Hola! Les traigo un nuevo capítulo que espero y les guste. Espero poder actualizar con más frecuencia para no hacerlas esperar tanto.
¿Qué creen que vaya a pasar ahora que el secreto salio a la luz?
Gracias por leer.
—Regina, es algo muy complicado de explicar. — Robín caminó hacia ella pero se detuvo al ver que la morena se alejaba.
—¿Por qué? — Preguntó ella mirando. — ¿Por qué…? — La morena sintió que le faltaba el aire y una de sus manos se fue a su pecho.
—Tranquilízate. — Le pidió el chico acercándose a ella.
—¡No me toques! — Regina lo empujó poniendo sus manos en el pecho y salió corriendo escaleras arriba.
—Deja que se tranquilice. — Le dijo el señor Locksley tomando a su hijo por el brazo.
—No entiendo porque se lo dijiste, no era el momento. — Recriminó el chico.
—¿Y entonces cuando? ¿Nunca?
—Papá tiene razón hermano. — Intervino Belle — No debiste de haberla buscado.
—Era lo que Beth quería…
—No metas a Beth en esto. — Interrumpió su padre — Ella solo quería encontrar a su hermana y lo hizo, nunca te pidió que la buscaras… Esto lo hiciste por ti mismo, por tu egoísmo…
La conversación se vio interrumpida cuando la vista de los hermanos y su padre se enfocó en una apresurada Regina que bajaba por las escaleras con su ropa, aun mojada, puesta.
—Regina, espera…
—No quiero que me busques. — Andvirtió ella levantando el dedo índice — No sé qué es lo que pretendes con todo este engaño, lo único que sé es que estás loco. — Regina estaba tan furiosa que parecía que sus ojos se iban a salir de las orbitas. — No te atrevas a buscarme solo para hablarme de esta estúpida mentira, tú y tu familia están dementes.
La morena salió de la propiedad tan rápido como pudo mientras los Locksley la observaban.
—Sera mejor que se vaya y se tranquilice. — Habló el señor Locksley aun deteniendo a su hijo por el brazo.
—Bueno, veamos el lado positivo de esto. — Comentó Belle cruzándose de brazos — Te deshiciste de ella rápidamente.
—Belle… — La reprendió su padre.
—¿Qué? Yo no fui la que busco a la copia de su novia…
—Ya basta. — Dijo Robín entre dientes — No tienes por qué seguir trayendo ese tema.
—Pues en primer lugar no la hubieras buscado hermanito… ¿Qué va a pasar cuando ella se entere de toda la verdad? Se va a ir y te va a dejar…
—Ya basta Belle. — El señor Locksley dio varios pasos lejos de sus hijos. — Necesitamos resolver esto, esa chica no tiene la culpa de todos nuestros enredos… Ella tiene que saber toda la verdad.
—Papá, no creo que…
—Ya basta Robín, la chica tiene que saber qué fue lo que paso con su hermana y él porque llegaste hasta ella.
—La amo. — Confesó él en un susurro.
—Entonces, esa debe de ser la razón por la cual le digas todo.
—Ella no quiere verme.
—Hay otra solución.
Regina cerró la puerta tras ella y se dejó caer al suelo sintiendo el cuerpo pesado por la ropa mojada y como el aire se negaba a entrar a sus pulmones. La morena abrazó sus piernas y hundió su cara en ellas cuando sintió las lágrimas bajando nuevamente por sus mejillas. No podía creer lo que le estaba pasando, no lo entendía. En menos de dos horas su vida había dado un giro tan inesperado que se sentía mareada y con la cabeza a punto de explotarle. Ahora, según la familia de Robín, ella tenía una hermana y lo peor era que Robín lo sabía y se lo había ocultado durante todo ese tiempo sin mencionar que ambas lucían exactamente iguales.
—Cariño, ¿Qué es lo que pasa? — Preguntó Mary Margaret hincándose al lado de su amiga. — Hey. — Ella tomo el rostro de Regina entre sus manos — ¿Qué es lo que pasa.
—Robín… — Respondió Regina entre sollozos.
—¿Qué es lo que pasa con Robín?
—No sé ni cómo explicarlo…
—¿Qué es lo que pasa? — Preguntó David preocupado, acercándose a las chicas.
—Creo que ella ya lo sabe. — Respondió Mary mirando a su novio.
Regina levanto la cabeza y alterno la vista entre ambos de sus amigos mirándolos con los ojos bien abiertos.
—¿Cómo que ya lo sé? — Ella se levantó del suelo y Mary la imito — Ustedes ya lo sabían. — Susurró ella en respuesta a su pregunta
—Regina, déjanos explicarte… — Mary caminó detrás de su amiga.
—¡No! — Gritó Regina — ¿Cómo pudieron ocultarme algo así? Yo soy su amiga, me conocen desde hace años. — Ella caminó hasta la puerta de su habitación y se detuvo antes de entrar. — No puedo creer que me hayan hecho esto.
La puerta se cerró de golpe y los tortolos saltaron ante el estruendoso sonido, segundos después se miraron y David pasó el brazo por los hombros de Mary.
—Sabíamos que esto pasaría — Dijo él.
—No debimos de haberle ocultado nada.
—Nosotros no éramos los indicados para confesarle algo así.
—Pero tal vez pudimos haber evitado que la lastimaran tanto.
Regina no sabía a qué hora se había quedado dormida, pero los rayos de sol entrando por su ventana la habían despertado. Ella tenía los ojos hinchados, le dolía la cabeza y se había quedado mirando al techo. No quería levantarse de la cama, no tenía las fuerzas para enfrentarse a otro día más de mentiras. Por su cabeza había pasado la idea de regresar a casa de su padre y pedirle explicaciones, de gritarle por no haberle dicho nunca de esa supuesta hermana, pero la realidad era que tal vez ni siquiera su padre supiera de eso. ¿Quién le garantizaba que esa supuesta hermana fuera real?
Escucho por tercera vez unos pequeños golpes en la puerta y la voz de Mary pronunciando su nombre. La morena rodo los ojos y se quedó callada esperando a que su amiga se fuera.
—Regina, por favor sal. — Pidió Mary Margaret. — Hay alguien que quiere hablar contigo.
—No quiero ver ni hablar con nadie. — Respondió Regina clavando la vista en la puerta.
—Creo que esta conversación te va a interesar. — Insistió su amiga.
Regina estaba a punto de gritarle que se largara cuando escucho una voz bastante familiar del otro lado de la puerta.
—Sera mejor que regrese cuando este más calmada…
La morena se levantó a prisa de la cama y abrió la puerta saliendo rápidamente de la habitación. El padre de Robín estaba frente a ella, acompañado de sus dos amigos.
—¿Qué hace usted aquí?
—Quiero que sepas la verdad. — Respondió él mostrando el maletín que traía en las manos — Sé que tal vez estas demasiado molesta, y sé que mi hijo se equivoca al no decirte toda la verdad desde el principio, y quiero corregir ese error.
—¿Qué le hace pensar que voy a creer algo de lo que usted o su familia me digan? — Preguntó ella cruzándose de brazos.
—Tengo todas las pruebas que necesitas.
—Los dejaremos solos para que puedan hablar. — Mary tomo la mano de David y prácticamente lo arrastro hasta su habitación, cerrando la puerta tras ellos.
—¿Puedo sentarme? — Preguntó el señor Locksley
Regina asintió y camino detrás de él hasta el sofá. Ambos se sentaron y la morena observo como el hombre ponía el maletín sobre la mesa de centro y lo abría con agilidad.
Desde su habitación Mary Margaret y David estaban pegados a la puerta tratando de escuchar la conversación entre el señor Locksley y su amiga.
—¿Crees que este bien que estemos escuchando? — Preguntó David en un susurro.
—Si te callas tal vez no nos descubran. — Lo regaño su novia.
—Sé que todo esto va a ser muy confuso, pero tratare de responder a tus preguntas. — El señor Locksley saco varios papeles del maletín y se los entregó a Regina. — Esos papeles, son tu certificado de nacimiento y el de Beth, también los papeles de adopción de Beth. — él se tomó las manos y miro a Regina quien miraba los papeles con bastante confusión. — Esto va a ser difícil de entender Regina, y si quieres que pare…
—Siga hablando. — Ordeno ella sin quitar la vista de los papeles.
—Cuando tu mamá supo que estaba embarazada de gemelas, ella y tu padre comenzaron a buscar trabajos nocturnos o cualquier tipo de trabajo que les diera dinero extra, criar a dos bebés no era nada fácil económicamente… Tu madre conoció a la madre de Beth en un evento de caridad para el que ella fue mesera. La madre de Beth le propuso quedarse con uno de los bebés, darle una buena vida y a cambio ellos tendrían la hija que no habían podido concebir.
—¿Mi madre vendió a mi hermana? — Preguntó Regina mirando al señor Locksley.
—No recibió ningún dinero a cambio, solo la tranquilidad de saber que su hija estaría a salvo; debes entender que no fue una decisión fácil para tus padres, pero no podían cuidar a dos bebés… Ellos no eligieron a ninguna de las dos, el trato fue simple, la primera que naciera se iba con los Paterson's y la segunda se quedaba con los Mills. Beth creció sin saber de ti y tú de ella. Lo único que tus padres obtenían a cambio eran un par de fotos al año de tu hermana.
—¿Cómo sabe todo esto? — Preguntó ella confundida dejando los papeles sobre la mesita.
—Yo era el mejor amigo del padre de Beth, yo estuve con él cuando la bebé llego, yo la vi crecer al lado de mis hijos.
—Entonces, si ella no sabía de mí, ¿Cómo es que me encontraron?
—Bueno, los padres de Beth murieron en un helicóptero cuando realizaban un viaje de negocios y decidieron confesarle a su hija toda la verdad a través de su testamento. Cuando Beth supo de tu existencia, inmediatamente contacto a un detective para buscarte… Beth tenía apenas 16 años cuando sus padres murieron y yo decidí cuidarla y apoyarla. Cuando ambas cumplieron 18 y tú te mudaste a la ciudad, todo fue más fácil y ella pudo encontrarte.
—¿Por qué ella nunca me busco? — La morena tenía un nudo en la garganta y la mirada clavada en el suelo.
—Lo hizo, ella te encontró pero en realidad no es el motivo por el cual nunca se acercó a ti.
—¿En dónde está ella ahora?
—Beth… — El señor Locksley se aclaró la garganta y desvió la mirada — Ella murió, hace un año… Dos días antes de que ella y Robín se casaran; Ella tuvo un accidente de tráfico y sufrió un infarto fulminante.
—¿Ella y Robín…? — Regina frunció el ceño y observo al hombre asentir.
—Se conocían desde pequeños, fueron a las mismas escuelas, cuando ella estaba en preparatoria y Robín en la universidad, comenzaron una relación, tres años después se comprometieron.
Regina se levantó del sofá y se pasó las manos por el cabello mientras caminaba de un lado a otro de la sala.
—¿Entonces es por eso que él me busco? Quería estar con Beth de nuevo.
—No se las razones que haya tenido mi hijo para acercarse a ti, eso se lo tendrás que preguntar a él. — El señor Locksley se levantó del sofá y tomo una foto de su maletín antes de cerrarlo y tomarlo con su mano libre. Le entrego la foto a Regina mientras sonreía de medio lado. — Beth era una chica estupenda, llena de vida y de energía. No dejaba que nada se interpusiera en su camino, era testaruda y terca. Luchaba por lo que quería y era muy hermosa. — Regina miro la foto de Beth, la chica estaba sonriendo y su larga cabellera oscura caía sobre su rostro y sus hombros. — Aunque creo que eso no tengo porque decírtelo, ambas son idénticas físicamente o lo eran.
Regina sintió los ojos llenársele de lágrimas mientras miraba la foto de la chica que había sido su hermana.
—Gracias… — Susurró ella.
—Si necesitas algo, sabes dónde encontrarme.
El señor Locksley caminó hasta la puerta y cuando esta se cerró, Mary y David salieron de su habitación para encontrarse con su amiga de pie en medio de la sala con una fotografía en sus manos.
—¿Estas bien? — Preguntó David acercándose a ella.
—Claro que no está bien. — Respondió Mary adelantándose a su novio para abrazar a su amiga.
Regina se movió un par de pasos atrás de sus amigos y dejo la foto sobre la mesita.
—Quiero estar sola. — Susurró ella antes de caminar hacia su habitación.
