La historia y los personajes no me pertenecen, es una adaptación del libro "El Heredero" de Johanna Lindsey con los personajes de Naruto de Masashi Kishimoto.

10

A Hinata se le pegaron las sábanas a la mañana siguiente, así que cuando Shizune entró a despertarla y mencionó alegremente que le quedaba muy poco tiempo para prepararse, que el carruaje ya estaba esperándolas, estaba aún demasiado adormilada para preguntar a qué se refería. Y Shizune se marchó demasiado deprisa, antes de que ella pudiera formularle una pregunta coherente o incluso averiguar de qué carruaje hablaba.

Sin embargo, no se apresuró. Le vino a la memoria la noche anterior y, con una sonrisa, se recostó en la almohada para seguir paladeándola, igual que había hecho al meterse en la cama por la noche. De ahí que no hubiera conciliado el sueño hasta el alba y ahora estuviera adormilada.

Pero entonces Tsunade asomó la cabeza por la puerta de su habitación y dijo:

‑Todas estamos listas, querida. Esperándote a ti. Date prisa.

La puerta volvió a cerrarse y Hinata, espoleada por la curiosidad, se levantó de un salto y corrió por el pasillo en pos de Tsunade, que ya había descendido la mitad de las escaleras.

‑ ¿Preparadas para qué? ¿Se me ha olvidado que hoy teníamos que hacer algo?

Tsunade frunció el ceño.

‑ ¿No te lo ha dicho la tonta de mi hermana? Se suponía que iba a despertarte y contártelo. Sabía que tenía que haberlo hecho yo.

‑Bueno, ha mencionado un carruaje...

‑Oh, entonces te lo ha dicho. ‑Tsunade parecía desilusionada, viendo que ya no podría utilizar aquella buena excusa para reñir con su hermana‑. Bueno. Date prisa. El cochero lleva ya más de una hora esperando.

Aquello situaba a Hinata en un verdadero dilema. Averiguar dónde diablos iban o darle a Tsunade un motivo para estar todo el la de uñas con Shizune. Así pues, optó por asomarse a la ventana de su habitación, que daba a la fachada de la casa. Y allí estaba el carruaje en cuestión, era otra vez el de Jiraya.

La horrorizó la conclusión a la que llegó. Era obvio que Naruto había olvidado decirle al cochero que aquella mañana no lo necesitaría, al menos, no para recogerla a ella. Y ahora, debido a aquel olvido sin importancia, sus tías pensaban que estaban todas invitadas a Summers Glade, incluida Sakura.

¿Qué otra conclusión podría haber extraído? Se suponía que Hinata le había dicho a Naruto que no podría regresar a la fiesta, no sin su huésped, y si el carruaje estaba allí, debía de haber venido a recogerlas a todas. No podía pensar otra cosa.

Pensó en volver a meterse en la cama y quedarse allí escondida durante el resto del día. Pensó en darle un golpe a Naruto en la cabeza con su sombrilla por aquel despiste, y probablemente lo habría hecho si en esa época del año se hubiera llevado sombrilla. Pensó en cuánto se enojaría él cuando Sakura apareciera en su casa. Pero era, culpa suya, un despiste de Naruto. ¿Por qué se sentía entonces Hinata tan culpable? Tal vez porque sabía, estaba segura de ello, que Naruto iba a echarle la culpa a ella de alguna forma, solo porque Sakura era su huésped.

Al final, optó por apresurarse y elegir uno de los vestidos que mejor le sentaban. No es que su aspecto fuera a ayudarla en lo más mínimo. Solo serviría para infundirle valor, si es que eso era posible. Tendría que advertir a sus tías, sin que Sakura la oyera. Puede que no le cayera muy bien, pero no quería herirla explicando que no había conseguido una invitación para ella.

Estaban todas aguardándola, justo en la entrada, y Hinata vio que no podría hablar en privado con ninguna de sus tías a menos que se la llevara aparte, lo cual probablemente levantaría sospechas. Sin embargo, ni siquiera tuvo ocasión de intentarlo porque Sakura la tomó con brusquedad del brazo y la llevó casi a rastra al carruaje, tan impaciente estaba por llegar a la fiesta.

El trayecto fue una tortura para Hinata, que no cesó de imaginar toda clase de desastres. Llegó a imaginarse a Naruto echándolas a todas de su casa. Después de todo, ella podía haber evitado que se presentaran allí, podría haber confesado la verdad. A él no le importaría herir los sentimientos de Sakura con la verdad.

Fue la impaciencia de Sakura la que al fin brindó a Hinata una oportunidad para, al menos, advertir a sus tías cuando el carruaje llegó a Summers Glade y la joven londinense salió en primer lugar. Hinata tomó a Tsunade del brazo y se apresuró a susurrarle:

‑No deberíamos estar aquí. Naruto no la ha invitado.

Tsunadese limitó a darle unas palmaditas en el brazo y, sin el menor atisbo de preocupación, respondió:

‑Entonces, debe de haber cambiado de opinión, porque el conductor nos informó de que tenía que acompañarnos a todas, incluyendo a los huéspedes que pudiésemos tener.

Aquello, naturalmente, dejó a Hinata sentada en su sitio y con la boca abierta, por lo cual fue la última en entrar en la casa. No sabía qué pensar. Quería creer que Naruto había vuelto a hacer concesiones, como lo había hecho el día anterior, solo para que ella acudiera a la fiesta. Pero tenía que ser realista. Hinata no sabía lo que había ocurrido en la cita de la posada. Tal vez Naruto quería volver a comprometerse con Sakura, pero no deseaba que ella lo supiera todavía. En ese caso, Hinata le había ofrecido la excusa perfecta para que él pudiera tener a Sakura cerca otra vez.

Lo cierto es que Sakura no tardó mucho en dejarlas solas. Ya había desaparecido, en busca de sus amigas de Londres para informarles de que ya volvía a estar en acción, cuando Hinata entró. Estaba habituada a ser el centro de atención, sin importar dónde estuviera. El mero hecho de que se encontrara allí, en la fiesta de su ex prometido, invertiría por completo las habladurías sobre ella.

Había conseguido justo lo que quería. Y volvía a estar en su elemento, entre la alta sociedad londinense. No resultaba sorprendente que aquel día brillara con una belleza tan exquisita que eclipsaba por completo a Hinata, a pesar de haberse puesto su mejor vestido lila.

Bueno, no había más remedio que aceptarlo e intentar pasárselo lo mejor posible. Aunque hoy sabía que no lo conseguiría. Hoy no sería como la noche anterior, Naruto no estaría todo el rato pendiente de ella. Era imposible, no con Sakura allí.

Habían llegado a tiempo para desayunar. Tsunade y Shizune ya lo habían hecho, pero Hinata no, así que fue a la estancia donde se estaban sirviendo los desayunos. Por lo que vio, había unos cuantos invitados que también se habían levantado tarde o que no habían pensado en comer hasta ese momento. Sasuke Uchiha y su hermana Mikoto estaban en las mesas del bufé, llenándose los platos antes de ir en busca de una silla.

‑Sola al fin ‑le dijo Sasuke a Hinata cuando reparó en su presencia y se acercó a ella.

‑ ¿Al fin?

‑Bueno, me pasé toda la velada de ayer pensando en cómo ingeniármelas para liberarla de las garras de ese bruto, y aquí está usted ahora, sin que él la tenga de la manita.

Hinata se ruborizó, pero no por ella.

‑Desearía que no lo llamara así. No es un bruto, y usted lo sabe.

Sasuke se río con malicia.

‑Claro que lo sé, pero tengo que encontrar algo para sacarlo de sus casillas, ¿no?

‑ ¿Por qué? ‑preguntó ella con osadía.

‑Bueno, primero, porque se pone muy divertido cuando se enfada conmigo. Segundo, porque me cae bien. Y, tercero, porque alguien debe enseñarle a encajar los golpes, por decirlo de alguna forma, y yo me he elegido a mí mismo para instruirlo en las complejidadesdel humor inglés.

‑Dios santo. Y yo que pensaba que usted solo estaba haciéndose, el gracioso ‑respondió ella jocosa.

Él se echó a reír, lo cual llamó la atención a todos los presentes, incluida su hermana, que se acercó a ellos.

‑Dime, ¿qué es lo que encuentras tan divertido a estas horas de la mañana? ‑preguntó Mikoto, reprimiendo un bostezo.

‑Que esta mañana debías de estar tan dormida cuando te has vestido, que se te ha olvidado pedirle a tu doncella que te abrochara estos últimos...

La pobre muchacha gritó, se ruborizó y se puso inmediatamente de espaldas a él ordenándole:

‑No te quedes ahí pasmado como si nada. ¡Abróchamelos!

Sasuke reía para sus adentros y parecía decidido a que su hermana se quedara allí para siempre, esperando a que él le abrochara los botones. Hinata se apiadó de ella y le dijo al oído:

‑Está bromeando. Va usted perfectamente vestida y está preciosa.

Mikoto se volvió, miró a su hermano con rabia y le insultó antes de marcharse muy indignada.

Hinata le miró, negando con la cabeza. Era muy apuesto ‑los dos hermanos Uchiha eran excepcionales en ese sentido‑, pero saltaba a la vista que también era un bromista incorregible. No es que eso fuera malo. Ella también lo era, hasta cierto punto, aunque con una diferencia importante: sus bromas iban encaminadas a divertir a los demás, no a irritarlos.

‑ ¿Qué? ‑preguntó Sasuke sonriente mientras Hinata sacudía la cabeza.

‑Ha tenido usted muy mala idea ‑respondió ella.

‑Tal vez ‑concedió él‑. Pero la he despertado, ¿no? No puede ir por ahí con esa cara de dormida cuando se supone que estás buscando marido. Cuanto antes lo haga, antes podré yo dejar de acompañarla.

‑Ah, entonces, ¿usted solo la ha irritado por su bien? ‑dijo Hinata.

‑Por supuesto ‑respondió Sasuke‑. Dios. ¿No irá a decirme que cree que tengo mala intención? Me rompería el corazón, no lo dude.

Hinata dio un mordisco a su pastel de carne antes de señalar lo que quedaba de él en una mesa cercana.

‑Aquí sirven corazón y riñón, creo, por si necesita repuestos.

‑Uf ‑dijo él, pero sonreía‑. Tiene usted suerte de que yo no sea de los que se desaniman con facilidad. Aunque veo que a lo mejor tardaré unos cuantos días más de lo previsto en convencerla de que se case conmigo. ‑Se encogió de hombros con indiferencia‑. Cuando se dé cuenta de que estamos hechos el uno para el otro, cederá.

Hinata se río ante el nuevo cariz que estaba tomando la conversación.

‑Somos como la noche y el día, y usted lo sabe.

‑No estoy de acuerdo ‑insistió el‑. Los dos provenimos de una estirpe de duques.

‑Ah, pero la mía lleva un rumor incorporado ‑le recordó ella.

‑Ah, pero la mía se come los rumores en el desayuno ‑replicó él alegremente.

- ¿Y en qué mesa sirven de eso esta mañana? ‑le preguntó Hinata.

Él se echó a reír otra vez, lo bastante alto como para atraer todas las miradas de los presentes en la estancia. Hinata estaba empezando a encontrarse a gusto, pero también se preguntaba por qué le prestaba Sasuke tanta atención. Si no se marchaba pronto, iba a dar pie a habladurías, de eso estaba segura. Era demasiado conocido para que la gente no empezara a hablar.

Hinata supuso que debía de estar aburrido y de ese modo pasaba el rato. Cualquiera que intentara relacionar su nombre con el de Sasuke tendría que ser un completo idiota, por lo que no iba a preocuparse por eso.


‑Se lo he oído decir a su propia hermana ‑dijo Ino Yamanaka‑. Le gustan las mosquitas muertas. ¿Quién mejor que Hinata encajaría en esa descripción?

‑A mí no me importaría serlo, si con eso captara su atención ‑observó Temari.

‑No puedes ser una mosquita muerta solo porque lo desees, querida ‑le dijo Ino‑. Eres demasiado guapa.

Temari se ruborizó, pero era evidente que estaba decepcionada, aunque en cualquier otro momento el cumplido le habría entusiasmado. Recordando para qué estaban allí, añadió:

‑Aunque da lo mismo, porque en cuanto vea a Sakura...

Las dos muchachas habían estado intentando aplacar los celos de Sakura, que le atenazaban desde que habían visto a Hinata saliendo de la sala de los desayunos acompañada por el atractivo Sasuke Uchiha. La expresión de pura incredulidad que vieron en su semblante les bastó para anticipar lo que iba a ocurrir.

Tenten, por otra parte, estaba encantada con el giro que habían dado los acontecimientos. De hecho, había tenido la impresión de que al fin se hacía justicia al ver que el ardid de Sakura para deshacerse de su prometido, así como las habladurías, se habían vuelto en su contra. Era la primera vez que la veía recibir su merecido de aquella forma. Por ese motivo, aquella mañana se le había caído el alma a los pies al verla en Summers Glade, aparentemente con invitación, pues eso ‑ella lo sabía tan bien como las otras‑ volvería a ponerla en el candelero.

Lo único bueno de que hubiera venido, en opinión de Tenten, era que ahora podría ver con sus propios ojos el éxito que estaba teniendo Hinata; la campaña que había iniciado para arruinar su puesta de largo no había funcionado del todo, no al menos en lo que a Namikaze y a Uchiha respectaba.

Y Sakura ni siquiera sabía aún quién era Sasuke Uchiha, puesto que no lo conocía. Tampoco sus amigas, hasta ayer, cuando llegó con su hermana. Mikoto sí era conocida suya, por descontado, y la habían acribillado a preguntas para enterarse de que era su hermano, el heredero Uchiha, quien acababa de regresar a Inglaterra después de pasar varios años en el extranjero. Por eso no lo conocían ni sabían nada de él.

Lamentablemente, había muchísimas posibilidades de que, en cuanto conociera a Sakura, Sasuke cayera postrado a sus pies, al igual que les sucedía a todos los demás, con la única salvedad de Naruto; por lo cual Tenten lo admiraba sinceramente. Ino y Temari eran de la misma opinión. Estaban en ese momento hablándole a Sakura de él, poniéndola al día de los últimos acontecimientos, explicándole que era el heredero de un ducado, que era apuesto y rico e ideal para ella si ya había terminado con su ex prometido, cuando él apareció acompañando a Hinata. Y no era casualidad. Hablaban y se sonreían mientras buscaban un lugar donde sentarse.

Las tres muchachas habían presenciado el éxito que Hinata había tenido la noche anterior al conseguir acaparar la atención de Naruto Namikaze durante la mayor parte de la velada. Temari y Ino habían incluso tenido una discusión amistosa sobre cuál de ellas dos ibaa intentar conquistarlo, ahora que Sakura había terminado con él, pero lo dejaron correr al ver lo cautivado que parecía estar por Hinata.

Aunque eso no iban a mencionárselo a Sakura, y esperaban que ella no se enterara por otras vías. Así pues, ninguna de las dos dio crédito a sus oídos cuando Tenten espetó:

‑Mosquita muerta, ¡y un cuerno! Intenté deciros que Hinata tiene un encanto especial, pero todas os burlasteis. La prueba es que tiene a los dos solteros más atractivos de la fiesta disputándose su atención.

Al oír sus palabras, Sakura la miró con los ojos entornados inquiriéndole:

‑ ¿Qué otro soltero? ¿De qué estás hablando?

‑Pues de tu Naruto, claro está ‑se complació en decir Tenten antes de que Temari y Ino pudieran detenerla.

Tenten apenas consiguió disimular una sonrisa triunfal después de decirlo. Pero, aunque ella aún no lo sabía, lo que dijo a continuación fue incluso más efectivo. Al fin y al cabo, no podía estar enterada de que la noche anterior Sakura no había hablado con sus anfitrionas y, en cambio, se había encerrado en su habitación, intentando comprender por qué Naruto no se había comportado como debería durante su cita.

‑ ¿No te ha explicado Hinata que Naruto apenas se apartó de su lado anoche? ‑añadió Tenten.

Como Sakura ni siquiera sabía que Hinata había estado allí, en Summers Glade, el golpe fue duro por partida doble. Por otra parte, disimular sus sentimientos no era uno de sus fuertes. Aunque intentó aparentar indiferencia en su respuesta, la miríada de emociones que mostró su semblante dejó patente que, desde luego, no era así como se sentía.

‑Hinata no es de las que hace confidencias ‑señaló Sakura.

‑Ni tampoco airea sus éxitos, por lo visto. Qué lástima ‑respondió Tenten‑. Me encantaría saber qué les parecía tan divertido como para pasarse riendo casi toda la velada.

‑Tú puedes decir lo que quieras, Tenten ‑se apresuró a intervenir Ino, intentando aún evitar que Sakura se enojara, aunque incluso ella sabía que no había nada que hacer, después de todo lo que había revelado Tenten‑. Eso no significa que ninguno de los dos esté pensando en casarse con ella. ¿O acaso habéis olvidado que tiene «sangre mala»?

‑Bueno, ¿quién podría olvidarlo? ‑volvió a intervenir Tenten en tono irónico‑. Sobre todo, cuando ella parece tan feliz, y tan viva. Siendo además un rumor absurdo.

‑ ¿Te olvidas de quién empezó a difundirlo? ‑dijo Temari en defensa de Sakura.

‑No. De hecho, recuerdo a la perfección quién fue tan malévola como para ponerlo de nuevo en circulación.

Al fin lo había hecho. Había insultado a Sakura. Sin embargo, Tenten estaba entusiasmada de que al fin hubiera tenido el coraje de hacerlo. Y en esta ocasión Sakura captó el mensaje, a diferencia de tantas otras veces. La vistosa pelirosa perdió parte de su atractivo cuando enrojeció de rabia.

Ino sofocó un grito. Temari estaba demasiado apabullada para articular palabra. Sakura espetó:

-Malévola. ¡Estás... llamándome... a mí ...!

‑Oh, sí. Por favor, monta una escena para que vuelvan a echarte de aquí por segunda vez ‑la interrumpió Tenten con una sonrisa radiante‑. Así, a lo mejor las demás podremos volver a divertirnos.

Tenten se dio la vuelta para marcharse, consciente de que había cortado por completo los lazos con el grupo, y orgullosa de haber sido capaz de hacerlo por fin. Pero Ino y Temari le caían bien, al menos cuando no se comportaban como dos tontas descerebradas en presencia de Sakura y, por ello, les dijo antes de marcharse:

‑ ¿Cuándo vais a despertar y daros cuenta de que ella no es vuestra amiga? No dudaría en apuñalaros por la espalda si creyera que con ello iba a conseguir lo que desea. Y no tendría ningún remordimiento al hacerlo.

Tenten se alejó con mucha dignidad, a buen paso y con una sonrisa en los labios. Sabía que a lo mejor tendría que hacer el equipaje y marcharse, que cualquier día empezaría a circular algún horrendo rumor sobre ella. Solo que ahora ya no le importaba.

‑Bueno, yo nunca ‑bufó Temari, incapaz de pensar en nada más apropiado que decir después del rotundo discurso de Tenten.

‑Ni yo ‑corroboró Ino.

‑No me sorprende ‑dijo Sakura, recobrando la compostura, aunque por dentro ardía de furia‑. Después de todo, es una mentirosa. Ya la he descubierto haciéndolo, oh, al menos cinco veces, pero tuve la decencia de no decir nada. Pobrecilla. Me pregunto si es superior a ella. Hay personas que no pueden evitarlo, ya sabéis.


‑Siéntese, Nagato. Tenemos un problema.

El escocés se sentó en el escritorio delante de Jiraya y miró a su antagonista con escepticismo, entornando los ojos. No le habla gustado que lo hubiera «convocado». Tal como él lo veía, no había desayunado aún, no había dormido muy bien aquella noche y, con el calor que hacía en el salón de Jiraya, se había puesto a sudar en cuanto había entrado. No necesitaba más problemas.

‑ ¿Nosotros? ‑preguntó‑. ¿Y cómo íbamos nosotros a tener un problema cuando lo único que nos une es el muchacho y él está haciendo exactamente lo que le pedimos? Ha reunido usted aquí a un enjambre de bellas muchachas, por cierto, si quiere mi opinión. Si yo hubiera sabido que en Inglaterra tenían tantas bellezas, a lo mejor habría venido de visita, después de que mi amada esposa falleciera, para encontrar otra.

‑Si lo hubiera hecho, ahora tal vez no tendríamos que estar peleándonos por Naruto ‑gruñó Jiraya.

‑Quién está peleándose, ¿eh? Habría jurado que por fin nos habíamos puesto de acuerdo en cómo repartir a nuestros herederos.

‑Una solución que no me convence en absoluto. Pero no es eso de lo que quiero hablarle ‑respondió Jiraya‑. Por si no se dio cuenta anoche, Naruto ha invitado por su cuenta a una tal Hinata Hyuga, con quien se dedicó a desperdiciar su tiempo durante toda la velada.

‑ ¿La muchacha bajita con una buena delantera? Tiene unas formas muy bonitas, pero no es lo que se diría una belleza. Así que no se haga cruces. Al final escogerá a otra más hermosa.

Jiraya suspiró y dijo con hastío:

‑Desearía que no hiciera tanto hincapié en la belleza externa. Una cara bonita no es la esposa ideal, como quedó demostrado de manera drástica con la hija de los Haruno.

‑Por supuesto que sí ‑dijo Nagato en total desacuerdo‑. A tu mujer no tienes que escucharla. Puedes ignorarla cuanto te plazca, pero tienes que verla siempre, por lo que una cara bonita es preferible a una cabeza hueca.

Jiraya puso los ojos en blanco, pero señaló:

‑Naruto no debe de ser de la misma opinión, porque está mostrando más interés por esa muchacha que por cualquier otra. Bien, tal vez solo se sienta a gusto con ella. Es lo único que ha admitido, Le divierte. Si eso es todo, entonces no hay problema.

Ante aquello, Nagato frunció el ceño.

‑Se está usted contradiciendo, hombre. Si a usted no le importa si se casa o no con una belleza, como no se cansa de repetir, ¿cuál es su problema con esa muchacha? ¿No tiene un título que sea de su agrado?

Jiraya volvió a suspirar.

‑El aspecto de Hinata Hyuga no tiene nada que ver con mi preocupación, Nagato. De hecho, a mí me parece bastante guapa. Son sus ojos. Los tiene extraordinarios.

‑Ojos bonitos, ¿eh? No me he fijado.

‑Tal vez porque lo único que mira usted son los senos y la cara y por eso no se fija en ninguno de los detalles menos obvios que una muchacha puede poseer, ni mucho menos en si tiene dos dedos de frente.

Nagato sonrió ante la aspereza de su tono.

‑No, es solo que aún no conozco a la muchacha y no he podido acercarme tanto a ella como para verle los ojos. Entonces, deben de ser sus credenciales a lo que usted pone objeciones.

‑No. Ya que lo menciona le diré que su bisabuelo, Aoba, era duque, y su abuelo conde. El padre de la muchacha habría heredado ese título, si hubiera sobrevivido a su padre, pero no lo hizo. Ella no necesita un título para ser la adecuada en ese respecto. De hecho, supera con creces a muchas de las jóvenes presentes. Lo que me preocupa es que tiene dos tías solteronas muy gruñonas...

Le interrumpieron las risas de Nagato.

‑Me complace decir que ese es su problema, no el mío. Yo volveré a casa después de la boda.

‑Doy gracias a Dios de que usted se marche ‑dijo Jiraya con un alivio patente‑. Pero también se asocia con ella un rumor que surgió hace cuarenta años y que, según me dicen, vuelve a estar en circulación.

Nagato dejó de reírse. Se inclinó hacia delante y preguntó:

‑ ¿Qué clase de rumor?

‑No es un rumor al que yo haya dado nunca mucho crédito, puesto que conocí a Aoba Hyuga en persona y sabía lo torpe que era con las armas. Casi me disparó en el pie una de las veces que fuimos a cazar juntos, así que pudo haberse disparado perfectamente de forma accidental y no a propósito, como afirma el rumor. Pero su esposa era una boba que sí se quitó la vida cuando empezó a correr el rumor de que él lo había hecho; de eso no me cabe la menor duda. No tenía los arrestos para desmentirlo, ni para hacer frente al ridículo.

‑A mí eso no me parece nada grave ‑se burló Nagato.

‑Ni a mí me lo parecería, si eso fuera todo. Pero hubo una hija que hizo lo mismo, y su hijo y su nuera (los padres de Hinata), también. ¿Va captando ya la idea, Nagato? Cuando nuestro principal interés es tener otro heredero que dé continuidad a nuestras dos estirpes, ¿queremos realmente exponernos a que haya algo de cierto en la triste historia de esa muchacha?

- ¿Sabe Naruto todo eso?

‑ ¿Cree usted que se confía a mí? No tengo ni idea de si lo sabe o no, aunque es posible que haya oído las habladurías. ¿Cambiaría eso en algo las cosas?

Nagato frunció el ceño y se quedó pensativo.

‑Tal vez no. Y sin duda no las cambiaría si es usted quien se lo explica.

Jiraya apretó los dientes ante aquella insinuación.

‑ ¿No hemos ya pasado por esto antes? Sé que le gusta pensar que el muchacho se cegaría y obraría en contra de su sentido común solo para mortificarme, pero yo lo creo más inteligente. No obstante, en este asunto es más probable que lo escuche a usted. Así que averigüe si está al corriente y, si no lo está, infórmele y déjele bien claro que la muchacha no es la adecuada para él.

Por una vez, Nagato asintió en señal de acuerdo, aunque añadió esperanzado:

‑Supongo que se tratará de lo que usted dice, que ella le divierte.

‑En ese caso, como ya he dicho, no habría problema, pero el mero hecho de que lady Sakura vuelva a estar bajo mi techo...

Nagato lo interrumpió.

‑Maldita sea...

Esta vez fue Jiraya quien lo interrumpió:

‑Porque ahora es huésped de las Hyuga, y Naruto las ha invitado a pesar de eso. Así pues, una de dos: o se ha pirrado por la belleza de la muchacha después de todo (lo cual debería deleitarlo a usted) y ha decidido perdonar sus insultos y casarse con ella de todas formas, o va en serio con la Hyuga. ¿Qué dice usted, Nagato? A mí no me complace ninguna de las dos posibilidades.

‑ ¿Y a mí? ‑gruñó Nagato‑. Sin duda, él se llevará una sorpresa cuando vea a quién se han traído las Hyuga. Supongo que no sabía quién era su huésped cuando las invitó. Y que, cuando se entere, se deshará de todas ellas.

Ahora fue Jiraya quien se echó a reír.

‑Engañarse no conduce a nada, y lo sabe. Apuesto a que Hinata Hyuga se lo dijo anoche. Puede que tenga ese funesto rumor adscrito a su familia, pero no es una cabeza hueca y se daría cuenta de lo que implicaría traer a la ex prometida de Naruto a una fiesta organizada con el expreso propósito de que elija esposa.

‑Uf ‑dijo Nagato disgustado mientras se ponía en pie para marcharse‑. Voy a buscarlo para ver cómo están las cosas. Especular con usted, Jiraya, me da dolor de cabeza.