Gracias por los reviews. Y espero que disfrutéis leyendo el capítulo tanto como disfruto yo escribiéndolo :D

CAPÍTULO 11

Comenzaba a anochecer, y una muy deprimida Rouge recogía sus cosas lista para volver a casa después de un agotador día laboral. La murciélago había dedicado su día enteramente a resolver papeleo, informes y cosas que eran tan aburridas, que en su opinión no podían ser sanas…

Hacía tres días que no tenía noticias de Shadow. Desde que habían discutido, ambos agentes habían cortado todo tipo de comunicación entre ellos, dirigiéndose una mirada resentida cuando se cruzaban por los pasillos de la base como único saludo

Al principio, la tenacidad y el orgullo de la agente la daban fuerzas para seguir ignorando al erizo, pero eso solo había funcionado durante los primeros días. Y ahora sentía los efectos del arrepentimiento y la depresión, avergonzada por como el miedo la había hecho perder el control de sus emociones.

De vez en cuando, la murciélago miraba su iPhone pensando en alguna disculpa que teclearle al erizo negro, pero luego no se atrevía a enviarle nada, y mucho menos a llamarle. Conociendo a Shadow, sabía que él no sería el primero en actuar y dar el primer paso hacia la reconciliación, y si lo hacía ella, todo lo que le había dicho el otro día no serviría de nada. Aunque quería hacer las paces con él, la mobian seguía opinando lo mismo sobre su relación con el vampiro…

Finalmente, Rouge se colocó un pañuelo gris alrededor del cuello y salió al pasillo donde se encontró cara a cara con Topaz.

—Oh, hola, Rouge —saludó la joven agente.

—Hola…

La chica frunció el ceño. Últimamente, Rouge se veía un poco más decaída que de costumbre… Era como si alguien le hubiese echado un cubo de agua helada por encima y hubiese apagado aquella chispa de atrevimiento y descaro que la caracterizaba.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó preocupada.

—¿Qué…? —Rouge ni siquiera había escuchado la pregunta de la humana, tan concentrada como estaba en sus propios pensamientos.

—¿Qué si te encuentras bien? —repitió la otra pacientemente.

—Oh, sí, estupendamente… —respondió Rouge tratando de no convertir su falsa sonrisa en una mueca de irritación. Justo cuando menos la apetecía hablar, aparecía Topaz para preocuparse por ella—. ¿Y tú qué tal? —preguntó para cambiar de tema.

—¿Yo? Bien, supongo —dijo la joven de pelo corto—. Tengo que ir a entregar unos informes rápidamente, porque he quedado con alguien y tengo un poco de prisa... Y a este paso, sé que voy a llegar tarde —explicó agitando un sobre marrón delante de la cara de la mobian.

—Si tienes tanta prisa, puedo ir a entregarlos yo por ti —se ofreció Rouge. Total, que más daban diez minutos más que menos aquí metida.

—¿Sí? ¿En serio? —preguntó Topaz esperanzada—. ¡Gracias! Te debo una.

La murciélago sonrió mientras cogía los informes de su amiga y la despedía con la mano. De vez en cuando estaba bien hacer alguna que otra buena acción (aunque muy de vez en cuando a ser posible…).

Rouge caminaba a paso rápido con el sobre en una mano y un pequeño bolsito en la otra. Aún quedaba un puñado de gente trabajando en la base, aunque con la hora que era, no era de extrañar que el lugar estuviese tan vacío y carente del bullicio que lo caracterizaba por las mañanas…

Por fin, la murciélago llegó hasta la última planta donde se encontraba el despacho del Comandante, la cual, según pudo comprobar Rouge, estaba completamente vacía. La puerta del despacho estaba ligeramente entreabierta, y al igual que la otra vez que vino con Shadow, podían escucharse voces procedentes del interior.

La agente miró a ambos lados con precaución y no lo pudo evitar, un segundo más tarde se encontraba espiando por la rendija de la puerta, aunque desgraciadamente, su ángulo de visión era muy limitado y solo le permitía ver al Comandante ahí de pie hablando con alguien.

—Buen trabajo —dijo el Comandante—. Quién lo diría, y pensar que un monstruito infame como tú ha salvado esta organización…

—Cuida tus palabras, humano, y muestra respeto a la raza superior. —Era el otro individuo el que habló esta vez. Su voz rasposa y masculina tenía un tono cínico que provocó que las orejas de la murciélago se crispasen atentas.

—No seréis tan superiores cuando todo esto empiece. —El Comandante sonrió maliciosamente.

Ellos no serán tan superiores —aclaró el otro, para luego añadir orgulloso—. Por el contrarío, cuando todo esto termine, yo tendré más poder que nunca. Seré uno de los elegidos.

—Y también serás considerado un traidor por muchos —le recordó el Comandante casualmente.

—La traición está demasiado sobrevalorada en este país —masculló la otra voz—. Yo prefiero verme como el mártir de los impuros. No sé si me entiendes, queda más poético y todos esos rollos…

"¿De qué diantres están hablando?", pensó Rouge. ¿Traición? ¿Estaba acaso el Comandante hablando con un terrorista? ¿Un topo? ¿Un espía? ¿Un agente enemigo, quizás? La murciélago no entendía nada…

—Lo que tú digas… De todos modos, has hecho un buen trabajo matando a toda esa gente inocente. La prensa está que trina y los mortales os odian. Todo marcha según lo planeado —dijo su superior—. El laboratorio pronto tendrá las pruebas listas para ser probadas en vampiros vivos.

Rouge se llevó una mano a la boca cuando no pudo reprimir un jadeo a causa de la sorpresa y, apenas un segundo más tarde, la puerta se abrió de golpe revelando a la pequeña espía, que retrocedió asustada y trató de disimular su horror esbozando una de sus mejores sonrisas.

—¿Y tú qué demonios estás haciendo aquí? —le espetó el Comandante furibundo.

—Yo, eh, bueno… L-le traigo unos informes —balbuceó Rouge nerviosamente, tendiéndole el sobre arrugado por culpa de haberlo estado estrujando con fuerza sin darse cuenta.

—¿Cuánto has oído? —preguntó el humano.

—Nada, señor. Acabo de llegar —mintió Rouge—. Si me disculpa, tengo un poco de prisa.

A Rouge le importó un bledo que darle la espalda a su superior fuese una falta de respeto. Lo único que tenía en mente en esos instantes, era salir de allí (con vida preferiblemente). Así que, sin esperar el permiso del Comandante para irse, la murciélago echó a andar tratando de controlar por todos los medios el temblor que parecía querer apoderarse de sus piernas.

—¿Qué hacemos con ella? —preguntó la voz misteriosa desde el interior del despacho—. Es evidente que estaba mintiendo.

—Sabe demasiado. Encuéntrala y encárgate de que mantenga la boca cerrada.

—Será un placer.


Rouge caminaba a toda prisa por una calle desértica mientras sus afilados tacones resonaban creando eco cuando la planta del calzado golpeaba contra la acera del suelo. Su único objetivo en esos momentos, era llegar hasta una calle que estuviese lo suficientemente abarrotada como para que el Comandante no se atreviese a actuar y tomar medidas contra ella.

En cuanto había doblando la esquina y había desaparecido de la vista del hombre de pelo canoso, había echado a correr todo lo rápido que le permitían sus incómodos zapatos y sus piernas temblorosas. No se lo podía creer. Llevaban buscando al asesino más de tres semanas y, durante un par de minutos, le había tenido a menos de cinco metros…

Resultaba un poco difícil de aceptar que después de todo lo que había pasado, los vampiros fuesen inocentes (o por lo menos, todo lo inocentes que podían considerarse en esos momentos) y la culpa de quién ella siempre había considerado "el bando de los buenos". Pero las apariencias engañan, y al final resultaba que todo había sido una farsa para desprestigiar a dichas criaturas nocturnas. Una macabra farsa para la que habían tenido que sacrificar un montón de vidas inocentes… Lo que sí tenía claro la mobian, es que todo el mundo debía enterarse de esto cuanto antes.

Un escalofrío recorrió su espalda. Rouge estaba completamente segura de que el Comandante no se había tragado su numerito. De hecho, era muy probable que ya hubiese mandado a alguien tras ella, así que debía actuar deprisa. ¿Por qué siempre tenía que pasarle todo lo malo? Moraleja: nunca ayudes a una amiga en apuros...

Desgraciadamente, en esos instantes no sabía de quién podía fiarse y de quién no, así que llamar a la policía para pedir ayuda no era una opción… Indecisa, Rouge sacó su móvil y marcó el número de la única persona en la que sabía con certeza que podía confiar.

—Dime —respondió la voz de Shadow después de un par de pitidos.

—¡Shadow! Gracias a Dios… —exclamó Rouge aliviada. Durante unos interminables segundos, la mobian había estado casi segura de que el otro no respondería a su llamada. Sabía que solo el erizo negro podía ayudarla en esos momentos de crisis. Además, debía admitir que cuando estaba con Shadow se sentía mucho más segura y protegida—. ¡Necesito tu ayuda! No te lo vas a creer, pero tú tenías razón y yo estaba equivocada.

—¿Qué? —preguntó el erizo confuso—. ¿De qué demonios me estás hablando?

—Shadow, he descubierto algo horrible sobre GUN.

—No me interesa lo que hayas descubierto —respondió Shadow fríamente. Se notaba que todavía seguía enfadado con la murciélago.

—Pues debería. —Las palabras del erizo la habían hecho polvo—. Esto te incumbe tanto a ti como a tu novio.

—Rouge, si vas a seguir con eso… —comenzó Shadow irritado.

—Déjame terminar —le interrumpió la otra cortante—. El otro día cometí un error, ¿de acuerdo? —admitió de mala gana—. Y por ello te pido disculpas y todo ese rollo. Pero Shadow, de verdad que necesito tu ayuda.

Shadow suspiró.

—Si no hacemos algo pronto, ¡podría pasar algo horrible! —le suplicó Rouge—. Y no sé qué hacer, Shadow… Estoy asustada. Te necesito conmigo.

Y justo cuando el silencio en la línea se hizo tan pesado que la mobian pensó que Shadow acabaría colgándola sin más, el erizo habló:

—¿Qué quieres que haga?

—Reúnete conmigo junto a la cafetería donde solíamos quedar para desayunar.


Después de un par de minutos más andando y saltando a cada ruido que oía, la mobian había decidido quitarse el abrigo y alzar el vuelo bajo riesgo de congelarse, aunque mejor eso que ser atacada por la espalda estando sola…

En cuanto Rouge había llegado a una calle lo suficientemente concurrida, la murciélago había descendido y se había envuelto en su abrigo tiritando, dándole un descanso a sus entumecidas alas. La cafetería donde había quedado con Shadow estaba a menos de cinco minutos. Su plan consistía básicamente en contarle todo lo que había averiguado, y juntos encontrar una solución.

Por fin, la cafería apareció ante la vista de la murciélago y, al parecer, el erizo veteado había llegado antes que ella y ahora se encontraba apoyado en una esquina, esperándola. Aún no la había visto.

Rouge sintió la tentación de echar a correr hacía él y envolver sus brazos alrededor de su cuello, a pesar de que sabía lo poco que le gustaban los abrazos a su amigo. Pero antes de que pudiese siquiera dar un paso más, su móvil vibró en su bolso con un nuevo mensaje y, durante unos instantes, la murciélago estuvo tentada de ignorarlo teniendo en cuenta que el número era desconocido; pero tenía un mal presentimiento, así que finalmente acabó abriéndolo a regañadientes.

El móvil resbaló de sus manos, las piernas la fallaron y Rouge cayó al suelo de rodillas, tapándose la boca con las manos completamente horrorizada. La blanca piel de su rostro estaba más pálida que nunca cuando la chica finalmente encontró fuerzas suficientes como para levantarse, y dirigiéndole una última mirada derrotada a Shadow, el cual miraba su reloj impaciente, la mobian se dio la vuelta y se despidió mentalmente del erizo.

Debía hacer lo correcto.


La murciélago sentía como si las plantas de sus pies fuesen a reventar. Hoy había descubierto que los tacones (sobre todo unos altos de aguja) no eran el calzado idóneo para vivir una aventura. Así que después de diez minutos más de andar, Rouge había vuelto a despojarse de su abrigo para liberar sus alas y así poder volar hasta su destino.

El mensaje había sido muy claro:

Reúnete conmigo en el almacén abandonado de la calle Square a las afueras de la ciudad. Si se lo cuentas a alguien o vienes acompañada, lo sabré y la chica morirá.

Por supuesto, el mensaje no venía solo, una foto de Topaz tirada en el suelo con la cara amoratada lo acompañaba. Rouge tenía muy claro que aquel sujeto iba en serio, y no podía dejar morir a su amiga; debía intentar salvarla, a pesar de que las posibilidades de conseguirlo eran muy escasas y que todo parecía estar en su contra.

Por fin llegó al enorme almacén donde había quedado con su chantajista, y una vez que tocó tierra, la chica se acercó a la entrada sellada con tablas de maderas. Tardó unos cuantos minutos en arrancarlas, y en cuanto lo consiguió y la puerta quedó despejada, Rouge se adentró en su oscuro interior.

No se había dado cuenta hasta ese momento de que temblaba de miedo. La oscuridad del lugar era absoluta, y sus grandes orejas blancas se movían inquietas tratando de captar algún sonido. Nerviosamente, la agente rebuscó en su bolsito de mano hasta encontrar lo que estaba buscando: Su móvil. Así por lo menos podría ver algo…

Un grito agudo escapó de su garganta cuando alguien salió de la nada y se le echó encima. Rouge resbaló con algo, perdió el equilibrio y cayó al suelo con el cuerpo de su atacante sobre el suyo. La agente podía sentir como un líquido caliente le empapaba el abrigo y, al darse cuenta de lo que era, se apartó del cuerpo y se incorporó como pudo, recogiendo su móvil caído del suelo, desbloqueándolo y enfocando con él a la figura inerte que descansaba a sus pies. Sus ojos se ampliaron horrorizados al contemplar el truculento espectáculo que se desarrollaba ante ella.

Tratando de contener las arcadas, la joven agente se agachó junto al cuerpo de Topaz y colocó sus temblorosas manos sobre el cuello desgarrado de su amiga, cuya vida pendiente de un hilo se escurría entre sus dedos. La asustada mirada de la humana se encontró con la suya y los ojos de Rouge se llenaron de lágrimas, sabiendo que si no hacía algo pronto, la otra moriría. Las orejitas de la murciélago se crisparon en cuanto oyeron la voz rota de su amiga.

—…Rouge… N-no… Corre…

—No hables, Topaz. Será peor. No te preocupes, te aseguro que te salvaré y que ambas saldremos de esto juntas —le aseguró Rouge.

De repente, la murciélago sintió un fuerte golpe en la nuca y cayó al suelo con la vista desenfocada y maldiciendo por haber bajado la guardia. El móvil se le escapó y cayó unos metros por delante de ella, y la mobian no dudo ni un solo segundo en lanzarse tras él, enfocando con la escasa luz del aparato a su agresor; un erizo verde con afilados colmillos, que se le acercaba con una sonrisa macabra adornando su rostro.

Rouge trató de retroceder asustada, hasta que trastabilló y se chocó contra una de las paredes, comprendiendo demasiado tarde que había quedado acorralada. Una mano se cerró alrededor de su garganta, y la murciélago sintió nauseas cuando el otro le habló al oído con la misma voz rasposa que había escuchado en el despacho y su aliento con olor a sangre le dio de lleno en la cara:

—¿Cómo vas a salvarla, si ni siquiera eres capaz de salvarte a ti misma?

El primer golpe no había sido lo suficientemente fuerte como para dejarla sin sentido, aunque al parecer este sí, porque la mobian no puedo evitar que se le cerrasen los ojos, y que el mundo de la inconsciencia la obligase a desvanecerse en una oscuridad mucho más pesada y reconfortante que la del almacén.


Shadow se llevó las manos a la boca y trató de calentárselas con el aliento. "Maldito frío...", pensó. Ya llevaba más de media hora esperando a que Rouge llegase, pero la agente seguía sin hacer su aparición. Incluso había probado a llamarla al móvil un par de veces, pero no daba señal, por lo que dedujo que debía de tenerlo apagado o fuera de cobertura…

Suspirando, Shadow se subió aún más la cremallera de su abrigo negro y se dispuso a volver a su piso. Suponía que Rouge le había dado plantón y, francamente, el erizo tenía mejores cosas que hacer que quedarse allí a esperar toda la noche a que no viniese nadie…

DUN DUN DUUUUN

Parece que las cosas se le están yendo un poco de las manos a Rouge... En fin, ya sabéis, review si os ha gustado, si no, o si queréis hacer una crítica (constructiva xd). Y gracias por leer C: