10.

La cicatriz

… "¿Qué ocurre en el primer instante en el que se sabe algo de la muerte?
Ha debido haber uno –un instante– en el que hayamos descubierto que
no estaremos aquí para siempre. Debió ser aplastante– marcado al rojo
en la memoria. Y sin embargo, no logro acordarme. Nunca me ha venido a la cabeza.
¿Qué hemos hecho de esto? Debemos nacer con una intuición de mortalidad.
Antes de conocer las palabras para expresarlo, antes de que sepamos que existen palabras,
salimos, brillantes y ensangrentados, sabiendo que para todas las brújulas del mundo no hay sino
una dirección, y el tiempo es su única medida"….

("Rosencrantz y Guildenstern han muerto". Tom Stoppard)

Artemis miraba feliz a Apollus, que estaba posado frente a ella, dejándose mirar, levantando de vez en cuando la cabeza y moviéndola de un lado a otro, como para que pudiera ver todos sus ángulos. Su lechuza era un poco orgullosa, se notaba, pero no totalmente, no como un pavo real, por eso no le molestaba.

Frente a ella y también de cuclillas, es más, en la misma posición que Artemis había adoptado, estaba un niño de cabello muy despeinado y ojos verdes brillantes tras un par de gafas. Había estado mirando a Apollus casi tanto tiempo como Artemis y con la misma atención. Por supuesto que ella lo había notado y por supuesto que no había dicho nada. ¿Para qué? Los dos estaban tranquilos así.

- ¡Artemis!-

Saba la sintió temblar a su lado. Se había vuelto a ir, a ponerse más pálida que de costumbre y quedarse con los ojos abiertos mirando la nada, quieta, quieta, como una estatua. Y él la había tenido que volver a despertar con un grito contenido para que el profesor Viper no se diera cuenta de que estaba dormida y no la volviera a castigar. No los volviera a castigar, porque a ese profesor le encantaba mandar a detención a los alumnos en grupos.

Aunque no era solo por eso, era también porque estaba preocupado. Desde que la conoció, Artemis sufría de esas parálisis que llegaban de la nada, duraban cuanto querían y para colmo, ella no las recordaba.

Ese día, Saba le respondió muy seco cuando ella despertó y preguntó que estaban haciendo. Artemis entendió que se había vuelto a ir y pensó que no era justo que su amigo la soportara. Pero tampoco era justo para ella, ella no había pedido soñar con ese niño.

-Señor Schnuppermault, ¿podría enseñarle a su compañera, la señorita McDaughtry, la pronunciación correcta de la segunda Runa de la derecha?-

-Sí profesor-

Viper miró de reojo a Artemis mientras Saba se ponía de pié y pronunciaba correctamente la runa. Ella trató de ponerse lo más derecha que pudo e hizo como si estuviera mirando atentamente al frente, cosa que era casi imposible, porque se sentía toda laxa, como si acabara de despertar de un largísimo sueño.

- ¿Te dormiste?- le preguntó Ghana, sentada en la silla de al lado.

Artemis negó.

-Muy bien, señor Schnuppermault. Aunque tiene una ventaja sobre los demás, el élfico tiene que facilitar la pronunciación en general.

-Estás toda despeinada-

-Idiota- masculló Saba, sentándose y mirando con rabia a Viper- que sea bueno en Runas no tiene nada que ver con que sea elfo. No es ninguna "ventaja". Es que soy bueno. Punto- le dijo a Artemis.

Ella asintió. De pronto le dieron ganas de ir a la lechucería para ver a Apollus. Tal vez debía ir para asegurarse de que no había vuelto a picotear a ninguna lechuza, como hizo con la de la escuela cuando le llevó la contestación de la carta que había enviado al tío Remus y que todavía no podía leer, porque la había recibido en la madrugada de ese día.

La profesora Gabrián la había ido a buscar personalmente y hasta su habitación, es más, cuando Artemis despertó a las 5 de la mañana, de un sueño intranquilo con el niño no Slytherin, se dio con el rostro serio de la profesora Gabrián y luego con sus pijamas negras con encajes en las mangas y los bordes.

-Señorita Black, una lechuza ha atacado a otra, perteneciente a la escuela. Sígame por favor- le dijo y a Artemis no le quedó otra que seguirla hasta la lechucería, taparse los oídos cuando llegó a la bifurcación de caminos, porque la profesora Gabrián lo recomendó, destapárselos y reconocer que era su lechuza la que había atacado a la de la escuela.

¿Por qué?

La respuesta la tenía Apollus en el pico: la contestación de su tío.

Artemis tomó el pergamino, pidió disculpas y perdió la conciencia. Despertó esa mañana sobre su cama y con la carta del tío Remus en una mano. Seguro había caminado más dormida que despierta hasta su habitación. O había empezado a roncar parada y la profesora no tuvo otra opción que llevarla y dejarla en su cama, en todo caso no lo sabía y tampoco quería saber.

Cuando terminó la clase de Viper, Artemis y Saba pasaron por el patio más grande de la escuela, antes de ir al Comedor.

- ¿De verdad Apollus atacó a la otra lechuza?- preguntó Saba, sentándose en una de las bancas más alejadas de un grupo de niñas que hacían ruiditos cada vez que él pasaba cerca.

Artemis asintió.

-La carta de mi tío- dijo, después de sacar el pergamino de su bolsillo y desdoblarlo.

Querida Artemis:

Que alivio fue recibir noticias de ti. Es bueno que te hayas acomodado a la vida escolar y que te guste tanto ser una bruja.
Nunca está de más pedirte que tengas mucho cuidado, comprendo que a veces las reglas son muy pesadas, pero existen por algo, cúmplelas. Piensa dos veces antes de meterte en algún problema, recuerda que no tienes que demostrarle nada a nadie, a veces a la gente le gusta ponernos a prueba y a veces, heridos, aceptamos. La mayoría de veces es mejor hacerse a un lado… y… ten cuidado con esa profesora Áter, parece peligrosa.
Las cosas en la casa están bien. Se nota la ausencia, pero tengo que acostumbrarme.
Saludos a tus amigos.
Sigue disfrutando, pero estudia.
Te quiere,
Remus Lupin.

Artemis suspiró cuando terminó de leer la carta.

-Él es tu tío-

-Sí-

- ¿Le vas a responder?-

-Todavía-

La siguiente semana, unas clases más, unos méritos más.

Después del almuerzo tenía esgrima, iba a aprovechar, a quitarse el sueño como fuera para concentrarse mucho en los movimientos y hacerlos lo mejor que podía. Tenía que ser más fuerte para que su tío pudiera llevarla a ver a su papá.

Durante el almuerzo se encontraron a Sami, quien le dio a Artemis un extracto de algo que quitaba el sueño, que justo había ganado como premio por responder más preguntas durante la clase de Herbología.

-Desde lo que dijo de los Valthemoon me dieron unas ganas locas de ser la mejor en ese curso, para demostrarle a la profesora Hel que podemos ser buenos en todo- dijo, mientras Artemis secaba el contenido de su vaso.

-Que tú puedes ser buena en todo- puntualizó Saba.

A Sami se le pusieron las mejillas coloradas.

Durante la clase de esgrima Artemis no volvió a sentir sueño ni a pensar en el niño no Slytherin y tampoco a quedarse quieta como estatua. Lo que Sami le había dado era efectivo, lamentablemente. Porque al estar despierta y muy atenta Artemis se dio cuenta de las miradas del resto de sus compañeros sobre ella, sobre todo de los chicos y de Lila Elmira, que estaban atentos a cada uno de sus movimientos y más cuando les tocó atacarse en parejas con la espada.

- ¡Cuidado!- gritó Lila Elmira, cuando Artemis atacó a Saba.

Los dos se voltearon, perplejos. Una porque no terminaba de sorprenderse de lo metiche que era la niña, que hasta se metía en sus ejercicios y el otro porque pensaba que Lila Elmira sería incapaz de darle hasta la hora.

-Las peleas son simuladas Lila, nadie se va a hacer daño. Artemis no lo está atacando de verdad-

Preciso, el profesor Pólux Altair dio en el clavo y Artemis comprendió que toda esa vigilancia y toda la atención que estaba recibiendo eran consecuencia de su pelea con Greg Easthouse. Lila Elmira pensó, seguramente, que iba a atacar a Saba en serio, seguramente todos pensaban que si fue capaz de apuntar a Greg Easthouse con su espada, lo podía hacer con quien le cayera mal, seguramente pensaban que era un animal, una salvaje, peligrosa y eso era injusto, porque para empezar, no era cierto.

Ni siquiera tenía una espada.


-Son tonterías de ellos-

-Yo sé-

-No les hagas caso-

-No les hago caso-

Artemis estaba echada en el pasto y un niño a su lado. Los dos conversaban distraídamente mientras miraban al cielo bastante claro de ese día.

Las nubes estaban bonitas y entraban ganas de volar, pero sin escoba. De elevarse y pisarlas, sentir como algodón, echarse en ellas y luego seguir volando. Entraban ganas de repetir el salto de Ursa Ater.

El niño se volvió para mirarla y aunque ella lo sabía, no quiso devolverle la mirada.

-No Slytherin-

-Son estupideces de ellos-

Artemis se estremeció ligeramente. Por un segundo sintió como si estuviera cayendo de algún lugar muy alto y se agarró fuerte de lo que tuviera a la mano. Pasto. Estaba echada en el pasto con la cara al cielo bastante claro de ese día y Saba estaba a su lado. Sin mirarla, felizmente.

Tal vez la había sentido. No. El le prometió que no iba a hacerlo de nuevo.

Sami, al otro lado, soltó una risita.

-Imagínate que en lugar de Greg Easthouse hubiera sido Hanna Marianne- dijo, refiriéndose al incidente de la espada.

Dos semanas después de que sucedió, el recuerdo estaba fresco y Artemis no terminaba de entender por qué. Habían pasado cosas más emocionantes que los demás parecían olvidar al día siguiente, como el salto con Ursa Ater, nadie más había querido repetirlo, con excepción de ella y Saba. Pero el incidente sí se mantenía y todos ayudaban a que lo hiciera porque no había día que Artemis no escuchara comentarios o advertencias o palabras de apoyo.

-Me parece que se lo merecía- le dijo Creixell, una tarde, cuando se encontraron en el baño de las niñas.

A Artemis le dieron ganas de que nunca hubiera pasado, solo por todo lo que había ocasionado después. Demasiada atención.

Felizmente el rumor no se había expandido a los otros señoríos.

- ¿Le vas a pedir disculpas?- preguntó Sami.

¿Disculpas? Jamás. Se lo merecía.

-No-

-Ya se están tranquilizando un poco, además- comentó Saba.

- ¿Y lo de hoy?-

- ¿Hoy qué?- volvió a preguntar Sami, levantándose como un resorte y mirando a sus amigos alternativamente- ¿Qué pasó?-

Artemis miró a Saba y Saba empezó a relatar.

-Estábamos en Herbología y la profesora Hel nos pidió que nos pusiéramos en parejas, pero que Artemis y yo no podíamos estar juntos, porque ya hemos roto bastantes macetas. Entonces la puso con Kitty McDaughtry y ni bien llegó a su lado, se puso a temblar, estaba blanca-

- ¿Quién?-

-Kitty. Miraba a Artemis raro y le pidió a la profesora que le cambiara de pareja porque tenía miedo. Antes de que se pusiera a explicar por qué, Ru le dijo que se callara, que ya estaban molestando demasiado a Artemis y que no era para tanto. Lila Elmira se rió y sin querer, Ru la hechizó-

Sami abrió la boca y los ojos como platos y miró a Artemis.

-No es su culpa- defendió Saba- Ru siempre quiso hechizar a Lila-

-Pero dijiste que había sido sin querer-

-Claro, porque Ru dice que acababa de recoger su varita, que se había caído cuando se acercó a hablarle a Kitty y justo señaló a Lila con mucha rabia. El profesor Dimber dice que se puede lanzar un hechizo a alguien sin hablar, sobre todo cuando se lo está pensando y se tiene un sentimiento intenso, como el de Ru-

- ¿El profesor Dimber se enteró?- preguntó Sami, escandalizada.

-Sí, él llevó a Lila Elmira a la enfermería-

- ¿Está bien? ¿Dimber les dijo algo? ¿Y su tutora?-

Lila estaba sana, chillando como una banshee cuando se la llevaron, pero el encantamiento de Ru no le hizo real daño. Entre sus chillidos le echó la culpa a Artemis de lo que había pasado, porque decía que ella era quien había encendido la mecha y a Artemis le dieron ganas de hechizarla ella misma, pero no sabía ningún conjuro para callarla por siempre y además se sentía un poco culpable. Y avergonzada. Dimber no le dijo nada, ni siquiera la miró, solo se llevó a Lila Elmira y les dijo a todos, que estaban armando un alboroto en el invernadero, que lo más importante era curar a la niña. En cuanto a la profesora Gabrián, todavía no había llamado a nadie para preguntarle qué había pasado.

-Lila Elmira te va a acusar- le dijo Sami a Artemis- aunque no le hayas hecho nada, seguramente le va a terminar por contar lo de la espada. Creo que sería mejor que te disculparas-

- ¡¿Por qué?-

Artemis se puso de pié de un salto y tras ella Sami y Saba.

-No es porque crea que le has hecho algo, porque no fue tu culpa. De verdad, yo no creo que seas culpable. Saba, deja de mirarme así. De verdad, Artemis, pero… mi papá siempre me dice que a veces es mejor disculparse de algo que uno no ha hecho para evitar problemas que no se pueden solucionar fácilmente- de pronto, el semblante de Sami se ensombreció- claro que… él no es el mejor ejemplo para lo que dice. Pero… mejor discúlpate. No es como disculparse con Hanna Marianne, tampoco.

-Oye-

-No molestes Saba-

Disculparse con Lila Elmira. Porque Ru la había hechizado.

-Tampoco es que te disculpes, mejor anda a hablar con ella- opinó Saba.

-Claro, pero si habla tiene que ser de algo y de todas maneras va a ser de disculparse- rebatió Sami.

Disculparse con Lila Elmira. Hablarle a Lila Elmira en la enfermería y probablemente aguantarse sus reclamos y su vocecita chillona y sus preguntas estúpidas.

-Piénsalo bien- le dijo Saba, cuando Artemis ya tenía unas horas haciéndolo.

Los chicos entraron al Castillo antes de que oscureciera y fueron por una taza de chocolate caliente al comedor.

-Pero rápido, porque no creo que esté en la enfermería mucho tiempo- apuntó Sami- ¿Qué?- le preguntó a Saba, que la miraba con cara de pocos amigos- ¿qué dije?-

Artemis pensó que si su tío Remus estuviera ahí, sería todo más fácil. Él no le diría qué hacer exactamente, pero sí le haría ver lo que podía ganar o perder en cada situación… y finalmente le daría su opinión. ¿Qué le diría su tío Remus? Que si se disculpaba estaba admitiendo que era culpable? Que disculparse era una manera de demostrar que era más madura que Lila Elmira? Y si así lo fuera, no le importaba, no quería compararse con Lila Elmira, ese era el problema, Artemis no quería tener nada que ver con esa niña y tampoco con Greg Easthouse y con nadie más que pudiera molestarla, no quería estar tan involucrada en el escándalo que habían armado sus compañeros de primer curso y no sabía como zafarse.

- ¡Mira! ¡Es Apollus!-

Artemis levantó la vista hacia donde señalaba Sami y vio a su lechuza volando hasta ella. Que bonita era cuando volaba. Y cuando miraba fijamente a su destino.

Aterrizó sobre la mesa, entre Saba y Sami y le extendió a Artemis una bolsa de cuerpo que agarraba con el pico. Artemis tomó la bolsa con curiosidad y se la mostró a sus amigos, mientras Apollus se subía a su hombro.

- ¿Y esto?- preguntó Sami, pasándole la bolsa a Artemis.

-No sé- se sentía rara, como si estuviera llena de piedras, pero blandas.

-Ábrelo- dijo Saba- Apollus te trajo eso por algo-

Artemis abrió la bolsa y un olor extraño salió de ella. Nunca lo había sentido antes, estaba segura, pero inmediatamente le pareció familiar y delicioso. Lentamente metió su mano y extrajo una de las piedras blandas que estaban adentro, eran moradas, de forma ovalada y en una de sus puntas tenía una ramita incrustada.

- ¡Aceitunas!- exclamó Saba.

¿Aceitunas?

- ¡Claro! Las probaste la semana pasada, eran trocitos entre el arroz ¿te acuerdas? Te comiste hasta los míos.

¡Ah! ¿Esos trocitos negruzcos eran aceitunas? A Artemis se le iluminó el rostro y se metió la aceituna a la boca sin quitarle la ramita. Le habían encantado esos trocitos amargos que jamás había probado. Y esa aceituna estaba deliciosa, incluso con la rama. Deliciosa. Como nada que había probado antes.

- ¿Cómo está?- preguntó Sami

-Muy rica- admitió Artemis, metiendo la mano al saco de cuero y sacando otra aceituna- Gracias- le dijo a su lechuza, acariciándole la cabeza.

- ¿Apollus sabía que te gustaban las aceitunas?-

Artemis negó.

Saba sonrió con orgullo.

-Pero estuvo ese día. Y te vio. Seguro escuchó cuando te dije que se llamaban aceitunas y me prestó más atención que tú- se volvió hacia Sami- las lechuzas y los avens son animales muy receptivos-

Había 25 aceitunas en el saco que le llevó Apollus a Artemis y Artemis se las comió todas esa noche, sentada en el balcón de su habitación, mientras pensaba. El asunto de Lila Elmira no la dejaba tranquila y lo que más le molestaba de eso era justamente eso. Que no la dejara tranquila, que fuera tan importante. Felizmente tenía las aceitunas. Y para cuando se comió la número 23 ya había decidido que iba a ir a la enfermería a ver a Lila Elmira. Sami tenía razón, para evitar mayores problemas que ella no podría resolver, tenía que ir a disculparse. Y para dejar de sentirse culpable.

No le contó nada a Saba ni a Sami al día siguiente y que sus amigos se pelearan sobre la decisión que tenía que tomar Artemis ayudó bastante.

Al final de la clase de Gamma, el profesor estatua, se le acercó Ru y la hizo entrar de nuevo al salón.

- ¿Vas a ir a ver a Elmira?-

- ¿Por qué?-

-Para saber. Tienes que ir a disculparte ¿no?-

-No. No le hice nada-

-Pero ella dijo…- Ru bajó la cabeza y se encogió de hombros- de verdad no creo que tengas la culpa. Ella es una idiota y dice idioteces. Lo que pasa es que…- se calló de pronto.

Artemis levantó una ceja.

-Si te digo, me juras que no le dices a nadie- empezó de pronto Ru.

-Ya-

-En serio Black, si dices algo, te persigo para golpearte, a mi no me das miedo-

-Ya-

-Di juro-

-Juro-

-Ya. Voy a ir a ver a Elmira- dijo Ru, con vergüenza- y si tu vas a verla, quería saber cuando, para no cruzarnos. Porque si no, se va a creer y le va a contar a todo el mundo-

Artemis asintió, le dio un poco de pena Ru.

-Hoy voy-

-Ya, entonces yo mañana- Ru sonrió- ¿yo tampoco le digo a nadie, no?-

Artemis asintió.

-Ya sabía-

Esa conversación le quitó un poco importancia al asunto. O le dio más decisión a Artemis. Porque Ru estaba en el mismo problema y él también decidió ir a hablar con Lila Elmira. Por eso no titubeó cuando le dijo a Saba que se iba a dormir bastante temprano y esperó a que él dejara la Sala Común para salir. Por eso caminó segura por El Paso, pensando en que todo se iba a acabar esa noche.

Se puso la capucha sobre la cabeza cuando salió del paso y conjuró un lumus suavecito como para que nadie la viera desde lejos.

El crujir de las hojas llamó su atención cuando estaba casi a la mitad del camino, no eran sus pisadas, pero seguro era otro alumno que pasaba por ahí. Muy cerca de ella. Las siguió escuchando mientras avanzaba, pero se dijo que no era la única Stormenhand que caminaba por el bosque a esa hora, seguramente eran los chicos que regresaban de comer en el Castillo y que se iban a dormir. O tal vez una criatura.

Cuando escuchó una rama partiéndose muy cerca de ella tuvo que controlarse para no empezar a correr.

- ¡Hey Black!-

Artemis se volvió. No había nadie, pero la habían llamado.

Dio dos pasos más y se tropezó con algo.

-Con ese lumus tan chiquito es obvio que no nos hayas podido ver- le dijo aquello contra lo que se había golpeado.

Retrocedió un par de pasos e intentó salir por otro lugar, pero se detuvo de golpe cuando vio como, una por una, se iban encendiendo luces azules a su alrededor. Ocho chicos formaban un círculo y ella estaba al centro, sin ninguna idea de lo que pasaba.

- ¿Tú eres Artemis Black?- le preguntó uno de ellos, muy alto y de frente muy amplia.

-Sí- dijo ella firmemente.

Las ocho sombras de rostros asintieron. Artemis se puso en guardia, sin entender por qué. Ocho alumnos, no eran profesores, tenían capuchas y podía ver bajo la capa de uno la insignia de Stormenhand, eran alumnos que seguro le estaban jugando una broma o la estaban buscando para algo, pero a ella. Porque le habían preguntado si era ella. Seguro… seguro Lila Elmira los había mandado. O la profesora Gabrián, para llevarla a su despacho.

El círculo de hizo más pequeño cuando todos dieron un paso hacia delante. Artemis agrandó el lumus de su varita.

La miraban serios, burlones. No eran enviados de la profesora Gabrián.

Su corazón empezó a palpitar con fuerza.

Se acercaron más y más, hasta que todos estaban muy pegados y ya no quedaba ninguna salida. Artemis los apuntó con su varita, segura. El que estaba delante de ella se rió bastante fuerte.

-Mira Apple, esta nueva cree que nos puede hacer algo-

Todos los chicos se rieron.

- ¡Confundus!- gritó Artemis de pronto y el chico que había hablado cayó de espaldas al pasto.

Esa su oportunidad de salirse de ahí, pero antes de que pudiera empezar a correr, alguien la tomó con mucha fuerza del brazo y la devolvió al círculo. Poco a poco, los demás se le acercaron más y más y la tomaron de los brazos y uno le abrazó la cintura y otro le agarró la cabeza con mucha fuerza y la hizo mirar al frente.

- ¿Ahora no te dan ganas de asustar a nadie, no?- le dijo aquel a quien la obligaban a ver.

Y la golpeó.

Nunca le habían dado un puñetazo tan fuerte. Y el que el chico le propinó en la boca del estómago la dejó sin aire unos segundos. Sus piernas temblaron, pero los chicos que la agarraban no la dejaron caer de rodillas.

¿Por qué la había golpeado? Ella no le había hecho nada a nadie, no había encantado a Lila Elmira. No le había dicho a Ru que lo hiciera. Ru. Tenía que avisarle… seguramente le iban a hacer lo mismo.

¿Por qué?

El chico la abofeteó.

Todo se puso borroso, las caras, las manos, lo que estaba detrás y no tuvo la oportunidad de volverse, claro, porque la siguieron golpeando, una patada en la pierna, un fuerte pisotón, una nueva bofetada y un golpe en la cabeza. Alguien jaló de su cabello y el dolor la hizo gritar. Quienes la sostenían rieron y esas risas se unieron al zumbido dentro de sus orejas. Una nueva patada, un nuevo abofeteo y golpes, muchos golpes en todas partes. Lo único que la mantenía parada eran los brazos que la sostenían y lo que hacía que se quedara despierta eran las ganas de saber por qué le estaban haciendo todo eso.

¿Por qué?

No pudo hablar. Un puñetazo le rompió el labio y ardía demasiado. Todos los demás se reían. Y finalmente la soltaron. Cayó como un saco al suelo y se quedó ahí, inerte, con los ojos casi cerrados, incapaz de moverse. Esperó que los demás se asustaran, que pensaran que había muerto o que se había desmayado y que se fueran. Esperaba desmayarse de verdad.

- ¡Mírala! Está llorando-

De miedo más que de dolor. Goldenwand era su casa.

Una fuerte patada que la volvió a dejar sin aire y la volvieron a poner de pié, tomaron su rostro con mucha fuerza y la hicieron ver hacia delante, al chico que le había hablado al principio.

-Me llamo Apple Easthouse ¿te suena mi apellido?-

Easthouse.

-Soy el hermano mayor de Greg y si vuelves a hacerle algo, te va peor. Es una pena que tengamos que enseñarte así a serle leal a tu señorío. Uno no acusa, no ataca ni traiciona a su familia. Nosotros te estamos enseñando y no creo que nos quieras acusar por eso ¿verdad?- Artemis no respondió, Apple Easthouse la tomó fuertemente de la quijada- ¿verdad?-

Lo miró muy dentro de los ojos, pero no asintió ni negó.

- Vamos. Levanten a Bluesmith-

Hush now baby don't you cry
Rest your wings my butterfly
Peace will come to you in time
And I will sing this lullaby

Tenía los ojos muy cerrados y alguien le cantaba muy bajo una canción de cuna suave, que sonaba como campanitas pequeñitas de cerámica. Y tenía un aliento fresco, como brisa fría de mar, que golpeaba contra su cara con cada palabra. Tenía los ojos entrecerrados y veía el pasto negro por la oscuridad de la noche, a la altura de sus ojos y más arriba de ella. Y lo veía difuso, cortado, como refractado por la lágrima. Las lágrimas. Y todo estaba callado, ella estaba sola, soñando despierta con la canción de cuna, porque no sabía qué más hacer… porque se sentía como un gusano, amarrado a la tierra, incapaz de pararse, porque sentía que su cuerpo era cada vez menos suyo y más del pasto. Pero no dejaba de doler. Y el alma, el orgullo, se le habían desmayado mucho antes.

Basta se dijo, pero ¿de qué? ¿De llorar? ¿De doler? ¿De estar despierta? Antes de que pudiera responderse, un viento helado hizo temblar a su cuerpo y se preguntó si así se sentía la gente antes de quedarse dormida para siempre. Cansada de estar despierta. Y se preguntó qué pasaría si cerraba los ojos.

La canción de cuna se hizo más fuerte y dejó de sentir el viento.

Tenía sueño y durmió.


-Desmayada en medio del camino. Nadie sabe lo que ha pasado. No tiene ningún hechizo, la hemos revisado… pero tiene muchos golpes, pobrecita. ¿Tiene algún hermano en la escuela a quien podamos recurrir?-

-No. La alumna Black es mi responsabilidad, yo me encargaré de notificar a su familia. Muchas gracias Miss Grapehood-

-No hay por qué, profesora Gabrián. ¿Quién es él?-

-El señor Schnuppermault ha venido a visitarla, si no es mucha molestia-

- ¿Quién te ha golpeado así?-

-A mi también me gustaría saber-

Artemis tenía una larga bata blanca y estaba sentada en su cama de la enfermería. Sentado en la cama contigua estaba el niño de ojos verdes, con una bata blanca también, mirándola.

-Pero, ¿no que te dijeron sus nombres?-

-Sí, pero no sé quienes son-

- ¿Te duele?-

-Sí-

El niño se puso de pié y se acercó a ella con un poco de miedo. Estiró una mano y la puso sobre su muñeca derecha, en donde tenía la marca morada de un dedo pulgar.

-El de acá es más grande- le dijo Artemis, sobándose el abdomen- duele cuando me doblo-

-Lo lamento-

Artemis lo lamentaba más.

De pronto escuchó unas voces, que se hacían más fuertes, como si alguien estuviera yendo hacia ellos.

-Han venido a verme- dijo- Saba-

-Entonces…-

-No… no tienes que irte-

El niño se encogió de hombros.

-Has dormido dos días. Ayer vino Sami y no te despertaste. Bueno, vino a las 5 de la mañana, así que creo que ningún ser humano normal en la escuela estaba despierto, pero dice que su día empieza a las 6 y que quería estar contigo por lo menos una hora. Seguramente te estuvo leyendo. Se puso a llorar ni bien se enteró. Se asustó bastante. Todos en Stormenhand están un poco asustados, ayer Ru organizó una patrulla entre los de primero para cuidar, sobre todo a las chicas, y excluyó a Lila Elmira. Supongo que en broma. De todas maneras no era tan necesario, porque los delegados del señorío patrullan con sus varitas en alto y los profesores pasan por el camino a cada rato. Creo que han mandado hasta a los fantasmas. Es que te encontraron muy mal. Tienes muchos golpes y no sabemos por qué, si te caíste o te atacó alguna criatura. El profesor Pólux Altair preguntó por ti en la clase de esgrima y cuando le contaron se preocupó. No sé si habrá venido, no creo, no dejan que nadie más te vea a menos que la profesora Gabrián de permiso. No quieren asustar a los demás señoríos-

-A menos que quieras dormir un poco más-

-No. Pero… no quiero estar sola-

- ¿Por qué?-

-Tengo miedo-

Él la abrazó cuando ella empezó a llorar.

Artemis abrió lentamente los ojos. Saba estaba parado al lado de su cama mirando fijamente las sábanas blancas. Tardó unos segundos en volverse hacia su amiga y sonreírle. Artemis sabía que él sabía el momento exacto en el que abrió los ojos y que se había demorado a propósito.

Mejor. Verlo tranquilo la hizo sentir más tranquila.

Estuvieron el resto de la tarde sin hablar mucho. Solo se hicieron las preguntas necesarias y Saba dijo algo muy concreto sobre el deseo frustrado de Sami de ir a verla. Luego, nada. Por suerte para Artemis, porque… se sentía pesada y laxa a la vez, con el cuerpo muy resentido y sin ganas de moverlo si quiera un centímetro, porque estaba segura de que algo iba a dolerle mucho. Además, le zumbaba la cabeza y a consecuencia de eso, pasaba largos minutos con los ojos cerrados. Lo menos que quería hacer, entonces, era esforzarse. Pero una cosa era que quería estar en silencio y otra, muy diferente, que quería estar sola. No quería estar sola, quería que Saba estuviera con ella, como lo estaba haciendo, llevando y trayendo cosas, sentado en una silla a su lado, cantándole en susurros con la voz tan bonita que acababa de descubrir que tenía y que hacía que todo el miedo se barriera de su cabeza. No le importaba si Saba estaba en un extremo de la habitación, mientras la estuviera acompañando, ella lo iba a sentir, en su silencio. Y no le iba a pedir que hablara para evidenciarse, no era necesario.

- ¿En qué estás pensando?-

Artemis estaba sentada de espaldas al niño de ojos verdes, con los hombros caídos, la espalda un poco encorvada y los ojos fijos en algo que estaba más allá del horizonte. O más cerca. Se había quedado así mucho tiempo, inmóvil, ida.

- ¿En qué estás pensando?-

A penas respirando.

El niño empezó a desesperarse y se puso a su lado, le colocó una mano sobre el hombro y la movió ligeramente, como para que despertara.

- ¿Estás bien?-

Artemis acababa de estremecerse y Saba se volvió presto hacia su amiga, quien negó suavemente.

-Nada- el niño soltó una exclamación contenida, porque Artemis no se había movido ni un centímetro, ni siquiera para pegarle o amenazarlo, nada, ni un movimiento de ojos, un dedito, nada.

La rodeó un par de veces, hasta que finalmente se puso delante de ella, la tomó de los hombros y acercó mucho su cara a la de él. La miraba con el ceño fruncido y tuvo que gruñir bastante fuerte un par de veces para que lo mirara y un par de veces más para que le hablara.

- ¿Qué?-

- ¿Qué te pasa?-

-Nada-

La profesora Gabrián cayó la tarde siguiente en la enfermería cuando Miss Grapehood, la graciosa elfina doméstica que era la enfermera principal de Goldenwand, estimó que Artemis estaba lista para hacer mayores esfuerzos.

Por supuesto, la profesora le preguntó qué había sucedido, luego de cerciorarse de que estaba bien y que no tenía ningún problema que ella debería conocer. Le explicó, la tutora, que había muchas hipótesis, pero que nada era tan fuerte como su testimonio, que era en lo que iba a creer sin importar si era falso. Le estaba dando plena confianza.

-Estos golpes no son cualquier cosa Artemis, te pudo haber pasado algo peor-

Por un segundo, pero chiquitito, Artemis se imaginó que algo así podía ser una mamá.

- ¿Caminaste fuera sin la capucha puesta?-

¿Y eso que tenía que ver?

La profesora Gabrián enserió el rostro y miró a Artemis con gravedad, como si fuera muy importante su respuesta.

-No- respondió ella.

-Entonces ¿Volaste? ¿Hiciste alguna especie de salto…? No tengas miedo de decir lo que pasó, no te voy a castigar ni me voy a molestar contigo por nada, solo…- Morgana Gabrián reflexionó unos segundos, después de los cuales sonrió, con muchísimos años menos y acarició su frente suavemente- no importa. Lo que importa de verdad es que estarás bien. Con unos cuantos moretones aquí y allá, pero nada permanente. Aguanta el dolor unos días más, Artemis, va a pasar cuando menos te des cuenta-

Artemis asintió. La profesora Morgana Gabrián se acomodó el cabello y tras una última caricia, sus manos eran suaves y estaban heladas, se dio media vuelta, de camino a la salida.

-Ella también se va ¿Por qué no le dices que se quede?-

-Tiene otras cosas que hacer-

- ¿Otras cosas? ¿Cómo cuales?-

-No sé. Ojalá que llame a mi tío-

Antes de irse, la profesora Gabrián se volvió.

- ¿Nadie más tiene que ver con lo que te pasó? ¿No hay otras personas implicadas?-

Sí. Pero no lo iba a decir. No porque le tuviera miedo a Apple Easthouse, si no porque ella no era soplona.

Negó suavemente. La profesora la miró decepcionada.

-Para Morgana no es muy agradable entrar a la enfermería. Se le nota un poco nerviosa en general ¿no?-

Caminando rapidito, Miss Grapehood se dirigió desde la puerta hasta la cama de Artemis, aunque lo único que ella podía verle a la elfina eran las orejas enormes que terminaban en punta. Cuando la enfermera llegó junto a la cama de la niña, empezó a levitar y cuando estuvo a la altura suficiente, le acomodó la almohada y la sábana.

-Hoy te toca un medicamento que puede que te aligere el sueño. Ya es hora de que te deshagas de toda esa modorra, has dormido dos días. Así que agregué un poquito de esto y un poco más de aquello en tu poción. Si te despiertas en medio de la noche, por favor, no salgas de tu cama. Solo para ir al baño. El baño está aquí al lado, así que no tienes excusa para irte a explorar fuera del corredor-

Artemis asintió. No iba a tener muchas ganas de pararse, de todas maneras.

-Ay, antes de que me olvide. Tu lechuza trajo este paquetito. Seguro te lo mandan tus amigos-

La enfermera le estiró una bolsita de cuero a Artemis y cuando la abrió, se le iluminaron los ojos. Apollus le había llevado aceitunas.

- ¿Miss…?- preguntó con miedo.

-Grapehood, hija-

- ¿Puedo comer aceitunas?-

-Puedes. Pero no muchas-

Apollus le había mandado 38 aceitunas. Artemis las contó una por una, es más, le pidió a Miss Grapehood una palangana para poder ponerlas y contar mejor cuantas tenía. 38 aceitunas grandes y jugosas, enviadas por su hermanito, por su Apollus.

Cuando estaba seleccionando las seis mejores para comer en la cena, Ru Hugin entró a la enfermería y caminó derechito hasta su cama tras las cortinas. Artemis se sorprendió. Seguramente había ido antes a verla pero ella no despertaba y al pensar eso, se sorprendió todavía más.

-Hola- le dijo el muchacho, entrando sin preguntar- ¿qué haces con las aceitunas?-

-Me las voy a comer-

-Que asco-

- ¿No te gustan?-

-Son horribles-

Artemis quitó la palangana de su regazo y cruzó los brazos. Ru Hugin no había ido a visitarla y le estaba empezando a dar hambre… Si tenía que decirle algo, que lo dijera rápido.

- ¿Estás bien?-

No mucho. Le dolían la cabeza, las costillas y las piernas. Tenía un moretón en el brazo, junto a su horrible cicatriz que tenía que apretar fuerte con la venda. O no ponerse la venda.

Pero había algo más de lo que no se recuperaba y que no iba decirle a Ru. Así que solo asintió. Ru también e hizo un amago de darle la espalda para irse, pero se contuvo, apretó los puños y afirmó sus pies en el piso. La miró por bastante rato, muy serio y Artemis le devolvió la mirada sin contener la curiosidad.

-Que bueno que estés bien-

Artemis volvió a asentir y Ru se golpeó una pierna, como animándose a decir algo que era muy difícil.

-Yo sé lo que te pasó- le dijo finalmente y Artemis se sentó derecha de golpe.

- ¿Qué?-

- Tú me dijiste que ibas a ver a Elmira en la noche-

-No quise ir-

-No es cierto. Tú no haces eso-

- ¿Cómo sabes?-

-Te vi saliendo de la Fortaleza, con la capucha puesta- soltó Ru sin respirar- así que algo te pasó de camino a la enfermería, porque Elmira dice que no llegaste-

Artemis sintió como se ponía fría.

- ¿Has...?-

-No. Nada. Ni a Saba ni a la profesora Gabrián. ¿Tengo razón?-

-Sí-

- ¡O sea que te hicieron algo!-

-No le digas nada a nadie-

-Ya-

-Jura. En serio. Si le dices a alguien te persigo para golpearte-

Ru sonrió.

-Si me dices eso me van a dar ganas de no jurar para ver si eres capaz- y antes de que Artemis pudiera hacerle algo, agregó- pero igual juro. Porque tú también juraste-

Ambos asintieron y Ru se fue, sin despedirse.

Artemis suspiró y se hundió bajo sus sábanas.

Sami fue a visitarla unos minutos antes de que el tiempo de visita terminara y le llevó muchos frasquitos con ungüentos y extractos de plantas que seguramente había ganado en la clase de la profesora Hel, pero que Miss Grapehood no dejó que echara sobre Artemis.

- ¡Pero son naturales! Como la medicina que usted usa… -

-Lo siento mucho, señorita, pero no-

- ¿Y qué le dijo tu amiga?-.

-Nada, pero metió dos frasquitos entre mis sábanas-

- ¿Los tienes?-

-Sí. ¿Los quieres ver?-

Artemis estaba de pié, delante de su cama. Se volvió y buscó entre sus sábanas los frasquitos que Sami había dejado. Los encontró, tomó uno de ellos y volvió a su lugar, para enseñárselo a su amigo.

Pero ya no estaba.

-Oye…-

Dio unos pasos hacia delante y pisó un charco.

Artemis se levantó. Era de noche y de pronto le habían entrado ganas de ir al baño, así que medio dormida aún salió de la enfermería y caminó tambaleándose por el corredor.

De pronto, sintió un hincón muy fuerte en las costillas y se dobló inmediatamente. Seguramente se había levantado muy de golpe, haciendo algún movimiento brusco. Trató de incorporarse y volver a respirar normal, pero solo podía hacer muy cortas inhalaciones por la boca. Se sentó con mucho cuidado, no iba a poder avanzar hasta que le dejara de doler.

- ¡Oye!-

Pero nadie le respondía. Caminaba sola por un espacio muy negro, con las manos adelante, tanteando.

De pronto, sintió pasto bajo las plantas de los pies y se estremeció. Estaba en un claro. En el claro de Goldenwand. Y oía pasos tras ella. Apple Easthouse con sus amigos, la volvían a perseguir, porque seguro se enteraron de que le había dicho a Ru Hugin que no se había caído ni había salido de la Fortaleza sin capucha. Artemis empezó a correr.

- ¡Por aquí!-

Alguien le indicó una puerta entre los árboles y Artemis lo siguió.

Entró a una habitación redonda, con muchas camas adoseladas y muchas cosas de color rojo para su gusto. Avanzó un poco más, ya no escuchaba los pasos persiguiéndola, seguro porque no sabían que ella había entrado a esa habitación, ahí estaba a salvo.

Pero, seguro en esas camas había gente durmiendo…

La curiosidad la empujó a acercarse a una de ellas, con mucho cuidado, para no despertar a nadie. Y seguro también fue esa curiosidad la que hizo que su corazón empezara a latir más rápido conforme se iba acercando y sintiera una gota de agua helada bajándole por la espalda.

No podía detenerse y aunque hubiera podido, no lo habría hecho. Caminaba hacia delante con un brazo estirado, como si fuera un alma en pena y cuando su mano tocó el dosel lo descorrió inmediatamente.

El niño no Slytherin estaba durmiendo ahí.

Artemis sonrió. Era la primera vez que lo veía sin lentes. Era la primera vez que lo veía dormir… se veía diferente, más chiquito.

La imagen de un niño pasó por su cabeza tan rápido que no tuvo tiempo de capturarla. Por eso solo siguió viendo. Dormido. Tranquilo. Pero no podía ver sus ojos verdes que tanto le gustaban y que siempre la miraban. Dormido. Le hubiera gustado que se despertara. Pero si lo hacía, ella seguramente iba a desaparecer y si no, se iba a esconder tras los doseles… le gustaba tenerlo solamente así, quieto. Y no le gustaba. Le gustaba. Y no. Que despertara. Y no. Y su pecho subía y bajaba con cada respiración y su boca estaba entreabierta y sus dientes de conejo, blancos, como la nieve, se veían a penas. Eran bonitos. Artemis sonrió. Tal vez… un ángel. Tal vez.

No.

Su corazón dio un tumbo fuerte y la sonrisa se borró. Acababa de ver algo entre su cabello.

Algo.

Algo que no distinguía bien.

Se acercó un poco, con mucho cuidado para no despertarlo, sopló sobre su frente para quitarle la mata de pelo que tenía y lo vio.

Su corazón dio un tumbo tan fuerte que lo despertó.

Era él.

No. No. No. No.

- ¡BLACK!-

Harry Potter.

- ¡Artemis!-

Artemis se despertó con un sacudón de hombros. Había tenido una pesadilla. Una horrible pesadilla.

A su lado estaba uno de los profesores Altair que, sin previa explicación, permiso o advertencia, la cargó en su espalda.

- ¿Qué…?-

Aturdida como estaba no pudo preguntar más y aunque lo hubiera hecho, el profesor Altair parecía tan acelerado y tan ensimismado en lo que hacía que no le habría respondido.

- ¿Qué hacías aquí?- le preguntó, mientras empezaba a correr.

A correr. Con ella a cuestas.

Artemis nunca se había considerado ligera o pequeña, es más, su tío Remus le dijo una vez que a los seis años ya no era posible cargarla porque era bastante grande y sus huesos pesaban mucho. Si el profesor Altair, cualquiera de los dos, la estaba cargando y corriendo con ella, era porque pasaba algo, porque tenía urgencia de algo.

Lástima que eso Artemis lo pensó después.

Harry Potter.

Lo recordaba. Lo había visto desde que era chiquita, en sus sueños, encerrado en una alacena, jugando con ella, meciéndose en un columpio. Y lo había vuelto a ver. Harry Potter. ¿Por qué él? Todo el mundo sabía quien era, todo el mundo había leído sobre él, todo el mundo se burlaría de ella… soñar con Harry Potter. ¿Por qué él?

-Cástor ¿qué pasó?-

De pronto, la profesora Ursa Ater apareció frente a ellos, con la capucha aún puesta y bajo la capa, un pantalón de ejercicios.

-Ursa… ¿qué haces acá? ¿No estabas con ellos?-

-No. ¿Quiénes ellos? ¿Qué pasó? No sé nada, estaba volando afuera-

-Morgana…-

-Morgana. ¿Estás así porque le pasó algo a Morgana?-

Tal vez estaba muy cansada, pero Artemis creyó ver a Ursa Ater ponerse colorada bajo la capucha.

-Morgana dio la voz de alarma-

- ¡No! ¿Wingolf…? ¿Donde están?-

-En la oficina de Morgana-

-Entonces ya… Wingolf ya…- se le quebró la voz a la profesora- pero… no… Cástor no-

-Tranquila- el profesor Altair puso con mucho cuidado una mano sobre el hombro de Ursa Ater- no estoy seguro de nada- un par de gemiditos se escaparon de la profesora- Osa, no llores-

-Sí- Ursa dejó de llorar inmediatamente y esbozó una sonrisa triste- gracias Cástor- de pronto, lo inevitable- ¿qué haces con Black a cuestas?-

-Tenía que sacarla…-

- ¡Cástor!-

-Pólux ¿Qué pasa? ¿Lo encontraron?-

- ¿A quien?-

-Ursa. Anda al despacho de Morgana- ordenó el profesor Pólux Altair, cuando llegó junto a ellos.

-Pero…-

-Vete-

La profesora Ater asintió y corrió pasillo arriba.

Una vez solos, ambos hermanos se miraron fijamente. Artemis cerró los ojos, relajó el cuerpo y fingió estar dormida.

-No ha sido…- el profesor Pólux Altair se cortó inmediatamente.

-Está dormida, no hay problema-

-No ha sido muerte natural-

-Es imposible-

-Dimber está seguro. Deja a Black en su habitación y nos encontramos en el invernadero 3 en 10 minutos. Gabriel salió a buscar a Vega y también se van a encontrar ahí-

- ¿Cómo está Morgana?-

-Mal-

Silencio. Artemis quiso abrir los ojos, pero vio algo entre lo oscuro que le llamó la atención.

Un rayo.

Se estremeció.

-Me voy-

El movimiento de Artemis rompió el silencio entre los hermanos y en segundos, el profesor Cástor Altair corría hacia fuera del Castillo. En pocos minutos Artemis sintió la oscuridad del bosque y se aferró inconscientemente al profesor con mucha fuerza.

-Shhh… tranquila, ya vamos a llegar-

Minutos y veía las lucecitas de El Paso por la comisura de sus ojos.

Los abrió de golpe, Harry Potter acababa de aparecer frente a ella, con su cicatriz brillando en la frente.

No. No. No.

No…

¿Qué pasaba si se dejaba llevar? ¿Si dejaba de fingir estar dormida y dormía de verdad?


Artemis despertó confundida a la mañana siguiente. Recordando pedazos de lo que le había pasado. Recordaba el bosque. Recordaba a Apple Easthouse vagamente y la enfermería. Recordaba las aceitunas de Apollus. Recordaba la poción que le iba a quitar el sueño y como esta la hizo levantarse en medio de la noche. Recordaba haber estado a cuestas de algo que corría. Recordaba a Ursa Ater llorando.

- ¿Te dieron de alta?- le preguntó Saba, cuando la vio entrando a la Sala Común- ¿a qué hora?-

¡No le habían dado de alta! Miss Grapehood seguramente estaba preocupada…

-Estás más pálida-

Salió para ir al baño en medio de la noche. Se detuvo, porque le dolieron las costillas y se quedó dormida en el corredor.

Harry Potter.

- Artemis ¿Te sientes bien?-

Antes de que pudiera responderle a Saba, la profesora Gabrián entró a la Sala Común. Artemis miró a sus lados, todos los estudiantes de Stormenhand estaban ahí, de todos los cursos, como si hubieran pactado una reunión.

-Los he mandado a llamar tan temprano porque… es mi deber como tutora anunciarles, con mucha pena, que el profesor Ariel Wingolf ha muerto-

La Sala se sumió en un silencio terrible.

Artemis vio como a una chica, mayor que ella, se le pusieron muy rojos los ojos.

-Todos sabíamos de la enfermedad que le impidió dictar el curso de Astrología durante los últimos meses. Pero él continuó peleando…- la profesora Gabrián hablaba impasible, aunque toda ella luciera alterada- así que vayan a sus habitaciones y vístanse con sus uniformes de gala, vamos a tomar las primeras horas de clase para homenajearlo. Tienen una hora para estar en el Comedor-


-Nunca conocí al profesor Wingolf- dijo Saba, balanceándose en la rama sobre la que estaba sentado. A su lado estaba Artemis, mirando gravemente hacia el Castillo y al otro extremo, bien agarrada del tronco, estaba Sami. Los tres llevaban sus uniformes de gala, incluso las bufandas negras de seda que estaban a la entrada de todas las salas comunes, pero ninguno quería ir al evento.

Saba se puso de pié.

-Agárrate de una rama, te vas a caer- le dijo Sami, sin éxito.

-Pero si sentía dolor en la enfermedad, ahora debe estar más tranquilo- el muchacho cerró los ojos y dijo unas palabras en élfico, tan suaves que ni bien salieron se sus labios, se mezclaron con la brisa, casi como si él mismo las estuviera soplando- en su honor, profesor-

Saba estuvo parado unos minutos más, los tres en silencio. Sin mirarse.

-Es un acto diplomático, después de todo- dijo Sami, tras unos segundos- pero el verdadero homenaje es el que se da en el corazón ¿no?- miró a sus amigos, buscando aprobación.

Artemis y Saba asintieron.

-Si quieres ir, puedes… no te preocupes- le dijo Saba, sentándose.

-No. Me gusta esto. Aunque no me guste mucho la altura, podíamos haber escogido una rama más baja ¿no?-

-Las bajas no son tan fuertes-

-Pero esta está muy arriba-

-Si te caes, te agarramos ¿no Artemis?-

Saba y Sami se volvieron para mirar a Artemis.

- ¿Artemis?- volvió a preguntar Saba.

- ¿En qué estás pensando?-

Tenía los ojos fijos en el Castillo y por momentos le parecía que podía ver el Comedor, repleto de capas negras en línea, capuchas puestas y bufandas caídas. Mucha gente triste, como la chica de la Sala Común, mucha gente con la cabeza agachada rindiéndole homenaje a un hombre que estuvo y se fue. Así, rápido. Y por alguna razón no podía quitarse la sensación de que lo había hecho bastante cerca de ella. No podía sacudirse ese sentimiento de haber estado cerca de la muerte de alguien, de haber podido levantar la cabeza y listo, verlo morir. Cerrar los ojos para siempre.

¿Cómo sería cuando ella estuviera frente a la muerte? ¿Qué sentiría? ¿Y cuando murieran sus amigos? ¿Y cuando muriera un profesor? De nuevo el mar negro ante un ataúd ¿Ella estaría en el mar negro de personas que honraban a un profesor? ¿Lloraría al próximo? ¿Habría un próximo? ¿Qué pasa después de que uno muere? ¿Vuela? ¿Se queda mucho tiempo junto a su cuerpo, cuidándolo? O lo hace para ver a los demás, a los que quiere. Para abrazarlos por última vez… para ver su casa por última vez, para dar un último paseo.

Artemis se puso de pié sobre la rama y con mucho cuidado le dio la espalda al Castillo y miró hacia el claro. Ella miraría con pena a su tío y a sus amigos. Daría un largo paseo por el campo que rodeaba su casa, volaría a Azkaban y pasaría mucho tiempo en la celda de su papá, mirándolo nada más, se sentaría a su lado y mediría el tamaño de su mano con la de él. Luego saldría, triste, porque su papá no se enteraría nunca de que ella había muerto. Volaría más y más y en los últimos segundos vería a Harry, por primera vez de verdad. Volvería a Goldenwand al final, seguro el profesor Wingolf la recibiría.

De repente su mamá también.

-Me hubiera gustado conocerlo- dijo, en un susurro.

-A mi también- admitió Saba, volteándose.

-Es triste, el Comedor-

-Sí…-

-Tiene que ser triste- Sami se volteó muy lentamente, tratando de no mirar hacia abajo- tiene… porque siempre es triste cuando alguien se va-

Artemis y Saba asintieron.

¿Por qué tenía que soñar con Harry Potter?

De pronto, un recuerdo asaltó su mente. Alguien había dicho algo… el profesor Altair. Sí. Había dicho que una muerte no había sido natural. Que la muerte del profesor Wingolf no había sido natural. O sea que lo habían asesinado… y Cástor Altair corría con ella a cuestas, lo recordó, porque estaba apurado, porque se iban a encontrar, no recordaba quienes, en algún lugar. Para buscar al asesino. Asesino. ¿Qué más? No había oído porque soñaba con Harry Potter. ¿Por qué? Porque recordaba haberlo hecho desde antes y no desde el momento en el que supo que existía ¿Cómo se puede soñar con una persona a quien no se conoce ¿Por qué? Asesino. Harry Potter. La enfermería. Había dejado sus aceitunas en la enfermería, había dejado la enfermería y seguramente a Miss Grapehood muy preocupada. Y aún sentía el dolor de los golpes. Pero ya nadie se preocupaba. Y aun sentía el miedo de esa noche, pero nadie sabía. Asesino. Harry. Enfermería. Apple.

- ¿Qué pasa?- preguntó Sami, de pronto- ¿te sientes bien?-

Artemis asintió.

Había mucho para pensar, mucho por hacer, tenía que disculparse y que recuperarse... pero no quería pensar más en eso, al menos durante ese momento, durante el homenaje.


Antes de que se me pase. Una explicación masomenos clara de porqué le puse Artemis a mi personaje… ahí va: no tengo idea. Al menos 100 por ciento consiente. La primera vez que junté ese nombre con ese apellido fue hace siete años, acababa de terminar de leer la saga y otros libros medio fantásticos, que por el momento se volvieron mis favoritos y tuve la necesidad (inconsciente en mayoría) de hacer un universo paralelo yo misma, que me quitara el aliento igual que los libros de vampiros que había leído o este Harry Potter o este Señor de los Anillos o etc… quería ese otro universo porque… porque en fin, porque las cosas no siempre iban como quería, porque no era feliz, xq es una manera de pelear con mis demonios, tantas razones y otras tan personales que seguramente no van a interesarles. Así que un día dije: Black. No solo por Sirius, si no porque me gustaba el hecho de que fuera Black, negro, oscuro, raro. Nombre. Probé un par de veces con mi nombre, pero suena terrible. Para esto, tengo un trauma con los nombres, una patología tomada no sé de donde que me obliga a pensarme un nombre más de dos veces, es más, necesito encontrarles un significado, algo que explique un poco de su historia, aunque no se sepa. No sé por qué, no sé si estará bien, pero en fin. A la larga aprendí que no todo tiene que significar algo y se me ha quitado un poquito la neura. Finalmente llegué a esta diosa griega, no sé por qué. Porque siempre me gustó la mitología, tal vez (eso suena bonito, pero no es exacto). Dije: Artemisa. No. Artemis… Artemis Black. Zas! Nombre puesto. ¿Qué deviene de él? Yo, siete años menos, me puse a pensar. Y de él saqué algunas de las características que fueron formando al personaje. Artemis Black, para empezar me sonó a todo menos rubia (sin discriminar ni nada), es más, la imaginé de pronto (y la imagen es lo que menos ha cambiado): palidísima, mucho muy pálida, que esa palidez la hiciera lucir enferma, cabello negro largo, ojos negros muy negros y mirada seria. Y en esa seriedad, tristeza y en esa tristeza, furia. Energía. Intensidad, que contraste con su aspecto. Pero no emo, no señor. Tristeza que solo yo podía ver, porque era la única que la había visto tan de cerca. Cabeza ligeramente hacia abajo, ojos hacia arriba. Atenta, retando, como una fiera. Como si estuviera esperando lo que viene más adelante con ganas de enfrentarlo, con resignación, porque sabe que va a venir de todas maneras. Ahí viene lo Artemisa: es una guerrera. La mejor de las amazonas. Ahí también viene la contradicción. No es una diosa, no es única entre millones, no es el niño que vivió. Es una más del montón que gusta de pasar desapercibida, es la que le dice al chico "quédate con la otra, porque vas a ser más feliz" y se va. O muere. Es la mejor de las amazonas, no porque haya nacido con un talento para manejar armas y es la mejor esgrimista del mundo, sino porque hay algo dentro de ella, un fuego que ha ido alimentándose con los años, una inquietud, un anhelo, un cosquilleo que impulsa cada uno de sus actos y los hace así de brutales, de fuertes, de exactos. Es intensa. Pero no habla. Es física, también por eso Artemisa, huye de los hombres y le cuesta mucho aceptar que se ha enamorado. Por eso también Artemisa, porque hay cosas más importantes en el universo y no concibe ocuparse de un tema así. Pero lo hace. Y ya. Creo. Y luego vinieron las canciones, las emociones, los vientos que me hacían transportarme a un mundo donde estaba ella, parada ante un acantilado, volando, en la parte más alta de algún lugar, corriendo sobre techos (eso era mientras avanzaba el carro, cuando ibamos a recoger a mi mamá del trabajo en la noche, sentía el viento y la velocidad y me sentía casi como ella), siempre sola. Y cuando caminaba sola de noche, la veía caminando por cualquier lugar que tuviera pasto, sola, escondiendo algo. Que triste esta chica, dirán ustedes refiriéndose a mi, no tiene amigas. Sí tengo! diré yo.

Y bueno, espero que esto les haya gustado y borrado las dudas. No sigo xq me voy a poner a explicar todo lo concerniente a Artemis y son siete años, así que no creo que quieran. Un beso. Aquí viene el capítulo

Capítulo corregido.