Disclaimer: La mayoría de los personajes utilizados en esta obra pertenecen al grupo CLAMP

La Promesa

Capítulo 10: Decisiones, alianzas y más decisiones

—Syaoran, yo…

Sakura intentaba controlar su ritmo cardiaco. Calmarse.

Pero tenía el olor de Syaoran tan cerca, sentía sus fuertes brazos rodearle la cintura. Su mirada fulgurante y suplicante se le clavaba en su alma. La añoranza que sentía él, se notaba en todo su cuerpo y se filtraba por su propia piel como una cálida energía, como un ruego ahogado en un silencio que era en sí perturbador. Sakura podía notar la tensión en el rostro del muchacho, estaba ahí tan vulnerable, con una expresión de desazón que no podía ocultar. Entregado por completo a la decisión que ella pudiera tomar.

Aunque, ¿qué decisión era la correcta?

Sakura tenía miedo. Miedo de ceder y también miedo de no ceder. Miedo de abrazarlo y de no hacerlo. Temor de necesitarlo y que para él no fuese lo mismo. Sentía que la decisión que tomara en ese momento repercutiría en su vida para siempre. Tenía tantas preguntas, pero tanto temor y recelo, que no sabía si quería realmente contestarlas.

Sin dejar de ver los ojos del muchacho, aquellos hermosos ojos, a los cuales declaraba culpables, de sus múltiples faltas de aire cuando estaba cerca de él; suspiró sin saber qué decir.

¿Estaba bien amarlo de esa manera? ¿Podía resistir el dolor, arriesgarse y perder?

—Lo que tú desees, pequeña —susurró cerca de su oído—. Haré lo que tú desees.

Sakura lo miró con la confusión como el único escudo protector que podía plantar frente a Syaoran.

—¿Sólo lo que yo desee? ¿Qué ocurrirá si quiero que mantengamos nuestra relación como una amistad?

Ella vio como sus manos aflojaron su cintura y como se separó de ella un paso.

—Si es eso lo que quieres me apartaré…

Sakura bajó la mirada. ¿Tan fácil era para él rendirse? ¿Acaso no lucharía por ella?

—Pero quiero que sepas que sólo lo haré si estás segura de que eso es lo que quieres. Porque si existe una mínima posibilidad, de que aún me quieras en tu vida como algo más que un viejo amigo… Pelearé, Sakura. Pero debo saber qué es lo que deseas de todo esto.

Sakura le dio la espalda y volvió a mirar por la ventana.

Pasaron un par de minutos, quizás demasiado tiempo. No obstante, Sakura no había tomado ninguna decisión.

—¿Quieres qué me vaya, Sakura? ¿Qué quieres que haga? Por favor, dímelo —suplicó con un hilillo de voz, casi irreconocible.

Ella se volvió a mirarlo y al verlo con su expresión tan languidecida por la tristeza, hizo que algo se removiera en su interior. Sin siquiera detenerse a darle una vuelta a sus pensamientos, avanzó aquel paso que los separaba, coló sus manos por el masculino cuello de Syaoran y lo atrajo hacia ella.

Syaoran abrió mucho los ojos, delatando lo sorpresivo que aquel gesto había sido para él. Volvió a pasar sus brazos por la cintura de ella y prácticamente pegó el cuerpo de la muchacha al suyo. Ella depositó sus labios cálidos y suaves en los de él. Era un beso casto, tan sólo tenían pegados sus labios.

Para alguien más apasionado un encuentro como aquel no hubiese significado mucho, para Syaoran, sin embargo, era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo. Ella era la que lo estaba besando, libre y voluntariamente. No había tenido que seducirla, ni hacerle pagar nada. Ella era quien se había acercado a él. Por eso aunque fuese una caricia tan desprovista de fuego, para él era el cielo. Y esos sentimientos que tenía eran una mezcolanza de gratitud, nervios, añoranza, calidez… si tuviese que ponerle nombre a eso que sentía él diría que era feliz. Simplemente feliz.

Sakura deslizaba suavemente sus labios por los de Syaoran, apenas hacia presión en ellos. No sabía porque Syaoran no profundizaba el beso, pero tampoco le importaba, ese beso le recordaba los que solían darse antes… Mucho antes que todo se fuera al demonio. Era delicado, como el toque de una mariposa. Aquel roce tenía el poder de hacerla jadear, y lo hizo. Escuchó claramente que él la secundó con un gruñido ronco que le recorrió la espalda. Se sentía tan bien en esa unión, era como estar en casa nuevamente.

La muchacha chupó el labio inferior de él, quien soltó nuevos suspiros. Disfrutó haciéndolo rugir de pasión por demasiado tiempo. Deslizaba su lengua entre sus labios, los lamía y relamía, para luego retroceder y simplemente mantener un roce sutil. Y volver en seguida a mordisquear sus sensibles labios.

Syaoran mantenía los ojos cerrados, queriendo que ella jamás se cansara de besarlo. Deseando también que profundizara la unión, pero permitiendo que fuese ella quien compusiera la estructura de su beso, lo cual le costaba un enorme trabajo. Porque él se moría por sentir su lengua deslizarse en su boca, porque ella lo besara por todos los recovecos de su cuerpo. Que ella lo amara como siempre debió haber sido. Sentía que en cualquier momento enloquecería o se incendiaría por lo que ella le hacía.

—Sakura, por favor —rogó mientras ella mantenía su labio inferior prisionero.

—¿Qué ocurre? —preguntó jadeante—. ¿Acaso estoy haciéndolo mal? —indagó con sus grandes ojos verdes avergonzados.

Syaoran deslizó sus manos en el rostro de ella y lo acunó.

—Claro que no, pero… —su voz se apagó sopesando si era buena idea decir aquello o no.

—¿Pero? —ella posó sus manos en su pecho, instándolo a continuar.

—Pero me estás enloqueciendo. Y no sé si deba enloquecer contigo, pero tu aroma, el roce de tus labios, como mordisqueas los míos, sentir tu respiración entrecortada, sentir tu cuerpo, tus curvas y verte la cara nublada de deseo; hacen que desee… que desee hacerte mía una y otra vez.

Sakura sentía como aquel deseo se acumulaba entre sus muslos. Iba a jadear cuando Syaoran la besó arrebatadoramente, tragándose su gemido. Entonces fue consciente de cómo la excitación de él se le pegaba en su bajo vientre.

Ella respondió con más pasión y permitió que él le comiera la boca, como si tratara de algún elixir que jamás hubiese probado. Ella se sentía tan ardiente que quería que Syaoran la tomara allí mismo, pero él no movía sus manos de su cintura, tan sólo la estrechaba apegándola hacia él. Entonces la fogosidad del beso se fue convirtiendo en una lentitud deliciosa y duradera. La lengua de Syaoran retrocedió y ella abrió los ojos cuando él se separó de ella sutilmente.

—¿Por qué? —quiso saber la muchacha.

Syaoran la abrazó y depositó su rostro en el cuello de ella. Intentando refrenar su deseo con todas las fuerzas que tenía.

—Porque quiero respetarte —Sakura podía sentir los latidos del corazón de él y también los del suyo propio—. Quiero hacer el amor contigo, pequeña. Muero por ello, no lo dudes. Pero necesito saber que estás segura —la miró significativamente—. ¿Qué deseas, Sakura?

—No lo sé —dijo ella—. No creo poder iniciar una relación contigo… —la mirada de él cayó al suelo—… al menos no, todavía. Porque tengo miedo, Syaoran —el chino la miró intensamente—. Pero si quizás vamos de a poco… Quizás tú puedas llevarte ese miedo…

—Dime qué tengo que hacer, Sakura. Lo que sea lo haré —exclamó completamente convencido.

Ella lo observó sonrojada y Syaoran tragó grueso para no estrecharla en sus brazos.

—Quiero no sentirme nerviosa cuando estás cerca, pero la verdad es que no sé qué hacer para que eso no ocurra. Además… —se quedó muda súbitamente.

—¿Qué sucede, pequeña?

Ella enrojeció más y se tomó las manos nerviosamente. Bajó la vista y dio un lánguido suspiro.

—Nada.

—Por favor, Sakura. Lo que sea dímelo.

Ella volvió a encajar su mirada en la ambarina de él.

—No, no quiero que pienses mal de mí después. Será mejor que dejemos esta conversación hasta aquí.

Ella pretendió salir de la habitación pero Syaoran la amarró en un fuerte abrazo antes de que ella consiguiera escapar.

—Nada. Escúchame bien, nada de lo que puedas decir, me hará pensar mal de ti. Eso nunca más ocurrirá —prometió a ella con la verdad en cada gesto de su rostro—. Dime qué pasa. Sé que no merezco esto pero, confía en mí. Ponme a prueba.

Ella pareció sopesar las palabras de Syaoran.

—Está bien —comenzó diciendo, aunque el rojo carmín no se había ido de su rostro y su labio temblaba ligeramente—. Te iba a decir que… Bueno la verdad es que… —ella pestañeó un par de veces, sin apartar sus verdes ojos de los de él—. Bueno… me pones nerviosa cuando estamos cerca, pero… ¡Por Dios, por qué es tan difícil!

—Cálmate, pequeña —susurró y le dio un ligero beso—. Dime qué ocurre.

Ella se armó de valor y soltó eso que tanta vergüenza le daba.

—Bueno, la verdad es que cuando estás cerca de mí, yo sólo quiero besarte… me encanta cuando me besas o cuando yo lo hago —admitió ella—. Y también me gusta cuando… Me gusta cuando me tocas y cuando… —ella no fue capaz de terminar.

Pero no era necesario realmente, él había comprendido. La observó y sus mejillas estaban tan enrojecidas que quiso besarlas hasta morir. Syaoran sintió su ser entero temblar. Ella lo deseaba. Y él pecaría de estúpido si no asumía que la deseaba más que a nada en el mundo.

—Seguro creerás que soy una…

—No digas cosas que yo no pienso —cortó el chico antes que ella arremetiera—. ¿Cómo crees que me siento yo cuando estás a mi lado, cuando huelo tu aroma? ¿Crees que puedo pensar con claridad, si lo único que deseo es hundirme en ti para siempre? —Sakura lo miró con los ojos abiertos como platos—. Jamás he sentido esto por nadie, Sakura. Jamás he estado con otra mujer como contigo, y no quiero estar con otra mujer que no seas tú. Tú eres la única a la cual me he entregado en cuerpo y en alma también.

—¿Quieres decir que no te has acostado con otra mujer, sólo conmigo?

—Sakura, tú siempre has sido a quien yo he amado. Y por eso siempre quise que fueras la única mujer en mi vida.

Sakura estaba perpleja.

—Pero tú parecías tan experimentado esa vez —Sakura resopló—. Me refiero a la primera vez —su barbilla tembló y su voz se hizo un ligero arrullo—, y también a la segunda —sus mejillas sonrosadas se hicieron más evidentes

Ella quería olvidarse de esa satisfacción que se adueñaba de sus pensamientos, porque aunque no lo admitiera jamás, la idea de que él hubiese estado con otra chica la perturbaba y en cierta medida le daba una rabia indisoluble.

—Quizás lo parecía, pero no lo era. Digamos que la parte teórica estaba muy estudiada, pero jamás lo llevé a la práctica, porque era a ti a la única que deseaba, que deseo y que desearé —esta vez fue el turno de él para enrojecer.

—¡Oh, Syaoran! —se acercó a él y lo abrazó hundiendo su rostro en su pecho—. ¿Por qué hemos estado separados tanto tiempo? ¿Por qué nos lastimamos de esta manera? —preguntó y voz sonó triste y apagada.

Syaoran correspondió aquel gesto, se mantuvieron unos segundos abrazados y en silencio.

—Tú jamás me lastimaste, no quieras hacer que mi carga sea menos pesada. Él que arruinó todo, fui yo. Y no hay forma de cambiar el pasado, pequeña. Si la hubiera, arriesgaría todo por conseguir no haberte lastimado —él depositó un beso en la cabeza de la muchacha, quien se aferró mucho más a aquel abrazo—. Es por eso que si necesitas que me aleje, lo haré. Si necesitas que esté cerca, lo estaré. Si necesitas alguien quien te escuché, te escucharé. Si necesitas llorar, te consolaré. Si necesitas reír, inventaré chistes, aunque no garantizo que rías, pero me esforzaré. Todo lo que necesites, Sakura. Todo lo que anheles, te lo daré.

Ella se sentía tan emocionada con esas palabras que a duras penas logró encontrar el aire para seguir hablando.

—También tengo algo de culpa —murmuró Sakura refugiada en el pecho del muchacho, alejando las lágrimas de su voz—. Nunca te dije la verdad sobre Miu, debí haberlo hecho, pero había prometido no hacerlo, Syaoran.

—Lo sé —interrumpió acariciando el pelo de ella—. Sé todo sobre Miu, sobre Rika, sobre tu promesa con ella —Sakura se separó para mirarlo interrogante.

—¿Cómo…?

—Te escuché hablar con Yanagisawa ayer —admitió avergonzado.

—Entonces sabes que Miu no es… —comentó aturdida.

—Ella es tu hija, Sakura. También es hija de Rika. Y me sentiría honrado de que también fuera mía —sostuvo con emoción.

—¡Oh Dios! No puedes estar hablando en serio —dijo, intentando que el fuerte en el que mantenía sus sentimientos por Syaoran no se derrumbara.

—Sabes que jamás bromearía con eso.

—Pero es que…

—Sakura, espera —la acalló Syaoran—. No pretendo obligarte a nada, pero las quiero, a Miu y a ti también. Estoy dispuesto a esperar y dar la pelea por ustedes.

Se separó de Syaoran, estaba demasiado abrumada para responderle ahora.

—Necesito tiempo, Syaoran. Tengo mucho que pensar… pero ahora no quiero pensar en esto, quiero sentirte.

Sakura estaba cansada de luchar contra sus propios deseos, por esta vez quería perder la cabeza y hacer lo que tanto añoraba. Quería a Syaoran. No importaba si él había cometidos errores, ni si quiera importaba todo el dolor que le causó. Racionalmente sabía que debía mantenerse lejos de él, pero resultaba inútil toda esa maraña de elaboradas razones. Si lo único que gritaba su cuerpo y su ser era que los brazos de aquel hombre la abrazaran y no la soltaran jamás.

Y se culpaba a si misma por ser tan débil, aunque también lo culpaba a él, por tener las llaves de la prisión donde había arrojado todos los sentimientos que experimentaba por su persona. Ambos eran culpables de sucumbir, de desearse pese a todo. Y quizás, de amarse pese a todo.

—¿Eso qué significa exactamente? No estoy entendiendo.

—Significa esto —se acercó y lo besó deliciosamente en los labios—, esto —susurró en su oído y chupo el lóbulo de su oreja—, y esto —lo atrajo con ella hacia la cama, haciendo que ambos cayeran, quedando ella encima de él—. ¿Lo entiendes ahora?

—Pero, ¿estás segura?

—Estoy muy segura de querer estar contigo ahora —susurró besándolo con ardor nuevamente.

Syaoran no entendía el cambio de los acontecimientos, pero tampoco quería analizarlos en ese momento. Tan sólo tenía en su mente venerar el cuerpo y el alma de la mujer que amaba. Quien parecía tan entregada a él, como él a ella.

La pasión desenfrenada, unida a los recuerdos escabrosos, hizo que ambos jóvenes se amaran con reverencia, dando paso a la lentitud y la ternura. Idolatrando el cuerpo y el ser del otro.

Syaoran tenía los ojos plagados de luz. Besó suavemente la curva del cuello de Sakura, ella arqueaba la espalda para que el pudiese sostenerla, de ese modo besaba la esencia a cerezas que bañaba el cuerpo de Sakura. Con lentitud fue desabotonando la camisa de ella, disfrutando la sensación que poseía al tocar su piel, la cual era suave y cálida. La besó con adoración en los labios, gozando de su sabor adictivo. ¿Acaso alguna vez se cansaría de besar esos labios? La respuesta era sencilla: Por supuesto que no. Mataría por ella y haría todo lo que estuviese en sus manos para protegerla.

Siguieron besándose mientras las manos de cada uno, recorrían el cuerpo de su amante. Sakura se las arregló para despojar a Syaoran de la camiseta que llevaba puesta, se entretuvo sobremanera, delineando con sus dedos los músculos esculpidos del torso de aquel hombre. Los suspiros que él le regalaba eran su mejor recompensa. La hacían sentirse deseada y poderosa. Una mezcla que le daba una subida al nivel de su ego femenino.

Syaoran se sentía invadido de sentimientos maravillosos, aunque la sombra de su primer encuentro le sonreía desde alguna parte de su cerebro. Ver a Sakura tocándolo, con su mirada cargada de tanto deseo como sentía él, lo hacían creer que era un jodido afortunado. Sabía que no se merecía aquello. Que ella era demasiado buena para él. Aún así seguía deleitándose con cada una de las caricias que ella le daba.

Sakura le hizo el amor a Syaoran dulcemente.

Cuando Syaoran vislumbraba que no podría contener su orgasmo por más tiempo, se incorporó lo suficiente como para comerle los labios a Sakura. Ante esto, ella comenzó se movió con mucha más rapidez, fue entonces cuando Syaoran sintió que su placer aumentaba hasta la cúspide.

—Te amo, Sakura —gimió.

Segundos después lo alcanzó la muchacha, quien exhausta se dejó caer en el pecho del muchacho.

—¡Oh, Syaoran! —suspiró una vez que sus pulsaciones se normalizaron—. ¿Qué haremos ahora? —quiso saber la muchacha.

Permanecían recostados y retozando en la cama de ella, demasiado cansados, como para vestirse.

—Tú eres quien debe decidirlo.

—Lo que dijiste cuando…tú sabes —murmuró sonrojada—, ¿es cierto?

—El qué. ¿El que te amo? —ella asintió—. Es cierto, cariño. Siempre —sintió como ella se estremeció.

—¿Podemos ir lentamente? Es decir, quizás es contradictorio, por lo que acabamos de hacer. Pero me gustaría que antes de tener algo nos demos tiempo… Yo necesito sentirme segura —explicó ella.

Syaoran la abrazó con mucho más fervor.

—Todo el tiempo que tú quieras. Bajo las condiciones que tú quieras. Yo estoy dispuesto a esperar y luchar por ti, mi pequeña.

Ella lo besó emocionada y sintiéndose en paz consigo misma.

Una vez que bajaron, notaron que todo estaba demasiado callado.

—Naoko dejó una nota —gritó Syaoran desde la cocina—. Dice que todos fueron al centro comercial, ya que necesitaba cambiar no sé qué libro. Se llevaron a Miu.

En medio de la pasión. Sakura había olvidado por completo a Miu y avergonzó por ello.

—¿Estás segura que lo mejor era dejarlos solos? —preguntó el confundido Eriol.

Ella sonrió, llevaban a Miu en un cochecito precioso. Cosa que acababan de comprar en una tienda, el cual Eriol tuvo que pagar a regañadientes.

—A veces me sorprende que seas un hacker, siempre creí que eran persona inteligentes.

—Claro que soy inteligente. Tengo un CI muchísimo más elevado que la media —argumentó sonriente.

—Posiblemente, pero en cuanto a relaciones personales. Yo diría que en ese caso tu coeficiente es bastante limítrofe —Naoko rió con ganas.

—Pues prefiero eso a ser una amargada devora-libros —contraatacó.

—¿Devora qué? —preguntó con indignación— Hacker de pacotilla…

—Y ya vamos con las palabras reconocidas por la RAE para insultar —rió burlonamente.

—¡Oh, pero que hermosa niña! —se acercó una muchacha—. ¿Es su hija?

—Por favor, ¿una hija mía y de él? Claro que no —contestó ofuscada—. Primero se congelaría el infierno…

—No, es nuestra sobrina. Hija de nuestros mejores amigos —explicó Eriol a la chica—. Por cierto, mi nombre es Eriol —dijo el muchacho haciendo su típico show sobre el beso en la mano y el cuento de los ingleses.

Al cabo de unos minutos la muchacha, Natsuki, y Eriol monopolizaron la conversación, por lo que Naoko se fue con Miu, de lo cual ninguno de los dos se percató. Naoko estaba rezongando, con el malhumor hasta el tope. ¿Acaso podía ser más idiota ese tipo? ¿La había llamado devora-libros? Él, un tipo que no sabía el significado de la palabra delicadeza.

—Iremos a comer helado, Miu. Los helados de aquí son deliciosos, nos olvidaremos del tonto de tío Eriol.

La niña aplaudía, divertida, quizás, por las muecas de fastidio de Naoko.

—¿Tonto tío Eriol? —repitió la bebé.

—Sí, cariño. Eres muy inteligente —celebró Naoko con la pequeña.

Ambas reían a carcajadas. Naoko intentaba que la niña no se manchara, ya que frente a la forma en que tuvieron que salir, ni siquiera había podido sacarle una muda de ropa.

Mientras tanto Eriol recorría los pasillos del centro comercial, buscando a Naoko y a la pequeña, quienes habían desaparecido. Es cierto que se había distraído un momento, pero no esperó que ella se fuera dejándolo con aquella preciosidad. Debía reconocer que si no hubiese andado con esas mujeres, esa chica no se hubiese salvado de él.

Entonces a los lejos vio como Naoko le daba helado a la pequeña con una paciencia de santo, la niña reía constantemente. Y a ella parecía no importarle poner caras chistosas con tal que la niña riera. No supo por qué sintió una extraña ternura antes esa escena. Decidido a obviar aquello, se acercó.

—Con que aquí estaban.

—Se nos acabó la diversión, Miu —comentó Naoko lo suficientemente fuerte, como para que Eriol lo escuchara.

—Ni siquiera me di cuenta cuando se fueron…

—Oh, no te preocupes. Tampoco fuiste demasiado requerido este rato, ¿verdad, Miu? —habló con la niña nuevamente.

La niña sonreía y Naoko intentaba ignorar a Eriol.

—Naoko…

—Será mejor que nos vamos. Seguro que Sakura y Syaoran ya terminaron de arreglar sus problemas —dijo la muchacha mientras miraba en dirección indefinida—. Aunque no es necesario que vengas con nosotras. Digo, si tienes algo que hacer… Nosotras tomaremos un taxi.

—¡Claro que no! —exclamó Eriol—. Vine con ustedes, de ninguna manera se irán solas.

—¡Ja! Mira, Miu, tenemos al súper-hombre-Eriol al rescate —secreteó con la niña—. Él no dejará que el malvado hombre del taxi nos lleve a casa…

Riendo sin ganas, dio la espalda a Eriol.

—Te estás comportando infantilmente —dijo el muchacho, extrañado del comportamiento de esa mujer—. ¿Acaso no ibas a comprar un libro o algo así?

—No, fíjate que hoy no tengo ganas de devorar nada.

—¡Oh no puedes ser tan rencorosa!

—Y tú… tú no deberías estar molestándome a mí, sino a aquella Natsuki o cómo se llame —bramó ella.

Entonces él sonrió y ella se dio cuenta lo celoso que aquello había sonado.

—Con que se trataba de eso —se acercó a Naoko, quien empujaba el carrito de la niña—. Estás celosa —afirmó mirándola divertido.

—¡Por supuesto que no! Eso es lo que tú quisieras —deteniéndose para encajarle una mirada de desprecio.

—Y si te digo que si me gustaría que estuvieras celosa —susurró acercando su rostro al de Naoko.

Ella pareció confundida y lo miró como si él fuese un extraño.

—Ya déjate de jueg…

Los labios de Eriol se posaron sobre los de Naoko, ella tardó exactamente cinco segundos en reaccionar y romper el contacto.

Eriol esperaba que ella lo cacheteara, después de todo no pretendía llevar aquella broma hasta el beso, fue un impulso de último momento que lo llevó a besarla.

Pero no fue así, Naoko simplemente lo miró, su semblante era extraño. Y por primera vez Eriol no pudo ver nada sobre lo que ella pensaba.

—Quiero irme.

Fue todo lo que dijo la chica. Nada más llegar, ella tomó a la niña en brazos y se adentró con pasos largos y veloces a la casa.

Syaoran parecía tan feliz, que Eriol esperaba que se hubiese sacado la lotería y quisiera compartir el premio con él. Porque él había terminado sintiéndose muy extraño. Es decir, había besado a Naoko, sólo por molestarla. Además a eso ni siquiera se le podía llamar beso, sólo habían juntado sus labios, ni siquiera había sacado su lengua. No entendía entonces por qué ella parecía tan rara. No era la chica respondona y peleadora que le divertía tanto, era más bien alguien hermético que él no reconocía.

—Te ves muy contento, hermano —saludó Eriol.

—¿Po… por qué lo dices?

Eriol rió y abrazó a Syaoran.

—Debes hacer que esta vez valga la pena.

—¿Lograron localizarlos? —preguntó Terada a Kô.

—No hasta el momento. Sólo tenemos que esperar que ellos hagan su próximo movimiento y los tendremos.

—Y con respecto a esa mujer, ¿lograste ubicarla?

Kô sonrió profesionalmente.

—Por supuesto, mañana a primera hora la tendrá aquí.

Esa noche Terada se durmió odiando a Sakura Kinomoto, era tanta la necesidad que sentía por poseerla que odiaba el que ella huyera de su lado. Pero entre las penumbras sonrió demoniacamente, fuera como fuera la haría suya.

Esa mañana se había levantado con mejor ánimo que el día anterior. Esperaba que aquel buen humor no se viera mermado, que ese día en particular, lograra afinar los detalles del plan de contraataque.

Al llegar a la oficina, Makoto le informó que "la cita de las nueve" lo estaba esperando junto con Kô, en la sala de reuniones.

—Mucho gusto en conocerla, señorita —saludó a la muchacha.

—Diría que el gusto es mío —susurró ella sonriendo.

—Supongo que Kô ya le ha explicado que requiero de su ayuda, ¿verdad?

—Claro, y no hay nada que me haría más feliz que poder ayudarlo. Me convendría mucho que la sacara del medio.

—¿Y eso por qué? —preguntó Terada, dirigiendo una mirada interrogante a su empleado.

—Ella tiene ciertos intereses románticos con Syaoran Li, ¿o me equivoco, señorita Madarame?

La sonrisa de ella se amplió, pero era una sonrisa fría, desprovista de calidez.

—Lo quiero para mí. Y estoy dispuesta a lo que sea por conseguirlo. Por eso, estoy dispuesta a ayudarlo, en la medida que garantice que se llevará a esa maldita mujer.

—Creo que podremos llegar a un acuerdo que nos convenga a ambos —expuso el jefe de la mafia, pensando que, definitivamente, nada podría arruinar su buen humor—. Pero requiero una prueba de confianza —sonrió—. Kô, déjenos solos.

Kô salió inmediatamente de la sala.

Terada recorrió la sala hasta situarse detrás de la silla que ocupaba Yukiko. El hombre pudo palpar el nerviosismo de la mujer. Era una mujer de muy buen ver, incluso lograba excitarlo con solo verla. Una de sus manos se coló por su rubia cabellera y ella dejó de respirar.

—Si vamos a hacer esto juntos. Debemos ser más cercanos —susurró cerca del oído de la muchacha—. ¿Está dispuesta a seguir con esto?

Ella tensó los puños sobre su falda. La idea de acostarse con Terada no era tan repulsiva, era muy guapo aunque algo mayor para ella. Sin embargo, la imagen de Syaoran se colaba en sus pensamientos, amaba tanto a ese hombre que no importaba los métodos que tuviese que utilizar para tenerlo, ella haría cualquier cosa. ¿Acaso no lo había hecho ya?

En su afán por separarlo de la mosca muerta de Kinomoto, se había visto en la necesidad de pagar muchas veces con su cuerpo a sus cómplices. Y aunque le repugnara, no se sentía especialmente arrepentida. Por Syaoran sería capaz de cualquier cosa.

—Estoy dispuesta a lo que sea. Y si podemos pasarlo bien antes de tener a nuestros amores, no tengo problema —susurró ella, mientras se ponía de pie para enfrentar el cuerpo de Terada—. Muéstreme qué es lo que tiene para mí, señor Terada.

Pasaron tres semanas en las que las cosas en aquel Chalet estaban bastante tranquilas. Era cierto que Sakura y Syaoran mantenían una relación cordial y pacífica, en la casa. La tensión por parte de ellos no existía, y pesé a que ninguno de los dos lo esclareciera, todos los adultos eran conscientes que cada día eran mucho más cercanos.

Sakura le había pedido a Syaoran que fueran lentamente, no quería arruinar las cosas por apuros vanos. No obstante, cada noche, ella se colaba en la habitación del muchacho y se amaban largamente. Las primeras veces ella se había sentido muy confundida de su propio comportamiento, pero aún así, cada noche terminaba en los brazos de su amado Syaoran.

El muchacho por su parte, se había sorprendido tanto la primera vez que ella acudió a su habitación, que había tallado sus ojos repetidamente, para descartar la posibilidad de que estuviese soñando despierto. Desde esa noche no podía dormirse si no estaba con Sakura primero, y no era sólo el hecho de hacerla suya. Era más bien abrazarla y estrecharla entre sus brazos, sentir su aroma, entrelazar sus dedos. Saber que ella pese a todo lo amaba, aunque él supiera que no lo merecía.

—Logré hacerme con pasaportes para Sakura y Miu —comentó Eriol en el desayuno—. Creo que es hora que nos movamos.

—¿Y qué propones, Eriol? —preguntó Syaoran—. Crees que debemos salir de Japón.

Sakura se mantenía expectante, al igual que Naoko, quien había levantado la vista del libro que leía en esos momentos.

—Quedarse en Japón es un suicidio —explicó el inglés—, estamos en el terreno de Terada, las probabilidades que nos encuentre y acabe con todos nosotros son más altas aquí, que en otro país.

—¿Y dónde nos iríamos? —Sakura habló esta vez, estrechando a la niña, quien comía cereales.

—Yo tengo mejores opciones de esconderlos en Inglaterra, en caso de que algo ocurriera. Tengo más contactos en mi país que en cualquier otra parte del mundo, pero podemos sopesar otras alternativas…

Luego de discutir largamente, llegaron a la decisión que el mejor lugar para establecerse era Inglaterra. De modo que Eriol se encargaría de tramitar todo, intentando que Terada no descubriera que tanto Sakura como Miu, saldrían del país.

Un avión privado y lujoso, aterrizaba en el aeropuerto de Tokio.

—¿Estás seguro que no la encontraste? Sabes que no importa el dinero que tenga que gastar, pero necesito saber dónde está —vociferó un hombre exaltado, quien se calmó al notar la mano del hombre, que se sentaba en el asiento contiguo, sobre la suya.

—Lo siento, señor —se disculpó un hombre de cabello cano, llamado Fujimoto—. Estamos haciendo todo lo posible para averiguarlo.

Con una reverencia Fujimoto se retiró, dejando a los dos hombres en una atmosfera de silencio.

—Lograremos encontrarla —sonrió con dulzura el otro tipo—. Ahora que te has recuperado, lo lograremos.

—Más vale que así sea. Jamás me perdonaré si algo le pasó, Yukito.


N/A: Muy buenas tardes.

Muchas gracias por leer hasta aquí.

En estos momentos estoy teniendo una crisis moral, principalmente porque para quien leyó mi otra historia, está el tanto que suelo incluir lemon en mis historias. No obstante, he investigado sobre los rated que nos permite la página y la categoría MA, es donde podría incluirse una relación sexual con toda clase de descripción. No en la M, y mucho menos en la T. Si bien la categoría M permite que se hable de sexo, no permite que sea de manera explícita. Y sé, porque he leído muchas historias donde de todas maneras incluyen el lemon, incluso en categorías como la K. Pero no porque todos lo hagan quiere decir que esté bien. Se supone que pone las reglas y nosotros las acatamos al subir una historia.

Y no quiero darles el rollo moralista, para nada. No obstante, no quiero romper las reglas, pero me gusta escribir lemon en mis historias, aunque no sea el tema principal de ellas, suelo incluirlo como recurso. Por lo cual me veo en la necesidad de quitar dichas escenas en aquellos capítulos que las tengan y mandárselos por mail a aquellos que de todas maneras quieran leerlos.

Mis comentarios sobre el capítulo son varios, pero me los reservaré en esta ocasión, quisiera saber qué creen ustedes que ocurrirá.

Sólo me queda agradecerle el que sigan la historia, que me dejen comentarios. Me gusta leerlos, es una buena forma de conocerlos y saber que me leen.

Les dejo un abrazo gigante y apretado.

Au revoir

P.D.: Para aquellos que quieran el capítulo completo, ya saben que deben hacer, háganme llegar su correo de la forma nombredelcorreo (arroba) gmail o hot (punto) com, de lo contrario la página no los postea y no puedo verlos.