EPOV

Le hizo reír muchísimo durante los meses siguientes, y también le hizo llorar en una ocasión.

—¿Un hijo?

No debería sorprenderle. Practicaban con asiduidad el ejercicio cuyo resultado solía ser un bebé.

Pero de algún modo, incluso después de haberse estado ocupando de Emm y Elizabeth hasta ser un licenciado en las tareas de hermano mayor, nunca había pensado en sí mismo como padre. Le ponía nervioso e, inexplicablemente, le llenaba los ojos de lágrimas.

—No tienes por qué preocuparte —le dijo su padre—. Ya tendrás tiempo de preocuparte cuando nazca y empiece a volverte loco —añadió, bailándole los ojos. Tenía mejor color últimamente. Su corazón estaba ya más fuerte—. Quiero verte siendo padre.

—Lo que quiere es verme hacer una chapuza —le dijo Edward a Bella.

Ella lo abrazó, pero casi no llegaba a su espalda por el volumen de su vientre.

—No lo creo.

—Pues yo sí —murmuró Edward, pero sin poder evitar la sonrisa al pensar en su padre con tres niños alrededor. Siempre había querido tener muchos hijos, y la verdad es que habría sido bueno con ellos.

Bella estaba de acuerdo, y llevándose una mano a la tripa, añadió:

—Y será a poco tardar.

Al final, ella resultó más fuerte y más valiente de lo que lo era él. A Edward no le cabía la menor duda. Cuando vio lo que Bella tuvo que pasar en el parto, comprendió mejor que nunca el dolor y el amor de su madre.

—La primera y la última —le dijo a Bella, cuando estaban ya en la habitación con un rollito azul en los brazos—. Ha sido horrible. ¡Podrías haber muerto!

—No es para tanto —dijo ella—. ¡Además, fuiste tú el que se desmayó!

—Lo sabía —dijo Carlisle, al entrar en la habitación con Esme. Carlisle se acercó a Bella y la besó con ternura antes de rozar la mejilla del bebé con los dedos.

Entonces se volvió y abrazó a Edward, y los dos se sonrieron el uno al otro emocionados.

—¿Qué te decía yo? ¡Siempre he sabido que eras el hijo de tu padre!

Fin