Los personakes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos.

CAPITULO 10: Acercamiento inevitable

La semana empezó con normalidad. Les había contado a todos lo de mi cumpleaños, ya que esperaba que vinieran a Cape May conmigo para celebrarlo allí. Se quedarían a dormir en mi casa. Todos habían estado encantados con la idea, excepto Alice, que se mostró absolutamente entusiasmada y excitada. Decidió que debía poner su granito de arena y me pidió el número de Ángela para ayudarla con los preparativos de la fiesta. Miedo me daba, pero decidí hacerla feliz.

El martes, Alice, Edward y yo quedamos para comer, y ella estuvo todo el rato pidiéndonos por favor que fuéramos a una cena con ella, Rosalie, Jasper y Emmett y dos parejas más. Edward y yo nos negamos en rotundo, ya que era una cena de parejitas y a nuestro parecer no pintábamos nada allí.

- Y qué vais a hacer, ¿quedaros en casa aburridos? Será divertido, vamos- dijo Alice poniéndonos ojitos, algo que en mi opinión le hubiera funcionado muy bien, si no fuera porque Edward era ya inmune a las artimañas de su hermana e impidió que yo cayera en la trampa.

- Alice no vamos a ir. –Dijo Edward tajante por decima vez consecutiva. Pero esta vez, parecía tener una idea- Si no quieres que nos quedemos en casa, Bella y yo haremos algo y ya está. Si a ella le parece bien claro.- Dijo mirándome. Levanté la cabeza sorprendida, sin pensármelo asentí enérgicamente. Lo que fuera con tal de no ir a la cena en plan parejitas.

- Está bien.- Asumió Alice bajando la cabeza- Pero más os vale salir de verdad o os arrastraré a la cena.- Dijo amenazándonos con el dedo.

Seguimos comiendo, mientras Alice nos proponía películas, ya que Edward y yo decidimos ir al cine para satisfacer a su hermana. No fue hasta horas más tarde cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de hacer. Iba a salir a solas con Edward, y esa era la razón por la cual llevaba una hora ante el armario, rozando la desesperación por no saber que ponerme. No quería arreglarme mucho, no fuera que él creyera que para mí era algo más que una quedada entre amigos, pero me negaba a ir con cualquier cosa, en el fondo, se trataba de Edward.

Enfadada conmigo misma por crearme todos esos quebraderos de cabeza, acabé optando por unos vaqueros y una blusa azul, con un ligero escote. Me maquillé suavemente y me dirigí hacia el cine, ya que, para reforzar el carácter de no-cita de nuestro encuentro, le había pedido encontrarnos allí.

Edward llevaba unos vaqueros, y una camiseta negra un poco ajustada. Encima, una sudadera gris con capucha completaba su atuendo. Al verme, se quedó callado, con una expresión que no supe descifrar. Parecia contento, pero sorprendido.

- ¿Qué ocurre?- me apresuré a preguntar. Él se ruborizó levemente mientras bajaba la vista.

- Nada, es que esa blusa te queda genial. Me gusta cómo te queda el azul.

Noté como me ponía como un tomate, y sin quererlo, una sonrisa enorme se apoderó de mis labios. Sin embargo, me incomodó lo que aquel comentario había provocado en mí. Qué cosas.

- Tengo las entradas.

- Entonces yo compro las chocolatinas y las palomitas.- contesté yo.

Entramos y vimos la película, un thriller sin más pretensiones, sin mirarnos si quiera. Aunque de vez en cuando, yo inclinaba mi cabeza y me quedaba mirándole unos segundos, y en ocasiones, pude sentir como él hacía lo mismo. Al acabar la película salimos del cine, comentando lo malos actores que eran algunos de los que salían en la película. Nos quedamos parados delante del cine, sin saber muy bien qué hacer, hasta que Edward sugirió que fuéramos a comer algo, a lo que accedí ya que estaba hambrienta.

- ¿Y cuál es el plan para la superfiesta?- preguntó mientras le daba un bocado a su pizza.

- Creo que van a montar una fiesta en casa de Jacob.- contesté, y me pareció que la expresión de Edward cambiaba, tal vez solo fueran imaginaciones mías.- Está junto a la playa, y su padre se irá con el mío de pesca todo el fin de semana, así que no habrá problema.

- Está bien, aunque no sé si voy a poder ir.- Anunció Edward triste, dejándome pasmada. Él tenía que venir, era mi cumpleaños, le quería allí.

- ¿Perdona? ¿Porque no?- pregunté nerviosa.

- Tengo…cosas que hacer. Un partido.

- ¿Cómo? Vamos Edward, eres mi amigo, quiero que estés allí. – él negó con la cabeza, y yo le puse ojitos- Por favor, necesito que vengas.

Su mirada perdió aquel aire triste.

- Vale, vale, si me lo pides así vendré.-dijo, rindiéndose con una sonrisa. Entonces su semblante se tornó serio otra vez- Al final ¿Cómo reaccionó Jacob con lo de tus padres?

- Em…como me esperaba- Dije, sin salir de mi asombro ya que la única cosa de la que Edward y yo jamás hablábamos era Jacob, y aun no estaba preparada para pensar que podía significar eso. Sin embargo, me había dado cuenta. Podíamos hablar hasta de la talla de ropa interior, pero no de Jacob. - No lo entendió, y dudo que lo haga. No sé qué le pasa, porque tiene que reaccionar así.

- Tal vez crea que os va a pasar lo mismo, ya sabes, que tu acabes hartándote de aquello y huyas, aunque bueno, estas ya viviendo aquí, ¿no? Dime una cosa, cuando te marchaste, ¿pensaste en que no querías acabar como tu madre?

- No.-Dije tajante y un poco enfadada.- Yo no pensé en eso, Jacob y yo…no somos como mis padres, yo estoy estudiando, cumpliendo mi sueño, pero no por ello voy a renunciar a él. Estoy tratando de compaginarlo.

Edward asintió y siguió comiendo, haciendo un gesto como de disculpa. No me había ido de allí por temor a que fuéramos como mis padres, de eso estaba segura. Aunque entendía que Edward o incluso Jacob pudieran pensarlo. Pero si me parecía que ahora las cosas con Jacob habían cambiado, no era porque él ya no encajara en mi vida. Realmente, empezaba a pensar que la razón era aquel chico de ojos verdes que parecía leer en mí como un libro abierto. Edward se había dado cuenta que algo no iba bien con Jacob, aunque, para mi suerte, no se había dado cuenta de que lo había provocado.

Seguimos comiendo en silencio, hasta que Edward rompió el hielo al advertirme de las locuras que podría preparar Alice para mi cumpleaños, y las risas volvieron de nuevo a nuestra conversación. Al terminar de comer, salimos del restaurante, y empezamos a andar de camino al metro, mientras Edward me hablaba de su equipo de baloncesto.

- Oye estamos solo a pocas manzanas. Hace una buena noche, ¿Por qué no damos un paseo?- preguntó.

- Estaría genial, sigo con la pizza aquí arriba-contesté con una amplia sonrisa mientras indicaba con la mano mi cuello.

Él sonrió y seguimos andando, cada vez más pegados el uno al otro. No sé qué camino cogió la conversación, pero de pronto, Edward y yo pasamos a temas mucho más...interesantes.

- Hacia un montón que no paseaba.- dijo, tomando aire.- De hecho hacia muchísimo que no me lo pasaba tan bien con nadie, sin salir con el grupo o el equipo.

- Lo sé, a mi me pasa lo mismo. Pasar el rato contigo es genial.- Dije, sonrojándome un poco.

- ¿Por qué te sonrojas? ¿Te da vergüenza pasarlo bien conmigo?- preguntó en tono burlón, y un poco chulesco.

- ¿Qué? No, es que me sonrojo en seguida.- me excusé, tapándome la cara con las manos. Genial, seguro que ahora estaba todavía más roja. Entonces, dejándome totalmente sorprendida, Edward me cogió por las muñecas y apartó mis manos de mi rostro.

- No lo hagas, estas preciosa cuando te sonrojas.

Su voz, suave y aterciopelada, ahogó los gritos de mi cabeza que me decian que saliera de allí corriendo. No podía pensar, tan solo sentir. Sus manos esposando mis muñecas, y sus verdes ojos intensamente posados en los míos. Mi corazón latía tan rápido que creí que iba a salirse de mi pecho, tan solo silenciado por las respiraciones de ambos, que se habían vuelto algo más intensas. Sentía descargas eléctricas donde su piel tocaba la mía. Edward no dejaba de mirarme, y yo era incapaz de apartar mi vista de él. De golpe mis ojos se movieron y se posaron en sus labios, sus perfectos y carnosos labios. Rápidamente, volví a subir la mirada a sus ojos, pero él se había dado cuenta de mi movimiento, y pude ver como él también observaba los míos.

Sentí deseos de suplicarle que me besara. Todo mi ser se dio cuenta de cuánto había estado engañándome a mí misma, pensando que lo que fuera que había entre nosotros era solo amistad. Ninguna amistad provocaba que un fuego como aquel ardiera en el interior de una persona. Seguí pensando en cuanto en mi autoengaño, hasta que percibí que Edward se movía. Se estaba acercando, el momento había llegado. Liberó una de mis muñecas y paseó sus dedos por mi brazo, provocándome mil sensaciones. Siguió deslizándome, hasta posar su mano en mi cintura, para atraerme hacia él. Se inclinó hacia mí, mientras empujaba mi cuerpo hacia su cuerpo, sin que yo opusiera resistencia alguna. Justo a un par de centímetros de mis labios, se paró, y me quedé horrorizada. No era horror por sus acciones, sino por los pensamientos que inundaban mi cabeza, y mi corzón. No quería que parara. Aunque no pudiera moverme, aunque no podía ser yo quien iniciara el beso, no quería que parara.

Edward suspiró y me miró fijamente a los ojos, y lo comprendí. Me estaba pidiendo permiso, sabía que aquello iba a complicarlo todo, tanto como yo, pero igual que yo, no quería evitarlo. No podíamos. Respiré profundamente, buscando la suficiente cordura para pedirle que se detuviera, pero no la encontré, sus ojos, su contacto, su aroma,…todo impedían que pensase con claridad. Así que por medio de nuestros ojos, le di permiso para que acabara lo que había empezado.

Hasta que sonó un teléfono. Me dio tal susto que de un salto me aparté de Edward, quien me miró con expresión decepcionada. Por un momento, mi expresión fue la misma y nos quedamos así, mirándonos decepcionados hasta que él se giró de pronto, y dijo:

- Es el tuyo.

- Oh, es cierto si.- Dije rebuscando nerviosamente en mi bolso. Cogí el teléfono y miré el nombre en la pantalla. Jacob. Sentí una punzada de ansiedad en mi corazón, y levanté la vista hacia Edward. Sabía quien era. Soltó un bufido y se giró de nuevo, poniendo sus manos en su cabeza en señal de desesperación.

- Puedes contestar si quieres.

- No,...yo... no puedo hablar con él ahora.- Dije apretando el botón que silenciaba el tono de llamada. Debía aclararme antes de hablar con Jacob - Edward, yo…

- Tranquila, ha sido un momento de debilidad solo eso. Estamos confundiendo las cosas. No volveré a hacerlo, te lo prometo. ¿Amigos?- Dijo tendiéndome la mano. Mi ansiedad aumentó.

- Amigos.- Acordé tristemente, estrechándole la mano.- Será mejor que me vaya a casa.

-Claro, te acompaño.

Andamos los últimos metros en silencio, sabiendo que ambos estábamos pensando en lo mismo. Era confuso, no había duda. Pero por unos instantes, lo había tenido muy claro. Solo deseaba que él me tocara, que me besara. Pero probablemente se trataba de su atractivo, esa atracción física que el despertaba en mi lo que me había llevado a pensar todo aquello. Sentimentalmente, todo lo que había entre nosotros era amistad. Me forcé a creerme aquello, y la punzada de ansiedad aumentó de nuevo. Cuando llegamos a la puerta, Edward se inclinó hacia mí, y me dio un casto beso en la mejilla.

- Buenas noches Bella. Que duermas bien.- Dijo, dando unos cuantos pasos hacia atrás con una sonrisa, antes de girarse y desaparecer en la noche. Este chico era perfecto..incluso a oscuras, era guapisimo.

Entré en el portal, y me quedé unos segundos allí sentada, pensando en los últimos diez minutos. De golpe, me dio la sensación de que todo se había complicado demasiado, y de nuevo sentí que todo mi cuerpo se llenaba de ansiedad, preocupación, culpabilidad, y sobre todo, confusión. Al entrar en casa me encerré en mi habitación, y empecé a llorar, pues la impotencia que sentía me superaba. No sabía cómo iba a solucionar aquello, y entre lágrimas me quedé dormida.

Por la mañana, Alice me despertó dando botes por la habitación con una taza de café. Mientras me desperezaba, me dio la taza, y de pronto recordé la noche anterior. Ansiedad otra vez.

- Bueno, ¿Cómo fue la gran cita?- Preguntó Alice. Un rayo de comprensión cruzó mi mente. Alice nunca había querido que fuéramos con ellos, quería provocar que saliéramos solos.

- Alice, te voy a matar.

- ¿Tan mal?-preguntó haciendo un mohín- Edward dice que fue bastante bien, aunque creo que no me lo está contando todo.

- Si fue bien, pero creo que lo hemos complicado todo.

- Cuéntamelo.- Dijo Alice, tornando serio su semblante al ver que yo iba en serio.

- Casi nos besamos.

- ¿¡QUE?!¡ROSALIE TE LO DIJE!- gritó dando saltitos. Rosalie apareció rápidamente por la puerta, mientras un rayo de comprensión cruzaba la cara de Alice. ¿Cómo que casi?

- Jacob llamó mientras casi ocurre.- Expliqué enfatizando el "casi", con la seguridad de que mi rostro debía ser todo un poema.

- Oh, qué mal.- Comentó Rosalie. Alice le dirigió una mirada asesina.

- Vamos a ver, no lo entiendo. Cuéntamelo todo- Insistió Alice. Le conté lo ocurrido y como me había sentido.

- Vaya. Creo que está bastante claro que te gusta Edward, sino no hubieras sentido todo eso cuando estuvisteis apunto de besaros.

- Lo sé, pero al final no ocurrió nada, y la verdad, creo que es mejor así. No puedo hacerle eso a Jacob, pero no quiero estropear mi amistad con Edward sabes. pffff. ¿porque tiene que ser tan complicado?- Dije abrazándome las rodillas, mientras Alice me abrazaba.

- La vida es así. No creo que se estropeen las cosas con Edward, él ni siquiera me había contado esto, así que creo que está dispuesto a ser tu amigo, antes de no ser nada tuyo. Sé que te aprecia muchísimo, y puede que ayer fuera incapaz de resistirse más tiempo, igual que tu.

- Lo sé. En fin, tengo que llamar a Jacob, ayer al final no le devolví la llamada.

- Si, y dile que sea menos inoportuno a la hora de llamar.- opinó Alice riéndose entre dientes. Rosalie rió también.

- Alice, por favor. ÉL es mi novio, puede llamarme cuando quiera.- Dije sacándole la lengua, y enfatizando que él era mi novio, y no otro.

- Bien, voy a cambiarme y luego nos iremos de compras, así te despejas la cabeza.- Dijo Alice, entusiasmada de nuevo, guiñandome un ojo. En el fondo, siempre estaba ahí para ayudarme. Aunque me organizara citas peligrosas para mi estado mental.

- Gracias.

- No te preocupes, verás como todo va bien y tan solo fue un malentendido- Dijo Rosalie mientras se marchaba también.

Cuando se fue, marqué el número de Jacob. Necesitaba oír su voz y olvidarme de Edward. Pero no funcionó.

-----------------------------------------------------------------------

Empieza la acción!!Jejeje, ¿les afectará su casi beso a Edward y Bella? ¿Pordán ser solo amigos? ¿ Que pasará con Bella y Jacob?

Dejen reviews con sus opiniones!! Y gracias por leer!

Besos!!!