Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa silkendreammaid.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.

Silken contestó a sus reviews… busquen el suyo al final del capítulo.

xXx

Nota de la autora:
Thank you once again to everyone for reading and enjoying... i really appreciate knowing that you're liking the monster and the way that Mary treats it... it really is wonderful when Mary sends me your reviews... even if she won't let me give hints for upcoming events...lol
silken :)
Gracias nuevamente a todos por leer y disfrutarlo… realmente aprecio saber que les está gustando el monstruo y la forma cómo Mary lo trata… realmente es maravilloso cuando Mary me envía sus reviews… incluso si ella no me deja darles pistas de los futuros eventos…lol
silken :)


Returning Echoes
(Ecos que Regresan)


Capítulo 11: Equilibrios y Apuestas

Ed y Al esperaban en la antecámara. Las grandes puertas en relieve eran tal cual las recordaba. Estudió los tallados perezosamente. La suave madera blanca brillaba reluciente y parecía casi luminiscente. No pudo evitar comparar esta puerta blanca con la negrura sólida de la Puerta. Ambas ornamentadas, ambas conduciendo hacia la Verdad, ambas exigiendo precios qué pagar.

La fila de postulantes se movía lenta y silenciosa. No había un orden específico. Los que llegaban primero entraban primero. Ambos habían estado gratamente sorprendidos de ver a Ralke allí y él había sido uno de los primeros en desaparecer por las puertas. Había lucido extremadamente nervioso y ambos le habían sonreído para procurarle un poco de confianza. Edward y Alphonse eran los únicos que sabían lo que había detrás de aquellas puertas. Y el conocimiento previo no le daba a ella mayor oportunidad de éxito sobre ninguno de los otros.

El imbécil, como Ed continuaba llamándolo, se encontraba todavía esperando su turno. Éste no miró a Ed y ésta se divirtió contemplando fijamente su espalda. Ella podía ver que a sus hombros le daban tics de vez en cuando y él se rehusaba a voltearse para devolverle la intensa mirada. Él sabía que ella estaba allí y estaba tratando de ignorarla. Casi pareció aliviado cuando atravesó las puertas. Aún así habían otros que le lanzaban duras miradas. Y mientras que ninguno de ellos se atrevía a desafiarla, por decirlo de alguna forma, todos la estaban observando, esperando a que fallara.

Ed y Al caminaron lento más cerca de la puerta y Ed empezó a tomar respiraciones lentas, buscando mantener sus nervios a raya. A medida que las puertas se hacían más grandes, Ed consiguió que su mente cayera en un estado de relajación. Tomó otro respiro profundo y sintió que los nervios se desvanecían. Ella ya había estado aquí antes; ella había estado ante la Puerta. Ella iría hacia delante.

Cuando le tocó su turno, se quitó su abrigo y se lo dio a Al. Éste pareció algo sorprendido, pero Ed tenía una mirada distante en sus ojos. Él le tocó el hombro y ella le sonrió antes de caminar hacia la puerta. Sus manos enguantadas asieron las suaves manijas y las abrió con el mismo acto de confianza que había utilizado ochos años atrás.

Al observó el momento en que ella desaparecía dentro de la oscurecida habitación.


La Silla estaba esperando; ella la pudo sentir por entre la oscuridad. Incluso antes de que la luz brillara apuntando sobre la Silla, ya estaba caminando hacia ella, sus pasos haciendo un débil eco. El círculo alquímico en el piso resonaba a través de ella, y estiró su mano para tocar la Silla. Cerró sus ojos al tiempo que sentía la profunda fuerza de la alquimia.

Se movió rodeándola y se sentó, perfectamente equilibrada y sus ojos se abrieron, y enfrentó al panel.

Mustang estaba sentado en silencio a un costado, sus ojos se entrecerraron. Ocho años antes, él había observado a Edward sentarse aquí y había visto el nerviosismo del niño y había oído sus vacilaciones. Cuando las palabras habían iniciado, la voz de Edward se había fortalecido y había demostrado una consciencia y madurez inesperadas en un niño tan pequeño. Esta vez los ojos de ella estaban casi resplandeciendo y había una serenidad que él jamás había visto en el rostro de un postulante. Incluso aquella mirada que había visto la primera noche que regresó Ed no había tenido la intensidad de ahora.

La suave voz del Fuhrer susurró en el silencio.

"¿Por qué estás aquí?"

Los ojos dorados se fijaron en los azul pálido de él y la voz de Edward fue tranquila y uniforme.

"Porque aquí es donde necesito estar. Éste es el lugar a los que todas mis promesas y sacrificios me han traído. Para dar un propósito y significado a todos aquellos quienes han dado tanto de sí mismos por mí."

"'Alquimista, te debes al pueblo', ¿cierto?"

"No, porque hay gente que ha moldeado mi alquimia, que me ha moldeado a mí y ellos se merecen lo mejor que puedo ser; ellos se merecen todo lo que puedo dar. Ésa es la gente que siempre contará conmigo."

"Algunos verían eso como egoísta."

"El equilibrio requiere tanto del egoísmo como de la falta de egoísmo. Para mí y para ellos. Yo he sido egoísta, he sido cobarde e infantil. He dejado que los otros carguen mis cargas. He sacrificado todo por vislumbrar la esperanza, he luchado para corregir cada error que hice y me he esforzado para no dejar que otros sufran lo que yo."

Mustang observaba mientras Ed y el Fuhrer hablaban. El cabello de ella destellaba oro en la luz, la camisa azul oscuro era el contraste perfecto para su dorada brillantez. Ella sentada allí en el centro de un círculo de transmutación tan antiguo y aromatizado de poder que hacía que los candidatos temblaran. Elegancia no era nunca una palabra que habría aplicado a Edward Elric, pero era la única palabra que parecía concordar con la imagen que ella mostraba. Elegante de apariencia, y elegante de actitud.

De pronto la elegancia desapareció cuando Edward distraídamente llevó sus piernas hacia arriba y las deslizó debajo suyo, una a la vez. Mustang parpadeó. Edward Elric estaba sentada sobre la Silla con las piernas cruzadas. Equilibrio perfecto sobre un único punto.

"La obediencia necesita de sacrificio."

"Siempre hay un precio que hay que pagar. Sin ello, no existiría el significado de ningún servicio. De otra forma no lo aceptarías."

"¿Como tú lo aceptarías?"

"Hace ocho años yo me senté aquí para ratificarle una promesa a mi hermano. En ese entonces yo juré que aceptaría todo lo bueno y todo lo malo que pudiera venir y que vendría al estar al servicio del Estado." Ed se detuvo y su voz se hizo más pausada. "Esta vez no he hecho ninguna promesa. Aquí únicamente estoy yo y nunca me habría sentado aquí de no estar dispuesto a pagar el precio."

"¿Servirás al Estado?" Preguntó el Fuhrer con suavidad.

"Sí."


Edward se encontraba parada, parpadeando en la luz fuera del Cuartel General. Al estaba callado a su lado. Ella se sentía un poco desorientada.

"Ese círculo ha cambiado, Al." Murmuró Ed lentamente, esa mirada distante aún en sus ojos.

"¿Qué quieres decir, Hermana?"

"Pude sentir el círculo bajo mis pies, Al. No recuerdo que eso ocurriera la vez anterior. Cuando me senté sobre la Silla fue como si la alquimia me estuviera levantando. Se sintió diferente que la última vez."

"Yo pude sentir la alquimia a mi alrededor, pero no como si me estuviera levantando." Al frunció el ceño confundido. "El círculo sólo mantiene la Silla en su lugar, ¿no es así Hermana?"

"No lo creo, Al." Ed empezó a caminar de un lado a otro a lo largo del escalón. "La Silla definitivamente está conectada al círculo. Quiero decir que esa posición en el centro es muy deliberada. Pero el círculo se siente como si fuera más profundo. Puedo ver partes del círculo y sé que lo vi todo completo cuando apareció la luz, pero no puedo recordar cómo se conecta a sí mismo. ¿Tú sí?"

Al parpadeó y pensó, tratando de imaginarse el círculo. Negó con su cabeza. "No, no puedo, Hermana. No puedo verlo todo claramente, sólo partes."

"Creo que ésa es la alquimia en acción. Al igual que antes, tampoco recuerdo todo lo que dije allí dentro." Ed hizo una pausa. "Podría preguntarle al bastardo. Él estuvo allí y estuvo también en mi primera entrevista y en la tuya, sin duda." Al asintió. "Me pregunto cómo es afectada la memoria de él, y de hecho él ha tenido que sentarse en la Silla durante su propia entrevista."

"Pues puedes preguntarle, Hermana." Al observó que Ed fruncía el ceño pensativa. Sacudió su cabeza. Ella siempre encontraba cosas que la ponían curiosa. Adivinanzas y preguntas en las cuales podía quedarse inmersa. "En fin, la práctica es mañana y entonces todo habrá terminado y podremos empezar realmente con nuestra investigación, Hermana."

Ed le sonrió a su hermano. Podía ver cuánto esperaba eso y sabía que ella también deseaba regresar a la biblioteca. De veras que extrañaba ver y estar rodeada por esa riqueza de conocimiento y por el maravilloso olor a libros antiguos.

"Un día más, Al. Lo vamos a lograr," y levantó su mano derecha en un suelto puño y él le dio el encuentro con su puño izquierdo. Ambos intercambiaron una amplia sonrisa.

Ed le sonrió socarronamente. "Vámonos ya, puedes comprarme un café, Hermano." Y empezó a bajar corriendo las escaleras a paso ligero. Al rió y corrió tras ella.

"¡Vas a deberme un montón, Hermana!" Reclamó mientras corría.


Era temprano en la noche cuando el General de Brigada Roy Mustang entró a su oficina y encontró a los Capitanes Hawkeye y Havoc esperándolo. El día de entrevistas era siempre el más pesado y más largo para los examinadores. El examen escrito y práctico duraban menos de medio día cada uno, pero las entrevistas duraban un día completo y cada entrevista variaba debido a que cada candidato era diferente.

Cayó en su silla y pasó su mirada de un Capitán al otro, uno de los cuales tenía un rostro más serio que el otro.

"¿Qué quieren?" Preguntó antes de añadir, "como si no lo supiera."

Havoc le sonrió ampliamente. "Entonces, ¿Cómo le fue a ella, Jefe?"

Mustang mantuvo su rostro inalterable. "Sabes que no se me permite discutir los detalles de ningún resultado o progreso de los postulantes, sin importar su éxito o fracaso."

"Sí, pero es el Jefe Ed. Tenemos una obligación de saber cómo le está yendo."

"¿Es eso o una gran apuesta?" Mustang sonrió socarronamente. La sonrisa de Havoc se amplió.

"Ambos, Jefe."

Mustang sonrió levemente. "Bueno, sólo digamos que Edward estará asistiendo a la prueba práctica de mañana."


Roy Mustang suspiró al tiempo que se echaba hacia atrás en su silla. Todos se habían ido y sentía que el cansancio lo invadía. Qué día más largo. Ciertamente debería de levantarse e irse a casa, pero es que sencillamente estaba demasiado exhausto. Ésta no sería la primera vez que habría dormido sobre el sofá.

Hoy Edward lo había vuelto a sorprender. Ella había estado tan elegante y equilibrada. Ésa era la única palabra que parecía encajar. Se había sentado en esa Silla y dejó que ésta la soportara completamente. Él nunca había visto o escuchado de alguien haciendo eso antes. Con el pasar de los años había llegado a ver que cuando un candidato se sentaba en la Silla, ambos pies tenían que estar colocados en ángulos precisos de ésta para mantener el correcto equilibrio. Se había dado cuenta que la ubicación de los pies y la Silla representaban los tres Principios de la Alquimia. La Silla representaba el Entendimiento; los pies representaban la Destrucción y Reconstrucción. Si alguno de los pies del candidato no estaban colocados correctamente, entonces el equilibrio era destruido y el candidato fracasaba. Al equilibrarse sobre el entendimiento, destrucción y reconstrucción, un candidato entonces personificaba su propio conocimiento de la Alquimia. El círculo bajo la Silla no aceptaría nada menos.

Pero Edward había sido capaz de mantener el equilibrio sobre el Entendimiento únicamente. Algo le tuvo que haber sucedido a Edward durante sus años fuera. Tenía que haber algo que lo explicara. A Mustang no le gustaban los misterios. Él definitivamente iba a tener una larga charla con Edward. Después de la práctica.


Edward se encontraba parada vestida con su camisa y pantalón de dormir, miró a su hermano y sacudió su cabeza. "No."

"Pero te los pusiste ayer."

"Eso fue ayer. Mañana es la práctica y quiero comodidad. Así que, ¿dónde están?"

"¿Dónde están qué, Hermana?"

"Tú sabes qué, Al. ¿Dónde están?"

"Están en la lavandería."

"Estás mintiendo, Alphonse."

"¡No puedes ponértelos y eso es definitivo, Hermana!"

"Entonces iré así."

"¡No puedes hacer eso!"

"Sólo obsérvame Al."

"Está bien, aquí están."

"Ya ves Al, tú puedes ser un buen hermano cuando lo intentas."

Ed se trenzó el cabello para aplacar los heridos sentimientos de su hermano.


Ed se reclinó contra la fachada de mármol fuera del Cuartel General. Sus ojos estaban ligeramente sombríos mientras observaba los banderines ondeando en la suave brisa.

"¿Qué ocurre, Hermana?"

"Sólo estaba recordando… la última vez que hice esto. Pensé que había podido hacer que no me afectara." Ed tornó sus tristes ojos hacia su hermano parado a su costado y éste suspiró.

"También yo." Al levantó la vista y observó una nube surcando el cielo. "Ella querría que lo hicieras bien, Hermana."

"Lo sé Al. Saber que tú y… Nina estaban acompañándome ciertamente me dio el coraje para pasar por esas puertas en ese entonces."

Ambos quedaron en silencio por un momento.

"De todas las cosas que cambiaría si pudiera, pienso que eso estaría primero en mi lista, Al." Dijo Ed lentamente mientras se reclinaba contra Al. Éste asintió estando de acuerdo.

"Hoy voy a aprobar esto por ella, Al."

"¡Al! ¡Ed!" Ellos levantaron la mirada y vieron a Ralke caminando hacia ellos, con una sonrisa nerviosa en su rostro.

"Hola Ralke. Así que pasaste la entrevista." Dijo Ed mientras se despabilaba de su melancolía.

"Sí. Pienso que eso fue lo más difícil que haya hecho jamás." Replicó.

Ed y Al asintieron. "Sí. Pienso que es lo más difícil de todo el proceso." Dijo Al.

"Pero no puedo recordar todo lo que dije ahí. No puedo recordar todas las preguntas."

Ed y Al intercambiaron miradas.

"Tiene que ser la alquimia." Ella se volteó hacia Ralke. "No puedes recordar todo el círculo de transmutación, ¿no es así?"

Ralke frunció el ceño haciendo memoria y luego negó con la cabeza. "No, recuerdo la línea ondeante que bisecta el punto de la Silla pero no puedo recordar el borde de enlace."

"Allá hay alguna forma de alquimia fuerte y voy a ver al bastardo para removerle el cerebro y sacarle información." Dijo Ed con una mirada resuelta en su rostro.

"¡Mayor Elric!"

Tanto Ed como Al voltearon ante el llamado. Un soldado vestido de azul se encontraba parado al final de las gradas y les saludó con la mano. Al asintió en respuesta y Ed y Al empezaron a subir las gradas. Ralke subió con ellos, luciendo un poco aturdido por la automática reacción.

"Todos los alquimistas reciben el rango de Mayor cuando aprueban, Ralke." Dijo Ed cuando notó su expresión. "Tú sí sabías eso, ¿cierto?"

"Sí, pero ambos voltearon." Sus ojos estaban todavía muy abiertos.

"Eso es porque fui Mayor por cuatro años, Ralke. Eso es un poco difícil de olvidar. Y además estaba diciendo mi apellido." Ed le sonrió. Ralke todavía estaba teniendo algunos problemas haciéndose a la idea de que esta rubia joven una vez había sido el Alquimista de Acero, y además hombre.

"Oye Falman. ¿Qué estás haciendo aquí?" Dijo Ed de manera entusiasta mientras llegaban al final de las gradas.

El Oficial Técnico en Jefe Falman le hizo un saludo militar a Al y le asintió a Ed. Habló en su meticulosa forma habitual.

"Dada la renuencia del General de Brigada de compartir hasta el momento los detalles de tu progreso en los exámenes, ciertos colegas tuyos han decidido que deberíamos de estar presentes para poder observarte por nosotros mismos, Edward."

Edward rió y Al le sonrió al serio oficial cuando el rostro de éste rompió en una amplia sonrisa.

"¿Tan altas están las apuestas, Falman?"

Ralke miró a uno y luego al otro, sus ojos muy abiertos ante la agradable camaradería entre ellos. Mientras más tiempo estaba con ellos, más fuera de lugar se sentía.

Era tan diferente a cualquier cosa que había conocido antes. Él había llegado desde una pequeña granja y después de descubrir un interés y aptitud hacia la alquimia, había decidido que ser un Alquimista Estatal sería el modo perfecto de ayudar a mantener a sus padres. Pero Central ya lo había dejado inseguro con su gran tamaño y lo que parecían hordas de gente. La joven rubia había llamado su atención durante el examen escrito cuando ésta se había quitado su abrigo y la luz que reflejaba su brazo lo había distraído. Su completa confianza, así como la tangible aura que había exteriorizado durante el altercado con ese estúpido idiota lo había impresionado. Y ahora descubrir que ella era el Alquimista de Acero había sido algo totalmente alucinante.

Y ahora estaba a punto de enfrentar la parte práctica del examen al lado de Edward Elric. Él no pensaba que su familia iba a creerle cuando les escribiera a casa.

"Éste es Ralke Gray, Falman. Él también es un postulante." Estaba diciendo Al mientras iba hacia donde se encontraba. "Ralke, te presento al Oficial Técnico en Jefe Vato Falman, un viejo amigo nuestro."

"Un placer conocerlo, Señor Gray." Ambos se dieron la mano.

"El… el placer es mío, Señor." Ralke medio tartamudeó.

Empezaron a caminar por la entrada en forma de pórtico. Edward lucía muy relajada y Ralke sentía bastante envidia de su confianza. Él tenía que mantenerse sobándose las manos en sus pantalones ya que sus palmas le seguían sudando.

"¿De vuelta a la trenza, Ed?" llegó una alegre voz. "Lástima que ya no tengas ese abrigo rojo."

"¡Breda!" Exclamó Ed con una sonrisa mientras se acercaban al macizo hombre. Ella sacudió su cabeza y dejó que la larga trenza se balanceara. "Sólo para la ocasión, Breda, y pienso que el abrigo rojo sería como presionar un poquito, ¿no lo crees?"

"No, yo podría ganarle una apuesta extra a Havoc si lo hicieras."

"¿Cuánto más extra?" Dijo Ed, sus ojos estaban muy atentos.

"¡Hermana! ¡No! Tú no puedes hacer eso."

"Pero Al… yo puedo cambiar este abrigo y si Breda cierra las apuestas antes de que Havoc nos vea…" Ed empezó a decir.

"No, Edward. No vas a apostar con esto." Dijo Al con firmeza, a pesar de que había un destello en sus ojos.

"No veo por qué no. Yo apuesto a que todos lo han hecho. ¿Por qué no puedo participar también?" Ed hizo un puchero. "Y sólo piensa en el ataque que le va a dar al bastardo. Ya pues Al, sólo por esta vez." Ella lo miró y abrió sus ojos, grandes y suplicantes. Cuando la mirada no pareció funcionar, ella frunció el ceño y dijo bruscamente, "claro está que puedo simplemente no aparecerme."

Al, Breda y Falman se la quedaron mirando fijamente. "¡Tú no puedes hacer eso!"

"Caramba, entonces todas esas apuestas serían en vano, ¿no es así?" Dijo ella a la ligera y miró indiferente a sus dedos enguantados. "¿No es así, Al?"

Al miró a su hermana boquiabierto. "¿Cómo es que tú…?"

"Oh vamos Al. Tú siempre participaste en las apuestas." Al le farfulló a Ed y agitó sus manos en exagerada negación.

Falman y Breda miraron a Al en shock. "No, él no participó." Dijeron al unísono.

Ed sonrió ampliamente. "Ahh, ¿no sabían que hacía que Fuery hiciera las apuestas por él?"

Falman y Breda miraron a Al y luego se miraron entre ellos y después otra vez a Al. "Con razón Fuery siempre parecía ganar tantas veces." Dijo Breda indignado.

"Tú nunca dijiste nada al respecto, Hermana." Dijo Al.

"Por supuesto que no." Ed le sonrió. "Tú lo disfrutabas. Yo no iba a detenerte." Siempre le había alegrado a Ed que su hermano hubiera podido integrarse a la oficina de esa manera. Ésa había sido sólo otra forma para que su humanidad fuera reforzada.

Les tomó a Al, Ed y Falman dos minutos para decidirse cuánto iban a apostar e incluso lograron involucrar a Ralke. El dinero cambió de manos y Breda salió volando para plantearle la apuesta a Havoc.

Ed aplaudió y cambió los pigmentos de su abrigo de azul a rojo. Incluso puso el Flamel en la espalda y Al inspeccionó de cerca para asegurarse de que fuera como el que acostumbraba ser. Con una maliciosa sonrisa, ella hizo lo mismo con sus jeans y los tornó negros. Ralke había oído acerca de la técnica alquímica de Ed, pero ésta era la primera vez que la veía y todavía se encontraba mirando fijamente cuando Breda regresó con una sonrisa de oreja a oreja.

"Perfecto, Ed. Hasta hice que Hawkeye apostara también." Rió Breda mientras los otros lo miraban boquiabiertos.

"¿Hawkeye? Considérate un muerto viviente, Breda." Dijo Ed.

"Oh no, ella está de nuestro lado. Fue gracias a ella que Havoc dobló las apuestas." La sonrisa de Breda se volvió verdaderamente maligna y todos ellos soltaron la carcajada.


Edward Elric caminó a través de los pasillos hacia el área de desfiles que había sido dispuesto para las prácticas. Vestida toda de negro y usando el abrigo rojo, con su cabello trenzado y su actitud confiada, ella atrajo una gran atención. Algunos reconocieron el atuendo y observaron con rostros sobresaltados y los susurros la siguieron. Ralke permanecía desconcertado mientras caminaba con ellos. Ella lucía exactamente igual a como él se había imaginado que sería el Alquimista de Acero. Excepto por el género, pensó. Para Havoc, Hawkeye y Fuery, fue como ver un fantasma reapareciendo frente a ellos.

"¡Me tendiste una trampa!" Chilló Havoc al minuto que logró levantar su mandíbula del piso. Los otros rieron y Breda tenía su mano extendida y abierta.

"Paga."

"Estás siendo prematuro, Breda. Existen todavía apuestas pendientes." Dijo Falman.

"Caray, ¿cuántas apuestas tienen para esta condenada cosa?" Preguntó Ed.

"Sólo unas cuantas, Ed." Fuery levantó la voz. "No hemos tenido una oportunidad como ésta desde que Havoc finalmente tuvo el valor de invitar a Hawkeye a salir."

"Viejo, las apuestas de ese entonces eran enormes." Se deleitó Breda. "Y ahora, ¿qué propuestas para la reacción del Jefe por la apariencia de Ed?"

Todos ellos empezaron a regatear y de nuevo el dinero cambió de manos rápidamente.

"¿Siempre hacen esto?" Ralke le preguntó a Ed en voz baja.

"No tienes ni idea, Ralke. Estos tipos apostarían por cualquier cosa." Contestó Ed con una sonrisa cariñosa mientras los observaba. Luego levantó la voz.

"Tenemos que irnos, chicos, así que entonces los buscamos cuando acabe."

"Estaremos observando, Edward. Fuery nos encontró un lugar en las tribunas allá arriba." Hawkeye sonrió ampliamente. "Enorgullécenos."

"Como siempre, Hawkeye." Replicó Ed y miró a Al. Éste se le acercó y le dio un abrazo.

"Por Nina," susurró y ella asintió. Ella se apartó y le sonrió. Luego se volteó hacia Ralke.

"Vamos Ralke, hagamos esto." Caminó delante de él a través de un pequeño pasaje y hasta afuera, a la zona de desfiles.


El General de Brigada Roy Mustang se encontraba parado al lado del Fuhrer, su ojo recorriendo los candidatos mientras éstos empezaban a llegar. Siempre era interesante observar las expresiones en sus rostros cuando veían las montañosas pilas de materiales que los aguardaban. Muchos también estaban abrumados por el tamaño del área de desfiles y por estar rodeados por el gran complejo de mármol que era el Cuartel General de Central.

Un destello rojo desde el pequeño grupo de candidatos entrantes llamó su atención y se quedó petrificado. Eso no era… no podía ser. Parpadeó y las personas que entraban fueron muy atentas en dispersarse, y ahí se encontraba.

Una rubia en negro y rojo. Una trenza dorada y un abrigo rojo sobre lo negro. Un silbido singular captó su atención y también la de la rubia. Con un giro de rojo y oro, la rubia se volteó y saludó con la mano al grupo en azul sobre las tribunas superiores. Él vio el símbolo negro en su espalda y vio a su staff e hizo que sus manos se hicieran puños muy al fondo de sus bolsillos. No se podía decidir a quiénes de ellos debía de calcinar primero.

Vio a Ed recorriendo con la vista al grupo de jueces y veedores. Se encontró con los sonrientes ojos y la amplia sonrisa de ella con un oscuro ceño antes de poder recobrar su habitual cara inexpresiva. Ella le hizo un guiño y se volteó hacia el hombre a su costado, apuntó hacia él y dijo algo. El joven miró sobresaltado y Mustang lo reconoció del examen escrito. Lucía un poco desconcertado ante lo que fuera que Ed le estaba diciendo.

El Fuhrer también estaba observando a Edward. El abrigo rojo y la trenza rubia fueron reconocidos al instante y al ver la sonrisa se dio cuenta de que eso también era una decisión deliberada de usarlo por parte de Ed. A juzgar por la tensión y el sonido de dientes apretados que pudo escuchar del General de Brigada a su costado, lo que fuera que Edward había planeado estaba funcionando más que bien.

Los candidatos se pararon alrededor y esperaron. Cuando hubo llegado el último, el Fuhrer dio un paso adelante.

"Ésta es la última fase del Examen de Alquimia Estatal. Con los materiales frente a ustedes, deben demostrar, en la medida de sus habilidades, lo que son capaces de hacer. No existe límite en lo que intenten, aunque les solicitamos que todo daño sea reparado posteriormente."

Él vio el breve destello de dientes blancos de Edward y vio que los ojos dorados revoloteaban hacia Mustang. El Fuhrer no pudo ver la expresión en el rostro de Mustang, pero sí vio los ojos entrecerrados de Edward en respuesta. Retrocedió hasta su lugar y se preparó para observar el resto del evento. Estaba muy interesando en ver la alquimia de Edward.

Al Fuhrer Sterben no le pasó desapercibida la repentina tensión tanto en Edward como en Mustang cuando un regordete hombre de cabellos oscuros se movilizó hacia adelante. Observó cuando Edward daba un paso hacia atrás y se deslizaba detrás del joven que estaba parado a su costado. Ella se agachó y puso sus manos juntas antes de tocar el suelo levemente. Su abrigo ocultó la mayor parte del brillo de su transmutación y se enderezó y regresó a su posición original.

Un sonido de sobresalto por parte del hombre regordete hizo que el Fuhrer se aguantara una sonrisa. El suelo alrededor de él de pronto se había vuelto blando y se había hundido hasta las rodillas. El Fuhrer Sterben miró a Edward y vio la sonrisa salvaje en su rostro mientras observaba. Ella no había intervenido con la alquimia del hombre y por lo tanto el Fuhrer no vio razón de intervenir. A juzgar por el silencio a su costado, sabía que Mustang estaba de acuerdo con él. El Fuhrer había oído acerca del altercado en el examen escrito y esta pequeña demostración de Edward le había contado el resto.

Varios de los postulantes se habían movilizado y estaban dibujando sus círculos de transmutación cerca de los materiales. Un joven erigió un pequeño dique y otro estaba sacando figuras de vidrio de las pilas de arena. El joven que había estado al lado de Ed se había movido hacia el dique y estaba haciendo serpentear el agua hacia diseños de flujos de corrientes alrededor de sus círculos.

"¿Cuál es el nombre de aquel hombre?" Preguntó uno de los observadores y apuntó hacia el hombre regordete.

"Newman, creo yo." Vino la respuesta de otro observador.

"Como que está teniendo un problemilla, ¿verdad?"

Newman todavía se encontraba atrapado en el suelo blando. Estaba intentando salir pero parecía que éste lo estaba persiguiendo. Mustang y el Fuhrer ocultaron sus sonrisas cuando vieron a Ed arrodillarse otra vez y luego se dio el débil destello detrás de su abrigo. Los ojos de Ed brillaron y su sonrisa se amplió mientras se enderezaba y se movía casualmente hasta quedar cerca de una pila de tierra y roca. Se posicionó hasta estar frente al bajo hombre fornido y lo observó llegar al final del suelo blando.

Mustang estaba muy complacido con la contención de Ed. Si hubiera continuado haciendo eso, ella podría haber sido acusada de sabotear las posibilidades de otro postulante. Podía ver que ella lo tenía todo planeado. Esa sonrisa en su rostro nunca había significado que ella estaba meramente feliz. Esa sonrisa generalmente tenía adjunto ese 'estoy tan feliz de que te vayas a morir'.

Edward aplaudió deliberadamente fuerte y estampó sus manos en el suelo con un destello enceguecedor. Las pilas de tierra y roca se hundieron dentro del suelo y empezaron a reaparecer en pilas más pequeñas de sus componentes separados. Ella las estaba ignorando y observaba cómo el hombre fornido la miraba intensamente.

Él dio unos pasos hacia ella. Sus ojos se percataron del abrigo rojo y de la trenza.

"¿Cómo llegaste hasta aquí?" Le siseó.

"De la misma forma como lo tú lo hiciste." Ed se puso de pie calmadamente y se encontró con la furiosa mirada de él. "Ya sabes, con inteligencia, habilidad y talento."

"¿Y esos pequeños montículos son lo mejor que puedes hacer?" Le hizo una mueca de desprecio. "No se requiere de mucho talento para hacer eso."

"Lo sé, pero me gusta trabajar con materiales puros." Ella le lanzó una sonrisa socarrona. "Y aún me falta ver lo que tú puedes hacer."

Él le lanzó una mirada asesina y ella mantuvo su mirada firme y divertida. Él sacó su pedazo de tiza y empezó a dibujar un círculo. Ella continuó observando y vio que la línea de él se tambaleaba ligeramente. Su sonrisa socarrona se amplió. Mientras ella no estuviera haciendo activamente nada, nadie podía decir que estuviera interfiriendo y Ed estaba siendo muy cuidadosa y estaba asegurándose de que todo lo que haga esté a plena vista de los observadores oficiales.

Ella aplaudió y posó sus manos sobre el suelo y varios montículos pequeños desaparecieron y luego se elevaron en una estructura de acero de una torre de cuatro patas con lados curvos. Ella sonreía y sabía que nadie de aquí reconocería su pequeña réplica. Otro aplauso hizo que la torre cayera en un río derretido de de hierro cuando el carbono fue drenado.

"¡Deja de hacer eso!" La voz del hombre regordete se elevó y ella lo miró. "¿Cómo me puedo concentrar cuando estás haciendo eso? ¿Por qué no estás dibujando círculos?"

"No necesito hacerlo, y no logro ver cómo te estoy distrayendo. Yo sólo estoy demostrando mi alquimia al igual que todos los demás." Ed abrió sus ojos desmesuradamente y volvió a aplaudir, colocando sus manos sobre el suelo. La torre volvió a elevarse, esta vez era más alta y brillaba con tonalidades plateadas cuando combinó más elementos en ella. "Ves, un poco de cromo y algo de níquel y se convierte en acero inoxidable. Déjame removerlos junto con el carbono y lo convertiremos en hierro forjado. Y luego algo de manganeso. Eso hace un lindo acero duro." Y Ed aplaudió, y un montículo diferente cambió de posición y se deslizó por la torre. Se fundió una y otra vez a medida que ella cambiaba el equilibrio de los componentes, reconstruyéndolo cada vez. Newman se quedó parado observando fijamente cómo la torre seguía cambiando.

"Me gusta el metal, puede ser tan versátil." Edward lo miró por el rabillo del ojo. "Pero después de un tiempo se vuelve un poquito aburrido." Ed aplaudió delicadamente y posó sus manos sobre el suelo. La torre de metal se dobló dentro de sí misma y se hundió en el suelo, y luego se volvió a elevar, pero esta vez era blanca. Ed se estiró y sacó un pedazo pequeño.

"¿Quisieras un poco más de tiza?" Dijo ella con una sonrisa y luego empezó a usar otros minerales y aleaciones. Plata, aluminio, latón, cobre, e incluso la base de roca de la zona de desfiles. Y ella nunca dibujó un círculo, ella sólo aplaudía y tocaba el suelo y cada vez la torre cambiaba de lugar y se transformaba. Ese abrigo rojo y esa larga trenza empezaban a sacar al hombre de sus casillas. Ambos cambiaban en láminas de color con cada aplauso y palmada de aquellas manos enguantadas.

"Te mueres de ganas por ser un perro de los militares, ¿no es verdad?" Gruñó finalmente. Sus palabras hicieron eco de un extremo al otro del terreno.

"El que tú estés aquí indica la misma ambición." Dijo Ed evasivamente. Ella podía ver a Mustang y al Fuhrer observando con interés por el rabillo del ojo. Los observadores que habían estado caminando por entre los postulantes empezaron a juntarse detrás de éstos y todos ellos se habían movilizado más cerca.

"¡El servicio militar no debería de ser rebajado con teatritos como éste! ¡Vistiéndote con ese atuendo! No creas que no lo reconozco. Tú no tienes ningún derecho de vestirte aquí con eso y de fingir con esta demostración infantil."

"Demostrar el conocimiento y la habilidad para manipular los elementos es el solo propósito del día de hoy. ¡Así construya pequeñas torres o haga algo como esto!" Y Ed aplaudió bruscamente y sus manos pegaron en el suelo. Éste retumbó y las pilas de materiales empezaron a deslizarse a través de la temblorosa tierra, enroscándose alrededor y sobre ellos mismos en delicadas y fluidas cuerdas metálicas al tiempo que éstas se engrosaban y se movían hacia arriba. Empezaba a aparecer una gran figura. Dos piernas se endurecían mientras los metales líquidos corrían hacia arriba para formar el aún más grande torso y la coraza del pecho. Los brazos se formaron hacia fuera, y luego el casco. Los metales brillaban a la luz del sol cuando la armadura de más de cuatro metros se solidificó.

Una explosión de ovaciones y silbidos flotó en el viento y Ed tuvo que morderse el interior de su mejilla para evitar mirar hacia las tribunas. Parado al lado del Fuhrer, Mustang sonrió de verdad. Ver aquella armadura allí parada y al más pequeño Elric con el abrigo rojo y la trenza dorada a su costado era sencillamente perfecto.

Mustang consiguió no reírse ante la expresión en el rostro de Newman. Éste estaba mirando a la armadura con incredulidad y luego a la rubia que la contemplaba con una expresión de cariño en su rostro.

"Y tengo todo el derecho de vestir con estas ropas. Van tan bien con la armadura." Ed sonrió levemente.

"Tal vez merezcas ser un perro de los militares. ¡Ciertamente no eres una mujer de verdad!" La miró despectivamente. "Eres sólo un perro que no vale la pena."

Ed se paró erguida y sus ojos se volvieron fríos. Mustang y el Fuhrer se pusieron tensos y observaron con cuidado, Mustang tenía su mano enguantada a medio sacar de su bolsillo.

"¿Podemos ver lo que ocurre cuando tratas de juzgar la valía de un perro de los militares, imbécil?" Preguntó Ed con voz fría.

"¡Perro de los militares! ¡Ja! ¡Querrás decir la perra de los militares!"

En una fracción de segundo, Edward había aplaudido y caído al suelo. Al mismo tiempo, Mustang sacó su mano completamente y chasqueó los dedos.

Tierra y llamas erupcionaron alrededor de Newman. Éste gritó cuando el calor quemó su piel y el suelo explosionó alrededor de él. Puntas se elevaron y lo circundaron y llamas ardieron en cada una de ellas.

Ralke y los demás lucían completamente conmocionados. Edward le había contado a Ralke, cuando le había señalado, que Mustang era el Alquimista de Fuego, y él había estado apropiadamente impresionado, pero jamás había esperado verlo en acción. El tuerto General de Brigada estaba parado allí con su brazo extendido y los dedos enguantados listos para volver a chasquear. A menos de tres metros estaba arrodillada la rubia dorada, sus manos enguantadas sobre el suelo. Y ambos tenían idénticas expresiones mientras observaban al hombre que gritaba. Ojos fríos y rostros inexpresivos.

El Fuhrer miró las ardientes puntas y tomó nota de su ubicación. Una punta estaba aproximadamente poco más de medio metro fuera del círculo. Edward la había colocado específicamente allí para que Mustang le apuntara y la usara como referencia para su cambiada percepción óptica. Ella había sabido que la rápida reacción de él no le había permitido tener el tiempo para que su ojo se ajustase. El Fuhrer miró a uno y luego al otro. Había sido un ataque coordinado y ninguno de ellos lo había planeado.

El Fuhrer se volvió a maravillar por los lazos entre esos dos. Ser capaces de reaccionar así al unísono le había dicho todo acerca de cuán bien se conocían estos dos en un nivel inconsciente. Los cuatro años trabajando juntos habían colocado cimientos que ninguno de ellos se percataba.

"¿Por cuánto tiempo va a arder eso, General de Brigada?" Preguntó el Fuhrer en tono afable.

"No tengo la menor idea, Señor." Respondió Mustang con tono satisfecho.

"Hasta que se consuma el carbón." Dijo Ed mientras se ponía de pie.

"¿Carbón?" Cuestionó el Fuhrer.

"Sí, había un poco en los materiales, así que lo añadí a las puntas. Debería de arder por horas, con algo de suerte." Había una sensación de satisfacción en su voz.

A pesar de que Edward podía ser técnicamente culpable de provocar a Newman, no lo había hecho con mala intención. Había sido más para causar una irritación menor. Newman había perdido su autocontrol y su comentario había sido completamente impropio. De haber estado en la milicia, habría sido degradado y reprendido severamente por ello, en caso de no haber sido despedido deshonrosamente.

El Fuhrer creyó escuchar un mudo 'se lo tiene merecido' desde la dirección del General de Brigada, pero cuando miró, el rostro de Mustang estaba tan inexpresivo como lo había estado antes.

Ed se frotó ambas manos enguantadas. Una sonrisa socarrona de satisfacción cruzó su rostro mientras observaba el fuego ardiendo. Newman había cesado de gritar y sonaba como si éste hubiera pasado a los gimoteos; acurrucándose sobre el suelo para evitar ser efectivamente quemado por las llamas, pero el calor generado estaba ampollándole lentamente la piel. Ni Mustang ni Edward se sentían inclinados a sacarlo de allí, y con el Fuhrer condonándole sus acciones, no había nadie que lo ayudara.

"¡Cuidado!" El grito de alarma vino desde la parte posterior de los postulantes y todos voltearon.

El dique que había sido construido antes se había soltado de los soportes laterales y el agua había empezado a salir a chorros desde ambos lados. Automáticamente, Edward salió disparada y Ralke fue con ella. El agua era su especialidad y viró hacia un lado para dibujar su círculo mientras que Edward se iba hacia el otro. Reacciones simultáneas se suscitaron y el agua se detuvo.

Del lado de Ralke, ésta se retorció en un círculo, fluyendo alrededor en un movimiento continuo. Él controlaba el movimiento en espiral mientras dibujaba otro círculo. El agua lentamente se cubrió de escarcha y se desmenuzó en pequeños copos como de nieve que se derretían a medida que caían. Él sonrió levemente mientras las veía caer.

Ed había convertido el agua de su lado en hielo. Y en el medio del flujo congelado había construido una escultura de tres metros. Del General de Brigada Roy Mustang.

Estaba parado en su clásica pose de ataque, el brazo extendido, la cabeza hacia atrás, la espalda erguida. Ella había combinado el agua con cobre del suelo porque los círculos de transmutación de los guantes estaban trazados en cobre, y un estandarte colgado sobre su hombro tenía palabras color cobre escritas bien remarcadas a todo lo largo. Se hizo un silencio absoluto.

"El Bastardo de Hielo."

Alguien leyó las palabras en un susurro bajísimo y todos lo oyeron. Los postulantes no entendían lo que estaba ocurriendo, pero sí todo el personal militar. Ellos miraron hacia el General de Brigada, quien lucía tan paralizado como la estatua. Su ojo estaba mirando intensamente a la rubia, y si las miraran mataran, todos estarían de acuerdo en que en ese mismo momento ella habría sufrido una combustión espontánea.

Ella estaba mirando hacia la estatua con una sonrisa socarrona en sus labios y luego se volteó para mirarlo. Sus ojos brillaban y parecía que no le afectaba la intensidad de la mirada de él. La sonrisa se amplió cuando ambos se miraron, y cuando él levantó su mano y chasqueó los dedos ella no se movió.

La estatua detrás de ella se derritió y desapareció en un destello abrasador de vapor. Cuando él volvió a chasquear los dedos, ella ya se había agachado y las llamas pasaron por sobre su cabeza al tiempo que estampaba sus manos sobre el suelo. La tierra debajo de Mustang se volvió blanda y él se dejó resbalar y chasqueó los dedos para rodearla de llamas. Un brillante destello vino desde el interior del abrasador círculo y Edward desapareció. Mustang se volteó, teniendo cuidado de mantener su equilibrio en la tierra blanda, y encontró a Edward justo detrás de él, reapareciendo del rápido túnel que había construido.

Su cuchilla plateada de automail destellaba y él se inclinó hacia atrás para evitar su apresurado ataque. Cuando ella giró, él extendió el brazo y cogió su larga trenza, jalando de ella y haciéndola perder el equilibrio. La tierra blanda en la que ella lo tenía atrapado ahora la entorpecía mientras trataba de girar para escapar del agarre pero no podía encontrar suelo sólido. Cayó contra él y los pies de él perdieron su precario equilibrio en la tierra blanda. Empezó a caer y la jaló a ella consigo. Ella extendió su brazo derecho para prepararse a zafarse de él de nuevo y se dio cuenta de que todavía estaba en su forma de cuchilla. Volvió a girar y se encontró cayendo de espaldas.

Automáticamente, Mustang envolvió su brazo alrededor de la cintura de la rubia y esperó que el área de arena suelta fuera lo suficientemente grande para ellos dos. Al diablo con perder la dignidad, pensó, en este momento él sólo quería un aterrizaje suave.

Así lo fue, y Mustang se encontró sentado sobre arena blanda con su regazo completamente ocupado por la rubia.

Antes de que alguien pudiera decir algo, y a juzgar por los profundos ceños de los dos, todos estuvieron de acuerdo de que una lucha verbal hubiera sido igual de espectacular; el Fuhrer se acercó y los miró a los dos ahí sentados.

"Una interesante demostración…por parte de ambos." Sonrió. Muy interesante, pensó. Ellos se habían pasado directamente de infligir un castigo a un idiota intolerante a un altercado basado en alguna oscura faceta de su intrincada relación. Hacía rato que el Fuhrer había descontado el 'a ver quién es mejor' y no había visto ninguna malicia en ellos. Parecería que lo hacían simplemente porque ellos lo disfrutaban y eso, para el Fuhrer, lo hizo más que interesante. Se había convertido en algo total y absolutamente divertido.

"Gracias Señor." Ambos musitaron con renuencia, no queriendo ser descorteces y de pronto muy conscientes de que todos los estaban mirando. El silbido inconfundible de Breda los hizo mirar hacia la tribuna y pudieron ver las exageradas olas y movimientos de manos de un grupo de muy alegres amigos.

"Espero que tengas una apuesta sobre esto, Bastardo, porque quiero la mitad." Murmuró Ed.

"Tú eres la que has estado brincando por ahí con esa vieja vestimenta, renacuajo. Me merezco la mitad del tuyo." Replicó Roy.

Ed hizo como que se levantaba y el Fuhrer le tendió su mano. Ella hizo una pausa antes de deslizar su mano izquierda sobre la cuchilla de automail y retornarlo a su forma original y luego aceptó su asistencia. Sintió el repentino frío en su espalda cuando el calor de Mustang desapareció.

Mustang tembló levemente cuando el calor de Ed dejó su regazo, sintiéndose vacío de repente. Se puso de pie y dio cuidadosos pasos para salir de la arena blanda. Observó cómo Ed se sacudía el polvo y se forzó a sí mismo a no hacer lo mismo. Sentía que ya había proveído suficiente espectáculo, sin dejar de añadir la completa ruina de su imagen pública.

El Fuhrer miró a los otros candidatos, quienes habían estado observando con varias expresiones que iban desde el shock a la incredulidad y al completo horror. Las expresiones condescendientes que había estado recibiendo Ed habían desaparecido, pero el Fuhrer aún podía ver algunos ojos críticos.

"General de Brigada, si sería tan amable de invitar a sus Capitanes para que nos acompañen." Dijo el Fuhrer con voz calmada sin quitar sus ojos del grupo frente a él.

Mustang hizo un saludo militar. "Sí Señor." Hizo venir a un cabo, le habló brevemente y señaló hacia la tribuna antes de regresar y esperar al costado del Fuhrer.

"Elric, mientras esperamos, ¿le importaría ordenar este desbarajuste?" Preguntó el Fuhrer con ese mismo tono calmado. Edward miró al Fuhrer y vio que su boca se torcía y se preguntó qué estaba planeando.

"Sí Señor." Dijo ella serenamente. Juntó sus manos en un aplauso y se arrodilló para colocarlas sobre el suelo. Se levantó una pequeña onda que recorrió la zona de desfiles y las áreas dañadas se aplanaron y los materiales retornaron a sus posiciones originales. Las ardientes puntas se hundieron dentro del suelo y ella observó la réplica de la armadura de su hermano desaparecer con una expresión de melancolía en su rostro. Cuando hubo terminado, se puso de pie y tomó su lugar al lado de Mustang.

El sonido de pies marchando la hizo voltearse y vio que Hawkeye y Havoc arribaban y le hacían un saludo militar al Fuhrer y luego a Mustang. Vio asimismo a Al y al resto del equipo acercándose sigilosamente.

El Fuhrer avanzó hacia adelante y levantó la voz para que todos los postulantes pudieran escucharlo. Sus ojos pasaban de un rostro a otro mientras hablaba.

"Todos los años el Estado conduce estos exámenes en un esfuerzo por ofrecer, a todo el que desee, un futuro en la Milicia como un Alquimista Estatal. Años atrás, sólo uno o quizás dos serían escogidos de entre los muchos que postulaban. Ahora somos capaces de ofrecer plazas dentro de nuestras filas para los diez postulantes con las ubicaciones más altas.

"Este año, tenemos a nuestra primer postulante mujer. Estoy consciente de que eso ha causado cierto desacuerdo entre algunos de los otros postulantes y encuentro muy difícil entender el por qué. La Milicia jamás ha discriminado a nadie que desea ser parte de ella. Existen muchas mujeres en la milicia. Un Alquimista Estatal obtiene el grado de Mayor, lo cual significa que tendrá que rendirle cuentas a oficiales de mayor rango, algunos de los cuales serán mujeres. Sin embargo, existen otras mujeres que puede que no sean de un rango más alto pero tienen una experiencia más amplia y tendrán que rendirles cuentas a ellas también. Como la Capitán Hawkeye aquí presente."

El Fuhrer hizo una seña en dirección a Hawkeye y los postulantes la miraron. Varios de ellos tragaron saliva y otros palidecieron. Ed ocultó su sonrisa. Hawkeye tenía puesto ese look de 'oficina'… ése que decía 'me desobedecen y mueren.'

"Quiero que quede bien claro por todos y cada uno de ustedes. Yo no toleraré ningún posterior desacuerdo sobre si las mujeres tienen el derecho o el talento para estar en las fuerzas armadas. Los Alquimistas Estatales no siempre han tenido la mejor de las reputaciones y no estoy interesado en buscadores de gloria personal. La Alquimia Estatal requiere de personas fuertes, con la bravura de sus convicciones y la habilidad de aprender, de adaptarse y de servir con honestidad. Y no me importa si tengo que rechazarlos a todos ustedes y volver a conducir estos exámenes para encontrar a la gente que necesitamos."

La voz del Fuhrer era firme y cada palabra fue clara. Los candidatos escuchaban y observaban mientras él hablaba. Ed y los demás al lado del Fuhrer mantenían sus rostros inexpresivos, pero ellos veían la ola de entendimiento que pasaba de un rostro al otro. Él ciertamente había dejado bien en claro la posición del Estado, pensó Ed, y estaba muy complacida con ello. Eso les cerraría el pico a esos intransigentes tarados y tenía la esperanza de que hubieran mujeres postulando para los exámenes del próximo año.

"Este examen acaba de concluir." Indicó el Fuhrer y caminó hacia el grupo de oficiales. Mustang lo siguió y el grupo se alejó hacia uno de los muchos edificios de mármol.

"¿Y ahora qué?" Preguntó Ed. "¿Simplemente nos quedamos esperando aquí?"

"No, hay un pequeño vestíbulo donde puedes esperar. Usualmente no se demoran demasiado en decidirse." Dijo Havoc. "Ves, en este momento los están reuniendo allí." E indicó a un par de sargentos conduciendo a los postulantes hacia una puerta diferente.

"Supongo que mejor me voy con ellos entonces," dijo Ed. Antes de que se pudiera mover, Al le dio un repentino abrazo.

"¿Al?" Dijo Ed vacilante mientas sus manos subían alrededor de él. Él negó con su cabeza y no dijo nada, al tiempo que la apretaba fuertemente y luego la soltó. Ella lo miró confundida y vio las sombras en los ojos de él. Movida por una súbita idea, se arrodilló sacando el pedazo de tiza que había transmutado antes y dibujó un círculo. Al se atoró en su aliento en cuanto lo reconoció. Se arrodilló junto a Edward. Los dedos de ella tocaron el borde y pequeños tallos plateados brotaron alrededor del aro del círculo. Lentamente se enroscaron los unos con los otros y delicadas hojas y flores se desenrollaron en un brillante despliegue.

La corona plateada yacía sobre el círculo. Al se reclinó contra Edward mientras la miraban.

"Flores mágicas," susurraron juntos.


Ed se encontraba reclinada contra la pared del pequeño vestíbulo. Había un débil murmullo de voces que venía de los otros candidatos mientras hablaban. Sus ojos recorrieron la habitación perezosamente. Nadie se atrevía a pararse muy cerca de ella, y había ocultado la sonrisa socarrona cuando algunos de ellos habían evitado su mirada rápidamente. Las palabras del Fuhrer habían tenido un marcado efecto, eso lo demostraba. Eso y el hecho de que la habían visto enfrentarse al General de Brigada, Ed no estaba segura cuál había tenido mayor impacto.

"¿Café?" Preguntó una voz y ella parpadeó para ver a Ralke parado allí con dos vasos de café en sus manos.

"Seguro. Gracias Ralke." Ed sonrió y tomó el café negro que le ofreció.

"Recordé que lo pediste negro el otro día. Espero que esté bien."

"Está bien Ralke, siempre lo tomo negro."

Ralke examinó la habitación. "¿Cuánto tiempo demora hasta saber si te aceptaron o no?"

Ed negó con su cabeza. "No tengo idea, Ralke. Cuando hice esto por primera vez, estaba en manos de tu patrocinador y éste te decía si pasabas o no."

"¿Un patrocinador?" Preguntó Ralke.

"Sí. Tú tenías a alguien en la milicia que te respaldaba para el examen y después tú eras asignado a esa persona como parte del acuerdo." Ed se alzó de hombros. "No sé cuándo lo cambiaron."

"Todo lo que yo tuve que hacer fue llenar los formatos de postulación y enviarlos. Después ellos respondieron y me pidieron que venga aquí para el examen y se encargaron del boleto de transporte y del alojamiento por los cuatro días.

"Amos, Devin." Llamó una voz y todos voltearon. La puerta del fondo se había abierto y había aparecido un sargento. Uno de los postulantes caminó hacia adelante y fue conducido a través de la puerta.

"Y así comienza." Murmuró Ed, antes de decir, "Bueno, si apruebas, te darán un dormitorio. Y te alimentarán. La comida del comedor no es tan mala. Creo que si no apruebas, te darán un boleto de regreso."

"Tú vas a aprobar, Ed." Dijo Ralke.

"Eso espero, Ralke. Pero he aprendido a no dar nada por sentado. Sólo se requiere de una persona que no esté de acuerdo para que cuestionen tu examen completo." Ella lo miró. "Al menos la presión ahora no es tan grave. Anteriormente, como el Fuhrer bien lo dijo, aceptaban uno, o quizás dos de todos los postulantes. Diez te da mejores posibilidades, eso es seguro."

"Aún así es agotador esperar." Dijo Ralke al tiempo que cambiaba el peso de su cuerpo de un pie al otro. "No veo cómo puedes estar tan calmada al respecto."

"Yo no puedo cambiar nada y tú tampoco. Has hecho todo lo que podías y no hay nada más que puedas hacer. Si algo he aprendido en mi vida es que no puedes dar marcha atrás. Siempre tienes que seguir adelante." Ed lo miró y su voz se había rebajado un poco. Estaba hablando completamente en serio y él podía ver cosas en los ojos de ella que no quería ver.

"Bren, Roger." Llamó la voz y otro candidato desapareció dentro de la otra habitación.

"Además, siempre puedes volver a darlo, sabes." Ella le sonrió fastidiándolo.

"¿Quién quisiera hacer eso?" Preguntó una voz desde detrás de Ralke. Ellos se voltearon y vieron a un hombre mayor que ellos parado allí. Ed lo miró con curiosidad. Lucía mayor que cualquiera de los otros candidatos. De hecho su cabello tenía entradas en el lado izquierdo de su cabeza.

"Mi nombre es Lasen y realmente no me importa que seas mujer. Lo que quiero saber es por qué piensas que puedes salirte con la tuya vistiéndote con esa ropa."

"Es cómoda." Replicó Ed desconcertada. "Y cualquiera que realmente quiera llegar a ser un Alquimista Estatal seguro va a volverlo a intentar si no lo logran la primera vez."

"No lo sé, Ed. Ahora que sé cómo es, no sé si tendría las agallas de volverlo a intentar." Dijo Ralke pensativo.

"Ésa no es una respuesta, niña." Dijo Lasen con firmeza. "¿Sabes lo que significa esa vestimenta?"

Ed ladeó su cabeza y lo miró, desconcertada.

"Sólo son ropas. ¿Cómo puede tener un significado?"

"Esa vestimenta es la que usaba el Alquimista de Acero. El Fuhrer habló de la reputación de los Alquimistas. Bueno, él hizo más para cambiar eso que ningún otro, y no pienso que sea correcto que hoy te aparezcas luciendo eso." Lasen la miraba irritado mientras hablaba, como si esperara que ella le refutara todo lo que decía.

"Crowley, Grant." Cada vez que se llamaba un nombre, las conversaciones se tornaban más silenciosas.

"El Alquimista de Acero no se propuso cambiar la percepción de nadie con respecto a los Alquimistas, o a la alquimia en general. Él tenía una meta y todo lo demás era secundario. Él mantuvo esta vestimenta en un ataque de terquedad, porque eso le reventaba a su superior, quien a veces trataba de forzarlo a usar el típico uniforme militar." Ed sonrió socarronamente.

"Hablas como si lo conocieras." Acusó Lasen.

Ed asintió. "Lo conozco." Le dio su vaso vacío a Ralke y puso sus manos juntas. Colocó sus manos sobre su abrigo y luego sobre sus jeans, regresándolos a sus colores originales, pero dejó el Flamel en su espalda. Lasen lucía sorprendido. Había visto la alquimia de ella allá afuera, pero no la había visto así de cerca.

"¡Realmente no necesitas círculos!" Dijo con un grito ahogado. "¿Y cómo lo conoces? ¡Él murió hace cuatro años y usar esas ropas es irrespetuoso!"

"No he necesitado de círculos por años, y yo crecí con el hermano de Acero." Ed sonrió levemente. Estaba disfrutando este jueguito y Ralke estaba siendo muy considerado al no decir nada que lo echara a perder. "Y hoy estas ropas me ayudaron a ganar una apuesta, y el Alquimista de Acero siempre ha apreciado una buena apuesta."

"Dayel, Van." Volvió a llamar la voz. Ralke miró a Ed. Iban a pronunciar su nombre dentro de poco. Se encontró a sí mismo empezando a sonreír mientras recordaba su reacción al escuchar quién era ella. Él quería ver cómo reaccionaban los de la habitación. Estaba muy sorprendido de que ella hubiera mantenido el secreto por tanto tiempo, hasta que entró en cuenta que ella había tenido muy poco contacto con los otros postulantes. Todos ellos estaban alojados en el mismo hotel y él había visto a la mayoría de ellos, ya sea en el desayuno o la cena durante los últimos dos días. Pero Edward estaba en los dormitorios con su hermano. Ella no había visto a ninguno de los otros fuera del examen.

"¿Una apuesta?" Lasen lucía escandalizado.

"Lo que me recuerda, mejor alcanzamos a Breda después de esto, Ralke, para cobrar." Ed se volteó hacia Ralke. "Sé que todos estarán esperándonos afuera."

"¿Te vestiste así por una apuesta?" La voz de Lasen se elevó ligeramente y varios se voltearon a mirar.

"Sí." Dijo Ed calmada. Suspiró, cuidando de no sonar demasiado teatral. "En verdad no consigo para nada ver cómo mi atuendo tiene relación con esto. A nadie le importaba cuando lo usaba cuatro años atrás, así que no veo por qué usarlo ahora es la gran cosa."

El área a su alrededor se volvió todo silencio cuando escucharon sus palabras. Ralke observó que los ojos de todos ellos se abrían como platos.

"Elric, Edward." Ahora la habitación entera cayó en silencio.

"Te veo al otro lado, Ralke." Dijo la rubia alegremente mientras empezaba a caminar hacia la puerta. Cada ojo en la habitación la siguió. Todas las bocas estaban abiertas y varios hombres se olvidaron de respirar. El abrigo azul fluía detrás de ella y la trenza dorada se balanceaba mientras se movía con tranquila gracia. Ella le hizo un saludo militar al sargento de la puerta cuando la atravesó.

Lasen se volteó hacia Ralke cuando se cerró la puerta.

"¿Acaso ésa era el Edward Elric?" Preguntó, completamente atónito.

Ralke asintió. "Sí." Sonrió levemente. "Al principio yo tampoco lo creía."


Edward caminó a través de la lujosa alfombra hasta quedar de pie frente al Fuhrer y sus ayudantes.

"Elric, Edward." Repitió el sargento y una carpeta se desplazó por entre la línea de hombres hacia el Fuhrer. Éste sostuvo la carpeta en su mano mientras ambos se miraban. No había nerviosismo que él pudiera ver, ni tampoco había el aire de petulante aceptación. Como Edward le había dicho anteriormente a Ralke, ella ahora nunca daba nada por sentado. Ella sólo podía ir adelante.

"Felicitaciones, Teniente Coronel Elric." Dijo el Fuhrer con una sonrisa.

Ed sonrió en respuesta y dejó escapar una silenciosa exhalación. Había aprobado. Ella nunca lo había dudado, pero ya sabía que no debía creer en las certezas. Le hizo un saludo militar al Fuhrer.

"Gracias Señor."

Pisadas se acercaban por la izquierda y ella se volvió ligeramente para ver a Mustang. Éste levantó su mano y algo brilló en su palma. Ella lo cogió cuando él se lo lanzó con una sonrisa socarrona. Un nuevo y brillante reloj de plata, aún caliente por la mano de él.

"Bienvenida de vuelta, Acero."


Edward caminaba dando fuertes pasos por el pasillo que llevaba de la sala hacia el exterior. ¡Ese maldito Mustang y su maldita cara y su maldita sonrisa socarrona! Cómo se atreve a lanzar el reloj así… de nuevo. Sólo porque lo había hecho antes no significaba que tenía que hacerlo esta vez. Ya no tengo doce años, pensó Ed enfurecida. Maldita sea, ese bastardo del demonio se había llevado toda su satisfacción por aprobar con su pequeño toque divertido.

Parpadeó a la luz del sol cuando salió de debajo del pasillo en forma de arco y miró alrededor buscando a Al y a los otros. Los vio agrupados cerca y caminó hacia ellos.

"¡Hermana!" Al la vio primero. "¿Aprobaste?"

La sonrisa de Ed barrió el ceño que tenía y Al corrió hacia ella, envolviendo sus brazos alrededor y apretándola fuerte. Los demás llegaron aprisa y ella fue pasada de uno a otro para una ronda de abrazos y golpecitos de felicitación.

"¿Por qué el ceño, Ed?" Preguntó Havoc.

Los ojos de Ed se llenaron de cólera y su voz se elevó. "Ese bastardo arrogante me arrojó el reloj, otra vez. Igual que la vez anterior, ¡el muy bastardo! ¡Y encima sonrió socarronamente!"

Los otros rieron. Ed nunca iba a cambiar, pensaron. Para ellos el examen práctico había sido fantástico de ver. Se habían lamentado de que Hawkeye no hubiera tenido su rifle cuando Al les había contado por qué Ed se estaba enfocando en ese hombre fornido, aún cuando Hawkeye había dicho que podría haberlo impactado desde su posición en la tribuna con su revólver. Al momento que habían visto la estatua de hielo, se había iniciado una nueva rueda de apuestas que también había incluido a los otros espectadores. Al ganó con lo del túnel, y Fuery ganó puntos cuando Mustang no se sacudió el polvo. Con todo, el personal de Mustang estaba muy complacido tanto con Edward como con ellos mismos.

Ed los miró y tuvo que sonreír. Ellos la habían visto crecer, nunca iban a cambiar. Ellos la conocían mejor de lo que ella se conocía a sí misma. Habían cuidado de Al mientras había estado fuera y nunca iba a poder pagarles todo lo que hicieron. Sabía que ellos no veían eso como algo que necesite que se les pague, y Ed no lo veía como una deuda a ser pagada como tal. Ellos eran sus amigos y si la necesitaban entonces estaría allí para ayudar.

Avistó a Ralke detrás del grupo y se escabulló para ver cómo le había ido. Él estaba parado allí, mirando el reloj en sus manos y estaba en un obvio estado de absoluto shock.

Ella sonrió con nostalgia, casi deseando poder haber sentido esa sensación de eufórica realización. Caminó hacia él.

"Felicitaciones."

Él la miró. Una amplia sonrisa partió su rostro en dos y sus ojos estaban muy abiertos y sobrecogidos.

"No puedo creerlo. ¿Puedes creerlo? Mira, ¡tengo un reloj!" Levantó sus manos para mostrar su reloj y Ed tuvo que aguantarse la risa. Él estaba tan abrumado con todo esto. Ralke vio a Al acercándose detrás de ella y tuvo que mostrárselo también. Falman y Breda, que lo habían conocido antes, vinieron y asimismo le dieron sus felicitaciones. Fue presentado al resto y todos vieron cuando dio un paso hacia atrás en cuanto le presentaron a Hawkeye.

Ed rió. "Está bien, Ralke. Esa apariencia que tenía antes; es sólo para la oficina."

"Siempre podría hacer una excepción por ti, Edward." Dijo Hawkeye severamente y luego les sonrió a ambos cuando los demás soltaron la risa.

"¿Aprobaste, Ed?" Preguntó Ralke dudoso y luego sonrió cuando ella asintió.

"Todos estamos yendo a un pequeño bar para celebrar. Estás más que bienvenido de acompañarnos, Ralke." Dijo Al.

Ralke sacudió su cabeza. "Gracias pero no. Tengo que contarles a los de mi casa y el hotel sólo tiene un teléfono. Quiero llegar allá antes de que los demás empiecen a usarlo."

"Señor Gray, como es ahora un Mayor, puede usar los teléfonos militares de aquí." Interpuso Falman. Ellos observaron cuando los ojos de Ralke se abrieron desmesuradamente y se sonrojó.

"Pero si recién acabo de recibir esto. Ni siquiera tengo un uniforme ni nada por el estilo." Tartamudeó Ralke.

"Eso no importa, Mayor. Desde el momento en que le otorgan el reloj, se convierte en Alquimista Estatal. Usted es ahora un miembro de la milicia y como tal se le ha dado el derecho sobre todas sus instalaciones." Sermoneó Falman y los demás sonrieron. "Mañana se le dará un uniforme y será ubicado en un dormitorio. Luego de una semana de inducciones y de habituarse con lo que lo rodea, se le asignará su ubicación."

"Falman, ¿por qué simplemente no llevas al muchacho a un teléfono y terminas el sermón en el camino?" Dijo Havoc arrastrando las palabras.

"¿Significa eso que también voy a tener un uniforme?" Preguntó Ed con una amplia sonrisa.

Un silencio cayó sobre el grupo y todos ellos voltearon a mirarla con ojos predadores. Ed dio un paso hacia atrás y los miró con recelo.

"Edward," ronroneó Havoc. "A ti te darán El uniforme femenino." Edward miró a Havoc y asintió vacilante. Sí, ella entendía que eso iba a pasar. Había visto a Hawkeye en ese uniforme y básicamente era el mismo que el de los hombres. Pero ese destello en los ojos de Havoc la ponía nerviosa. "El uniforme femenino viene con el pantalón… y una falda."

Ed parpadeó y empezó a sacudir su cabeza.

"Ed, podríamos tener con esto una apuesta asesina." Breda y Havoc dieron un paso acercándose a ella. "Sólo piensa, te lo pones en la oficina la próxima semana y podemos atrapar al Jefe completamente desprevenido."

"Demonios, podríamos atrapar a la mitad de los militares." Añadió Breda.

"Chicos, ustedes me tienen que estar bromeando." Tartamudeó Ed. "¡No hay forma de que yo me ponga una falda!"

"No es una minifalda, Edward." Ofreció Falman. "Creo que llega a la altura de la rodilla."

"¡No me importa el largo! ¿Acaso saben lo extraño que se siente usar una falda?" Protestó Ed.

Un coro de "uhh, no" se alzó, al tiempo que los hombres retrocedían y dejaban a Ed ahí, cara a cara con Hawkeye. Hawkeye miró a Ed y luego miró al grupo de cobardes. Sonrió y todos ellos se petrificaron. Ésa no era una sonrisa buena.

"Si Edward no desea ponerse la falda, entonces no tiene que hacerlo." Puntualizó.

Havoc meció su cabeza de un lado al otro en su angustia de que se le haya negado esta oportunidad. "Pero nena, ésta es la oportunidad que aparece sólo una sola vez en tu vida. La cara que ponga el Jefe cuando vea a Ed con esa falda va a suceder sólo una vez. Tenemos que hacerlo. Es nuestro deber." Le suplicó y luego sus ojos se iluminaron. "¡Ya sé! Tú también puedes usar la tuya."

Todos corrieron. Falman y Al cogieron a Ralke y dijeron "Te mostraré dónde está el teléfono" al mismo tiempo y lo arrastraron hacia la puerta más cercana. Breda y Fuery gritaron "¡Nosotros les ayudaremos!" y los siguieron tan rápido como pudieron.

Ed retrocedió e iba a empezar a correr, pero la bala de Hawkeye rompió el suelo cerca de sus pies, así que se quedó donde estaba.

"Eso fue astuto, Jean." Dijo Hawkeye con voz divertida luego de asegurarse de que todos habían desaparecido.

"Tenía que deshacerme de ellos de alguna forma, nena." Havoc sonrió de forma holgazana y Edward los miró boquiabierta.

"Bueno Edward, ¿podemos?" Riza se volteó hacia Ed y preguntó.

"¿Podemos qué?" Ed parpadeó y miró totalmente confundida.

"Ponernos nuestras faldas, por supuesto." Riza le sonrió ampliamente. "Como dijo Jean, es una oportunidad que aparece sólo una sola vez en la vida."

"¿Hablas en serio, Hawkeye?" Exclamó Ed, el color yéndose de su rostro en un instante.

"Completamente. Jean lo va a proponer y después de lo que acaba de pasar ellos pensarán que no tiene oportunidad de ganar. Él debería poder conseguir un salario del mes de cada uno."

Ed frotó sus dedos por su frente. "No puedo creer esto, ustedes dos son habituales artistas de la estafa, ¿no es así? ¿Con qué frecuencia lo hacen?" Ed los miró intensamente.

"No tan a menudo como para que nos atrapen." Riza de hecho le lanzó una sonrisa socarrona. "Y si se lo cuentas a alguien te voy a disparar."

Ed sacudió su cabeza y simplemente se los quedó mirando.

"Entonces Ed, ¿tienes pantimedias?" Preguntó Riza.


Ed y Havoc fueron avasallados cuando todos se sentaron en el bar. Al le preguntó a Ed qué había sucedido, pero Ed se había puesto pálida y había sacudido su cabeza violentamente. Nadie había vuelto a preguntar.

Ed tenía sus manos alrededor de un pequeño vaso de whisky y estaba observando cómo Breda intentaba meter a Al en un concurso de tomar trago que involucraba pulsos. Fuery y Falman habían iniciado una discusión sobre si algunas de las nuevas regulaciones sobre el uso de las comunicaciones eran de verdad beneficiosas para la milicia. Ed estuvo bastante impresionada con Fuery cuando la discusión se transformó en una riña y éste empezó a volverse muy enfático y gritón luego de tomar otra cerveza. Havoc y Hawkeye estaban sentados juntos y también observaban a Breda y a Al. Ambos rieron cuando Breda volvió a perder y tuvo que beber rápidamente su vaso. Ed sonrió socarronamente. Al jamás había perdido en los pulsos que ella recuerde. Breda iba a estar totalmente echado a perder en menos de media hora si mantenía ese ritmo.

Ed meció su trago por un rato. Simplemente no podía adentrarse en la atmósfera de fiesta. Sabía que los demás lo estaban atribuyendo al 'trauma' de ver lo que sea que Hawkeye le hubiera hecho a Havoc, pero ella sabía que no era eso. Podía sentir el tranquilizador peso del reloj en su bolsillo y podía ver la cadena sujeta a sus jeans. Había aprobado, había vuelto a tener éxito y todo eso se sentía un poco vacío. Sabía que los demás estaban contentos y orgullosos de ella, y ella se sentía satisfecha, pero había algo que faltaba.

Salió afuera durante un estridente estallido de carcajadas y se recostó contra la pared. Miró hacia el cada vez más oscuro cielo y siguió distraídamente las líneas de la puesta de sol por entre las nubes antes de tomar otro pequeño sorbo de su vaso. Le había tomado gusto al escocés en el otro lado de la Puerta a pesar de que la mayoría de sus conocidos bebían cerveza; ella la había encontrado algo amarga. Pero la suavidad del escocés le había atraído y no tenía que beber galones para sentir la embriagadora calentura por dentro. El whisky en su vaso era lo más cercano que había encontrado, en este lado de Puerta, al sabor que le había gustado.

"¿Te encuentras bien, Edward?" Preguntó Hawkeye.

"No lo sé, Riza." Dijo Ed lentamente, no tan sorprendida de su aparición. "Es que siento como si algo faltara."

"¿En qué forma, Ed?" Riza se recostó contra la pared a su costado y la miró.

"Pienso que fue el ver la reacción de Ralke esta tarde. Yo nunca sentí esa… esa felicidad. Ni hoy ni en ese entonces." Ed hizo una pausa. "Él estaba casi eufórico. Yo creo que son celos."

Riza sonrió. "No pienso que necesites sentirte celosa, Ed. Para él, aprobar significó muchísimo, sí. Pero también significó muchísimo para ti. Recuerdo cómo eras antes. Apenas con doce años y ya en ese entonces estuviste tan confundido. Tal vez no reaccionaste como Ralke lo hizo hoy, pero cuando recibiste tu reloj estuviste tan feliz como él. Sólo que no lo demostraste."

Ed la miró y trató de recordar lo que había sentido cuando Mustang le había arrojado ese primer reloj sobre el escritorio. Sí, había sentido que algo la invadió y había tomado medidas inmediatamente y había hecho un comentario inteligente para ocultarlo. Había sentido muchísimo miedo, no había sentido que se merecía esa felicidad, no después de lo que le había hecho a su hermano. ¿Y hoy? ¿Había sentido algo similar o sólo había sido alivio lo que la había inundado?

"Creo que sí fue así." Dijo con voz lenta. "Y hoy también, no sólo fue alivio lo que sentí cuando me dijeron que había aprobado. También sentí satisfacción."

"Necesitas aprender cómo dejar salir esos sentimientos, Ed." Riza le sonrió.

"Siempre ha sido más fácil encubrirlos. Con comentarios inteligentes o molestándome. Y tienes que admitirlo, el bastardo no tenía que arrojarme el reloj esta vez." Dijo Ed un poco a la defensiva. "Me hizo sentir como si tuviera doce años de nuevo y eso realmente aniquiló toda la diversión."

"No, él no tenía que haberlo hecho." Riza estuvo de acuerdo.

"¿Es esto otra cosa de mujeres, Riza?"

"No, esto es una cosa de humanos, Ed." Replicó Riza. "Y tú eres muy buena en eso."

"Bueno, al menos ahora por fin voy a usar ese condenado pijama." Dijo Ed luego de una pequeña pausa.

Riza rió levemente.

"No es gracioso, Riza. Esa condenada cosa ha estado ahí colgada mirándome toda la semana." Ed la miró. "Pero usarlo significará que realmente aprobé hoy. Es tan extraño, es como un premio por haber pasado."

"Y ésa es la razón por la que te dije que no lo usaras hasta ahora, Ed." Explicó Riza. "Las mujeres hacen eso. Ellas compran algo especial, algo que normalmente no comprarían, y lo convierten en el premio por lo que sea que tengan que hacer."

Los ojos de Ed se abrieron muchísimo. "¿En serio?"

"Sí, en serio. Nosotras no lo hacemos todo el tiempo, y algunas raramente lo hacen. Pero hay momentos cuando tienes ganas de un incentivo, hacer algo como eso nos ayuda."

"No creo que haya hecho algo como eso antes." Ed frunció el ceño.

"No, los hombres no parecen necesitar de un sistema de premios como ése. Ellos tienden a ser más 'lo quiero, lo obtengo'. Riza sonrió ampliamente. "Pero los hombres usarán una forma de premio comprando, Ed. En vez de tenerlo en casa, ellos esperarán hasta que sientan que ya han hecho lo que sea que necesitaban hacer y entonces recién irán y lo comprarán."

Ed se recostó contra la pared absorta en sus pensamientos y Riza la observó. Las expresiones iban y venían en el rostro de Ed hasta que una fuerte explosión de risas proveniente del bar la distrajo. Ed miró hacia allá y frunció levemente el ceño.

"Realmente no me siento con ganas de regresar allá dentro, Riza." Dijo Ed suavemente. "Pero todavía no puedo pedirle a Al que nos vayamos."

"Ve a casa Ed, y Jean y yo lo llevaremos más tarde." Dijo Riza entendiendo.

"¿Estás segura, Riza? No quisiera imponerte."

"No lo haces, Ed." Riza sonrió. "En serio, Ed, tú lo has hecho más que bien, y no sólo hoy. Todos estamos muy orgullosos de ti. Ahora anda a casa, ponte ese pijama y disfruta de ser Acero nuevamente."

Ed sacudió su cabeza. "¿El Alquimista de Acero en seda roja? Más te vale que esa historia jamás se esparza, Riza." Ella rió en voz baja y Riza se unió a ella.


El General de Brigada Roy Mustang estaba parado en las sombras a lado del bar. Había escuchado la suave risa y permaneció oculto hasta que ellas se habían ido por caminos separados. No había estado seguro de ir al bar. Aventurarse a salir a un entorno social se había convertido en algo raro para él durante los últimos años. La última vez había sido cuando Havoc y Hawkeye habían anunciado oficialmente su relación y eso había sido hace como un año atrás. Él sabía que todos ellos vendrían aquí para celebrar que Edward había aprobado el examen y había decidido que era su deber estar presente. Después de todo, Ed había sido parte de su personal e iba a volver a serlo.

Sólo había captado las últimas oraciones de la conversación, pero no se escapó el apagado sonido de la voz de Ed. Y la referencia al pijama le era completamente incomprensible. ¿Seda roja? ¿Cuándo fue la última vez que había estado cerca de seda roja? O de hecho seda de cualquier color.

Mustang se dio media vuelta y empezó a caminar de regreso a su departamento. Si Edward no se iba a quedar entonces su razón de estar allí acababa de desaparecer. Sus pisadas dejaban un eco apagado mientras caminaba lentamente.

El día de hoy había sido bueno, pensó. Había sido muy divertido encargarse de ese idiota y su bocota. La pequeña escaramuza con Ed también había sido divertida. Había removido las pequeñas tensiones que había estado sintiendo por los tres días de observar los exámenes. La expresión en el rostro de Ed cuando le había lanzado el reloj. Volvió a sonreír socarronamente y luego vaciló. Había habido algo más que enojo en sus ojos. ¿Dolor? No, sacudió la cabeza. Ed nunca dejaría que algo como eso la lastimara. Ella habría estado más molesta si es que no se lo hubiese lanzado, pensó.

Seda roja. Las palabras hicieron eco en sus oídos. Cuándo fue la última vez que había visto seda roja. Se preguntó.


Nota de la Traductora:
La torre a que se hace referencia en este capítulo es la Torre Eiffel…

Ah! Les cuento que en mi profile he adjuntado un link con un lindo fanart de Pink Panda, Silken y Pink me dieron el permiso correspondiente…

Por fin Silken actualizó el capítulo 36 del fic original, luego de cinco meses… para los que están siguiendo el fic en inglés. Y para los que siguen esta humilde traducción, pues espero no demorarme tanto como ella… ojalá...

Ahora busquen su contestación de Silken…

Perla: Thank you and welcome to the monster… really pleased you gave it a try and you like it… Mary does such a wonderful job… I hope you continue to enjoy our work…
silken :)
Gracias y bienvenida al monstruo… me alegra realmente que le hayas dado una oportunidad y de que te haya gustado. Mary hace un trabajo estupendo… espero que continúes gozando de nuestro trabajo…
silken :)

Maki Nirnaeth: Thank you... and yes a new chapter is coming, although i can't say anything about it or Mary will edit me out...lol ... i know Mary puts such a lot of effort into this and i'm really glad that she's getting help and support from the people around her...
silken :)
Gracias… y sí, se viene un nuevo capítulo, aunque no puedo decir nada sobre él o Mary lo va a suprimir… lol… sé que Mary pone mucho esfuerzo en esto y estoy realmente contenta de que esté teniendo ayuda y apoyo de la gente a que la rodea…
silken :)

Rosita: Thank you… and hopefully this next chapter fulfilled your expectations…lol
silken :)
Gracias… y esperemos que este nuevo capítulo haya llenado tus expectativas… lol
silken :)
De MaryLover: ¡Bienvenida!

Kaze no Misuki: Thank you… yes, Edward has grown up a bit… although she still has the Ed-moments we all love…lol…
And yes again, this is where the monster started to grow… the chapters began getting longer no matter what I did, but he's under more control now…I hope…lol
silken :)
Gracias… sí, Edward ha madurado un poco… aunque todavía tiene sus antiguos momentos que todos adoramos…lol…
Y sí de nuevo, aquí es donde el monstruo empezó a crecer… los capítulos empezaron a hacerse más largos no importa lo que hacía, pero ahora está más bajo control… espero… lol
silken :)

Martha V y D. Wigworthy: Thank you… I've never seen fan-art of that scene, that'd be interesting to see… and I hope you enjoy Ed's revenge in this new chapter…lol
silken :)
Gracias… nunca he visto un fan-art de esa escena, sería interesante verla… y espero que disfrutes la revancha de Ed en este Nuevo capítulo…lol
silken :)

Seiketo Nayset: Thank you… I like a lot of humour but there is romance coming – honestly…lol… yes, anime based but I am borrowing little things from the manga such as some of their backgrounds – nothing that would give away the manga plot-line as it is very different to the anime and not everyone has read it…it will be interesting to see the new FMA anime series that is going to follow the manga…
silken :)
Gracias… me gusta mucho el humor, pero ya se viene el romance – en serio…lol… sí, está basado en el anime pero estoy tomando prestado algunas cosillas del manga como son algunas circunstancias – nada que deje entrever el argumento de la trama ya que es muy diferente al anime y no todos lo han leído… será interesante ver la nueva serie anime de FMA que va a seguir el manga…
silken :)

Kauket-k: Thank you… so glad you're enjoying this monster…
silken :)
Gracias… estoy muy contenta que estés disfrutando de este monstruo…
silken :)

Orion no Saga: Thank you… lol… maybe I should have had Ed do that, I didn't think of it at the time because I wanted her maturity to be noticed…lol... I like Havoc so I always try to make him happy and not leave him on his own…lol
silken :)
Gracias…lol…tal vez debí hacer que Ed haga esto, no pensé en ello en ese momento porque quería que se note su madurez…lol… me agrada Havoc así que siempre trataré de hacerlo feliz y no dejarlo solo…lol
silken :)

Shao-kino: Thank you for reading and enjoying… I like older Ed whether he's male or female… all the exaggerated styles of his youth just covers up how deep he really is… at the end of the anime, he's not a stupid little boy anymore, he's definitely older than he is…and I like that.. he should grow up but he's also allowed to be silly occasionally as well...lol
I think we should all be in comfortable clothes…lol
silken :)
Gracias por leer y disfrutarlo… me gusta el Ed adulto, ya sea hombre o mujer… todos los modismos exagerados de su juventud sólo encubren lo profundo que es realmente… al final del anime, él ya no es un niño estúpido, es definitivamente más adulto de lo que es… y eso me gusta… él debería ser maduro pero asimismo también se le ha permitido ser todo en ocasiones… lol
Pienso que todos deberíamos de estar en ropas cómodas…lol
silken :)

Ierelin: Thank you, so glad you're enjoying… yes, Mary is right, there is romance ahead, I'm just slow getting there…lol… the characters sometimes decide to get distracted so it takes them a bit longer than I'd like to get them doing what I want them to…lol
silken :)
Gracias, estoy muy contenta que lo estés disfrutando, sí, Mary está en lo cierto, hay romance más adelante, solo estoy llegando allí a paso lento…lol… a veces los personajes deciden distraerse, así que les toma más tiempo de lo que a mí me gustaría para que hagan las cosas que a mí me gustaría que hagan…lol
silken :)

Neko_MuSuMe: Thank you… glad you enjoyed and hope you keep doing so… yes Mary does a great job with all the fics she translates so I am very proud that she chose to do this monster of mine as well….
Silken :)
Gracias… me alegra que lo disfrutes y espero que sigas haciéndolo… sí, Mary hace un gran trabajo con todos los fics que traduce así que me siento muy orgullosa de que haya escogido traducir también mi monstruo…
Silken :)

vampiro oscuro: Thank you… glad to see you back and enjoying the monster… hope your inspiration stays and does good things with you…:)…
silken :)
Gracias… me alegra verte de vuelta y disfrutando del monstruo… espero que tu inspiración permanezca y haga cosas buenas contigo…:)…
silken :)

nakatsu-suichi: Thank you and welcome to the monster… so glad you're enjoying it… the romance will come, they're just taking their own sweet time to get to it…lol… hope you continue to like this…
Silken :)
Gracias y bienvenida al monstruo… muy contenta de que lo estés disfrutando… el romance vendrá, ellos solamente se están tomando su tiempo para llegar a él…lol… espero que continúe gustándote…
Silken :)

miciel: Thank you… yay, hugs for Mary... she does do a really wonderful job with this monster and the others she has done… I loved doing Riza in this chapter… the lines she had were just so much fun to write and just fit her so well… wishes I could get away with saying things like that sometimes…lol
silken :)
Gracias… viva, abrazos para Mary… ella hace un trabajo realmente maravilloso con este monstruo y los otros que ha hecho… me encantó escribir a Riza en este capítulo… las líneas que tuvo fueron simplemente muy divertidas de escribir y verdaderamente le sentaban tan bien… cómo deseo poder decir cosas como ésas algunas veces…lol
silken :)

zara mors: Thank you… I do try to keep new characters as discreet as I can... they are a necessary evil at times and they can be fun… I try not to let them takeover too much…lol
silken :)
Gracias… yo trato de mantener los personajes nuevos lo más discretos posibles… a veces son un mal necesario y pueden ser divertidos… yo trato de no dejarlos tomar demasiado el control…lol
silken :)

Kaguya-hime Shiro: Thank you… love the long reviews as Mary well knows…lol… I really can't say much about Ralke or anything else that might happen because Mary will edit me out...lol… just glad you're enjoying it…
silken :)
Gracias… me encantan los reviews largos como Mary bien lo sabe…lol… realmente no puedo decir mucho de Ralke o de nada más que pudiera pasar porque Mary lo editaría…lol… sólo diré que estoy contenta de que lo estés disfrutando…
silken :)

ChikaObsecionadaConVincent:
Nota de MaryLover: Como te comenté la respuesta de Silken la tendrás en la próxima entrega… bienvenida…

Ichi-Ichi:
Nota de MaryLover: Como te comenté la respuesta de Silken la tendrás en la próxima entrega… bienvenida…