte y no ha dicho que ya te vaya a dar el alta.
-Ya verá… es que nos ha surgido un problema y tenemos que irnos.-intentó explicarse el joven.
-Claro…- contestó con una sonrisa- pero mientras el doctor no firme el alta, tú no puedes salir de aquí. ¿Ves esto que traigo en la mano?-les enseñó la bolsa- aun tengo que ponerte por lo menos dos más, así que, se buena chica y vuelve a la cama.
-Pero de verdad tenemos que salir de aquí- le rogó la pelirroja.
-Vamos a ver…. Te estoy pidiendo por las buenas que vuelvas a la cama, no me obligues a sedarte otra vez ¿de acuerdo?-tendió su mano hacia la cama invitándola a que se tumbara otra vez.
Sora y Tai se miraron, sabían que no conseguirían nada, así que la joven volvió a sentarse en la cama.
-Será mejor que te tumbes, este medicamento es un poco fuerte, te sentirás mareada y algo desorientada, es normal no te asustes. Cuando este se acabe, me llamáis para que te ponga uno de suero.
-Está bien.-contestó resignada.
Mientras la enfermera le colocaba el gotero, Tai sacó su teléfono y llamó a Jou.
-¡Mierda! No coge el teléfono.-dijo estampando la bolsa de un golpe en el suelo.
-Insístele Tai.
La enfermera salió por la puerta y le indicó a uno de los celadores que vigilara que no saliera.
-Vamos Jou… ¿Jou?, soy Tai, necesito que vengas a la habitación ¡ya!, si está despierta, pero tenemos un problema, su padre viene hacia aquí ¡Tenemos que sacarla ahora mismo!... ¿Y cuánto tardas?... No se de cuánto tiempo disponemos, intenta llegar lo más rápido que puedas.
-¿Qué te ha dicho?
-Dice que está llegando, le faltan un par de paradas.- Se acercó a la cama y cogió su mano-Tu tranquila, no dejaré que se te acerque.
Sora asintió con la cabeza y suspiró profundamente. Notaba como poco a poco su cuerpo pesaba cada vez mas, su visión se volvía retardada por momentos…
Jou salió corriendo de la última parada, subió a toda prisa las escaleras abriéndose paso entre la muchedumbre. A un par de manzanas estaba el hospital, tenía que darse prisa y firmarles el alta para que pudieran salir de allí.
Atravesó la puerta de entrada tan deprisa que tropezó con un caballero que acababa de entrar justo antes que el, haciéndole perder el equilibrio y cayendo al suelo con todos los papeles que llevaba en la mano.
-Lo siento señor ¿Se encuentra bien?-preguntó mientras se recolocaba las gafas.
-Si, debería ir con más cuidado joven- le tendió la mano a Jou para ayudarle a levantarse.
Hizo una leve reverencia a modo de disculpa y siguió caminando a paso apresurado hacia el ascensor.
Entró corriendo en la habitación, Sora estaba tumbada en la cama y Tai estaba de pie a su lado.
-Ya… estoy aquí- cogió los papeles que habían a los pies de la cama y empezó a escribir tan rápido como su mano le permitía.- Ya está.
Tai cargó a caballito con la pelirroja, la cual ya estaba como en una nube y no se estaba enterando de casi nada de lo que ocurría a su alrededor. El castaño miró a ambos lados antes de salir de la habitación, podían ver perfectamente los ascensores al final del pasillo y todo parecía tranquilo.
Jou le estaba entregando los papeles del alta a la enfermera, cuando el inconfundible sonido de las puertas mecánicas del elevador sonó; Ambos voltearon a la vez, y allí entre el grupo de gente, apareció.
-¡Mierda ya está aquí!-exclamó Tai escondiéndose tras Jou.
-Meteos en ese cuarto de ahí-señaló a la puerta de su izquierda- ¡Rápido!
Abrieron la puerta y se metieron en el pequeño cuartucho, destinado a los carritos de la limpieza del hospital, Tai pasó lo mas al fondo que pudo y se escondió, junto con Sora a caballito, lo mejor que pudo.
Jou se volvió a la enfermera y el celador, que habían sido testigos de todo y con un gesto, les pidió su silencio y se puso ha hablar con ellos para disimular.
Sin mediar palabra, ni mirarlos a la cara, el Sr. Takenouchi tocó y entró igual que haría cualquier visita normal cerrando la puerta tras de sí. Unos segundos mas tarde, salía de la habitación y se acercó a dónde se encontraban los tres.
-Disculpen-Dijo tranquilamente- ¿Saben dónde está la joven de esta habitación?
-Hace un rato que le han dado el alta- contestó Jou rápidamente.
-¿De veras? Que extraño… su madre me dijo que aun tendría que estar aquí unos días más y que podía pasarme a verla…
-Lo siento, se marchó hace un rato.
-Vaya... que se le va ha hacer, gracias igualmente- dio media vuelta y se fue por dónde había venido.
Espero unos segundos a que el ascensor llegara a la planta baja, antes de abrir el armario de la limpieza donde se hallaban escondidos sus amigos.
-Tai…Tai ya se ha ido podéis salir. Le he dicho que ya le había dado el alta y se había marchado hace rato.
El castaño asomó la cabeza de detrás de uno de los carritos y le hizo señas a su amigo para que le ayudara a volver a cargar con la pelirroja.
-De veras creí que nos pillaba…-dijo aliviado.
-Hemos tenido mucha suerte, pero deberíais pensar en lo que vais ha hacer- el joven médico le abrió la puerta de la habitación para que entraran.
-Ya lo se… la verdad aun no he tenido tiempo de pararme a pensar en ello.-Cuando dirigió su mirada hacia la cama, vio algo que no le gustó nada.-Jou… ¿tu no has vaciado la bolsa con las cosas encima de la cama por casualidad?
-Yo no he tocado nada…. – Ambos amigos se miraron asustados al caer en la cuenta de que había sido el padre de Sora. Habían metido la pata y el se había dado cuenta. ¿Si le habían dado el alta y ya se había ido, como era posible que aun estuvieran sus cosas ahí?
-¡Mierda, sabe que aun estamos aquí!
Se apresuraron a meter todo en la bolsa, mientras Sora seguía sin enterarse de nada a espaldas del castaño. Jou cargó con la bolsa y salieron lo más rápido que pudieron al rellano para coger el ascensor y salir de allí.
Llamaron al botón y cuando la puerta se abrió, dejaron salir a una pareja de jóvenes y entraron junto con una anciana de pelo blanco, vestida con un kimono y con bastón. El recorrido en aquel pequeño cubículo se les hizo eterno, el corazón les latía con fuerza y los nervios los tenían a flor de piel. Se puso delante de su amigo para ver si tenían vía libre para salir, dio un par de pasos fuera y al verlo despejado le hizo señas para que saliera del ascensor. De repente, Tai notó como le tiraban de la manga, la anciana estaba haciéndole señas para que se agachara para decirle algo al oído.
-Los que se aferran a la vida mueren, los que desafían a la muerte sobreviven- susurró con una gentil sonrisa- el amor se merece ese desafío en su nombre, ¿no te parece?
Tai miró extrañado a aquella anciana, ésta soltó su manga y comenzó a andar con paso tranquilo perdiéndose entre la multitud. ¿Qué habrá querido decirme con algo así? Pensó para el.
-Vamos Taichi, démonos prisa- dijo Jou sacándole de sus pensamientos.
Atravesaron la recepción esquivando a la gente que no paraba de entrar y salir, hasta llegar a la puerta principal. Por el cristal podía verse la acera de la calle, no había ni rastro de el, solo un par de personas hablando por el móvil y otros un poco mas rezagados fumando.
Salieron y caminaron hacia la derecha del edificio, nada mas girar había una parada que siempre tenía algún que otro taxi esperando coger algún cliente. Para su suerte, había uno allí parado, el hombre estaba de pie apoyado en el capó leyendo el periódico.
-Disculpe señor… ¿está libre?-pregunto Jou educadamente.
-Claro muchacho- les miró por encima del periódico y lo cerró- Subid.
El hombre les abrió una de las puertas y Tai se acercó para, con ayuda de Jou, meter a Sora dentro.
-¿Se encuentra bien la chica?-preguntó el taxista rascándose la cabeza.
-Si-afirmó Jou- es por los medicamentos, que son muy fuertes. Tai sujétala ahí sentada que la cojo por el otro lado del coche y la colocamos bien en el asiento.
De repente y casi sin darse cuenta Tai, notó como lo cogían por detrás de la camiseta y estiraban con tal fuerza, que sacó el medio cuerpo que tenía metido en el coche. No tuvo tiempo ni de reaccionar, pudo ver de soslayo aquella cara que tanto habían estado evitando, justo antes de caer al suelo.
-Vaya, vaya, vaya…-asomó su cara al interior del coche, miró a la pelirroja inconsciente y clavó su mirada en el médico- pero si el amable médico ha tenido el detalle de meter a mi hija dentro de un taxi para que me la pueda llevar a casa.
-Déjela en paz de una vez- intentó ahuyentarle en vano- ¡llamaré a la policía!
Tai se levantó del suelo y con todas sus fuerzas le soltó un puñetazo en la espalda, el Sr. Takenouchi se giró hacia el como si le hubiera hecho una caricia, lo agarró por el suéter poniéndoselo frente a frente.
-¿De verdad te crees que puedes detenerme?- su mirada desafiaba directamente a la del joven.
-Por lo menos lo intentaré- y con una pícara sonrisa le asestó un rodillazo lo más fuerte que pudo en sus partes nobles. Soltó de golpe al castaño y se arrodilló en el suelo retorciéndose de dolor.
-¡Arranque deprisa!- le gritó Jou al conductor mientras se metía dentro del coche-¡Tai rápido!
Tai se dirigió al coche, pero el padre de Sora no estaba por la labor de dejarlos ir así como así, hizo un esfuerzo y logró alcanzar al castaño por el cuello, impidiéndole llegar al coche. Le pasó el antebrazo por delante de la garganta, inmovilizando por completo a Tai; por más que intentaba soltarse no lo conseguía y cada vez su oponente lo ahogaba más, así que solo vio una opción.
-¡Marchaos!- dijo con un hilo de voz ahogado- busca… a… Yama….
-Acabaré contigo antes de que puedan moverse-Sus ojos parecían querer salírsele de las órbitas.
-¡No podemos dejarte aquí!-replicó el joven médico saliendo nuevamente del coche.
-¡Largaos de una puta vez!
Jou volvió a meterse dentro y ordenó al hombre que se pusiera en marcha deprisa, dejando con todo su pesar, a su amigo en las manos de ese animal. Para cuando el Sr. Takenouchi se dio cuenta de que se movían, soltó de un empujón al suelo al castaño y echó a correr tras el taxi. En cuanto el auto dobló hacia la avenida principal le dio esquinazo metiéndose entre el resto de coches. Mientras Taichi se intentaba recuperar tirado en el suelo, aunque su descanso duró poco. Unos segundos después su agresor volvía por dónde se había marchado y no parecía muy contento con el resultado obtenido.
Tai al verlo acercarse intentó levantarse para salir corriendo y pedir ayuda, de forma inútil. El padre de Sora, a pesar de tener ya unos cuantos años a las espaldas, era tremendamente ágil y fuerte. No le supuso casi esfuerzo lograr pescar al chico.
-¡Puede que ella se me haya escapado, pero tú pagarás por ello!- Su mirada llena de odió provocó
Le lanzó un puñetazo al joven, reventándole la nariz por el impacto. Su otro puño se hundió acto seguido en su vientre, haciéndole caer de rodillas al suelo de dolor.
-¿Ves lo que pasa cuando te entrometes en dónde no te llaman?-le soltó otro puñetazo que lo terminó de tumbar-¡Mierda de escoria, me estás haciendo perder un tiempo muy valioso!- Un puntapié detrás de otro, cada uno con más fuerza y saña, la gente que pasaba por allí cerca contemplaba horrorizada la agresiva escena, sin atreverse a intervenir.
-¿Qué coño están ustedes mirando?- gritó al darse cuenta que era el centro de atención.
Miró a su víctima tirada en el suelo y decidió retirarse antes de que llegara la policía, pues era seguro que alguna de las personas que observaban la habría avisado. La gente se abrió para dejarle paso y desapareció al doblar la esquina.
Sangrando y casi sin poder moverse, Tai sacaba las pocas fuerzas que le quedaban al pensar que ella estaba a salvo. Inmediatamente lo cargaron entre dos hombres con cuidado y lo llevaron hasta urgencias del hospital. La policía no tardo en llegar al lugar y tomar declaración a los testigos que habían presenciado tal atrocidad, mientras el joven portador del valor, era atendido por un médico de urgencias.
Mientras, Jou y Sora llegan al pie de un edificio de apartamentos, con fachada acristalada y cierto aire moderno.
-Espere aquí, voy a ver si hay alguien en casa y que me ayuden a subir.-El joven médico bajó del auto y se dirigió a los telefonillos.
Hasta aquí el capítulo 11. ¿os ha gustado? espero que sí. Como siempre agradeceré cualquier crítica o sugerencia de cualquier tipo. Chaito!
