¡Es viernes! Y aunque un poco diferente, hoy ponemos el capítulo de Kate.

A partir de la semana que viene ya solo se actualizará un día a la semana: los lunes.

Una semana será la visión de Kate, otra semana será la visión de Rick.

¿Hasta cuando? Hasta el comienzo de la Premier de la Season 7 de Castle en USA.

Esperamos que os siga gustando la lectura y disfrutéis de ella. Gracias por leer y comentar.


CAPITULO 6 (KATE)


Kate volvió a mirar la matrícula del coche que tenía frente a ella, no cabía duda, era una de las que figuraban en la lista que le había enviado Ryan con los coches propiedad de Racmy Corp.

Se tensó al oír pasos acercándose al otro lado de la puerta y se preparó para sorprender a quien abriese. Aunque no contó con aquello.

- ¿Tú? – preguntó aturdida al ver a Castle mirándola aterrorizado mientras ella le apuntaba con su pistola entre los ojos.

Por unos segundos ninguno de los dos supo reaccionar. Kate no podía creerse que el que debería ser su marido estuviese delante de ella, con varios kilos de menos, oscuras y marcadas ojeras, demacrado y todo manchado de sangre.

- ¿Estás bien? – le preguntó en un susurro.

El escritor asintió y entonces ella volvió al modo policía, haciéndole salir de aquella casa de un empujón.

- Espérame fuera – le ordenó.

Entró rápidamente a la casa mientras apuntaba con su arma a todas partes. No tardó en ver el cuerpo del hombre tirado en el suelo, se acercó despacio y se agachó con cuidado tomándole el pulso en el cuello. Estaba muerto. Se puso de nuevo en pie y dio un par de pasos hacia atrás chocándose contra alguien.

Kate se giró de inmediato lanzando su cuerpo contra el de la persona que tenía detrás haciendo que ésta cayese al suelo, se tiró sobre ella poniéndose a horcajadas sobre su abdomen apuntando con la pistola sobre su frente.

- Soy yo, soy yo… ¡No dispares! – dijo Castle levantando ambas manos con los ojos muy abiertos.

- Te he dicho que esperases fuera. ¿Dónde está Tyson? – le apremió.

Castle, con ambas manos levantadas señaló con el dedo índice el cuerpo que Kate había examinado.

La detective giró la cabeza mirando el cadáver y volvió a mirar a Castle.

- ¿Es…?

- Tyson… Disfrazado – se apresuró a confirmar él.

- ¿Estás seguro?

- Completamente… Todo ha terminado.

Kate le miró. En ese momento se dio cuenta que acababa de recuperarle. Le sonrió tímidamente.

- Dios… Sabía que estabas vivo amor… – le dijo inclinándose sobre él para besarle.

Fue un beso intenso pero rápido, Kate se separó y se incorporó ligeramente. El corazón de la detective comenzó a latir con fuerza y volvió a sentir esa sensación extraña dentro de su pecho, su visión comenzó a estrecharse, las orejas le ardían y sentía su boca completamente seca, escuchó lejanamente a Castle llamándola y todo se hizo negro.

Notó los golpes en su mejilla y la voz de Castle diciendo su nombre, abrió los ojos con dificultad, intentando enfocar la figura que tenía sobre ella.

- ¿Estás bien? – preguntó el escritor asustado.

- Sí… ¿Había alguien ayudándole? – preguntó de repente ella acordándose que podían seguir en apuros.

- Kelly Nieman…

- ¿Dónde…?

- Abajo, encerrada…

- Tengo que llamar… - dijo intentando levantarse – Espo y Ryan… Están en tu casa.

El escritor la ayudó a sentarse e hizo lo mismo, quedándose a su lado.

- Lo sé…

- ¿Lo sabes? – preguntó mientras marcaba el móvil de Espo.

- Es largo de contar.

Kate volvió a mirarle y asintió entendiendo que tenían muchas cosas que contarse. Llevó su mano hasta la mejilla de él y le acarició con suavidad. Si él supiese todo lo que le había extrañado esos días, si llegase tan sólo a imaginar cuanto le amaba…

- ¡Espo! Soy yo…

- Beckett… ¿Dónde estás? Alexis y Martha están preocupadas…

- En la casa de al lado… ¿Puedes venir a buscarme?

- Claro… ¿Estás bien?

- Sí… Ven con Gates y Ryan no les digas nada a Alexis y Martha… Luego te lo explico…

Kate cortó la llamada y se centró en mirar la herida de Castle.

- ¿Cómo ha pasado? – dijo señalando su pierna mal vendada y por la que se veía sangre.

- Me disparó y falló – dijo tras pensarlo unos segundos.

- Pues para haber fallado te ha herido. ¿Te duele? – Kate se arrodilló junto a él para examinar mejor la herida.

- No es nada – negó él – sólo me rozó, la sangre no es mía. Estás aquí, estás a mi lado. Ya no tengo que conformarme con verte en la pantalla.

La detective le miró sin entender nada y sin que se lo esperase, Castle se abalanzó contra ella, abrazándola. Le correspondió de inmediato, necesitaba sentirle. Desde que había vuelto de Washington apenas se habían separado unos días por los viajes de presentación de su nueva novela. Se había vuelto totalmente adicta a él. A sus bromas, a su contacto, a sus besos, al calor de su cuerpo abrazándose cada noche… Le necesitaba… Y mucho. Ninguno de los dos se atrevió a decir nada. Ambos estaban inmersos en sus propios pensamientos. Kate había imaginado noche a noche, cuando por fin se quedaba a solas metida en la cama y podía dar rienda suelta a su llanto, que haría cuando le encontrase, como se reencontrarían, lo que le diría… Pero no pudo hacer nada de eso cuando le vio tras aquella puerta.

Castle comenzó a besarle la frente, los ojos, la nariz, las mejillas, la boca… Se fundieron en un beso eterno que interrumpían por instantes para mirarse, sonreírse y volver de nuevo a pegar sus labios. Tras unos minutos, fueron interrumpidos por la voz de Espo desde la puerta.

- ¿Beckett? – preguntó el detective con su arma reglamentaria levantada y la espalda apoyada junto a la puerta, protegiéndose.

- ¡Estamos aquí! – gritó ella.

- ¿Estamos? – preguntó Gates siguiendo a Espo y Ryan que entrarón rápidamente apuntando con sus armas en todas direcciones.

- ¡Aquí! – dijo Castle levantando una de sus manos.

Los tres policías se miraron y volaron hasta su lado.

- ¡Estás aquí! – dijo Ryan y ayudando a que el escritor se levantase y dándole un contundente abrazo – ¿Estás bien?

Castle asintió sonriendo a su amigo mientras Espo ayudaba a Kate a levantarse y la abrazaba con cariño. Kate agradeció el gesto de su compañero, no el abrazo, si no la fe ciega que había tenido en ella cuando ella aseguró que todo era una farsa y Castle estaba vivo.

- Señor Castle – dijo la capitana con seriedad después de que Kate se pusiese en pie haciendo que los tres la mirasen asustados.

- ¿Sí?

- Creo que nunca me había alegrado tanto de verle.

Castle sonrió ampliamente y se acercó a ella, pilándola por sorpresa cuando la abrazó.

- Gracias – la capitana palmeó su espalda sorprendida – gracias por todo lo que ha hecho, gracias por jugarse el puesto por mí

Los tres detectives se miraron entre si y volvieron a mirar al escritor, que se acercó hasta una pantalla de televisión y la conectó, buscando con el mando entre los canales hasta que las imágenes de las cámaras de seguridad privada de la casa del escritor comenzaron a aparecer y junto a ellas, el sonido de las voces de Martha, Alexis y Jim.

- También se coló en las cámaras de la comisaría, de mi casa, de tu apartamento – dijo Castle a Kate – incluso de la casa de Jim.

- ¡Tio! – dijo Espo abrazando al escritor – vaya susto nos has dado.

- No fue mi intención – repuso el escritor mientras miraba a Kate con cara de preocupación.

Gates carraspeó llamando la atención de todos.

- ¿Dónde está Tyson? – preguntó después de tener la atención de todos.

Castle giró la cabeza señalando el cuerpo sin vida tirado en el suelo del salón.

Gates se acercó hasta el cadáver, se arrodilló a su lado examinándole.

- Este no es Tyson… – dijo la capitana – Es el forense del condado, el doctor Baden…

- ¿El forense? – preguntó incrédula Kate.

- La doctora Parish puede corroborarlo…

- Está disfrazado… – afirmó Castle – Pero es Tyson.

- Está… ¿Está seguro? – preguntó Gates.

Castle movió la cabeza afirmando. La capitana chasqueó la lengua. Aunque el escritor le hubiese matado en defensa propia, si ese cadáver pertenecía al del forense, iba a estar metido en un buen problema…

- Será mejor que llame al jefe Brady… - afirmó Gates.

- Señor… - pidió Kate antes de que la capitana marcase el número del jefe de policía.

- ¿Sí?

- No quiero que Alexis o tu madre – comenzó a decir Kate a Castle – te vean así… Será mejor que vayamos al hospital y te curen esa herida…

- Y de paso que te examinen… Se ha desmayado –añadió Castle mirando a Gates.

- ¿Has vuelto a desmayarte? – preguntó Espo

- No ha sido nada… – contestó Kate queriendo cambiar de conversación.

La capitana marcó el número de Brady mientras miraba a ambos con seriedad.

- ¿Jefe Brady? Capitan Victoria Gates…

Después de unos minutos, Gates colgó y miró a Kate.

- ¿Puede conducir hasta el hospital? – dijo Gates a la detective sabiendo que si no salían de allí, Brady metería a Castle entre rejas hasta que se aclarase que había pasado en esa casa.

Ella asintió de inmediato.

- Será mejor que se marchen… Yo me ocuparé de Brady y de todo esto… - dijo mirando a su alrededor.

- Hay una cosa más… - dijo Castle a Gates – Abajo, en el sótano… Nieman…

- ¿Nieman? – repitió Gates - ¿De qué me suena ese nombre?

- ¿La cirujana que convirtió a ese tipo en mi doble? – preguntó el moreno

La detective arrugó los labios mientras Richard afirmaba.

- ¿Abajo? – preguntó Espo mirando a todas partes mientras levantaba su arma seguido por Ryan que hizo lo mismo.

- Está viva… Drogada y encerrada… - dijo sereno Castle.

Los tres detectives y su capitana salieron disparados buscando el sótano. Kate miró atrás por unos segundos y vio como Castle se sentaba en una silla, derrotado. Por un instante pensó en quedarse a su lado, pero las ganas de atrapar con vida a quien le había hecho aquello fue mayor y bajó al sótano detrás de sus compañeros.

Cuando llegaron abajo, se encontraron con algo que no esperaban. Una habitación cerrada con llave. Junto a la cerradura un código.

- Mirar esto – dijo Ryan acercándose a un dispositivo que parecía ser un pequeño escáner digital – supongo que no será suficiente con la llave y el código…

- Tendremos que llamar a un técnico para abrirlo – comentó Gates.

- También podemos intentar disparar a la cerradura y… - dijo Espo examinando la puerta.

- No hará falta… - dijo Castle bajando las escaleras – Es fácil…

Los cuatro le siguieron con la mirada. El escritor deslizó una llave en la cerradura, pulsó un código de varios dígitos y para sorpresa de todos utilizó un dedo real para ponerlo sobre el escáner.

- Únicamente se abre con las huellas de Jerry o las de Kelly. Ella está dentro y él está muerto, no creo que eche de menos su dedo…

Kate le miró sin creerse lo que estaba viendo. Para el escritor parecía totalmente normal haber aparecido en ese sótano con el dedo cortado perteneciente al cadáver que estaba sobre ellos en el piso de arriba. Kate no pudo observar ningún tipo de cambio en su rostro. Cansancio y resignación. Era como si Castle se hubiese rendido. Se imaginó por un momento lo que su prometido habría tenido que sufrir pensando que todos le daban por muerto.

- Podéis bajar las armas. Kelly estará drogada varias horas – les informó.

Ryan intentó adelantarse a Espo, demasiado ansioso por ver a la artífice de crear su doble. El rubio fue incapaz de hacerlo. Espo entró el primero encontrándose con su enemiga tirada en el suelo y tal y como había dicho Castle, dormida. En una gran pantalla, de nuevo las imágenes y sonidos provenientes de la casa de Castle.

- Desde hace días siempre me han acompañado – aseguró con un deje de tristeza – Casi desde la vuelta del funeral.

Ryan abrió la boca y miró a sus compañeros.

- Sí. Yo estuve en mi propio funeral.

De pronto Kate ató todos los cabos.

- ¡El anciano! – dijo pensativa.

Espo se movió rápidamente sacando a la detective de su abstracción, casi asustándola al ver que su compañero se abalanzaba sobre Castle evitando que esté cayese al suelo. Kate tuvo los suficientes reflejos para coger su mano.

- Váyanse ya al hospital – ordenó Gates a Kate – nosotros nos ocuparemos…

- ¿Me das las llaves de tú coche? – pidió la detective a Espo.

- ¿Mi coche? ¿Bromeas? – preguntó mientras le entregaba unas llaves que sacaba de su bolsillo – El Ford está ahí fuera… El Ferrari está… - dijo mientras miraba a Castle – En mis sueños…

Kate agarró las llaves y cogió a Castle del brazo empujándole hacia la puerta.

- ¿Cuánto tiempo estará inconsciente? – preguntó Gate sin esperar respuesta.

- Hasta la hora de comer – dijo Castle en un hilo de voz – le he inyectado la hidromorfona que estaba destinada a mí.

- ¿Hidro…?

- Un potente narcótico – aseguró el escritor – deberíamos irnos antes de que vuelvas a desmayarte... – le dijo a Kate.

La capitana asintió ante el comentario del escritor. Quería ganar tiempo ante el jefe de policía y demostrarle con pruebas que aquel sujeto y su cómplice eran peligrosos criminales tan inteligentes como locos, capaces de elaborar y poner en marcha todo tipo de escenarios y situaciones necesarias para conseguir sus propósitos, inclusive fabricar seres humanos a medida para robar informes y destruir pruebas con el único objeto de desaparecer con sus antiguas identidades para aparecer por sorpresa en otra parte del país y volver a matar simplemente por el placer de creerse en posesión de la virtud de dar o quitar la vida. Por que para Gates ese tipo era un loco que se creía Dios.

Kate salió de aquella casa aferrada a la mano de Castle. Aún no podía terminar de creer que después de todos esos días en los que poco a poco iba perdiendo la esperanza de encontrarle con vida, por fin ambos estaban juntos de nuevo. Como tenía que haber sido desde el principio.

Kate sonrió al acercarse al coche de Espo.

- Creo que lo único que no podrá superar Javi es haber perdido tu Ferrari.

El escritor sonrió y ambos entraron en el coche. Ella no pudo evitar mirarle, ahora que estaban los dos solos necesitaba unos minutos para dedicárselos mutuamente. Kate le acarició la mejilla y cuando él intentó poner su mano sobre la de la detective, un repentino temblor se lo impidió.

- ¿Qué sucede? – dijo ella cogiendo entre las suyas las manos del escritor.

- Estoy cansado. Sólo es eso – contestó él en un tono que a Kate le sonó a mentira.

Kate puso en marcha el coche. Cuanto antes llegasen al hospital y el escritor fuese tratado de lo que fuese que tuviese, antes volverían a estar juntos de nuevo, en casa… Dándose un largo y relajante baño y metiéndose en la cama para dormir por siglos abrazados, seguros, felices, cada uno en los brazos del otro.

No podía imaginar la cara que pondrían Alexis y Martha cuando le viesen vivo. Necesitaría medio siglo para que ellas perdonasen que no les pusiese al tanto sobre sus sospechas. En ese momento se acordó de Lanie. Estaría en la casa preguntándose que demonios habría pasado para que todos sus compañeros saliesen de la casa de Castle tan rápido y sin explicaciones.

Decidió llamarla y ponerla al día. Afortunadamente Lanie estaba sola, pues los gritos de alegría que dio al escuchar la voz del escritor hubiesen hecho que Martha y Alexis volasen hasta el hospital. Y Kate no quería que le viesen así. Recordó aquellos días en Washington cuando él casi muere, el sufrimiento de ambas hasta que él despertó. Se lo debía. Debía devolverle a su familia después de que un médico comprobase que aquellos dos depravados no le habían causado más daños que mantenerle drogado durante días.

Lanie prometió guardar silencio sobre el escritor, pero no consintió en dejarles solos en el hospital y en cuanto cortaron la comunicación la forense salió disparada para intentar llegar cuanto antes junto a ellos.

Lanie aparcó su coche casi a la vez que Kate. Afortunadamente para los tres, la forense utilizó sus recientes contactos para que el escritor pasase directamente a un box privado, evitando las urgencias del hospital.

Mientras Kate rellenaba los datos del seguro de Castle, él se quedó al cuidado de Lanie y a la espera de la visita del médico.

- Lanie, Kate se ha desmayado. Deberían hacerle un reconocimiento a ella también

La forense no pudo disimular su preocupación que no pasó desapercibida para él.

- No es la primera vez, ¿Verdad?

- No – asintió ella sin saber muy bien que debía decirle – pero está todo dentro de la normalidad. Los resultados indicaron que era únicamente estrés emocional.

- Ya… Pues creo que deberían hacerlo de nuevo – contestó él de inmediato.

Lanie iba a contestarle pero el médico accedió a la habitación seguido de Kate.

- ¿Qué tal si se quita esa ropa y utiliza la del hospital? – dijo el médico mirándole por encima de sus gafas.

Castle murmuró una disculpa pero no hizo intención de ponerse el pijama que le señalaba el médico.

- ¿Necesita intimidad?

El escritor asintió y Kate le miró sorprendida. ¿Qué clase de tortura le habrían infringido aquellos dos para que él se sintiese así?

- Rick… - dijo tomándole de las manos.

- Kate, me quedaré más tranquilo si tú también accedes a hacerte una revisión.

- Está bien – concedió ella mirando a Lanie.

Ambas mujeres salieron de allí.

- ¿Qué ha sido eso?

- Creo que únicamente está preocupado por ti. Deberías hacerte un nuevo chequeo, no es normal que hayas vuelto a desmayarte… ¿No estarás…?

- No… - aseguró la detective con tranquilidad – No estoy embarazada.

La forense expulsó el aire que contenía. Su móvil comenzó a sonar. Se disculpó y se alejó unos metros para hablar con tranquilidad.

Kate se acercó hasta el mostrador de ingresos. Preguntó por el doctor Monroe. Le quería a él. Nadie más debía volver de nuevo a hacerle las pruebas.

- ¿Es paciente de él? –preguntó la recepcionista.

- Estuve hace unos días y he tenido una recaída. Si no le importa me gustaría poder hablar con él…

- Le avisaré – dijo la mujer y señaló la sala de espera– espere allí.

Kate se sentó en una de las sillas de plástico impersonales pero impolutas de la sala de espera y siguió con la mirada el ir y venir de Lanie mientras hablaba por teléfono. Cuando la forense cortó la comunicación la buscó con la mirada y Kate se levantó e hizo una señal con su brazo.

- Era el jefe de policía. Brady. Debo ir a la casa.

- Ya. Hay un cadáver – dijo sentándose – yo debo esperar a mi médico, ve a hacer tu trabajo.

- Kate… El cuerpo es el del forense.

La detective imaginó que la forense iba a sospechar.

- No Lanie, es Tyson disfrazado – le dijo con seguridad.

- ¿Sabes? Eso mismo me dijo Brady que dirías, pero hasta que no se demuestre, él seguirá opinando que Castle ha matado al forense de la ciudad.

Kate echó sus manos a la cabeza, retirándose el pelo hacia atrás. Se inclinó hacia delante y puso los codos sobre las piernas sujetando con las manos su cabeza.

- No te preocupes, si está disfrazado lo demostraré en cuanto llegue.

- Por lo poco que me ha explicado Castle ha utilizado algún tipo de máscara de látex pegada a la cara, como hacen en los efectos especiales del cine…

Lanie asintió y puso sus manos sobre los hombros de Kate, que elevó su cabeza mirando a la forense.

- No te preocupes, este caso me motiva demasiado. Sea quien sea ese tipo encontraré la manera de demostrar que tu escritor le mató en defensa propia.

- Gracias Lanie – dijo Kate agarrando una de las manos de Lanie que aún descansaba sobre el hombro de la detective.

- Kate… Una cosa más… No tengo ni idea de lo que te pasa, pero si esto vuelve a repetirse una sola vez más, seré yo misma la que te lleve al mejor cardiólogo que conozco.

- No fastidies.

- Lo siento. Lo haré aunque tenga que pagarle el billete de avión de donde quiera que esté, y me imagino que será en alguna selva perdida…

- No creo que se te ocurra… - dijo Kate que no había vuelto a ver a Josh y tampoco le apetecía hacerlo.

- Es el mejor que conozco.

- ¿Quieres irte ya? Necesito que se demuestre cuanto antes que Castle es totalmente inocente. No quiero llevarle a casa, que Martha y Alexis le vean y que al jefe de policía se le ocurra llevárselo para meterle en la cárcel.

- Te llamaré en un rato.

- Gracias.

- Y llámame tú a mí si hay algo raro en tu revisión o en la de Castle.

- No te preocupes.

Kate la siguió con la mirada mientras la forense salía del hospital.

- ¿Señorita Beckett?

- Sí… - Kate se giró descubriendo al doctor Monroe.

- ¿Otra vez por aquí? ¿Algún nuevo episodio?

Kate asintió.

- Acompáñeme.

El doctor Monroe comenzó a hacer preguntas y le hizo un electrocardiograma.

- Como ya le dije, es imprevisible.

- Lo sé.

- Debería alejarse de todo aquello que le pueda provocar un sobreesfuerzo.

- Eso también me lo dijo.

- Entonces no hay nada que pueda hacer por usted – contesto el médico algo molesto.

- Gracias. Siento haberle molestado…

El doctor la miró y por un momento a Kate le pareció que la entendía.

- Le recetaré un somnífero. Intente descansar.

- Gracias.

Un buen rato después Kate abrió la puerta del box donde debía estar Castle. Él no estaba allí. Se asustó y salió de nuevo, preguntando a la primera enfermera con la que se cruzó.

- Creo que está en la zona de aseo. No tardará en volver.

Kate respiró aliviada. Volvió al box y se sentó sobre la camilla a esperarle. Comenzó a balancear sus piernas, mirándose los pies. Tal vez todos tenían razón, había perdido mucho peso. Pero todo eso iba a quedar atrás en unos días. Ella y Castle iban a recuperarse juntos. Si era necesario pediría una excedencia en comisaría por unos meses, pero no iba a dejar al escritor sólo. De hecho, ella no quería quedarse sola. Necesitaba sentirle cerca.

De pronto la puerta se abrió y el escritor apareció sentado en una silla y empujado por una de las enfermeras. Kate no pudo evitar sonreír ampliamente. Era curioso como volver a ver a Castle hacía que mil maripositas elevasen el vuelo dentro de su estómago y le produjesen un agradable cosquilleo.

- Me han dado una ducha – dijo contento él

- Sí.

Kate le observaba mientras se levantaba de la camilla para ayudarle junto a la enfermera y que pudiese tumbarse.

- ¿Qué tal ha ido tu revisión?

- Es sólo cansancio y estrés – contestó ella intentando que no se le notase que mentía.

- Ya.

- Me han recetado un somnífero más fuerte – dijo levantando la mano en la que descansaba el informe.

- Bien. Me alegra que no sea nada serio – contestó mirándola y acercó su mano hasta la de ella para acariciarla – Te quiero Kate.

Ella sonrió. Fue a inclinarse para darle un beso, pero la enfermera interrumpió.

- Será mejor que salga un momento. Tengo que hacer la cura y después podrá volver a entrar.

Kate asintió, pero no renunció a besar al escritor.

Cuando salió al pasillo notó una vibración en el bolsillo de sus vaqueros. Miró su iPhone descubriendo que se trataba de Alexis e ignoró la llamada. No podía hablar con ella aún. No hasta que tuviese la certeza de que todo había acabado y podía llevarse sano y salvo a Castle a casa. Ya llamaría.

Aprovechó la salida del box y fue hasta el control de enfermeras para preguntar si podría hablar con el médico de Castle. Tras unos minutos el doctor Heinz le puso al día sobre los pasos que estaban siguiendo y las primeras impresiones.

Volvió al pasillo y se asomó por la ventana de la puerta del box. La enfermera seguía allí. Se apoyó en la pared y miró al suelo. Tarde o temprano tenía que tomar una decisión sobre su propia salud. Evitarlo no solucionaba el problema.

Levantó la mirada al oír un taconeo conocido y descubrió a su jefa acercándose con paso ligero a ella. Gates sonreía.

- ¿Cómo está el señor Castle? – preguntó la mujer.

- Parece que bien, le han hecho pruebas y estamos esperando los resultados, pero su médico está confiado en que no habrá nada raro, ahora mismo le están curando la herida de la pierna.

- Bien.

- ¿Era Tyson? – preguntó la detective.

- Tengo buenas noticias. La doctora Parish ha podido probar que era Jerry Tyson. Tan sólo tuvo que retirar la máscara y el látex.

Kate suspiró aliviada.

- Hemos encontrado todo un arsenal de máscaras en la casa.

- Ya puede pasar – interrumpió la enfermera saliendo del box – en seguida volverá el doctor con los resultados de las pruebas. Le he puesto un tranquilizante, debe descansar. En cuanto el doctor hable con ustedes, será trasladado a planta.

- Gracias por todo – contestó Kate aliviada.

Ambas mujeres entraron al box. Castle estaba tumbado con los ojos cerrados. La detective se acercó, comprobando que dormía. Acarició su mejilla, colocándole el flequillo.

- Tengo que afeitarle – dijo sin darse cuenta que hablaba en voz alta.

- Beckett… - dijo la capitana a su espalda – Me alegro que todo esto haya acabado bien.

Kate se derrumbó y abrazó a su capitana. Habían sido demasiadas emociones juntas y las había soportado todo lo estoicamente que podía.

- Gracias… - le dijo a Gates.

La mujer, sorprendida en un principio, se repuso entendiendo que su subordinada había pasado por una situación por la que nadie debería pasar.

- Gracias por creer en lo que le decía – dijo de nuevo Kate.

Gates la apretó contra ella, fundiéndose en un abrazo protector. Por un momento pensó que estaba tratando con su propia hija.

- Ahora lo importante es que ambos se recuperen y vuelvan a fijar una fecha para su boda.

- Créame, ahora en lo que menos puedo pensar es en casarme.

- ¿Cómo dices? – preguntó en un hilo de voz desde la camilla el escritor – No he vuelto de entre los muertos para que me dejes plantado en el altar…