Capitulo 11: Haciendo trizas los sueños

Déjame,
quiero irme ya muy lejos
y perderme en un desierto
para no volver jamás.
Déjame,
son tus besos asesinos
son tus ojos tan divinos
los que me hacen sufrir mas.
Déjame
tanto tiempo te he aguantado
y siempre me has traicionado
no te quiero ya ver mas.
Déjame!
ya no quiero ser en tu vida
el juguete que con mentiras
has logrado enamorar.
Déjame!
ya no quiero ser en tu vida
el juguete que con mentiras
tu lograste enamorar.
Déjame…

Nueva Orleans

-Me mentiste… no puedo entender por que lo hiciste…

Candy sentía que todo le daba vueltas, no podía comprender a ciencia cierta que era lo que estaba pasando en esos momentos. Frente a ella veía a un hombre, pero le parecía que era un absoluto desconocido, ese hombre no podía ser su Terry, su gran y absoluto amor, por el que había llorado y suspirado tanto desde hacia tanto tiempo y con el que hasta hacia unos pocos minutos había vivido una entrega tan completa y enloquecedora. Le parecía que una bruma negra cubría su rostro y no lo podía reconocer.

-Candy…

El quiso acercarse a ella, Terry también se sentía intoxicado por emociones contradictorias y traicioneras entre si. Sabía que había obrado mal, sabía que le había ocultado algo demasiado delicado, podía entender en su cabeza que Candy tenía todo el derecho del mundo de sentirse ofendida y lastimada, pero en sus vísceras los celos y una rabia intestina lo dominaban y arrastraban a un abismo cada vez mas oscuro y peligroso. Deseaba abrazarla y pedirle perdón, pero también quería hacerla pedazos por haberlo traicionado. Ella lo miraba con una expresión de aturdimiento y desconcierto, y al verlo acercarse y tratar de tomar su hombro, ella se aventó hacia atrás dejando salir unas lágrimas amargas.

-Déjame! No me toques, no vuelvas a tocarme nunca mas!

Esas palabras eran todo lo que el Terrence inseguro y herido necesitaba para perder la ultima pizca de autocontrol que había en el. Fue hasta a ella y la tomo por los brazos.

-Por que, eh? Ahora vas a ir a buscar a tu adorado Albert, para contarle lo malo y despreciable que soy y volverte a reír con él de mi, verdad?

-No, no es cierto!

-Si, puedo imaginarlo todo, seguramente ustedes ya se entendían muuuuy bien desde antes, desde que vivían juntos en Chicago! Eran amantes, verdad? Dímelo, DIMELO!

-No, no! No tengo que decirte nada, TU no tienes derecho a decirme nada, Terrence…!

-Yo te amaba, te adoraba mas que a mi propia vida, todo lo que hice aun en contra de mis deseos fue por darte gusto a ti!

-Mentiras! Tu no has sido otra cosa mas que un cobarde y un mentiroso desde siempre…!

-Mientes!

Candy se sacudió bruscamente de las manos de Terry y se alejó unos pasos de el para verlo llena de rabia.

-Siii! Llegué emocionada a Nueva York aquella ocasión… y nunca se te ocurrió decirme lo que había pasado con Susana! Tuve que enterarme por mi misma y de la peor manera!

-No sabia como decírtelo!

-Tal vez tu y ella se entendían desde entonces…!

-Eso no es verdad, Candy, en eso si que te equivocas!

-Entonces explícame por que ella se enamoró de esa forma de ti? Seguramente tu le diste alas, seguramente la hiciste acoger esperanzas contigo…!

-Nunca lo hice! Intenté mantener la distancia con ella…! Y si me casé con ella fue por que tu me obligaste a hacerlo, que no se te olvide!

-Yo no te obligué a nada!

-Te marchaste dejandome ahi!

-Y que se suponía que debía hacer? Puedes imaginarte la impresión de verla queriéndose lanzar del techo del hospital? Como pudiste hacer que alguien se enamorara de ti de esa manera, hasta el grado de arriesgar la vida por ti, si no la amabas, si no le ibas a corresponder? Y yo como se suponía que tenia que tomar todo eso?

-Yo no hice nada indebido con ella, créeme que es algo insoportable de cargar en mi conciencia, pero tu te fuiste, me abandonaste así nada mas! Como querías que actuara después de eso?

-Yo también me arrepentí de ello, pero tú en ningún momento me pediste que cambiara de opinión, solo se te ocurrió decirme "te llevo a la estación". Oh si, que resignación y tranquilidad me brindó oírte decirme eso!

-Pues que otra cosa debía decirte ante las circunstancias? Que crees que no tengo sentimientos, que soy un mono de piedra o que?

Candy ignoró ese comentario y volteó hacia el techo burlonamente.

-"Si, si, hermosa, yo nunca me he acostado con Susana, tu eres la única mujer con la que quiero estar". Solo una idiota como yo podía tragarme un cuento tan idiota como ese! Y no solo era eso, sino que me ocultaste que ella estaba embarazada. No me cabe la menor duda, tú y ella se merecen estar juntos, son tal para cual! Candy recordó el dolor que había cargado desde el día que descubrió la infidelidad de Susana, "que ironía" pensó dentro de si. Menos caso tenia decirle a el lo que sabia de ella, Terry no se lo merecía.

-Pues si tu! Tu nunca me dijiste que Albert te había pedido que te casaras con él, me ocultaste deliberadamente que ustedes habían tenido intimidad!

-Deja de decir eso, por que no es cierto…!

Terry volvió a sacar la carta y después de buscar rápidamente comenzó a leer en voz alta levantando las cejas en una expresión de desprecio.

-"La otra noche pensé tanto en ti, que sentí que estabas aquí a mi lado, que eras tu a quien tenia durmiendo conmigo y no mi almohada, y hasta tontamente, la cubrí de besos y caricias tratando de imaginarme que era tu hermoso cuerpo al que tocaba y amaba…" Nada más le falto decir que le había hecho un agujero a la mentada almohada para hacer la descripción más grafica!

-Eres un estúpido!

-Y tu una Puta!

Candy no pudo soportar mas, le dio una bofetada tan fuerte, que casi lo hizo caer al suelo. El volteó a verla tan iracundo que hizo que ella tragara saliva del miedo que esa mirada le inspiró.

-Vas a arrepentirte de lo que acabas de hacer…

-Terry…!

Se lanzó sobre ella y la zarandeó mientras le gritaba en la cara.

-Ahora vas a saber de lo que soy capaz Candy!

La jaló por el brazo arrastrándola hacia a la cama.

-Que haces? Suéltame!

El la aventó a la cama y le calló encima besándole salvajemente el cuello y tomándole las manos para evitar que ella lo aventara o lo arañara.

-Dime, él te beso así como yo, eh? Has comparado nuestras caricias cada vez que estuvimos juntos, mmm? Quien te lo ha hecho mejor, él o yo?

-Suéltame, eres un bruto, me estas lastimando! Candy trataba de quitar su cara mientras el le había tomado ambas manos aprisionadas con una suya, y con la otra se desabrochaba el pantalón y le subía rápidamente las faldas y le arrancaba la pantaleta.

-Seguro él es mas caballeroso contigo, verdad? Seguro que piensas que él es mejor hombre que yo, no es así? Te voy a demostrar que te equivocas!

Terry estaba fuera de si, parecía que estaba poseído por una fuerza maligna, y Candy comenzó a llorar presa del horror y un sufrimiento enorme, mientras sentía como Terry intentaba penetrarla a la fuerza.

-ERES PEOR QUE NEIL LEEGAN!

Terrence sintió como si le hubieran lanzado un baldazo de agua y hielos encima, Candy sollozaba y respiraba entrecortadamente, su barbilla temblaba y su pecho subía y bajaba como la respiración de un pajarito herido. En ese momento Terry la soltó y se levantó como impulsado por un resorte de la cama y la miró con los ojos muy abiertos y acuosos, conteniendo unas lagrimas que luchaban por escapar. Ella se bajó las faldas y se cubrió la boca para ahogar un grito de dolor, mientras que él se llevo las manos a la cabeza y se pasó los dedos por el cuero cabelludo tratando de arrancarse los pensamientos que lo atormentaban y estaban volviéndolo loco. Sin decir ni media palabra, salió de la habitación mientras se metía la camisa en los pantalones y daba un portazo que cimbró el edificio completo. Bajó corriendo las escaleras y se fue por la calle caminando nervioso, Gaspar lo vio salir y de inmediato se fue tras de él.

-Monsiur Granchester, monsiur Granchester! Espere, monsiur, deje lo llevo!

Terry, confundido lo miró como si no lo reconociera, hasta que sacudiendo la cabeza consiguió salir del ensimismamiento en el que se encontraba.

-Yo… me voy a ir caminando, hazme el favor de esperar a la Señorita White y llevarla a donde ella te lo pida. Ten este dinero, muchas gracias por tus servicios, yo al rato voy a regresar por mis cosas.

-Desea que regrese por usted?

-No, eso será todo. Adiós.

Gaspar se quedó sorprendido de verlo irse como alma que llevaba el diablo, su edad y experiencia le dijeron de inmediato que algo muy muy malo había pasado entre los enamorados, y su corazón se llenó de pena y preocupación por ellos.

Candy en el cuarto, temblaba sin parar mientras recordaba una y otra vez lo que acababa de ocurrir. Su mundo entero se había derrumbado en un abrir y cerrar de ojos, y el hombre mas bello del mundo se convirtió en un monstro capaz de hacerla pedazos con la mano en la cintura. No solo había demostrado que le había mentido para conseguir poseerla, sino que además la había juzgado tan duramente que ahora la despreciaba como la peor de las mujeres. Varios minutos después, ya que pudo serenarse un poco, se levantó y vio sobre la cama su ropa interior, que volvió a ponerse. No pensaba coherentemente, solo seguía y seguía recordando las palabras y esos ojos azules y fríos como el acero que le hicieron giras el alma. "Hipócrita! Puta! Ahora vas a saber de lo que soy capaz, Candy!".
Dando pasos inseguros, se dirigió hacia donde estaban su maleta y su bolso de mano. Tirada en el suelo, encontró la dichosa carta y sin pensarlo siquiera, la hizo tiras en un arrebato lleno de desesperación. De haber terminado de leerla, se habría enterado que Albert estaba por llegar a la ciudad para llevársela con él de vuelta a Chicago y estar a tiempo en la boda de Archie y Annie. Después de limpiarse las lagrimas y arreglar su aspecto lo más que pudo, salió inseguramente del cuarto de hotel y vio el carruaje de Gaspar parqueado al pie de la escalera de acceso. Ella bajó y comenzó a caminar alejándose, no quería ni voltear a ver al chofer, le parecía que tenia escrita en su cara toda la escena que acababa de vivir, el hombre, sin embargo, la siguió de la misma manera que había seguido a Terry.

-Madmoiselle, por favor, espere!

Candy se detuvo y volteó a verlo con una cara que decía demasiadas cosas. Las sospechas del cochero de que las cosas no habían salido bien para los jóvenes amantes se vieron confirmadas, ella tenía la cara muy hinchada y los ojos enrojecidos.

-Cielo Santo! Se siente bien madmoiselle White?

Ella no le contestó, lo miró como si no hablara el mismo idioma, de inmediato bajó del carruaje y la tomó por un brazo mientras ella se dejó llevar.

-Venga, la voy a llevar al hospital.

Una vez que subió al carruaje y este comenzó a avanzar a la velocidad del trote ligero del caballo, Candy recordó los momentos tan llenos de amor y pasión que vivió en ese lugar. El llanto volvió a resurgir. Como era posible que alguien le había tratado con tanta veneración, que le había jurado que estaría a su lado a pesar de todo, hubiera podido en un segundo cambiar tanto y lastimarla de esa manera tan atroz? Una vez que sintió que el carruaje se detuvo, bajó corriendo y entró sin voltear a ver a Gaspar y se dirigió sin detenerse a saludar a nadie hasta llegar al pabellón infantil donde Milly ya estaba encargándose de vigilar el desayuno de los niños. Milly se quedó de una pieza al verla llegar en el estado tan deplorable en el que se encontraba.

-Candy! Que te pasó?

-Yo, yo…

Candy ya no supo más de si, cayó desmayada en brazos de la enfermera quien de inmediato llamó por ayuda.

Lejos de ahí, Terry deambulaba por las calles del centro de la ciudad como león sediento de sangre, su mente era una maraña de ideas, imágenes, maldiciones y reproches. Necesitaba tomar un trago… No! Una botella entera para apagar las llamas que lo consumían por dentro. Después de andar sin rumbo por varias horas imaginándose a Candy, su hermosa y sensual Candy, haciendo toda clase de cosas ardientes y delirantes que había hecho con él, pero con Albert en su lugar, el muy maldito hijo de puta… ahora le quedaba claro por que fue tan insistente en despacharlo la ultima ocasión que estuvo en Chicago tratando de verla. "Claro, seguramente ya estabas de lo mas feliz revolcándote con ella, no te fuera a arruinar tu diversión, malnacido".
Por fin dio con una cantina, entró y pidió una botella de whisky al único camarero que atendía a esas horas del día. Fue y se sentó como era su costumbre, en una esquina apartada, y tan pronto le llevaron la botella, de inmediato se sirvió un vaso lleno hasta el tope y se lo tomó de un solo golpe. Iba a embriagarse por que seria la única manera que podría sobrevivir las siguientes horas sin deshacerse en llanto como un niño abandonado. No se dio cuanta del paso del tiempo, no de que en su mesa había 2 botellas vacías de whisky y otra a la mitad. El ardor en su pecho seguía tan vivo como en el momento que vio por ultima vez a su Pecosa… y en un acto de locura lanzó un vaso hacia la imagen de Candy que se había formado frente a el sobre la luz de una candela que se hallaba en otra mesa. Lamentablemente, el vaso se estrelló contra el pecho de un tipo que tomaba sentado en ese lugar. Terry estaba tan perdido en su delirio, que no se dio cuenta cuando el hombre (igual de alto que él, pero de aspecto peligroso y mal encarado) se levantó y se dirigió hacia su mesa para cobrarle la afrenta.

-A ver imbécil, se puede saber por que me aventaste con el vaso, antes de que te rompa la cara?

Terry volteó hacia arriba y entrecerró los ojos tratando de enfocar su vista, y después de unos segundos eternos, sonrió en una mueca de desprecio y regresó su mirada a la botella que tenia frente a él. El tipo, que lo observaba de pie se enfureció al darse cuanta de que no solo lo ignoraba, sino que además se burlaba de él.

-Te voy a dar un motivo para que borres esa sonrisa de tu cara niñito!

El hombre intentó agarrarlo por el saco, pero Terry se lanzó hacia atrás y haciendo gala de una agilidad felina que para nada era congruente con su estado de ebriedad, se puso en pie de un salto y mientras el tipo se iba de bruces hacia el suelo, Terry tomó la botella y se la estrelló en la cabeza. El fulano lanzó un grito de dolor pero aun pudo ponerse en pie, y mientras se tocaba la sangre que ya le corría por la frente, puso una cara de perro rabioso y se lanzó de nueva cuenta contra Terry quien lo esperaba con las manos listas para repeler el ataque. Lo tomó por los brazos y lo aventó contra la pared donde el fulano se dio un golpazo en plena cara, a lo que Terry aprovechó para caerle encima a golpes y puñetazos, que el otro no pudo evitar ni mucho menos contestar.
Terry estaba como enajenado disfrutando de la carnicería que estaba realizando, varios de los clientes de la cantina salieron corriendo del lugar para buscar ayuda de la autoridad, mientras que otros hicieron rueda para observar exaltados el pleito y hasta hacían apuestas de cuantos golpes le iban a tomar al trigueño para poner fuera de combate al fulano, que era un rijoso conocido del rumbo. No había pasado mucho antes de que llegaran los policías ante la algarabía de los borrachos que no paraban de gritar y vitorear al joven peleador. Solo entre 3 agentes pudieron detenerlo y llevárselo a cachazos y esposado a la misma comandancia donde semanas atrás él y Candy había ido a encerrar a la cucaracha de Neil Leegan.

Terry tomó conciencia de donde se encontraba ya entrada la noche, se percató de que su labio inferior estaba sangrando, y libre del odio irracional que lo había dominado durante todo el día, le dio las gracias al tipo que lo había golpeado. Eso y mas se merecía por haber lastimado a Candy, por mucho coraje que pudiera sentir en contra de ella, y protegido por la soledad y la oscuridad de la celda en la que iba a pasar la noche, lloró en silencio, mordiéndose un puño para que nadie lo pudiera escuchar.

Por darle rienda suelta a mis antojos
por no tener conciencia del abismo
por eso ayer hice llorar sus ojos
y hoy mis ojos también hacen lo mismo

Por no medir los pasos que tomaba
por eso es que he llegado a la derrota
le hice una traición a quien me amaba
y ahora estoy como estoy
con mi alma rota

Que tal que tal se siente corazón
ahora si que te pegaron
es cara cara cara la traición
y al fin de la cobraron

Por darle rienda suelta a mis antojos
por no tener conciencia del abismo
por eso ayer hice llorar sus ojos
y hoy mis ojos también hacen lo mismo

Que tal que tal se siente corazón
ahora si te pegaron
es cara cara cara la traición
y al fin de la cobraron

Por no medir los pasos que tomaba
por eso es que he llegado a la derrota
le hice una traición a quien me amaba
y ahora estoy como estoy
con mi alma rota.

Candy estuvo muchas horas inconsciente, trataron de reanimarla con sales, pero a pesar de llamarla, de darle leves golpes en sus mejillas, de estimularla con leves toques de agujas en sus dedos de los pies, las pupilas de la joven continuaban dilatadas sin demostrar ningún tipo de reacción. Optaron por dejarla en observación, dejando a Milly a cargo de vigilarla. La morena la observaba llena de preocupación por su estado, no podía imaginarse que tan mal le habían salido las cosas a la pecosa con su príncipe azul, era obvio que todo había resultado peor de lo que ella se imaginaba, no le tenía mala fe a la chica y no quería cargar en su conciencia que le pudiese haber pasado algo realmente malo. Después de meditarlo un buen rato, fue a la recepción y pidió permiso para hacer una llamada telefónica, de su bolsa sacó una tarjeta que George le había dado. Una vez que le contestaron, procedió a informar sin muchos detalles, como había llegado Candy al hospital y las condiciones en las que se encontraba. La persona al otro lado de la línea le dijo que no se separara de Candy por ningún motivo y que le agradecía su interés y cooperación, al día siguiente una persona muy importante se presentaría al hospital a ver el estado de Candy, pero le solicito que si había algún cambio en su estado, por favor le avisara inmediatamente. Milly regresó al cuarto donde Candy permanecía dormida, la noche sin duda iba a ser larga por lo que se llevo un libro y un café para poder velar.

Terry fue liberado al día siguiente, como el fulano al que había golpeado era un delincuente conocido, de ninguna manera se presento a levantar cargos en su contra, por lo que una vez que los policías vieron que estaba sobrio y sereno, lo dejaron en libertad ya entrada la mañana. Se dirigió al hotel sin mucha prisa, meditó con detenimiento todo lo que había vivido en las ultimas horas, estaba arrepentido de la forma como se comportó con Candy, él sabia que la joven era tan culpable de haberle ocultado su relación con Albert, como lo era el por haberle mentido respecto a su relación con Susana y además ocultarle el hecho de que ella le iba a dar un hijo.
Deseaba con desesperación pedirle perdón de rodillas por haberla ultrajado de esa forma, se sentía miserable, lleno de desconsuelo, pero resignado de ver como la gran ilusión de su vida se había ido por la coladera de las mentiras y la mala suerte. Miraba el piso evitando el contacto visual con los transeúntes que lo observaban con curiosidad, un joven notablemente atractivo, con la ropa sucia, señales de golpes en la cara y la expresión de fracaso mas clara que muchos habían visto alguna vez en sus vidas. Terry lo percibía pero en esos momentos su ego estaba muy dormido en su interior para preocuparse por ello. Se marcharía, tomaría sus cosas y se iría en el primer tren que hubiera disponible para no volver nunca más a molestar a Candy.
"Imbécil, eres un perfecto estúpido… Que querías? La miraste irse y tú te quedaste tieso sin decirle nada. Que te hizo creer que ella estaría eternamente esperándote, si ni siquiera tu fuiste capaz de honrar el supuesto amor que tanto decías sentir por ella? Quien demonios te creíste para juzgarla, decirle hipócrita si tu has sido mil veces peor? Era obvio que tarde o temprano otro iba a tomar mi lugar, el lugar que tan estúpidamente dejé libre para que otro con mas pantalones que yo lo tomara… Y yo tengo una obligación de la que no debo desligarme, todo este teatro solo me lo ha venido a reafirmar, mi lugar es con Susana y nuestro hijo, y morirme en vida los días que me quedan llorando por Candy va a ser la penitencia justa por mis errores…"
Terry llegó al hotel, entró a su cuarto y como autómata metió su equipaje y los pocos objetos personales que estaban en el tocador en su maleta. Antes de irse dio un último vistazo al lugar donde había vivido la segunda noche más bella de su vida, le pareció ver sobre la cama la figura espigada y desnuda de Candy. "Así te voy a recordar cada día, para torturarme con la triste verdad que te tuve, y te perdí." Terry abordó el tren pocas horas después y se fue determinado a buscar a Susana apenas pusiera pie en Nueva York para pedirle perdón y rogarle que lo volviera a aceptar en su vida.

Candy lentamente volvió en si, sentía que le habían roto una piedra en la cabeza, sus labios estaban secos y le dolía la garganta como si le hubieran apretado el cuello, se sorprendió muchísimo de voltear a su alrededor y darse cuenta de que estaba recostada en una camilla, y Mildred frente a ella sentada en una silla, dormitando recargada en la pared.

-Milly…?

Mildred la escuchó y se acercó a ella solicita, de inmediato le tomó la muñeca para verificarle el pulso.

-Candy? Como te sientes?

-Que, que me pasó? Por que estoy acostada aquí?

-Candy, te desmayaste en cuanto me viste, nos tenías a todos muy preocupados, no pudimos hacerte volver en ti.

-Cuanto… tiempo estuve inconsciente?

-Ya casi son 24 horas, prácticamente un día entero.

Candy abrió los ojos y le tembló la barbilla, recordó lo que había pasado y quiso hablarle a Mildred sobre ello, pero ella se lo impidió poniendo suavemente las yemas de sus dedos sobre los pálidos labios de la rubia.

-Shhh. Tranquila, es mejor que no hables de nada que te pueda alterar, aun estas delicada, deja que despiertes bien y con todo gusto te escucho. Por lo pronto, déjame avisarle a alguien que no se ha separado de ti desde hace rato, que ya volviste a la vida.

Candy abrió los ojos sobresaltada, "Terry, estará aquí?" Contra cualquier expectativa, Candy sintió que el corazón le revoloteaba de una extraña emoción mezcla de temor y deseo, tal vez estaba arrepentido de lo que había pasado y volvió a pedirle perdón, tal vez podían hacer a un lado todos sus reproches y decidirse a ser felices sin importarles sus errores, tal vez el sabia como ella, que la amaba a pesar de todo y de todos, tal vez…

Pero cual fue su sorpresa, cuando vio entrar por la puerta no a Terry, sino a Albert. Abrió los ojos sorprendida y volteó la cara llena de vergüenza y desconcierto, el rubio de inmediato vio la reacción de la chica y sintió como el corazón se le encogía de decepción, pero no pensaba dejarse vencer por nada ni por nadie. Frente a él, tan vulnerable como una paloma herida, estaba la criatura mas dulce y mas deseada del mundo.

-No me vas a saludar, Pequeña? Me vas a hacer llorar de la tristeza…

-Lo siento Albert…

Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Candy, no podía verlo a los ojos, se sentía sucia e indigna, y él de inmediato supo cual era la razón. Después de jalar la silla donde descansaba Milly y sentarse a un lado de la cabecera de Candy, se le acercó y con ternura, la tomó de la barbilla y la obligó con sumo cuidado a que le diera la cara.

-No me vas a preguntar como me fue en mi viaje?

-Como te fue en tu viaje, Albert? Ella no levantaba los ojos mientras que unas lágrimas gordas como gotas de lluvia de verano le rodaban copiosamente por las mejillas.

-Aquí estoy, eso es lo único que importa. Por lo que puedo ver, tu no estas bien, no tiene ni caso que te lo pregunte.

Albert sentía unos deseos enormes de abrasarla, de estrecharla en sus brazos como a una niña perdida, pero también tenía temor de que ella lo rechazara.

-Candy, mírame por favor.

Ella lo miró con inseguridad, los ojos azul cielo del gigante reflejaban una bondad y una aceptación, sin juicios, sin reproches. La desarmó por completo saber que el sabía… y que sin embargo estaba ahí para ella sin importarle nada.

-Pequeña, te han hecho daño, no es cierto?

-Albert! Finalmente el agobio fue demasiado para ella, se lanzó a su brazos sollozando desconsoladamente, mientras que él la abrazaba lleno de amor, le acariciaba el cabello sintiendo en su pecho del dolor que ella emanaba, detestaba verla sufrir, y con mayor razón aun detestaba al causante de tanto sufrimiento, estaba seguro de que al fin "ese" no volvería a representar un obstáculo en la vida de ninguno de ellos, y con todo su afecto curaría cada herida y compensaría cada lágrima que su pequeña estaba derramando por su triste decepción. "Voy a hacerte feliz, Candy, te voy a dar todo el amor que un alma como la tuya se merece, y nada de este recuerdo que te hace sufrir quedara en tu memoria. De eso me voy a encargar yo."

Candy volvió a quedarse dormida, Albert habló con el Dr. Lepleu y le dio las gracias por haber tenido en su hospital a Candy, tanto como trabajadora como paciente. Le informó que tan pronto la joven se recuperara, se la llevaría con el de vuelta a Chicago, ya que no quería que estuviera sola y se pudiera exponer su salud a otro evento como el que había pasado. El Dr. Lepleu le dijo que no había problema alguno, que la joven había demostrado ser una enfermera dedicada y comprometida, lamentaba que no hubiera podido concluir el internado pero de ninguna manera quería arriesgarse a que volviera tener otra crisis como las que había experimentado. Albert le pidió que en lo que Candy se recuperara y era dada de alta, Milly permaneciera a su lado a lo que el Doctor con todo gusto aceptó. Después de hablar con el jefe del hospital, Albert regresó con Milly y le informó lo que había hablado con el viejo medico y le dio instrucciones de permanecer al lado de la rubia en lo que el comía y preparaba el viaje de regreso a Chicago. Milly volvió al cuarto y encontró a Candy despierta y sentada en su cama viendo hacia la ventana.

-Hola reina! Ya te ves mucho mejor, no cabe duda.

-Si Milly, gracias, me siento muy bien, creo que ya debo levantarme y ponerme a trabajar, ya fue demasiado tiempo de estar holgazaneando.

-Candy… que fue lo que te paso que te pusiste así?

Candy volteó con la mirada opaca, ya no le quedaban lagrimas en los ojos y estaba exhausta para volverse dejar llevar por el sufrimiento. Necesitaba con urgencia desahogarse que le contó en tono monótono y frio, todo lo que había pasado con Terry el día anterior. Candy confiaba de corazón en Mildred, pero no se imaginaba que ella en esos momentos actuaba como una doble agente. A pesar de que demostraba sentirse afectada por la narración tan angustiante que Candy le hizo, la semilla mezquina en su corazón lo hizo latir de gusto. "Que ironía, no cabe duda que la felicidad es breve… y en tu caso duro menos que un suspiro, Candy".

-Candy, tienes que recuperarte y olvidarte de Terry para siempre… él no te merece, no tuvo ningún derecho de tratarte de esa manera. Además, las cosas van a cambiar para ti que en menos de lo que te imaginas te vas a recuperar y te reiras de todo este asunto.

-Por que, Milly?

-Por que tu papucho Albert habló con el Dr. Lepleu y le dijo que te sacaría del hospital y regreses con él a Chicago, de manera definitiva.

-Que? Por que hizo eso?

-Por que Candy? Milly se paró y le dio la espalda para que Candy no viera la envidia que sentía correr por sus venas.

-Por que te ama, Candy, y esta dispuesto a todo con tal de demostrártelo.

Candy bajó los ojos mientras veía sus manos. Ella lo sabía, pero también sabía que a pesar de todo, por irracional que pudiera ser, ella amaba perdidamente a otro. Milly volteo y se acercó a ella para sentarse a su lado.

-Candy, mi mamá muchas veces me dijo: "quédate con el que mas te quiere, aunque no sea el que tu amas…" En tu caso este dicho se aplica a la perfección.

Candy seguía en silencia, sopesando las palabras que su amiga le decía.

-Ahora estas muy dolida, todo es tan reciente, pero date tiempo para pensarlo. Te vas a dar cuenta de que es lo que mas te conviene. Ahora descansa un rato mas, así mas pronto te darán de alta y podrás alejarte de aquí para continuar con tu vida de ensueño.

Candy la vio salir y se sumió en mil pensamientos, estaba confundida y lastimada, no hilaba una idea después de la otra por que nunca se imaginó ni en sus peores pesadillas, que algo así pudiera pasarle, no a ella, no con el. Unos minutos después de que Milly saliera, se quedó profundamente dormida y tuvo un extraño sueño, donde Antony y Stear le decían que la cuidarían siempre, pasara lo que pasara.

"Por que tuviste que morirte, Antony? Si no lo hubieras hecho, yo jamás habría conocido a Terry… y jamás habría sufrido como lo estoy haciendo. Tu nunca me habrías lastimado así, lo sé…"

Al despertar, lo primero que vio fue a Albert sentado a un lado de su cama, con los brazos cruzados y los ojos viendo hacia su zapato, con un gesto de mucha preocupación.

-Albert… aquí estas.

-Si mi Pequeña. Como te sientes?

El cuarto ya estaba en penumbras, muy probablemente estaba oscureciendo, Albert se acercó a la cabecera y encendió la lamparita que estaba a un lado de la cama de Candy, y pudieron verse claramente a los ojos. La luz amarillosa de la lámpara hizo que las pupilas del gigante se contrajeran casi por completo, y su rostro tomó un matiz dorado que lo hacia verse mayor de edad.

-Ya estoy mucho mejor, gracias.

Albert la miró en silencio, ella pudo notar que él quería hablarle de algo y que le estaba costando trabajo sacarlo, hasta que el rubio finalmente se decidió y se aclaró un poco la garganta.

-Candy, tal vez pienses que es muy pronto para hablarte de esto. Se que estas muy dolida pero no puedo permitir que sigas en ese estado de depresión que te va a terminar enfermando. Me imagino que Milly ya te puso al tanto de lo que hable con tu jefe. Ya no quiero que te quedes tu aquí sola, no después de lo que te ha pasado. Nos iremos mañana por la mañana, me han dicho que ya estas en condiciones de viajar.

Candy veía hacia la ventana, solo de vez en vez lo volteaba a ver para demostrarle que escuchaba lo que le decía, pero parecía que las palabras de Albert le sonaban huecas, su cabeza seguía girando dándole vueltas a lo que había pasado.

-Pequeña, tal vez es el momento menos indicado para decírtelo, pero yo te amo.

El tomó su mano mientras se acercaba a ella lentamente.

- Creeme que si estuviera en mis manos darte la felicidad que tu anhelas, con todo gusto lo haría, pero no es asi. Yo solo puedo darte mi amor, y tal vez es poco para ti…

Ella cerró los ojos, que bien se sentía el calor de los dedos de Albert apretando suavemente su mano! El agotamiento emocional la había dejado en un estado de indefensión que el rubio de inmediato detectó. Ella estaba bajando la guardia y no iba a desaprovecharlo.

-Candy, mi dulce niña, quiero que sepas que a pesar de todo, de todo lo que hayas podido hacer… a mi no me importa. La promesa que te hice antes de irme la he cumplido, y te vuelvo a hacer la misma pregunta que te hice entonces. No es necesario que me contestes ahora, puedes tomar todo el tiempo que necesites para pensar tu respuesta, pero se que te va a servir escucharlo.

Candy lo miró, sus ojos estaban abiertos, brillantes, anhelantes de alivio.

-Cásate conmigo, Pequeña. Hazme el honor, ya no hay obstáculos que puedan impedirlo.

Albert se lo dijo sin esperar que ella en ese momento le respondiera nada, lo hizo mas que nada con la intención de empezar de nueva cuenta la labor de conquista, y sabiéndola cerca de el, podría esperar el tiempo que fuera necesario, por ello, su corazón casi se paró de la impresión, cuando ella mirándolo fijamente, le dio la sorprendente respuesta.

-Si Albert, quiero casarme contigo. Ya.

Nueva York

Terry llegó temprano por la mañana, todo el camino de ida se fue ebrio, así que no se dio cuenta de los días que transcurrieron entre su salida de Nueva Orleans y su llegada a La Gran Manzana. En dos ocasiones requirió la ayuda de los camareros del tren para ayudarlo con sus transbordos en tan largo viaje, ya que se quedaba botado alcoholizado. Así que decidió irse caminando de la estación hasta su casa para que el aire fresco de marzo lo despabilara y le quitara un poquito de la embriaguez. Necesitaba llegar urgentemente a ver a Susana y ver como estaba. Sabía que ella estaría muy mal, sobre todo por la forma tan inhumana con que la trato la última vez que la vio. Ni modo, aceptaría sus insultos y reclamos con tal de que le otorgara el perdón que bien sabia no se merecía, pero que apelando al hecho de esperar un hijo, tal vez sirviera para que ella reconsiderara aceptarlo de vuelta. Después de verla, tendría que ir urgentemente a hablar con Meyer, el abogado, para ordenarle detener el trámite de divorcio. Una hora y media después, llegó exhausto a la casa de un piso que era su hogar. Traía llave de la casa, así que entró directamente y se dio cuanta de inmediato que la casa estaba sola. Aun asi llamó a Susana, a su madre y a los sirvientes, solo uno de ellos, Mr. Peyton salió a su encuentro completamente sorprendido de verlo ahí.

-Sr. Granchester! Que sorpresa verlo!

-Peyton, donde esta la Señora Susana?

-Fue al hospital desde hace rato, pero aun falta para que regrese.

-Fue su madre con ella?

-No, la Sra. Marlowe salió después que ella a otro mandado. Señor, no se ve usted bien, quiere que le prepare el baño para que descanse?

-Si por favor, te lo voy a agradecer.

Terry entró por el pasillo que daba hacia los cuartos y sin saber por que, se detuvo frente a la puerta cerrada del cuarto de Susana. Guiado por una reacción impulsiva, giró la perilla y al darse cuenta de que estaba abierta la puerta, entró a la recamara de su mujer. Se sorprendió a si mismo de que nunca había entrado ahí a menos de que Susana se lo hubiera pedido, y presa de la curiosidad y un interés culposo, comenzó a observar los objetos que eran parte de la vida de su esposa. Observo con detalle el ingenioso mecanismo que el doctorcito había instalado para ella en su cama, vio las fotos que ella tenia en su mesita de noche donde aparecía ella en su época de gloria en el teatro, antes de su accidente. Y por ultimo llego al tocador, femenino y delicado como la dueña de esa recamara. Vio una foto suya, y sin saber precisamente por que, la tomó para observarla, pero al levantarla notó que atrás estaban unos papeles que de inmediato palpó con sus dedos. Al darle la vuelta al portarretrato, se dio cuenta de que era un sobre manila. Presa de la curiosidad y el morbo, lo abrió y vio que habían varios sobres de cartas, y de inmediato tomó uno, le sorprendió en sobremanera darse cuenta de que el remitente era el doctorcito Rivers, pero ninguna advertencia del mismo infierno podría haberlo preparado para lo que leyó una vez que abrió el sobre. Poco le faltó para que se fuera de espaldas.

En el hospital San José, Susana se acomodaba el cabello, esa mañana el sexo con Jonathan fue muy gentil, debido a que su embarazo era cada vez mas evidente, pero aun así ambos lo disfrutaban, y él era mas cariñoso desde el día que ella le había dicho que dejaría a su marido definitivamente. Tenia pocos días que había comenzado a usar exitosamente una prótesis a instancias de Jonathan y se movía con libertad. Jonathan se acomodaba la bata y arreglaba la sabana de la cama de revisión donde la había acomodado para poderla penetrar sin hacerle daño, la Sra. Marlowe no tardaría en llegar por ella y tenían que guardar todavía las apariencias de acuerdo con lo que habían convenido. Después de mirarse a los ojos, se acercaron a darse un beso mientras se abrazaban tiernamente.
Por eso, por estar tan ensimismados en su rutina y en la seguridad de que las cosas podían seguir de esa manera indefinidamente, que lo que pasó a continuación los tomó a ambos completamente desprevenidos. La puerta de abrió de un golpe a pesar de tener seguro, mientras los gritos de la enfermera recepcionista se escuchaban de fondo. Terrence entro como un huracán y tan pronto Susana lo vio, su instinto de supervivencia la hizo soltarse del abrazo de Jonathan y refugiarse detrás de un sillón, mientras que el pobre doctor se quedó parado sin poder reaccionar al ver a Terry hecho un energúmeno arrojarsele y darle un cabezazo en plena nariz que lo tiró de golpe al suelo casi inconsciente.

-Maldito hijo de puta! Te voy a poner en tu lugar doctorcito de pacotilla!

Terry se sentó en el pecho de Jonathan y mientras le agarraba por el cuello de la camisa, le dio de puñetazos en la cara hasta que la mano le quedo entumida. La levantó para sacudirla mientras que veía como le chorreaba sangre, y volteó hacia donde Susana lo observaba horrorizada. Se paró y se le acercó mientras aventaba el sillón como si fuera una silla de paja. La pobre chica sintió que se le iba el alma del cuerpo cuando él quedó a un paso de ella con una cara de endemoniado que le lleno de pavor.

-No te rompo la cara a bofetadas, por que te debo la vida, por que estas enferma y por que estas embarazada. Pero te lo advierto, Susana… No vuelvas cruzarte en mi camino! Tengo las pruebas suficientes para meterte a la cárcel por adultera, así que te me largas de la casa y firmas los papeles del divorcio sin decir nada… Y en cuanto al niño, si no nace después de Junio, ni se te ocurra decir que es mío y es prematuro, por que entonces si no voy a responder por mi.

Susana lo vio como su cara se ponía roja, y tratando de controlarse, Terry volteó a un lado y escupió asqueado mientras salía con la misma velocidad con la que entró. Susana de inmediato se acercó a Jonathan quien intentaba incorporarse respirando con dificultad ya que el primer cabezazo de Terrence le había roto la nariz. Cuando ella quiso ayudarlo, él le aventó la mano.

-No me toques! Todo esto es culpa tuya.

Jonathan esperó a que la enfermera y un guardia de seguridad del hospital llegaran en ese instante a ayudarlo a ponerse en pie, mientras ella se quedaba de rodillas llorando como una histérica. En el pequeño mundo de Susana Marlowe, todo se había vuelto añicos y vergüenza.

Nueva Orleans

Candy miraba por la ventana del tren que hacia poco había abordado. Quería despedirse de la ciudad donde fue tan inmensamente feliz, y tan avasalladoramente triste. Ese mismo día se había convertido formalmente en la esposa de William Albert Andley, en una ceremonia organizada de última hora. Gracias a sus contactos con la política, Albert consiguió que el alcalde mismo de la ciudad presidiera el sencillo evento que se realizó en el palacio de gobierno, los únicos testigos fueron un George Johnson emocionado de presenciar un evento tan significativo para él, y una Mildred Robinson muerta de la envidia de presenciar como a pesar de que se había enredado con otro hombre, a Candy la amaban tanto que le había dado un lugar de esposa legitima un hombre sobresalientemente atractivo.
Candy lucia bella en un sencillo pero elegante vestido de seda blanca, el cual resaltaba más aun su palidez. Mildred intento ayudarla a ocultar las ojeras que sus ojos cansados lucían con algo de su maquillaje, pero a pesar de la evidente belleza de la rubia, su imagen reflejaba no la felicidad que se supone toda novia debe tener el día de su boda, sino una tristeza que calaba hasta los huesos solo de verla. Impulsada por el dolor, aceptó la decisión de Albert de casarse urgentemente, creía que de esa manera podría sobrevivir al dolor de su decepción, y por todos los medios posibles, intentó sacarse el recuerdo de Terrence, que la acechaba a cada instante del día y la noche.

En esas estaba, cuando escuchó que alguien entraba al camarote privado en el que viajarían ella y su flamante marido. El sonrió al verla de pie, y ella correspondió a esa sonrisa cuando él se acercó y la tomó de la mano. Después de verla en silencio a los ojos la besó tiernamente y la acercó hacia a la cama. Ella sabia bien lo que él deseaba, y se preguntó si seria capaz de cumplir con su obligación de esposa, mientras él la acomodaba en su regazo y comenzaba a desabrocharle los botones de su blusa…

Continuará...