Antes que nada, muchísimas gracias por su apoyo.
La verdad es que no usaba la computadora hasta ayer por la mañana y, cuando vi tamaña cantidad de reviews, me sentí muy ilusionada. Su apoyo y cariño me reconfortó bastante y pensé: bueno, mejor no las hago esperar más. Así que me puse a escribir. Sé que el capítulo es corto y es una falta de respeto que sea así después de todos sus fantásticos reviews, pero es necesario que así lo sea. Además, a pesar de su brevedad, pasan cosas importantes y transcendentales.
En fin, hoy más que nunca deseo que disfruten de la lectura.
Disclaimer: todo lo que reconozcan es de J.K Rowling; el resto es mío.
Make You Feel Better.
Capítulo 10. Las reacciones.
Es increíble ver cómo un solo hecho puede cambiar por completo nuestras vidas. Cómo el mundo se puede dar vuelta enseguida como si la vida quisiera hacer una acrobacia arriesgada y memorable. Cómo nos resistimos al cambio con todas nuestras fuerzas pero, sin embargo, terminamos rindiéndonos, como si las acrobacias de la vida fueran inevitables y reclamaran con imperiosidad nuestra atención y posterior transformación.
También es curioso el estado por el que pasan las personas cuando ocurren las acrobacias. Las primeras reacciones suelen ser una expresión retraída y pensativa. O los cambios en la forma de pensar, tan difíciles de aceptar.
Y, luego, la gloriosa aceptación, cuando todo se esclarece y el camino se muestra tan obvio, tan evidente, que es imposible de rechazar. Desde entonces, todo es mucho más fácil.
Aunque, a veces, el camino puede llegar a ser muy escabroso.
Estas nóminas parecieron cumplirse a lo largo ése noche y los dos meses posteriores.
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Generalmente, en ése tipo de ocasiones, los amigos solían felicitarse. Sin embargo, ése no era un caso normal por lo que, cuando Scorpius llegó a la Sala Común de Slytherin al anochecer luego de estar con Rose, el rostro de Sebastian estaba serio y ligeramente lúgubre.
—Tendrás problemas, lo sabes, ¿verdad? —Fue lo primero que le dijo cuando su mejor amigo se deslizó en una silla frente a él.
El gesto de Scorpius se tornó inexpresivo e insondable.
—Sí —contestó con sencillez—. Pero ya me he decidido.
Sebastian asintió. Sabía que, cuando al rubio se le metía algo entre ceja y ceja, lo mejor era olvidarse de hacerlo entrar en razón.
Scorpius era, fundamentalmente, una persona práctica y su vida solía gobernarse de ese modo. Si algo no funcionaba, lo zanjaba, sabiendo que era lo mejor. Si creía que otra cosa podría traerle buenos resultados, seguía adelante con ello hasta el punto que considerara conveniente. Hacía no mucho, unos pocos meses atrás, pensaba que lo mejor para su vida era mantenerse alejado de los Weasley-Potter.
Y, ahora, acababa de besar a Rose.
Aunque sabía que lo que acababa de hacer iba a acarrear consecuencias, escucharlo de parte de su mejor amigo lo hizo más real, más palpable. Temió, por un instante, que Sebastian rechazara su decisión, pero entonces recordó que él le había asegurado que lo iba a apoyar.
—Si te fugas, siempre puedo esconderte en mi habitación —sugirió en voz baja Sebastian, con tono ligero, como si acabara de leerle el pensamiento y quisiera constatarlo.
Scorpius esbozó una breve sonrisa.
—Lo tendré en cuenta —asintió.
Un silencio pensativo se instaló entre ellos, uno de ésos en los que uno se puede sumir en profundas reflexiones. Ambos estaban metidos en uno, que fue, como siempre pasa, roto.
—Rose no será como el resto de tus novias —Sebastian afirmó, no preguntó. Conocía lo suficiente a Scorpius como para saber que sus sentimientos hacia la pelirroja no eran para nada fugaces.
Hubo un tiempo, hacía un escaso año, en el que ellos no creían en el amor. En el que salían de fiesta todos los fines de semana, escapándose hacia Hogsmeade, emborrachándose, besando y, algunas veces, incluso acostándose con desconocidas. Un tiempo en el cual su única ancla a tierra eran ellos mismos.
Ésa época sucedió en quinto año y el verano siguiente fue una bofetada para ambos. La vida de Scorpius y Sebastian decidió hacer otra acrobacia impactante, que los descolocó para hacerlos cambiar de estilo de vida. En ese verano todo pareció desvanecerse y sus ojos perdieron momentáneamente el brillo para luego alumbrarse como dos soles refulgentes y victoriosos.
Sebastian observó, con la misma atención que un año atrás, los ojos plateados de su mejor amigo. Éstos volvían a brillar con fuerza, incandescentes, invencibles. Brillaban con algo extraño, nuevo y precioso.
Dicen que el amor cambia a las personas, meditó Sebastian, supongo que es verdad. Scorpius es prueba de ello.
—Dejando de lado todo eso —prosiguió el joven Blishwick con tono animado y alegre—, me alegro mucho por ti, de veras.
—Yo también —aseguró, pasándose las manos por el rostro.
El moreno lo observó unos instantes.
—Pues no pareces muy feliz, que digamos —observó con suspicacia.
Scorpius retiró las manos de su rostro.
—Sí lo estoy —replicó con voz queda—. Sólo pensaba en algunas cosas.
— ¿Como cuáles?
—Como mi hermana.
Su amigo levantó una ceja, preguntándose qué chico en su sano juicio pensaría en su hermana pequeña cuando acababa de conseguir novia.
Lo cierto era que Scorpius no había dejado de pensar en Rose desde que se había separado de ella en el vestíbulo, rememorando la presión de las manos de la muchacha en su torso y sus labios. Pero, luego, cuando Sebastian le dijo sin pelos en la lengua que se avecinaban problemas, no pudo evitar pensar en su familia y, más concretamente, en Lyra.
Pensó que era algo jodidamente cruel e injusto que tuviera que decidir entre la chica que quería y su hermana menor. Pero, acaso, ¿alguien había tenido la desfachatez de mentirle al asegurarle que la vida era justa?
—Seguramente Maria logrará sacarla de tu casa para que puedan verse —La broma de Sebastian consiguió arrancarle una sonrisa. Animado ante esto, siguió hablando—. Piénsalo: tú, yo, Maria y Lyra en mi habitación, escondiéndonos cada vez que mi madre decida honrarnos con su presencia.
Scorpius esbozó una sonrisa sardónica.
—Nos enviaría a todos a Azkaban sin preguntar siquiera.
—Y sin dejar que Lyra la interrogue sobre el budismo —añadió, recordando aquél memorable episodio.
La broma terminó allí y, tras suspirar sonora y exageradamente, Sebastian buscó de forma casi desesperada mantener el ambiente más animoso. Gracias a Merlín, Thalia Zabini era su amiga y parecía saber cuándo la necesitaba.
—Hola, gente —saludó la muchacha con buen humor, dejándose caer en la otra butaca disponible—. ¿Cómo están esos besos, Malfoy?
—Excelentes —contestó el aludido sin inmutarse, aunque con una ligera sonrisa, sin preguntarse cómo sabían los dos sobre lo que había sucedido.
Ella esbozó una amplia sonrisa y Sebastian, aliviado, también sonrió.
—Pues qué bien —dijo ella—, porque te conviene que valgan toda la pena del mundo.
—Lo sé —replicó Scorpius, entendiendo la frase a la perfección. ¿Cuántas personas se lo dirían a partir de ese momento?
Thalia asintió, como si sintiera su deber de amiga cumplido al advertirle sobre posibles complicaciones futuras, y comenzó a hablar sobre un tal Jackson que no la dejaba en paz ni a sol ni a sombra.
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—Estoy saliendo con Scorpius Malfoy.
Luego de tamaña noticia, se hizo el silencio entre los primos Weasley-Potter. Luego, Fred lanzó una sonora carcajada; su hermana Roxanne y Louis, un poco más dubitativos, rieron temblorosamente. Dominique, Molly y Lucy la miraban con la boca abierta. Lily, si bien estaba sorprendida, no parecía rechazar aquella idea de plano. Albus y su hermano le sonreían abiertamente.
Sin embargo, la reacción más sorprendente fue la de James. Él no rió descreído, ni lució una expresión incrédula, ni sonrió, ni la apuñaló con la mirada, ni siquiera se molestó en decir algo. James sólo la miró fijamente a los ojos durante largos instantes hasta que, finalmente, asintió con una comprensión tan inesperada que todos dejaron de mirar a Rose para mirarlo a él.
Rose pensaba que, probablemente, James sería el que reaccionara peor junto a Fred; sin embargo, éste tenía una expresión que denotaba aceptación y una inusitada seriedad.
— ¿Es una broma, Rose? —demandó Fred, adoptando la misma expresión seria de James, aunque él no parecía tan conforme.
Ella negó con la cabeza firmemente. Allí, parada con serena resolución, no se parecía en nada a la jovencita traumatizada de hacía unos meses. Sus ojos, antes tan desprovistos de vida, irradiaban... ¿amor, tal vez, o sólo un sentimiento que se limitaba al afecto profundo?
—No puedes hablar en serio —dijo Dominique, incrédula.
— ¿Por qué no? —rebatió James, cuya voz sonó inesperadamente tranquila—. ¿Crees que ella planeó quererlo a sabiendas de lo mucho que se odian nuestra familia con la de él?
Todos, incluida la misma Rose, miraron a James con estupefacción. Él no podía estar diciendo eso, era la persona menos romántica del mundo. Albus clavó su verde mirada en su hermano mayor, mientras su rápida mente volaba entre miles de posibilidades distintas para explicar el motivo del sorprendente cambio.
Rose, que seguía mirando aturdidamente a su pensativo y retraído primo, se giró a ver a Hugo cuando éste colocó una mano en su hombro.
— ¿Lo quieres lo suficiente para arriesgarte, Rose? —preguntó sin rodeos.
Ella no dudó cuando respondió:
—Sí.
Su hermano menor asintió, aparentemente satisfecho, y le dio un fugaz abrazo que quedó grabado a fuego en la memoria de Rose a pesar de su brevedad.
Como ese día se titulaba "El Día de los Cambios Sorprendentes", Hugo no parecía contrariado en lo absoluto, sino preparado ante la noticia, como si se la hubiera esperado.
Para el hijo menor de Ron y Hermione, ver a su hermana y a uno de sus primos fraguar una sólida amistad con dos Slytherins había sido como la clase de cosas que le sentaban como una patada al hígado. Pero, luego, cuando se dio cuenta de que Rose parecía mejorar poco a poco con la ayuda de las serpientes, en especial de la de Malfoy, ¿cómo iba a negarse? Así que aceptó, con el paso de las semanas, aquella extraña amistad. Algunas veces, incluso, había llegado a hablar con Malfoy y Blishwick, llevándose una grata sorpresa. Fue en ése momento cuando los aprobó.
Cuando vislumbró en Rose los primeros síntomas de un sentimiento romántico, no se rompió la cabeza al voltear la mirada hacia Scorpius Malfoy, sabiendo que, a partir de allí, tanto ella como él estaban perdidos.
—Me alegra que estés con él —terminó confesándole—. Creo que no podría pensar en alguien mejor que Malfoy para que salga contigo.
Rose, ilusionada con algo por primera vez desde hacía mucho, abrazó a su hermano nuevamente, bajo la atenta mirada de sus primos.
Especialmente la del meditabundo James.
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Lucius decidió hacerle una nueva visita mientras dormía. Ésta vez, el sueño era corto, pero fue el más terrorífico que tuvo en toda su vida. En la pesadilla, su abuelo lo empujaba con violencia dentro del desconocido sótano, consiguiendo que se cortara el pómulo y le sangrara. Entonces, Lucius bajaba por las escaleras y se le detuvo el corazón cuando vio que retenía a Lyra. La niña lloraba y chillaba, trataba de deshacerse del doloroso agarre de su macabro abuelo, pero no podía soltarse. Y Scorpius, desesperado y horrorizado, trataba de levantarse, pero no podía.
Y Lucius sólo lo miraba, acusándole con sus duros ojos grises, en los que se leía la palabra traidor.
No fue consciente de que pateaba y se agitaba en sueños hasta que Sebastian lo despertó, zarandeándolo.
— ¿Qué...? —comenzó, pero no pudo seguir, porque se sintió terriblemente débil.
El joven Blishwick consiguió que la preocupación no se patentara en su rostro.
—Tenías una pesadilla —murmuró, sentándose en el borde de la cama y soltando el brazo de Scorpius, al que hasta entonces había sujetado con increíble fuerza para despertarlo. Dudó antes de proseguir—. Gritabas...el nombre de tu hermana.
Scorpius abrió la boca para hablar, pero sintió el vómito trepando por su garganta y se precipitó dentro del baño. Expulsó el horror, el miedo, la culpa, mientras el rostro de Lyra y el del resto de su familia danzaban ante sus aterrorizados ojos.
Mientras Sebastian lanzaba una mirada dentro del dormitorio, testificando que el resto siguiera dormido, y se adentraba en el cuarto de baño, se preguntó si Rose valía lo suficiente como para que Scorpius pasara por todo eso.
Cuando las arcadas amainaron, Scorpius se quedó sentado en el piso, con la espalda apoyada en la helada pared. Jadeante, sudoroso, con el rostro provisto de un enfermizo tono verdoso, hundió las manos en el pelo rubio.
Cuando sintió la preocupada mirada de su mejor amigo en él, levantó el rostro para tratar de enfocarlo, pues estaba mareado. Pensó en callarse, en guardar su pesadilla para sí, pero luego se le ocurrió que terminaría vomitando la putrefacción que le producían sus escondidas y horrorosos sueños.
—Soñé...que mi abuelo se llevaba a Lyra —confesó con voz débil.
De pronto, Sebastian ya no se sintió tan inclinado en aceptar a Rose Weasley y sintió algo parecido al enojo.
— ¿Eres consciente de que todo esto es porque te sientes culpable de querer a Rose? —espetó. Cuando Scorpius asintió, definitivamente se enfureció—. Entonces, ¿por qué sigues con esto? Sólo te haces daño a ti mismo.
—No lo entiendes, Sebastian —dijo Scorpius.
—Lo único que entiendo es que vomitas y tienes pesadillas provocadas por el miedo a perder a tu familia. Scorpius, acéptalo: lo que más amas en el mundo es a tu familia; lo más importante que tienes es tu hermana. Y eres plenamente consciente de que los perderás si sigues con Rose. ¡Y, joder, no han pasado ni veinticuatro horas!
Scorpius se sentía tan descompuesto que no tenía fuerzas para discutir con mucha vehemencia, además de que, claro, no quería pelear.
—Vale la pena —aseguró, aunque su voz sonó tan desfallecida que Sebastian casi no le escuchó—. La quiero lo suficiente como para seguir adelante. Además, mis padres no tienen por qué enterarse de nada de esto.
—Y, mientras tanto, tendrás pesadillas y vomitarás —espetó Sebastian con voz fría.
—Tomaré pociones para dormir sin soñar —solucionó Scorpius.
El joven Blishwick, furioso, negó con la cabeza y se internó en el dormitorio. Afortunadamente había tenido la prevención de echar un encantamiento de silencio al lavabo, por lo que sus compañeros seguían durmiendo.
Su furia radicaba en la preocupación que le causaba el estado de Scorpius. Era su mejor amigo, Merlín, una de las cosas más importantes que tenía, y verlo en ese estado era como sentirlo en carne propia. Era como cortarse a sí mismo ver su rostro enfermo, asustado e impresionado. Y todo por algo que Scorpius siempre quiso evitar pero que, al final, fue más fuerte que su inquebrantable voluntad.
Pensó que, si no existieran todos aquellos problemas, él aceptaría a Rose sin inconveniente alguno. Ella le caía bien, se alegraba de que estuviera mejor, creía que era la indicada para su mejor amigo. Y Scorpius la quería, sí, pero le estaba costando caro.
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Rose y Mia estaban sentadas en la cama de la primera, con los doseles corridos y un hechizo silenciador para no despertar al resto de sus compañeras de habitación. La pelirroja le estaba contando sobre lo acontecido esa tarde con Scorpius con tanta emoción que Mia no podía escucharla sin sonreír, aliviada y contenta de que su mejor amiga se encontrara tan bien después de los traumáticos sucesos en el callejón.
—Es genial, Rose —dijo finalmente Mia, sonriente—. Scorpius es el indicado para ti. Te ha ayudado mucho y es un buen chico.
—Gracias. Todavía no puedo creerlo... —susurró, sonriente.
Su mejor amiga se sintió tan feliz de ver a Rose de esa manera, con el intento de violación enterrado, que no pudo evitar sonreír ampliamente.
—Es lo que necesitas —opinó la muchacha—. Scorpius Malfoy es exactamente lo que necesitas.
La joven Weasley no respondió inmediatamente.
— ¿No es extraño? —murmuró, pensativa—. Es decir, nuestras familias son enemigas y nosotros...
—Te entiendo —asintió Mia—. A mí me sorprendió mucho que él te... bueno, que él te rescatara en ésa ocasión, pero así sucedieron las cosas, ¿no?
—Sí —coincidió la pelirroja—. Mia, ¿crees que todo eso tenía que pasar?
— ¿Me preguntas si creo en el destino? —se extrañó la otra. Reflexionó unos segundos—. La verdad es que no lo sé, pero opino que las cosas suceden por una razón.
Rose asintió y volvió a callarse unos segundos bajo la atenta mirada de Mia.
— ¿Crees que lo del callejón era necesario para que Scorpius y yo, ya sabes, termináramos así? —preguntó, un tanto temerosa, porque era horrible pensar que lo que le había ocurrido hacía unos meses era la causante de algo tan hermoso como lo que sentía ahora.
—Creo que no sirve de nada preguntarse eso —repuso la joven Hewitt—. Lo que pasó, pasó y no hay nada que pueda hacerse.
Los hombros de Rose se destensaron casi al instante y volvió a recuperar su sonrisa. Mia guardó silencio hasta que le entró una duda.
—Oye, ¿qué dijeron tus primos? —preguntó, pues ella se había cansado de esperar a Rose y alrededor de las once había subido a los dormitorios.
—Albus y Hugo me felicitaron; la verdad es que no estaba muy segura de que Hugo lo aceptara, pero incluso me animó—comenzó a relatar—. Dominique, Molly y Lucy no podían creérselo, y Louis y Roxanne pensaron que era una broma—suspiró—. Fred no se lo tomó muy bien, dijo que era inaceptable...
—Típico de Fred —apuntó Mia, que conocía como la palma de su mano al Weasley—. ¿Qué te dijo James?
—Él tuvo una reacción extraña —respondió Rose—. Dijo que estaba bien, que yo no había planeado querer a Scorpius.
Mia rió, tan descreída como Louis y Roxanne habían estado pocos minutos atrás.
—Vamos, ¿James Potter, diciendo algo tan serio? —dijo, suspicaz—. Debes estar bromeando.
—No, es en serio —aseguró la pelirroja—. Nadie podía creer que él estuviera diciendo algo tan maduro. No sabemos qué le pasó.
—Quizá no haya sucedido nada en verdad —reflexionó la muchacha castaña—. Quizá, simplemente, maduró.
La conversación, obviamente, viró hacia Scorpius Malfoy luego de aquéllo. Después de unos diez minutos de animada y alegre charla llena de risas, Mia salió de la cama de su amiga y se tumbó en la suya propia. Cinco minutos después, se escuchó su acompasada respiración, que testimoniaba que había caído presa bajo los encantos de Morfeo.
A Rose le costó más conciliar el sueño. No dejaba de pensar en Scorpius, en sus besos, en sus brazos envolviéndola, en sus palabras. No evitaba rememorar, una y otra vez, cuando se encaminaron tomados de la mano al castillo o el beso de despedida en el cual ambos sonrieron.
Sabía que su familia iba a tomar a mal aquella relación, especialmente su padre, su abuelo y su tío George. Aunque no le gustara la idea, no temía el momento. Las reacciones de sus primos no habían sido tan terribles como temía, por lo que tal vez, sólo tal vez, los mayores no reaccionarían tan mal. Además, Scorpius valía cualquier posible enfrentamiento con su familia.
Después de todo, había contestado afirmativamente a la pregunta de Hugo: ¿Lo quieres lo suficiente para arriesgarte, Rose?
Una frase que, inevitablemente, sería transcendental en la vida de ambos.
Y hasta aquí llega el capítulo. ¿Qué? Dije que sería corto.
No hubo escenas Rose/Scorpius, pero éso ya vendrá en los capítulos posteriores. Aquí quería centrarme más en las reacciones de los demás y, de paso, que el resto de los primos Weasley entraran en escena. Además, Mia tuvo más participación y, no sé ustedes, pero yo siento que he definido más su personalidad. Quizá les extrañe lo de Sebastian, pero él sólo quiere que su mejor amigo esté bien. ¿Qué opinan de las pesadillas de Scorpius y su desagradable visita al baño? Es necesaria, créanme, porque serán muy importantes.
Pasando a mi vida personal, tal vez les interese saber que las cosas en mi familia, si bien no se han solucionado, sí se han calmado un poco. Sólo usé la computadora una vez desde que subí el cap anterior porque estaba muy desanimada, pero ayer me acordé mágicamente de que existía algo maravilloso llamado Fanfiction y ¡sorpresa! trece lindos reviews. Muchísimas gracias por demostrar su apoyo y su cariño, me inspiraron por primera vez en dos semanas ganas de escribir. Lamento no haber respondido, pero quería tener el cap listo para ustedes.}
No sé si se dieron cuenta, pero conseguí volver a utilizar los guiones largos! Será algo tonto, pero me alegró mucho conseguirlo.
Miles de gracias a saritadinamita19, aLe-aLi16, megera9, Adriana Potter Weasley, Reipersecutoria, lolilla, RoseBlack Malfoy, Diosa Luna (nuevamente gracias por la corrección), MusicBlack95, anakaulitz, beautifly92, Alfy-Malfoy y Asdekumoa. ¡Son maravillosas!
Juro solemnemente traerles un nuevo capítulo el sábado próximo.
Felices Pascuas atrasadas, Keiian.
