Disclaimer: Está demás decir que ningún personaje de Percy Jackson me pertenece. Sólo una historia para entretenimiento, sin fines de lucro.

Summary: -¿No deseabas recuperar el tiempo perdido? –le espetó Hera. –Si, pero esta vez ha ido demasiado lejos –reclamó Annabeth. -¡Pavorreal! –gritó entusiasmado Percy.

Advertencia: Spoilers Blood of Olympus.


MANUAL PARA UNAS NAVIDADES PERFECTAS


11) Nunca llegue con las manos vacías.

– Entiendo lo de venir al Olimpo, pero, ¿por qué los regalos? Ellos nunca nos envían regalos en Navidad.

– Bueno Leo –terció Annabeth –Nosotros no somos como ellos, ¿o sí?

El hijo de Hefesto torció los ojos mientras negaba.

– ¿Al menos podrías explicarnos por qué nos dirigimos al Empire State? – Exigió Thalía.

– Tú lo has dicho antes: quizá hasta él mismo metió la pata no sé dónde para volver a los cinco –resolvió decidida Annabeth.

– Yo no meto la pata –renegó el pequeño semidiós tras de ella, cruzando los brazos.

– Tú no, Annie habla de otro Percy –soltó dulcemente Will.

– Si este par sigue hablándole como Mary Poppins a Percy juro que voy a vomitar –le murmuró Leo a Frank.

– ¡Leo!

– Seguro tampoco sabes quién es Mary Poppins –remató Leo.

Jason negó lentamente, bufando, y regresó con Annabeth.

– Mira, no quiero poner en duda la teoría pero, ¿por qué algún dios devolvería a los cinco a Percy? –inquirió Jason.

– Amigo, creo que la pregunta debería ser, ¿qué dios no quiere poner sus manos en el cuello de Percy? –añadió Leo.

Llamitas tiene razón –lanzó Thalía, chistando.

Leo encogió los hombros, satisfecho del reconocimiento.

– Digamos que hay un dios, especialmente molesto, al que Percy podría haber ofendido –respondió Annabeth, cuidando sus palabras.

– ¿A qué dios te refieres? –Piper intentaba seguir el ritmo de la idea escuchando muy cerca.

– Los nombres son poderosos –añadió Frank, precavido.

Annabeth asintió, aprobándolo.

– Bien dicho Frank, toma tu galleta –ofreció Leo.

El romano le lanzó una mirada bufando.

– ¿Y creen que todos estarán en el Olimpo? –inquirió Hazel, retomando la conversación.

– Es Navidad, deben estar en familia –resolvió Will.

– Quiero mis regalos –refunfuño, aburrido el pequeño hijo de Poseidón, desde los brazos de Will.

– Los abriremos apenas lleguemos a casa –replicó Nico en ese tono dulce que todos ignoraban que era capaz de lograr.

– Quiero ir con mamá –volvió a refunfuñar Percy, restregando sus ojos con sus pequeños puños.

– Vamos a encontrarla –intentó persuadirlo Annabeth, haciendo una parada en un cruce, junto con el resto del grupo.

– ¡Quiero ir con mamá! –insistió Percy, alzando la voz.

Si no supieran que el pequeño en brazos de Will era el hijo del dios de los mares, hubiesen jurado que Manhattan estaba siendo víctima de un terremoto. Un ligero temblor bajo sus pies, donde miles de metros cúbicos de agua potable y residual circulaban, los alertó.

– Creo que alguien se está alterando un poco –musitó Frank.

Los ojos de Percy se tornaron vidriosos, y su puchero, deformando su rostro en camino directo al llanto.

– Alguien va a tener que calmarlo si no quieren que termine guiándolos por el Inframundo –sugirió Nico.

– ¡Inframundo no! –chillo Percy – ¡Quiero a mi mamá!

Entre el recurrente temblor y los gritos sospechosos del pequeño, los transeúntes comenzaron a detenerse. Algunos, a observar con sospecha al grupo de adolescentes y el pequeño llorando. Otros más, sintiendo la extraña sensación del suelo mover bajo sus pies.

– El inframundo no suena tan mal, si consideramos la posibilidad de ir a la cárcel mortal por rapto de un menor –musitó Thalía, cubriendo sus oídos con sus manos para evitar escuchar a Percy.

– Si vamos a la cárcel, yo puedo sacarlos de allí...

– No podemos ir a la cárcel Leo, tengo que regresar por la legión –añadió nervioso Frank.

– ¡Nadie irá a la cárcel! –zanjó Jason –¡Tenemos que calmar a Percy!

– ¡Pues ayúdanos Grace! –espetó Nico, mientras sacaba de su bolsillo el maquillaje de pirata para intentar distraer a Percy.

– Claro, el delineador negro arregla todo –chistó Leo.

– Debemos tranquilizarnos pri…

– ¿Alguien puede taparle la boca al pequeño percebe? –interrumpió Thalía a Hazel.

– Es solo un niño…

– Es el apocalipsis con piernas, Solace –sugirió Leo.

– No debí levantarme ésta mañana –se quejó Frank.

– ¡Pueden dejar de hablar por un minuto! –gritó finalmente Piper, con un hechizo vocal tan fuerte, que de pronto, toda la manzana a su redonda se quedó en silencio. Entonces, el llanto de Percy se hizo más evidente, y la vibración del suelo haciendo zumbar las tapas de los registros en la calle.

Annabeth intentó abrir la boca para hablar, pero el hechizo había sido tan fuerte, que mentalmente contaba los segundos para poder hacerlo de nuevo. Los transeúntes pararon su paso, mudos y confusos, extrañados por el agudo llanto del niño que el grupo de adolescentes acompañaba. Fue hasta entonces, que el extraño silencio colectivo lo hizo notable, que un par de oficiales, a cuadra y media de distancia, giraron sobre sí, extrañados por aquel solitario llanto.

El rostro mudo de Nico giró hacia el resto al ver a los uniformados abrirse paso entre la multitud de peatones.

– Oh chicos, cuanto lo siento…–murmuró Piper consternada, ante las miradas desesperadas de sus amigos –Si tan solo pudiera…

Las frías manos de Nico atraparon su brazo, sacudiéndolo.

– ¿Estás bien Nico?

El hijo de Hades señaló tras de sí, a unas cuadras a su espalda, alarmado.

– Lo sé, nadie puede hablar.

Nico puso los ojos en blanco, y pidió ayuda de Jason. El hijo de Zeus abrió los ojos como platos al ver lo que alarmaba a Di Angelo.

– Esperen chicos, no entiendo que…

Jason tomó el rostro de Piper entre sus manos y lo giró con suavidad a su espalda. Piper leyó a la masa de peatones en la que se encontraba, paralizados entre la sorpresa y el terror. Sin embargo, ella lo sabía. Los hizo callar con un hechizo vocal involuntario, ¿por qué tenían que señalárselo?

– ¿Qué ocurre Jason?

Una Annabeth muda la jaló detrás del grupo que se movía entre la confusión y los llantos de Percy.

– ¿Annie?

Leo se plantó frente a Piper, con reloj en mano, justo para gritar en su mejor acento:

– ¡Policía!

Al grito de Leo, el grupo comenzó a avanzar entre la apretada multitud que volvía a tener control sobre su voz.

– Gracias, flamitas –espetó Thalía, caminando apresurada entre los peatones –Nada es más delatador del crimen que alguien gritando "Policía".

– Y con acento latino –añadió Frank.

– ¿Disculpa? Al menos yo soy ciudadano, no como cierto canadiense que…

– Chicos, ¡basta! –calmó Annabeth, jalándolos entre las masas.

– ¡Quiero a mi mamá!

Con la ambulancia humana del pequeño Percy anunciándoles, giraron la manzana siendo seguidos por muchos ojos que veían como el grupo de adolescentes huía de la policía.

– Disculpen…disculpen…

–¡Mexicano! –gritó una anciana rubia, con el rostro ardiendo del esfuerzo.

– Lo que nos faltaba… –masculló Thalía.

– ¡Quiero a mi mamá!

– ¿Podrían callar a Percy, por el amor de los dioses? –se quejó Leo, en algún punto de la masa de gente –Antes de que me deporten a México.

– Deja de causar problemas y lo intentaremos –espetó Nico, junto al hijo de Hefesto.

– ¿Notaron que Nico ya habla en plural? –mencionó ilusionada Piper.

– Pipes, creo que no es el momento...

– ¡Quiero a mi mamá!

– Tiempo…de…dispersarse –lanzó Jason, cuando vio que un par de oficiales venían frente a ellos, con la vista fija en Will y un Percy gritando por su madre.

– ¡En media, en el elevador! –alcanzó a decir Annabeth, mientras le arrebataba de los brazos de Solace al pequeño semidiós, y se alejaba corriendo de ellos.

– ¿Y los regalos? –exclamó Frank, pero nadie más le escuchó. Lo siguiente que supo fue que Hazel lo jaló con fuerza hacía dentro de una joyería. Tiffany & Co. Definitivamente, las joyas lo perseguían.

–.–

– Entonces, dices que no te gusta Bob Marley –tanteo Leo.

– ¿Qué parte de "dispérsense" no entendió? –chasqueó Thalía, girando a preguntarle a su hermano.

– Tú también tenías que dispersarte hermanita –señaló Jason.

– ¿Pensabas dejarme con él? –inquirió asustada Thalía.

– ¿Creen que Hefesto sea más reggae o AC/DC? –tarareó Leo brincando entre los discos.

– Ni idea hermano –respondió Jason –No podíamos dejarlo solo –le respondió a su hermana.

– Creo que todos ahora tienen un cómplice. La cómplice de Leo se quedó en el Campamento, muy enojada. –recordó Piper.

– ¿Es porque soy cazadora? –tanteo la hija de Zeus.

– No explotes y vamos ya al Empire, Annabeth no tardará en llegar –persuadió Jason, dejando el disco de The Libertines edición vinil en la estantería.

– Claro, cómo tu cara no está en los más buscados del F.B.I. ahora… –bufó Leo.

– Podría ser peor, podrías ser Frank y sus pobres cojones cuando tenga que verse la cara con Reyna –resolvió Jason.

– Buen punto hermano, iré a pagar esto –aceptó Leo, dándole una palmada en la espalda al rubio –Don't worry, about a thing, 'cause every little things gonna be alright! –se alejó cantando Leo.

Thalía se plantó, observando a Valdez alejarse hacia la caja.

– Aléjalo de mí, ¿quieres? –pidió a su hermano, antes de avanzar junto a él.

–.–

Un pastelillo azul. Una sonrisa de oreja a oreja. Llena de trozos azules. Si algo había aprendido en todo este tiempo sobre su novio, es que había cosas muy simples que no cambiarían. Como el poder de la comida azul sobre Percy.

Quero otro trocho Annie –balbuceó Percy con la boca llena, volviéndose hacia ella.

– Toma –le respondió, extendiéndole el trozo que le quedaba a ella. No podía resistirse a ese par de ojos verde mar. Ni de adolescente, ni de niño. En el fondo, bajo todos esos pucheros y pataleos, estaba su amado Percy. Ahora que lo pensaba mejor, quizá no estaba muy al fondo de esa bola de problemas de cinco años.

Percy engulló entre sus manitas el panecillo. Su nariz enrojecida por el llanto y el frío, y un par de mejillas encendidas por la energía de los panecillos, lo convertían en una bomba derrite-chicas.

Estúpido Percy.

– ¿Listos?

– ¡Will! –chilló Percy corriendo hacia los brazos del rubio, que cargaba con lentes de sol, y un café. Tras de él Nico apareció con otro par de gafas de aviador, y una colorida bebida. Su rostro no mostraba mucho entusiasmo.

– De la que nos salvamos –agregó Solace.

– ¿Han visto a los demás?

La respuesta de Annabeth llegó al ver cruzar por el vestíbulo a un cansado Frank con bolsitas de Tiffany & Co. a cuestas. Junto a él, una Hazel parlanchina saltaba con todo el espíritu navideño recorriéndole el cuerpo, desde los pies hasta el último de sus rizos.

– ¿Por qué Frank querría comprar joyería teniendo a Hazel? –inquirió Nico, aburrido.

– Elemental mi querido Watson –atinó Will –Está con Hazel.

– ¿Por qué llamas Watson a Nico? –inquirió Jason, confundido.

Solace observó al hijo de Júpiter, entretenido.

– Grace, ya me habían contado tu caso, no creía que fuera tan grave.

Nico sonrió malévolamente.

– Disculpen, alguien se ha emocionado con joyería no-maldita –lanzó Frank cansado, alcanzándoles.

– ¡Frank! –saltó Hazel.

– Igual sabes que no puedo decirte que no –le susurró a la romana, con una sonrisilla cómplice.

– De acuerdo, nos faltan cuatro –dijo aburrido Nico, sorbiendo sonoramente su bebida.

– Basta de lloriqueos, que ya llegué –saltó Leo, escabulléndose desde el pasillo aledaño a los elevadores.

– ¿Ya estaban aquí? –inquirió Annabeth, tras ver a los Grace y Piper tras él.

– Necesitábamos un baño que no explotara –explicó Piper, guiñendo.

– ¿Y por qué nosotros nos escodemos en un baño y ellos van a un Starbucks? –preguntó Leo, señalando a Will y Nico.

– Porque somos legales, Valdez.

– No lo creo, Di Angelo –lanzó lentamente Leo.

– Camuflaje, Valdez, tranquilo –explicó Solace, quitándose las gafas, mientras se interponía entre el hijo de Hefesto y su novio.

Starbucks, nada mejor para camuflarte –añadió Piper, como si fuese lo más obvio del mundo.

El resto del grupo giró a verla, con una expresión desencajada en el rostro.

– Yo lo haría –lanzó Piper, tomando la mano de Jason.

– Me da gusto que Thalía ya te diera su bendición Pipes –añadió Leo.

– Silencio, duende –bufó Thalía –Hermanito, no frente a mí –añadió con falsa dulzura.

Jason levantó las manos, derrotado.

– Bien Annabeth, y la teoría es…

– Sí, claro Jason. De acuerdo, sere breve. La idea es que, alguien que todos conocemos, y suele meterse en problemas continuamente, el cual no nombraré para evitar futuros berriches, explosiones de baños, detenciones policiacas o deportaciones, metió su pata con alguien de allá arriba…–explicó Annabeth.

– Muy lógico –lanzó Frank.

– Y lo ha devuelto a su infancia. Lo que aún no logro determinar es, el porqué –finalizó Annabeth.

– ¿Estás segura de eso? –preguntó Hazel.

– Y si no lo está, visitaremos a la familia en Navidad –exclamó con falso entusiasmo Thalía.

Los semidioses giraron entre sí, preocupados, y rogando porque terminara la pesadilla Navideña.

– Vamos a necesitar mucho néctar después de esto –aseguro Hazel.

– Lo que vamos a necesitar es un seguro de vida.

– Leo.

– Hazel, has visto su poder –dijo, señalando al pequeño.

– ¿Qué poder Annie? –interrogó desde abajo Percy, con ese par de ojos dulces abiertos al máximo.

– Uno muy especial que posees Percy –respondió la rubia.

– Chicos, tranquilos, es horario familiar –intervino Leo, enarcando las cejas.

Annabeth le devolvió una mirada mortal a Valdez.

– Vamos enfocarnos en devolverle unos años a Percy y pasar una linda Navidad –anunció diplomáticamente Hazel.

– Piper es linda –chilló inocentemente Percy.

– Oh no, que horror –musitó Thalía.

– Alguien debería de taparle la boca.

– Oh claro, Leo –bufó Will.

Las orejas de Jason y Annabeth volvieron a encenderse en rojo simultáneamente. Jason tomó una gran bocanada de aire antes de lanzar con falsa paciencia.

–Creo que es hora de averiguar que ocurrió aquí.

Frank suspiró al fondo del grupo.

– No debí levantarme ésta mañana…


¿Hola?

Si alguien sigue por allí, no olvide dejar sus comentarios. Adoro esta historia, pero cada vez me es más difícil actualizar. Espero que la disfruten. Aún viene lo mejor, y el plus de la historia de Capitán Calaveritas sigue pendiente –de verdad, existe-. Gracias por sus comentarios, me animan a volver a la carga para no dejarlos sin más de las fatídicas navidades de Percy.

¡Hasta la próxima, semidioses!

Bethap