Hola hola, ¿Cómo andan?

Lo prometido es deuda! Publicado antes de que terminen mis vacaciones de semana santa (O sea hoy :p)

Espero les guste ¡Vaya! Nunca había hecho un capítulo de 36 paginas en solo dos días, por lo regular me tardo dos semanas para ello, pero debía aprovechar el tiempo que tenía libre. (Jajaja debería estar estudiando para mi exámen de bioquímica xD)

Recien salido del horno! besos :)


DISCLAIMER: El universo de "Dragon Ball Z", así como sus personajes, son propiedad de su autor original Akira Toriyama, como también en Toei Animation y Fuji TV. Esta historia está hecha únicamente por diversión, con permiso tomo los personajes prestados.


CAPÍTULO X. ESTRAGOS DEL PASADO

Ya no recordaba cuantas noches llevaba sin poder concernir el sueño, desde su llegada a Vegetaseí no había día y noche en que viviera miles de emociones en un instante hasta el punto de arrebatarle el mismo sueño, como nuevamente esta ocasión.

Lentamente se levantó de la cama para acercarse a la gran ventana que le mostraba el amanecer de un nuevo día, para su sorpresa notó que esta vez las puertas de cristal que daban hacia el exterior del balcón se encontraban sin algún candado y cadenas, ¿En qué momento habían ido a quitar toda la seguridad que había impuesto el príncipe hacia ella? Se sintió extraña, con tantas cosas que había vivido en esos días no se había percatado de ciertos detalles como ese ¿Qué más habría cambiado?

Sigilosa, se apresuró a tomar el pomo de la puerta para salir al exterior del balcón ¡Y qué maravilla! Sentir la brisa fresca de la mañana golpear contra su rostro era una sensación bastante satisfactoria, por momentos sentía que en aquella habitación la sofocaba quitándole en aliento, por lo que no dudó ni un segundo en salir a respirar de la cálida brisa de la mañana. Instintivamente se llevó sus brazos a su cuerpo en forma de darse calor, pues gracias a la ligera vestimenta que portaba logró que su cuerpo se erizara al sentir la frescura golpear de bruces contra su tersa piel.

Fijó su mirada agua marina hacia el horizonte, donde se podía ver el nacimiento del día, al parecer su alcoba poseía de una maravillosa vista desde su lugar, decidió concentrarse en observar mejor a su alrededor y por primera vez en toda su estancia se detuvo a apreciar detalladamente en lugar de donde se encontraba capturada. Trabajadores comenzaban con sus jornadas del día, desde sirvientes hasta soldados que desfilaban en hileras para comenzar con sus rutinas, todos actuaban en perfecta sincronía con su respectiva labor. El lugar era menos osco a la primera impresión que tuvo de él, claro no se comparaba con la belleza de arquitectura con la que contaba su antiguo hogar, pero ahora que apreciaba con mayor detenimiento los detalles, no era tan horrible después de todo.

Suspiró cansada, cerró los ojos en un intento de relajación y fue en ese momento cuando la cruda verdad cayó de bruces su espalda. ¡¿Por qué había accedido con el príncipe?! Tenía una terrible resaca, esa resaca de arrepentimiento, de coraje, de pura indignación. Jamás se había sentido tanta vergüenza como la que estaba viviendo en ese momento, tan solo recordar los hechos nocturnos lograban causar efecto en la joven de cabellos como el mar un gran escándalo. Su rostro viró a un tono carmín al rememembrar lo de la noche, las imágenes llegaban unas tras otras y su pudor se veía por los suelos.

¿Por qué es que había caído tan bajo, rendida ante los pies del petulante príncipe? Llena de impotencia golpeó con sus puños cerrados sobre el barandal de cantera lastimándose un poco por su arrebatada acción. ¿Cómo es que jamás detuvo ese gran error? ¡Seguramente Vegeta se burlaría de ella por toda la vida al ver que cayó solita en sus brazos! Sin duda era tan tonta, vulnerable ¡Maldita sea!

Se odiaba a sí misma, no podía comprender como la tentación había ganado sobre su orgullo y juicio. Recordó cada momento, en cómo bastó solo conectar con ese par de orbes azabaches, le sorprendía como es que una mirada tan penetrante como la de él desprendía algo que la obligaba a quedar magnetizada de ella ¿Tal vez se debía al misterio que albergaba en ella? Sí, el príncipe Vegeta poseía un aire de "malvado" pero había algo más allá, algo cuando estaba cerca de él y no sabía cómo descifrarlo.

Entonces las imágenes la hicieron vibrar cada fibra de su cuerpo, en como su respiración caliente golpeaba contra su piel fresca, sus manos expertas en como la tocaban con cierto fervor y sus besos ¡Santo cielo! Aún recordaba la sensación que tuvo en su primer beso con aquel jovencillo de nombre Yamcha y no se podía comparar con las emociones que evocaba Vegeta en ella con sus febriles roces y contactos ¡Por kami-sama! En cada beso, en cada tacto, en cada mirada el hombre emanaba pura pasión, y ella cayó presa bajo ese nuevo sentir.

Era algo nuevo para ella, jamás había experimentado cosas tan intensas como lo que estaba pasando con el príncipe. Claro, esto no tenía que ver con nada "emocional" ni mucho menos alguna mezcla de sentimientos encontrados, no, esto solamente se trataba a nuevas experiencias que su cuerpo reaccionaba de esa forma ¡Y vaya que gustoso las recibió! Enrojeció de solo recordarlo, odiaba admitir que aquello lo había disfrutado como nunca ¡Jamás imaginó sentir sensaciones desconocidas en cada rincón de su cuerpo! Agradeció enormemente a quien los haya interrumpido, porque de no ser así seguramente el príncipe a estas horas se estaría burlando en su cara por haberla deshonrado.

¡Cómo no lo había analizado! Tan inmersa se hallaba descubriendo los placeres que le eran proporcionados a su cuerpo, que había dejado de lado un hecho muy importante en ella ¡Estaba a punto de perder su dignidad solo por sucumbir al placer! ¡Maldito Vegeta! Seguramente ese era su plan, humillarla hasta el punto de arrebatarle la más pura inocencia, algo que perdió en la noche.

Furiosa, se metió de nuevo a la alcoba para cambiarse su atuendo nocturno que portaba, las imágenes golpeaban una tras otra su mente, en cómo incluso su pudor en su desnudez pasó a otro lecho al verse tan inmiscuida con el hombre. Luego estaba él, en como se había mostrado sin algún recelo ante ella ¡Y por Kami-Sama! ¿Es que acaso ese hombre era algún especie de Dios griego? ¡No estaba bien pensar de esa forma! ¡Eso no era digno de una señorita como ella! Simplemente no podía concebir como es que había sido presa de la tentación carnal ¡Y peor con él! Sin duda alguna no permitiría que eso se volviera a repetir ¡Vegeta Ouji no tendría el privilegio de volverla a tocar!

Tenía que irse cuanto antes, algo le decía que las cosas serían mucho peor de ahora en adelante, no quería mirar de nuevo a los ojos a ese hombre ¿Con que desfachatez lo haría, después de haber sucumbido a su pasión?

El sonido de unos golpes contra su puerta la hizo reaccionar de su trance mental ¿Quién era para estar buscándola a esas horas del día? Por lo regular Lunch pasaba a revisar que todo estuviera en orden al medio día, pero no a esas horas tan madrugadoras. Notó que los golpes de la puerta se intensificaban con el prolongar de los minutos ¿Es que serían algo había ocurrido? Rápidamente se terminó de colocar la típica vestimenta que le fue proporcionada mientras sujetaba su cabello en una coleta alta dejando algunos mechones rebeldes salir, escondiéndolos detrás de sus orejas ¿Sería que el príncipe había amanecido en mal estado? No, no podía ser… el ungüento que ella le propinó era demasiado efectivo.

Sintió una corriente eléctrica al imaginarlo a él en busca de ella. ¿Sería que le reclamaría el haberlo dejado en la noche? ¿La tomaría a la fuerza por venganza? Sintió como su corazón se agitó con demasía al ver todas esas posibilidades, pues no había contemplado que el hombre no era de amenazas vacías y si él lo disponía la tomaría en ese momento y las veces que quisiera, solo para remarcar su hombría. Olvidó todos esos detalles por la forma en cómo la tocaba, su deseo era diferente al de Broly, su hermano intentó violarla, lastimándola en su acción con cada movimiento, a costa de su propio placer; Vegeta intentó hacerla suya, solo que a diferencia de su hermano, el príncipe la hizo parte del acto, la hizo vibrar, quería verla retorcer de placer bajo su cuerpo a pesar de su propio ego y orgullo.

¡Maldición, mujer despierta!

Reconoció esa ronca voz, inmediatamente supo quién era el acreedor de ella y no pudo evitar fruncir su entrecejo molesta, solo había un completo idiota que podía ir a molestarla a esas horas del día.

—¡Deja de golpear mi puerta como mono salvaje! —Vociferó la princesa tras abrir la puerta y encontrarse cara a cara con cierto moreno.—¡Si había escuchado!

—No estás de visita en este lugar, princesita.

—¡Ush! —Cruzó sus brazos frente a su pecho en un puchero infantil, logrando evocar una mueca de fastidio en el hombre, pero con tal acción provocó que la apertura de sus senos se marcaran un poco más, atrayendo la atención del hombre en ese punto, pero estaba tan molesta que no notó la mirada de él en ella.— ¿Qué demonios quieres Raditz?

—Yo…—Sintió sus mejillas arder al ver de más a la mujer, pero era inevitable no pasar de desapercibido su "exótica" belleza, como la habían apodado los hombres del castillo desde su llegada a Vegetaseí. La princesa poseí de ciertos atributos que si los exhibía con cualquier movimiento, atraía la atención de cualquier hombre, esto lo incluía a él.—Necesito hablar contigo.—La miró rápidamente a los ojos, se sintió incomodo con la situación y lo que menos quería era verse vulnerable frente a esa mujer orgullosa, porque el lo sabía, esa mujer estaba consciente de su belleza y sí era un poco más inteligente podría utilizarla como su arma para obtener lo que quisiera de ahí, incluso hasta podría caer el mismísimo príncipe Vegeta.—Urgente.

—¿Tu quieres hablar conmigo? —Sorprendida lo miró alzando una ceja incrédula. No confiaba en nadie de ese lugar, ni siquiera el príncipe Tarble aún se ganaba su confianza del todo a pesar que el hombre le brindaba su genuina ayuda. Por su parte el soldado tomó su interrogante como sarcasmo, definitivamente lo que tenía esa mujer de hermosa lo tenía de insoportable.— Eso es extraño viviendo de tu parte.

—No creas que esto lo hago por gusto, mujer. —Respondió aturdido.— Esto te involucra más de lo que crees.

—Creí que pretendías hacer una amistad.—Ahora Bulma respondió con verdadero sarcasmo seguida de una risa forzada, a lo que el melenudo solo la miró de una forma fría conservando su pose cruzado de brazos.—

—Ni en mis sueños serías mi amiga. A lo que vengo, ¿Qué demonios pasó ayer entre tú y el príncipe?

Bulma paró en seco su risa al escuchar las palabras del soldado ¿Específicamente a que se refería? Su rostro burlesco viró a uno presa asombro y a la vez pánico ¿Sería que se enteró lo que ocurrió en la noche con el príncipe? Sin embargo Raditz no pasó por alto la reacción de la joven, le causó curiosidad el hecho de que calló por completo, a veces le resultaba extraña esa mujer.

—¿A…a que te refieres? —Tartamudeo la mujer retrocediendo un par de pasos.—No entiendo lo que quieres saber…

—No te hagas la desentendida.—Bufó irritado.— Lo que sucedió en el bosque ¿Quién atacó al príncipe? ¿Por qué lo hizo? Y lo más importante…¿Qué hacían los dos juntos?

—¡Ah! Eso…—Susurró soltando exageradamente el aire de su pecho.—No sé quien lo atacó, llevaba su rostro oculto, pero…recuerdo su voz, sé que podría reconocerlo con tan solo escucharlo.

—Maldición.—Chistó por debajo dándole la espalda a la princesa, Bulma escuchó que el hombre susurraba algunas palabras que no lograba percibirlas, pero al cabo de unos segundos el hombre nuevamente le dio la cara.— No podemos dejar pasar por alto lo de anoche, ¡Ayer intentaron matar al príncipe!

—Dudo que lo encuentren. Ninguno de los dos reconocimos a quien me intentó violar, lo más seguro que ese mal nacido logró escapar incluso lejos del pueblo…

—Espera un momento…¿Ese hombre te iba a violar? Entonces…¿El príncipe intervino para…salvarte?—Susurró sorprendido.— No me lo creo…

—Ni yo me creo que el príncipe me haya ayudado…

—Pues hay algo que no me cuadra aquí.—Añadió el soldado llevándose una mano a su mandíbula analizando lo que fuese a formular, pero al mismo tiempo mirando con el ceño fruncido a la princesa, algo que la incomodaba.—Nada cuadra según tu versión, y para el peor de los casos el príncipe no quiere decir una palabra más respecto al tema.

—¡Pues sí! —Alegó desesperada y molesta.— ¿Qué es difícil de creerme? ¿He?

—Es muy increíble para ser cierto. Nadie aquí es tan estúpido para propasarte contigo y…

—¡Ush! ¡Basta Raditz! —Bramó molesta brincado sobre su lugar, provocando que el soldado en pocos segundos sintiera un ligero temor por la repentina acción de la mujer, obligándolo a retroceder un paso atrás.— Ya estoy harta que todos de aquí duden de lo que diga. ¡Ja! ¿Pero qué puedo esperar de un maldito pueblo machista? Para tu información Raditz, aunque mi voz no tenga valor en este lugar, no dejaré que nadie de ustedes me quiten mi dignidad que aún sostengo con mucho orgullo, y sí es necesario me defenderé hasta el último aliento para no dejar que me usen como un vil pedazo de carne sin valor…

—¡No es necesario que grites! —Alardeó molesto el soldado tapándose exageradamente sus oídos con las palmas de sus manos.— ¡Tienes una voz muy escandalosa!

—¡Pues lo siento! —Siguió hablando en el mismo tono colocando sus brazos en jarra sobre su cintura.—Pero ya me cansé que todo lo que diga siempre lo pongan en tela de juicio ¡Maldición yo no gano nada con mentir!

—Lamentablemente estás en una situación donde tu honestidad aún está en duda. Pero esta ocasión…—Susurró a regañadientes desviando su mirada.—Tendrás un ligero voto de confianza.

— ¿Cómo? —Tartamudeó sorprendida bajando la guardia.—¿A qué viene todo esto, Raditz?

—Mmm.—Resopló dramático mientras se acercaba a ella, miró hacia ambos lados del pasillo para asegurarse de que nadie los oyera, provocando la peli azul lo imitara.—Independiente mente del porqué estés prisionera, este asunto entra en otro contexto.—Lo miró expectante la mujer logrando causar ternura en el soldado, debía reconocer que tenía una mirada inocente.—El punto es que desde tiempo atrás, tengo el presentimiento que existe traidores en Vegetaseí…

—¿Es que ustedes a todos los ven como traidores? —Habló en tono bajo igualando al del soldado.— A mí me ven como una, a tu hermano el príncipe lo juzgo como uno, ahora resulta que…

—¡Genial! Olvidaba que hablaba con una infiltrada.—Susurró rodando los ojos recibiendo un pequeño golpe en su abdomen por parte de la princesa, golpe que obviamente no le dolió pero que sí le molestó.—¡Oye!

—¡Si vienes a insistir con lo mismo será que me dejes en paz! —Dicho esto, dio media vuelta para retirarse pero el soldado fue más rápido sosteniéndola de su antebrazo derecho.—¡Suéltame!

—No creas que te dejaré ir como si nada. Hay un traidor dentro del castillo, y tú me ayudarás a descubrirlo.

—¿Yo? —Alegó sorprendida.— Pero sí…

—No te estoy pidiendo un favor, es mi deber proteger a la familia real y ahora tú eres un paso más para dar con ese mal nacido.

—¡A ver, un momento Raditz! No te estoy entendiendo nada…¿Qué tengo que ver yo con todo eso?

—¡Por Kami-Sama! Mujer usa la cabeza.—Añadió molestando a la princesa.—Desde tiempo atrás me he dado cuenta, que con varios sucesos han intentado dañar a la familia real empezando desde el interior. No sé quien sea, es una investigación que llevo haciendo pero por más que indago no logro dar con ese traidor. Nappa fue el primero en percatarse, los dos estamos seguros de ello y ahora con lo que pasó con lo del príncipe nos queda más claro.

—¿Y porque están tan seguros que es alguien del castillo? Bueno a lo que me refiero, el hombre de ayer tenía más finta de ser algún bandido o algo similar…

—No.—Rió por la ingenuidad de la princesa respecto al tema.—Nadie externo puede entrar a los confines del castillo. Es más que obvio que fue alguien dentro del castillo quien intentó matarlo.

—Bueno, viéndolo de esa manera tiene más lógica.—Susurró la mujer con genuino interés en la charla.—Pero dudo que mi captor de la noche sea el traidor que dices, ese hombre parecía aterrado cuando lo vio defenderme…

—Pero a pesar de ello, no dudó en intentar matarlo. Si hubiese sido cualquier soldado o empleado del castillo, solo se hubiera defendido y luego escabullido, pero jamás atentar contra la vida del príncipe solo por echarse un caldo con la novedad.—Bulma arrugó notablemente sus cejas, mucho respeto alardeando de principios hacia la familia real, pero hablaban de ella como cualquier cosa ¡Malditos saiyajin! —Así como tampoco desobedecerían las ordenes de su alteza.

—¿Ordenes?

—El príncipe Vegeta dio la orden estricta en que ningún hombre del castillo intentara sobrepasarse contigo, de lo contrario las consecuencias no serían nada agradables. Cuando fui asignado tú escolta no solo fue para inspeccionar que no intentaras escapar, si no asegurarme que todos acataran la orden del príncipe.

Su enojo pasó a segundo plano al escuchar al hermano de Goku ¿En verdad era cierto lo que le mencionaba? Vegeta…¿Preocupándose por ella? No supo cómo interpretar las palabras que mencionaba el soldado, una parte de ella se estremeció al escucharlo, algo en su interior se movió, jamás imaginó que el petulante hombre se preocupara por la integridad física de ella, si era una prisionera no debía por que darle esas consideraciones. Tal vez se debía a que no era cualquier "prisionera" al ser la hija de su enemigo seguramente tenía otros planes, pero a su mente llegó el recuerdo de sus palabras "Bienvenida al infierno, princesa" entonces…¿Para él que era el infierno? O tal vez se debía a que él sería el infierno.

—El…¿Ordenó eso? —Susurró incrédula mirando hacia el suelo en un punto perdido.—Pero sí…

—No cuestiono la orden del príncipe—Le interrumpió.— Tiene algún motivo para tal acción. Lo que me importa es dar con ese traicionero, es evidente que tu atacante no fue cualquier persona, es el mismo del que siempre he tenido sospechas.

—¿Le han informado al príncipe de sus sospechas? ¿O incluso al rey?

—No, ya que son sospechas. No tenemos nada seguro, por más que buscamos todos los sospechosos al final resultan ser los menos culpables...

—Vaya, entonces se está escondiendo muy bien…—Mencionó pensativa.—O no sé están dando cuenta, tal vez el enemigo ha estado frente a tus narices todo el tiempo…

—¿Qué? ¿Qué insinúas mujer?

—Es obvio, los traidores siempre se hacen pasar por los más fieles para no levantar sospechas. Ese hombre los ha estado mareando, mientras ustedes se enfocan en alrededor el ya está a un paso frente a ustedes.

—¿Insinúas que podría ser Nappa?

—Tiene cara de ser sospechoso, pues sirvió años al "pueblo enemigo" y los traicionó para venirse acá.—Suspiró.—Pero te aseguro que no es él, o al menos no fue quien me intentó violar en la noche, Nappa tiene un tono de voz característico, y la voz del atacante no se comparaba en lo absoluto al de Nappa, incluso en la altura, no he visto otro hombre dentro del castillo de la misma altura y dimensiones que Nappa. Y a pesar de todo, no creo que él intentara hacerme daño de esa manera…

—¿Cómo estás segura? ¿Lo conoces? Espera un momento…

—Solo te puedo asegurar que Nappa no es.—A pesar que el viejo soldado que alguna vez le había servido a su familia y luego traicionado, estaba segura que él sería incapaz de tocarla, siempre el hombre durante su niñez le había dado un trato "paternal", por lo que su instinto no le dictaba algún mal.— Sé que si oyera a mi captor lo reconocería, su voz era más joven a la de Nappa, pero no dejaba de ser una voz madura…

—Perfecto, tú me ayudaras.

— ¿Qué?

—Tú serás la carnada, nadie de aquí puede acercarte hacia ti en un plan ofensivo, es evidente que eres la novedad y volverá a atacarte, cuando eso suceda descubriremos de quien se trata, ya que casualmente resulta ser el mismo que a atentando contra la familia real.

—¡Es el plan más estúpido! —Gritó la peli azul dándole la espalda.—No pienso exponerme, ¿Qué gano yo? ¿Qué me lastimen? ¡Son unos tontos!

—¡No seas tonta mujer! Obviamente te protegeré.

—¿A sí? —Respondió aturdida dando media vuelta para encararlo de nuevo.—¿Cómo anoche? De no haber sido por el príncipe, seguramente yo…

—Seguramente yo estaría muerto.—La interrumpió.— El príncipe no me perdonaría tal hecho, no sé qué fue lo que ocurrió entre ustedes dos cuando se conocieron, pero el príncipe tiene cierto interés en ti para ordenarme que no te deje ni a sol y sombra, no pienso fallarle. Pero…mi honor está con él, y no dudaré en usar cualquier medio con tal de salvar su vida y la de su familia.

Bulma quedó en silencio, cada que escuchaba como le hablaba sobre el interés de Vegeta en ella se quedaba muda y sorprendida. ¿Su interés solo se debía al deseo sexual que había despertado en él hacia ella? Porque no se cansaba de reprocharle todos los días de su procedencia, entonces ¿Qué pasaba en la extraña mente del hombre?

—Sé que no te interesa nada de lo que tenga que ver todo aquí en Vegetaseí.—Prosiguió el moreno.— Pero aprovecharé la situación que tengo en mis manos para dar con ese maldito traidor. Incluso podría apostar que a ti te daría gusto que el príncipe estuviera…

—No.—Lo interrumpió la princesa.—No soy como todos ustedes que gozan en ver al enemigo caído. A pesar de ser su prisionera, le estoy agradecida por haberme salvado anoche…—Suspiró cansada.—Te ayudaré…

—No era invitación, lo harías quieras o no.

—Raditz…¿Cuándo será el día que no hablemos sin atacarnos? No pretendo ganarme tu aprecio y ni tengo interés en ello, pero al menos que cada palabra que diga no sea cuestionada o atacada ¿Sabes lo que se siente estar un lugar que ni conoces, ni sus costumbres, que todos te vean como un bicho y aparte intenten abusar de ti? ¿Has visto que estos días en mi estancia he hecho cosas contra ustedes? Creo que mejor todos ustedes me han dañado más a mí. Ya me cansé, te ayudaré por agradecimiento al príncipe, se que con eso no ganaré mi libertad pero al menos sé ser agradecida y es una forma de saldar cuentas con él.—Susurró cansada obteniendo la mirada oscura del moreno, pudo notar que se veía ¿Incomodo? —Si vamos a trabajar en esto, necesitamos trabajar en confianza o de lo contrario no lograras con tu objetivo ¿Me entiendes?

—Hmmp.—Ronroneó incomodo.—¿Qué es lo que quieres?

—Qué me dejes de molestar a cada momento.—Sonrió amistosa la peli azul sorprendiendo al moreno, por lo regular siempre la encontraba enojada.— ¿Te parece una tregua?

—No sé porque algo me dice que aparte de gritona, eres manipuladora.—Sonrió burlón.— Pero también acepto esa tregua, con tal de no escucharte berrear a cada momento.

—¡Ush! Grosero…también quisiera pedirte más espacio, te aseguro que no me podré escapar de este lugar que se encuentra muy custodiado…

—Eso no puedo, es una orden del príncipe.

—No tiene porqué enterarse.—Sonrió pícara cerrando un ojo en forma de guiño.—Además…

—Eso lo tendrás que hablar con él, después de todo la comunicación entre ustedes se da de maravilla.—¿A caso el soldado se estaba burlando de ella? Bulma abrió los ojos sorprendida por el comentario, mientras que el soldado se limitó a girar sobre sus talones.—No sé porque, pero el príncipe se ha dedicado a poner cierto interés especial en ti. Pero eso no me concierne, eso ya es asunto tuyo, regreso en veinte minutos.

Lo último que escuchó la princesa del moreno fue su carcajada retumbada en todo el pasillo, ¿A qué se refería con todas sus insinuaciones? Algo le decía a ella que ese soldado sabía más de lo que callaba.

Aún procesando toda la información recibida, se adentró de nuevo a su alcoba para terminar de arreglarse, nunca pensó que en este día comenzaría con dos novedades, una ¿Ganarse la confianza de su escolta? Y otra, salvarle la vida a Vegeta.


Un silencio sepulcral se formó en toda la estancia. Todos guardaban sus distancias prudentes entre ellos, mirándose detenidamente como queriendo penetrar sus mentes y poder descifrar lo que estaba pasando dentro de ellas.

La mujer de cabellos oro se movió incomoda sobre su lugar, tenía una ligera sensación que su visita no era para nada agradable por esos lares, claro para ella y como su acompañante tampoco les era grato, pero lamentablemente era su último recurso.

¿Diez, quince minutos? No sabía cuando tiempo llevaban todos en silencio tras pronunciar sus últimas palabras, provocando que la tensión aumentara entre ellos. No quería irse, debía utilizar todos los recursos a su alcance para obtener la entera disposición de los saiyajin, ellos eran la última esperanza a su reino.

—Alteza.—Esta vez fue el turno del hombre calvo quien acompañaba a la dama, quien avanzó un par de pasos frente a ella para obtener la atención del heredero de Vegetaseí y de los demás presentes, así como reverenciándolo en forma como indicaba el protocolo.—Hemos venido desde lejos requiriendo de su apoyo, nunca imaginamos que llegaríamos hasta este punto, pero nuestro pueblo, nuestra gente está quedando devastada de esta interminable guerra. Hemos venido solicitando su ayuda, nosotros…

—¿Qué es lo que quieren? —Por primera vez se escuchó la voz del príncipe resonar en toda la estancia. La mujer quedó sorprendida de la rudeza con la que sonaba el hombre, se veía de su edad pero al hablar causaba más intimidación de la que ya de por sí mostraba con su porte airoso e impenetrable. Vegeta miró detenidamente a la princesa ¿Así que era la dichosa hermana de su prisionera? No sabía cómo procesar esa información, a decir verdad era la primera vez que se quedaba mudo sin saber cómo reaccionar. La mujer por su parte avanzó un par de pasos más, no se parecía mucho a Bulma, no poseía de esos cabellos exóticos como los de la mujer, sí era bella, pero no se asemejaba a la exuberante belleza que emanaba su prisionera, y mucho menos su mirada se comparaba con la intensidad que expulsaba Bulma en sus orbes cielo. Examinó detenidamente a los dos extranjeros, algo le decía que quería escuchar todo de ellos, todo lo que sea por saber quién era en realidad Bulma Densetsu o más bien Bulma Brief.

—Príncipe Vegeta.—Retomó la palabra la joven de cabellos dorados, era segura al hablar y mirarlo directamente a los ojos, algo que sí compartía con la princesa de cabellos como el mar.—Mi pueblo, mi nación se ha visto sucumbido bajo los estragos de la guerra imparable por los Tsufurujín durante diecinueve años. Hemos hecho de todo para volver a levantarnos, incluso hemos perfeccionado nuestra destacada tecnología convirtiéndola como la más innovadora durante estos años, todo sea con tal se sobrevivir a este infierno en que se ha visto consumido las tierras del Oeste desde la caída de su rey, mi padre…—Suspiró pesadamente la mujer haciendo una pausa al hablar, no le era fácil hablar de su padre a pesar de todos los años que llevaba muerto, pues los sucesos que le consiguieron después de su caída fueron más catastróficos, empezando con su madre.—Mi nación lo ha dado todo, pero no ha sido suficiente. En los últimos dos años perdimos más de la mitad de nuestro ejército, nuestras tierras se han visto marchitas y la hambruna como enfermedades ha crecido considerablemente, por lo que me he visto comprometida en adelantar mi unión con el heredero al trono de las Sagradas Tierras de Karin…

—¿A qué viene todo esto? —La princesa se sorprendió de la indiferencia del saiyajin. Había escuchado que esos hombres eran de un carácter único y fuerte, como al mismo tiempo casi despreciables al igual que los Tsufurujín, pero lamentablemente ellos eran la última opción que tenían como recurso. Vegeta ponía su habitual rostro de indiferencia, pero su interior le carcomía más la curiosidad por saber acerca de los Brief.—

—Solicitamos su protección, a cambio de nuestra entera tecnología y mi pueblo como guerreros a su disposición en esta guerra contra los Tsufurujín.—La mujer prefirió ser directa, en ese intercambio de palabras notó que el príncipe no se trataba con rodeos, por lo que era mejor tomar al toro por los cuernos. Vegeta arqueó su ceja sorprendido por lo que mencionó la rubia, desde que estaba escuchando su explicación intuía por donde iba la cosa, pero a decir verdad le sorprendió la seguridad que emanaba la mujer, una digna heredera de Capsule.—

—Vegeta.—Susurró el calvo consejero que se encontraba detrás de él.—Necesitamos hablar antes de que tomes una decisión.

—Príncipe…—Continuó la princesa pasando por alto la intervención del viejo calvo.—Mi pueblo está en su entera disposición en servirle en esta guerra contra los Tsufurujín, tal vez no poseemos de los guerreros más fuertes como ustedes los saiyajin, pero nuestra tecnología es por creces mucho más amplia, algo que les puede ayudar por completo a favor en contra de …Paragus.

Vegeta se quedó por una fracción de segundos analizando las palabras desesperadas de la mujer, a menudo llegaban pequeñas naciones implorando de su protección a cambio de sus pueblos a su servicio en la guerra, algunos resultaban beneficiosos, otros simplemente no tenían mucho que ofrecer. El había escuchado años atrás sobre las famosas tierras del Oeste, que poseían de una belleza incomparable, pero que con el pasar de los años y la guerra, había perdido cualquier encanto. Sabían sobre los pasos donde dejaba huella Paragus, y ese lugar era uno de ellos.

Los saiyajin se encontraban en ese momento en su apogeo, no necesitaban más tecnología pues ya poseían de la necesaria, tal vez si su padre estuviera presente se negaría ante la oferta de la princesa, Capsule era un intento desesperado por resurgir de las cenizas, que a estas alturas no tenían mucho que ofrecer, por algo se estaban uniendo al reino vecino. Pero solo había una cosa que aún podía salvaguardar el destino de esas tierras abandonadas por el dedo de Dios, y esa razón poseía de un nombre; Bulma.

—Dígame princesa.—Se acomodó sobre su lugar el moreno sonriendo ladinamente, algo estaba atravesando por la mente del príncipe, Nappa se dio cuenta de ello y estaba consciente que ese "interés" que le estaba surgiendo, se trataba solamente por la relación que se hallaba de los extranjeros con la prisionera.—¿Por qué han recurrido a nosotros? ¿No es más fácil que se hayan doblegado bajo el reino de Paragus? El hombre los ha dejado secos, hubiese sido más fácil para ustedes servirle todo este tiempo.

—¡Mi pueblo jamás le servirá a ese miserable! —Lo percibió, todos los presentes notaron el odio que emanaba la mujer en esas ocho palabras, las suficientes para sacar una sonrisa arrogante en el rostro del heredero, tendría lo que necesitaba saber.— Capsule se ha visto humillado y masacrado por los Tsufurujín, nos traicionaron, nos robaron. Paragus no solo le bastó con terminar con la paz de mi pueblo, humilló a la familia real, mató al rey frente a su esposa y…—No quería hablar más, se le formó un nudo en la garganta al mencionar todas las atrocidades que el hombre había atentado contra ellos. Su fiel mano derecha de la familia Brief, el general Tenshinhan, la tomó por un hombro, sabía de lo doloroso que le resultaba a la mujer hablar de eso, la había visto desde niña asumir un rol fuerte desde que su madre se había deslindado de sus responsabilidades como reina ante la pérdida de su familia completa. Ahora para la primogénita de los Brief todo el peso caía sobre sus hombros, una nación dependía de su toma de decisión, pero él veía a una joven que le había sido robada una dulce juventud.—Mi hermana…

Vegeta abrió los ojos sorprendido como al mismo tiempo frunció con demasía su entrecejo al escuchar de Bulma, debía ser ella no podía tratarse de alguien más. Notó como la princesa se tensó al relatar esos datos profundos, incluso pudo jurar que vio en sus ojos índigo un ligero brillo de lágrimas, pero que la princesa supo muy bien retener. La tensión se hizo presente de nuevo en los presentes, Nappa por su parte miraba con insistencia al príncipe, temía de los pasos que fuera a dar, no es que dudara de su bien juicio, sabía que jamás perjudicaría a Vegetaseí, pero con el tema de la princesa peli turquesa todo se veía distinto.

—Así que ustedes lo que quieren, más que protección es venganza ¿No es así?—El silencio se volvió a prolongar de nuevo, a lo que el príncipe se limitó a sonreír ladinamente.—Bien, entiendo su punto.

—No solo mi pueblo y mi familia está en su total servicio en esta guerra, príncipe Vegeta.—La princesa lo reverenció de nuevo expresando su total ofrecimiento, siendo imitada por el hombre que lo acompañaba, por su parte Vegeta solo se limitó a mirarlos con su peculiar gesto malhumorado.—Las tierras del Oeste, está en su entera disposición a ustedes, los saiyajin.

Nappa quedó sorprendido por las palabras de la mujer, no solo Capsule, hablaba de todo el territorio del Oeste siendo entregado en bandeja de plata hacia los saiyajin. Vegeta analizó las últimas palabras, estudiándolas meticulosamente, jamás imaginó que esto los beneficiaria a tal grado de todas esas naciones juntas, contra Paragus.

—Perfecto.—Espetó el hombre obteniendo de nuevo la atención de los dos extranjeros.—Les proporcionaremos lo que piden…

—Vegeta…—Susurró Nappa visiblemente perturbado, pero solo estaba siendo ignorado por el príncipe.—

—Pero antes.—Prosiguió al heredero.—Todo esto tiene un precio.—La princesa arqueó las cejas al no entender a que se refería el moreno, según ella había puesto sobre la mesa toda la disposición a la que se sumergía sus tierras con tal de obtener su protección durante la guerra ¿Qué más quería ese hombre? —Cuando acabe la guerra, cuando derrote a los Tsufurujín, las tierras del Oeste pasaran a mi entera disposición…

—No entiendo…—Susurró visiblemente preocupada la mujer.—Príncipe Vegeta no…

—Creo que si fui claro princesa Tights.—La rubia se cimbro al escuchar su nombre en los labios del moreno, jamás había escuchado que su nombre sonara demasiado rudo, pero lo que le perturbaba más era la mirada penetrante que lanzaba el príncipe, algo se traía en mente.—Cuando termine la guerra, así como Capsule y todas las demás naciones que pertenezcan a las tierras del Oeste, pasaran al poder de los saiyajin.

La princesa ya presentía esa cláusula que estaba formando el príncipe, tener su apoyo implicaba perder la autonomía completa de las naciones del Oeste. En otros tiempo tal vez con esa idea se hubiesen levantado guerrillas por eso, pero tan devastados se encontraban con los estragos de Paragus, que lo último que les quedaba era acceder.

—De acuerdo.—Susurró la mujer conservando su temple serio, mientras que el general que la acompañaba miraba hacia un punto perdido al suelo, lamentándose ver su pueblo ahora en manos de otros desalmados, presentía que la decisión desesperada que cometía la princesa era la peor de todas, pero no había opción.—Nos entregamos a ustedes.

—Quedando acordado eso, en una semana mandaré a mis hombre a Capsule para comenzar a formar el cuartel, espero que los aldeanos no teman al ver a sus protectores.—Susurró lo último con burla.—

—Créame, mis habitantes verán más que eso, verán esperanza.

—Yo no me confiaría princesa.—Sonrió ladino perturbando a la princesa.—Si intentan traicionarnos, todo lo que les queda arderá en el mismo infierno, con los saiyajin no se juega.

—No se preocupe por ello, ya hemos vivido en uno desde que Paragus mató todo lo que nos rodea, solo queremos que esto termine de una buena vez.

—Bien, así será.—Sonrió petulante.—Nappa, ordena que les preparen una habitación a nuestros invitados, me imagino que vienen cansados de su largo viaje.

—Agradecemos su hospitalidad príncipe.—Agregó ahora el acompañante de la princesa, quien había permanecido callado.—Pero nuestro viaje fue de carácter urgente, no podemos demorarnos más días fuera de Capsule, necesitamos volver cuanto antes.

—Bien, entonces les proporcionaremos un barco que zarpe lo más pronto posible.

—Príncipe.—Esta vez fue quien intervino la mujer, obteniendo la mirada de los tres hombres.—Quisiera invitar a la familia real a la ceremonia de mi unión con el heredero de las Sagradas Tierras de Karin, el príncipe Upa. Se llevará a cabo en un mes. Asistirán todas las naciones de las tierras del Oeste, será el momento oportuno para que vean el apoyo de los saiyajin con nosotros.

—No duden que ahí estaré.—Nappa sorprendido por la respuesta del príncipe se quedó boquiabierto ante semejante respuesta, el jamás era de asistir a esos tipos de eventos ¿A que se estaba debiendo toda esa animosa participación?— Muchas felicidades por ello, princesa.

—Gracias.—La mujer notó cierto sarcasmo en las últimas palabras del príncipe, sin embargo no le tomó mucha importancia, solo quería irse de una buena vez y terminar con eso.—Le aseguramos total fidelidad ante su reino.

Al no recibir más respuesta por parte del príncipe, ambos extranjeros lo reverenciaron para marcharse. A decir verdad se sentían incómodos, jamás creyeron que el príncipe aceptaría brindarles su ayuda así de fácil, ni que fuera todo tan rápido, ni siquiera el hombre les había ofrecido pasar el almuerzo con ellos. Incómodos decidieron retirarse hasta que un sonido ronco salido del pecho del príncipe detuvo sus movimientos.

—¿Qué ocurrió con la familia Brief? ¿Por qué en todos estos años jamás volvió a escucharse su nombre?

La princesa desde la distancia miró al príncipe y se veía ¿Animado? Algo en ella le decía que ese hombre despertó su interés al escuchar el apellido real de su casa.

—Paragus terminó con todos, solo quedamos la reina y yo.

—Mencionó una hermana, ¿Qué ocurrió con ella?

Tights quedó perpleja sobre su lugar, ¿Por qué el príncipe quería saber de esos detalles? Incomoda por las interrogantes, desvió su mirada azul hacia otro punto de la habitación, hablar de su hermana era un tema delicado y que por lo regular jamás tocaba, de no ser con los más cercanos. Le dolía, le dolía que por su culpa, su hermana haya desaparecido de sus vidas. Suspiró melancólica, para mirar de nuevo a los orbes ónix del príncipe, su mirada brillaba, parecía estar ansioso por su respuesta, aunque su rostro expresaba indiferencia.

—Paragus…la mató.

Otro abismal silencio se formo en la sala, Vegeta esperaba cualquier respuesta, menos esa. Tights por su parte, esa era su respuesta que daba cuando preguntaban de su desaparecida hermana, pues su madre había perdido la lucidez en todos esos años por aferrarse a encontrar a Bulma. Con ella fue distinto, cargar con la responsabilidad de su madre la había vuelto dura, le habían arrebatado la esperanza de volver a verla y el cargo de consciencia no le estaba dando una mejora emocional. Decidió seguir, dejar descansar el recuerdo de su hermana, porque ahora, se había hecho a la idea que había muerto como su padre.

—¿Está segura de ello?

La princesa miró rápidamente a Vegeta al escuchar su cuestionamiento, el hombre lucía fresco como la mañana, pero esa pregunta, esa pregunta iba cargada de una serie de emociones que descolocaron a la princesa, rompiéndola en ese instante.

—Lo esperamos en Capsule en dos semanas, alteza.

Tights tras decir eso, lo reverenció por última vez saliendo de golpe de esa asfixiante lugar, no pudo soportarlo más, se quebró por dentro.

Escuchó a lo lejos los pasos acelerados del general Tenshinhan corriendo tras ella, pero iba tan sumergida en sus sentires y pensares que lo perdió en el camino de los largos pasillos del castillo.

Sus ojos azules se llenaron de lagrimas, lagrimas que llevaba reteniendo desde mucho tiempo atrás, se había hecho la fuerte para no verse flaquear como su madre, alguien necesitaba dar la cara en alto, tantos años se había empecinado en volverse de piedra que a veces olvidaba lo que fue parte de su pasado. Nunca hablaba de su hermana, contadas veces fueron las ocasiones, y esas ocasiones bastaban para verse derrumbada en la agonía y tristeza, recordando en como perdió todo, en como su familia se fracturo con esas pérdidas. Lo peor es que no tenía con quien llorar, nadie entendía su dolor, nadie comprendería lo que tuvo que enfrentar una niña de cuatro años ver a todo lo que amaba perdido por la maldita ambición de un ser asqueroso.

Se detuvo al final del pasillo dejándose resbalar sobre la pared, hasta el punto de sentarse en una banca de madera. No lo pudo controlar, se llevó ambas manos a su rostro para evitar que la vieran llorar a pesar que se encontraba sola.

Se sentía perdida, no sabía si su decisión por vender su pueblo a los saiyajin era la mejor idea, y peor aun humillarse hasta el punto de perder la libertad de ellos todo por sobrevivir. Todos estos años la responsabilidad de cargar con cientos de familias sobre su espalda había cansado, ella hacía lo mejor que podía, no podía defraudar la memoria de su padre; pero hay un punto en que todo cansa, en que todo tiene un límite, ella había llegado al suyo.

¿Señorita, se encuentra bien?

La princesa alzó su rostro al escuchar la cálida y dulce voz que provenía a un costado de ella. Rápidamente se retiró el rastro de lágrimas de sus ojos cansados para deslumbrar mejor a quien preguntaba por su bienestar. Frente a ella se encontraba una joven moza que la miraba con ¿Preocupación? Lo pudo leer en sus ojos cielo, pero mayor fue su sorpresa al notar la asimilad que halló en esa mirada compacidad con cierta persona que extrañaba con toda su alma.

Algo en su interior se contrajo al mirarla directamente a los ojos, no supo explicar pero sus expresivos ojos cielo causaran conmoción en la rubia. La joven que a juzgar de su vestimenta parecía ser una empleada del castillo, le extendió un pañuelo para que limpiara la humedad de su rostro, algo que aceptó amablemente regalándole una sonrisa cordial a la chica de cabellos exóticos.

—Lo siento.—Susurró apenada la princesa.—Ya me retiraré solo pasaba…

—¡Oh para nada! —Se adelantó la peli azul.—No vine a incomodarla, solo que la noté alterada y creí que necesitaba ayuda…

—No, no es nada gracias.—La rubia le devolvió el pañuelo, mientras se ponía de pie dispuesta a irse.—Gracias por la genuina preocupación, solo paso a marcharme.

—¿De verdad no necesita ayuda? Se ve muy pálida…

—De verdad, estoy bien.—Sonrió forzadamente.—¿Me podría indicar dónde está la salida?

—Si gusta puedo acompañarla.—Sonrió amablemente la mujer.—Solo que no puedo acercarme por completo a la entrada.—Rió jocosa contagiando a la rubia por su júbilo carácter.—

—No es necesario, puedo irme sola. Solo que no sé cual pasillo me lleva hacia la salida.

—¡Ah! —Sonrió la peli azul llevando sus brazos a su estrecha cintura.—Este mismo, todo derecho.

—Oh, muchas gracias señorita, disculpe por empañar su pañuelos con mis absurdas lagrimas.—Susurró apenada la rubia inclinando levemente su cabeza en modo de agradecimiento.—

—No son absurdas, llorar sana el alma.

—No en mi caso.—Sonrió melancólica.—Algunas cosas no vuelven a sanar.

—Tal vez…—Susurró débilmente la peli azul.—Pero siempre habrá más motivos por las cuales sonreír que llorar…

—¿A sí? ¿Cómo cuales?

—Podría ser…—Suspiró.—La libertad de elegir tu camino, la libertad de decidir en qué momento uno comenzará a vivir…

Tights quedó callada al ver como la oceánica mirada de la mujer se transformó a una melancólica tras decir eso. Suspiró pesadamente, pues el termino libertad había desaparecido de su vida muchos años atrás.

—No, lamentablemente esos días se terminaron. Ya solo quedan días oscuros —Dicho eso, la rubia dio media vuelta para caminar sobre el pasillo dispuesta a irse.—

—No pierda la fe…—Prosiguió la peli azul a pesar que la mujer ya había decidido terminar con la charla comenzando a abandonar la estancia por ese pasillo.—Al final, el sol volverá a brillar sobre nosotras…

Tights detuvo su paso de golpe al escuchar esas palabras, años llevaba sin escuchar esa frase y solo había una persona en toda la faz de la Tierra que la mencionaba cuando ella se encontraba deprimida, esa mujer había repetido las palabras de su fallecido padre. Giró rápidamente sobre su lugar con su mirada exorbitaba y su rostro desencajado en busca de la mujer, encontrándola a un metro y medio de distancia quien solo se limitó a regalarse una sonrisa, para ahora ella abandonar el pasillo.

Lo último que vio de esa mujer, fueron sus cabellos turquesas olearse con su andar. Una nostalgia la invadió de golpe, esa mujer de alguna forma le recordó mucho a su padre, desde sus ojos, su mirada, esas palabras. Sin duda, pensó que tal vez se trataba del ángel de su padre, ¿O tal vez el ángel de su hermana?


Algo se removió en su interior, sintió como si su pecho quemara así como una opresión en él le arrebataba el aliento. La había visto, desde lejos la notó y no pasó de desapercibida para ella la presencia de esa mujer de cabellos oro. Había optado por seguir con su rumbo, pero verla llorar con la agonía que emanaba la mujer le provocó cierta conmoción, extraña mente ella también sintió su dolor.

Decidió por acercarse para ayudarla, se veía demasiado alterada la mujer pero en realidad su motivo que la orilló a romper su inicial rumbo fue por absoluta curiosidad. Algo le decía que debía mirarla al rostro, sonaba tonto pero una extraña familiaridad surgió en ella al encontrarse con sus orbes índigos de la rubia ¿Tal vez se debía en que se veían en ellos la desesperación? Porque para la peli azul esto estaba resultando un verdadero calvario, no había día donde cada vez sentía menos la oportunidad para ser libre, y ver esa misma sensación a través de los ojos índigo de la mujer, curiosamente se sintió identificada con ella.

Deseó poder entablar más conversación con ella, algo le decía que necesitaba escucharla, algo le decía que tenían tanto en común. Sin embargo el tiempo no fue suficiente, solo fueron una brevedad de segundos para poder mirarla a los ojos, y esos segundos para ella fueron paz. No pudo decirle más, no pudo indagar quien era, solo se limitó a apreciar la belleza y paz que emanaba esa mujer, como al mismo tiempo la agonía que expresaba en sus orbes índigo, hasta que la mujer mencionó algo que descolocó a la hija de Paragus, ella también sufría por lo mismo, también era prisionera de su realidad. No supo porque, ni siquiera se explicó que ocurrió para que sus labios pronunciaran unas palabras dejando desconcertada a la rubia, pero lo dicho surgió de su corazón, de su alma y una gran necesidad surgió porque ella las escuchara.

Comprendió que debía dejarla, aunque su curiosidad le dictaba que debía quedarse unos momentos más sabía que la mujer necesitaba estar sola, y ella no molestaría más con su presencia. Cientos de preguntas surgieron en la joven mente de la peli azul pero la más recurrente ¿Quién era?

Señorita Bulma.

La peli azul giró en busca de quien la llamaba, encontrándose con un rostro que al principio no pareció reconocerlo pero que conforme se acercaba el hombre pudo divisar a mejor detalle sus varoniles facciones. Le sorprendía el asombroso parecido del que poseía el hombre con Goku, solo que a diferencia del anterior, este poseía de un semblante mucho más perturbador, en especial su mirada oscura, simplemente la hacía temblar pero de miedo.

—Que agradable es volverla a ver.—Sonrió seductoramente el moreno de cabellos alborotados llegando hasta ella, para después en un gesto caballeroso sostuvo su mano derecha para plantarle un beso sobre el dorso de ella, logrando solo incomodar a la joven por su acto ya que en todo el proceder solo sentía su mirada fuerte sobre ella.— ¿A dónde va tan madrugadora?

—Oh…buenos días señor… Turles.—Susurró débilmente la mujer, dudo en mencionar el nombre del moreno pero según su memoria ella lo había escuchado que así se llamaba, rezaba a Kami-Sama por no haber sido descortés. El moreno por su parte solo sonrió ladinamente aún sin dejar de sostener su delicada mano, por lo que la mujer hizo un movimiento en querer retirarla del agarre del hombre. El tío de Raditz y Goku le causaba escalofríos.—

—Vamos, no me diga señor, me hace sentir demasiado viejo a lado de usted.—Rió paulatino logrando sonrojar a la princesa por su comentario.—Solo dígame Turles.—Bulma se limitó a sonreírle, por lo que el hombre imitó su acción.— ¿Va a las caballerizas? Si me permite, podría acompañarla, de igual modo me dirijo a ese lugar.

—Emm bueno, no aún. Antes necesito pasar a la biblioteca, el príncipe Tarble solicitó mi presencia.

—Ya veo…—Susurró el moreno aún sin quitar su sonrisa ladina.— ¿Aunque sea me permite acompañarla durante el pasillo? —Bulma asintió con un movimiento de su cabeza regalándole una sonrisa cortes, por lo que el hombre gustoso por la aceptación de la mujer hizo hincapié con su mano para que ella pasara delante de él y comenzar con su andar sobre el pasillo.— Espero que su bienvenida en Vegetaseí haya sido de lo más…agradable.

—Pues yo diría lo opuesto.—Apenas mencionó audible la mujer obteniendo una mirada de soslayo por parte de su acompañante.—¿Es evidente que no soy de aquí?

—Por supuesto, no todos los días se ven excepcionales bellezas como la de usted por estos lares.—Bulma lo miró de reojo notando como el hombre la penetraba con la mirada, sintió un escalofrío recorrer por todo su cuerpo, si los ojos de Turles pudieran devorarla, sería ese preciso instante.— No me mal interprete señorita.—Sonrió el moreno al ver la incomodes que se pronunció entre ambos.— Pero sus rasgos la delatan a creces que es una foránea. Déjeme adivinar…¿De las tierras Oeste?

Bulma abrió los ojos sorprendida, ya era como la tercer persona que le decía sobre su aspecto físico en coincidencia con esos lares, ninguno se atrevía a decir de donde realmente provenía.

—Así es.—Mintió, y lo que más la desencajaba era que ese hombre no la empezó a atacar con su procedencia. Fue entonces que comenzó a recapitular todo lo vivido en Vegetaseí y pudo concluir que solo tres personas sabían de su verdadero origen; Nappa y los dos príncipes. Ni siquiera Raditz a pesar que era su escolta personal.—

—Se nota.—Prosiguió el hombre con su sonrisa ladina mirando hacia al frente.— Se dice que por esas tierras posee de bellezas exóticas, empezando por sus habitantes.—Miró de nuevo a la princesa notando como ella escabullía de su mirada, le estaba gustando cómo reaccionaba con sus cumplidos indirectos.—Es una pena lo que sucedió después de la guerra.

—¿Cómo? —Su interrogante sonó más a curiosidad. Siempre había sido una chica que le fascinaba saber sobre las diferentes culturas que habitaban en el mundo, que por cierto ahora comprendía porque en los datos informativos de los Tsufurujín no había nada acerca de los Saiyajin. Entre ellos, cuando dio con la cultura de las Tierras del Oeste quedó maravillada ¡Sin duda tenía que viajar algún día a conocerlas! Pero con el pasar de los años, ese sueño cada vez lo veía más lejano. Por esa razón y más últimamente cuando escuchaba a alguien hablar de esos lares, su curiosidad salía a flote y fue algo que no pasó de desapercibo el tío de Raditz.—

—¿No lo sabe? Qué extraño…—Susurró divertido por la expresión preocupada de la mujer, algo le decía que ella escondía un misterio.— Ya sabe, cuando fueron invadidas por el ejercito de los Tsufurujín, arrasó con todo dejándolos en la miseria y hambruna, perdiendo sus bellezas características, riquezas.—Suspiró dramático.— Los más afectados fueron Capsule, me imagino que usted sabe a lo que me refiero ¿No? —Vio como la mujer asentía con la cabeza segura, aunque sus ojos decían lo opuesto. Solo sonrió más petulante por su acción.— Ya sabe, la famosa ciudad por poseer de la tecnología más avanzada, ahora está en ruinas.—Rió burlón, mientras que Bulma solo frunció su ceño.—La fuerza lo puede todo, su tecnología no los salvó de las garras de Paragus, ahí están las consecuencias. Un pueblo débil, sin los mejores guerreros, era predecible su final.

Bulma quedó en silencio, jamás imaginó que esos lugares se vieran afectados por la mano de su padre, en ese momento sintió un terrible asco y aberración por su progenitor ¿Qué mas quería? Ya era lo suficiente fuerte su pueblo, no necesitaba afectar a más inocentes solo por demostrar su mando sobre el mundo. Luego recordó donde había caído, ¡Los saiyajin eran iguales! Todo esto le resultaba estúpido, solo por el maldito poder.

—Esto es estúpido.—Susurró la mujer obteniendo la mirada oscura del soldado sobre ella.— La guerra, el poder de su ambición por querer gobernar todo, solo está afectando a los más necesitados ¿Es que no se dan cuenta? Un pueblo rico no es aquel donde haya más muertes, oro, tierras. Es su gente, su nación, su cultura ¡Sus riquezas intelectuales! ¿Qué caso tiene gobernar a cientos de personas que mueren día a día por enfermedades y hambre?

—¿A sí? —Sonrió burlón el hombre deteniéndose frente a la princesa.— Dígame señorita Bulma ¿Usted que haría?

—Yo…no….no lo sé.—Suspiró molesta, odiaba no saber que responder o tener una respuesta inteligente.— Esto se debe terminar, por el bien de los pueblos, tal vez un tratado…

—¡Por Kami-Sama! —El soldado soltó una risa estruendosa, el se estaba burlando de ella y Bulma solo frunció sus cejas, olvidaba que hablaba con los simios de Vegetaseí.— Sí te oyera el rey, seguramente le daría un infarto.

—No le veo lo gracioso.

—Escucha.—Se limpió los ojos exageradamente por las "lagrimas de su risa" .—La fuerza lo es todo. Sin fuerza, no hay poder, sin poder no hay gobierno. Dos cabezas no pueden mandar en una casa, al final uno tiene que salirse, y como apuntan las cosas será el turno de que los Tsufurujín caigan. Somos enemigos automáticamente, un tratado, Bulma, sería unir reinos y a esta altura se desean más la muerte.—Sonrió al ver el rostro expectante de la peli azul.— En un pasado se planteo una idea así, cuando aún los Saiyajin no le declaraban la guerra a los Tsufurujín.

—¿Qué?

—Así es, se dice, que antes de la osadía que ocasionó Paragus con la soberana, la madre de los príncipes, se planeaba que los dos reinos más poderoso de la tierra se vieran unidos para extender un impresionante imperio en las tierras del sur y del este. La idea era unir en un acuerdo a sus dos primogénitos, pero ambos al tener dos varones, la situación se complico. —Bulma no retiraba su atención del soldado, lo que escuchaba le resultaba increíble y el soldado podía sentir como su pecho de inflaba, ver la belleza de esa mujer frente a él era un deleite.—La idea no se quitaba del renglón, tanto era la ambición por expandir un enorme imperio que incluso Paragus se comprometió en engendrar una hembra con tal de crear su compromiso con él quien era un crió en ese entonces, el príncipe Vegeta. Pasaron los años, hasta que final mente cumplió su palabra, consiguió concebir a una hembra y los planes de su compromiso con el príncipe Vegeta comenzaron en la marcha. Sin embargo, Paragus tenía otra idea en mente…

Bulma no pudo escuchar más, su mente quedó bloqueada ¿Significaba que en un paso la habían comprometido con el petulante príncipe, quien ahora la veía como su esclava? ¡Ahora lo entendía todo! Entendía la razón de ese odio injustificado de él hacia ella y no supo como sentirse, no supo que pensar a partir de ese momento, jamás pensó que su existencia solo fue planeada por un estúpido acuerdo de poder, y peor aún, programaron su vida para ver al final, unida con Vegeta.

—El rey le declaró la guerra al haberse burlado de él…—Bulma regresó su atención al soldado que seguía hablando del pasado de su pueblo y el de los saiyajin.—El acuerdo del compromiso de los príncipes se vio roto después de enterarse que su mujer, la reina, se fue con el reino opuesto.

—¿Qué? —La princesa anonadada por todo lo escuchado brinco sobre su lugar.—Pero ambos estaban casados…que…la unión…

—Cuando la lujuria es grande, no importa que sea la mujer incluso de tu camarada.—Sonrió lascivo al ver el nerviosismo de la mujer en su último comentario.— Obviamente el final no fue nada grato, al final la esposa del rey Vegeta falleció, que por cierto se rumorea que Paragus la mató. El rey tardó años en recomponerse de esa alta traición, por lo que le declaro la muerte a Paragus, y bueno el resto de la historia ya todos la saben.

La peli azul comenzaba a comprender todo, la razón del iracundo odio entre ambas familias se debía por una razón, por una mujer. Un nudo se hizo en su estomago, porque no solo se enteró de esa información que yacía bajo el baúl de los secretos, si no que su existencia en este mundo solo era por puro compromiso, ahora comprendía porque su padre la "despreciaba" o su afecto era distinto al que profesaba por su hermano, ella solo fue el producto de un acuerdo, y eso sin duda alguna, le afecto hasta el más fondo de su alma.

—Bien señorita Bulma.—Continuo el moreno.—Hemos llegado a su destino, fue grato conversar con usted aunque sea unos minutos.

—Gracias por acompañarme..señ…Turles.—Se corrigió sonriéndole.— Yo…

—No se preocupe, lo que acabo de decirle no es algo nuevo que vaya a causar escándalo si usted lo menciona. Solo que…son temas delicados que no creo que al rey le haga grato recordar que su esposa lo dejó para irse con su viejo amigo.

—Lo del príncipe…—Susurró la princesa.— ¿El sabe sobre esa unión planeada?

—No lo sé, pero de ser así dudo que quiera unirse con la hija de su enemigo a estas alturas.—Rio burlón para luego volver a besarle el dorso de la mano bajo la atenta mirada de la peli azul, dispuesto a marcharse.— Que tenga un hermoso día, señorita.

El moreno, con su aire altanero y misterioso, se giró sobre sus talones para seguir con su camino, sin embargo esta vez Bulma notó algo extraño en él, en específico su caminar.

—¿Se encuentra bien? —Bulma notó que el soldado cojeaba de una pierna, curioso, hace un par de días lo había notado esplendido, pero ahora que lo analizaba de espaldas, el hombre parecía estar lastimado. Notó como la espalda del hombre se tensó por completo, pero fue breve ya que con su aire seguro y oscuro, se giró sobre su lugar para regalarse una mirada tan fuerte, la más perturbadora desde la perspectiva de ella.—

De maravilla…Bulma.

De nuevo una corriente fría recorrió todo su cuerpo, odiaba que todos pronunciaran su nombre con ese toque osco, frío o lascivo, en especial el dejándola muda, dejándole un miedo ya que ese hombre, no le inspiraba nada de confianza. Observó como el moreno le dedicó una última sonrisa ladina para después verlo desaparecer sobre el pasillo, dejándola con dudas, interrogantes, curiosidad.


—¡Vegeta! ¿Qué es lo que has hecho?

El viejo soldado miraba expectante alguna respuesta de su príncipe, llevaban como veinte minutos a solas desde que los extranjeros se habían marchado y ahora solo esperaba alguna respuesta del joven de cabellera flameada. Le causaba curiosidad que es lo que pudiera estar atravesando en esa mente testaruda, sabía que toda decisión que tomara el heredero era irrevocable y aunque la mayoría de sus tomas eran sabias, esta vez comenzaba del buen juicio del heredero. Los últimos días se encontraba comportándose extrañamente, en especial desde la llegada de la peli azul, lo notaba tenso, ansioso y porque no, curioso con ella. La hija de Paragus había despertado en él una inminente curiosidad, sudó frío al pensar en esos dos, no quería ni imaginarse que harían al enterarse que ellos estaban predestinados a conocerse incluso antes de que ellos tuvieran juicio de razón. Pero quien más le preocupaba era Bulma, ella era más inocente en todo esto y sabía que Vegeta era impulsivo ¿Qué planeaba hacer con ella?

—Vegeta.—Insistió el calvo.— Esas tierras olvidadas no nos ayudaran de nada, al proporcionarle de nuestros guerreros solo provocara una pérdida de tiempo, ¡Cuando más los necesitamos nosotros!

—Te equivocas.—Después de varios minutos en silencio, intervino el príncipe.—Paragus mantuvo un especial interés en ellos, al punto en que el muy estúpido los absorbió dejándolos en nada. —Suspiró poniéndose de pie, siendo seguido del hombre.— Sé que no nos servirán en la guerra, no los necesitamos.

—Pero…—Susurró el calvo sin comprenderlo.—

—La victoria es nuestra, eso está claro y Paragus solo está contando los días finales de su reinado. Lo que yo quiero es expandirme, quiero ver el potencial de esas tierras olvidadas como tú dices.—Detuvo su andar para mirarlo a los ojos.— Algo me dice que ese lugar esconde algo, y que el estúpido de Paragus al no encontrarlo se conformó con lo que encontró, por algo su gente protege a capa y espada esas tierras.

—¿Proteger? Vegeta, no hay nada rescatable ahí…

—No seas tonto Nappa.—Sonrió burlón.— Eso es lo que han hecho creer.—Contuvo su risa al ver el rostro desencajado del hombre por no entender su punto.— Capsule tiene algo que esconden muy bien para no darse por vencidos, y yo lo descubriré…

—¿Esto no lo está haciendo por la princesa Bulma?

Lo observó como tensó su espalda al escucharlo, detuvo su andar al escucharlo mencionar a la invitada "especial" de los últimos días. Giró sobre sus talones para enfrentarlo y pudo ver un vil coraje emanar en sus orbes ónix provocando erizar al viejo saiyajin.

—Esa mujer, solo es la carnada.

—Ella no tiene la culpa de esto, solo es una víctima más de su padre. Príncipe ¿Por qué se empeña en retenerla? —Vegeta se irguió sobre su lugar tenso ¿Qué le diría? ¿Qué la mujer le atraía terriblemente? ¿Qué desde el día que la conoció en la plaza le cautivó la forma desafiante en cómo se dirigió hacia él? ¿Qué le sorprendió como ella se puso en bandeja de plata al intercambiar su libertad por un tercera clase? Efectivamente, no sabía nada de ella, pero si era una cosa, que la atracción estaba puesta sobre la mesa, y que algo en ella lo atrapaba, y no precisamente se refería a su obvia belleza, si no a la fiereza con la que lo desafiaba. Y luego estaba el hecho de ser la hija del enemigo ¡Sin duda eso era emocionante y excitante! Pero no, no se lo haría saber.— Ella…

—Basta.—Refutó el príncipe.— Suficiente por hoy.

—Vegeta…

No pudo decir más, solo notó como el príncipe abandonó la habitación molesto, notaba que le tensaba todo lo relacionado con la princesa y no pudo evitar sentir temor, temor por ella.


Había decidido mentirle al soldado en que el más joven de los príncipes la estaba buscando, ya que no quería tener la compañía del soldado acompañada de su penetrante mirada, pero ahora se arrepentía de no haberlo dejado acompañado a sus labores, simplemente quería saber más acerca de la relación de los Saiyajin con ella.

Curiosa, se aventuró a adentrar la habitación que era la biblioteca real, desde que había escuchado de su existencia tenía demasiada curiosidad por indagar en ella pero debido a los recurrentes eventos que acontecían sus días su misión se veía estropeada.

Por fin tenía la oportunidad para inspeccionar la zona y ¡Por Kami-Sama! ¡Era hermoso! Sus grandes ojos cielo destellaron un hermoso brillo al apreciar el paraíso que se presentaba frente a ella, la biblioteca era tan grande ¡Incluso más grande que la de su antiguo hogar! Sintió unas inminentes ganas de recorrerla, de tomar todos los libros a su paso y devorarlos en un santiamén de segundos, esto era excitante para ella y toda la tensión que llevaba cargada en sus hombros se vio disipada ante el panorama frente a ella.

Cómo una pequeña niña frente a una dulcería, corrió al librero más próximo a su alcance, habían tantos títulos, autores, géneros literarios ¡Este si era el paraíso! Recordaba que su padre no la dejaba indagar en su biblioteca y cuando el hombre se distraía o estaba fuera de casa, ella a escondidas se metía a hurgar entre ellos para llevarse el que más le agradaba en el momento e irse a leerlo en su árbol favorito. Sonrió con melancolía, ese árbol donde veía los atardeceres era su refugio favorito, el único lugar donde se sentía segura en Tsufuru.

Escogió un libro de herbolaría, el título le llamó mucho la atención pues se refería a remedios tradicionales y curativos con especies exóticas del oriente. Gustosa, tomó el ejemplar buscando un lugar próximo para poder leer con toda su comodidad, encontrando a lo próximo un pequeño sofá para dos personas cubierto de una tela aterciopelada roja, la cual se hallaba a un costado de ventana que daba hacia los jardines del castillo, por lo que la luz que se filtraba del exterior le ayudaría a disfrutar su lectura.

No muy lejos de ahí, unos fuertes pasos se oían retumbar sobre los pasillos. Le sorprendía la pasividad con la que se encontraba el castillo, incluso podía jurar que todo parecía estar en un absoluto silencio. Decidió ir hacia el despacho real para dejar acomodado las últimas cosas y poder emprender esa salida que llevaba aplazando desde hace dos días, ya que una reunión con los Namekuseíjin esperaba ser atendida.

Sin embargo en su paso, un destello turquesa lo atrapo por completo, sabía a quién le pertenecía ese resplandor, solo había una persona con peculiar melena en todo ese castillo, por lo que sus pies se movieron involuntariamente hacia esa silueta.

Notó que la mujer se escabulló hacia la biblioteca, por lo que arrugó su ceño al notar como la princesa se movía de un lugar a otro como si nada ¿Es que no le había dejado claro en que no debía andar de aquí y allá como si se tratara de su casa? Sin embargo más que molestia, le causó curiosidad ¿Qué hacía ella en la biblioteca? Cuando menos lo imaginó, sus pies ya lo habían conducido hacia la puerta del recinto, se sentía ¿Ansioso? Frunció considerablemente su peculiar ceño ¿Por qué esa mujer lo ponía de esa manera? Tal vez se debía a lo que pasó en la noche, y tan solo recordarlo le evocó una sonrisa ladina, la había tenido como la deseo, entre sus manos, jadeando, sucumbiendo al placer. Relamió sus labios ansiosos, jamás había gozado tanto ver a una mujer retorcerse de placer bajo su cuerpo, y aunque no hayan culminado el acto, sintió que esa noche fue la más satisfactoria en toda su vida.

Tomo el pomo de la puerta, ya se imaginaba la cara que pondría ella al verlo, seguro se sonrojaría por lo de anoche y ese pensamiento solo provocó que su sonrisa creciera, su rostro pálido se veía más seductor cuando se tornaba a esa tonalidad carmín.

Sigilosamente entró a la estancia, sorprendiéndose del asombroso silencio que se generaba en ese lugar. Sus orbes ónix la buscaron con urgencia en toda la habitación y se sorprendió aun más encontrándola al fondo del cuarto. Lucía tan despreocupada que ni se había percatado de la presencia del hombre, su semblante relajado, mientras que sus ojos muy abiertos no quitaban la atención del libro que posaba entre manos.

Lentamente cerró la puerta detrás de él, algo le decía que no quería interrumpirla de su acción, quería apreciarla con mayor detalle en esa nueva postura para él. Se acercó lo suficiente para poder observarla, la mujer quien yacía sobre el sillón con sus piernas sobre él, su rostro ladeado contra el reflejo del sol que se filtraban contra las cortinas le daban un aspecto hermoso. Por lo regular, siempre que estaban juntos se peleaban, desafiaban o se gritaban, de no ser por la noche que la excitación había sucumbido ante ellos, era la primera vez que la notaba serena, relajada, y eso le agradó bastante.

Sus ojos no dejaban de mirar un rumbo específico, que variaban desde los ojos azulados de la mujer, a sus largas piernas que se marcaban por su vestido entrelazado con ellas y terminaba en su par de labios rosados entre abiertos, donde podía percibir que la princesa susurraba algo sumergida en la lectura. Le pareció una bella postal, y algo en su interior se removió, le gusto verla en paz con ella misma.

Bulma se encontraba tan sumergida en su lectura, no supo cuantos minutos trascurrieron en ello ¿Diez? ¿Veinte? El punto es que había leído un capítulo completo y debido a su longitud supuso que al menos más de diez minutos se perdió en esa magia. Recordó que debía regresar a sus actividades, se había logrado escapar de Raditz y seguramente el energúmeno soldado cuando la viera le recriminaría sobre su ausencia. Dobló una pestaña en la hoja donde se había quedado, decidió en primera instancia dejarlo sobre su lugar pero su tentación pudo más ¿Y si se lo llevaba prestado? Dudaba mucho que alguien de ahí se interesara en ese tipo de lectura, y más esos animales que seguramente no apreciaban el tesoro del que poseían, por lo que solo lo tomaría prestado, después de todo lo terminaría tan rápido que cuando lo devolviera nadie se daría cuenta de su ausencia.

Al levantar su vista se quedó congelada sobre su lugar, provocando que de nuevo se sentara sobre el sofá ¿En qué momento había llegado él? ¿Por qué jamás lo escuchó llegar? Sintió sus orbes azabaches sobre ella y una corriente eléctrica recorrió toda su espina dorsal, era increíble cómo es que su mirada la hacía vibrar hasta el tuétano de sus huesos, su mirada no era como las de Broly, Turles o aquellos hombres que la observaban como un trozo de carne, la de Vegeta sí estaban cargadas de deseo, pasión, pero era distinta, había algo en ella que no lograba descifrar y de cierta forma no le causaba incomodes, incluso le gustaba admirar la intensidad que emanaban estos, eran magnéticos, como todo en él.

La vio temblar, y no precisamente de miedo. Sus ojos se encontraron contra los de él ¡Y fue una bella danza! ¿Quién diría que la luz y oscuridad se volvieran a encontrar para formar un eclipse? El fuego vivo en sus miradas decían todo, todo lo que las palabras callaban, y era un dulce silencio, el más divino de todos. Apreció cada movimiento de ella, quien se movía intranquila sobre su lugar, y a pesar de ello no retiraba su oceánica mirada de él, le gustaba retarlo y eso le complacía al moreno.

No sabía que decir, estaba decidida que al menos no quería encontrárselo ese día después de lo de la noche y ahora lo tenía frente a ella, solos, mirándose como si fuera la primera vez y un cosquilleo invadió su estomago. Los nervios estaban a flor de piel ¿Qué le diría? "Hola ¿Qué tal tu noche?" ¡Eso era completamente estúpido! No entendía como el hombre no se cohibía después de lo de los eventos nocturnos, porque al menos a ella su pudor estaba sobre la mesa, no era fácil mirarlo después de haber gozado una nueva sensación en su cuerpo bajo los músculos de acero del príncipe saiyajin.

—Lo volveré a dejar sobre su lugar.— Terrible, no supo que decir o hacer, sentir la penetrante mirada del moreno sobre ella la descontrolaba. Sentía que el aire se le escapaba de su pecho, por lo que necesitaba dejar la habitación lo más pronto posible, no quería esperar una respuesta por parte del hombre. Se levantó rápidamente sobre su lugar dispuesta a pasar de largo al saiyajin, pero el fue más rápido sosteniéndola del antebrazo, obligándola a mirarlo a sus orbes ónix. No quería hacerlo, porque sabía que con esa pequeña distancia caería de nuevo ante los encantos que emanaban ellos ¡Que Kami-Sama la ayudara! —¿Qué ocurre?

—No te di la autoridad de que te marcharas.—Notó como la princesa arrugó sus cejas, evidentemente la había molestado por lo que se limitó a sonreírle ladinamente.—¿Qué hacías aquí?

—¿No es evidente? —Contestó sarcástica.— Leía un libro, pero no se preocupe no pretendo robármelo.

—Te deje en claro que no podías andar por donde tú quisieras.

—No se preocupe, me retiro.—Hizo un intento por seguir con su andar, pero el fuerte agarre del hombre la detuvo por lo que lo miró con su ceño fruncido.— ¿Se le ofrece algo?

Vegeta no dijo nada, simplemente se perdió en su mirada oceánica y deseo que los minutos se prolongaran, quería hundirse en ese mar de misterios que albergaba esa mujer en sus ojos y sintió una necesidad de tocar de nuevo su piel, esa mujer resultó ser una maldita droga luego de haberla besado, tocado, llevado al cielo. Volteó hacia sus manos para leer el título del libro, sonrió ladino al adivinar el tipo de lectura que la mujer llevaba en sus brazos, algo le decía que la mujer le fascinaba esos temas.

—¿Herbolaria? —Susurró alzando una ceja curioso ganándose la mirada de la peli azul.— ¿Así que es tu lectura preferencial?

—Una parte…—Susurró en el mismo tono incrédula la princesa, espero cualquier comentario de él menos ese. Lo notó ¿Interesado? Su pecho se infló emocionado, no entendía cómo pero le causó satisfacción que el hombre se interesara en sus gustos.— Mi mayor fascinación es por la mecánica…

—¿Mecánica? —La soltó cruzándose de brazos, mirándolo ahora con su rostro sorprendido, y con cierto genuino interés por escuchar más sus palabras, a lo que ella no supo cómo interpretar esa nueva faceta en él.— ¿A ti…?

—Ya sé que vas a decir.—Lo interrumpió de golpe generando molestia en el hombre, sabía que al príncipe le degustaba que lo dejaran con la palabra en la boca, pero sabía por dónde iba su respuesta y no se dejaría humillar con sus tontos comentarios machistas.— En cómo una mujer puede tener ciertos gustos como eso ¿No? Ó que no soy lo suficiente apta para comprender sobre esos temas…—Alardeó cruzándose de brazos sobre su pecho.—Es un tema que me fascina, siempre fui buena en el área matemático, incluso quise estudiar en ello, pero mi padre no me lo permitía, a tal grado que me asignó una institutriz hasta los doce años. Todo lo demás yo lo sé por cuenta propia, y lo que encontraba en la biblioteca me fascinaba todos los temas en los que abarcaba la ciencia, la mecánica…

—Eso es estúpido.—Observó como la princesa detuvo su andar ante sus palabras, miró como su rostro bramó enfurecido por su comentario por lo que intuyó que lo había mal entendido, así que decidió aclarar su punto de vista.— Me sorprende la estupidez de Paragus, al ver el potencial que tenía frente a sus narices y no apoyarlo, incluso con ello podía hacer crecer a su reino.

Bulma sintió que desvanecería por completo, un momento ¿Es que el hombre la estaba halagando? Toda furia pasó a segundo plano, para ahora pasar a una emoción que ni ella misma logro controlar en su cuerpo ¡Vegeta por fin creía en algo que le decía! Y lo mejor es que estaba reconociendo su potencial de intelecto del que poseía. Su orgullo, ego y seguridad se habían alzado como nunca ante lo mencionado y el príncipe se dio cuenta de ello.

Vegeta no era tonto, sabía que esa mujer era una caja de pandora, que ocultaba más de lo que aparentaba y tal vez su curiosidad por saber más de ella le impulsaba a retenerla más tiempo a su lado. No dudaba de su potencial, se lo había demostrado varias veces, desde todos sus intentos de escape hasta lo sucedido en la noche, cuando le colocó un ungüento que ella misma elaboró y vaya que fue una maravilla, pues al día siguiente su herida cicatrizó mejor de lo que esperaba.

Ahora escucharla y saber ese nuevo dato de ella, le despertó más su curiosidad en él, no se lo haría saber, el no era un hombre de adular, pero en su interior reconoció que era de admirar a la mujer, tenía hambre de aprender, de ir en contra de la corriente lo que según estipulaba la sociedad, y eso le gustó de ella, ¿Qué más ocultaba esa ninfa de cabellos como el mar?

—Lo que me colocaste ayer…fue efectivo.—Susurró el hombre rompiendo el silencio generado entre ellos, provocando que la peli azul sonriera a demasía, encandilándolo por completo.—¿Con que lo hiciste?

—¡Por supuesto! —Alegó emocionada retrocediendo sobre su lugar sentándose en el sofá, mientras que el hombre se quedó sobre su lugar mirando sus movimientos.—Extracto de sábila con pervinca. El jardín anexo a la cocina tiene muchas de estas plantas…—Sonrió con demasía al ver la atención de él sobre ella.— Tienen muchos recursos dentro del castillo y no saben utilizarlo…

—Bueno, tal vez necesiten a alguien que sepa de ello y les enseñe.

Su sonrisa era preciosa ¿Era la primera vez que la veía sonreír? Ahora que lo pensaba sí, y vaya que era estar con un ángel. Se sintió incomodo, estaba siendo demasiado amable para su gusto, pero verla sonreír hizo que las cosas fueran vistas de otro punto…

Bulma se sentía una boba adolescente sonriéndole ¿Pero como no estarlo? ¡La estaba alagando! ¡Estaba reconociendo el potencial del que ella poseía! Y por fin tenían una plática donde ninguno de los dos peleaba, era asombroso.

—¿A ti que tipo de lectura te agrada…Vegeta? —Su mente desde segundos atrás le gritaba que hiciera esa pregunta, necesitaba saber de los gustos de él ¿Tendrían cosas en común? Sus mejillas se sonrosaron con tan solo pensarlo. —

El príncipe no respondió ante su pregunta, a penas y estaba asimilando esa interacción entre ellos dos y le resultaba increíble cómo es que habían avanzado tanto en solo un par de minutos ¿Con que ahora lo tuteaba? Solo porque se encontraba aun encandilado por la belleza que brillaba en el rostro de ella con esa sonrisa, porque de no ser así le recordaría que no debía tutearlo.

Bajo la atenta mirada de la peli azul, avanzó a una de las vitrinas que se encontraban cerca de la chimenea, lo vio tomar un libro entre sus manos y su corazón brinco con demasía ¿Así que le respondería? ¡Esto si que era nuevo!

Se acerco a ella entregándole el libro, sin embargo ella no le prestó atención pues sus ojos no dejaban de mirarlo a él, emocionada, maravillada.

—Exorcismos y ritos satánicos.— Bulma hizo una mueca de miedo al escucharlo, vio como una sonrisa ladina se mostró en sus labios dejando asomar sus caninos ¿Hablaba en serio? Bajo su vista hacia el libro de portada negra que le había entregado el príncipe, pero antes de leer el título Vegeta le volvió a arrebatar el libro de sus manos.—

—¡Oye! —Refutó indignada.— ¿Es en serio?

—¿Qué tiene de malo? —Sonrió ¿Coqueto? Bulma observó como el príncipe lentamente se acercaba a ella hasta el punto de quedar frente a frente, ella aun sentada, el de pie.— Tengo ciertos gustos…peculiares.

Ya veía su siguiente paso, lo podía intuir y más por esa a proximidad amenazante. Rápidamente se levantó de su lugar para abandonarlo, como en la noche, pero esta vez el fue más rápido de lo que ella hubiese querido. La tomó de la cintura y en un rápido movimiento la acorraló contra el sofá quedando el sobre ella. Cualquiera que entrara los podía cachar en esa pose embarazosa, pero para el príncipe no le importo, se había estado absteniendo tanto en poder tocarla, necesitaba sentir su tersa piel, su respiración, sus labios de ella.

El pecho de la peli azul subía y baja aceleradamente, se veía presa de ese hombre, bajo su cuerpo de acero, y eso la hizo cimbrar de placer. Sus grandes ojos se posaron en los orbes ónix del príncipe, podía ver el deseo de ellos, podía leer en ellos cual sería su siguiente acción, y ella lo deseaba.

Vegeta se acomodó sobre su cuerpo, no la dejaría ir. Pasó su respingada nariz sobre los mechones sueltos de la mujer extasiándose con su aroma, tan fresco, dulce y cálido como ella. Lentamente comenzó su recorrido bajando sobre su cuello blanquecino y la escuchó suspirar pesadamente, de cierta forma le encantaba tener domino sobre esa mujer y verla que no era inmune ante sus caricias provocaba que el éxtasis en el hombre fuera mayor. Peligrosamente se detuvo frente a sus labios entre abiertos, invitándolos a profanarlos con su feroz boca; desvió sus ojos hacia su rostro y verla con ese sonrojo carmín provoco aumentar más el deseo en él, avivándolo, queriéndola sentir y esta vez gozarla hasta el último segundo.

Decidido, se acercó a sus labios rosados para probar el cielo en su boca, pero los dedos frágiles de la peli azul detuvieron su acción. Molesto, alzó su mirada en busca de sus ojos para ver que pretendía la mujer, la encontró con su respiración agitada, pero de igual manera con su ceño fruncido ¿Qué había hecho mal?

—No tienes por qué hacer esto.—No entendió las palabras de la mujer ¿A qué se refería? Se incorporó sobre si sitio viendo como ella hacía lo mismo aún sin romper el contacto visual ¿Qué se creía para interrumpirlo de esa manera? ¡Esa mujer sabría lo que era desafiarlo! — Lo sé todo, y…te entiendo.

El rostro del príncipe fue todo un poema para ella. Sus expresiones de él demostraban no entender a lo que se refería, por lo que tenía que poner las cartas sobre la mesa. Por poco se veía sucumbida bajo el deseo de él, pero gracias a su subconsciente la despertó de ese trance. Recordó cual era su posición, recordó las palabras de Turles, recordó que no podía engañarse, no podía dejar que le quitara lo último que tenía, su dignidad.

—Yo también me molesté al enterarme.—Vegeta arrugó su ceño fruncido con fuerza, por lo que decidió ir al grano o vería su furia.— Yo tampoco me creí el hecho de que…—Suspiró.—Nuestras familias en un pasado hayan arreglado nuestro futuro…y ahora se porque los saiyajin odian a los Tsufurujín.—Vegeta intentó hablar, pero ella fue más rápido en continuar.— Entiendo porque nos odian tanto, y por lo que veo, ¿Piensas que por deshonrarme, su venganza contra ellos estará completa? No tiene justificación lo que hizo mi padre, pero así como tú, como yo…no tenemos la culpa de nuestro pasado…

Vegeta quedó mudo ante sus palabras ¿Qué tanto decía? No comprendía a que se refería la mujer, por lo que molesto se separó considerablemente de ella para apreciarla mejor, ahora necesitaba una explicación de todas esas palabrerías.

—¿Qué tanta mierda dices? —Estaba molesto, Bulma comprendió eso, pero no evitó molestarse también ¿Por qué debía ser tan grosero? — No sé un carajo a lo que te refieres.

—Sabes de lo que hablo, Vegeta.— Siguió bajo la penetrante mirada del moreno.—Ahora sé porque los saiyajin odian a mi pueblo, la razón por la cual declararon la guerra. Al igual entiendo tu indignación al enterarte que tu vida estaba planificada a unirte ante la hija de tu enemigo solo por más poder, cuando…creo que ambos tenemos algo en común, no nos gusta que nos dictamen como vivir nuestra vida ¿O me equivoco?

—Espera un momento.—Bramó iracundo.— ¿De dónde mierda sacaste que tu y yo estábamos destinados a estar juntos?

—Eso no importa, sé la razón de esta guerra, y sé que fue por la reina, tu madre.

Genial, esta fue la gota que derramó el vaso. Bulma apreció como los témpanos del príncipe se volvieron violentos al escuchar el nombre de su progenitora ¿Debió haberse callado? Tal vez era un tema delicado para el hombre, pero no dejaría que por esa excusa se quisieran desquitar con ella por las malas acciones de sus padres, ella no era su venganza si es que así quería verla.

El príncipe por su parte estalló en furia, hablar de su madre no era un tema que le gustara y oir a esa mujer recordando su pasado, sin duda alguna lo altero.

Molesto, giró sobre sus talones para irse pero un suave agarre en su antebrazo detuvo su acción, ahí estaba de nuevo ella ¿Qué pretendía? ¿Burlarse? ¿Reírse en su cara que su madre los había abandonado? Porque si había algo que Vegeta no sabía hasta la fecha, era la razón por la cual su madre los abandonó. Su padre, el rey se encargo todos estos años de ocultarle la verdad a sus hijos por el verdadero motivo, por lo que el heredero no tenía una idea sobre lo que tenía que ver Paragus en esto.

Y ahora que lo analizaba ¿Por qué decía que esta guerra se debía por ella? Y ¿De dónde sacaba que ellos estaban destinados a estar juntos? Esa mujer estaba loca o quería engañarlo, no había duda en ello.

—No la vuelvas a mencionar.—Su voz sonaba aterradora y más con esa aura oscura que lo rodeaba, provocando que ahora Bulma retrocediera sobre su lugar y ser él quien la acorralara contra la chimenea.— No eres digna de mencionarla.

—Lo….¡Lo siento! —Bien, había tocado una fibra sensible en el hombre y se sintió mal ¿Ahora qué hacía?—Es solo que….¡Maldición!

—Escucha mujer, tu solo aquí eres una prisionera, la hija de Paragus. Hagas lo que hagas no dejaré que te salgas con la tuya.

—¿Y según tu, como? ¿Ah? —No se dejaría intimidar, por lo que recuperó su aura temeraria, logrando perturbar ligeramente al hombre.— Desde que llegué solo llevo escuchando eso y a la única persona a quien perjudican es a mí. ¡Incluso no te deje morir!

—No seas estúpida, con una herida así no moriré. Más bien yo te salvé la vida y no me lo has agradecido…

—¿Acostándote conmigo? —Rugió molesta sorprendiendo al hombre.—¡No su alteza! ¡No soy ninguna concubina! Aunque deteste reconocerlo ¡Soy una princesa!

—Eres mi esclava.—Escupió con desprecio acercando su cuerpo al de ella, quitándole el aire.— Tu titulo real ha desaparecido aquí.

—¡Pues no! ¡Mátame si eso es lo que deseas! Pero no dejaré que me vuelvas a tocar.

—¿No que según estábamos destinados a unirnos? —Sonrió burlón recordando las palabras de ella.— Decídete mujer…

—Ni aunque se haya concretado ese acuerdo, haría lo que fuera en mis manos por dejarte solo…

—¡Oh lo lamento mi reina! —Rio burlón causando enfurecimiento en la peli azul.— Pero nuestros destinos estaban hechos para unirse, quieras o no.

—¿Por qué te aferras a mi? —Bramó molesta mirando los caninos del hombre, por lo que una idea le llego a la mente, solo para fastidiarlo, no previendo que esas palabras lograran crear algo distinto entre ellos.—¿No será que estás comenzando a sentir cosas por mi?

Vegeta retrocedió como si ella quemara ¿Qué se creía esa loca? ¡Eso era una aberración! ¿Cómo sentiría cosas, por una mujer tan vulgar como ella? ¡Antes muerto!

—Te gusto.—Afirmó la peli azul.—Por eso me tienes atada a ti.

—Estupideces.—Bramó el hombre.—Por ti solo podría sentir repulsión.

—¿Y por eso es que deseas hacerme tuya? —¡Ja! Lo tenía como quería, ahora él era el nervioso.— Porque ayer parecía lo contrario.

—¿Tú crees que podría sentir cosas por ti? —Sonrió burlón intentando ocultar la alteración que provocó la mujer con tal declaración ¡No lo dejaría ver vulnerable! —No te confundas mujer, una cosa es querer desahogar el deseo en una novedad, imaginar el rostro de Paragus al ver que desvirguen a su querida hijita, y otra cosa muy distinta es provocar algo en mí más allá de un simple revolcón, y créeme mujer, te falta mucho para llenar mis expectativas…

Lo último que sintió fue una bofetada por parte de ella, no le dolió pero como le molestó. La miro directamente a los ojos, se notaba ¿Perturbada? Sus ojos increíblemente brillaban, pero lo que el no sabía es que sus palabras la habían lastimado al punto en que las lagrimas estaban a punto de aflorar. No, no le daría el gusto de verla llorar y reírse de ella.

—Tú, mi padre, mi hermano, son los eres más despreciables que conozco.—Sintió todo el coraje en sus palabras, nunca la había escuchado hablar tan, despectiva, y eso le incomodó.— Son tan pocos hombres, que me dan asco.—Suspiró reteniendo la conmoción, mientras que el seguía con su semblante inexpresivo.— Ustedes que van a conocer del amor, si solo merecen lo peor…

—El amor no te salvará de la guerra.—Sonrió burlón.— Eso es de débiles.

—Prefiero ser una débil, a un monstro como todos ustedes.

—Lastima.—Dicho esto, dio media vuelta sobre sus talones para irse, dándole la completa espalda a la mujer, sabía por dónde iba esa plática y no tenía intención de escucharla.—Esto es una guerra, y el más débil muere…es una lástima por ti.—Se detuvo sobre la puerta y antes de salir le dirigió una última mirada.—Jamás podría sentir tal cosa por alguien como tú.

—Jamás permitiré que alguien como tú me vuelva a tocar.

Vegeta no dijo más, se retiró azotando la puerta detrás de él y de cierta forma le incomodó lo último, se sintió extraño, había avanzado tanto en estar cerca de ella, pero su orgullo pudo más y todo se vino abajo. ¿Amor? ¿Enamorarse de esa mujer? No, el no sería un estúpido como su padre, el no dejaría que una cara bonita lo manipulara para luego arrebatarle todo, el jamás dejaría burlarse, y menos de esa mujer.

Bulma dejó escapar todo el aire de su pecho, creyó que la sometería a la fuerza por haberlo golpeado, pero no, simplemente se fue como si nada, sin saber sus palabras si lo habían perturbado.

Se sintió estúpida al imaginar cosas donde no ¡Por incluso haber creído que se había ganado su confianza! Unas lagrimas se derramaron por sus mejillas, era obvio que si él la tocaba y besaba solo era por burlarse, por puro orgullo y ego, y eso la rompió.

Lentamente avanzó al sillón donde estaba antes de que el llegara, se sintió extraña, un vacío se formo en su pecho, se sintió mal por recordarle lo de su madre, pero no permitiría que se burlaran más de ella por ese pasado, simplemente no dejaría que la volviera tocar como en la noche.

Desvió su mirada azul hacia el libro que él le había mostrado, lo giró para leer su portada y leyó su titulo "Astronomía Popular" ¿Así que había intentado hacerle una broma con lo de los ritos satánicos? Sonrió melancólica al mismo tiempo que una lágrima surcaba su mejilla, después de todo si tenían algo en común.


Pasó una semana desde su último encuentro con el príncipe. Desde esa vez no lo había vuelto a ver, había escuchado que se había ido lejos por unos asuntos pendientes que debía atender, así que no había vuelto a tener nuevas de él y a ciencia cierta ni tenía idea de cuándo regresaría.

Todo marchaba igual, ella con sus tareas dentro del castillo, siendo custodiaba de Raditz quien el hombre insistía en que lo ayudara en su "búsqueda del traidor", luego estaban esas pequeñas charlas que sostenía con la joven Lunch, al parecer poco a poco se iba ganando su confianza.

La joven moza le había platicado que se llevaría a cabo una verbena local a dos pueblos vecinos de Vegetaseí debido al término de la primavera. Muchos jóvenes asistían por los bailes locales, haciendo un ritual alrededor del kiosco principal, siendo una tradición para "salir de la soltería". Bulma al escuchar de ello no dudo en insistir sobre acompañarla, pero sabía lo difícil que sería salir del castillo y peor con su sombra llamada Raditz.

Por su parte Lunch ya tenía planeas de asistir a ese festejo, le gustaba toda la bullía de ese día pero en especial por ir a visitar a su madre quien trabajaba en una repostería y prácticamente ese día la apoyaba en las ventas de la noche festiva.

Sin embargo, de una forma asombrosa Bulma logró convencer al hermano de Raditz en dejarla ir a ese evento con Lunch, ¡Claro! Obviamente no irían solas, el sería el primero en escena en acompañarlas. Bulma hasta la fecha no sabía cómo logró convencer al mastodonte en dejarla ir e incluso que la acompañara, tal vez se debía a que en los últimos cinco días no dejó en insistirle, y aunque no fue nada fácil de persuadirlo, al final lo logró convencerlo bajo chantajes ¡Sí! Lo había chantajeado ¿Y cómo? Fácil, no lo ayudaría con la famosa búsqueda del "traidor" porque aunque resultara increíble, ya tenían un sospecho en puerta, y se trataba absolutamente del tío del aludido, Turles.

No tenían prueba de ello, más que en los últimos días el saiyajin se comportaba muy "galante" con la peli azul, algo que no pasó de desapercibido Raditz, aunque fuese su tío ya lo tenía en la mira, después de todo el hermano de su padre no era de fiar como parecía, en especial por otras razones justificadas que poseía el hermano de Goku.

Maravillada, la peli azul caminaba entre el bullicio del pueblo cantarín junto con Lunch mientras que detrás de ellas iba el moreno con un gesto malhumorado mirando a todas las personas a su alrededor. El pueblo era hermoso, a pesar de ser ya de noche se podía apreciar la bella arquitectura barroca de sus construcciones, por todos los callejones como avenidas principales se podían notar las ornamentas de papel picado decorando el colorido evento, así como flores de todos colores y olores se podían apreciar por dondequiera.

Llegaron a lo que era la plaza principal, todos los comerciantes ya se encontraban instalados vendiendo sus productos, desde quesos, pastelillos, artesanías, vestidos típicos, flores, comida ¡Era toda una fiesta bulliciosa! Tanto Bulma como Lunch apreciaban emocionadas todo el lugar, en especial la peli azul que en su vida jamás había visto un evento como ese, escuchaba de las fiestas que se realizan en Tsufuru pero su padre jamás la dejo salir del castillo y "mezclarse con esa gente". Extasiada, miró que frente al kiosco donde los jóvenes ya comenzaban a formarse para comenzar con el baile, se encontraba un pequeño telón, curiosa, no dejaba de mirar hacia esa dirección hasta que vio un bufón caminando en sancos repartiendo flores.

Tal pareciera, el bufón notó la mirada insistente de la princesa quien no dudó en regalarse una rosa blanca, pero tardó más en llegar en ofrecerla que Raditz en anteponerse para que no se acercara a ella regalándole una mirada de pocos amigos. Bulma se molestó por la acción del moreno, pero su molestia desapareció tan rápido así como vio que el bufón le lanzaba un beso al aire al moreno para después retirarse a seguir regalando flores a los presentes. Sin duda Lunch y Bulma no pasaron de desapercibido eso, ya tenían motivo de burla para Raditz en un buen tiempo.

—Bien chicos, los dejo un momento.—Terminó de decir Lunch después de limpiarse las lágrimas por la risa, mientras que Bulma la imitada y solo recibían una mirada furibunda del soldado.— Iré con mi madre a apoyarla, ¿Entonces los veo a la media noche?

—Claro Lunch tu ve, te vemos a esa hora en el Kiosco para regresarnos.

—¡Diviértanse!

—¡No lo dudes! —Rió jocosa la peli azul mirando de soslayo al soldado.— Vamos Raditz, no necesitaste bailar alrededor del Kiosco para atraer la atención de alguien.

—¡Cierra la boca mujer! —Refutó molesto el soldado ya caminando solamente con la princesa.— ¡Ese malnacido sabrá lo que es burlarse de un saiyajin!

—¡Relájate Raditz! Venimos a divertirnos.—Sonrió divertida por el malestar del hombre guiñándole coquetamente, a lo que el soldado se ruborizó por la actitud de la mujer.—Ya tendrás tiempo de sobra para torturar a quien quieras a partir de mañana.

—Aun no entiendo como acepte venir aquí.—Susurró molesto viendo como la gente se empujaba una a otra por la estrechez.— Más bien, como deje que vinieras.

—No quieras hacerte el aburrido conmigo, se nota que te encanta la diversión, ¡Te mereces un descanso!

—Sí el príncipe…

—¡El príncipe no tiene porque enterarse! —Gritó al ver que su voz se veía apagada por todas las voces presentes de la plaza.—Ya estamos aquí, ven vamos a ver que hay.

El soldado se limitó a negar con la cabeza divertido, Bulma tenía razón el era un hombre de fiesta y sobre todo mujeres, pero no por eso implicaba que dejaría de lado sus tareas laborales. Desde que se había vuelto escolta de Bulma tenía tiempo que no salía a divertirse, y aunque el ambiente se veía digno para un descanso, no podía bajar la guardia, pues lo que no sabía la princesa es que si algo le sucedía a ella, el sería el primero en recibir un castigo del príncipe, y sus castigos la palabra "severo" se quedaba corta.

Después de recorrer gran parte de los puestos de los comerciantes, Bulma se encontró con algo que capturó por completa su atención; la iglesia del pueblo. La peli azul no era una santa devota de la religión, si había algo en lo que su padre se había empeñado en invertir fue su educación religiosa, sin embargo para ella había muchas incongruencias a lo que siempre cuestionaba el porqué de varios actos, a tal punto que las mismas catequesis llegaran a quejarse con el Rey.

Pero a pesar de ello, no significaba que no creía en un Dios, simplemente estaba en contra de que el uso de la fe incluso se viera inmiscuida en la guerra como al mismo tiempo jugaban con la fe de los pobres creyentes quitándoles el dinero que con mucho esfuerzo ganaban, bajo la absurda mentira "Dios te lo pagara". En fin, eran temas en los que ella no le gustaba debatir, pero había algo en lo que se sentía cómoda eran los templos religiosos y su paz que se respiraba dentro de ellos.

Cuando vio la iglesia no dudo en entrar, necesitaba un rato a solas, pensar en todo lo que llevaba viviendo en todo este tiempo y poder "hablar con Dios" ¿En verdad estaría Kami-Sama escuchando sus plegarias? A veces dudaba de ello, pero no quería perder la fe, era lo único sostenible que aun poseía.

—¿A dónde vas? —Susurró intrigado el soldado que caminaba a su lado.— ¿Entraras a rezas cundo tu misma dijiste que veníamos a divertirnos? —Indagó burlón, a lo que ella solo se limitó a torcer los ojos.—Vaya que eres extraña.

—Solo entraré un rato, no mucho tiempo. Si quieres tu puedes ir por ahí en lo que salgo.

—¡Ja! Ni lo creas, no pienses que te dejaré sola, no pienses que me tragaré ese cuento mujer.

—Pues entonces ven conmigo.—Susurró fastidiada.—Vamos, no te preocupes no están haciendo exorcismos, aunque te falta uno.

—Qué graciosa.—Pronunció ofendido.— Te esperaré en la entrada, no me moveré.

—Cómo quieras.

Dicho eso, la princesa se adentró al templo dejando atrás al soldado. Se maravillo ante lo que vio, la arquitectura del recinto era hermosa, sus suelos marmoleados se podían escuchar en ellos las pisadas de sus tacones, mientras que sobre los pasillos se encontraban grandes velas iluminando todo el camino. Sobre la cúpula del celestial lugar se podían apreciar el arte a mano dibujado de querubines, mientras que a los costados los enormes ventanales se podía apreciar la noche estrellada.

El templo era amplio, y esa noche se encontraba vacío, claro todo el pueblo se encontraba en la verbena de la plaza central. Decidió tomar logar hasta la banca de hasta el frente, como al mismo tiempo descubría la capa que llevaba ocultando sus cabellos turquesas, pues para salir del castillo tuvo que envolverse en una túnica negra mientras que se tuvo que esconder entre varios costales de papas para poder ser sacada en una caretilla, fue todo un espectáculo.

El silencio era tan armonioso y relajante maravillando a la princesa ¿Cuánto tiempo hacía pasado en que no se encontraba sola, con una paz como esa? Suspiró cansada, necesitaba poner en orden todo lo que sucedía. Miró hacia todos lados y solo había una puerta por lo que huir de los ojos de Raditz resultaba imposible.

Decidió que esa noche no sobre pensaría las cosas, cerró sus ojos y comenzó con un dilema ¿Por qué le debía pasar todo eso a ella? A veces pensaba que Kami-Sama se olvidaba de ella, entonces su miedo volvía a su mente ¿Estuvo bien en abandonar su hogar? ¿Qué haría su padre si la volviera a ver? Y entonces el rostro del petulante saiyajin invadió su mente, ¿Sería que estaba destinada a conocerlo quisiera o no?

El tiempo no lo sintió pasar, tal vez fueron veinte o incluso cuarenta minutos, no tenía idea, estaba tan concentrado recapitulando todo lo sucedido que no se dio cuenta del tiempo que llevaba adentro. Decidió que era momento de irse, seguramente Raditz estaría molesto y le empezaría a decir que se fueran, pero al final presentía que ese soldado lentamente se estaba ganando su amistad, por lo que lo persuadiría en que se quedaran más tiempo.

Se levantó de su lugar colocándose la capa para cubrir su exótico cabello, y antes de dar siquiera un paso, escuchó un fuerte estruendo provenir del exterior. Perturbada por el sonido, miró hacia los ventanales del templo observando sobre el cielo oscuro un gran destello ¿Serían fuegos artificiales? No estaba segura, ese ruido había sido incluso más fuerte que un simple estallido pirotécnico.

Dudosa, lentamente comenzó a caminar hacia la salía, hasta que otro estruendo más poderoso hizo incluso cimbrar los suelos del templo. Ahora si sabía que esto no era normal, y sus sospechas crecieron al escuchar como las risas y cantos de los aldeanos se transformaron en gritos y lamentos.

Los nervios y el miedo estaban a flor de piel, sentía como su corazón latía con fuerza mientras que una sensación incomoda se depositaba en su estomago. Comenzó a aumentar más sus pisadas sobre el templo para ir en busca de Raditz, incluso quería gritar el nombre del soldado pero curiosamente su voz se vio ahogada ¿Qué sucedía con ella? Para el peor de los casos, las campanas del templo comenzaron a resonar con fuerza, indicando solo una cosa…

—¡Hija! ¡Escóndete! —Bulma al escuchar la voz a sus espaldas observó que era el párroco que corría hacia la salida, vio las intenciones del hombre en cerrar las puertas del templo y supo porque la acción de él, pues ahora flechas con llamas se veían surcar por los cielos.—

Torpemente, la princesa retrocedió su andar hasta regresar a su lugar donde estuvo casi una hora sentada. Tanta era la adrenalina que sentía en ese momento provocando que no midiera sus pasos y cayera de rodillas escondiéndose entre las bancas del templo. Su corazón latía como nunca, y el miedo la hizo presa de él.

Escuchó la voz del párroco gritar algo, pero no fue percibido para ella. A los pocos segundos, las puertas del templo se azotaron de par en par provocando que ella temblara asustada aun escondida bajo las tarimas. Unas pisadas fuertes se escuchaban resonar sobre los marmoleados suelos, y entonces supo que no había escapatoria, pues era evidente que no se trataba del párroco.

Un mal presentimiento se apoderó de ella, algo le decía que si alzaba su cabeza perdería la vida ¿Pero qué más podía hacer? Por mucho que se ocultara los invasores darían hasta donde ella estaba. Debía pensar rápido, viró hacia al frente y notó que no tan lejos se encontraba el confesionario, tal vez si se arrastraba por los suelos lograría esconderse ahí en lo que los atacantes se iban, solo necesitaba llegar hasta ahí sin ser vista.

Armándose de valor, precavidamente se asomó desde su escondite para divisar cuantos y quienes eran quien penetraron al sagrado recinto. Su cuerpo se paralizó presa del pánico, sintió un miedo como nunca así como un grito agudo casi se salía de sus labios de no ser porque alcanzó a cubrirse la mano con su boca.

Ahí estaba a unos pasos de ella, ahí estaba Broly.


NA:/Uff lo logre! pude hacer un capítulo en tiempo record, ahora me duele la espalda jajajajaa XD pero simplemente mis dedos no pasaran de escribir, siemplemente le llego la inspiración de golpe :)
Espero les haya gustado, son varias cosas que como verán, al final todo se iran uniendo para dar un sentido general a la trama y la relación de todos.
Gracias por sus bellos comentarios!Me animan demasiado! y espero recibir más de ellos para inspirarme!

Nos seguimos leyendo! Besos, me retiro ahora si a estudiar jajajajaja besos!

PD: Seguramente nos leemos en un mes jajaja xD