¡Hola! ¿Me habéis echado de menos? Yo a vosotras sí :( Pero no me quejo del hiatus y las vacaciones. Por si a alguien le interesa, Canadá (y el viaje a NYC) son lo mejor del mundo.
Sí, sigo de hiatus (por poco tiempo), pero como en unas horas tengo el vuelo a España, quiero recompensar vuestra paciencia y daros este capítulo por adelantado :) Muchas os habéis quejado del comportamiento de Hermione, así que creo que os gustará mucho la evolución que veremos en los próximos capítulos. Todo tendrá un porqué.
Divido la dedicatoria y mi agradecimiento en tres partes:
Gizz, te va a tocar compartir este fic con mi sobrinita.
A las chicas del grupo, por aguantar mis preguntas sobre embarazos y niños.
Y esto también es para ti, que lees esto. Gracias por acompañarme en esta historia.
LO QUE LA MEMORIA ESCONDE
Capítulo 10
...
Cuando llamaron al timbre y Hermione fue a abrir la puerta, ni en mil años habría imaginado que se encontraría con el matrimonio Zabini al completo al otro lado. Blaise lucía una sonrisa divertida (aunque Hermione no entendía bien por qué) y sujetaba en sus brazos a un niño mulato de unos dos años; Pansy, por el contrario, tenía los labios pintados de rojo fruncidos en un mohín enfadado y los brazos cruzados delante del pecho.
Antes de que Hermione pudiera decir algo, Pansy la miró brevemente y avanzó, haciendo que la primera se echara a un lado.
―Hermione ―saludó la morena escuetamente―. ¿Dónde está? ―preguntó, girándose a mirarla.
―¿Quién? ―preguntó ella, confundida.
Pansy puso los ojos en blanco.
―¡El imbécil de tu marido, obviamente! ―exclamó.
Blaise entró en la casa y pasó junto a Hermione soltando una risita.
―Ya verás cuando lo vea, ya… ―musitó, guiñándole un ojo.
―¿Quién es, Hermione? ―preguntó Draco desde la primera planta. Cuando asomó la cabeza por el hueco de las escaleras, su esposa pudo jurar que había tragado saliva con fuerza al ver a sus antiguos amigos del colegio.
―Tú. ―Pansy se plantó al pie de las escaleras mientras apuntaba a Draco con un dedo rematado en una uña pintada de negro―. Cómo. Te. Atreves ―siseó, masticando las palabras.
En aquel punto, hasta Hermione tenía miedo, y eso que no entendía qué pasaba. Miró al niño en brazos de Blaise, que estaba entretenido chupándose el dedo gordo de la mano. Vale, al menos no era la única que no entendía nada.
―No sabía que habíais vuelto ―dijo Draco, bajando los escalones con lentitud―. Me alegra mucho…
―¡Déjate de… ―Pansy bajó la voz ante el carraspeo de Blaise; no quería blasfemias delante del niño― …mierdas! ―terminó la frase en un susurro―. Un mes. Nos vamos un mes y no eres capaz de contarnos todo lo que ha pasado. ¡Ni una carta!
Hermione se cubrió la boca con la mano al ver la expresión de culpabilidad de Draco. Ahora entendía por qué Blaise parecía estar pasándoselo tan bien. Intercambiaron una mirada cómplice y acordaron silenciosamente dejar a Pansy seguir con su reprimenda.
―Lo siento, Pans. No quería estropearos el viaje. ―Dicho así, sonaba a excusa pobre, y así lo señalaba la expresión de su amiga.
Aun así, para alivio de Draco, pareció decidir que debía dejarlo correr, pues inspiró hondo, soltó el aire lentamente y abrazó a Draco durante unos segundos.
―Sigues siendo un idiota. ―Y dicho esto, fue al salón y se sentó en el sofá.
Blaise siguió a su esposa y dejó a su hijo encima del sofá. El niño se bajó e intentó escaparse, pero su padre volvió a cogerlo y le lanzó una mirada de advertencia.
―Qué amigos más interesantes tienes ―susurró Hermione cuando Draco se acercó a ella.
Él soltó una risita sarcástica.
―Nuestros amigos. Tú y Pansy os llevabais muy bien, por cierto ―explicó.
Hermione enarcó las cejas, sorprendida ante la afirmación, pero se encogió de hombros y ocupó uno de los dos sillones libres.
―Bueno… ¿y dónde habéis estado? ―preguntó, intentando sacar un tema de conversación.
Pansy relajó ligeramente los hombros, tensos por el enfado que todavía le duraba, y señaló a su marido con la cabeza.
―En el infierno. La culpa la tiene él.
Blaise pareció ofendido.
―¿Yo? ¡Pero si tú dijiste que estabas encantada de ir! ―se defendió.
Su esposa puso los ojos en blanco.
―Como aparentemente no nos recuerdas, déjame que te refresque la memoria y te cuente que mi adorable marido no tiene el más mínimo sentido del sarcasmo.
―Tal vez si mi encantadora esposa no fuera sarcástica el noventa y nueve por ciento del tiempo, yo sabría distinguir cuándo dice la verdad ―replicó Blaise, lanzándole una mirada desafiante a Pansy.
Esta lo miró con los ojos entrecerrados, pero su expresión se suavizó pronto y rio.
―La madre de Blaise se casó otra vez hace un tiempo y su nuevo marido nos invitó a su casa en Hawái. ―Se inclinó ligeramente hacia delante como si fuera a contarle algo en confidencia a Hermione y los hombres no estuvieran delante―. Theo nos hizo un favor al contarnos lo que te ha pasado, porque te juro que llego a estar un segundo más en aquella tumbona con un daiquiri en la mano y le reviento el vaso en la cabeza a mi suegro.
Hermione soltó una carcajada. Tendría que tachar a otros dos Slytherin más de su lista de «Gente que era imbécil en la escuela y no me cae bien».
―Bueno… ―Blaise pasó al niño al regazo de Pansy y se acomodó en el sofá― ¿cómo es tener que aguantar a este pesado desde el principio? ―preguntó con sorna.
Hermione se removió en el sillón, ligeramente incómoda, pero sonrió.
―Más fácil de lo que pensaba ―admitió―, pero no te emociones ―le dijo a Draco medio en broma.
Él levantó las manos.
―No me quejo.
Un tiró en sus pantalones llamó la atención de Hermione. Era el pequeñín. Lo levantó y lo sentó en sus rodillas.
―Hola ―saludó. El niño la miró con sus grandes ojos marrones―. ¿Cómo te llamas? ―preguntó.
Él se tapó la cara con las manos.
―¿Desde cuándo le tienes vergüenza a tu tía Hermione? ―dijo Pansy―. Venga, cariño, dile tu nombre ―animó.
El niño miró a Hermione de reojo y al final se convenció. Apartó sus manitas de la cara y la miró con el mentón ligeramente levantado, al estilo Parkinson.
―Doian ―dijo con una vocecita infantil adorable.
―Dorian ―corrigió su madre―. Todavía le cuestan las erres ―explicó.
―Si le hubierais puesto Draco, como os sugerí…
―Tendríamos el mismo problema, pero con un nombre más feo ―terminó Blaise, sacándole la lengua a su amigo como si tuvieran diez años. Este puso los ojos en blanco, pero sonrió.
―Sí, resérvatelo para tu hijo. ―Miró a Hermione inquisitivamente―. O hija.
―Hijo ―respondió ella, llevándose una mano al abdomen.
―¡Enhorabuena! ―exclamó la pareja. Draco y Hermione intercambiaron sonrisas.
Allí, en la intimidad de su hogar, casi parecía como si ese pasado del que le hablaban nunca hubiera sido borrado de su mente.
―¿Qué tal llevas la reclusión voluntaria? ―preguntó Blaise.
―Voluntaria, ja ―respondió Hermione, torciendo el gesto―. Mañana vuelvo al trabajo, gracias a Merlín.
Ambos matrimonios siguieron charlando, y al final los Zabini se quedaron a cenar. El pequeño Dorian estaba encantado con Alvin, hasta el punto que Hermione tuvo que decirle que ya podía marcharse, bajo riesgo de morir asfixiada por uno de los abrazos del niño.
Cuando sus «amigos» se marcharon, Hermione se dejó caer en el sofá, con los pies encima de la mesilla. Soltó un suspiro.
―Presiento que los tobillos empezarán a hinchárseme pronto ―dijo.
Draco rio mientras se sentaba a su lado.
―Estás de dos meses, todavía tienes tiempo para mentalizarte de todos los cambios que sufrirá tu cuerpo.
Hermione se giró hacia él con los ojos tan entrecerrados que parecían rejillas.
―¿Crees que culparán a una pobre embarazada con grandes cambios de humor de la muerte repentina de su marido? ―preguntó con voz gélida.
Ambos rieron, dejando que el silencio se instalara cómodamente entre ellos.
―Creo que es hora de irme a dormir ―dijo Hermione, levantándose. A pesar de los días que llevaban compartiendo casa, seguía haciéndosele raro el momento de darse las buenas noches, no sabía bien por qué.
―Descansa, señora Ministra. Mañana toca volver al trabajo. ―Draco subió las escaleras lentamente. Hermione esperó hasta que oyó la puerta de la habitación de invitados cerrarse para ir a la suya.
La mañana siguiente, Hermione tenía tantos nervios por volver al Ministerio que sentía náuseas. Milagrosamente, consiguió no vomitar y antes de que se dieran cuenta, Draco y ella estaban a punto de aparecerse por la red Flu.
―¡Espera! ―La bruja recordó algo. Rebuscó en su bolso y sacó su anillo de matrimonio―. Ya habrá bastantes preguntas, no quiero añadir más leña al fuego ―explicó mientras deslizaba el anillo por su dedo. Draco sonrió levemente.
Cuando se aparecieron en una de las numerosas chimeneas de la entrada, Draco entrelazó una mano de Hermione con la suya. Antes de que ella pudiera protestar, el mago señaló hacia delante y se encogió de hombros.
―Si vamos a fingir, hagámoslo bien.
Para desgracia de Hermione, una horda de periodistas se abalanzó sobre ellos, lanzando preguntas una detrás de otra y haciendo saltar los flashes de sus cámaras.
Hermione abrió y cerró la boca varias veces, abrumada por tantas preguntas. Finalmente, perdió la paciencia.
―¡Silencio! ―gritó. Los periodistas se miraron entre ellos, sin saber qué hacer―. Será mejor que me escuchen bien, porque solo voy a decirlo una vez: mi marido y yo ―Draco le dio un apretón en la mano― fuimos víctimas de un ataque hace unas semanas. Afortunadamente, no pasó nada grave. Aunque no puedo dar detalles sobre el incidente, sí me alegra anunciar ―inspiró hondo, incapaz de creer el material que iba a proporcionarles voluntariamente como carnaza― que vamos a tener un hijo ―dijo.
Esto, más que calmar a los periodistas, los exaltó todavía más, y empezaron a hacer todo tipo de preguntas, algunas lógicas (¿Es niño o niña?) y otras de lo más absurdas (¿Supondría un gran shock que el bebé no heredara el pelo rubio típico de los Malfoy?), pero Draco tiró de Hermione y no se detuvieron hasta llegar a la planta donde se situaba el despacho de ella.
Hermione se recostó contra la puerta y soltó el aire lentamente.
―Como sigan así, cambiaré la ley. No más prensa libre ―dijo, medio en broma.
Draco soltó una carcajada.
―¿Después de todo lo que luchaste por los derechos y la libertad de los elfos? No te lo crees ni tú. ―Se inclinó hacia ella y depositó un suave beso en su mejilla, apenas un roce―. Nos vemos en un rato.
...
MrsDarfoy is back, bitches! (kind of)
Si a estas alturas no te derrites por Draco y quieres uno en tu vida, algo estoy haciendo mal, porque mientras escribía no podía dejar de pensar «Señor Darcy, preocúpate, porque tienes competencia».
Pansy es la mejor del mundo mundial, admitidlo.
Nos vemos mañana, porque tengo más sorpresitas preparadas ;) Deseadme suerte, me espera un vuelo larguísimo :(
P.D: He estado pensando mucho en el fic y planificando cada capítulo y al final tendrá entre 25 y 30 capítulos. Espero que os guste la noticia tanto como a mí, porque al principio no iba a pasar de 15. Si es que siempre termino liándome para hacerlos más largos *sighs*
Corazones y out.
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MrsDarfoy
