Los personajes no me pertenecen.
Placer y engaños.
Absorta. Me encontraba en un estado de reflexión al máximo que me impedía distinguir a los demás y a mí alrededor. Supe que Matt me hablaba pero a penas lo veía. Mis ojos no perdían de vista al hombre que ocupaba mis pensamientos últimamente. Sentado de manera gloriosa entre medio de aquella gente importante, destilaba poder y dominación, acciones que quería hacer conmigo también.
Y estaba aquí, rompiéndome la cabeza intentando dilucidar su comportamiento y encontrar una respuesta.
¿Podría aceptar su oferta?
Mi independencia lo era todo para mí. Había tenido que aprender vivir con ella desde muy pequeña, ya que al tener unos padres como los míos no podía seguir siendo una niña y la madurez llegó para mí muy joven. La mayor parte de mi vida tuve que arreglármelas sola y tener que tomar mis propias decisiones, nunca tuve que someterme a alguien o recibir órdenes. Y ahora llegaba él a revolucionar mi vida con su misteriosa actitud e incompresible comportamiento y querer de mí todo.
- Bella ¿Estás bien?- susurró Matt en mi oído acercando su cuerpo al mío. Instintivamente sentí repulsión a su presencia, que el sentirlo tan cerca de mí me incomodaba.
- Sí- dije monótonamente e incómoda.
- ¿Qué es lo que te dijo Cullen?- preguntó abrazándome de la misma forma que cuando entramos. Era extraña la sensación, no me molestó en ese instante que me abrazara o tocara, sentía que ese roce era amistoso sin embargo ahora solo pensaba en que invadía mi espacio personal.
- Nada importante- dije cortante distanciándome de sus brazos. Fruncí el ceño confundido y pude percibir un rubor en sus mejillas, ya no se sentía tan valiente para atreverse a tocarme.
- Okey- murmuró y se separó de mí. Quedamos separados por una pareja rubia que pasaba junto a nosotros.
Una chica se le acercó al nuevamente tímido Matt, era una morena menuda y joven, comenzó a hablarle pero no le pudo sacar palabra al chico, deseé que se fuera con ella en cambio la que terminó yéndose fue ella
El ambiente se tornó incómodo y casi hostil creándose una tensión entre nosotros. Un mudo Matt caminaba tras de mí, como un perro faldero. Edward nos observaba unos metros más allá lo que empeoraba toda la situación.
- ¿Puedes ir a buscarme otra copa?- pedí a Matt, necesitaba liberar la tensión. Un poco de distancia me vendría bien. Asintió y se alejó.
- Señoras y señores. Muchas gracias por todos los presentes…- comenzó a hablar el animador. Puse toda mi atención, o intenté, en el escenario, pero no me enteré de nada, no lo hice porque estaba perturbada ante la mirada penetrante de aquellos ojos verdes. Se encontraba a unos metros de mí aun así lograba ese maldito efecto que no podía controlar. – Ahora, presentamos con ustedes al que hizo posible este evento. Señor Edward Cullen- hizo una venia hacia él mientras éste se dirigía entre aplausos al escenario.
- Buenas noches – dijo sonriendo de esa manera tan arrebatadora hacia el público sacando unas cuantos suspiros-Quiero darle las gracias a todos por estar presentes aquí, y en especial a una persona. Alguien especial - al decir la última frase se escuchó un cuchicheo multitudinario. Él solo se limitó a mirarme de reojo y proseguir.- Este evento, como todos saben, tiene como finalidad recaudar fondos para diversas obras benéficas a diversas instituciones mundiales…- rodé mis ojos, ¿hay algo de este hombre no me sorprenda? Habló por unos minutos sobre la recaudación de fondos y las obras.
– Los dejo a todos invitados a disfrutar de esta fiesta y a gastar mucho dinero- dijo por terminando sacando aplausos y algunas risas.- Espero que todos tengamos una excelente noche- deseó al público en general pero eso era indirecta dirigida hacia mí ya que sus ojos no se despegaban de mí.
El animador volvió al escenario y presentó a Lana de Rey. La chica, hermosa enfundada en un vestido blanco con aire nostálgico se internó en el escenario bajo los aplausos de la multitud.
Entonó una canción titulada "Blue Jeans" una mezcla de sensualidad y misterio con una letra que me produzco un escalofrío.
"Te amaré hasta el fin de los tiempos
Esperaría por ti un millón de años
Promete que recordarás que eres mío
Nene ¿puedes ver a través de las lágrimas?
Te amo más
Que esas perras que estuvieron antes
Di que lo recordaras, oh nene, di que lo recordaras
Te amaré hasta el fin de los tiempos "
Mía, reprodujo mi cabeza aquella voz. Mía.
Mío, me dije. Mío.
Sentí un suave cosquilleo por mi espalda, una caricia rozaba mi piel desnuda.
- Vete ahora, deshazte de él- susurró en mi oído y depositó un beso húmedo en mi cuello. La adrenalina se apoderó de mi cuerpo, mis ojos recorrieron la multitud en busca de alguien que nos observaba pero todos estaban en su propio mundo.
Un frío se produjo en mi cuello ante la lejanía de Edward.
- Bella- me llamó Matt bajito que apenas pude percibirlo. Me volví hacia él interrogante. - ¿Quieres que me vaya?
¿Nos habrá visto?, me pregunté. Abrí la boca para responderle pero no supe qué decir, en realidad Matt se había vuelto un estorbo y no quería tenerlo cerca de mí. Debía deshacerme de él, Edward me esperaba.
- No, ¿quieres irte?- su elección, me dije. No lo echaría, no podría. De todas maneras él había sido de utilidad hoy, y vino sin rechistar.
- Haré lo que tú quieras- su mirada era sumisa, dispuesto a hacer todo lo que yo quería.
- Nos iremos los dos, esto se volvió aburrido- mentí. Lo menos que tenía toda esta situación era aburrimiento, era un caos total. Mi cabeza era un caos.
Asintió y esperó a que yo hiciese algún movimiento. Rodé los ojos y me dirigí a la salida. Cuando iba camino a ella busqué esa mirada verde que me acechaba. Nuestros ojos se encontraron por un segundo y haciéndole saber que me iba, sin palabras, y salí.
Recorrí un pasillo que me dirigía al hall del hotel con el chico siguiéndome. Estaba todo silencioso en comparación del lugar de dónde venía, solo se escuchaba el repicar de mis tacones.
Voces de Edward en aquel encerrado cuarto venían a mi cabeza.
-¿Qué dices?- dijo impaciente. Su cuerpo seguía junto al mío fundiendo su calor con el mío.
- Lo que me estás pidiendo es… ridículo- dije convenciéndome que esto era parte de su jueguito.- Dije que estaba con Matt
- Isabella, eres un pésima mentirosa. Si no lo hubieras besado hoy, no me hubieses convencido de que así era- se mofó.- Pero al verte ahora me doy cuenta que no hay ningún sentimiento de ti hacia él.
Mordí mi labio, me descubrió. Aun así… - ¿Por qué yo?- frunció el ceño, él estaba perdiendo la paciencia.- Puedes tener a cualquier mujer de esta fiesta, Edward- me expliqué.- ¿Por qué insistes en que quieres estar conmigo? Ellas son mucho mejores que yo- dije recordando a la pelirroja de su departamento.
Golpeó la pared con fuerza, sus ojos llenos de rabia me miraron. Me asustó su reacción.- No vuelvas a decir eso- masculló entre dientes, su mandíbula estaba tensa.
- Yo…- balbuceé. Pestañé unas cuantas veces automáticamente y me acerqué más a la pared.- Lo siento- susurré.
Nos miramos por un segundo, su expresión furiosa cambió lentamente a una cansada y triste.- Lo lamento, pero no quiero escucharte decir eso de nuevo- susurró en mi oído.
Cerré mis ojos ante tal cercanía y palabras. Tuve un deseo incomprensible en ese momento, tenía unas ganas inmensas de que me abrazara.
Apoyó su frente sobre la mía. – Dime que sí. Sé mía. - Tú y yo, nadie más- prometió, sellando la promesa con un ardiente beso.
Al distanciarnos para inspirar el aire dijo:
- Encuéntrame a las una en mi departamento- susurró sobre mis labios absorbiendo mi aliento. Asentí y me fui, decidiendo que no podía luchar contra lo inevitable.
Al doblar la esquina llegaría a la entrada y podría irme, sin embargo me detuve abruptamente al escuchar la voz de la pelirroja.
- ¿Por qué no puedo pasar?- chilló.
- No está permitido señorita Denali- era Fred el que hablaba.
- Exijo ver a Edward- gritó exasperada.
- El señor Cullen está ocupado, por favor, no insista- intentó razonar con ella pero la mujer seguía gritando. Matt me miró confundido, puse un dedo en mis labios indicándole que hiciera silencio
- Si no llamas a Cullen en este momento, prometo hacerte la vida imposible- amenazó la mujer.
Estuve a punto de intermediar allí a favor de Fred, cuando de la nada apareció Irina.
- Tanya- la llamó reprochándola. En mi escondite tenía nula visibilidad pero podía escuchar claramente lo que decían. – Vete Jones- ordenó. Se escuchó el sonido de las pisadas alejándose.
- ¿Qué es lo que está haciendo Edward?- exigió saber la pelirroja.
- Edward habló contigo, Tanya, lo dejó todo muy claro
- ¿Crees que le haré caso? Él no es nadie para darme órdenes.
- Deja de insistir Tanya
- A mí nadie me deja, mucho menos Cullen- dijo entre dientes la chica destilando rabia- y otra cosa, Edward nunca se fijará en ti. Nunca. Así que deja de babear por él, es bastante patético.- se burló.
Apoyé mi cabeza en la pared y cerré los ojos. Edward había dejado a Tanya. Un alivio invadió mi cuerpo y me sentí más valiente.
Asomé mi cabeza todavía escondida, seguridad se había amontonado en la puerta y divisé a Irina marchándose nuevamente a la fiesta mientras los hombres sacaban a Tanya.
Cuando el perímetro estuvo despejado le hice a una seña a Matt para que saliésemos.
Fred estaba en la calle con la limusina negra estacionada, esperándonos. Al vernos nos abrió la puerta, Matt se detuvo sin saber qué hacer, le di un empujón dándole a entender que entrase.
- Señorita Swan- saludó Fred una vez ya dentro.
- Fred, ¿cómo estás?
- Muy bien, gracias. ¿Usted?- asentí dándole una sonrisa.
Matt miraba meditabundo por la ventana, pensé en presentarlo pero no quise sacar a Matt de su ensimismamiento.
- Es de Edward- aclaré a su pregunta no formulada. Pestañeó confundido.- La limusina, es de él.
Asintió y volvió su mirada hacia la oscura noche.
El camino fue en silencio. Ninguno habló, solo Matt alzó la voz para darle la dirección a Fred de su casa. Al llegar bajó rápidamente. Salí tras él.
- Nos vemos- dije esperando respuesta, pero lo único que obtuve fue un asentimiento y luego desapareció. Me quedé parada allí dándome cuenta de lo que había hecho. El arrepentimiento me hizo sentir fatal, pensé seriamente en subir a hablar con él y disculparme por lo de hoy. Él no era estúpido y calló en la cuenta de que solo lo utilicé.
- Señorita Swan, entre que está fría la noche- llamó Fred. Mordí mi labio nerviosa y monté la limusina.
El camino a casa de Edward fue más lento ya que vivía en una zona residencial de la ciudad, lo que fue un martirio. Cada metro que se iba acercando el auto perdía un poco más de la valentía y el nerviosismo aumentaba.
- Hasta aquí la dejo señorita Swan- me avisó Fred, asentí y bajé dando un sonoro portazo involuntario. Quedé estancada allí, el auto despareció de mi vista. A pesar de la fría noche, había comenzado a sudar.
Lentamente me dirigí hacia el imperioso edificio. Ignoré a la recepcionista y entré al ascensor. Diversos números me confundieron, instintivamente apreté el último.
Fuera ya del ascensor me acerqué a la puerta del departamento. Estaba levemente abierta así que no tuve que debatirme en llamar. Despacio abrí la puerta internándome en la oscuridad. La luna iluminaba el lugar a través del ventanal. Caminé despacio en busca del interruptor, el cual encontré no muy lejos de la puerta. Observé detenidamente el lugar, elegante y sobrio, una mezcla de blancos y negros que daba un aire moderno y monótono, poco acogedor. Me desplacé por la habitación en busca de algo, una foto, un libro, no lo sé. Algo que me diera información. Nada. No encontré nada, el lugar era tan impersonal que me frustró no poder saber nada de él.
- ¿Y ahora qué?- me dije en medio del lugar. Descansé en uno de los sillones negros de cuero, suaves pero incómodos. Sin embargo algo llamó mi atención, me levanté de un salto al ver el marco.
Lo tomé delicadamente de la pequeña repisa en un rincón de la sala. Una foto escondida y solitaria. En ella se encontraba una mujer, más o menos de unos treinta y tantos. Su rostro ovalado y pálido se iluminada por unos ojos verdes esmeraldas y una cabellera cobriza ondulada y larga. La mujer sonreía a la foto y en sus brazos llevaba a un pequeño bebé en sus brazos.
Analicé a la mujer, hermosa y pálida. Y lo primero que se me vino a la cabeza fue "su madre". Estaba un noventa y nueve por ciento segura que era su madre, esos ojos verdes y su característico rebelde cabello cobrizo debían provenir de ella.
Sentí una especie de ternura ante la foto, el bebé debía ser él. Un pequeño ser humano hermoso e inocente. Al ver aquella foto me hizo sentir a Edward más cercano, más humano.
Detrás de su seguridad y dominación había algo más, que no podía percibir. Algo que escondía, historias y vivencias que desconocidas. Dentro de aquel Edward había un hombre diferente y yo quería conocerlo, lo ansiaba.
Me sobresalté ante el sonido de un tintineo, me volví hacia el sonido escondiendo la foto en mi espalda. Y allí estaba él, apoyado en el marco de la puerta que daba a la cocina. Completamente desordenado y sexy, llevaba un vaso en su mano derecha y un cigarro en sus labios. Enarcó una ceja y yo solo mordí mi labio con fuerza, nerviosa.
Se aproximó hacia mí con ese andar felino, tomó la foto que tenía en mi mano rozándola. La observó por un breve momento y la dejó en su sitio. Al hacerlo quedamos a centímetros, podía sentir la mezcla de su perfume con el cigarro que ahora llevaba en su mano.
- Es tu madre- exclamé, no fue una pregunta. Sus ojos verdes se posaron en mí, tristes, casi melancólicos. Me alarmó su expresión, parecía un niño pequeño lo que me hizo querer abrazarlo para eliminar la tristeza de sus ojos. Sin embargo todo rastro de melancolía duró segundos para dar paso a la pedantería.
Extendió el vaso con hielo, ofreciéndomelo.
- No, gracias- me excusé. No quería beber, necesitaba mis cinco sentidos.
Aspiró el cigarro y acercó su boca a la mía, depositando el humo de mi boca. Inspiré el humo, una sustancia tóxica que me relajó por completo.
Volvió a poner el vaso frente a mí, instándome a que se lo recibiese. Lo hice.
Se dirigió al bar e hizo un trago para él. Todo era silencio. Decidí hablar, esto me estaba poniendo demasiado nerviosa.
- Creí que seguías en la fiesta- comenté por decir algo. Se me vino a la mente la pelirroja ¿Habló con ella finalmente?
No pronunció palabra, ni siquiera hizo alusión de escucharme. Bebió el líquido y lo saboreó, se tomó su tiempo mientras yo estaba de pie al otro extremo de la habitación con el frío vaso en la mano.
- Siéntate- ordenó. Nos miramos, él con esa expresión demandante y yo, bueno, no quería hacerlo. Era estúpido, pero mi naturaleza me llamaba a rebelarme a su orden.
No lo hice, por supuesto. Al percatarse de que yo no seguiría su orden sonrió, lentamente, esa sonrisa ladeada que indicaba "problemas".
- Vi a Tanya- le dije. La idea de este comentario era que me aclarase la situación con Tanya y no que se quedara callado como lo hizo.
Esperé.- ¿Quieres hablar de Tanya?- preguntó burlonamente.
No. – Sí.
Bufó y llevó una mano a su cabello, despeinándolo al máximo. Me senté en el brazo del sofá mientras que bebía involuntariamente, casi por inercia, el wiski.
- Bien- hizo una mueca.- Hablemos de Tanya.
- ¿Sigues con ella?- necesito escucharlo de su propia boca.
- ¿Eso es importante para ti?- Asentí.
Exhaló aire ruidosamente.- No- dijo finalmente.
- Ella quería hablar contigo…
- ¡Basta!- exclamó.
- Merezco saber. ¿No crees?- bufé frustrada.
- Yo no doy explicaciones sobre lo que hago.
- ¿Cómo quieres que confié en ti?
- Ya lo haces- dijo pedantemente.
Fruncí el ceño.- ¿Qué te hace pensar eso?
- Estás aquí ¿no?- miré a mi alrededor cayendo en la cuenta de que tenía razón.- Fue tu decisión estar aquí.
- No sé si debería confiar en ti- susurré tragando lo que me quedaba wiskhy.
Caminó hasta quedar a centímetros de mí y levantó mi barbilla. Me tensé al instante.- Tranquila- me dijo al notarlo.- Yo no muerdo… a menos que tú quieras- bromeó.
Solté una risita nerviosa.- ¿Quieres más?- preguntó al ver mi vaso vacío. Asentí sin saber muy bien lo que estaba haciendo.
Tomó mi mano y me guió hasta el bar.- Ten
Lo bebí rápido, sin saborearlo. Pasó de mi boca hasta mi garganta quemándome.
Él se sirvió otro y lo bebía a sorbitos mientras me miraba.- ¿Más?
Asentí. Hicimos el mismo proceso. Él todavía no terminaba el suyo.
Dejó el vaso encima del mesón y sonrió. Acercó nuestros rostros y me besó.
Introdujo su lengua en mi boca y comenzó a moverla. Suave y lento, una danza erótica. Llevé mis manos a su cabello y lo tiré mientras él deslizaba sus manos por mi cuerpo hasta fijarlas en mi cintura.
- Me emborrachaste- le dije entre jadeos. No estaba del todo borracha pero era una buena excusa por no estar haciendo lo correcto.
- ¡Sssh!- me hizo callar con otro beso más intenso. Sus manos avariciosas comenzaron un camino por mis piernas, recordé aquella noche en que hizo lo mismo y terminó dándome placer con sus manos. El recuerdo hizo que me mojase y excitase.
- Esto no está bien, no debería hacer esto- farfullé recordando el comentario de Eric sobre Edward. – No contigo…-
- Cállate- siseó tirando de mi pelo, fue bruto y salvaje dejando mi rostro alzado hacia él.- Yo no hago lo correcto, hago lo que quiero. Y es a ti a quién quiero. Ahora.
Y sin darme cuenta, iba en sus brazos en dirección a su habitación.
Me depositó en la, ya conocida, cama. Se distanció quedando yo acostado y él de pie frente a mí. Llevó sus manos a su corbata y la quitó, luego la chaqueta, los zapatos y calcetines. Quedó solo con su camisa y pantalón frente a mí. Estiró la mano y ayudó a pararme.
- Desnúdame- mandó cuando estaba frente a él.
- ¿Qué?
- Desnúdame- repitió tomando mis manos y dirigiéndolas al primer botón de su camisa.
Temerosa hice lo que me ordenó. Uno por uno desabroché los botones bajo la atenta mirada de Edward. Cuando estuvo abierta contemplé ese torso magnífico.
Deseé tocarlo, me picaban las manos pero no me atreví.
- Quítamela.
Obediente pasé mis manos por sus hombros y la quité cuidadosamente, sin tocarlo. Sujetó mi mano derecha y la acercó a su pecho.
- Tócame- susurró. Suavemente toqué su cuerpo. Su pecho, abdominales, sus bíceps y su cuello.
- El pantalón- me recordó. Bajé mi vista hacia esa prenda y me encontré con su erección.
Mierda, pensé. Excitada y asustada bajé mis manos hasta ese lugar. Quité su cinturón, desabroché el botón y pausadamente bajé el cierre de este.
La prenda cayó a sus pies revelando un bóxer negro. Puse mis manos alrededor de su cintura y los bajé.
Y allí estaba él, en gloria y majestad. Completamente desnudo con una gran erección esperando por mí.
Agarró mis manos, después de que pateara la ropa lejos, haciendo un camino desde su pecho hasta esa parte de su anatomía.
Envolvió mi mano alrededor de su pene, pude sentirlo suave y potente. Estaba excitada, demasiado, mis pezones se notaban ya debajo de mi vestido. Necesitaban atención.
Levanté la mirada a su rostro encontrándome con una expresión de placer. Tenía sus ojos cerrados y sus labios semi abiertos y jadeantes.
En un arranque de osadía lo apreté sin perderme de su expresión. Un rugido salió de sus labios.
Valiente, comencé a mover mi mano alrededor de su pene. Su pecho subía y bajaba y su respiración era irregular. Nunca pensé que masturbaría a un hombre ni mucho menos pensé que eso me haría sentir poderosa.
Tenía su placer en mis manos, sonreí triunfal.
- Suficiente- exclamó rugiendo y quitando mi mano. Toda la valentía se fue a la mierda al ver sus ojos oscuros.- Ahora tu turno.
Encontró fácilmente el cierre de mi vestido y lo bajo tocando lo que quedaba al desnudo. Sin ruido mi vestido cayó a mis pies dejándome solo en pantaletas y tacones.
Se lamió el labio, un gesto erótico y sexy que me encendió.
Me recostó nuevamente en la cama y bajo su rostro hasta mi vientre. Sus dedos viajaron hasta mi cadera y quitó la última prenda que estorbaba.
Oleó mi vagina, como si estuviera deleitándose. Tomó mis piernas y con maestría las llevó hasta sus hombros dejándome completamente abierta y a su merced.
No hubo "preliminares", fue directo al grano o a mi clítoris. Su lengua experta saboreó cada pliegue, saboreó mis jugos y jugueteó con mi clítoris.
Hundió su lengua en mi abertura lo que me hizo gemir de placer. Luego con el pulgar e índice apretó mi hinchado clítoris.
- Mierda- grité ante el dolor y placer que eso me produjo. Su lengua comenzó un vaivén dentro de mí y sus dedos se dedicaron a estimular mi clítoris.
Un calor recorrió mi cuerpo hasta mi vientre, podía sentirlo cerca.
- Edward yo… - no pude terminar la frase porque el orgasmo me atrapó cuando su legua fue sustituida por sus dedos. Mi vientre se contrajo y mi espalda se arqueó.
Podía sentirlo mis pezones adoloridos y no sentía mis piernas. Bajé mi vista, él seguía allí saboreando mis jugos.
Nuestros ojos se encontraron, sus ojos ardientes me excitaron de nuevo. Pasó su lengua por sus labios.
Bajó mis piernas pero las dejó abiertas, se posicionó entre ellas. Mi débil cuerpo después del orgasmo, me impedía moverme.
Sus labios se juntaron con los míos y abriendo mi boca introdujo su lengua. Sentí mi sabor en su boca, y me excito. Fue sucio y erótico que me hizo mojarme nuevamente. Sus labios bajaron por mi cuello hasta mis pezones, dejando un camino húmedo.
Chupó, succionó, y mordió mis pezones dándose su tiempo con cada uno. Gemidos y jadeos salían de nuestros labios.
Su mano se fue a mi zona íntima y tanteó mientras tiraba con fuerza un pezón.
Solté un gemido y se lo soltó. – Estás tan húmeda, tan receptiva.
Hundió nuevamente un dedo y mis caderas se movieron creando fricción.- Estás lista para mí.
Del velador sacó un condón y se hincó frente a mí. Con los dientes rompió el paquete, pude notar un poco de semen en la punta de su pene. Lo masturbó un poco frente a mí y colocó el condón.
Abrió mis piernas e hizo que rodeara su cadera con ellas. La punta está posicionada para entrar, solo un empujoncito bastaba.
- Espero que estés preparada porque será una larga noche.
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