"Le seré sincera señor, no se si esto surtirá efecto, pero tengo esperanzas en que funcionará." Carter tenía aspecto no haber dormido en varios días, estaba agotada y necesitaba descansar. Pero mientras su amigo le necesitara, seguiría trabajando sin descanso.

"Entonces, hasta que consiga manejar a la perfección la máquina de Ma'chello, con este suero podrá aletargar al huésped y dejar que Daniel sea la mente dominante de su cuerpo."

"Ese es plan, aunque hasta que no lo probemos no podemos estar seguros de que surta efecto tal y como queremos." Jack miró al Sam, pero no dijo nada. Estaba en un momento en el que tan sólo quería esperanzas y opciones, porque él se había quedado sin opciones para salvar a Daniel.

Cada vez que lo veía en la celda, se daba cuenta que no era su adorado Daniel el que le sonreía de aquella forma tan malvada o que no era el que hablaba con él con tanto desdén. Era su cuerpo, sus ojos azules y boca, pero no era Daniel y por mucho que le costara aceptarlo, era verdad.

Por eso cuando Sam le mostró el suero que llevaban tiempo preparando en el laboratorio del comando, vio una pequeña luz al final del túnel, tal vez no la definitiva, pero al menos, si una que sirviera por un tiempo.

"Entonces será mejor probarla. No perdamos más tiempo, no podemos dejar que el huésped se haga fuerte el cuerpo de Daniel. Lo quiero fuera y lo quiero ya." Dijo el general O'Neill con total rotundidad, mientras esperó a que Carter le siguiera pasillo adelante hasta la celda en la que tenían a Daniel y a su huésped.

"Espere fuera." Continuó diciendo el general. "Quiero hablar con él. Como usted ha dicho no sabemos que efectos va a tener el suero en Daniel y mientras esté seguro que él está allí, quiero intentar comunicarme con él. Es un hombre muy fuerte, siempre lo ha demostrado y necesito hablar con él. Al menos que me escuche."

"El Goauld puede intentar hacerle mucho daño, no se deje engañar. Se que conoce perfectamente a Daniel, pero no debe dejarse llevar por sus sentimientos." Jack sonrió.

"No se preocupe he visto muchas veces el exorcista, se como trabajan esos bastardos." Jack no dijo nada más y entró en la celda, cerrando la puerta tras de si.

La luz estaba apagada y parecía no haber nadie en la celda, pero un momento más tarde escuchó un ruido proveniente de la cama. "Te echaba de menos, ya pensaba que te habías olvidado de mi."

"Deja tus juegos y déjame hablar con Daniel." La figura del doctor Jackson apareció delante de Jack y por un instante le costó aceptar que no era realmente su adorado Daniel el que estaba andando hacia él, pues desde luego, estaba seguro que esa horrible sonrisa no formaba parte de la forma de ser Daniel.

"Pero si soy yo Jack. Estoy aquí, aunque no creo que pueda aguantar mucho más tiempo. El goauld es fuerte y me cuesta salir a la luz. Pero ahora estoy aquí contigo ¿Es que ya no me reconoces?"

Jack negó con la cabeza, por mucho que fuera la voz y los movimientos de Daniel, no era el doctor Jackson el que estaba alargando la mano hacia él para atraerlo, como si de un canto de sirena se tratara.

"Te vuelvo a repetir que me dejes hablar con Daniel. Le conozco mejor que a mismo y por muchos trucos que uses, no vas a conseguir convencerme de que eres la gran persona que es Daniel."

"¿Qué es lo que quieres Jack, escuchar lo mucho que está sufriendo, escuchar como grita aquí dentro o saber lo mal que lo está pasando por como estoy jugando contigo?" Jack no contestó, se había prometido no dejarse arrastrar por los diabólicos juegos del goauld, pero no le resultaba nada fácil conseguirlo. "Muy bien, si eso es lo que quieres, eso es lo que tendrás."

Daniel se desplomó en el suelo con un quejido, como si de repente hubiera dejado de respirar. Jack quiso ir hacia él para ayudarlo, pero se contuvo, pues todavía no estaba seguro que realmente se tratara del verdadero Daniel.

Este se quedó sentado en el suelo, una mano colocada sobre su pecho, respirando con dificultad, como si de un niño recién nacido se tratara. Jack lo miró, definitivamente algo había cambiado en Daniel, algo que a simple vista parecía imperceptible, pero que sólo alguien que lo conociera al cien por cien podría saber.

"¿Daniel?"

"Lo siento mucho Jack. Lo intento, lo intento pero no puedo. No me siento con fuerzas para luchar." La voz sonaba a Daniel, Jack lo sabía, no necesitaba ninguna prueba más para acercarse a él, pero el doctor se retiró. "Quiere hacerte daño a mi costa y lo sabes. Pronto volverá, cuando seas más vulnerable y te atacará. Lo se porque no puede esconderme lo que siente y lo que desea."

"No me importa, ahora mismo me da igual que quiera matarme." De nuevo Jack se acercó a Daniel, pero este lo detuvo con una mano. El general se quedó parado. Allí si que estaba Daniel, el que intentaba defenderle, el que no quería ponerle en peligro, el que había salvado su vida en más de una ocasión. "Daniel por favor, necesito estar contigo ahora, por lo que pueda pasar después."

Daniel levantó la cabeza y por fin se encontró con los ojos de Jack. "¿Habéis encontrado algo? ¿Tenéis una forma de sacarme esto del cuerpo sin matarme?" La mano de Jack sobre su brazo, le hizo empezar a temblar. Hacía tanto que no sentía el contacto del general, sin tener en medio la presencia del huésped, que creyó que tan sólo se trataba de un sueño.

"Es posible, aunque no estamos seguros. Sólo hay una manera de comprobarlo." Una vez que había conseguido tocarle, acercarse más a él fue sencillo, pues ya había roto la barrera que Daniel había creado para protegerle. Por eso pudo estar a su lado, lo suficiente para abrazarle y que el doctor se dejara caer sobre él.

"Por eso estás aquí ¿verdad? No sabes lo que pasará cuando probéis vuestro plan. Pero no tengo miedo, no te preocupes por mi, si tengo que morir para dejar de estar sufriendo no me importa."

Jack lo separó con fuerza para volver a mirarle a los ojos. Apretó con fuerza sus brazos, sin llegar a hacerle daño y se quedó ahí un momento, contemplando sus intensos ojos azules.

"No se te ocurra decir algo así. No vas a morir, jamás permitiré que te ocurra nada malo. A estas alturas ya deberías saberlo." Jack sonrió con cariño y besó en los labios a Daniel, por primera vez estaba seguro que era al hombre al que amaba a quien estaba besando.

"El goauld está disfrutando de este momento, le escuchó reírse aquí dentro y lo sabe. En cualquier momento me volverá a encerrar en mi propio cuerpo y volverá a torturarme, haciéndote daño a ti o a cualquiera de las personas que me importan. Quiere que sea lo mismo el que me destruya y no está lejos del conseguirlo."

Antes de que Jack pudiera contestar, Daniel cerró los ojos y volvió a quejarse, al notar un terrible dolor en el pecho. Nunca había sufrido un infarto ni nada parecido, pero entonces comprendió lo que se debía sentir en esos momentos.

Se aferró con fuerza a la camisa del general y este lo abrazó con la misma fuerza. "Daniel que te ocurre, no puedes dejar de luchar, no ahora que estamos tan cerca. Tienes que quedarte conmigo."

"No lo digas por favor, es justo lo que… él quiere. Quiere oírte sufrir y suplicar." Dejándose llevar, Daniel juntó sus labios con los del general, como si eso le hiciera sentirse un poco mejor, como si de esa forma parte del terrible dolor que estaba recorriendo su cuerpo se alejara. "Sabe que no le vas a suplicar por mi, porque no quiero que lo hagas. Por eso quiere que me lo digas a mi, por eso me deja tanto rato con el control de mi cuerpo."

Daniel gritó y se desplomó sobre el pecho de Jack. "¡No hagas esto, no es una batalla justa y lo sabes!" Dijo como si estuviera hablando consigo mismo, aunque Jack sabía que lo estaba haciendo con el Goauld. "Deja en paz a Jack o te juro que te haré la existencia más terrible que puedas imaginar."

"Daniel mírame. Aguanta un poco más y mírame." Daniel abrió los ojos, entre dolor y desesperación. "Sabes que te voy a sacar de esta ¿verdad? Sabes que no te voy a abandonar con esa cosa metida en el cuerpo ¿verdad? Daniel contéstame."

Mientras hablaba, Jack se dio cuenta que los ojos de su compañero habían cambiado sensiblemente, su mirada estaba vacía y el brillo que un momento antes había inundado sus pupilas se había marchado.

"Daniel no."

"Lo siento coronel, el tiempo del bis a bis se ha terminado. Ahora vuelvo a estar yo al mando y si quieres decirle algo a tu amorcito tendrá que ser a través de mi. Por cierto, Daniel te manda muchos besos."

"Maldito cabrón." Con una fuerza terrible, Jack levantó el cuerpo de Daniel del suelo y lo llevó hasta la pared. Tan sólo se escuchó el sonido de la espalda del doctor Jackson al chocar contra el muro y justo después, una horrible risita saliendo de su boca.

"pobrecito, no sólo lo torturo yo, sino que ahora tu también le haces daño. Creo que la espalda le va a doler durante unos días, aunque tu no vayas a saberlo." Jack lo cogió del cuello y lo miró con odio.

"Te lo repito por última vez, sal del cuerpo de Daniel por las buenas o no me dejarás más que la opción de acabar contigo y no creas que eso me disgusta lo más mínimo porque dentro de poco me voy a cansar de ti y vas a ser una serpiente muerta."

"¿Y que hay de tu novio? ¿Vas a dejarle pasar por ese terrible sufrimiento sabiendo que le marcarás de por vida? Yo creo que no. Es lo malo de que los humanos os enamoréis, dejáis de pensar con la cabeza y dejáis demasiada mancha ancha al corazón. Eso os hace débiles."

La puerta de la celda se abrió en ese momento y apareció Carter. "Señor, cuando usted quiera, nosotros estamos preparados." Jack volvió a mirar al goauld sonriendo triunfante.

"Te equivocas en lo que acabas de decir, para ti nuestros sentimientos nos hacen débiles, pero cuando nos enamoramos de verdad, cuando sabemos que alguien nos está esperando al otro lado, nos volvemos mucho más fuertes y Daniel es todo un luchador y sabe que estoy aquí." Le hizo una señal a Sam y a los dos soldados de la puerta. "Llevadlo a la enfermería y hacerlo, no quiero saber nada más hasta que Daniel vuelva a mirarme a los ojos y yo sepa que es él."

El general dejó la celda, aunque mantuvo en su mente la imagen de desesperación que se estaba formando en el rostro de Daniel. El goauld y estaba asustado y eso significaba que su compañero tenía más oportunidades de volver a ser él mismo, pues el resto de opciones que le venían a la mente no le gustaban nada.