Las últimas dos semanas había estado trabajando en el proyecto "Hope" sin descanso. El hallazgo de las bacterias había resultado ser un gran impulso para ese sueño de Bulma, siempre irreal y lejano, pero avanzar los primeros pasos, aunque sólo sea para conseguir un combustible renovable y mil veces más eficiente que el gasoil convencional, era un notable aliciente para continuar.

No obstante, se merecía un descanso. Entraba en el laboratorio muy temprano, hacía un pequeño receso para comer y descansar, y continuaba hasta bien entrada la noche. El motivo de tanto trabajo era más que lógico: evadirse.

Aún no podía decidir con determinación qué debía hacer, si seguir escuchando a su corazón y sus deseos, o actuar de forma más pragmática y racional.

Su madre finalmente la consiguió abordar para hablar con ella ese día, pero no para comentar la jugada como Bulma pensaba, sino para felicitarla en su elección a la hora de querer rehacer su vida. Estupefacta, la chica le pidió que no se confundiera, ya que no había pasado nada más significativo que dos amigos pasando un buen rato. Y qué rato. Esa noche quedaría marcada en los anales de su biografía como la noche en la que descubrió donde se hallaban los límites del placer y la cordura.

"Querida —le dijo seria, como sólo muy pocas veces ha logrado verla—, sé que el sexo por sexo puede parecer un buen pasatiempo. Pero siempre se esconden sentimientos debajo de ciertos actos aparentemente frivolos. Plantéate bien qué es lo que sientes, y si merece la pena seguir jugando así". Los ojos de su hija brillaron conmocionados. Parecía haberle leído la mente. Y finalizó su consejo diciéndole: "No quiero que sufras, cariño", a lo cual ella asintió en respuesta.

Pues, básicamente, aquélla era la razón de haberse enfrascado en un proyecto casi onírico y haber empezado a tener resultados en él. No pensar. Aquel día y aquella noche estuvo a punto de explotarle la cabeza, y se dijo a sí misma que de ninguna manera iba a seguir así de confundida por un estúpido y engreído príncipe espacial.

Debía ser realista, ser consciente de que por mucho que aceptara su fijación por él no lograría más que indiferencia, nunca amor, quizá algún encuentro físico como el de la otra noche, pero jamás sería emocionalmente correspondida. Y eso era tan doloroso de aceptar como mentirse y negarse a ella misma y al mundo entero ese hecho, pues renunciaría antes de haber luchado siquiera, sería una especie de rendición antes de la declaración de la guerra. Y eso era propio de pusilánimes, no de Bulma.

Por suerte el saiyan tampoco hacía méritos para querer hablar o verla al menos. Sus intentos de contactar con la chica eran a través del intercomunicador de la nave para pedir alguna reparación o mejora, de las cuales se encargaba el Dr. Brief por petición de ella.

Éso a su lado racional la tranquilizaba, pero no al emocional, haciendo que entrara en un conflicto interno de deseos que la que la solía poner de un humor de perros. Su padre bien sabía eso, paciente sufridor, ¿qué culpa tendría el pobre de los desvaríos amorosos de su hija?

En definitiva, quiso tomarse un día libre lejos de la Corporación Cápsula, mientras más lejos mejor, el campo era una excelente opción.

Llamó a Chichí y le preguntó si podría ir a hacerles una visita, a lo que su amiga le contestó efusivamente que por supuesto que sí:

—Gohan me dice si puede venir también Dende a casa, lo echa de menos y en estos días no puede ir a visitarlo, tiene muchos exámenes. Pero hoy puede hacer una pausa en sus estudios si viene él aquí.

—Por mi parte no hay ningún problema, Chichí, preguntaré al Patriarca de los namekianos si puedo llevarlo, ¿de acuerdo?

—Ojalá acepte, Gohan está muy emocionado.

—Es normal, Chichí —contestó Bulma—. En un par de horas estaré allí.

El viejo Moori no puso impedimento para que Dende viajara con ella, era imposible negárselo a un pequeño que se llenó de alegría al oír la noticia de que vería a su íntimo amigo de nuevo, aunque fuera sólo por unas horas. Así que se pusieron en marcha directos al Monte Paoz, en el Lejano Oriente.

El sol brillaba en todo su esplendor, regalando a la vista un paisaje lleno de colores vibrantes en el entorno cercano a la casita . El aire se respiraba puro y los sonrientes rostros de la familia Son inyectaron en el corazón de Bulma alegría en su más puro estado. Qué feliz se sentía de estar allí.

Comieron la especialidad de Chichí, lagarto con arroz, y Gohan jugaba feliz con Dende en el campo. Mientras tanto, las dos mujeres pasaron la sobremesa bebiendo café, comiendo pastas y hablando de sus vidas.

Chichí no paraba de hablar del día en que regresara Goku, de los planes que había trazado para él para que dejara de pelear y trabajara en el campo, al menos hasta que pudieran reponerse económicamente.

Bulma la escuchaba atenta, en cierto modo un poco de envidiosa de su vida sencilla, del marido tan bueno que tenía y del maravilloso hijo que él le había dado, con el que se sentía acompañada en sus numerosas ausencias.

De sus ausencias, precisamente, le hablaba en ese momento:

—Él siempre estaba fuera, entrenando —le dijo la princesa del monte Frypan—. Incluso cuando estaba embarazada y nació Gohan, él no podía estarse quieto y quedarse trabajando para alimentarnos. Sólo pensaba en entrenar y mejorar cada día por si encontraba algún enemigo más fuerte que él, así que se marchó a Dios sabe dónde y regresó una semana después de haber nacido nuestro hijo.

—Debió ser duro pasar todo éso sola.

—No te creas, soy fuerte y cuando me casé con él lo acepté tal y cómo es. Me encantaría que no fuera un guerrero, que se quedara en casa siempre sólo cuidando de nosotros dos. Pero entonces no sería él, ¿no crees? Sería una persona diferente de la que me enamoré —suspiró—. Recuerdo que aquel día llegó con una ropa extrañísima, un enorme pez al hombro, una gran sonrisa y me dijo: "Chichí, tengo mucha hambre" —rió al evocar el recuerdo—. Me levanté para recibirlo con el bebé en brazos, para que lo tomara mientras me hacía cargo de la comida, y él lo sostuvo extrañado, preguntándome quién era.

—Este Goku... —rió Bulma.

—Sí, no ha cambiado nada desde que lo conocimos siendo un niño. Por eso me empeño en darle una buena educación a mi pequeño, realmente no me importa que pelee, sé que ha nacido con el mismo don que su padre. Sin embargo, no quiero que luchar se convierta en una prioridad para él, hay cosas más importantes en la vida y debe saber apreciarlas.

Bulma entendió su forma de pensar, aunque según su criterio debería respetar los deseos de su hijo, no le dijo nada, pues Chichí actuaba de la forma que ella creía que sería más conveniente, lo mejor para él.

—Estás muy apagada, Bulma. ¿Qué te ocurre? —Bulma dudaba internamente si debía contarle sus preocupaciones a una mujer que había perdido a su marido dos veces en poco mas de un año, y que en ese mismo tiempo sólo vio a su único hijo durante a penas unas semanas—. ¿Echas de menos a Yamcha?

—Bueno —dudó, repitiéndose la pregunta para sí misma—, algo así. Pero no es eso lo que me obsesiona —decidió contar verdades a medias, no estaba segura que el resto del mundo entendiera lo que le sucedía, era muy probable que le recriminaran o la odiaran por ello.

—¿Has conocido a alguien? —Chichí preguntó perspicaz.

—Sí, pero no estoy segura de estar haciendo lo correcto, ni siquiera sé si debo esperar algo de él... Me siento como si estuviera saltando por un acantilado.

—Es difícil mandar en el corazón... Me cuesta creer que algún hombre te ignore o no intente contentarte. ¿Se ha portado mal contigo?

—Pues —recapacitó Bulma—... lo cierto es que no, al menos no últimamente. No es una persona que destaque por su delicadeza. Es un descarado, un grosero, un prepotente... Pero a veces da muestras de preocuparse por mi y he notado que tiene en cuenta mis deseos.

—¿Te ha dicho lo que siente por ti?

—No. Actúa como si le fuera indiferente, sin embargo...

—¿Sí? —le instó a continuar.

— Bah. Creo que mi mente me juega malas pasadas y quiero ver cosas que no son.

Bulma rememoró la tarde en la isla, cómo le salvó de ser violada, cómo recuperó sus cápsulas y también su investigación. Recordó que se quedó aquella noche con ella, y que cuando despertó en mitad de la noche se besaron, pudiendo llegar más lejos de haber sido por él. Recordó que le sigue respetando su deseo de no atacar a nadie en la Tierra, incluso cuando quiso eliminar a sus agresores y ella misma se lo impidió, Vegeta no se empeñó en perseguirlos, dejándolos escapar.

Recordó también la últimanoche, cuando ella se preocupó por él y le recriminó el que fuera tan mal encarado. Lo notó afligido y, después de una pequeña provocación que empezó como una broma por parte de ambos, terminó siendo la noche más fascinante de toda su vida.

Puede que sólo fuera una mala pasada de su imaginación para ilusionarse, o puede que el saiyan sólo buscara de ella aprovecharse sexualmente. Pero era innegable la química existente entre ambos. Él no parecía relacionarse con nadie más y ella... Ella no había conocido a nadie tan alucinante en su vida, a parte de Goku, claro. La diferencia entre ambos era el misterio que le envolvía, y ese morbo que le provocaba el ir desgranando poco a poco los secretos de su pasado y, por ende, de su persona lo tenía hechizada.

Su amiga la sacó de su ensoñación:

—Debe tratarse de alguien muy interesante como para que te tenga así. Ha tenido suerte de encontrarte —le guiñó el ojo—. Házselo saber.

—Te refieres a...

—A que no se lo pongas fácil, que entienda que te necesita. Que sepa lo que pierde si no estás con él. No tardarás en saber si es el indicado para ti o no.

Sabias palabras. No le pareció en absoluto una idea descabellada. Pero, sin quererlo, ya la había ignorado una vez después de la noche en la isla. Durante todo un mes. Y ya llevaba dos semanas que... no. Estas dos semanas después de su memorable noche no la ignoraba. La llamaba casi a diario a través del intercomunicador pidiéndole alguna reparación o mejora en la cámara de gravedad. Era ella la que rehusaba ir y le pedía a su padre que, por favor, acudiera en su lugar.

¿Estaría en lo cierto Chichi? Agradeció el consejo con una amplia sonrisa, esperanzada.

—Bueno, y ¿qué harás con Yamcha? —ambas rieron.

—Yamcha siempre ha estado ahí —respondió Bulma cuando dejó de reírse—, no concibo la vida sin él. Siempre ha estado disponible cuando lo he ido a buscar, aún cuando era yo la que lo dejaba. Pero tampoco hacía nunca nada por volver, siempre era yo la que le pedía una muestra de amor para poder perdonarlo. Supongo que cuando vuelva a la vida esperará a que yo dé el paso, sea cual sea, como siempre —terminó de decir con una mueca de resignación en los labios.

En el caso de que su sueño se truncara, supo que siempre le quedaría aquel hombre para no estar sola.

No quería que se le hiciera de noche en el camino, así que al terminar el café se despidieron de la familia Son para regresar a la Corporación Cápsula. Prometieron verse antes de los dos meses escasos que quedaban para que las bolas de dragón volvieran a brillar, y con lágrimas en los ojos se despidieron los dos niños.

—Gracias por traerme, Bulma. He disfrutado mucho hoy con Gohan —le dijo Dende ya en la pequeña aeronave.

—No hay de qué. Me alegra saber que lo pasaste bien, yo también he pasado un rato muy agradable con ellos. Son muy buenos amigos.

Llegaron a la Corporación justo al ocaso, sin más novedades desde la casa. En la improvisada aldea de namekianos reinaba la tranquilidad, y Dende volvía satisfecho y derrotado a descansar con los suyos.

Bulma, por su parte, subió a su cuarto para darse un baño relajante. Tenía muchas ideas en mente, debía asumir que era necesario tragarse su temor al dolor y volver a ver al príncipe descarado que hospedaba en su casa.

Sólo había de ser natural, como siempre lo había sido con él, pero tratando de no sucumbir a otro encuentro ni a otro beso, aunque le costara. E intentar averiguar qué sentía por ella, sin preguntarle directamente, éso con él no iba a funcionar, era tan orgulloso que jamás lo admitiría. Usaría entonces otros métodos para sonsacárselo.

Salió del baño envuelta en una toalla rosa, sin secarse el pelo, y encendió la luz de la habitación. Ahogó un grito al ver una figura sentada en el alféizar de su ventana: era Vegeta.

—¡¿Qué haces aquí?! Me has dado un susto de muerte.

—Llevo tiempo llamándote y no vienes. He venido a buscarte.

—Tengo mucho trabajo en el laboratorio, ¿qué quieres?

—Que aumentes la gravedad máxima a 200 G.

—No.

—¿Por qué? Tu padre tampoco quiere.

—Porque puedes morir.

—¡Ja! Eso sí que es una buena broma. Por cierto, el namekiano se ha puesto nervioso al ver que me dejabas sólo aquí...

—¿De qué estás hablando?

—De que te has ido y ese tipo de la capa no se ha marchado de la zona hasta que has vuelto. Se ve que no me quita ojo.

—¿Pero cómo...? Ah, ya comprendo. Nunca me acostumbraré a esa fea manía que tenéis de rastrear el ki. Me siento acosada.

—Usted perdone, pero es a mi al que tenéis bajo vigilancia extrema. En realidad me halaga, significa que todavía se me considera una amenaza.

—¿Quieres volver a enfrentarte a él?

—No es mala idea, pero antes necesito que aumentes... ¡¿qué demonios estás haciendo?! —vociferó mientras apartaba la vista del cuerpo desnudo de la mujer, sonrojado hasta las orejas.

—Poniéndome el pijama, ¿tú que crees? —dijo divertida, aunque con sobrada tranquilidad—. Oye, aquí no hay nada que no hayas visto antes. Para ser un despiadado príncipe de una raza guerrera eres muy remilgado.

—¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? Te estoy hablando y me estás distrayendo —Seguía sin mirarle.

—Pues vete, eres tú el que ha entrado aqui sin permiso. Ya me lo contarás mañana.

—Lo necesito ya, mujer.

—Bulma.

—¿Qué?

—Que mi nombre es Bulma —No tenía remedio, no sabía ni su nombre—. Y ahora, imposible. Mañana a primera hora te prometo que iré a echarle un vistazo. Pero desde ya te digo que no es buena idea.

—Tengo que seguir entrenando, no puedo parar ni un segundo, ya quedan menos de dos meses para que reviva Kakarot. Si no vienes ya te juro que...

—¿Qué? —Se situó junto a él en la ventana, con los brazos apoyados en el marco—. Ya puedes mirarme, no te voy a morder.

El guerrero bajó la mirada en la dirección que provenía la voz de la mujer. Ella lo miraba fijamente, prestándole el cien por cien de su atención. Él se esforzó por endurecer el rostro para resistirse a la cercanía y la dulzura de aquellas facciones que lo observaban como él si fuera la única cosa existente en el universo.

—Arregla éso ahora.

—Lo siento, pero no puedo. Estoy muy cansada. Si fuera algo realmente urgente, entonces...

No tuvo tiempo de terminar de hablar cuando Vegeta salió volando disparado de la ventana y, poco tiempo, después estuvo de vuelta, con una amplia sonrisa de satisfacción, suspendiéndose en el aire frente a la ventana de la mujer.

—¿No lo dirás en serio? —Bulma sabía perfectamente a dónde había ido el guerrero—. ¿Has estropeado la máquina a posta? No puedes ser tan infantil.

Él seguía impertérrito esperando que Bulma se moviera, pero la chica continuaba mirándole de la misma manera que antes. Hacía dossemanas que le rehuía, estaba seguro de eso, y cuando por fin la encara encuentra que ha cambiado su actitud con él. ¿Por qué lo hacía? Le ponía nervioso.

—¿Qué estás mirando? Necesito que arregles la nave, Bulma.

Ella se envaró, mirándole como estaba pero en ese momento con los ojos muy abiertos. Chichí tenía razón, y ni siquiera tuvo que planear nada a posta. Ya no sabía cómo llamar su atención, de ahí ese comportamiento tan infantil. Y la había llamado por su nombre. Decidió dar el paso.

—Vegeta, necesito saber una cosa —Él la miró con los ojos enterrados—. ¿Puedes acercarte más, por favor?

Dudó. No se fiaba de ella porque nunca actuaba como esperaba. La última vez que se acercó a ella lo pagó caro. Sin embargo esos ojos lo hipnotizaban, debían tener algún efecto similar en él, pues sin darse cuenta se hallaba sentado de nuevo en la ventana con las piernas hacia dentro de la habitación de ella.

Bulma apoyó sus brazos en las rodillas del saiyan y lo miro fijamente desde abajo. Le habló:

—Dime qué soy para ti.

—¿A qué te refieres?

—Quiero que me digas qué piensas de mí.

—Vaya chorrada. Pues una terrícola

debilucha e insignificante.

—¿Insignificante? —Se irguió para mirarlo frente a frente, ella con las manos aún sobre sus rodillas, él de brazos cruzados sobre el pecho—. ¿Nada más?

—No sé a dónde demonios quieres ir a parar —Desvió la mirada lejos de aquellos inmensos ojos azules que intentaban escrutar su interior. Su maldito aroma jugaba en su contra—. Si ésto tiene que ver por lo de la otra noche, debes saber que los saiyans no desarrollamos ningún vínculo ni ninguna mierda de esas de los humanos cuando fornican.

—Para ti sólo fue eso, ¿no?

—¿Qué más quieres? Deberías sentirte afortunada de conservar la vida para contarlo.

Bulma rió por aquel comentario. Era odioso, pero la forma en que la negaba era tan ridícula que no pudo reaccionar de otra manera:

—Pues si es así, gracias alteza.

—No veo el chiste por ningún lado.

Bulma estaba terriblemente cerca de él, que observaba sus manos, pequeñas y finas, rozando sus piernas sin el mínimo atisbo de temor. La forma despreocupada con la que se movía, el estremecimiento de su garganta al reír por su comentario nada jocoso. Su sonrisa franca, segura de sí misma. Sus enormes ojos, azules y profundos como el mar.

Nunca sintió una cercanía tal como la que le brindaba Bulma. Ni siquiera osó que Nappa o Raditz le tocaran cuando era pequeño, odiaba todo contacto físico que no fuera el necesario durante una pelea. Sin embargo toleraba que aquella mujer se tomara esa libertad con él, Bulma le hacía sentirse bien con su compañía. Y ser consciente de eso le llenaba de rabia. No podía permitirse ser tan débil, por eso estuvo la otra vez un mes sin verla, obsesionado con evitarla para no sentirse débil por ella. Y por culpa de su miedo perdió su batalla contra el namekiano.

Esta vez no la rehuyó, no le dio la importancia que otra vez le otorgó. Se esforzaba por permanecer impasible en su presencia, se autoconvencía de que era más fuerte que ella, más duro que el deseo de poseerla, lo suficientemente poderoso como para soportar el mismo aire que respiraba. Pero era ella la que le esquivaba, y la respuesta a sus dudas era la que se formulaba ella en su cabeza, producto seguramente de las fantasías de una humana en celo cuyo compañero yacía a varios metros bajo tierra.

Sostuvo la mirada de ella y apretó la mandíbula.

—Cualquier estúpida idea que tengas en mente, bórrala. Sea cual sea, humana insignificante —dijo.

Bulma lo seguía mirando, curiosa, retirando ya el contacto de sus manos para cruzar los brazos sobre su pecho al igual que él. Le preguntó:

—Entonces, ¿por qué insistes tanto en que vaya a reparar la nave?

—¿No lo he dicho lo suficientemente claro? Se me agota el tiempo y no puedo dejar de entrenar.

—Y, ¿por qué tengo que ser yo la que vaya y no mi padre?

—Porque tu padre no entiende mis necesidades. Déjate ya de preguntas inútiles y mueve tu lindo culo.

Lo tenía justo donde quería. Volvió a preguntarle:

—¿Por eso te pusiste nervioso hace un momento, porque mi culo te parece bonito?

A Vegeta se le estaba empezando a hinchar una vena en la frente al escuchar tantas verdades incómodas:

—¡Tu culo y lo que me parezca es asunto mío! ¿Está claro?

—Clarísimo —Sospecha confirmada. Si fuera sólo un aprovechado no habría dejado escapar ni el desnudo de antes, ni la cercanía que aún mantenía, ni está última referencia—. Sólo una cosa más que me intriga.

—Hmph —Vegeta había vuelto a desviar la mirada. Siempre lo llevaba por derroteros que él detestaba y él sólo conocía una manera de hacerla callar. Pero era lo último que deseaba hacer en ese momento.

—Dime porqué dejaste vivir a los indeseables de la playa.

Vegeta se esforzó en hacer memoria, casi ni se acordaba de aquel suceso. Iba a contestar alguna bordería, pero pensó que sería más apropiado hacerle otra pregunta a ella de vuelta:

—Dime tú porqué querías dejarlos vivir.

Sin querer él sólo contestó a la mujer, que sonrió satisfecha. No necesitaba más. Sólo tiempo, el que hiciera falta para que él mismo aceptara una verdad que se negaba a reconocer. Fue en ese momento cuando Bulma supo que aquel hombre merecía la pena el trabajo de sacar a flote lo que su interior escondía, aunque no fuera sencillo, aunque tardara mil años en conseguirlo, sabía que el resultado merecerían la paciencia y el esfuerzo que debería emplear con él.

Se separó de Vegeta y le sonrió tiernamente. Le dijo:

—Mañana a primera hora arreglo tu nave y le instalo la mejora. Ahora déjame descansar —Y se dirigió a su cama.

—No me has respondido —Vegeta puso ambos pies en el suelo del cuarto de Bulma y la paró sujetando su brazo.

Ella se giró y él apartó su mano de ella. Mientras observaba el rostro del saiyan, embelesada por el mar de dudas que anegaban sus ojos, pensaba: "Pero tú a mi sí. Acabas de decirme que lo hiciste porque era lo que yo quería". Sin embargo le respondió:

—No dejé que los mataras para que cumplieras tu promesa. ¿La recuerdas? —Realmente nunca se lo prometió, era una mera condición que ella impuso para quedarse en su casa. Ella lo observó tragar saliva y no quiso ponerlo más contra las cuerdas—. Además, creo que de esos tipos no habrá que preocuparse más, se llevaron la lección de su vida —Rió.

—Hmph —fue la respuesta del guerrero, que se giró de nuevo hacia la ventana.

Otra vez le había pasado, perseguir esos ojos implicaba movimientos que el jamás haría conscientemente. ¿Cuándo había entrado en su habitación?

—Hasta mañana, Vegeta —se despidió.

El hombre se marchó por la ventana sin mirar atrás. No se daría a sí mismo ese placer, y mucho menos a ella, que tenía la asquerosa manía de darle besos antes de dormir. Lo que le hacía falta.

N/A:

La historia va un poco más tranquila ahora, después de la tempestad toca hacer balance con la cabeza fría.

Suelo escuchar música a casi todas horas, y mientras lo hago voy dándole vueltas a este fic, buscando estrofas o canciones enteras que concuerden con la historia.

Hoy se me vino a la mente "Azul y negro" instantaneamente cuando escuché "Enamorada", de Malú con David DeMaría. Os la recomiendo.

Como siempre, sentíos libres de comentar y sugerir ideas. Cualquier duda, error... no os cortéis.

Un abrazo enorme. Muchas gracias por estar ahí.

Rocío.