DISCLAIMER: Los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoño Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation Co. Yo solo suelo tomarlos prestados en esencia para inventar con ellos historias de amor sin fines de lucro =) De una fan para otras fans.

¡Hola amigas (os)! Aquí estoy trayéndoles el epílogo que estaba pendiente en este Terryfic. Les agradezco muchísimo una vez más por todo su apoyo, que me incentiva a crear y compartirles más historias.

A Thay, Dajimar, Stormaw, Skarllet, Chibiely, Angdl, Phambe y Kraznyrose, mil gracias por sus comentarios y favoritos. Les envío un gran abrazo y así mismo a todas (os) quienes me leen, en cualquier parte del mundo donde estén.

Y bueno, respecto a este cierre del fic, solo me resta decirles que culmina con lo que sería un nuevo comienzo para el personaje (muy querido, por cierto) que me faltaba profundizar en esta historia; como la conclusión feliz que me hubiese gustado para él en la serie original, de quedarse de verdad Candy con Terry, como una oportunidad de vivir su propia historia...

Epílogo

(Albert)

Puede decirse que ahora sí he retomado a cabalidad mis labores y actividades con las empresas Ardley, así el pasar detrás de un escritorio todo el día, todos los días no sea en absoluto mi vocación. Sin embargo, como forma parte de mis responsabilidades y es algo a lo que no puedo renunciar, ansío y planeo por lo pronto terminar de cumplir las metas proyectadas anuales para poder tomarme unos tres meses de vacaciones a inicios del año venidero y de esa forma poder viajar y dedicarme más tiempo a mis labores humanitarias. Ser el líder de todo un clan es complicado pero no por ello voy a dejar que esto termine conmigo u oprima mi libertad.

Otras almas parecidas un tanto a la mía son Terry y Candy. Esta semana he recibido carta de ellos. Después de casarse, él realizó su deseo de llevársela lejos y ahora como queriendo escaparse de todo lo problemático y estresante del mundo, se encuentran viajando tranquilamente por algún lugar de Canadá, por recomendación de un amigo del teatro.

Debo reconocer que algo dentro de mí siempre me dijo que ese par de revoltosos terminaría juntos. Dos espíritus aventureros que saben complementarse el uno al otro y que si fuesen menos rebeldes no me enorgullecería tanto de que fuesen mis amigos. Me alegra inmensamente que su sueño se haya cumplido y que las cosas les estén yendo bien en sus vidas. Mis deseos para ambos siempre serán los mejores, tal como se los recalqué en su sencilla y reservada pero emotiva boda, en la que me dieron el privilegio de ser su padrino, y como bien saben espero de corazón que les vaya de lo mejor en sus profesiones, estando al tanto que pronto piensan retomarlas con esmero.

Terry decepcionó a muchas fanáticas y seguidores con su repentina desaparición de las tablas pero ahora está planeando su regreso a lo grande, esta vez como dramaturgo, para lo cual se está preparando. Candy por su parte, dejó también su empleo en el Hospital de Chicago para enfocarse principalmente en su matrimonio, más planea seguir capacitándose en temas referentes a salud, ni bien se radiquen en New York, lo cual será enhorabuena dentro de pocos meses. No me queda duda de que lograrán lo que se han propuesto y tendrán éxito porque tienen constancia y temple para lograrlo, y no dudo además que lo sabrán equilibrar cuando empiecen a agrandar la nueva familia que recién han formado.

No dejan de preguntarme así mismo referente a este último tema, cuándo seré yo el que se dé una oportunidad en el amor, algo en lo que con sinceridad no me he puesto a pensar mucho acostumbrado a estar siempre tan enfocado en mis asuntos personales y más ahora con el montón de ocupaciones ejecutivas que me rodean. Lo curioso es que con sus insistencias han conseguido que por primera ocasión en mis veintiocho años me ponga a reparar con seriedad en el hecho que he ido dejando de lado sin darme cuenta. Tal vez de verdad sea tiempo de considerar conocer a profundidad a alguien, así a estas alturas me dé la impresión que no me será tan fácil encontrar a esa dama adecuada para compartir mi vida… alguien sencilla, inteligente y que me quiera con sinceridad, no por mi fortuna… Es gracioso porque cualquier sujeto en mi condición se sentiría privilegiado, con la oportunidad al alcance de sus manos para poseer a las mujeres que quisiera, más hay quienes preferiríamos conocer a una sola de buen corazón y serle fiel.

Sacudiendo la cabeza para despejarme todos estos pensamientos de la mente, vuelvo a centrarme en la carta que tengo en las manos para leer los párrafos de despedida de los recién casados y juro que casi puedo visualizarlos caminando juntos y felices por esos parajes montañosos y majestuosos, rodeados de naturaleza y tan llenos de paz.

Un ligero alboroto acontece en esos momentos afuera del despacho, distrayéndome, por lo que extrañado procuro escuchar la causa sin levantarme del escritorio, y descubro al punto que se trata de una pequeña discusión entre dos mucamas.

-…Pero no, ¡Por qué yo!... ¡Mírame cómo estoy en estas fachas!- protestó una de ellas, intentando modular su voz para no hacer ruido, no obstante la reconozco sin problemas. Se trata de Dorothy, quien trabaja en Lakewood desde los ya lejanos tiempos de la adopción de Candy.

-¡Porque es tu deber colaborar y ya deja de quejarte! Además no te olvides que eres mi ayudante- replica la otra mujer y esta vez reconozco de inmediato a Rose, la cocinera líder de la mansión, a quien todos estimamos mucho.

-Por favor… no puedo hacerlo, no estoy lista- insiste la primera casi en un juvenil lloriqueo, porque después de todo no pasa de los veinticinco años. Eso se puede adivinar solo con solo verla.

-Ya deja de decir tonterías y de comportarte como una niña Dorothy, bien sabes que debo regresar a la cocina a continuar con mis quehaceres. Hay un montón de cosas por poner en orden. Ahora ve, deja de refutar y no te demores- replica la mujer mayor para a continuación escucharse unos rápidos pasos alejándose por el linóleo, lo que me hace suponer que ya ha emprendido la retirada dando por zanjado el problema.

Un singular suspiro de resignación me llama entonces la atención y trato enseguida de hacerme el desentendido en cuanto noto moverse el pomo de la puerta. Unos segundos después ésta se abre y lo primero que veo pasar es el carrito en el que suelen traerme la comida cuando estoy tan ajetreado que no me acerco al comedor a almorzar o merendar, como hoy.

-…Disculpe señor William… le he traído aquí la cena- Escucho que en tono bajo y algo inseguro me dice y entiendo que toda su incomodidad se debe de algún modo a mí.

Me tomo un tiempo para observarla de reojo y al disimulo, apartando por unos instantes mi concentración del acta de la última reunión de los accionistas y una serie de documentos adicionales que debo terminar de firmar, respetando aún si entender la razón de su molestia para conmigo, pues no recuerdo haberle dicho algo grosero o haber actuado de manera en que pudiera con anterioridad ofenderla… en especial cuando hasta hacia pocos días en mi percepción de hombre me había parecido notar una inocente atracción de parte suya flotando hacia mí junto con un sutil coqueteo que me resultaba en el fondo halagador; así estuviese ella consciente que desde mi punto de vista el único tipo de relación existente y posible entre ambos se remite con cordialidad a mi rol de empleador y al suyo de trabajadora remunerada, y teniendo en cuenta además yo, su estado civil de comprometida o dentro de una vida marital… sin atreverme a indagar en los problemas que respecto a ello estaba teniendo, como también había escuchado por allí.

La contemplo en silencio mientras se acerca un poco nerviosa y sonrojada a limpiar la pequeña mesa decorativa que hay en el centro de la estancia, donde acostumbro a comer en ocasiones de arduo trabajo, como esta. Esta noche le presto completa atención por primera vez.

Y de repente algo sucede en un segundo que termina por cautivar de redondo mi interés. El dulce aroma a jabón perfumado y rosas provenientes de su piel y de su cabello húmedo recién lavado, me hace imposible no escrutarla cuando vuelve a pasar por mi lado y ella al darse cuenta con una adorable expresión de sorpresa y ruborizándose aún más, reacción que intenta cobijar bajo la larga cortina que forma su cabellera suelta y ondulada, se apresura a terminar de cumplir su labor. Lleva una bata de dormir y encima su salto de cama, lo que me hace comprender el motivo por el que no quería ingresar a la oficina. Para que no la viera así.

-Gracias Dorothy- reconozco con sinceridad y también para disminuir su tensión al tiempo que la veo trémula dirigirse con el carrito a colocar los platos sobre la mesa. Mi intención al contrario no da buen resultado y sus manos temblorosas hacen que llegado un momento se le caigan algunos canapés sobre la alfombra, por lo que yo amablemente enseguida le ayudo a recogerlos.

-Lo siento mi señor… le traeré otro plato- me dice azorada sin atreverse a mirarme de frente, aunque no se han echado a perder todos. Entonces aparte del encantador rubor que cubre sus mejillas, me doy cuenta también que posee unos hermosos ojos castaños, grandes y expresivos.

Una fuerza magnética parece atraerme desde este instante irresistiblemente a su timidez y de repente me encuentro deseando, sin poderlo creer, acariciar sus mejillas de manzana, tocar su tersa piel y conocer el sabor de sus bonitos labios.

-No te preocupes… y no me digas señor. Soy Albert- musito fascinado al tiempo que nuestras miradas se encuentran encerradas como por la fuerza de un candado. Cargada de emociones la suya y de deslumbramiento la mía. Un lapso que me resulta atemporal hasta que ella se levanta casi de un brinco para colocar los bocadillos recogidos del suelo nuevamente en el carrito y luego se dirige hacia la puerta.

-Disculpe- reitera en voz baja deteniéndose para voltearse hacia mí unos segundos en el umbral, antes de salir y en este momento yo de pie en medio de la estancia, observándola, tengo la absoluta certeza de que quiero conocerla más.

Nunca me he enamorado a decir verdad, aunque sí he mantenido varias relaciones informales o fugaces, sin intenciones de involucrarme demasiado… más he descubierto hoy en los ojos brillantes de Dorothy algo que me ha dejado leer parte de su alma y que me dice secretamente que esta vez de hacerlo valdrá la pena. Quizá los muchachos tengan razón y ya es hora de que me permita una oportunidad en serio…

Voy a arriesgarme.


¡Gracias por leer!

Hasta la próxima

Belén (Moonlight86)