- ¿Qué estás sugiriendo Sigyn?- le preguntó Sjöfn.
- No sugiero nada – respondió la osada criada – Es sólo que… lo peor que pueden hacer es hablar mal de una persona.
- ¿Persona? ¡Ese mal nacido no es una persona, es un animal! – exclamó Löfn, desaprobando lo que Sigyn acababa de afirmar.
- Bueno, yo no lo considero así – le contestó ella – Si ustedes así lo consideran, bien por ustedes pero eso no les da el derecho de hacer mofa del Príncipe Loki.
La afluencia prorrumpió en sordos murmullos de asombro ante la defensa de Sigyn por el aborrecido marginado. Loki se quedó mudo. Mudo no sabía si de confusión o de pura maravilla por ver que ella fue la única que no levantaba calumnias ni carcajadas injuriosas contra él a diferencia de la insolente oleada de iletrados ignorantes. Siguió sepultado en su silencio para continuar la expectación de la escena.
Un hombre que se veía de edad pero era muy jovial en actitud se le acercó a Sigyn, tomándola por sorpresa desde sus espaldas. La joven soltó un jadeo. Andhrimir la miraba, casi con provocación. Luego extravió los ojos hacia otro lado y caminó lentamente haciendo ademanes vampíricos con la capa de harapo hacia la concentración de señoritas y adolescentes, para asustarlas en son de broma y gesticulando expresiones monstruosas. Las jovencitas lanzaban gritos de susto ante los gestos del hombre, el que las miraba fijamente.
Sigyn desaprobó completamente lo que Andhrimir, el mejor y más viejo de los chefs de la nobleza, estaba haciendo. El hombre se quitó el largo guiñapo de encima para formular unas palabras.
- Como la nieve caída en los parajes de Jötunheim es su piel… no porque sea hermoso… sino porque el sol nunca pinta con sus rayos esa palidez de muerto – recitó el chef, haciendo ademanes de poeta o trovador –…que nunca se va.
Ahora apuntó a todos, como un juez.
- Todos deben estar en guardia – advirtió él – de lo contrario, sus monstruosos ojos verdes ejercerán sobre ustedes… su espantosa y diabólica… influencia – y apresó a Sigyn en sus brazos, imitando suaves gruñidos de bestia salvaje como si fuese a morderla en el cuello.
Al ver a la criada por la cual estaba ofuscándose a pasos agigantados en los brazos de ese viejo decrépito y apestoso, Loki sintió que un agrio y ácido estremecimiento se asentaba en sus entrañas, corroyéndolas hasta el límite. Crujió los dientes, repleto de odio y de celos. Iba a arrojarle una arremetida pero lo detuvo al ver que Sigyn le daba un fuerte empujón, librándose de él.
- ¡Hey! No es necesario ser tan agresivos…- comentó Andhrimir, sobándose los brazos.
- No vuelvas a tocarme – gruñó Sigyn.
- ¿O qué? ¿Vas a decírselo al Príncipe Loki?- se burló el chef, riéndose.
La criada no halló respuesta ante esa frase.
- ¿Acaso crees que le importas solo porque lo atiendes y le tienes paciencia por todas las estupideces que piensa y dice? Ese miserable y ruin desquiciado no ama a nadie más que no sea a sí mismo – dijo Andhrimir, casi amenazante.
- No estoy diciendo eso – lo contradijo la criada, bajando la mirada – Si vuelves a tocarme sabrás de lo que soy capaz. A mí nadie me pone una mano encima.
- Ni modo que fuese a hacerte algo que no te gusta – le dijo el hombre, acercándose a ella y devorándola con la mirada – ¿Me consideras malo?
- Claro, a él le consideras repugnante ¿Y a Loki no le muestras ni una pizca de temor?- le preguntó el muchacho agredido - ¿Quién te entiende, Sigyn?
- No pido que me entiendan – repuso ella, cruzándose de brazos- lo único es que…
- Por si no te has enterado, tonta – dijo Sjöfn – Loki estará aislado, estará perdido la razón… pero eso no significa que no tenga deseos de hombre.
Sigyn tragó aire tras esa aserción. Frunció el ceño negando con la cabeza lo recién dicho.
- ¿Acaso crees que no posee necesidades propias de un hombre? – Añadió Löfn – Es cosa de que te pongas a pensar: él está apartado, tú eres la única que viene a verlo… y sumado a eso, eres hermosa, tierna y atenta. ¿Qué te hace creer que Loki no se te va a echar encima para forzarte a dormir con él?
El rostro de la advertida se tornó tan pálido como espantado.
- ¡Él nunca haría eso! – bramó Sigyn, indignada pero también asustada por esa posibilidad que no dejaba de ser cierta, dado el deteriorado estado mental de Loki que había hecho evidente ante ella.
- Mejor cuídate de él – aconsejó Sjöfn, con tono grave.
- Nuestra querida Sigyn es toda una… "piadosa" – denominó uno.
Ante aquellas duras críticas por su actitud defensiva por Loki, la sirvienta respiró con aire de determinación para dar una sabia contestación.
- Los que hablan de lo que poco saben, se dan cuenta muy tarde de que lo más prudente es callar – replicó ella mirando a todos sus compañeros.
Entonces se arrimó a Andhrimir, desafiante.
- Así que honorable Andhrimir, no hables más – le dijo ella con respeto irónico, descargando una furtiva pero dolorosa bofetada en la mejilla. Algunos lanzaron una apagada expresión de asombro. El chef se sobó la región facial recién agredida, descargando una ojeada a Sigyn de puro odio. Ella en cambio lucía valerosa.
Loki estaba increíblemente pasmado. No podía dar crédito a lo que sus oídos estaban prestando atención. Se cubrió la boca, tratando de no delatarse. Los presentes se quejaron porque la fiesta había acabado y además de eso, Sigyn había arruinado todo. Bufando molestos, se marcharon cada uno por su lado, más de alguno hablando de la aguafiestas de pésima manera. La criada se quedó sola, mirando el desastre que había quedado. Se quedó observando atentamente al lugar exacto donde el príncipe la acechaba con la tácita ansia de un depredador, sin advertir que verdaderamente el individuo que había defendido estaba allí, contemplando la escena, pero contemplándola exclusivamente a ella. Pero nuevamente desvió esos bellos ojos hacia el desorden de la vendimia. Porque no estaba dispuesta a hacerse cargo de ello, se fue a su habitación también. Loki se vio envuelto en la atrayente tentación de seguirla, de darle las gracias por lo que había hecho… sabía en el fondo que podría asustarla, pero deseaba más que cualquier otra cosa en ese mismo momento acercarse y decirle lo complacido que esas palabras le habían resultado
Pero algo lo detuvo… algo lo mantenía estático. Quizá el temor de ser descubierto y que fuera acusado ante Odín para ser castigado otra vez… 'maldita sea', pensó Loki, refunfuñando. Sin más, decidió hacer caso a sus instintos… la persiguió sutilmente, camuflado en la oscuridad que el apagón de las antorchas había dejado. Se sentía un loco, un tremendo loco. Él nunca en su existencia había hecho esto… y llevado por el deseo oculto por ella, sintió un extraño pero excitante asombro. Probablemente era porque era su primera vez o simplemente porque no se trataba de una ramera o de una cualquiera… sino porque se trataba de Sigyn.
Sonrió maliciosamente, avanzando por los pasillos que llevaban a los aposentos de la joven perseguida. Se detuvo al ver que de la parte inferior de puerta se vislumbraba una tenue luz de vela. Seguro que ahí estaba…
Sí, ahí debía estar. Continuó andando por la densa oscuridad para proseguir con su cometido. Intentó no hacer ruidos con los pasos Por los hoyuelos de la puerta de madera, pudo espiar lo que Sigyn estaba haciendo. Comenzó a peinar sus largas y sedosas hebras de oro, mirándose al pequeño espejo. Ponía algunos mechones tras sus orejas para seguir arreglándose. Loki apoyó las manos en la estructura de madera, sin perderse detalle alguno de lo que la deseada hacía. Tras dejar su cabello más hermoso de lo usual, ahora procedió a sacarse los mitones de color grisáceo, el cinto de cuero color marrón puesto en sus caderas, para ponerse de pie, cabizbaja, en dirección hacia su cama, cuidadosamente hecha… para luego desatar su corsé a un ritmo desesperantemente lento y delicioso.
Loki se mordió los labios, apartándose de la puerta para evitar darse el fantástico y ardiente lujo de observar a Sigyn desvistiéndose… Pero poco le duró el sentimiento noble para volver sus ojos curiosos a los hoyuelos que le entregaban tan grato espectáculo.
Ahora la criada tiró del corsé desatado para quitarse la delgadísima prenda interior, de una delicada tonalidad blanca, que actuaba como un pequeño vestido que podía verse como blondas en el corte circular de la cotilla en la región del pecho. El príncipe seguía con los ojos cada movimiento como si fuera el último. Casi no respiraba, tenía miedo de arruinarlo todo con su presencia. Quería continuar descubriendo, hostigando con la mirada, aunque fuese a distancia, ese cuerpo tan bello, tan prometedor… tan curvilíneo. Pero sólo se limitó a seguirle el rastro con las manos, desnudándola con éstas desde la lejanía que lo separaba de ella. Jadeó suavemente y casi de forma inaudible. Su ritmo cardiaco sufrió una violenta aceleración. Y más cuando Sigyn desataba las cuerdas de la tela de tul blanca de su pequeño vestido que se encontraban a la altura de sus pechos. El acechante y demente príncipe se mordió esta vez los nudillos, tragando saliva y sin despegarle los enardecidos ojos de placer a la joven, quien estaba completamente ignorante de que esa diaria y cotidiana acción efectuada cada noche antes de dormir, resultaba ser una apasionante y sensual escena para el hombre al que había defendido y que a la vez le causaba tanto miedo. Al fin, esa indumentaria que le estorbaba la visión cayó al piso, emitiendo un sonido tan agradable como cuando una hoja cae de un árbol. Loki se quedó paralizado al verla desnuda… jamás había visto tal hermosura, una que fuera comparable a la de ella y en ese momento, en ese mismo instante se presentaba así ante él. Qué hubiera dado por entrar a la habitación seduciéndola con sus palabras, quitarse la ropa también, hacerla gozar allí y suplicarle que hiciera con él lo que deseara.
Pero la misma sensación de culpabilidad lo atosigó cuando fantaseó con ella por primera vez estando en la tina. Se apartó para esconder la cara entre las manos y después pasarse una por su cabellera negra. ¿Qué era esto que le sucedía? Sabía que esto no era correcto, pero el saberlo incorrecto, atrevido… prohibido, le añadía un sabor más embriagador y seductor a sus recientes fantasías. Sintió ardor en el pecho, deseos íntimos incubándose en su mente como nunca, pero por sobretodo una sensación de querer darle las gracias por todo lo que había hecho por él.
Demonios, Sigyn era tan provocadora y más aún con esa ternura con la que le trataba. Oh, qué deleite, qué preciosidad… su traviesa mirada circulando su figura iluminada por la penumbra de color anaranjada, embelleciéndola aún más – si eso era posible-. Creía que la excitación iba a matarlo, y aumentó más cuando veía que ella volvía a vestirse, moviendo apaciblemente ese maravilloso cabello de oro. La mudez de lleno habíale cortado las cuerdas vocales. Le faltaban las fuerzas y se le agotaron los adjetivos de admiración para continuar describiendo la hermosura de Sigyn… Loki puso su mano en su pecho, como si ello fuera a aplacar la violencia ritmo cardiaco que agitaba su interior, como si se le pudiera escapar de éste en cualquier momento. El joven contempló satisfecho el fin del torturante acto: Sigyn al fin se tendió sobre la cama, tapándose con las sábanas y acurrucándose hasta dormirse, llena de tranquilidad en su rostro. Loki sentía que ya no podía contenerse, la pasión frescamente inspirada lo envolvía por entero, le costó muchísimo darse una vuelta y devolverse a su alcoba, a su reclusión. Y a la difícil relación que sostenía con su criada como una fachada para contenerse sus deseos.
Tras unos segundos de meditar en lo recién pasado y por haber en el futuro, Loki se volvió con lentitud hacia el pasillo que indicaba la salida del hogar. Las sienes le latían, la transpiración perlaba su frente como su cuerpo completo por la presión recién sufrida. Ágilmente retornó a sus aposentos, repitiendo lo mismo que había hecho al salir. El príncipe se dio varias vueltas antes de acostarse. Tardó muchísimo en conciliar el sueño… la imagen de ella en la penumbra anaranjada aún seguía en su mente.
Suspiró intentando concentrarse en darse al abrazo del sueño y cuando al fin lo logró, lo hizo cortejado de los profundos ojos azules verdoso que le miraban con especial atención en sus fantasías. Loki se aferró a la almohada, procurando resistir lo cristalino y diáfano de esos preciosos de diamantes… de manera casi inapreciable.
Arropada por la generosa calidez de sus sábanas y las frazadas, Sigyn soñaba un sueño pesado, oscuro. Se encontraba en un espacio ajeno a todo entorno que conocía. Mas para su extrañeza y añadir más súbitas interrogantes a su actual situación, se repetía la escena de la celebración hace horas atrás. Volvía a ver que todos hacían mofa del triste estado de la cual Loki era víctima.
Sigyn repetía las valerosas palabras en defensa del príncipe, todos se reían de ella argumentando que estaba en peligro siendo la criada personal de Loki. Pero al momento en que Andhrimir terminaba de cortejarla, el escenario cambiaba mucho más. Sigyn permaneció helada. Algo en ella le advertía que sucedería un evento breve pero nefasto… al menos para los que se habían reído del enloquecido príncipe.
La criada miró a ambos lados, arrinconándose contra una columna de madera. Las antorchas comenzaron por apagarse solas. Los presentes ya se mostraban estremecidos ante la tétrica oscuridad, la que escoltada por el silencio, permitió que el grupo de sirvientes escuchara con toda atención un peligroso siseo… los ojos de Sigyn buscaban la dirección de donde provenía ese extraño silbido. De pronto, un inusual aire se respiró en el ambiente: estaba frío. Similar a un paraje de Jötunheim, lugar del cual sólo había oído en relatos tanto de terror como de aventuras por parte de los guerreros de la Casa de Odín.
- ¿Qué diablos sucede aquí?- preguntó uno de los asistentes a la fiesta.
Sigyn aún permanecía inmovilizada, presintiendo que algo muy malo aproximábase a pasos agigantados. Permaneció oculta tras la columna de ébano, esperando a que sucediera lo que debía suceder. Sus inocentes y asustados ojos contemplaron pávida a una sombra que se arrastraba por la oscuridad para incorporarse… reconoció la silueta que poco a poco comenzó a caminar amenazante hacia ellos. Sigyn se cubrió la boca, escondiéndose de esa lúgubre figura. Los asistentes permanecieron mudos, primero pasmados y luego aterrorizados al ver que esa persona era el temible y demencial príncipe Loki, el que estaba ataviado con sus solemnes ropajes de rey; su casco dorado de afilados cuernos, su armadura y el cetro que poseía la joya alma. Las mismas indumentarias con las que había estado en Midgard, en su dura y fallida odisea de querer conquistar el mundo y gobernarlo. A éste y sus miserables seres mortales.
Loki se encaminó hacia ellos, sembrando el terror en la horda completa de criados, a los que no les sirvió en lo absoluto el huir despavoridos para esconderse en cualquier cosa que les diera refugio de la monstruosidad que el príncipe iba a desatar. El pseudo monarca apuntó a una serie de criados para fulminarlos con el magno poder del cetro. Sigyn abrió los ojos para ver el macabro panorama: Loki crujía los dientes mientras disfrutaba desparramando el justificado terror a los insolentes e inmundos incultos. El joven príncipe desligó un cruel ataque contra los que se quedaban atrás de la estampida, similar – o igual – al que perpetró cuando había llegado a la tierra por primera vez. Hizo exactamente lo mismo contra los irreverentes, a algunos les propinó fuertes golpes, lanzándolos contra las débiles y enclenques pilares de madera. A otros los aniquiló arrojándoles a la garganta las diminutas pero mortíferas dagas con las que había herido a Thor tan cruelmente durante la batalla en la torre Stark.
Pese a que la joven que se ocultaba tras el gran pilar de ébano no conocía nada previo a la llegada de Loki tras la increíble desventura vivida en la tierra, sentía que había visto o presentido aquello. Para el aspirante a rey, se repetía la escena en Stuttgart, sólo que no era allí sino en Asgard.
- Míseros campesinos iletrados – susurró él iracundo, como una fiera, apoyando el cetro y golpeando el suelo con éste, en señal de orden – voy a enseñarles cuál es su lugar…
Creó dos dobles de él mismo hacia dos extremos de donde la oleada de sirvientes huía, para impedirles el escape. Sigyn se agachó, apiñándose la espalda contra el soporte y cerrando los ojos y tapándose los oídos. Loki creó otros dos dobles para acorralar completamente a la horda de criados y exterminarlos. Con el rostro deformado de rabia e ira por haber sido tan cruelmente humillado por un dolor que ellos nunca sabrían, descargó el potente y letal rayo azul contra el grupo burlador.
- ¡Asquerosos insectos! - rugió Loki, con una voz que estaba lejos de la seductora y sensual lengua de plata- ¡Entérense de su lugar! ¡¿Osan llamar al que fue y es el legítimo rey de Asgard el "rey de los gusanos"?! Pues bien… ¡Yo los devolveré adonde moran los gusanos! - exclamó ahora, al ver que todos se desvanecían en una brillante luz azul que se elevó como una nubecita de vapor al cielo.
Sigyn tembló al ver cómo sus compañeros se disipaban con el aire, conteniéndose como mejor podía la necesidad de liberar su horror al gritar con todas sus fuerzas. La muchacha hizo nulo intento de escapar; si se movía… si tan solo ejecutaba un movimiento en falso, sufriría la misma suerte que sus pares, así que solo vio como una salvación quedarse presa de la inmovilidad en la penumbra otorgada por la columna de madera.
Loki respiró pesadamente tras la espantosa y expedita masacre, mirando a todos lados para ver si algún moroso se le había escapado. Suavizó el sonido y compás de su respiración al caminar con más lentitud sobre el lugar. Observó casi estudiando, los cuerpos de los que habían muerto a causa de las navajas en las gargantas, haciéndolos a un lado con el pie con desprecio. Sigyn observaba horrorizada el desdén con el que Loki trataba a los cuerpos sin vida. Quiso huir de ahí, perderlo de vista y no saber de él jamás pero nada podía hacer; el miedo la mantenía inactiva. Se le resbalaban las lágrimas por sus mejillas, maquinando a toda velocidad una manera de escapar de ese mortuorio lugar.
Su horror se vio incrementado cuando veía que ahora Loki miraba hacia el lado en donde ella se encontraba, sin parar de caminar. Ahora desvió la vista hacia el lado paralelo, analizando los oscuros pasillos que llevaban a las habitaciones, Sigyn no podía apartar la mirada de la sombría figura de Loki… se veía majestuoso con esas indumentarias, increíble… mejor que cuando estaba de rey en Asgard tan efímeramente. Sintió admiración y terror mezclándose en una grata dicotomía dentro de sus entrañas. Sin embargo, el temor fue más fuerte y cuando vio que era la oportunidad perfecta, la criada sobreviviente no vaciló en salir corriendo, intentando como jamás había hecho en no cometer ruido alguno.
Pero Loki se volteó, haciendo su capa flamear con el grácil movimiento. Desde la distancia avistó a Sigyn apresurándose a una rauda salida. La lozana sirvienta lo sintió suspirar de molestia; sabía lo que él le haría si la atrapaba… quizá le haría lo mismo que a los otros… sólo que mil veces peor. Estaba próxima a una puerta pero para su espanto se le apareció una ilusión óptica de Loki ante ella: Sigyn dio un alarido. Curiosamente, este doble del hombre del que huía no le hacía nada en lo absoluto sino mirarla con muchísima atención.
- No corras – ordenó él desde la distancia.
Desesperada, Sigyn desoyó por primera vez una orden de su señor. Se volteó, tratando de hallar otra salida a su embrollo pero lo único que obtuvo fue otro doble que avanzaba amenazante hacia ella.
- No corras… Sigyn – insistió él, calmo pero a la vez con tono intimidante.
Al borde del colapso, la joven se aplastó contra la pared, desplomándose, evitando mirar al desquiciado rey y procurando arrancar otra vez. Lo hizo. Y esta vez su desobediencia había encendido la ira en el pecho de Loki, quien golpeó el suelo con el cetro con los dientes apretados y con el ceño fruncido.
- Te dije… – y deshizo el doble para acercarse aún más a ella - ¡NO CORRAS!
Sigyn se cubrió la boca, tragando saliva a medida de que el joven iba acercándose, acatando al fin a la orden. Permaneció quieta, con la frente en las rodillas, muda de terror, preparándose ante el castigo que vendría de la mano de Loki.
Pasaron los segundos. No sintió dolor. No sintió nada que infligiese sufrimiento a través de un castigo, puesto que no recibía ninguno. Dejó de abrazarse las rodillas para mirar lo que acontecía a su alrededor: los cadáveres de sus compañeros habían desaparecido, como si nunca hubiesen estado allí. Esta vez miró hacia arriba: Loki, en vez de mostrarse furibundo, lucía un rostro sereno, tranquilo... había arrojado el cetro a un lado y ofrecía su mano a Sigyn, la que le miraba como debatiéndose si aceptarlo o no. La joven, vacilando y temblando – no sabía si de miedo o de contento al imaginarse que no la iba a herir - tomó su mano. El príncipe dio un suave tirón a la suya para acorralarla contra el pilar de madera.
- ¿Mi… señor…? - preguntó ella, con un hilillo de voz.
- Shh… - chistó Loki, poniendo sus finos y largos dedos pálidos en los exquisitos labios de Sigyn – No temas… no voy a hacerte daño…- le sonrió, transmitiéndole sosiego.
El dios deslizó sus dedos por su mejilla, observándola absolutamente maravillado pese a la breve mudez que navegaba entre ellos.
- Tienes buen corazón… - susurró él, atento a ella.
- Señor… se lo suplico… - replicó ella nerviosísima.
- ¿Qué?
- No hay necesidad de que esta situación... se ponga más desastrosa.
Él rió. Sus suaves carcajadas eran enormemente sensuales, agarrándose a los debilitados sentidos de Sigyn, deshilándolos.
La joven apoyó los brazos, casi abrazando en sentido contrario la columna en la que yacía asediada. Loki parecía entristecido por esa reacción. Sus punzantes ojos verdes devoraban a los de Sigyn, la que tampoco renunciaba a la intensa mirada de aquel príncipe que despertaba un recóndito interés en ella. El dios examinaba su hermosa figura, delgada y curvada… respirando audiblemente, rompiendo el tenso silencio que los envolvía. Después puso ambas manos en sus hombros para volver a estudiarla.
- ¿Me temes, Sigyn? – le preguntó él, con tristeza.
- No… mi señor – le respondió ella.
- Entonces… ¿Por qué has reaccionado así? - preguntó otra vez, acongojado y confundido.
- ¡Porque ha asesinado a mis pares! - aulló Sigyn aterrada e indignada por la interrogación, cubriéndose la boca.
Loki bajó la mirada, quizá avergonzado de lo que había hecho, pensó ella. Partió quitándose el casco en señal de confianza. Sigyn dio un suave grito al oír el ruido emitido por el artefacto que servía tanto de protección como de forma estética. El joven dios puso ambas manos en su rostro, clavándole los ojos otra vez.
- ¿Y crees que voy a hacerte lo mismo, cierto?- le preguntó él.
Cabizbaja y grave, Sigyn asintió.
- ¿Y por qué lo haría?
- Porque… soy una más… de ellos – respondió la sirvienta sin saber qué otra cosa dar como contestación - ¿O no?
Loki suspiró, cerrando los ojos. Ahora descendió sus manos de sus hombros para rodear su exquisita cintura con ambos brazos, estrujando su cuerpo contra el de ella, respirando su aire inclinando su frente con la de su presa sin abrir los ojos. Sigyn soltó un fuerte jadeo y luchó por no arrojar un gemido. Para no caerse, se sujetó de los brazos de él, quedando muy juntos el uno del otro. Los labios de la pareja estuvieron a milímetros de un romántico y sensual roce como lo era un beso.
- ¿Acaso no lo notas? - le preguntó él, apretándola aún más contra él – ¿Cómo podría descargar un ataque contra ti? No después de que me has defendido de las críticas y de las burlas de los demás. Nunca. Es que acaso crees que… ¿no valoro eso?
La criada sintió un cosquilleo en el pecho.
- Yo…
- ¿Es que no te das cuenta de que mi hostilidad hacia ti es el grito más fuerte que puedo proferir para que no te vayas?
La muchacha lo miró ceñuda ante aquella interrogación.
- Pero señor… si usted mismo me ha dicho que yo…
Loki negó con la cabeza, rozando su nariz con la de ella.
- Sigues sin darte cuenta. Por favor… por favor… no me hagas esto- le dijo él.
- ¿Qué no haga qué, mi señor? - le preguntó ella, liada.
- Sigyn, no podría hacerte daño. No eres como ellos, tú… tú no puedes ser como ellos – y abrió los ojos para observarla nuevamente – ¿Acaso eso no te resulta más simple de comprender? No quiero que pienses eso de mí.
Ella le preguntó esta vez que qué razón abrigaba para pensar de él como el resto de los asgardianos. Él le contestó si no había visto lo que había hecho, o si no tenía una opinión sobre eso. La joven lo negó, argumentando nuevamente que no tenía por qué hacerlo. Su lugar correspondía a sus deberes en el palacio de Odín. Loki asintió, comprendiendo la respuesta.
- Sigyn… - susurró él.
- ¿Mi señor?- inquirió la muchacha.
- ¿No anhelas algo más de mí, entonces? Algo así… - balbuceó él -…¿Como esto? Así como una recompensa por lo considerada y amable que has sido conmigo… porque yo… - puso la mano en su cintura – puedo recompensártelo… lenta e íntimamente – siseó a su oído, luego posó su mano en el medio de su pecho pero sin tocarla de una manera que ella considerara indebida, sintiendo los acelerados galopes cardíacos que golpeaban desde adentro.
- Mi señor… - jadeó ella, intentando librarse de él, dándole ligeros empujones pero era inútil: él la sujetaba con su fuerza de gigante de hielo.
- ¿No sabes cuánto me hacía falta que alguien estuviese junto a mí?- chistó Loki, tomándola del rostro fervorosamente - ¿No lo entiendes? Mi hostilidad ante ti seguirá siendo hostilidad sino puedes ver más allá de esa maldita mentira que odio tener que pintar contigo. No te dejes llevar por eso. Por favor, Sigyn. Yo te lo pido… no me dejes. Contigo solamente podré desahogarme…- y al terminar aquella frase, la joven creyó oír que la voz del príncipe se quebraba. Sigyn, vacilante y todavía temerosa, tomó su rostro en sus manos:
Se mordió los labios al ver que de los ojos esmeraldas de Loki brotaban transparentes y salobres lágrimas. Que corrían como riachuelos por sus mejillas, dejando rastros brillantes por éstos.
- Loki…- susurró ella, conmovida hasta la última gota de sangre en sus venas, dispuesta a besarlo en su rostro como una forma de hacerle olvidar, aunque fuera una mínima parte, el dolor por el que estaba pasando.
- Despierta – sentenció él, bajando la cabeza nuevamente.
La muchacha abrió los ojos de golpe levantándose del lecho de un salto. Su corazón latía a fuertes galopes como su mano lo comprobó. Miró la panorámica de sus aposentos; la vela que le había dado luz durante la noche y su sueño se había consumido. Todo estaba en orden. Nada que temer.
Nadie a quien temer.
Permaneció un rato más tendida sobre las sábanas. Ya debía levantarse para hacer sus deberes pero la pereza de la sensación de recién haberse despertado se lo impedía. Aquella pesadilla… -¿O sueño?- con Loki ciertamente le había asustado. Un auténtico miedo ahora se gestaba en sus entrañas como una mala hierba.
Sigyn suspiró al recordar lo que el príncipe le hacía… acorralarla contra la pared, acechante y casi besándola. Y ella estuvo a punto de hacerlo… besarlo… ¡Besarlo! Qué irrespeto, qué insolencia se había atrevido a cometer contra su señor. Seguro si lo hacía en la vida real, Loki no dudaría en castigarla. Y no llamaría a los guardias, puesto que carecía de la facultad para dar órdenes a los soldados o cualquier otra persona por debajo que él. Él mismo la castigaría y no sería algo agradable. Estaba consciente de que el joven era completamente contrario a los gestos cariñosos. Maldita sea, ¿Qué estaba pensando? Jamás se atrevería a hacer tal cosa.
Movió la cabeza negativamente. Se incorporó, tirando de las sábanas y frazadas intentando salir y distraerse con sus deberes propios de sirvienta. Sigyn se aseó y vistió el mismo vestido cuya ausencia en su cuerpo había enloquecido tan silenciosamente a Loki la noche anterior. Bebió y comió algo para acallar el hambre y la sed que la hostigaban hace un rato. La muchacha hizo unos últimos toques a su cabello y se dirigió a su terrorífico deber. Cuando pasaba por la puerta que la llevaría al palacio de Odín, Löfn se le acercó.
- Buenos días, 'defensora de los marginados'- se burló ella.
Sigyn le lanzó una mirada de molestia ante aquel epíteto.
- Löfn, ¿Quieres cortar con eso?
- Sigyn, hiciste el ridículo ayer en la fiesta – le dijo la joven castaña - ¿Qué creías que hacías?
- Lo que creí necesario – contestó Sigyn determinante – Si tú crees que hice el ridículo, adelante.
- ¿Sigues con esa idea de querer defenderlo? Abre los ojos, Sigyn. ¡Ese hombre un monstruo! – Exclamó Löfn- ¿Cómo puedes…?
- Es mi problema – interrumpió la rubia, sin más – Ya se los he dicho. ¡Imagínate si les hubiera oído!
- ¡Ja! ¡Ni que estuviera persiguiéndote después de que vayas a cumplir tu deber para con él! – Exclamó Löfn – Dudo también que sea tan poderoso como para oírnos a la distancia. Sólo Heimdall está dotado de aquello.
- Eres una cabeza dura.
- Y ustedes unos insistentes. Saben que no me gusta que me intenten disuadirme – la atacó Sigyn, apartándose para salir de una vez.
Recorrió a trote raudo los pasillos, acompañada de otros sirvientes. La joven tomó la bandeja para servirle la merienda matutina a Loki, quien de seguro había despertado y estaría esperándola. Apretó el paso cuidándose de no derramar nada de lo contenido en la bandeja de plata. Abrió la puerta con delicada lentitud.
Encerrado en sus libros, Loki estaba en su escritorio. Alejado de la luz solar provisionada por la generosa ventana cuya cortina había sido corrida para dejarla entrar. Sigyn lo contempló maravillada. Lucía mejor. El dios de las travesuras se volvió a verla con los ojos tan sorprendidos como abiertos.
- Buenos días, mi señor – saludó la criada con ese respeto tan enloquecedoramente característico de ella.
Pálido al verla, Loki se quedó observándola perdidamente.
- Hola… Sigyn – la saludó él con un hilillo de voz sin abandonar la vista de su rostro y cuerpo entero.
La muchacha se paralizó ante la cercanía de aquel saludo. Bajó la mirada de inmediato para anunciarle que traía la comida, hecho que se le hacía evidente al extraño Loki. Le pidió que viniera a comer, sirviéndole a la mesita a lo que competía al primer alimento del día. El segundo príncipe de Asgard se le acercó sin apuros, analizándola. Sigyn no tenía ni la más mínima idea de lo que sucedía con el desquiciado príncipe, pero no le incumbía. Sólo siguió con su deber. La criada se ocupó esta vez de ordenar el amplio lecho donde Loki dormía – lugar del cual el joven ocupaba una pequeña parte –, tironeando las blancas sábanas y mantas que otorgaban más calor durante el sueño. Sigyn estaba tan absorta en su tarea diaria que no se percató de que Loki estaba llamándola.
De golpe y para evitar el enojo de su amo, atendió.
- ¿Qué sucede, señor?
- Yo… - balbuceó Loki, claramente nervioso – Yo… quería preguntarte… cómo te encuentras.
Sigyn palideció al momento en que la inmovilidad le helaba los sentidos. ¿Cómo había dicho? '¿Cómo te encuentras?'. ¿Acaso se preocupaba como ella se preocupaba sinceramente por él? Sus entrañas se comprimieron, se encogió de hombros, pensando la respuesta a esa pregunta.
-¿Cómo… como ha dicho, mi señor?- inquirió ella, entrecerrando los ojos, extrañada.
- Que cómo te encuentras – repitió Loki, apacible.
La criada enmudeció y luego de unos segundos pudo formular algo.
- Yo… yo me encuentro… bien – contestó Sigyn, titubeando - ¿Qué hay de… usted, mi señor?
Loki soltó una carcajada, para luego clavarle una sonrisita maliciosa a la criada tan impetuosamente deseada. A Sigyn se le escarchó la sangre, al ver esos dientes perfectamente blancos…cautivador… simplemente cautivador.
- Estoy perfectamente bien, Sigyn – Le respondió él, sonriente, dejando atisbos de malicia y travesura en sus labios.
- Me alegra eso señor, luce mejor hoy día – añadió ella, tratando de devolverle la sonrisa.
Loki suspiró.
- Quizá he conciliado de mejor forma el sueño – teorizó el timador.
- Si así es, espero que siga de esa forma.
Loki le sonrió otra vez, Sigyn bajó la mirada tímida al no saber cómo lidiar con esa sonrisita tan… seductora.
-¿Qué te trae por aquí?- le preguntó el príncipe.
- Vine a lo de siempre, señor – le dijo ella.
Loki notó la bandeja a la corta distancia.
- Ah, ya veo. No me comeré el desayuno frío esta vez – comentó él.
- En todo caso podré volver a calentarlo – agregó Sigyn.
Loki no respondió y sólo se acercó a la mesa en donde estaba la bandeja para servirse la merienda. Esta vez se quedó mirando el plato: era carne de ciervo guisada. Bebió algo de vino antes de comer la rica carne que despedía vapor… la devoró acucioso, como si fuera ese día el último de su existencia. Sigyn le avistó extrañada de su actitud, ¿Qué le sucedía al Príncipe Loki? Quizá ya se estaba volviendo loco definitivamente, tal vez le volvería la antipatía en un rato más y que esta bienvenida simplemente era una broma para hacerla enojar.
Sin darle más importancia, Sigyn siguió con sus deberes. Dejó el extenso lecho de Loki cuidadosamente hecho. Luego acomodó las almohadas y por último, cuando el príncipe hubo acabado de comer, dejó la bandeja en otra mesita que se hallaba más alejada. Loki aun saboreaba el plato recién servido, para luego acosar silenciosamente a Sigyn con los ojos. Esta vez, ella pareció darse cuenta y permaneció un rato quieta, como esperando a que el joven dios le hablara. Nada sino el silencio reinaba entre ambos.
- ¿Mi señor?
- No pasa nada. Solo te observaba – le contestó Loki, su fascinante voz sonaba repleta de tranquilidad.
- Oh… ya veo. Creía que necesitaba algo – pensó Sigyn en voz alta.
- Sí, a ti…- pensó Loki tras oír aquello, entrecerrando los ojos un poco, como si tuviera sueño.
La joven se le acercó un poco más, recordando lo que Loki le había dicho tan enigmáticamente:
'Mi hostilidad ante ti seguirá siendo hostilidad sino puedes ver más allá de esa maldita mentira que odio tener que pintar contigo. No te dejes llevar por eso…'
Manteniendo la compostura como mejor podía, la criada formuló una sugerencia.
- Mi señor, no quiero sonar impertinente, pero… si desea conversar sobre algo conmigo, siéntase libre de hacerlo – le dijo Sigyn tomándole de un hombro, motivada por aquella misteriosa pero no menos importante aseveración – Puede confiar en mí.
Loki permaneció congelado ante la fuerza de aquella afirmación. Giró la cabeza a otro lado, confundido. ¿Era cierto lo que estaba pasándole? Poder contarle sus inquietudes… a una siempre sirvienta. Sin embargo, otra vez la obstinación se impuso en sus rápidas reflexiones. Si no se lo podía contar a sus familiares o a aquellos que por tanto tiempo creyó sus amigos, ¿Por qué iba a contárselo a ella? ¿Qué sabía ella de su sufrimiento? Pero ahora se le ocurrió otra probabilidad… quizá ahora Sigyn se sentía tan atraída hacia él como él profesaba esa oculta y terrible obsesión por ella, y por ende le importaba lo que le sucedía realmente. Que quería saber qué le sucedía, qué pasaba por su mente… ah, qué ilusión, qué pensamiento tan maravilloso. Combinado todo aquello con lo que había visto el día anterior, oírla defendiéndolo y después viéndola desnudándose sin que se diera cuenta. Sentía que esa mano en su hombro le transmitía fuerza, como diciéndole que todo estaría bien.
Pero sólo se quedó callado, preso de la incertidumbre. Intentando no mirar a Sigyn, sabido de que aquella acción, en lo más profundo de su oscuro ser lo hacía consumirse de deseo por ella.
Mis queridas lectoras, como ya pudieron notar, llegó el punto en que Loki empieza ya a cuestionarse su mal llamado 'sentimentalismo' al ver que Sigyn lo defiende de las burlas de sus compañeros. Y más aún cuando la ve desnudándose en su habitación. Quizá sea algo repetido en los fics pero yo quería hacer mi propia versión, jejeje... creo que me gusta muchísimo hacer sufrir a Loki poniéndolo tan cerca de Sigyn sin que él la pueda tocar :D yo en lo personal me imaginaba esa escena con esta melodía de fondo:
www . youtube watch? v=kS6QFTSjuPU
Es parte del soundtrack de la película que les mencioné anteriormente, llamada "Chloe"... se imaginarán qué se le pasa en la mente a nuestro principito después de ese episodio :)
A las que no sepan mucho de mitología nórdica, Andhrimir es el chef de los guerreros que están en el Valhalla. Suele cocinar un jabalí que revive para comerlo eternamente... algo bastante extraño XD.
El sueño que Sigyn tiene luego de la fiesta refleja bien - como habrán podido notar- lo que Loki siente hacia ella en ese momento, claro que hace lo mismo que hizo al principio de la película 'Los Vengadores' y la escena de Stuttgart al ordenarle a la multitud que huye que se arrodille ante él. Por supuesto, Loki no los hace arrodillarse sino los asesina por su insolencia. Diferente de Sigyn (como se lo esperaban) él decide no lastimarla y decirle de forma enigmática de que todo lo que está haciendo es para que se acerque más a él, por muy absurda que sea la idea. Les confieso que cuando vi la película, me fui imaginándome a Sigyn en diversas escenas con Loki tanto en conflicto como en plena tranquilidad (este fue el ejemplo, jeje).
Y por último la conversación que quedó para el próximo capítulo, deparará lo que viene: poco a poco veremos cómo nuestra parejita empieza a romper las barreras para darse cuenta de que ambos están enamorados.
Como siempre digo, espero haya sido de su agrado, no olviden dejarme un review comentándome qué les ha parecido!
Bye! :-*
