-Capitolo Decimo-
Lotta Vongola
—XX-Burner.
El fuego lo inundó todo. Hasta el más rápido de los objetivos parecía volverse cenizas dentro del incesante torrente naranja. El mismo cielo pareció teñirse del color del ocaso ante la presencia de las abrasadoras llamas. Todos y cada uno de los enemigos que rodeaban al Décimo Vongola en el cielo cayeron como moscas, ennegrecidos por las flamas nacidas de la voluntad del capo.
—¿Ya has terminado tú también?
El cabello carmesí del compañero de Tsuna, Enma Kozato, resplandeció a la luz del sol poniente. A su espalda, un número de agentes de Stella Vuota similar al que el Vongola acababa de abatir eran engullidos por el duro suelo, como si una fuerza invivible e imposible de comprender les estuviera empujando violentamente.
—Eran demasiado débiles… —dijo, sin deshacer su Modo Híper Última Voluntad— Es imposible que ellos hayan tomado todas las bases que tiene la mafia aquí, en Nueva Zelanda.
—No puedo discutirte eso… Debe haber alguien más con ellos. Alguien realmente poderoso.
—Y no puede estar muy lejos.
Enma sonrió. Sus ojos escarlatas brillaron con intensidad.
—La Súper Intuición de los Vongola, ¿eh?
—Sí… Sin embargo, esta vez es diferente… Presiento peligro.
Dolor. Era lo único que Chikusa podía sentir en ese momento. La vista se le nublaba intermitentemente, impidiéndole ver correctamente lo que estaba ocurriendo.
—¡Chikusa! ¿¡Estás bien!? —exclamó Ken. Los colmillos y garras de su Wolf Channel resplandecían con el color dorado característico de las Llamas del Sol. Él también estaba herido, no cabía duda de ello.
—Sí, aún puedo continuar… —trató de ignorar el sufrimiento que le producían sus heridas, e hizo girar de nuevo sus yo-yos. Trató de imbuirlos con sus Llamas de Lluvia, pero fue inútil. Cayó al suelo, derrotado. La última imagen que alcanzo a ver fue la de su compañero siendo atacado por la Caja de su oponente —Un águila… un águila añil…
—¿Has acabado, escoria?
—Sería de agradecer que dejase de insultarme, Kikyo-san… —se quejó Glo Xinia.
—Ni lo sueñes —respondió el peliverde, al tiempo que desactivaba su Caja de Matanza.
—Cambiando de tema… Eran bastante débiles, ¿no? —comentó el hombre de gafas al tiempo que guardaba su Kraken di Pioggia de nuevo a su caja.
—No te confíes, basura… No tardarán en traer refuerzos.
—¿Más aún? Se nos están acumulando los cuerpos inconscientes en el jardín.
—Por una vez, tienes razón… Oye, ¿por qué no lo limpias?
—¿Qué? ¿Yo sólo? ¿Sin ayuda?
—Puede ayudarte tu pulpo gigante, si quieres.
—¡Es un calamar! —se quejó el científico—. De todas formas, eso no es importante… ¿Tú que vas a hacer mientras?
—Darme un baño… Luchar tanto está haciendo que me llene de sudor y de polvo, y es muy desagradable —declaró la Corona Fúnebre de la Nube al tiempo que atravesaba el umbral de la puerta de la mansión.
—¿Y qué pasa con lo de no confiarnos…? —musitó Glo mientras veía desaparecer a su compañero.
—Nos están rodeando —señaló Yamamoto.
—¡No me digas, no me había dado cuenta! —gritó Gokudera, tratando sin éxito de sonar irónico.
—Se te ve nervioso, Gokudera-kun… ¿Por qué no te tranquilizas un poco?
—¡Escúchame, maldito friki del béisbol, no me digas que me tranquilice cuando hay como doscientos enemigos rodeándonos con pistolas, ametralladoras y cajas de combate!
—¿Son mucho para ti? —se rio el décimo Guardián de la Lluvia, para mayor irritación del peliblanco.
—Bastardo… ¿Insinúas que soy débil? ¡Puedo vencerlos a todos con los ojos cerrados!
—Entonces, ¿de qué te quejas?
Gokudera sonrió.
—De que es una pena echar a perder tantas armas.
—¡Ka, ka, ka! Ese es el Hayato que yo conozco. Bueno, ¿con los ojos cerrados, entonces?
Yamamoto cerró los ojos y, colocándose en posición de batalla, se abalanzó contra las hordas de enemigos.
—¡Idiota, no lo decía literalmente! ¡Y no me llames por mi nombre! —a pesar de su afirmación, el Guardián de la Tormenta cerró sus ojos también, y apuntó con su guantelete cargado de dinamita a sus enemigos—. ¡Rocket Bomb Ver. X!
De vuelta en la Mansión Vongola, Nicole descansaba en su cama, pensando en todo lo que había ocurrido en la Prisión Vendicare.
—No lo voy a tener nada fácil….
—En efecto, y cada vez va a ser más duro —confirmó una voz chillona detrás de ella, que le hizo sobresaltarse del susto.
—¡Reborn! ¡No aparezcas así!
—Había olvidado lo fácil que es sorprenderos en mi forma de bebé —dijo el chiquillo, ocultando sus ojos balo el ala de su sombrero y sonriendo de manera siniestra—. De todas maneras, ya son las diez de la mañana. Te he dejado dormir demasiado, y ahora toca entrenar. Sobre todo, ahora que tu padre te ha añadido una hora más de entrenamiento.
La última frase hizo que la chica se estremeciera notoriamente.
—Lo estoy deseando… —sonrió ella falsamente, al tiempo que temblaba de puro terror.
—No hace falta que mientas —le reprendió el Arcobaleno—. Igual consigues que me crea que te gusta, y lo intensifique un poco —se rio.
—¡NO!
—Señorito Francesco, ¿no cree que debería salir ya de su habitación? —propuso Ooyama por sexta vez.
—No.
—Ehm… ¿Por favor?
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no.
—¿Le molesta que le hayan visto en su apariencia de niño?
—….
—¿Es eso, verdad? —suspiró el Guardián de la Montaña de Simon.
—No.
—Señorito… Reborn me pidió que le sacase de su habitación no importa qué, así que si se niega a salir, tendré que destruir la puerta y llevarle conmigo.
—…
—De acuerdo —Rauji se encogió de hombros y activó su Anillo Simon, transformándolo en una armadura anaranjada, cubriendo así sus brazos y espalda alta—. A la de tres, voy a golpear la puerta. Uno…
—…
—Dos…
—….
—Y…
Ooyama se preparó para pegarle un contundente puñetazo a la puerta del joven, pero ésta se abrió antes de que él hiciera nada. De ella, Fran salió en su forma de niño de siete años.
—Así me gusta. ¿No va a restaurar la ilusión?
—Ahora ya…
El grandullón se encogió de hombros, desactivó su anillo, y escoltó al chico hasta los jardines de la mansión.
—¿Quiere contarme por qué oculta su apariencia infantil?
El joven Rokudo suspiró con pesadez.
—Soy muy inteligente para mi edad. Y maduro. Demasiado, probablemente. Suelo tener algo que decir respecto a cualquier tema, y casi nunca es una opinión precisamente infantil. Además, ya soy bastante bueno con las ilusiones, y más o menos controlo mi Llama. Sin embargo, nada de eso me sirve para nada si tengo el aspecto de un niño de siete años, básicamente porque nadie va a tomarme en serio. Por eso finjo ser mayor.
Rauji asintió en señal de entendimiento.
—¿Sabes? No creo que ni la Señorita Nicole ni ninguno de sus compañeros Guardianes vayan a tomarle a broma, señorito. Ya ha demostrado de lo que es capaz; no le van a tratar como a un niño, se lo aseguro… Además, piense que su tutor es un bebé, ¿puede haber algo más raro que eso?
Era cierto, Reborn había vuelto a su forma de bebé. ¿Se debería a causa del uso del Pacificador del Sol? ¿O quizá a otra cosa? El resto de los Arcobaleno, a excepción de Yuni, residían en la Mansión Vongola y, en principio, su aspecto no parecía haberse alterado… Eso requeriría un poco de investigación por su parte.
Ixavi se estaba cansando de esperar. ¿Dónde estaba el mocoso de Mukuro? Una cosa era ser lento, y otra eternizarse.
—Relájate, hombre… Seguro que no tarda mucho más —comentó Luca, en vista del creciente mal humor de la Tormenta.
—Supongo que estará preocupado porque le hemos visto en su aspecto real… Parecía bastante preocupado por su imagen.
—Ehm… Chicos… Creo que viene por ahí —dijo Rapsodia.
El joven, en su forma infantil, se presentó ante ellos acompañado del gigantesco Guardián Simon de pelo castaño.
—¿Qué miráis? —preguntó el de ojos dispares, un poco a la defensiva.
—A ti, retaco —respondió el rubio, haciendo alarde de su sempiterna amabilidad—. ¿Por qué has tardado tanto? Tenemos un entrenamiento que hacer.
—Estaba ocupándome de algo importante, lo siento…
—Fran… —se apresuró a decir Nicole—. No sé si se te ha pasado esa idea por la cabeza o no, pero nadie te va a menospreciar por ser más pequeño. Ten en cuenta que ya conocíamos tu edad real de antemano. Además, eres el único con el que puedo contar para aportar algo de sentido común a este grupo de chalados, ¿cómo te voy a hacer de menos?
La chica se acercó a abrazar al niño, al que se le escapó una lagrimita, al tiempo que Luca sonreía despreocupadamente, Rapsodia observaba la escena con ternura, e Ixavi refunfuñaba para sus adentros qué era eso de "grupo de chalados".
—Bien, ahora que estáis todos, es hora de reanudar vuestro entrenamiento.
Todos se giraron, sobresaltados, sólo para ver a Reborn, que les hablaba desde el hombro de lo que parecía ser un robot de combate gigante.
—¡Ciaossu! —saludó el hitman—. Hoy he preparado una sesión de entrenamiento muy especial. Dados los eventos acaecidos en la Prisión Vendicare, creo que ya es hora de que os entrenéis en combate real. Este que tengo aquí se llama Gola Mosca, y es una versión un poco antigua del Green Mosca que utilizan los Varia actualmente en sus operaciones especiales —Ixavi tragó saliva ante la mención de la máquina de destrucción masiva que porta el Anillo Varia de la Nube—. Spanner lo ha rediseñado para que sea uno de vuestros entrenadores particulares hoy, junto con otros cuatro a los que he reunido.
Rauji se acercó a Reborn, al tiempo que un joven asiático de pelo negro salía de detrás del robot.
—¿Ese quién es? —inquirió un mosqueado Ixavi.
—Mi nombre es Fon —saludó respetuosamente el aludido—. Reborn me ha pedido que le eche una mano con el entrenamiento de uno de vosotros. Es un placer —concluyó al tiempo que hacía una reverencia propia de las artes marciales chinas.
—Perdón por llegar tarde, he tenido que retrasar una cita para poder venir, y el sujeto se puso pesado.
Ixavi se giró para ver cómo una mujer de cabello y ojos anaranjados, ataviada con un vestido corto negro, sandalias, y un choker del mismo color que el vestido, se acercaba contando un fajo de billetes.
—¿Qué hace ella aquí? —preguntó Fran con evidente fastidio.
—Tsuna la dejó aquí a petición de Chrome para asegurar tu protección, en caso de ser necesario. Y, bueno, ya que no estaba haciendo absolutamente nada, le pedí amablemente que me ayudara con vuestro entrenamiento.
—Si por "pedir amablemente" te refieres a "amenazar con destruir mi caja fuerte", entonces sí, más o menos fue así —confirmó M.M.
Reborn sonrió.
—Bueno, entonces estamos. Luca, irás con Fon. Rapsodia, con Rauji. Ixavi, tú te enfrentarás a M.M.; y Nicole, a ti te toca el Mosca.
Reborn saltó del hombro del robot, e indicó a su protegida que siguiera a la máquina, al tiempo que los otros Guardianes eran acompañados por sus respectivos tutores a los lugares donde iban a entrenar. Tan sólo Fran permaneció en el sitio.
—Reborn… ¿Y yo?
—Tú entrenarás aquí —respondió el Arcobaleno del Sol—. Conmigo.
—Me he cargado a 276 —dijo Gokudera después de derribar a todos los subordinados de Stella Vuota.
—Yo a 281. Me parece que he ganado —rio Yamamoto.
—Grrrr…. —gruñó la Tormenta—. La próxima vez ganaré yo. Sigamos avanzando.
Takeshi se encogió de hombros y siguió a su amigo.
—Entonces… ¿Qué estás haciendo, Shou-chan?
—La Base Melone es lo más parecido a una caja de combate que he tenido nunca. Si consigo, digamos, reprogramarla, podría convertirse en un arma súper poderosa contra Stella Vuota. Sin embargo, Byakuran-san, para hacerlo, necesito que dejes de jugar con la silla giratoria y vayas a ocuparte de los enemigos que nos están atacando, si eres tan amable.
—¿Puedes concentrarlos a todos en la misma sala? —pidió el líder de Millefiore—. Me da pereza tener que buscarlos.
Irie suspiró.
—Me pondré a ello —respondió simplemente.
—Entonces… ¿Tengo que enfrentarme a una chica? —se quejó Ixavi—. No es por nada, pero no quisiera que salieras demasiado herida…
El joven no tuvo tiempo a terminar su frase, cuando algo le golpeó con fuerza en la cabeza. M.M. se había situado tras de él rápidamente, y le había atacado con su clarinete-nunchaco.
—Demasiado lento —comentó la pelirroja, molestando notoriamente a su contrincante.
—Vale… ¡Ahora sí que te has ganado una paliza!
Ixavi agarró el arma de la chica con su mano derecha, y tiró con fuerza de ella a fin de derribar a su oponente. Sin embargo, cuando M.M. aterrizó, en lugar de darse de bruces contra el suelo, cayó ágilmente de pie y, encendiendo su arma/instrumento con sus Llamas del Sol, obligó al chico a soltarlo por el calor. Inmediatamente después, la seguidora de Mukuro se retiró un poco para continuar el combate.
—¿Qué decías de enfrentarte a una chica? —preguntó ella con sorna.
Ixavi se limitó a gruñir, y a encender las llamas rojas de su Anillo Vongola de la Tormenta.
—Ahora te vas a enterar…
Rauji bloqueaba con facilidad los incesantes ataques de las guadañas de Rapsodia, que se esforzaba por impactar o, al menos, rozar alguna parte blanda de su cuerpo, para acabar siempre chocando con alguna pieza de la armadura del Guardián de la Montaña.
—Eres ágil, joven, pero a tus ataques les falta contundencia.
—Lo… Lo siento.
—No te disculpes ante un oponente. Te hará perder tiempo. Y perder tiempo durante una batalla puede costarte la vida.
—¡Lo siento! Esto… Quiero decir…. ¿Lo siento por decir "lo siento"?
Ooyama suspiró.
—Supongo que habrá que intensificar un poco el entrenamiento —Rauji concentró su energía, intensificando la llama roja en su frente—. ¿Y si añadimos obstáculos? ¡Mountain Creation!
Varios anillos de letras se extendieron por el suelo, al tiempo que este temblaba. La roca se comenzó a agrietar, y unos trozos de suelo se elevaron sobre otros, creando un terreno desigual similar al de un cañón.
—¡Ay! —gritó Nicole tras, después de muchos intentos, lograr propinarle a Mosca una patada con éxito—. ¡Esta cosa es de acero puro! ¿¡Cómo se supone que derrote a golpes a algo así!?
El robot extendió una mano, y comenzó a disparar balas con sus dedos. Nicole las esquivó con dificultad y le dio otra patada al monstruo metálico, hiriéndose a sí misma en el proceso.
—Así no lo voy a conseguir nunca…
—Concuerdo contigo —respondió el robot.
—Gracias por los ánimos —ironizó la joven—. Espera… ¿¡Acabas de hablar!?
—Sí.
—¿Un robot me está hablando?
—No.
—Acabas de decir que sí.
—¡No soy el robot! ¡Soy Spanner! Estoy dentro, pilotándolo. Esta cosa es tan primitiva que funciona con Llamas de la Última Voluntad.
—¿En serio?
—Sí, y como sigas golpeándolo con tus piernas desnudas, me va a dejar seco antes de que consigas abollarlo.
—¿Y cómo quieres que lo venza?
—¡Eres una Vongola! ¡Usa tus llamas!
—¿Llamas? Quieres decir, ¿como mi padre?
—A ver, tienes un anillo, ¿no?
—Tengo medio.
—Valdrá. ¿Tienes una caja, o algo?
—No.
—¿Por qué no tienes una caja?
—Reborn dice que no necesito algo como eso.
—Ay, madre… Entonces, ¿tienes un arma?
—¿Arma?
—Sí, ya sabes. Como los X-Gloves de tu padre, o el cetro de tu abuelo…
—No tengo nada como eso.
—¿Te estás enfrentando a un Mosca desarmada?
—Ajá.
—¿¡En qué está pensando el bastardo de Reborn? ¡Si esta cosa se descontrola, podría matarte!
—Ah, ¿que se puede descontrolar?
—Este modelo de Mosca está tan obsoleto que, sinceramente, para mí puede pasar básicamente cualquier cosa.
Una gota de sudor del tamaño de un campanario se deslizó por la frente de la ahora nerviosísima Nicole.
–¿Y si… sales de ahí, o algo? —propuso la chica.
—No puedo —respondió el científico.
—¿Por qué no?
—Estoy atrapado. Tienes que destruirlo para liberarme.
—¿Va en serio?
—Sí
—Pero… No puedo destruirlo….
—Cierto… Bueno, buena suerte.
—¡REBOOOOOOOOOOOOORN! —gritó Nicole entre aterrada y furiosa.
—Creo que Nicole te llama, Reborn —comentó Fran.
—Déjala, se las arreglará —respondió el bebé—. El que me interesa ahora mismo eres tú. ¿Cuándo planeas usar de verdad tus poderes?
—Entonces lo sabes…
—Claro que lo sé. Lo sé todo sobre todos, acostúmbrate a eso. Entonces, ¿me vas a dejar verlos?
—¿Mis poderes?
—Tus ojos.
—Mis padres me tienen puesta una barrera de contención. No creo que sea correcto que la libere sólo para un entrenamiento.
—Libera sólo el primer nivel.
—Así que también sabes eso…
—También sé que es el que más te desagrada —sonrió el Arcobaleno.
—¿Y por eso me pides que lo deshaga?
Reborn se limitó a ocultar sus ojos bajo la sombra del Fedora.
—¿Podrás liberarlo si la situación lo requiere?
—…
—Venga, Francesco. Demuéstrame dónde está tu lealtad a Vongola… Y a Nicole.
—¿No me queda otra?
—Puedes no hacerlo, pero… Te voy a atacar con todas mis fuerzas, de todas formas. Tú verás cómo te defiendes.
Y dicho eso, Leon se convirtió en la clásica pistola del hitman, que se preparó para la batalla.
—Tengo una orden especial para nuestro enfrentamiento, joven Izana.
—¿Y cuál es? —preguntó el confiado chico mientras se estiraba.
—No podemos usar armas de ningún tipo. Tampoco nuestras llamas.
—Fon… Te llamabas así, ¿no? He hecho kick boxing desde que tengo ocho años, y soy cinturón negro de taekwondo. Creo que podré luchar sin armas.
El Arcobaleno de la Tormenta sonrió.
—Me alegra oír eso… —reconoció Fon al tiempo que se colocaba sobre una pierna, listo para enfrentarse a la joven Lluvia.
—Nada por aquí —dijo Mukuro—. ¿Tú has encontrado algo, Chrome?
—Tan sólo salas vacías —negó la ex Guardiana de la Niebla sustituta—. Quizá Irie-kun se equivocó con sus cálculos…
—¿Shoichi Irie equivocándose? Permíteme dudar —rio Mukuro, para ponerse serio inmediatamente después—. Creo que hemos caído derechitos en su trampa… Kufufufufufufu, la cosa se pone interesante.
—Buenas tardes, queridos Vongola… Es un placer recibirlos en esta, mi humilde morada. ¿Sería una molestia que les invite a irse, y así evitamos un derramamiento innecesario de sangre?
—¿De dónde ha salido…?
—Ha estado ahí todo el tiempo, oculto. Es un buen ilusionista… Dinos, ¿trabajas para Stella Vuota?
—A veces… Comprendedlo, uno tiene que ganarse el pan de cada día.
—Lo comprendo perfectamente, y lamento decirte que eso te convierte en nuestro enemigo —respondió Mukuro, al tiempo que su pupila derecha tomaba la forma del kanji "四" y se cubría con una tenue Llama de Niebla.
Chrome sujetó su tridente con fuerza, preparándose también para el combate. Sin embargo, de repente, un escalofrío que conocía muy bien recorrió su espalda, y miró a Mukuro con preocupación.
—Mukuro, el sello…
—Lo sé. Tranquila, sólo ha sido la primera capa. Probablemente haya sido cosa de Reborn… O eso espero. Por ahora, centrémonos en lo que tenemos delante. ¡Gufo della Niebbia Ver. X! —exclamó el ilusionista para invocar a Mukurowl desde su Pendiente Vongola —. ¡Cambio Forma!
Mukurowl se transformó rápidamente en un khakkhara rodeado por varios anillos de letras que se movían incesantemente, y la chaqueta del traje de Mukuro se transformó en una especie de casaca militar.
—¿Estás lista, Chrome?
—Sigo preocupada por Fran…
—Yo también, pero está en buenas manos. Necesitamos concentrarnos. El más mínimo desliz puede costarnos la vida.
La chica soltó una leve risita, ante el asombro de su esposo.
—¿Ahora qué pasa? —preguntó él.
—Mukuro Rokudo acaba de admitir que está preocupado por alguien.
El décimo Guardián de la Niebla se sonrojó ligeramente.
—Creo que no es momento para bromas, Chrome.
—¿Habéis acabado ya vuestra conversación? Es vuestra última oportunidad para iros de aquí, ya sabéis —señaló su misterioso y poco hospitalario anfitrión, mientras jugueteaba con una caja de combate añil con la misma estrella de doce puntas que tenía grabada la de Luca.
Ixavi cayó al suelo, jadeando. Esa mujer era oficialmente el enemigo más duro al que se había enfrentado en un 1 vs 1. Bueno, no, ese era su padre. Pero a eso no se le podía llamar "enfrentamiento".
—Y bueno… ¿Vas a seguir haciéndote el macho alfa, o vas a admitir de una vez que soy más fuerte que tú?
—Je… No eres más fuerte que yo. No es nada personal, es sólo que NADIE es más fuerte que yo.
—¿Y Xanxus?
—¡El viejo no cuenta! Aun así, dame tiempo… Con un poco de práctica, le superaré con creces.
—Por favor, en tu estado actual no puedes dar batalla ni contra Chikusa.
—Eso está por ver… —Ixavi sacó de su bolsillo lo que parecía ser una caja roja con el símbolo de la Vongola grabado en relieve—. Es la primera vez que la uso, pero igual funciona… ¡Smilodon della Tempesta!
La caja se abrió, liberando un haz de llamas escarlatas que se concentró en la forma de un gigantesco felino con afilados colmillos del tamaño de espadas. Era anaranjado y de furiosos ojos ambarinos. De la parte de atrás de sus orejas y de sus patas, así como de la punta de su cola, emergían unas intensas llamas rojas que bailaban locamente al son del viento.
—Ya veo… Así que a esto se refería Reborn con lo de su Llama…
—¿Algún problema con mi Llama? ¡Sí, no heredé las Llamas de la Ira de mi padre! Pensaba que a estas alturas, ya se habría dado cuenta todo el mundo.
—No me refería a eso. Su intensidad… Es tan brutal que casi da miedo.
—¿Eso es que rindes?
—Nopi. Eso ha sido un "tendré que tomármelo en serio".
Y, tras decir eso, M.M. imbuyó su clarinete con sus Llamas del Sol y, replegando su forma de nunchaco, se lo colocó entre sus labios, preparada para soplar.
Luca mordió el polvo por octava vez desde que había comenzado el entrenamiento. ¿O era la novena? No, era la décima, sí.
La cuestión es que el tal Fon era fuerte. Demasiado. Se movía literalmente a la velocidad de la luz, y sus golpes quemaban de lo fuertes que eran. Lo único que consolaba al Guardián de la Lluvia era el hecho de que cada vez aguantaba un poquito más. La primera vez fue abatido de un golpe. La siguiente, de tres. Para la última vez, el chino había necesitado golpearle veinticinco veces para hacerle caer. E incluso había bloqueado dos golpes y esquivado uno.
Poco a poco, se iba acostumbrando al ritmo de su adversario. Tan sólo necesitaba golpearle una vez…
Luca se levantó y plantó cara, de nuevo, al Arcobaleno de la Tormenta. El chico sonrió y, con la mano, le retó a golpearle otra vez. Fon asintió levemente y se volvió a colocar en posición de batalla. En unos segundos, estuvo frente a Luca, el cual pudo, a duras penas, bloquear un golpe de su adversario con el brazo. Inmediatamente después, le agarró con su mano libre y, en una maniobra más propia del judo que del taekwondo, le lanzó hacia atrás y le hizo caer al suelo.
—¡Ja! ¿Qué te ha parecido eso?
—No ha estado mal… —admitió Fon, sonriendo—. Aunque en defensa de mi orgullo de artista marcial, he de decir que estaba luchando al 15% de mi capacidad, aproximadamente.
La cara de Luca después de escuchar ese dato fue una auténtica obra de arte, digna de Picasso o de Munch.
—Entonces… No tengo ninguna posibilidad de vencerte, ¿verdad?
—No conozco a mucha gente que la tenga, de todas maneras —reconoció el chino.
—¿Quién eres…?
—Me presentaré de nuevo. Mi nombre es Fon, Arcobaleno de la Tormenta. En otros tiempos, fui campeón del mundo de artes marciales. De todas y cada una de ellas. Tengo un dominio perfecto de todas las formas de combate cuerpo a cuerpo, desde muay thai hasta Systema, pasando por el ninpō, kung-fu, el Chun Kuk Do, y estilos menos refinados, como el krav magá y las MMA.
—¿El Chun Kuk Do no es relativamente actual?
—Imagina lo difícil que fue dominarla con un cuerpo de bebé.
Vale, ese chico era un total y absoluto genio. Espera, dijo "cuerpo de bebé", ¿verdad? ¿Era uno de esos tipos raros que eran como Reborn? ¿Se había estado enfrentando a una de las siete personas más poderosas del mundo?
—Guau… —se limitó a decir Luca—. Entonces, ¿cómo se suponía que iba a vencerte?
—No podías. Mi cometido hoy era evaluar tus capacidades físicas y motrices para saber en qué forma de lucha debía entrenarte después. Sobre todo, de cara a tus batallas posteriores.
—¿Y bien?
—Creo que ya lo tengo bastante claro… No obstante, necesitaré un tiempo para pensarlo.
—¿Eso es que hemos terminado?
—Sí. Puedes descansar.
Luca se sentó en el suelo de golpe, dolorido y cansado, con el escozor de todas las heridas causadas por Fon atacándole a la vez, debido a la ausencia de adrenalina en su cuerpo.
Nicole apenas podía ponerse en pie por los moratones en sus piernas.
—Spanner… ¿De verdad no puedes salir tú sólo de ahí?
—Nooooo… —contestó el rubio con desgana.
—¡Pero es que no puedo destruirlo!
—Entonces, supongo que moriré cuando Mosca absorba toda mi energía vital, y entonces se descontrolará y empezará a destruirlo todo.
—¿¡Que va a hacer qué!? —chilló la Undécima Vongola.
—Ah, ¿no te lo dije antes? Este armatoste lleva años programado por los Varia para no detenerse nunca si empieza a atacar. Ya consciente me cuesta controlarlo, así que si me desmayo o muero… Oh, ahí va otra vez.
El robot levantó un brazo, y volvió a disparar balas por sus dedos, que Nicole esquivó sin apenas esfuerzo.
—Bueno, sé positiva… Te estás haciendo más ágil.
—¡Esquivarle no me va a servir de mucho si no puedo destruirlo!
—Bueno… Detalles sin importancia. Ya verás como lo consigues. ¡Ánimooo! —respondió él con su entusiasmo habitual.
—Gracias, Spanner, estás siendo muuuuuuy útil —ironizó la joven Vongola.
—Me halaga, señorita.
La situación era demasiado complicada. ¿Cómo se le ocurría a Reborn prepararle un entrenamiento que podía destruir toda la mansión? ¿Volver a ser un bebé le había fundido su media neurona, o qué?
—Piensa, Nicole, piensa… ¿Qué puedes hacer?
M.M. esquivó sin dificultad el mordisco del dientes de sable de Ixavi, agachándose inmediatamente después para evitar un puñetazo del chico.
—¡Burning Vibrato! —la pelirroja le dio otro soplido a su clarinete, generando una onda de calor potenciada por sus Llamas del Sol que impactó contra el ya cansado Ixavi, generando una potente explosión que le estampó contra un árbol tras hacerle volar alrededor de veinte metros.
El tigre dientes de sable pareció desvanecerse por unos segundos, ante la inestabilidad de las Llamas del vapuleado Ixavi.
—Vale… Esto se está complicando un poco —"admitió" el chico, no sin antes escupir un poco de sangre.
Ixavi se puso de pie dificultosamente y se limpió la sangre del labio.
—¿Qué te parece si acabamos con esto, Junior?
—¿Lo has llamado Junior?
—Bester Jr., en efecto. No creo que haya mejor nombre posible.
—Si tú lo dices.
—¡Venga, Junior! ¡Ruggito della Tempesta!
Bester Jr. emitió un poderoso rugido que se materializó en la forma de una potente ráfaga de viento rojo. M.M. trató de protegerse con su clarinete, pero éste fue destruido por el ataque de la bestia, y la mujer, enviada a impactar contra un árbol.
—Me parece que yo gano… —musitó el chico antes de dejarse caer, inconsciente.
Rapsodia saltaba de saliente en saliente, al tiempo que Rauji los atravesaba sin esfuerzo.
—¡Señor Ooyama, está destrozando los jardines!
—¡Pues detenme, niña! —respondió el Simon, que ya tenía activado su Strong Jaw, y placaba sin detenerse todo cuanto se cruzaba en su camino.
—Pero… No quiero hacerle daño.
—¡Necesitarás más que un par de guadañas para hacerme daño! ¿No tienes algo más?
Rapsodia tomó su otra caja en la mano. Era un regalo que le había enviado su hermano por correspondencia un tiempo después de desaparecer de Vendicare.
La chica guardó sus guadañas en su caja, y puso su Medio Anillo Vongola en la caja. Nunca había sido capaz de abrirla, pero quizá con un anillo tan poderoso como ese…
Y, en efecto, la caja se abrió.
—¡Pantera Nera della Nuvola!
La caja liberó una tenue y parpadeante luz que se condensó en la forma de un gran felino de puro color negro, con suaves llamas púrpuras que surgían de las áreas habituales.
Rauji se detuvo por un momento, contemplando la recién estrenada caja de combate de Rapsodia con aprobación.
—¿Será suficiente para pararme? —le planteó a la más joven.
—Pruébame —respondió ella, mostrando algo de inusual confianza en sí misma.
—Así me gusta —sonrió el castaño, tomando carrerilla para su arremetida final.
Y se lanzó. Si Rapsodia era alcanzada, probablemente no lo contara, pero la chica parecía preparada.
—¡Cambio Forma! —exclamó la chica.
De repente, la pantera se transformó en una luz que rodeó el cuerpo de la chica, tomando finalmente la forma de una larguísima cadena negra de puntas afiladas, que flotaba alrededor de la chica, apuntando directamente al aparentemente imparable Ooyama.
—Prigione d'Ombra —musitó la nuevísima Guardiana de la Nube.
Cubiertas por Llamas de la Nube, la cadena se extendió, dividiéndose en infinitas ramificaciones que rodearon a Rauji. Rapsodia saltó, dejando a la imparable mole pasar, y entonces tiró. Poco a poco, Ooyama fue deteniendo su paso hasta estar totalmente quieto.
—Has conseguido pararme… ¡Felicidades, niña! —se alegró el jovial gigante.
—Lo… Lo siento, señor Ooyama. ¿Le he hecho daño? —preguntó la chica, recobrando su timidez.
—No te disculpes, ¡has estado genial! —respondió el hombre poniendo los ojos en blanco, pero sin perder la sonrisa.
—En… ¡Entiendo!
Reborn estaba estático, con su pistola a escasos centímetros de Fran. Sin embargo, no parecía ir a disparar.
—Sabía que eras capaz de eso, pero no que era tan potente… Me has pillado desprevenido.
—Lo sé, sin el factor sorpresa no habría podido detenerte. Ahora, ¿serías tan amable de alejarte un poco?
Reborn obedeció sin rechistar.
—He conseguido lo que quería hacer. El aspecto es permanente, ¿verdad?
—Me temo que sí. ¿Estás seguro de que no ocurrirá nada? —preguntó el niño con bastante temor.
—Tranquilo, ninguno de tus compañeros sabe lo que significa ese símbolo, y aunque lo supieran, no les importaría. Los adultos de la Famiglia están ya informados… Aunque tendré que hablar con los Simon, probablemente.
—Ya… —se lamentó el joven Rokudo, al tiempo que tapaba con la mano el símbolo de picas que sustituía su pupila derecha.
Sí, está ocurriendo…. ¡He vuelto!
Han pasado dos años enteros. No sé si seguiréis por aquí o no, pero ahora que he recuperado mi tiempo y mi inspiración, ¡mi renacimiento en FanFiction ha llegado!
Bueno, no tengo mucho más que decir. Disculparme por la demora sería casi absurdo, dado tooooodo el tiempo que ha pasado.
Con todo, voy a responder a las últimas reviews:
—Sesumi: Bueno, ya he acabado todos los exámenes hasta la universidad, así que… Creo que sin problema. Por cierto, llevo bastante tiempo sin ocuparme de este fic, así que si hay algún problema con el enfoque que le he dado a Rapsodia, dímelo por MD.
—nicole o.0: No voy a dar detalles sobre el tiempo que Reborn se va a quedar así, tan sólo reza para que no le haga lo mismo al resto MUAJAJAJAJAJAJAJAJA. Bueno, de todas maneras, creo que este prolongado retraso es ya inexcusable. Sorry….
—eclipse total: ¡Perdón por el retrasooooo! Ehm… Muchos perdones. Bueno, como puedes ver, de momento el resto siguen normales… Al menos de momento.
Bueno, y con esto, subo el primer retazo de mi regreso a la web. Espero no haberos perdido del todo XD. Y lo dicho, poco a poco iré retomando el ritmo que otrora tenía a la hora de publicar.
Desquiciados saludos de un humilde loco más.
