Disclaimer: Los nombres de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía.
A México y Puerto Rico solo quiero decirles que el mundo está con ustedes.
La próxima semana debo volver a mi horario habitual de actualizar los sábados.
Como siempre gracias a mi amiga Ericastelo por ser la mejor en cuanto a revisión de mis horrores.
Ahora las dejo con las aventuras de la mocita y el lordcito.
Pasé las manos por mi cabello antes de prometerle a la mocita que volvería pronto como pudiera ganándome una mirada cargada de reproche.
Levantó su mentón y se arrellenó en las cobijas enarcando una ceja.
— Puede tomarse todo el tiempo que quiera mi lord, me siento bastante cansada así que lo más seguro es que cuando vuelva ya estaré descansando por lo que le agradezco tenga la gentileza y no se moleste en despertarme. — Se recostó en las almohadas con una regia postura y cerró los ojos fingiendo dormir. Como si no estuviese desnuda debajo de las sábanas, como si hace minutos no hubiese estado retorciéndose bajo mi cuerpo y suplicando que la poseyese.
Fue mi turno de enarcar una ceja ante su osadía, pero preferí no entrar en discusión delante de mi ayuda de cámara por lo que cerré la puerta tras de mí y le asentí a Peter pidiéndole que indicara el camino, traté de arreglar mi camisa, pero me percaté que era un caso perdido ya que la mocita la había rasgado en varios sitios. Eso me hizo sonreír lobunamente al imaginar la cara de horror de quien sea haya osado a interrumpirme.
Cuando llegamos al rellano de la escalera detuve a Peter sabiendo que no sería escuchado e hice la pregunta que me estuvo carcomiendo desde que tocó la puerta de mi habitación.
— ¿Quién llegó?
El pétreo rostro de Peter me dejó claro que no era una visita agradable o al menos a él no le agradaba, pero cuando me dijo un nombre de una de las pocas personas a quien yo pensaba no volvería encontrar en mi camino me quedé algo pasmado.
¿Qué quería?
¿Para qué me necesitaba?
¿Por qué no había ido con Emmett en primera instancia?
Abrí la puerta del salón recibidor y junto a la ventana estaba la pequeña forma envuelta en una capa negra que la cubría de pies a la cabeza de Katherine Denali, una de las cortesanas más renombradas de toda Inglaterra.
— ¡Edward!—suspiró dándose la vuelta y llevándose la mano a la garganta como si la hubiese asustado, para luego romper a llorar.
Miré a Peter, quien encendía los candelabros para proporcionar más luz, enarcando una ceja a tal teatral escena y a la familiaridad con la que usó mi nombre. Era bien sabido que una buena cortesana debía saber actuar y la que tenía frente a mí era una de las más versadas en ambos talentos. Necesitaba hacerla marchar, mi reputación no me importaba, pero la de la mocita era otra cosa. Sin embargo, por pura cortesía no podía echarla sin saber porqué había viajado tan lejos y por qué había recurrido a mí en lugar de a su protector, aunque dudaba que Emmet lo siguiera siendo ahora que se había comprometido, pero con mi amigo nunca se sabía.
Le sonreí ofreciéndole asiento y serví una copa para ambos porque estaba seguro de que al menos yo la necesitaría.
—Dime Kate, a qué debo el placer de tu inesperada visita—traté de ocultar el sarcasmo de mis palabras, pero por la manera en la que su frente se frunció no tuve mucho éxito mostrando mis sentimientos.
—Tengo un gran problema— volvió a sollozar sacándose un pañuelo de en medio de los senos para secarse las lágrimas de manera demasiado sugestiva para alguien que aseguraba estar afligido.
La miré impasible moviendo el contenido de mi copa esperando a que continuara. — Supongo que sabes que Emmett se va a casar—volvió a sollozar ocultando su rosto en su pañuelo.
Kate había sido la amante favorita de Emmett por largo tiempo, pero ninguno de los dos había sido exclusivo en su relación. Cada vez que Emmett se enfrascaba en alguna correría con alguna viuda o la esposa de algún noble, Kate aceptaba en su cama a cualquiera que pudiera pagar su alto precio. Por lo que no entendía la razón de su supuesta desazón, no es que ella hubiese guardado cándidos sentimientos por mi amigo, bueno, ningún sentimiento que no incluyera lo que podía sacar de beneficio.
—Salió en todos los periódicos—le dije quitándole hierro al asunto y tomando un trago de mi copa. Maldiciéndome una y otra vez por dejar la comodidad y el calor del cuerpo de mi mocita para escuchar tonterías. —No entiendo en qué puedo ayudarte Kate, no debes estar preocupada por perder tu estilo de vida, seguramente encontrarás otro protector en poco tiempo— Suspiré pesadamente antes de volver a tomar temiéndome que fuese a mí a quién tuviese en la mira para reemplazar a mi amigo y estremeciendo con disgusto ante tal posibilidad.
—Estoy embarazada de Emmett— me soltó de pronto haciéndome atragantar con el brandy que acababa de tomar. Toda mi vía respiratoria estaba en llamas por la quemazón de la bebida.
Peter salió de la esquina en donde estaba estoicamente parado para darme palmadas en la espalda viendo que mis ojos se llenaron de lágrimas por el ardor del licor y que me costaba respirar.
Cuando finalmente dejé de toser mi mente se puso a trabajar. Mis ojos empezaron a buscar cualquier cambio físico que comprobara su estado. ¿Cómo podría asegurarme que estaba embarazada? ¿No se suponía que las cortesanas conocían todas las artes para evitar y terminar embarazos no deseados? ¿Sería en verdad hijo de Emmett?
— ¿Y qué tengo que ver yo en el asunto?—pregunté en voz alta de manera poco caballeresca, arrepintiéndome enseguida por mi falta de tacto. Peter me entregó otra copa rebosante del licor color ámbar. —Disculpa mis bruscos modales. Me tomaste desprevenido—resoplé tratando de llenar mis pulmones de aire. —Creo que debes tratar este asunto directamente con Emmett.
Sus sollozos se incrementaron provocándome dolor de cabeza. Solamente Emmett podía meterse en esta clase de problemas a pocos días de casarse.
—No puedo, va a casarse en menos de una semana y seguramente no querrá saber nada del niño— se secó las lágrimas—. Ningún benefactor me querrá con un niño a cuestas.
En eso sí tenía razón. Ningún caballero la tomaría como amante mientras estuviese embarazada o poco después del parto.
Suspiré profundamente, cerrando mis ojos para evitar preguntarme por qué a mí.
—Definitivamente tienes que hablar con Emmett. Mientras tanto puedes quedarte aquí hasta que Emmett pueda venir. — me encogí mentalmente pensando en lo que eso podía implicar.
—Seguramente tendremos que esperar a que regrese de su viaje de bodas—me anunció un poco más animada haciéndome fruncir el ceño ante esto ya que seguramente a la mocita no le agradaría nada, pero confiaba en poderla preparar para la impresión.
—Muéstrale una habitación en el tercer piso a la señorita Denali—le indiqué a Peter pasándome la mano por el rostro con algo de fuerza y pensando en la carta que tendría que enviarle a Emmett.
Entré a mi oficina para componer la misiva tratando, aunque lo más seguro fue que fallé, de hacer que la noticia no fue tan estremecedora para mi amigo como lo había sido para mí.
Si los rumores sobre Lady Rosalie eran ciertos mi amigo seguramente se encontraría en muchas penurias o su suegro lo pasaría por las armas.
Caminé pesadamente de regreso a nuestra habitación luego de haberle entregarle la carta a Peter. Habían pasado casi dos horas desde que casi la hice mía y como era de esperar estaba totalmente a oscuras y la mocita yacía totalmente dormida. Me desvestí apesadumbrado y dudando de lo acertado de mi decisión. Seguramente Isabella entendería que no podía haber echado a su suerte a una mujer embarazada fuese ese niño de mi mejor amigo o no.
Me pinché el puente de la nariz frustrado, esperaba que la misiva que le envié a Emmet llegara pronto y me quitara la responsabilidad de atender a su protegida. Terminé con mis abluciones y me deslicé con cuidado dentro de las sábanas para poder tomarla entre mis brazos enterrando mi rosto en sus cabellos, rogando que la mañana trajera consigo buenas noticias.
—O—
Cuando llegó la mañana la mocita no yacía entre mis brazos y su lado de la cama estaba frio, pero mis ojos la localizaron casi enseguida sentada en la ventana leyendo un libro. Me levanté apesadumbrado sabiendo que no sería un buen día o al menos no lo sería para mí.
—Buenos días—dije y fui ignorado como supuse. Me vestí y salí de la habitación después de que volviera a negarse a acompañarme. Me pinché el puente de la nariz y empecé a prepararme para el nuevo día.
Kate se estaba comportando exactamente como si estuviera en la casa que Emmett le había puesto en Londres, lo cual no era aceptable. Tuve que decirle no muy sutilmente que el único amo en esta casa era yo y la única con autoridad para decirle qué hacer al servicio era mi prometida.
Verla haciendo pucheros y abanicándose los pechos prácticamente descubiertos por el escote de su vestido, me tenía al borde de un colapso. Isabella se había rehusado a presentarse a desayunar y después de haberla dejado esperando casi toda la noche no la culpaba por estar molesta conmigo.
Kate hablaba sin parar y coqueteaba con desfachatez por lo que me levanté presuroso en cuanto la chica que recogía los platos me informó que Peter me necesitaba.
Subí las escaleras con paso apresurado dejando a mi "huésped" con la palabra en la boca cuando Peter me informó discretamente que Isabella estaba hecha una furia. No me dijo el motivo pero si se trataba nuevamente de alguna disputa con una de las sirvientas o simplemente estuviese haciendo una pataleta, le pondría un alto enseguida ya que no estaba de humor para nada con el problema que tenía entre manos si Emmett no aparecía pronto.
—Isabella—la amonesté en cuanto entré a la habitación y vi la bandeja que se suponía era su desayuno tirada en el suelo. Estaba tomando aire para darle una larga reprimenda cuando me cortó.
—Ni crea que voy a permitir éste escandaloso comportamiento, lord Masen—escupió mi título como una maldición, haciéndome parpadear profusamente por desconocer la razón de su enojo dirigida a mí a no ser que la hubiese dejado más insatisfecha de lo que pensé anoche—. Puede que su comportamiento sea aceptado por algunos de sus pares en la sociedad y que las mujeres tengamos que mirar hacia otro lado, pero, escúcheme bien porque no lo voy a repetir, yo no soy como cualquier mujer y no pretendo criar ningún bastardo de mi marido, por lo que le exijo que se ocupe de sus atroces asuntos con delicadeza o me libere del compromiso en el que me ha atrapado y mantenga su palabra de encontrarme un esposo de acuerdo a mi posición.
— ¿De qué bastardo me hablas?—la miré como si hubiese perdido la razón.
— ¡Del que está esperando la furcia esa que ha metido bajo mi techo! No pretenderá que comparta mis comidas con ella por lo que comeré en mi habitación hasta que la haya despachado a alguna parte donde yo no sepa de ella y su hijo. —sus mejillas estaban arreboladas, su pecho subía y bajaba con rapidez, y sus ojos destilaban veneno.
Sin embargo, yo me doblé sobre mis rodillas cuando la carcajada escapó de mis labios. No podía creer lo que mis oídos escuchaban, la pasión con la que hizo su declaración, el fuego detrás de sus palabras.
—¡Estás celosa!— no era una pregunta y ella lo sabía, cosa que hizo que su sonrojo aumentara y sus jugosos labios se convirtieran en una fina y tensa línea antes de darme la espalda. Me acerqué a ella en dos pasos quedando firmemente pegado a ella y le susurré al oído—. Si esa mujer espera un hijo te aseguro que no es mío. Solamente tú, lady Isabella llevarás mi simiente en tu vientre—besé el punto entre su oreja y su cuello haciéndola estremecerse cuando mi mano se fijó posesivamente sobre su plano estómago que esperaba ver henchirse con mí heredero.
Era casi surreal ver cómo mi mundo había cambiado, nunca pensé en que tendría otra compañía que no fuesen mis libros y ahora contemplaba extasiado la posibilidad de formar una familia.
—¿Cómo puede estar tan seguro que no es suyo ese niño?—a pesar de tratar que su voz saliera firme fracasó al final cuando empecé a llenar su cuello de húmedos besos.
Succioné con cuidado el lóbulo de su oreja antes de contestarle con una sonrisa previendo su reacción.
—Porque nunca he yacido con una mujer.
Gracias por sus comentarios, nos leemos la próxima semana.
