Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario esta historia es mía, basada en la canción el príncipe de Saurom.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Natalia, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado a mi vida, esthefybautista, aquella a la que amo, por la que sigo sonriendo cada día, aquella que mi alma busca constantemente para seguir viva.

También quiero mencionar a Mery y sus bocatas de lomo con donuts que me mató de envidia anoche, te quiero muchito a ti y a Mills de mi corazón.

Quiero hacer una mención especial a mi prima, ella es una heroína en las sombras ya que gracias a su ayuda pude subir todos los capítulos anteriores sin problema.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del último capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.

CAPÍTULO 11 ALMAS GEMELAS

Emma paseó su mirada por la estancia vacía con una sonrisa en los labios. Demasiadas cosas habían pasado en poco tiempo. ¿Cómo empezó todo? Con un paseo por el parque. Algunas veces pensaba que había sido el destino puesto que era prácticamente imposible que el azar hubiese llevado a Regina Mills a su vida.

Le cambió un cuadro por una pizza y con diez minutos le bastaron para quedar completamente prendida de ella, de su mirada chocolate, de su sonrisa coronada por una extraña cicatriz. Cuanto más la miraba más familiar le parecía, a pesar de que no la había visto en su vida, con ella sentía como su vacío interior desaparecía. Reía con ganas recordando como tímidamente le había pedido su número de teléfono, con un leve rubor en sus mejillas y su cabello negro alborotándose con el viento. Sabía que Regina sentía lo mismo que ella, que había una fuerte conexión entre ambas. Aunque no creía en el amor a primera vista, cuando ella se marchó y perdió su silueta entre la gente supo que se había enamorado, que la echaría terriblemente de menos a pesar de que apenas se conocían. Sabía que esperaría su llamada aunque esta nunca llegase.

No pasó ni media hora desde que Regina había desaparecido cuando recibió dicha llamada, al otro lado de la línea la voz tímida de la morena pidiéndole que volvieran a verse. Entonces supo que sus sentimientos eran recíprocos y quiso llorar de felicidad. Nunca se había sentido atraída por una mujer pero Regina tenía un magnetismo difícil de resistir.

Recordó la primera cita oficial, después de su comida juntas donde empezaron a conocerse. Estaba nerviosa, muy nerviosa y no sabía por qué, solo iban a cenar algo y esta vez quería invitar la morena. Le había dicho que no se vistiese formal, que irían a un sitio normalito así que optó por vaqueros y su chaqueta roja de siempre, esperando que Regina no la considerase vulgar.

Llamaron a su timbre y no tardó en bajar, su sorpresa fue máxima al ver a la morena sobre una moto tendiéndole un casco con una sonrisa. Jamás se la hubiese imaginado así y era una imagen demasiado bella, tanto que le hizo sonreír. Subió tras ella a esa Harley, preguntándose de dónde la habría sacado, seguramente no fue vendiendo cuadros. Recordó la cita con cariño, la llevó a la playa donde cenaron nuevamente pizza, parecía que la morena viviría si pudiera solo de ese alimento. Recordó lo bien que se sentía junto a ella, todo en su interior le gritaba que era ahí donde pertenecía, era ahí donde quería estar toda la vida, junto a esa extraña mujer y su sonrisa.

La llevó a su casa cuando empezó a hacer fresco, y a pesar de la brisa helada ninguna de las dos quería separarse. Estaba temblando de frío pero no quería marcharse y perder la sensación de hogar que Regina le transmitía. La morena se dio cuenta de que estaba temblando y atrapó sus heladas manos, frotándolas para darle calor con una sonrisa, las llevó a sus labios y echó su aliento sobre ellas. En ese momento supo que quería pasar el resto de su vida con ella, pasara o que pasara. Se le cortó la respiración cuando se encontró con la mirada chocolate de Regina, con su sonrisa y supo que no había vuelto atrás, que su corazón le pertenecía de por vida.

Se acercó a ella lentamente, tímidamente, deseando de corazón no estar equivocada o ir demasiado deprisa, sintió sus cálidas manos sobre sus mejillas y tuvo que aguantar las lágrimas ¿Por qué reaccionaba así? Sentía demasiadas cosas indescriptibles, ganas de llorar, reír y eso solo con su contacto en su rostro.

Sintió sus labios besándola, sintió como una explosión en su alma de dicha, y respondió con ansia infinita, con hambre infinita a ese beso, descubriendo que los labios de Regina habían sido creados para que ella los besara, que no había sensación más mágica que saborearla de esa manera. Quizás hubiesen ido deprisa pero ambas almas estaban gritando que debían estar juntas.

Seis meses habían pasado desde ese primer beso, seis meses de una locura tras otra llenas de amor y cariño. Recordó casi atragantándose de risa el momento en el que quiso presentársela a Ruby, su amiga estaba convencida de que se estaba inventando la historia y tampoco le parecía raro que lo hiciera, al fin y al cabo contarle que había conocido al amor de su vida paseando por el parque sonaba como locura sinsentido.

Cuando se conocieron personalmente cambió la visión de su hermana al respecto. En seguida quedó prendada de Regina y su humor, su vitalidad. Decidió que nadie mejor que ella podía hacer feliz a Emma y se veía a lo lejos que estaba completamente enamorada de ella.

Sentada en el suelo de su vacío apartamento empacaba la última caja con sus cosas. Habían decidió irse a vivir juntas y encontraron un apartamento con vistas al parque donde se conocieron, comprándolo de inmediato asegurando que era el destino.

Escuchó sus pasos acercarse por el pasillo, sus tacones resonaban en el suelo creando música para sus oídos. Entró en la misma estancia que ella con la cara roja de esfuerzo y un par de cajas en sus manos, al parecer pesaban bastante.

-Emma, ¿Estás segura de que no quieres deshacerte de ningún libro? Viviremos rodeadas de ellos, tienes demasiados

-"¿Querrías deshacerte de un hijo Regina? No se hable más los libros se vienen conmigo?

La morena dejó las cajas sobre el suelo y empezó a reír a carcajadas, mirando con amor a Emma y sin dejar de sonreír.

-"Y ahora ¿De qué te ríes?"

-De nada, es solo que cuando te llame la maternidad ya sé que debo comprarte un libro

-"Idiota"

-Te quiero

Ambas empezaron a reír nuevamente, era cierto que irse a vivir juntas tan pronto era una locura pero no tenían dudas, algo dentro de ellas les gritaba que habían esperado demasiado.

Se besaron tiernamente sin dejar de sonreír, abrazadas durante unos minutos. Finalmente Regina empezó a bajar las cajas al coche mientras Emma revisaba con ahínco el apartamento para no dejarse nada.

Cuando creyó que lo había cogido todo, vio en una estantería medio escondido un lomo negro y supuso que Regina se había dejado sin querer uno de los libros. Lo cogió con curiosidad pues no recordaba haberlo visto antes y mayúscula fue su sorpresa al reconocer su propia letra en él, más no recordaba cuándo lo había escrito. Decidió que no era el momento de leerlo, no con su amada esperándola en el coche para empezar con ella una nueva vida. Lo metió en la caja y se marcho hacia su nuevo hogar junto a Regina. Las cosas empezaban a funcionar.

Pasaban los meses y Emma se había olvidado del cuaderno misterioso, su vida estaba completamente alborotada. Trabajaba cada vez más horas y los momentos de tranquilidad en su casa los pasaba junto a Regina que, como ella, cada vez estaba más ocupada en su trabajo intentando llegar a ser alcaldesa puesto que, a pesar de que era un alma artista, la política la tenía fascinada.

Las noches eran sagradas, eran su momento perfecto en el que hablaban de su día, compartiendo una copa de vino, abrazadas en el sofá viendo una película o haciendo el amor hasta que amanecía.

Pasó el tiempo mientras se iban acostumbrando la una a la otra, a amanecer juntas, a compartir baño, se iban acostumbrando a su humor mañanero, a sus manías, iban haciendo suyos los sueños de la otra con paciencia, con cariño.

Hasta que un día Regina le dijo que no iría a cenar, que tenía que quedarse en el ayuntamiento. Aburrida en casa sin saber qué hacer recordó de pronto el misterioso cuaderno y decidió leerlo para pasar el rato.

Tardó en encontrarlo pues aún reinaba el desorden en su nuevo hogar, con cajas sin deshacer y mil cosas por ordenar.

Finalmente lo encontró y se acomodó para leerlo. Nada más abrirlo su corazón se congeló en su pecho pues reconocía su letra, reconocía la fecha en el qué fue escrito hacía ya siete años pero no recordaba ninguno de esos momentos que ese diario relataba.

Mas su mayor sorpresa fue, al seguir leyendo, encontrarse con el nombre de Regina, el nombre de su amada estaba en esas líneas siete años antes de conocerla y no entendía por qué. Fue pasando las páginas y encontró el retrato, disipando cualquier duda, su Regina, su amor, de ella hablaba ese cuaderno.

Se encontró a sí misma llorando ante las terribles imágenes que guardaba ese diario, tantísimo dolor, tanto sufrimiento, tanto amor. Su Regina, ella había trascendido reino para salvarla, la había amado después de la muerte y ahora estaba a su lado.

Quiso esperarla, hablar con ella, mas parecía no recordar nada de todo lo vivido y no sabía si sería buena idea recordárselo, dolía demasiado. Finalmente el cansancio la domino y cayó dormida. No se inmutó cuando Regina entró de puntillas para no despertarla, la besó con ternura y la acogió entre sus brazos.

A las cuatro de la mañana Emma despertó gritando, con la frente perlada de sudor y lágrimas en los ojos. Habían vuelto los recuerdos de sus pesadillas y dolían en su mente como las llamas.

Notó como Regina la apretaba contra ella con fuerza y escuchó su voz somnolienta llamándola desde la oscuridad.

-Emma ¿Qué tienes? ¿Estás bien?

-"Sí, solo ha sido una pesadilla, tranquila, duerme"

-No, cuéntamela por favor, quiero estar aquí para ti cuando me necesitas.

-"¿Crees que existe el infierno?"

-Solo en la Divina Comedia

-"¿Y si te digo que lo he visto?"

-Te diré que ha sido un sueño mi amor, pero no te preocupes yo estoy contigo.

-"Regina…"

-¿Si amor?

-"Creo que nos conocemos de otra vida, bueno no es que lo crea, en cierto modo lo sé"

-Cariño, duérmete que es tarde.

-"No me crees…crees que estoy loca"

-No creo que estés loca, solo tengo sueño

-"Te lo mostraré…"

Desesperada por tener el apoyo de su amor, sin comprender por qué no se acordaba de ella, sin saber qué paso una vez desapareció entre sus manos. Cogió el cuaderno y se lo dio para que ella misma lo leyese y descubriese de qué estaba hablando.

Regina miró a Emma desaparecer y suspiró, ¿Qué diablos la había hecho recordar? No quería que eso pasara, su amada era feliz en su ignorancia y ahora volvía a sus pesadillas. Apretó los puños con fuerza cuando la vio volver con un cuaderno entre sus manos y se lo entregó. Le bastó echarle un vistazo para entender que era un diario y recogía los sueños, aquellos malditos sueños donde se habían reencontrado y Emma había enloquecido.

La rubia la miraba con ansiedad en sus ojos, quería saber si la creía. Un suspiro se escapó de su pecho y al mirarla sus ojos estaban oscuros, mas no estaba enfadada sino resignada.

-¿Cuánto hace que Recuerdas Emma?

-"Desde esta tarde… Espera ¿Tú sí te acordabas?"

-No, no al principio, no cuando te vi por primera vez en el parque.

-"¿Cuándo?"

-Cuando nos besamos la primera vez.

-"¿Por qué no me lo dijiste?"

-Eras feliz sin saberlo, no quería que pasara lo que ha pasado esta noche, que volvieran tus pesadillas

-"¿Te das cuenta? Incluso sin recordar nos amábamos"

-Somos almas gemelas Emma Swan.

Se sonrieron y Regina acurrucó a la rubia entre sus brazos, besando tiernamente su pelo, sabía que esa noche no volverían a dormir pues había mucho de qué hablar. Se deleitó con el aroma de su amada, con las suaves caricias que le regalaba sobre el dorso de la mano y con el silencio cómplice que había entre ellas. Silencio que su Emma rompió con voz ahogada aunque curiosa.

-"¿Me lo contarás algún día?"

-¿El qué mi vida?

-"Cómo volviste a mí ¿Me lo contarás?"

-Algún día, tenemos toda la vida, tenemos tiempo.

-"Regina…"

-¿Si mi amor?

-"¿Te casas conmigo?"

Sonrieron al unísono, ambas comprendían que llevaban siglos buscándose y por fin estaban unidas sin miedo, sin barreras y sin nada que la separase, por fin podían estar juntas sin miedo. Un alma oscura penando durante siglos en el infierno, redimida por el amor de su vida ¿Qué responder? Tenía más que clara la respuesta a esa pregunta.

-Por supuesto amor.

FIN

Que este demonio quiere ser fiero guardián y esclavo de cada caricia de tu tibia piel. El Prícipe, Saurom.