Capítulo 11: La fugitiva
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Notas de la autora:
¡Hola a todas!
Bueno, algunas chicas ya sabéis como desde hace una semana que este capítulo llegaría. A las que no andáis por Facebook (o no conmigo XD) pues os enteráis ahora. Os cuento un poco el motivo de mi temporal regreso.
Como todas las que me leísteis sabéis, dejé el mundo fanfic para centrarme en mis novelas. El problema es que he tenido un año impresionante (ni bueno ni malo, sólo tremendamente ocupado). Así que no me pude poner con ellas. En consecuencia, me he tirado un montón de meses sin poner una palabra en ningún sitio y para cuando me quise poner, tenía los dedos anquilosados (o las neuronas T_T). Como no terminaba de coger ritmo con mis historias, desempolvar los dedos y quitar las telarañas a mi cabeza con un fic.
Así que de nuevo ando por aquí dando guerra con este fic. Que conste que me da mucha pereza continuar por los actos de Kanryu (sólo él ya son dos tomos enteros, que son ni más ni menos, que lo que llevaba hasta la fecha con el resto de capítulos). Luego de ya advierto que no aseguro nada hasta donde llegaré. La idea sería terminarlos, pero como digo, son bastantes y puede que para antes de que llegue al final de los actos, retome mis novelas. Pero bueno, voy avanzando e igual que ha pasado ahora, puede que se quede parado pero meses después continúe por dónde lo dejé ^_^º
He eliminado el capítulo anterior y he dejado sólo algunas de las notas. También he cambiado el nombre del capítulo, pero seguiré con el recuento en 11 para que no haya confusiones con los reviews asignados a cada capítulo. Por eso, en el desplegable no hay capítulo 10. No es que me haya comido algo, es que lo he saltado para que no haya desfase.
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Comentarios a los reviews:
Como respondí por MP a todas las que tenéis cuenta, me limitaré a contestar a las anónimas, a las cuales no tengo forma de contactar.
Mirita: En mi opinión, creo que Kenshin ya sentía algo por Kaoru cuando se despide de ella, sólo que no lo tenía bien identificado. Hay gente a la que le cuesta darse cuenta de estas cosas u_uº. Desde mi punto de vista, creo que se empieza a dar cuenta al estar lejos de ella (no diré cuándo me apareció el momento en mi cabeza, pero sí que la distancia le hace ver lo importante que era Kaoru realmente). Algo así como «no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos».
Guest(1): No me hables del «Kenshin-indigno», no me hables… Yo es que soy incapaz de verle así O_o. Será que tengo el manga tan asimilado que no hay forma de que le vea con esa actitud tan derrotista :-/
Guest(2): O resumiendo, la que me escribió mensajes a cada capítulo mientras lo leía XD.
A tu primer review, es un poco lo que le decía a Mirita. El amor de Kenshin hacia Kaoru se fue desarrollando paso a paso. Por eso, para cuando se marcha a Kioto, siente algo pero no lo identifica como debe ser. Si hubiera sido un flechazo lo sabría, pero es que fue creciendo poco a poco.
Otra cosa, como dices que no has leído el manga, te digo que este fic se basa en él. Por eso hay cosas que pueden estar cambiadas a como las conoces. Porque en el manga son distintas. Por otro lado, y sabiendo la problemática que hay en ciertos sitios para conseguir el manga, puedes encontrarlo por Internet traducido por fansubs (y además, por varios). Es cuestión de buscar.
De tu último review, pues es que ésa es la gracia de la escena. Que Kenshin abrace a Kaoru es un gesto muy relevante. De ahí que también la pobre se quede alucinada ^_^º
Y eso sería lo que tengo que contar. Os dejo con el siguiente capítulo. Aviso que voy a unificar actos porque si no, acabaría con veintitantos capítulos más sólo para esto. Ya he hecho un cálculo aproximado e irán entr actos por capítulo.
Espero que os guste :-D
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Capítulo 11: La fugitiva
—¿Me has dicho que era importante, pero sin embargo, puede esperar hasta que lleguemos?
—Estamos ya cerca, deja de preguntar.
Sanosuke giró en una calle y, poco después, le hizo entrar en un establecimiento. En la entrada ponía un letrero indicando que el local se llamaba Shuei-Ya. Lo había visto antes, pero no sabía qué era.
—Vamos a echar unas partiditas —comentó alegre Sanosuke.
No tardaron en sentarse en uno de los corrillos de apuestas. Kenshin conoció allí a varios amigos de Sanosuke que ya le estaban esperando y, dos minutos después, su amigo estaba enfrascado en la partida con ellos.
Kenshin desapareció para Sanosuke a excepción de cuando le preguntaba qué iba a salir en los dados. Era evidente que el supuesto tema importante no lo era tanto.
—¿Qué crees que va a salir? —le preguntó tras tirar los dados con el cubilete.
—Cinco y seis, nones —contestó paciente Kenshin.
Sanosuke levantó el cubilete y, otra vez, la tirada resultante era la que había dicho él.
—¡Cinco más seis, nones! —gritó pletórico Sanosuke—. ¡Menudo es el «Hiten Mitsurugi»! ¡Tienes una intuición impresionante!
No era sólo intuición, pero dejaría que siguiera pensando eso. Si le decía que tenían truco, no le dejaría descansar hasta que se lo explicara; pero si se lo achacaba al «Hiten» le dejaría tranquilo.
—He venido porque me habías dicho que tenías un asunto importante entre manos. Sano, apostar es ilegal.
—¿Y lo dices tú que llevas una espada que infringe la ley de desarme? —preguntó en tono inocente.
—Es cierto —suspiró resignado, porque su infracción era más grave que la de Sanosuke y sus amigos.
—No te preocupes mucho —le dijo Sanosuke restando importancia al hecho—. Todos somos amigos y no se juegan grandes cantidades tampoco. No es ninguna timba de timadores, sólo venimos aquí a divertirnos un rato. Tienes que dejar de tomarte la vida tan en serio; no vas a disfrutar nada si sigues así.
En realidad, tenía formas de divertirse, sólo que no eran las mismas que las de Sanosuke.
—¿Te ha contado Kaoru lo que pasó con Jine?
—No, y tampoco me importa, porque lo importante ahora es… ¿pares o nones? —terminó diciendo cogiéndole del cuello y haciéndole mirar la jugada.
—Uno y uno, pares… o eso creo —respondió Kenshin con una sonrisa.
—¡Toma ya! —festejó Sanosuke al levantarse el cubilete y mostrar la apuesta de Kenshin.
—Sí que tienes una racha de suerte hoy, Sano… —comentó uno de sus amigos mientras Sanosuke arramplaba exultante con las monedas.
—¡Os voy a dejar en paños menores! —rio él—. Por cierto, ¿dónde está Yoita? Con lo que le gusta jugar, es raro que no esté aquí.
El semblante de sus amigos se transformó en uno de pena.
—¿No lo sabes? Murió a principios de mes.
—¡¿Qué?! —gritó alarmado Sanosuke—. ¿Qué le ocurrió?
—Fue por el opio; una sobredosis. No calculó bien.
Se hizo un extraño silencio en la sala. Aunque se oían de fondo las apuestas de otros grupos en otros cubículos, quedaban eclipsadas por el cambio operado en el grupo en el que estaban. Ninguno dijo nada hasta que Sanosuke sacó a relucir su genio.
—¡Será idiota! ¿A quién se le ocurre ponerse a fumar opio?
Sin embargo, lo que a Kenshin no le cuadraban eran las circunstancias.
—Eso es muy raro. El opio es una droga bastante cara como para que alguien como Yoita pueda engancharse y sufrir una sobredosis. Un simple vendedor de dulces no es normal que tenga acceso a grandes cantidades...
La puerta del establecimiento se abrió causando la interrupción de la conversación.
—¿Qué pasa? —preguntaron de fondo.
Kenshin miró hacia allí y se encontró con una mujer que era evidente que había estado corriendo. Venía sofocada y tenía una expresión asustadiza; como si estuviera buscando la forma de esconderse de algo o alguien.
—¿Y tú quién eres? —cuestionó de malos modos Sanosuke. No había que ser muy vivo para saber que seguía enfadado.
La mujer miró a Kenshin y un segundo después se le había tirado encima.
—¡Ayúdeme, por favor! —le suplicó contra su cuello.
—¿O-ro?
—¡Hay unos hombres que me persiguen! Por favor, ¡ayúdeme!
Los mencionados hombres entraron por la puerta en ese momento.
—¡Ya eres nuestra, Megumi! ¡No puedes escapar!
—¿Quién demonios sois? —exigió saber Sanosuke, más cabreado que antes debido a las interrupciones.
El hombre más corpulento entró arrollando por su paso.
—¡Tú no te metas, niñato! ¡Dadnos a la mujer o…!
Se llevó un puñetazo en la cara por parte de Sanosuke; un puñetazo que le dejó tirado en el suelo y acobardó a su compañero de fechorías.
—Estoy muy enfadado ahora mismo, ¡así que cuidado con lo que me decís!
El hombre menudo se quedó en el suelo apuntando con su cuchillo hacia Sanosuke.
—¿Quién… quién te crees que eres? —dijo atemorizado—. Somos guardaespaldas del señor Kanryu. ¡Amenazarnos a nosotros es enemistarte con él!
Sanosuke le pisó la cabeza en respuesta.
—¡Te acabo de decir que vigiles tus palabras, imbécil!
Era evidente que a Sanosuke le importaba poco tanto el guardia como el que fuese un hombre de ese tal Kanryu. Sin embargo, por la tensión y murmullos de los presentes, Kenshin supo que debía ser alguien importante que inspiraba temor en la gente.
—¿Quién es? —preguntó Kenshin para despejar dudas.
—Un empresario que vive en una mansión en las afueras… o al menos dice ser empresario —agregó mordaz Sano—. No sé a qué se dedica en realidad, pero ha conseguido una fortuna en muy poco tiempo. No es trigo limpio; la gente evita enfrentarse a él.
Algo que era evidente que a Sanosuke no le importaba, pensó con cierto ánimo Kenshin. Su nuevo amigo no se amilanaba ante nada.
—Si estos te andan buscando en su nombre, imagino que eres una de sus amantes —especuló Sanosuke dirigiéndose a la mujer.
—¡Ni por asomo! —se quejó vehemente ella, pero acto seguido tomó una postura más inocente, como si interpretase un papel—. Yo no sé nada, ni siquiera conozco a ese señor.
—Megumi Takani, ¿acaso no te enseñaron que mentir está muy mal?
Lo dijo un hombre desde una esquina. Kenshin no le había visto entrar y tampoco le había sentido, y sin embargo, allí estaba.
—¿Pero de dónde sale? —preguntaron algunos de los presentes.
Revisando la habitación, Kenshin vio un hueco en el techo. Ese hombre les había vigilado y había entrado por ahí. No era un simple guardia. Se había movido con mucho sigilo.
—Huiste pensando que sólo te seguían dos hombres, pero deberías saber que estás constantemente vigilada por nosotros. Ya sea en el dormitorio o cuando te bañas, siempre estás vigilada por los hombres del Capitán.
Megumi dejó su actuación de damisela en apuros y su actitud se tornó arrogante.
—Bah, ¡pero no soy la amante de Kanryu! —Aunque en opinión de Kenshin, bien podría serlo. Era una mujer muy bella, así que no entendía para qué otra cosa la podría querer ese tal Kanryu, que había llegado hasta el punto de ponerle guardianes para que no escapara. Pero ya fuese para tenerla de amante o no, era obvio que a esa mujer la tenía en sus dominios por obligación—. ¡Vuelve y dile a «tu dueño» que me escaparé cueste lo que cueste!
—¡Que te crees tú eso!
Con gran velocidad, lazó dos proyectiles que impactaron en dos de los amigos de Sanosuke.
—¡Tomo! ¡Ginji!
—«Rasen-byo», proyectiles en espiral —continuó diciendo el hombre—, los próximos son para tus piernas, como castigo por huir.
Megumi dio un paso atrás asustada, pero aunque el primer lanzamiento le pilló desprevenido, Kenshin no iba a consentir un segundo. Cuando los lanzó, presionó sobre el tatami levantando una de las piezas y haciendo que los proyectiles se incrustaran en la madera.
—No sé muy bien qué pasa aquí, pero no permitiré que sigáis haciendo daño a otros.
—¡¿Cómo te atreves?! —gritó el atacante temeroso—. ¡Un tatami no es suficiente para defenderte de mis «rasen-byo»!
—¡Te vas a enterar por lo que les has hecho a mis amigos, desgraciado! —exclamó Sanosuke furibundo arremetiendo contra él a la vez que Kenshin.
Entre los dos le dejaron inconsciente en el suelo, para horror del resto de presentes.
—Esto se complica mucho; han abatido a tres hombres de Kanryu Takeda…
—Vaya, qué fuertes sois —comentó con cierta perplejidad Megumi—. ¿Os puedo contratar para protegerme mientras me escapo de Kanryu? Seréis ampliamente recompensados por ello.
—Creo que antes deberías contarnos de qué va todo este lío —replicó Sanosuke. La cogió del brazo y la zarandeó—. ¡Dos de mis colegas están heridos! ¡Más te vale que empieces a hablar!
—¡Quita, bruto! ¡Me haces daño! —se quejó ella soltándose del agarre.
Pero con el movimiento, varias bolsitas cayeron de su kimono. Kenshin se acercó y abrió una de ellas.
Opio.
—¿Acaso pensabas pagarnos con opio?
Megumi se puso a la defensiva. No verbalmente pero sí en actitud. Era una mujer acorralada que cada vez que se daba un paso adelante, soltaba una nueva pieza del puzle. El problema era que esa pieza podía tanto ayudar como entorpecer el montarlo.
De momento, acababa de sacar algo en claro. Si Kanryu era un comerciante que se había hecho rico en poco tiempo, y ahora aparecía una mujer huyendo de él con opio encima como si nada, no hacía falta ser muy listo para unir los dos cabos.
—No. Os pagaré con dinero —dijo al fin Megumi.
—Y por casualidad no será dinero que saque de la venta del opio que lleva encima, ¿verdad?
La mujer se retrajo otra vez. Amante o no de Kanryu, Megumi era una joven a la que habían capturado y que había huido de allí con lo primero que había encontrado a mano. No llevaba dinero encima, así que Kenshin decidió terminar con su angustia.
—No se preocupe por el dinero. —Megumi le miró con recelo—. ¿Por qué no me acompaña?
—Así… ¿sin más? —inquirió desconfiada.
—Sí. Así… sin más —contestó con una sonrisa.
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Si Megumi se había mostrado recelosa en el Shuei-Ya, más lo estuvo Sanosuke todo el camino. Al igual que Kenshin, él también iba atando sus propios cabos y por su aspecto, no debía estar llegando a una conclusión buena.
—¿Vives aquí? —preguntó Megumi cuando se pararon ante la puerta del dojo.
—Es la casa de una amiga. Sólo me hospedo temporalmente aquí —le informó él abriendo la puerta—. Ya hemos vuelto.
—¡Kenshin! —gritó Kaoru desde el camino de la entrada—. ¿Qué tal os lo habéis… pasado? —terminó diciendo en un susurro. Se quedó muda al ver que traían compañía. Se veía que había interrumpido el entrenamiento de Yahiko y Kaoru.
—Perdonad que hayamos tardado tanto.
—Esta casa está muy vieja —comentó Megumi a su espalda.
Ante la expresión de incredulidad de Kaoru, Kenshin pasó a presentarles y explicar la situación.
—Ésta es Megumi Takani. En la casa de apuestas ha habido un poco de lío y…
Sanosuke le puso la mano en la boca para que no continuara hablando.
—Y como uno de los jugadores no podía pagar, nos la ha dado en calidad de fianza. ¿Se podría quedar unos días aquí?
Kenshin se horrorizó ante la explicación de Sanosuke que había enervado las ansias asesinas de Kaoru.
—Jolín, pues han debido ganar un montón… —murmuró Yahiko viendo a Megumi de arriba abajo.
—¡¿Sano?! —exclamó en un susurro para que sólo le oyera él—. ¿Te has vuelto loco?
—Si le decimos la verdad se enterará del tema del opio. Es mejor no decir nada.
—Kenshin, ¿lo que dice es verdad? —preguntó Kaoru con una sospechosa calma.
—No querrás que la chica y Yahiko acaben involucrados en algo así, ¿no? —susurró de nuevo Sano como si fuera su conciencia.
Kenshin sabía que aquello no iba a acabar bien, pero tenía que elegir entre el menor de los males.
—Kenshin… —instigó Kaoru.
Suspiró.
—Pues sí… es lo que ha ocurrido.
Se llevó un soberano puñetazo de Kaoru.
—¡¿Pero cómo te atreves?! ¡Esclavista! —gritó fuera de sus cabales—. De alguien como Sano me lo puedo esperar, pero ¿de ti? ¿Cómo se te ocurre? —siguió acusándole hasta dejarlo tirado en el suelo.
—¡Oye! —se quejó Sanosuke.
Kaoru se irguió y se dirigió a Megumi.
—Lo siento mucho, señorita. No se preocupe que yo me encargo de esto. Puede marcharse.
La mujer no se movió ni un ápice.
—Ya, pero es que soy yo la que no quiere irse.
—¿Qué? —se sorprendió Kaoru. Megumi se acercó a Kenshin y le cogió cariñosamente.
—Lo cierto es que este hombre me gusta mucho. No me quiero separar de él —añadió con voz melosa para horror de Kenshin—. ¿Verdad que yo soy mejor que esta niña sudorosa? Mi querido Ken…
—Este Kenshin es un ligón… —se jactó Yahiko, el cual recibió el correspondiente correctivo de Kaoru.
—¡De eso nada! ¡Déjale en paz! —se encaró Kaoru con Megumi.
—¿Y por qué debería hacerlo? Es evidente que no eres su mujer, ¿qué derechos tienes para decirme que me separe de él?
Aquella conversación se estaba saliendo de madre, pues Megumi se había propuesto incordiar a Kaoru y ésta estaba entrando en su juego. Pero antes de poder interferir para detenerlas, Sanosuke dio la última puntilla:
—No te metas con ella; la chica es muy simple.
Y Kaoru explotó como un volcán.
—¡Fuera de aquí todo el mundo! —gritó echándoles a los cuatro de la casa y cerrando de un portazo.
—¡Anda! Pues sí que se lo ha tomado mal… —murmuró Sanosuke desde el suelo—. La culpa es tuya por decir lo que no debes —le recriminó a Megumi.
—¡Pero si es la verdad! —replicó poniéndose en pie—. No quiero separarme de él. Es un hombre muy fuerte y, además, agradable. Si me quedo con él, me protegerá de los hombres de Kanryu. —Se giró hacia Kenshin—. Me has dicho que te llamas Kenshin Himura, ¿verdad? Te quiero como mi guardaespaldas.
—Pero debería contarme algo más de la situación en la que se encuentra, ¿no cree?
—Y sin contar con el opio —acusó Sanosuke mostrando uno de los pliegues que se le habían caído a la mujer—. ¿De dónde lo has sacado?
Megumi resopló.
—Qué hombre tan desconsiderado… A una mujer no se le debe preguntar sobre su pasado.
—¡Será desgraciada! —gritó Sano fuera de sí.
Kenshin le agarró para que no se le echara encima. Teniendo en cuenta los problemas que había causado en el Shuei-Ya a sus amigos, Sano estaba muy susceptible en todo lo que rodeaba a Megumi y el opio.
—No importa —dijo tranquilizándose—. Estando ella aquí, seguro que nos acabaremos enterando de dónde lo ha sacado.
Aunque para Kenshin era bastante obvio. Ese opio lo había cogido Megumi de la mansión. Con bastante probabilidad, Kanryu traficaba con él y de ahí que tuviera las cantidades necesarias como para que una mujer recluida pudiera hacerse con un pequeño alijo en su huida.
—Esa droga mató a uno de mis amigos; ¡no consentiré que siga circulando por ahí! —exclamó Sanosuke enfadado de nuevo.
—Está bien… —intercedió finalmente Kenshin—. Si no quiere hablar sobre usted, al menos podrá contarnos cosas sobre ese Kanryu que la persigue. Imagino que es el que está detrás del opio.
Un hombre llegó corriendo por la calle.
—¡Sanosuke! Al fin te encuentro… Te hemos buscado por todas partes.
—Shu, ¿qué ocurre? ¿No habías ido a acompañar a los demás al médico?
—No te preocupes, están bien. —Se detuvo a coger aliento—. Vengo porque ha ocurrido algo de lo que deberías enterarte. ¡Ven conmigo!
El hombre echó a correr de vuelta por el camino por el que había llegado. Dejaron a Yahiko en el dojo y salieron los tres corriendo tras Shu.
—La has hecho buena, Sanosuke —dijo el hombre inquieto—. Más te vale que andes con cuidado —le avisó.
—¿Por qué?
Pero la pregunta se respondió al llegar a la orilla del río. Se abrieron paso a través de la gente para mirar lo que había sucedido.
Los dos hombres que habían perseguido a Megumi estaban muertos. La policía había cubierto parcialmente sus cuerpos. Los habían tirado al río y habían tenido que recuperarlos, pues se veían mojados.
—Se deshace de los hombres que ya no le sirven —comentó Megumi preocupada—. Es típico de Kanryu.
En ese momento, a Kenshin le invadió un escalofrío que le hizo fijarse en la gente del puente. Se encontró con el tercer hombre que había perseguido a Megumi, pero el que realmente atrajo su atención fue el hombre alto que estaba detrás. A diferencia del resto de transeúntes que miraban la escena con curiosidad y horror, el hombre no parecía nada perturbado; estaba impasible. Había otro hombre al lado con gafas que se mostraba satisfecho por lo que veía. Tenía una vestimenta occidental en vez de japonesa, por lo que llamaba la atención en una ciudad donde no predominaban los extranjeros. Les vio hablar a los tres y poco después, Megumi se tensó.
—¡Kanryu!
Sanosuke miró hacia el puente.
—Tiene que ser el hombre trajeado —le comentó—. En el puente.
—A mí el que me preocupa es el hombre alto que está a su lado. ¿Quién es?
—Ni idea. Quizás sea el líder de sus guardaespaldas.
—¡No! —corrigió Megumi—. ¡Es el Capitán! No es de su guardia personal. Es el líder de una banda que recientemente ha contratado Kanryu; un grupo de ex Oniwaban-shu. Él es Aoshi Shinomori, un onmitsu extraordinario que fue nombrado el líder de la banda cuando sólo tenía quince años, justo al final de la guerra —explicó alterada.
Los Oniwaban-shu habían sido un grupo de ninjas que pelearon en la guerra de Restauración Meiji en el bando de los leales al régimen. Si no recordaba mal, su banda se había desarticulado cuando terminó. Pero según indicaba Megumi, se habían convertido en una banda de mercenarios. Sin embargo, le extrañaba que alguien con el perfil de Shinomori, prestara servicios a un traficante de opio.
—¿Por qué trabaja para Kanryu? —preguntó Sanosuke.
—No lo sé —contestó Kenshin. Aunque tampoco era un secreto que muchos samuráis habían acabado arruinados en la nueva era, por lo que podía ser que ellos hubieran corrido el mismo destino y prestar servicios al primero que les pagara—. Pero me temo que va a dar más guerra que el propio Kanryu. De todas formas, estamos hablando de un empresario sospechoso de traficar con opio y una banda de ex Oniwaban-shu. No podemos dejar a Megumi a su suerte.
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Nota final:
Y hasta aquí el primer capítulo de esta parte. No sé cuándo haré el siguiente porque sigo teniendo poco tiempo en general. Pero bueno, irán saliendo poco a poco ;-)
