DISCLAIMER: Los personajes de la serie y el manga Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki y compañía, yo solo los tomo prestaditos para jugar a darles un final feliz.

Amigochaaas como están, yo aquí emocionadísima de seguir escribiendo esta historia, gracias por tdo el apoyo. A Val Rod, Carla, Dajanna8, Vikiar, Verenice Canedo, Flor, Aide22, Montse, Meiling55 y si se me escapa alguien disculpen, gracias por sus hermosos reviews son inspiración para mi. También para los que leen esto en chiquitón jejeje. Un gran abrazo.

Vamos a hacer que haya valido la espera, aquí les dejo el capi 10.

Capítulo X: Una visita esperada

El corazón de Candy latía desbocado mientras se dirigía a la salida para ver quien era aquel visitante que llegaba de sorpresa.

Con las manos apretadas junto a su pecho, con una extraña corazonada de que algo mágico podía suceder ese día y sin perder ni un segundo la fe caminó hacia la clara y fría mañana de invierno...y entonces lo vio.

Poco a poco fue deteniendo su paso, preguntándose si era cierto lo que presenciaban sus ojos o sólo una mera ilusión.

Dicho individuo caminaba con paso firme en la nieve en dirección resuelta al orfanato. Llevaba un morral a cuestas y un abrigo con capucha para protegerse del frío. En cuanto reparó en ella, pareció impresionarse y se detuvo también. Solo unos cuantos metros los separaban.

Candy sintió que su corazón se le paralizaba un segundo, lo reconoció aún antes de que bajara la capucha y pudiera perderse de nuevo en esos azules ojos que tanto había extrañado, los mismos que se llenaron de lágrimas transformándose en un cielo lluvioso al verla.

Candy pensó por un momento que se encontraba de nuevo perdida en uno de esos sueños efímeros que solía tener, por los que con frustración al no poder realizarlos despertaba llorando en las mañanas. Pero el viento soplando en sus cabellos le hizo reaccionar, tenía que ser verdad.

-Anthony…- susurró ya sin poder contener más las lágrimas – ¡Anthony!- repitió más fuerte y echó a correr a sus brazos gritando con felicidad y nostalgia su nombre.

- Candy…- leyó que los labios de él susurraban, mientras lanzaba a un lado su equipaje y corría también a su encuentro.

Sus cuerpos se encontraron en un efusivo abrazo, sus almas se fundieron. Había llegado el momento del reencuentro esperado, ya no habría más tristeza ni soledad, lo peor ya había pasado, ahora tenían de cerca el amanecer.

Anthony lleno de dicha la levantó en el aire y comenzó a girar con ella mientras reía. Su dulce niña, que había ocupado sus sueños tantas noches, a la que había extrañado como un loco estaba de nuevo entre sus brazos. Ese ángel que había encontrado un día de verano llorando en su jardín de rosas y que de repente se había convertido en la razón de su existir.

- Candy…-

- Anthony…-

Sus voces se confundían al igual que sus alientos, sus rostros bañados de lágrimas estaban cerca, sus emociones a flor de piel. Su regocijo fue trasladado a sus labios que se enfrascaron en una poderosa danza, presos de la desesperación, recorriendo cada uno el rostro del otro, sin ya importarles nada ni que hubiera público infantil impactado presente, lo único substancial era sentirse el uno al otro, demostrarse que ese momento que estaban viviendo era real.

- Te amo Candy, eres mi vida, mi todo, nunca más voy a permitir que te alejen de mi- le susurró Anthony entre besos. Candy con emoción, asida fuertemente a él y con los ojos cerrados, rememoró aquella vez de su regreso de México, cuando sin aún saber exactamente como, después de un montón de peripecias y confusiones había encontrado el camino de regreso a Lakewood y él la había recibido en un abrazo como entonces, desbordándosele el amor que sentía y que en aquel tiempo guardaba en su corazón.

Pero ahora todo había cambiado, mucha agua había corrido debajo del puente y ambos se habían convertido en uno, porque sentían que se pertenecían el uno al otro aún en medio de su inocencia, como si fueran parte de un todo.

Candy hundía sus manos en aquel cabello rubio sedoso como el trigo que tanto adoraba, agradeciendo al cielo que él estuviera allí.

Hundidos en sus emociones como estaban, no se percataron de la llegada de un carruaje, o si lo oyeron le restaron importancia, pero no así las dos damas ocupantes que al bajar y encontrarse con esa escena casi se infartan.

-¡Candy!- exclamó la humilde directora del Hogar de Pony, teniendo que llamarla de nuevo porque la chica no prestaba atención. -¡Candy!-

La Hermana María lo único que hizo fue cubriese la boca y persignarse.

-¡Candy!- gritaron entonces todos a coro incluyendo los niños.

Los jóvenes enamorados en ese momento disminuyeron su euforia, se miraron a los ojos y lentamente voltearon a ver de que se trataba. Cuando Candy vio a sus dos madres observarla con caras de enojo, enrojeció hasta las orejas y puso una sonrisa de "oh oh estoy en problemas".

Anthony también estaba sonrojado más la tomó de la mano y esperó valiente para hacerle frente al regaño mientras las dos damas se acercaban.

- Srta. Pony, Hermana María, él es mi Anthony- les presentó Candy con dulzura para que comprendieran, mientras se secaba las mejillas mojadas por sus lágrimas de emoción.

- Ya lo suponíamos- confesó la Hermana María con seriedad – Joven Anthony, nos alegra saber que se encuentra bien, un gusto en conocerlo-

Anthony le estrechó la mano y luego a la Srta. Pony, a quien reconoció por la descripción que le había dado Candy en sus conversaciones.

- El gusto es todo mío- respondió – Hermana María, Srta. Pony quiero agradecerles antes que nada por cuidar de Candy, ella es un ser maravilloso y en parte es gracias a ustedes y a los grandes valores que le inculcaron, yo ansiaba conocerlas y también este hogar- dijo observando maravillado el lugar donde se respiraba un ambiente de paz y alegría para todo el que llegaba - …El Hogar de Pony, el lugar donde mi amada creció- concluyó.

Los ojos de la Srta. Pony se le pusieron brillosos, reconoció que las palabras del joven encerraban verdadero amor.

- Y nosotros queremos agradecerle también por cuidarla todo este tiempo. Sabemos que usted influyó para que fuera adoptada en la familia Ardley, por lo que estaremos siempre en deuda con usted- confesó

- En deuda, ¿Qué dicen?, yo solo cumplía con mi deber de proteger a la persona que más quiero en el mundo- contestó Anthony con sinceridad y sin tapujos, mirando a Candy que estaba a su lado asida de su brazo, contemplándolo encandilada también, sin poder creer que le estuviera declarando sus sentimientos a sus madres.

A las dos damas se les escapó una sonrisa bondadosa observando a la parejita, cuyo enamoramiento se les escapaba por los poros.

No podían dejar de pensar en que su pequeña Candy se estaba volviendo grande, y se alegraban del hecho de que hubiera encontrado un joven que le gustara de verdad y la quisiera de igual forma. Aunque en el fondo les doliera perderla.

Ambas mujeres desde ese momento empezaron a ver que Anthony era un chico amable, simpático, educado, galante y con un alma soñadora, además de que parecía amar de verdad a su niña, por lo que enseguida aunque no lo debatieran, lo aceptaron.

- Nos alegra inmensamente que se hayan reencontrado y que el dolor de sus corazones por fin haya cesado- les dijo la Hermana María con sinceridad.

La Srta. Pony reparó en el equipaje del joven que yacía en la nieve metros más allá.

- Puedo ver que ha tenido usted un largo viaje joven Anthony, por favor acompáñenos adentro para conversar, está comenzando a hacer mucho frío aquí- propuso

- Claro - aceptó él animado, apresurándose a recogerlo y las siguió.

Candy iba un poco más adelante abrazada a la cintura de la Hermana María como una niña mimada buscando ser perdonada después de hacer una travesura, mientras la monja le daba palmaditas en la cabeza en forma de broma. De vez en cuando Candy volteaba a mirarlo, Anthony por su parte no la perdía de vista ni un momento.

Estaban felices por su sueño recién cumplido y una nueva esperanza nacía en sus corazones, no volver a separarse nunca más.

Los niños del Hogar entraron a su vez detrás de Anthony, observándolo con admiración e interés.

-¡Es el príncipe -

-¡Wow!-

Decían mientras lo seguían.


Una vez dentro de la casa, Anthony yacía sentado cómodamente a la mesa de la cocina. Su abrigo estaba colgado en el perchero y su equipaje a un lado de su silla, aparte de eso estaba rodeado de un montón de platos de dulces, pasteles, panes y queso y la especialidad del Hogar de Pony, un gran batido de leche chocolatada.

Anthony recibió todo con agradecimiento y agrado puesto que estaba hambriento, sobre todo la bebida ya que el chocolate en todas las formas de preparación era su postre favorito.

Las nobles damas lo contemplaban con simpatía mientras se terminaba a fondo todo el contenido del vaso.

Cuando terminó lo colocó sobre la mesa y se arrimó al respaldar de la silla. Sonrió. Se sentía satisfecho y con renovados ánimos.

- Nos sentimos muy complacidas de tenerte aquí Anthony- le dijo la Hermana María, quien fue la primera en tratarlo sin formalidades, como acostumbraba a hacer con todos los chicos del Hogar para infundirles confianza –Candy ha estado muy triste todo este tiempo por tu ausencia. Ella te quiere mucho- le mencionó para que no se olvidara de tenerlo en cuenta.

Para la Hermana María y la Srta. Pony, Candy era su niña más querida por lo que no querían que resultara lastimada en un futuro en la relación que empezaba a formalizar, así que le pidieron una entrevista privada para conocer entre otras cosas su verdaderos sentimientos y su personalidad. Anthony sin ningún inconveniente aceptó.

Candy que en todo momento quería estar al lado de él tuvo que permanecer afuera por petición de sus madres. Pero decidió no perderse ningún punto del interrogatorio así tuviera que espiarlo.

- Yo aún no sé como conseguí ese milagro- confesó Anthony con naturalidad respecto a lo citado por la Hermana María - ...solo sé que ella es la razón de mi vida, que desde que la vi nada en mi volvió a ser igual, pues ella llenó todo con su encanto, con una luz especial… sé que lo que digo puede parecer extraño, pero mi sentimiento no puedo explicarlo bien con palabras, solo sé que lo siento al reflejarme en sus ojos, es como si tuviésemos una conexión de otra vida, algo astral, como si fuésemos almas gemelas…creo que estoy volviéndome loco - Anthony sonrió pensando en su niña -Candy es la mitad que me faltaba-

Detrás de la puerta a Candy se le escapó una pequeña exclamación de emoción al escuchar sus palabras, que para ellos no pasó desapercibida, sobre todo para Anthony que lo encontró gracioso.

- Como lo amo - Candy se dijo en voz bajita, sin percatarse que había unas caritas observándola detrás. Al voltearse y encontrarse con ellas se asustó.

- ¿Ustedes que están haciendo aquí?- quiso saber

- Sí que está rara jefe- le dijo Jimmy preocupado

- Sí está toda roja- opinó una pequeña niñita rubia

- ¿Está enferma Señorita Candy?- preguntó John, habían comenzado a llamarla así porque la querían y la veían con respeto por ser la mayor, como una profesora que les enseñaba cosas y cuidaba de ellos.

-Eso no es enfermedad tonto, se llama Amor- replicó la pequeña fortachona Adri después de darle una palmada en la nuca.

- ¡Hey alto alto!- interfirió Candy – niños por favor no pueden hacer ruido aquí, por favor vayan a jugar al patio, no estoy enferma, estoy bien- les animó sacándolos del corredor.

- Srta. Candy...- le llamó entonces la pequeña Mili con su dedito, Candy se agachó para escucharla – ¿Nos dejará jugar con el príncipe más luego?- preguntó con inocencia.

A Candy eso le pareció muy dulce.

- Claro, cuando terminé de conversar con la Srta. Pony y la Hermana María les dejaré jugar con él, ahora ve con tus amigos, anda- respondió.

- ¡Genial!- exclamó la pequeña lléndose feliz de la vida a contarles a sus amigos.

Candy regresó rápidamente a su lugar de espionaje, juntando su cabeza a la puerta para poder escuchar.

La Srta. Pony, la Hermana María y Anthony seguían dentro con su conversación.

- Anthony sabemos que ha recorrido grandes distancias por llegar hasta aquí, pero nos gustaría que nos contara la verdad… ¿Se fugó del internado?- quiso saber la Srta. Pony con preocupación, no quería tener ningún tipo de problemas con la adinerada y poderosa familia Ardley.

Anthony juntó las manos sobre la mesa, sabía desde un principio que eso era parte fundamental de lo que le iban a preguntar.

- En realidad no, mi abuelo me permitió salir al ver que había sido enviado allí contra mi voluntad- expuso

- ¿Entonces eso significa que en la mansión Ardley están al tanto de esto?- indagó la directora.

Anthony guardó silencio antes de contestar, era algo que debía afrontar y quería en todo momento responder con sinceridad ante las tutoras de su amada, optó por decir la verdad.

- No lo saben – confesó mas decidió defenderse antes de que formaran conjeturas – ... pero a eso es a lo que quería llegar, no voy a volver a Lakewood al menos en un tiempo. No después de lo que nos hicieron a Candy y a mi. Es el último lugar en el mundo al que quiero volver…- Anthony disminuyó la voz pensativo al pensar en ello, como el lugar que antes amaba se había convertido en algo reprochable para él – El abuelo William que es el jefe de la familia está al tanto de esto. Se manifestó de acuerdo cuando se lo sugerí, permitiéndome quedarme por mi cuenta, pero sé que deberé volver cuando me llame, tengo una profunda deuda con él- confesó

- ¿Quieres decir que planeas vivir solo de ahora en adelante?- preguntó la Hermana María, visiblemente en desacuerdo.

- Sí, quiero hacerlo por mí, quiero empezar una nueva vida por mi propia cuenta como mencioné antes, independizarme. Tengo mis ahorros, y gracias a Dios tengo salud y soy fuerte, siempre me ha gustado trabajar y ganas no me faltan. Antes de venir aquí visité a Tom y conversé con su padre, le comenté de mi situación y me contrató como ayudante de peón en la granja. Estoy muy agradecido con ellos-

- Joven Anthony, veo que desde ya ha planeado muy bien su futuro pero debe tener en cuenta que trabajar no es fácil, y mucho menos a su edad- le recordó juiciosa la Srta. Pony.

- Lo sé pero ganas de salir adelante no me faltan, confío que no tendré complicación en ganarme el pan de cada día. Me gustaría tener mis propios ingresos para así poder vivir por mi mismo y ser el dueño de mi propia vida - repuso Anthony defendiendo sus convicciones -…Ya no ser una persona a la que puedan manipular como la última vez-

Al decir esto bajó la mirada con resentimiento recordando todo el dolor que les habían infringido a él y a Candy

–... Y de esa manera también podré cuidar de Candy y hacerme cargo de ella. ¿Ustedes me lo permitirían?-

Las dos madres se miraron. Afuera Candy aguzó el oído.

- En ningún momento hemos tenido duda de que seas el adecuado para ella - confesó la señorita Pony con una sonrisa para infundirle tranquilidad y por fin tuteándolo. Le había conmovido su manera de expresarse y de sentir – Pero no estamos de acuerdo en que vivas solo, tienes solamente quince años, recuérdalo…-

Candy se esforzó por escuchar, pegándose más a la madera, casi estaba comiéndose las uñas. Esperaba que le propusieran a Anthony algo que ansiaba oír.

- …Como tutoras responsables de la educación y enseñanza de jóvenes y niños estaríamos cometiendo una grave falta si te lo permitiéramos - continuó la bondadosa Srta. Pony - por ello te proponemos que te hospedes aquí por lo pronto. ¿Está de acuerdo Hermana María?- dijo la Srta. Pony hablando por ambas aún antes de consultarlo y sintiéndose sin saber porque un poco nerviosa, pues había algo en la personalidad del chico, en su sinceridad, que atrapaba y desarmaba a todo aquel que hablara con él.

- Totalmente de acuerdo Srta. Pony, no tengo ningún reparo- contestó Sor María

En ese momento un pequeño grito de felicidad se escuchó afuera, haciéndolo a Anthony sonreír aún más.

- No sé como agradecerles- expresó con sinceridad – Yo ayudaré también en las tareas que se presenten en el hogar, por favor permítanmelo-

- No te preocupes hacemos nuestro deber, además con ver la sonrisa de felicidad de una jovencita que nos está escuchando en estos mismos momentos es suficiente– manifestó la Hermana María observando la puerta que en esos momentos despacito se empezaba a abrir - Ya puedes pasar Candy- le llamó.

Candy entró con una radiante sonrisa en el rostro, sin importarle haber sido descubierta en su pequeño truco y sin poder contener más la emoción le lanzó los brazos al cuello a Anthony, quien la recibió feliz en un abrazo.

- ¡Candy!- objetó la directora en forma de regaño

- ¡Oops lo siento!- se excusó Candy ruborizándose, separándose un poco de la silla de Anthony pero él la retuvo abrazada de la cintura.

- Hay una cosa chicos que sí les vamos a pedir encarecidamente- recordó decir entonces la Hermana María – Necesitamos que se comporten en cuanto a sus demostraciones de afecto, recuerden ante todo que hay niños aquí a los que dar buen ejemplo, corrección a los que ustedes servirán de ejemplo- recalcó señalándolos – ¿Entendido?-

- ¡Entendido!- respondieron los dos enamorados

- Bien chicos, no hay nada más que decir por hoy- dijo la Srta. Pony levantándose de su asiento, dando por concluída la reunión - pero ah Anthony, antes que me olvide, me gustaría que más tarde me acompañes a la casa de Tom, necesito conversar con su papá sobre las reglas a las que te vas a someter en tu nuevo trabajo- añadió

- Se lo agradezco mucho Sta. Pony, estaré listo- dijo él

- Muy bien, ahora Candy, por favor muéstrale la habitación de huéspedes que a partir de ahora le pertenecerá- indicó

- Claro, enseguida- contestó Candy feliz y con un poco de timidez lo tomó de la mano. Ambos se miraron con ternura. Como si estuvieran dentro de un sueño y temieran que en cualquier momento el otro pudiera desaparecer.

- No la hagas llorar- le mencionó la Hermana María al oído a Anthony antes de salir, haciéndolo en un segundo reaccionar.

- Jamás- repuso con seguridad y para ambas madres – se los prometo-

- Confiamos que así será- dijo la Srta. Pony con una sonrisa afable dándose la vuelta en dirección a la sala, igual que Sor María.

Los dos chicos se estaban quedando solos, con una grata sensación de vitoria en sus almas y sin poder contener más la emoción se fundieron en un intenso abrazo a espaldas de ellas. Anthony levantó a Candy del suelo haciéndola girar.

- ¡Ah ah que fue lo que dijimos!-

En cuanto repararon, vieron que las dos señoras los estaban mirando nuevamente, ya fuera negando con la cabeza o con las manos, por lo que tuvieron que pedir disculpas.

- Ven Anthony, te llevaré a tu nueva habitación- dijo Candy cuando ya había pasado el momento, direccionándolo de la mano hacia arriba por las escaleras.


- Ya estamos aquí, al principio tal vez te sentirás un poco incómodo porque no es ni la mitad de grande de lo que era la tuya en Lakewood pero es acogedora- dijo Candy al entrar, encogiéndose de hombros con timidez.

Anthony miraba el lugar admirando la construcción de madera, tan sencillo pero también agradable, todo el sitio irradiaba un calor de hogar como no había en la mansión, era el lugar donde creciera su amada.

- Pronto no vas a poder olvidar este lugar- agregó Candy sonriendo, volteándose hacia el armario para sacar algunos cobertores. Anthony entonces se puso detrás de ella y comenzó a juguetear con su cabello, ella podía sentir su respiración cerca de su nuca, erizándole la piel, cerró un momento los ojos mientras sacaba lo que buscaba. En cuanto cerró de nuevo la puerta del armario encontró que Anthony estaba arrimado a la otra parte del armario observándola con ternura, al tiempo que se entretenía con uno de sus risos.

- No sabes cuanto te extrañé- le susurró, haciéndola tragar en seco y que un escozor de nostalgia volviera a picar en sus ojos. Él lo notó porque empezó a acercarse, tomándole el rostro entre sus manos. Cubriendo enseguida con sus labios los suyos, con esa intensidad que ella tanto había extrañado, abstrayéndola al universo, haciendo que se le resbalaran de las manos las sábanas que cargaba.

No supo en que momento terminó el beso y comenzó el abrazo, solo que terminó asida fuertemente a él producto de la desesperación de tantos días anhelándose, como queriendo fundirse en uno solo.

-¡Awwww!-

Unas vocecitas a coro los hicieron reparar en que no estaban tan solos como pensaban. Al separarse rápidamente se encontraron con la sorpresa de que varios de los niños más pequeñitos habían ingresado al ver la puerta abierta. Candy pensó que tal vez no habían llegado allí por casualidad, sino mandados.

- Srta. Candy se le cayeron las sábanas- John muy gentilmente le recordó.

- Sí ya vi- Candy se agachó en un dos por tres y las recogió un poco molesta. A Anthony le causó risa su expresión incomoda y comenzó a reírse en chiquito, por lo que se ganó una buena palmada por parte de ella.

- Ya, no te burles- bromeó, haciéndolo reír más

- Príncipe, Príncipe, ¿como era el lugar donde vivías antes?- aprovechó para curiosear Mili

- ¡Sí cuéntanos como era tu país lejano!- inquirieron acercándose otros.

Anthony se sintió halagado y se agachó a la altura de ellos.

- Verán, era un lugar inhóspito y árido, donde me tocó pelear contra ogros y dragones que amenazaban con atacar el pequeño pueblo que habitaba junto con mis amigos...- empezó a relatarles con naturalidad

-¡Ohhh!- exclamaron los pequeños impresionados, convencidos de lo que contaba. Su carisma los había cautivado.

Candy le observaba detrás con los brazos cruzados, orgullosa de él, del chico que amaba.

-¿Príncipe cómo te llamas?- preguntó otra niñita

- Anthony Brower Ardley para servirles- contestó él haciendoles una reverencia, que a las niñas les encantó

- ¡Sir Anthony!- repuso John con su voz ronquita

-¡Sir Anthony!- repitieron los demás. Hubo aplausos y risas graciosas, igual que apretones de mano y presentaciones.

- Ah, así que aquí han estado aquí- se escuchó decir a una vocecita un poco alejada del grupo, era Jimmy que estaba arrimado al marco de la puerta - Así que es usted es el que ha hecho llorar a mi jefe todos estos días- repuso acercándose para encarar a Anthony sin miramientos.

- Anthony, él es Jimmy, Jimmy él es Anthony- decidió presentarlos Candy asombrada de la actitud del niño.

- Jimmy, Segundo Jefe en este Distrito- corrigió el niño.

- Un gusto Jimmy- dijo Anthony extendiéndole la mano, a lo que el niño al principio reacio terminó por aceptar.

- Quiero que sepa que mi Jefe Mayor no está sola y que sí se atreve a hacerle algo tendrá a alguien que la defienda- le expuso haciéndose el bravucón, ajustándose los pantalones como hacían los vaqueros.

- Ya es suficiente Jimmy, ya entendió- dijo Candy tapándole la boca y conduciéndolo hacia afuera, aunque Jimmy se quejaba – Que tal si vamos todos a mostrarle la casa a Anthony, ¿que les parece?- ofreció

-¡Sí!- gritaron todos al unísono

Anthony los siguió detrás sonriente – Vaya creo que ya tengo un nuevo rival- le mencionó a Candy al oído antes de salir.

Ella solo volteó a verlo y movió la cabeza.


Después de un rápido recorrido por las habitaciones de los niños, la de Candy, la sala, el comedor general y el baño, le enseñaron el invernadero, donde las madres cultivaban frutas, vegetales y hortalizas para el consumo del hogar y también enseñaban a los niños a cosechar. Por esos días habían empezado a extenderlo porque tenían pensado implementar un área para sembrar flores. A Anthony le encantó la idea, y prometió ayudar. Después lo llevaron hasta el pequeño establo donde dos caballos y una vaca pastaban descomplicados y tranquilos.

Anthony se dio cuenta que los niños los trataban como mascotas y eso le agradó, él también amaba a su fiel corcel blanco y lo extrañaba, pero sabía que estaba en buenas manos al cuidado de los empleados de la caballeriza de la mansión, quienes se habían encargado de asistirlo después de que se fracturara la pata en el accidente.

Por último le condujeron hacia la colina de Pony, el lugar más esperado. Los niños se adelantaron corriendo, emocionados por mostrarle el Padre Árbol de quien le contaron sabía guardar secretos. Anthony y Candy los siguieron detrás tomados de las manos por el blanco paisaje, reparando en las huellas que hacían sus botas sobre la nieve, rozándose, sintiéndose tan íntimos y tan alegres de estar cerca.

En cuanto estaban por llegar a la cima, Candy lo haló del brazo riendo para que se apurara. El viento gélido soplaba con fuerza y enredaba los cabellos de ambos.

Al llegar Anthony se maravilló observando las inmediaciones, desde allí se extendía un inmenso y pulcro valle nevado cuyas copas de los arboles estaban cubiertas de escarcha.

- Es hermoso- opinó – ansiaba tanto venir aquí, a tu lugar favorito-

Ambos se quedaron mirando con amor. Con la certeza de sentirse correspondidos en sus afectos.

De repente Anthony sintió que quería hacer una locura de la emoción y en un impulso se aventuró a gritar

-¡Candy te amo, cásate conmigo!-

Su voz retumbó en las inmediaciones. Los niños más grandes que jugaban cerca de ellos se rieron y avivaron.

- Anthony por favor- se apresuró a decirle ella tomándolo del brazo, que iban a decir sus madres si lo escuchaban

- Sabía que produciría eco- dijo Anthony feliz y luego la miró, acariciándole la mejilla - Lo ves mi princesa, cumplí la promesa que te hice el día de la cacería - añadió

- Y también la que me hiciste antes de partir- agregó Candy, se acercó más a él y le tomó las manos entre las suyas que estaban igual de frías, mientras cerraba los ojos. Anthony entonces juntó su frente a la de ella.

-¿Qué haces Candy?- preguntó

- Una pequeña oración de agradecimiento al cielo por permitirnos estar aquí juntos en este momento- respondió ella con fe, sonriéndole con complicidad, luego levantó un poco sus manos entrelazadas hasta la altura de su rostro y besó la de él.

- Candy mi pequeña, mi dulce amor- expresó Anthony estrechándola en un profundo abrazo. Olvidándose los dos de todo y de todos.

Los niños más allá habían empezado una guerra de nieve que a ellos salpicó pero no les importó.

- ¡Jefe ya déjese de arrumacos, se está perdiendo de la diversión!-

Los dos chicos entonces dejaron su abrazo riendo por aquel comentario gracioso, iba a ser difícil quedarse solos, lo empezaban a comprender.

- Ven amor, te enseñaré donde planté una Dulce Candy para sentirte más cerca de mí- dijo Candy atreviéndose a llamarlo así por primera vez, no sin sentir timidez, mientras le halaba de la mano para direccionarlo hacia el lugar mencionado.


- Volveremos más tarde, por favor Candy cuídalos, no permitas que hagan travesuras, ni que rompan la tubería del daño como sucedió la última vez- le pidió la Srta. Pony.

- Eso fue un accidente- se excusó Candy sonriendo para salir de problema – ...pero no volverá a suceder-

- Sí estaban jugando a una expedición submarina, pero resulta que hubo agua de verdad- comentó John a un lado de ella emocionado - ¡Fue lo máximo!-

Candy se apresuró a ponerlo a John detrás de ella para que no siguiera metiendo la pata.

- Espero que la próxima vez que realicen el juego no sea en el cuarto de baño- repuso la Srta. Pony mirandola con censura a Candy

- No se preocupe Srta. Pony puede ir tranquila, todo estará bajo control- aseguró ella levantando el pulgar

- Eso espero, además recuerda que tienes que ayudar a la Hermana María, ella está en estos momentos calificando las lecciones de sus alumnos- indicó la directora

- Pierda cuidado Srta. Pony, yo me encargaré de todo- recalcó Candy con positivismo

- Bien, bien – dijo la Srta. Pony arreglándose su sombrero - vámonos Anthony antes de que se nos haga más tarde-

El joven que ya esperaba afuera de la casa, se tomó un minuto más para entrar y despedirse de Candy, había escarcha en su gorro puesto que ya estaba empezando a nevar.

- No me tardo Candy- le dijo enamorado

- No lo hagas- bromeó ella en voz bajita acomodándole la bufanda, él se acercó, entonces Candy tuvo una fugaz idea que sin saber como se atrevió a sugerirle

- Esta noche... conversaremos después de que todos se duerman-

Anthony enseguida estuvo de acuerdo, antes de salir se inclinó hacia ella y le dio un beso en la frente.

- Espero que oscurezca rápido. Volveré pronto amor- le dijo contento, mientras se apresuraba corriendo a subirse al carruaje de la Srta. Pony


Candy se enfrascó en las tareas que faltaba de hacer en el día, luego se dirigió nuevamente a la cocina que recién había limpiado y preparó algo de té para la Hermana María quien agradeció sus atenciones. Luego se preocupó de darles de merendar a los niños, y al anochecer cuando asomó la carita por la ventana, emocionada al ver que Anthony y la Srta. Pony regresaban, ya la casa estaba arreglada e impecable y los niños por acostarse.

- Huele a jazmín- mencionó la directora en el recibidor al percibir el aroma

- Es el desinfectante- dijo Candy orgullosa de su trabajo, después de recibir el abrazo de Anthony

- La casa casi brilla, has hecho un buen trabajo Candy, pero ahora por favor descansa- le recomendó la Srta. Pony

- Pero si no es nada- manifestó Candy - ahora vengan al comedor, la cena está servida- añadió, conduciendo a Anthony de la mano.

La merienda estuvo animada, las madres platicaron sobre la seriedad del trabajo de Anthony y de la amabilidad del papá de Tom en medio de toda su seriedad de hombre de campo.

Candy llenaba de atenciones a Anthony, sirviéndole doble porción y hasta le llenó el vaso de jugo dos veces.

- Está delicioso Candy- le halagó él con sinceridad mirándola a los ojos, mientras ella intentaba comer aunque de los nervios había perdido el apetito.

-¿Candy quieres hacer engordar a Anthony? Cuidado le haces atragantar- Mencionó de broma la Hermana María, haciéndola sonrojar una vez más

- No importa, si me atraganto que sea con algo hecho por tus manos- le dijo Anthony de forma galante y Candy se rubizó aún más.

-Gracias- dijo bajando la mirada -¡Oops! olvidé ver que están haciendo los niños, ya estaban poniéndose las pijama, disculpen – se excusó nerviosa para levantarse de la mesa, en cuanto se dio cuenta de que todos la estaban mirando.

Pero antes de salir miró un momento hacia atrás a Anthony y vio que él también la estaba mirando. No hizo falta que le dijera con palabras que pensaba. Candy asintió levemente con la cabeza para asegurarle que su invitación seguía en pie.


Continuará...

¡Gracias por leer!

Atte.

Belén