10


Tenía diez años cuando vio por primera vez Dumb and Dumber. Lloyd y Harry, los personajes de Jim Carrey y Jeff Daniels, respectivamente, le hacían desternillarse de risa y cada vez que veía la Ford Econoline 1984 con forma de perro, juraba que tendría una idéntica cuando fuera grande. Se puso triste cuando al canario de Harry «se le deprendió la cabeza» y se molestó cuando «la dulce anciana en un carro motorizado» le robó las cosas a Lloyd. Pero jamás, en sus escasos diez años había odiado tanto a alguien como lo hacía con Joe Mentalino, el secuaz matón que quería matar a los «héroes divertidos y traviesos» que tanto le hacían reír.

Y ahora entendía perfectamente la posición del hombre.

Entendía perfectamente porqué el tipo estuvo a punto de sacar el arma y matar a Lloyd y Harry cuando empezaron a cantar en la camioneta. Lo entendía porque la escena se estaba repitiendo en ese mismo momento en la sala del departamento de Rachel con ella en el papel de Mentalino, Frannie a su lado derecho y la joven camarera a su lado izquierdo. Las únicas diferencias entre la escena de la película y la escena que estaba protagonizando ella era que no iban en una camioneta y tampoco iban cantando Mockingbird de Inez and Charlie Foxx, sino que estaban en el sofá de Rachel cantando todas y cada una de las canciones de La Bella y la Bestia.

Debería haberse ofrecido para acompañar a Kitty a buscar las pizzas y el helado. Debería haberlo hecho.

—Sigo pensando que Gastón tiene el pecho lampiño como tu novio —comentó cruzada de brazos y con el entrecejo fruncido.

—Y yo sigo pensando que te ves como una nenita caprichosa. —Replicó Rachel sin quitar la mirada de la pantalla—.Y hablando de Brody… gracias por nombrarlo —ironizó la morena moviendo el teléfono móvil frente a los ojos de Quinn. Berry se alejó de ella con el aparato pegado a la oreja—. Hola, Brody.

—Mínimo, un «Hola amor», ¿No? —susurró siguiendo a la camarera con la mirada. Sin quitar los ojos de la morena, le dio un manotazo a Frannie para llamar su atención.

— ¿Qué? No me jodas —se molestó la rubia de ojos azules—. ¿Qué quieres?

—Cierra la boca. Soy tu hermana menor, préstame atención —ordenó con el entrecejo fruncido. No le gustaba para nada ver los movimientos que la morena hacía con su mano libre. Como si estuviera molesta—. Mírala. ¿Crees que esté discutiendo de nuevo con el idiota?

—Primero, ¿Qué es eso de «De nuevo»? Y segundo, ¿Quién es el idiota?

—Brody, el novio sin pelos en el pecho, ¿Quién va a ser? —Susurró con un deje de impaciencia—. Ya discutió con él el día que la llevé a cenar con mamá, ¿Recuerdas que les dije que estaba pasando un mal momento a causa del novio? Bueno, era porque discutió con él. Y en lo que va de este mes, ya han discutido más veces de las que hablaron.

No era que estuviera pendiente de lo que Rachel hacía o dejaba de hacer, simplemente —y porque era absurdo seguir negándolo— la morena le importaba. Lo hacía de la misma forma en la que se preocupaba por su madre, por sus sobrinos, por Frannie. Y al mismo tiempo no era en nada parecido a ese tipo de preocupación fraternal. Quizás se debía a que Rachel era la única persona que estaba a su lado en ese momento y quería cuidarla, porque esa sería su forma de agradecerle la enorme paciencia que tenía para con ella. Por eso observaba cada movimiento de la joven.

Había notado que por lo menos una vez a la semana, el idiota amante de la depilación llamaba a Rachel y, vaya uno a saber qué le decía, dejaba a la morena con la alegría por los suelos. Su sonrisa no volvía a ser radiante como siempre hasta el día siguiente. A veces hasta pasaban un par de días antes de que Quinn volviera a disfrutar de esa sonrisa a la que ya se había acostumbrado. No entendía qué tan idiota tenía que ser uno como para malgastar el tiempo en discusiones cuando tenía a alguien tan genial como Rachel enfrente.

Y eso era algo que jamás se lo diría a la morena, ni mucho menos se lo repetiría a ella misma.

Sintió todo su rostro arder cuando Rachel la descubrió mirándola. Y sintió lo más parecido a un puñetazo certero en el estómago cuando la morena sonrió mordiéndose el labio y levantó su mano libre saludándola desde la escalera de emergencias. Sintiendo que un suspiro quería escaparse de lo más profundo de su interior, correspondió el saludo levantando ella también su mano, junto con una media y tambaleante sonrisa. Si Rachel iba a agradecerle su atención de esa forma, con gusto pasaría horas mirando a la joven solo para asegurarse que estaba bien.

Incluso a la distancia el marrón en los ojos de Rachel seguían siendo tan atrapante como lo eran a pocos centímetros de distancia. La fría brisa de la noche hacía lo que quería con la melena de la camarera, sobre todo en su flequillo. Cosa que causó gracia en Quinn hasta el punto provocarle una pequeña risa por lo bajo. Había notado que posiblemente, de un tiempo para acá, se reía con todos pero definitivamente era con Rachel con quien se reía más.

Y era entonces cuando comenzaba el conflicto en su interior. Su mente le ordenaba que levantara un muro el triple de alto, ancho y fuerte del que había caído, y su interior le pedía, por favor, que se dejara llevar. Le decía que, posiblemente, esta vez la historia sería diferente. Su cabeza rebatía eso diciendo que no podía apostar la poca confianza que le quedaba solo un «posiblemente». Y todo el conflicto volvía a repetirse haciéndole sentir completamente perdida.

—Creo que necesita hablar con alguien —comentó Frannie que había pegado su mentón al hombro de Quinn—. Su amiga todavía no volvió y yo no tengo tanta confianza con ella. Así que… creo que lo mejor será que vayas tú a ver qué es lo que le pasa. Y si quieres, más tarde podemos hablar… de lo que sea.

—No, no de lo que sea. En realidad quieres hablar de Rachel —replicó Quinn sin quitar la mirada de la morena que ya había cortado la llamada.

—En realidad quiero acercarme a ti, Quinn —aclaró Frannie destilando sinceridad en cada palabra—. Y como sé que Rachel forma parte de tu vida, hablaremos de ella si así lo quieres.

No, no lo quería. Era plenamente consciente que hablar con Frannie y decir en voz alta todos sus pensamientos y confusiones equivaldría a ponerle nombres y etiquetas a todo lo que estaba pasando dentro de ella, y sinceramente no estaba preparada aun para saber qué era lo que realmente le pasaba. Vivir en la ignorancia siempre había sido lo mejor para ella. Creía fielmente en el dicho de «ojos que no ven, corazón que siente felicidad». Había sido feliz no sabiendo la clase de persona que era su padre. Había sido feliz también no sabiendo —o mejor dicho, ignorando— lo que sufría su madre. Había sido feliz no sabiendo la carga que podía significar en la vida de Santana, hasta que la realidad la golpeó. Así que ahora estaba bien no sabiendo qué mierda era lo que andaba mal con ella.

—Deberías ir —volvió a insistir Frannie alejándose de su hermana menor.

—Ya voy, ya voy. No hace falta que me empujes —se quejó Fabray poniéndose de pie. Le enseñó el dedo medio a su hermana y fue directo a las escaleras de emergencia donde estaba Rachel—. Hey, Berry…

—Hola, Ricitos de oro —saludó la camarera con una sonrisa débil—. ¿Kitty todavía no volvió? —Quinn negó con la cabeza—. Seguramente está… está coqueteando con el pizzero. Siempre que va, tarda el triple de tiempo en volver. Por eso odio cuando va a…

No dejó que Rachel terminara de hablar. En cuanto notó el temblor en la voz de la morena, supo lo que pasaba y lo que tenía que hacer. Lo que quería hacer. Así que cortó sus palabras con un simple gesto: un abrazo. Uno que ella se moría por dar y que Rachel parecía necesitar, a juzgar por la manera que rodeó su cintura. Como si temería que se fuera a ir.

Pobre gnomo ingenuo. Si supiera que ahí era donde ella quería quedarse.

No había vuelto a abrazar a la morena desde esa vez que lo hizo en Lima pero a veces, sobre todo cuando estaba en compañía de la joven, se descubría a si misma anhelando volver a sentir los brazos de Rachel alrededor de su cuerpo. Y ni siquiera el hecho de saber que nuevamente estaba llorando sobre su pecho evitaba que sintiera una extraña sensación de calidez expandiéndose por todo su interior. Llevaba tanto tiempo sin ser la amiga de alguien que pensó que sentir eso era normal entre personas que inician una amistad. Aunque claro, la sensación que sentía con Rachel distaba mucho de la que alguna vez sintió con Santana.

Que no era buena lidiando con persona que lloraban, eso estaba bastante claro. De hecho, le incomodaba tener que estar cerca de alguien que se deshacía en lágrimas. Pero si a eso se le sumaba que la persona en cuestión era Rachel, lo hacía todo aún más peor. Ya no era incomodidad lo que sentía al tener a la joven llorando en su pecho, sino impotencia, rabia. Rachel estaba sufriendo una decepción de amor cuando se suponía que no debía ser así. El idiota no tenía que llamarla solo para dejarla triste, sino para decirle lo mucho que la extrañaba, que la necesitaba, decirle que ella su mundo. Se suponía que el amor era contención, ¿No? ¿Entonces porque Rachel terminaba tan rota cuando terminaba de hablar con su novio?

— ¿Quieres…?

—No vendrá para mi cumpleaños —interrumpió la morena un poco más calmada pero, al parecer, sin ánimos de querer separarse del pecho de Quinn—. El idiota dice que tiene una cena importante a la que asistir porque estará llena de productores y debe mostrarse. Me dijo que si tanto quiero pasar mi cumpleaños con él, viaje a Los Ángeles.

— ¿Iras? —preguntó con un nudo en la garganta.

No había pensado en el cumpleaños de Rachel hasta que la morena volvió a mencionarlo. Se había enterado de la fecha a causa de Dani que estaba desesperada por planear como lo festejarían. No participó en la conversación entre las camareras pero cuando estaba a punto de irse del Spotlight, tres noches atrás, Rachel se acercó a ella y le dijo que le gustaría que estuviera ese sábado a su lado. El vuelco en su estómago, fue completamente ignorado mientras asentía con la cabeza sin detenerse a pensar ni por un segundo la respuesta.

Rachel se sentó en uno de los escalones de la escalera de emergencia soltando un suspiro. Como si quisiera decir algo que no debía. De hecho, puso los ojos en blanco mientras se limpiaba el resto de lágrimas y gruñía por lo bajo. Quinn apretó los puños con fuerzas para no ceder a tentación de ser ella quien limpiara dichas lágrimas. Ya la había abrazado, no podía dar otra muestra física de preocupación e interés.

—Sinceramente, siento que no tengo ganas de pasar otro cumpleaños en compañía de Brody —respondió Rachel con sus ojos marrones clavados en Quinn—. ¿Está mal que no quiera pasar mi cumpleaños con mi novio?

—Yo… —intentó decir pero nada salió de su boca.

—Desde hace un tiempo siento que algo anda mal entre nosotros y notó que él no hace nada por cambiar eso. Ni yo tampoco —continuó Rachel. Apoyó su cabeza en el hombro de Quinn cuando ésta se sentó a su lado. Si notó o no la tensión repentina en la rubia no lo mencionó para nada o lo ignoró—. Lo quiero pero a veces me pregunto si sigo enamorada de él o si es nada más que costumbre.

—Creo que… creo que deberías hablarlo con alguien de tu confianza

—Tú eres de mi confianza —afirmó Rachel demasiado cerca de su mejilla derecha—. ¿No te has dado cuenta aun? ¿Crees que sigo a tu lado por lastima o algo por el estilo? Si crees eso, estas muy equivocada. Que tú no confíes en mí, no significa que yo no confíe en ti.

Pensó que Rachel iba a alejarse de ella cuando escuchó el resoplido que la joven dejó escapar, por eso se sorprendió cuando la camarera no solo volvió a recostar su cabeza en el hombro, sino que además buscó el contacto de manos. Quinn se sintió repentinamente mal porque sentía que estaba ocupando un lugar que no le pertenecía. Ella no debía ser quien aguantara un suspiro provocado por Rachel, no debía ser en quien la morena depositara así sea una mínima cantidad de confianza, no debía ser la confidente de Rachel. No cuando ella no planeaba hacer lo mismo.

Entonces su lado egoísta apareció y le gritó: «Cierra la boca y disfruta de una maldita vez lo que te hace bien. Si ella termina herida, es su culpa. No la nuestra». Pero ese no era tampoco el caso. Si fuera otra persona le daría exactamente lo mismo lastimarla pero, nuevamente, se trataba de Rachel. La camarera que se acercó a ella, quien de a poco se iba haciendo un lugar en su vida, quien estaba junto a ella sin esperar nada a cambio. No podía solo lastimarla y ya. No sería lo correcto.

— ¿Estas bien? —Susurró Rachel cerca de su oído. Maldición, seguramente había notado lo tensa que estaba. ¡Demonios! —. ¿Dije algo malo?

—No —respondió alejándose unos centímetros para mirarla. No debió hacer eso. Primero porque un mechón de pelo le cubría el rostro a la morena. Y segundo, eso era tan divertido como tentador. Cerró los ojos antes de continuar. Si Rachel estaba contándole sus cosas, lo mínimo que podía hacer era ser honesta con la joven, ¿No?—. Solo estaba pensando que no deberías contarme esto a mí, ni mucho menos ser alguien en quien debas confiar. No debería ser yo quien… quien esté aquí contigo.

—Pero eres a quien elijo en este momento, Quinn —fue todo lo que dijo Rachel encogiéndose de hombros—. Lo vengo haciendo desde hace un tiempo. No sé quién eres, no sé de donde saliste ni adonde me llevará esto, o si alguna vez confiaras en mi como yo lo hago. O si acaso terminaré con el corazón destrozado. No sé nada de eso. Solo sé que... que me hace bien hablar contigo. Escuchas cada cosa que digo por muy estúpida que sea, y a veces eso es todo lo que necesito.

—Rachel… —rogó alejándose de la morena—. Esto está mal. No deberías… terminaras mal, en serio. Y yo no… Yo no puedo hacerte esto. Eres demasiada luz para mi oscuridad.

—Y tú eres demasiado terca como para entender las cosas —replicó la morena tomándola de la mano, obligándola a que se sentase de nuevo junto a ella—. Vales más de lo que crees y, si me permites ser honesta, creo que te asusta pensar en eso. Te asusta creer que alguien pueda llegar a tu vida y te haga sentir cosas porque eso te convertiría en una persona con sentimientos y emociones, echando por tierra años y años de fachada fría y distante. ¿Crees que no me doy cuenta que no eres lo que aparentas?

—Soy así —rebatió con el entrecejo fruncido.

—Claro que no. He visto cómo eres con las personas que te importan…

—Nadie me importa.

—Yo sí —señaló Rachel colocando una mano en la mejilla de Quinn que tensó la mandíbula—. Aunque lo niegues. Llámame loca si lo prefieres pero siento que te importo. De otra forma no me abrazarías como lo hiciste esa vez en Lima y ahora de nuevo aquí. Yo sí te observo, Quinn, y la mujer que dejas ver al resto dista mucho de la hermosa mujer que está ahora enfrente de mí. Sal corriendo luego si quieres e intenta alejarme pero este momento… Este momento es mío con la Quinn que realmente siento que eres y no la quieres mostrarme.

No dijo nada. En un movimiento completamente impulsivo sonrió mordiéndose el labio y colocó su mano sobre la de Rachel. Claramente no estaba pensando. O por defecto, simplemente estaba sintiendo. Era completamente consciente de que no debía seguir allí, porque cada segundo que pasaba pegada a Rachel la dejaba más vulnerable, y más le hacía creer a la morena que lo fría e indiferente solamente era una máscara. Aunque, ¿Cómo era realmente? Había olvidado la Quinn que era cuando vivía en Lima y ahora comenzaba a olvidarse de la Quinn que era en Nueva York.

A lo mejor era momento de encontrar una nueva Quinn. Una que fuera tanto luz como oscuridad. Una que no sintiera timidez cuando Rachel le dijera cosas bonitas o que no se comportara como una idiota todo el tiempo. Una que buscara un empleo que le hiciera feliz o un corte de pelo nuevo, ¿Quién sabe? Una que volviera a experimentar todos esos sentimientos de romanticismo y dependencia hacia otra persona quedaba completamente descartada, porque la Quinn que alguna vez llegó a sentir algo jamás volvería. Así de simple. ¿Le asustaba la idea de quedarse solterona el resto de su vida? Por supuesto que sí, pero era mucho peor pasar toda una vida con un corazón roto imposible de reparar.

— ¿Por qué llorabas si no quieres pasar tu cumpleaños con el… con tu novio? —preguntó después de un momento en silencio. La mano de Rachel ya no descansaba en su mejilla pero si seguía unida a la suya dibujando círculos con el pulgar.

—Porque me sentí la peor persona del planeta —fue la respuesta de la morena soltando un suspiro—. Se supone que tendría que ponerme mal porque no lo veré y sin embargo… sin embargo, me siento bien... libre. Y eso está mal porque es mi novio y tengo que extrañarlo, no sentir que me caen toneladas de molestia cada vez que llama por teléfono.

—No soy buena hablando de sentimientos, eso ya lo sabes —comentó con una sonrisa de disculpa—. Pero creo que eso es algo que tienes que resolver tú misma. Si ya no quieres seguir con él, entonces lo dejas. Pero si lo quieres, entonces sigue intentándolo. A lo mejor tienes que volver a verlo para saber qué es lo que realmente quieres.

—O para terminar todo de una vez —soltó Rachel mirándola directamente a los ojos—. ¿Has…? ¿Has sentido alguna vez algo que no deberías sentir?

—Te… te olvidas que yo no… no siento. Soy un robot sin sentimientos —balbuceó esquivando los océanos chocolates de Rachel cuando estos se volvieron demasiado profundos—. Igual, te repito. Es algo que tienes que resolver tu misma. Si estas sintiendo algo que no deberías, entonces piensa bien si ese sentimiento te ayudara a avanzar o te mandara directo al punto partida. En mi opinión, el solo hecho de sentir ya te hace volver hacia atrás.

—Pero tú eres un robot sin sentimientos —bromeó Rachel.

—Y tú eres una idiota.

— ¿Una idiota?

—La peor de todas.

—Oh… —se quejó la morena con el entrecejo fruncido—. Ya cagaste nuestro «Okay». La próxima yo haré lo mismo con el tuyo.

Quinn se quejó cuando recibió un puñetazo débil en su hombro pero al final terminó sonriendo. Porque —«mierda»— era eso lo que Rachel generaba en ella. Podían pasar de la confidencia más secreta al chiste interno compartido con la misma complicidad. Y otra vez empezaba el dilema, porque por un lado estaba completamente aterrada y por el otro no veía la hora de volver a bromear o secretear con Rachel para sentir de nuevo que tenía una cómplice en quien apoyarse.

—La chica con nombre de gato acaba de llegar con las pizzas, el helado y otra chica más con tatuajes en los antebrazos —intervino Frannie algo divertida. Al menos hasta que sus ojos azules captaron el agarre de manos de su hermana y Rachel, lo que provocó un levantamiento lento de ceja izquierda y una media sonrisa—. Rachel…

—Oh, si —suspiró la morena poniéndose de pie arrastrando a Quinn con ella—. Vamos a cenar y a ver Into The Woods —canturreó moviendo las manos de un lado al otro, moviendo la de Quinn también que aún no había soltado—. Musical, Broadway, Meryl Streep, Emily Blunt y Anna Kendrick. Todo en una misma película. Vamos, Quinn…

—Quinn se queda conmigo unos segundos —interrumpió Frannie tomando el brazo de su hermana—. Tengo algo que hablar con ella.

¿Qué mierda tenía que hablar con ella? No le apetecía otra «charla sentimental» porque ya había tenido suficientes emociones con la que mantuvo con Rachel minutos antes. Y tampoco le apetecía que su hermana le interrogara acerca de que mierda hacían ella y la morena tomada de las manos y demasiado juntas. Porque sabía que la cosa venía por ahí. No era idiota. La curiosidad de Frannie casi superaba el nivel de idiotez que poseía.

— ¿Tiene que ser ahora? —con un poco de suerte, se escaparía de toda esa situación.

—Sí, Quinn. Ahora.

—Ok. Voy a ver a las chicas entonces, ¿Te veo adentro? —preguntó la morena con timidez. La menor de las Fabray asintió con la cabeza.

— ¿Y a mí no me ves adentro? —cuestionó Frannie con el entrecejo fruncido.

—Oh, si… por supuesto.

Rachel entró de nuevo a su departamento pero antes de perderse completamente de vista, se dio vuelta en el lugar y le regaló a Quinn una sonrisa. La más pequeña de las Fabray suspiró antes de corresponder el gesto del mismo modo. Una vez que la camarera se perdió de vista, Fabray se giró y enfrentó a su hermana mayor iniciando un duelo de miradas. ¿Por qué tenía que comportarse de esa manera? ¿Por qué tenía que entrometerse e incomodar a Rachel?

— ¿Era necesario eso, Frannie? ¿Poner incomoda a Rachel?

—Parecía demasiado cómoda contigo —observó la rubia de ojos azules cruzándose de brazos—. Sobre todo por el agarre de manos y como te miraba.

—Vete a la mierda —escupió con molestia.

—Seré buena hermana y te llevare conmigo —replicó Frannie. Quinn hizo amague de querer entrar al departamento pero, una vez más, su hermana la detuvo—. Escucha, no quiero pelear, ¿Ok? Ni que sientas que estoy metiéndome en tu vida. Solo… quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea, ¿Si? Y si en algún momento te apetece hablar de lo que quieras… estoy aquí. Puede que ahora no lo necesites pero en un futuro quizás sí. Solo eso, Quinn.

Sin decir nada más, Frannie regresó al departamento de Rachel. La rubia de ojos avellanas se quedó unos segundos más afuera intentando asimilar todo lo que había pasado en el transcurso de esas horas. Desde hacía poco más de tres horas que estaba en el departamento de Rachel, viendo una película de Disney con ella al lado, habían mantenido una charla profunda en las escaleras de emergencia donde la morena dejaba entrever que quizás ya no estuviese enamorada del idiota que tenía como novio, y ahora iba su hermana y le decía que podía contar con ella cuando llevaba años pensando que algo así era completamente imposible. Fueron demasiadas cosas juntas, demasiados sentimientos encontrados. Así que no se sorprendió cuando se descubrió a si misma apoyada sobre el barandal de la escalera respirando profundo.

Dio un salto en el lugar cuando una mano se posó en su espalda sacándola de su caótica mente. El aroma frutal y dulce le dio un indicio de quien se trataba pero no quiso darse la vuelta. No cuando sabía que una mirada intensa estaba esperándola.

— ¿Estas bien? —preguntó la morena poniéndose a su lado. La mano aún seguía en la espalda de Quinn que respondió con un asentimiento de cabeza—. Ok. Kitty dice que si le hago ver un musical, me tiraran de la azotea, así que les dije que como tú y tu hermana son nuestras invitadas ustedes serán las encargadas de elegir la película.

—Frannie elegirá cualquiera en la que aparezca Bon Jovi, así sea solo un cameo, o cualquier comedia romántica completamente inverisímil o repetitiva —rió poniendo los ojos en blanco—. De esas que ya sabes cómo termina. El chico conquista a la chica, el mejor amigo se enamora de la protagonista de turno, ambos protagonistas están enamorados uno del otro y recién en el final quedan juntos… ¿Qué? —preguntó cuando la morena la miró raro.

—Nada. Es… es solo que estas contándome los gustos de tu hermana y sinceramente quiero… quiero conocer los tuyos. Solo eso.

—Cualquier película que contenga sangre o cause miedo, me pone feliz —soltó entrando al departamento junto con la morena—. Si tienes alguna de terror, con gusto la vería. Pero terror del bueno, las de suspenso, de esas que el fantasma aparece de la nada. No me gustan las que dicen ser de terror y al final es solo sexo, droga y… bueno, masacre.

—O sea que ninguna de las de Wrong Turn te gusta —afirmó la morena riéndose.

—Esas son un asco total, Rachel. Son el aborto del cine de terror. Prefiero más Insidious, incluso la tres.

—Oh, sí. La protagonista de la tres se llama como tú y la actriz aparece en el video de Girls like Girls de Hayley Kiyoko. Y el padre…

—El padre es el mejor amigo de Julia Roberts en My Best Friend's Wedding —acotó Quinn con una sonrisa—. No sabía que la que me robó el nombre salía en ese video. Ni siquiera escuché la canción…

—Si no vivieras debajo de una roca, la habrías escuchado —se burló Rachel. Quinn le sacó la lengua. Lo que provocó una carcajada en la morena—. Más tarde te muestro el video. Ahora vamos a comer que muero de hambre, y tú también, aunque lo niegues. Vamos.

Al final la película que vieron mientras comían las pizzas tardías y el helado derretido que Kitty trajo, fue una comedia romántica: Love, Rosie. No era la preferida de Quinn, ni siquiera estaba en la lista de «posibles preferidos» o «películas que vería más de una vez», pero nunca estaba mal escuchar el acento inglés y ver la sonrisa guasona de Sam Claflin en pantalla. La película, como le había dicho a la morena, era la típica historia de amor donde dos mejores amigos que se conocen desde la infancia se enamoran uno del otro pero que ignoran los sentimientos ajenos. Uno lleva a la zorra del colegio al baile de graduación y la otra al galán de turno sin dos dedos de frente. Uno pierde la virginidad con la zorra y la otra queda embarazada del idiota. Pasan los años, se alejan, se acercan, se vuelven a alejar, hacen su vida lejos del otro y al final, cuando uno de los dos se casa, se dan cuenta de la realidad: que estaban destinados a terminar juntos desde el principio.

Sí, todo muy cursi y empalagoso para su gusto. ¿Por qué le cedió el lugar a Frannie a la hora de elegir la película?

—Prometo que para la próxima tendré una película de terror —susurró Rachel disimuladamente en su oído. La camarera fingió acomodarse mejor bajo la manta y se acercó más a Quinn—. ¿Te parece bien? —Fabray asintió porque no podía girarse y hablarle a la morena en el oído. Quedaría demasiado obvio, y tenía a Frannie a su lado.

Kitty se había quedado dormida nada más empezar la película. Cuando iba por la mitad, Dani la despertó y la acompañó a su dormitorio. Volvió a los cinco minutos diciendo «Ya la arrope y ahora duerme como un bebé» que causó gracia en Rachel. La camarera rubia con tatuajes en los antebrazos se recostó en el sillón individual con un bol de palomitas solo para ella, incluso llegó a forcejear con Frannie cuando a la mayor de las Fabray se le acabaron las de ella y quiso más. Quinn se sorprendía de la capacidad de su hermana para sociabilizar con los demás y caerles bien. Sabía que Frannie tenía ese «don», lo había visto infinidades de veces, pero no dejaba de sorprenderle el hecho que sociabilizara con personas como Rachel o sus amigas, que estaban muy debajo del límite de edad para «conversar como adultos», como decía Frannie.

— ¿Vemos otra romántica con Sam Claflin de protagonista? —preguntó Dani cuando Love, Rosie llegó a su fin—. Llevo meses sin llorar, y Emilia Clarke en pantalla es digna de ver. Además…

—No vamos a ver Yo antes de ti —negó Rachel. Quinn no dijo nada y Frannie frunció el entrecejo—. Si quieres llorar, pásate una cebolla por la cara o…

—O préstame una foto de tu novio —replicó la rubia tatuada con una sonrisa burlona—. Ok, en serio. Por favor, Rachel. Mi lado gay te pide que te apiades de él y lo dejes babear en paz. Además ya lo superamos, ¿Recuerdas?

—Hmm… —llamó la atención Quinn con una mano en alto—. Yo leí el libro y aun no lo supero.

— ¿Ves? No, nada de lágrimas. Ya tuve muchas esta noche —comentó Rachel lanzándole a la rubia una mirada significativa—. Pero podemos ver otra cosa.

—Yo, si no les importa, me iré a dormir —intervino Frannie poniéndose de pie.

—Te mostraré donde está el dormitorio de Kurt —ofreció Rachel con una sonrisa.

—Ok. Buenas noches, Dani —se despidió la mayor de las Fabray. La rubia tatuada saludó con un movimiento de manos porque estaba más concentrada en poner clandestinamente en el DVD la película que quería ver. Frannie se acercó a su hermana por detrás del sofá y la abrazó dejándole un beso en la cabeza. Solo para que la rubia menor la escuchase, susurró—: Buenas noches, mi pequeña Quinnie.

—Buenas noches, idiota —correspondió Quinn dejando un beso en las manos de su hermana—. Descansa, ¿Ok? Me uniré a ti en un rato.

—No creo que eso sea posible —fue lo último que dijo Frannie dejándola algo confundida.

Odiaba cuando su hermana jugaba con las palabras. Lo hacía cuando vivían en Lima, siempre diciendo las cosas pero no de forma clara. Como si quisiera dejar entrever algo. Y ahora volvía a hacerlo pero, ¿Por qué? ¿Por qué no iba a ser posible que durmieran juntas en el dormitorio del amigo de Rachel cuando se suponía que era así como tenía que ser? Aunque, si Frannie seguía durmiendo tal y como lo hizo la última vez que compartieron cama, años atrás, prefería dormir en el suelo. Esa vez estuvo tres días con la nariz hinchada a causa de la patada o el puñetazo, no lo tenía bien en claro, que su hermana mayor le había dado mientras dormía. Por lo tanto, no le apetecía pasar por eso otra vez.

—Quita esa película, Danielle. Hablo en serio —advirtió Rachel cuando regresó a los pocos minutos—. Le daremos a tu lado gay su dosis pero no con esta película. Por qué no preparas más palomitas y yo pongo otra, ¿Te parece bien?

— ¿Y qué tal si yo pongo la película, no ésta, obviamente, y tú preparas las palomitas? —rebatió Dani. Rachel asintió dejando, inconscientemente quizás, una caricia sobre el hombro de Quinn.

La camarera volvió varios minutos después con dos cuencos de plásticos repletos de palomitas de maíz. Le entregó uno a Dani que le agradeció con una sonrisa, y el otro se lo dio a Quinn para que se lo sostenga. La rubia se tensó ligeramente cuando Rachel se recostó a su lado cubriéndose con la manta. Estaba demasiado cerca para su gusto, y nuevamente dejaba en evidencia que no tenía ningún respeto por el espacio personal ajeno. Quizás eso era lo que hacían las amigas cuando se juntaban a ver películas y como ella llevaba años sin compartir algo así, todo le parecía raro y por eso se incomodaba o se ponía nerviosa.

— ¿Te molesta si…? —preguntó la morena cuando dejó las palomitas sobre la mesa ratona. Por la seña que le hizo a Quinn, ésta supo lo que quería. Negó con la cabeza a modo de respuesta y entonces Rachel recostó su espalda en el pecho de Fabray cubriéndola a ambas con la manta—. Gracias, estoy algo cansada.

—Podemos ir… Hmm… dormir… nosotras… O sea, no tú y yo juntas, sino… —balbuceó. Rachel le sonrió con ternura.

—Quiero quedarme un rato más… así, como estamos ahora—susurró la morena y a Quinn le sonó a confesión. ¿Dani seguía con ellas? —Si no te molesta, claro —nuevamente Fabray negó con la cabeza—. No vayas a pensar que… Es solo que quiero que te sientas cómoda conmigo y quizás, empieces a verme como una amiga. Porque tú lo has sido hoy para mí. Soy consciente de que tú no…

—Shh… —siseó Dani en la oscuridad de su sillón y con la boca llena. Sí, seguía con ellas—. Anna Kendrick le está contando a Joseph Gordon-Levitt que todavía stalkea al ex novio en Facebook.

—Como decía… —continuó la morena ignorando a su amiga. Se enderezó y se acercó al oído de Quinn que tragó saliva—: Soy consciente que no eres el tipo de personas que dan muestras de afecto físicas o emocionales pero quiero que conmigo eso sea diferente. Que no te avergüence o… —el aliento cálido de Rachel golpeando en su oreja estaba provocando que un enjambre de abejas revolotearan en su estómago—. No quiero que te sientas incomoda conmigo, ¿Ok? Y si mi acercamiento te molesta solo tienes que decirlo. Quiero estar a tu lado, Quinn…

«Deja de decir mi nombre como si saborearas cada letra», quiso rogarle pero el nudo en su garganta se lo impidió.

—Quiero que seamos amigas, aun si no confías en mi —terminó diciendo Rachel. Se alejó un poco de Quinn clavando sus ojos marrones en los avellanas de la rubia—. Prometo ir a tu ritmo porque esto es algo que no quiero arruinar.

Necesitaba con suma urgencia que alguien le explicase porqué maldita razón estaba sintiendo que le faltaba el aire, porqué de repente en todo el departamento empezó a hacer calor, o porqué al cerrar los ojos se imaginaba acortando esa distancia entre Rachel y ella para fundirse en un abrazo que se moría por dar. La morena una vez más estaba poniendo todo de ella sin esperar nada a cambio y al mismo tiempo, estaba haciendo que todo el mundo de Quinn se tambalease sobre una cuerda a punto de romperse. Lejos quedaban esas intenciones de alejarse de las personas cuando Rachel estaba cerca de ella. Lejos quedaba su autocompasión porque sentía que era especial, que alguien en el maldito planeta podía llegar preocuparse por ella. Y estaba mal permitir que esas sensaciones crecieran dentro de ella pero no podía hacer nada para evitarlo.

O a lo mejor no quería.

Porque después de tantos años, su congelado corazón volvía palpitar con la certeza de una nueva ilusión creciendo en su interior. Después de tantos años su interior le incitaba a cerrar los ojos y caminar sin pensar en las piedras que podía encontrar en el camino. Después de tantos años su mente volvía a pensar en un «Quizás, no estaría mal intentarlo». Después de tantos años volvía a sentir esas ganas de vivir y de compartir algo con alguien. Y quizás Rachel no tenía nada que ver en eso, quizás… ¿A quién pretendía engañar? Si volvía a sonreír por las mañanas era porque sabía que a la noche se cruzaría en el Spotlight con la morena que le devolvía la humanidad a su ser. Y eso era todo lo que importaba. El análisis de esos sentimientos lo haría más adelante.

O quizás no.

Le pareció escuchar un «Me voy a dormir. Buenas noches» por parte de Dani pero no estaba segura. Comprobó que estaban solas cuando miró el sillón donde estaba la rubia y no la encontró. Cosa que le hizo sentir más seguridad y confianza a la hora de hablar porque sabía que solo Rachel la escucharía.

—Estoy a una decepción de tirarlo todo a la mierda —susurró con sus ojos avellanas en los marrones de Rachel—. No me gustaría que tú fueras la causa de eso, ¿Entiendes? —La morena asintió con firmeza—. Si me haces confiar en ti, no lo arruines, Berry. No lo soportaría. Y estoy hablando en serio. La confianza no es juego para mí. La deposite en personas incorrectas y ahora…

—Lo sé, y lo entiendo. No conozco tu historia y si algún día quieres contármela, con gusto la escucharé, pero se nota que no se han portado de la mejor manera contigo y ahora el resto, los que sí desean acercarse a ti y tenerte en su vida, pagan las consecuencias de eso. Prometo ir a paso…

—A paso de enano —se burló Quinn para eliminar un poco el aire tenso y confidencial—. Otro paso no puedes dar si no superas el metro veinte —Rachel protestó con un gruñido golpeándole en el hombro—. Auch, eso dolió. Mentira, no dolió. Winter tiene más fuerza que tú. Vámonos a dormir, quizás si duermes alcances el metro veintiuno de altura y tengas fuerza al despertar.

—Pero no te dije lo que…

—Ya sé lo que ibas a decir, y está bien. No hace falta que lo digas —interrumpió con una sonrisa sincera—. Iras a paso lento de enano para hacerme ver que vale la pena ser tu amiga, que no todo es un asco y que al final del camino quizás me guste la mujer nueva que seré. Lo sé, Rachel, y es la única razón porque la que sigo aquí y a dos segundos de intentarlo. Solo no me rompas el corazón porque serás la causante de que un nuevo monstruo aparezca, ¿Ok? Ahora vámonos a dormir.

—Ok. Vámonos a dormir.

Alguien tendría que haberle dicho que ese «Vámonos a dormir» significaba ellas dos compartiendo cama por insistencia de la morena y debilidad de su parte. De haberlo sabido, hubiera dormido en el sofá. No porque quisiera, sino porque seguía sintiendo que estar al lado de la morena era algo que no le correspondía. No tenía que ser ella quien estuviera acostada en la cama de Rachel mirando al techo completamente nerviosa sintiendo la mirada de la camarera clavada en ella. No tenía que ser ella a quien Rachel le sonriera como si estuviera feliz de tenerla en su cama. No debía sentir esa absurda tentación de querer entrelazar su mano con la de la joven a su lado y llevarse el agarre al pecho, como si eso pudiera acallar los latidos del mismo.

— ¿Estas bien? —susurró Rachel en medio del silencio. Frannie dormía en el dormitorio al lado separado por cortinas, y Dani dormía con Kitty en el otro dormitorio rodeado también por metros de tela—. Puedo ir al sofá si…

No escuchó el resto. Su cabeza se desconectó tratando de sacar en limpio algo de toda esa maldita confusión. ¿Estaba bien? Estaba nerviosa, sintiendo que estar al lado de Rachel no era lo correcto, que ese lugar le pertenecía al idiota que tenía como novio, que tenía que ser él quien hiciera reír a la joven después de una discusión. No ella. Así que, ¿Se sentía bien estando donde estaba en ese momento? ¡Demonios, sí! Su lado egoísta la obligaba a olvidarse de todo y de todos a su alrededor, y a enfocarse en el hecho de que una joven tan amable como entrometida estaba junto a ella, mirándola como si fuera lo único maravilloso en la habitación, jugueteando con su mano muy cerca de la suya.

—Puedes quedarte. Es solo que… —susurró girándose hacia el lado de Rachel que parecía esperar con ansias lo que tuviera para decir—. Es la primera vez que duermo con alguien después de tanto tiempo. Dormir con Winter no es lo mismo que hacerlo contigo.

—Él es más peludo y tranquilo —bromeó Rachel mordiéndose el labio.

—Y también menos espeluznante —continuó con la broma—. Por lo general cuando me ve en la misma cama que él, esa bola de grasa y pelos no se queda mirándome de la misma forma en que lo haces tú.

— ¿Y cómo te miro?

«Como hacía tiempo nadie lo hace» quiso responderle pero se guardó eso para ella.

—Como si… si estuvieras contenta con estar así como estamos ahora —terminó respondiendo que, en parte, era verdad también.

—Sí, y también estoy contenta con nuestra charla mientras pintábamos tu departamento, con la que tuvimos en las escaleras de emergencias, mientras veíamos las películas y también con la de ahora —enumeró la morena recostándose más cerca de Quinn que tragó saliva—. Yo simplemente… simplemente disfruto el estar contigo, Quinn, así sea sin hablar y solo mirándonos como si…

—Como si eso fuera suficiente para entendernos —terminó diciendo con el corazón latiéndole en una mano. Rachel, sin dejar de mirarla, asintió con una sonrisa tímida, lo que provocó una risa nerviosa en Quinn. Lo mejor iba a ser bromear si no quería perder la cabeza por completo—. Ok, soy genial y te encanta pasar tiempo conmigo. Perfecto. Una nueva dosis de ego para mi cuerpo. Ahora vamos a dormir que en la mañana tenemos que seguir ordenando mi departamento.

—Y tendremos la ayuda de Frannie —observó Rachel destilando diversión en cada palabra.

—Oh, ni me lo recuerdes —se quejó llevándose las manos a la cara haciendo reír a la morena—. Es completamente insoportable con ese tipo de cosas. Es realmente desquiciante cuando se trata de ordenar. Créeme, nos volverá loca y… ¿Qué? —preguntó cuando la camarera la quedó mirando de manera extraña.

—Nada —respondió Rachel mirando hacia abajo donde estaba su mano muy cerca de la de Quinn—. Es solo que… me gusta como estamos y de la forma en que vamos encaminadas.

— ¿Hablas de… encaminadas a dormir?

—Sí, Quinn. Encaminadas a dormir —se rió la morena antes de ponerse seria y acercarse a la rubia a quien le dejó un prolongado beso en la mejilla—. Buenas noches, Ricitos de oro.

Y como esa noche estaba siendo completamente impulsiva, solo era cuestión de tiempo antes de que volviera a realizar un movimiento sin pensar. Así que, tomó la mano de Rachel, esa que descansaba entre las dos, y se la llevó a los labios. En ningún momento quitó sus ojos avellanas de los marrones de Rachel que parecía respirar con dificultad. El beso que dejó en el interior de la palma de la morena se robó por completo su aliento y antes de perderse en sus pensamientos analizando el porqué de esa reacción, terminó con el gesto sonriendo y dándole la espalda a Rachel.

—Buenas noches, Berry —se despidió en susurros.

Y quizás en la mañana se arrepentiría de cada cosa que dijo o hizo en esa noche, y lidiaría con las consecuencias de eso. Pero en ese momento, no era la Quinn del día siguiente o la del día anterior. Era la Quinn que buscaba un nuevo camino y, a pesar de saber que dejarse llevar con la morena no lo correcto, era lo que le hacía sentirse bien con ella misma. Y con esa sensación de bienestar, que parecía no querer abandonarla, se quedó dormida de un momento a otro.

Ni siquiera sospechó que Rachel fingió dormir, esperando en lo oscuro a que ella durmiera completamente para acercarse y abrazarla por la cintura. Un «No vayas a romperme tú a mí el corazón, ¿Ok?» murió en los labios de la morena, susurrando en su lugar:

—Buenas noches, mi Charlie.


Hola!

Lamento la falta de actualización. Un corte de luz desde el lunes a la noche hasta hoy fue lo que impidió que tuvieran su dosis semanal. Sé que el capitulo de hoy no es muy largo y me disculpo por eso. Por otro lado, gracias por los comentarios y la paciencia. También quiero agregar que no habrá beso Faberry hasta el capitulo 20. ¿Por qué? Porque asi lo quise. Punto. Están invitados a quedarse a leer el desarrollo de la historia y también están invitados a dejar de leerla si es que se les hace muy pesado esperar hasta ese momento. Me disculpo nuevamente por no haber actualizado antes y agradezco, otra vez, a los que siguen del otro lado esperando leer un nuevo capitulo.

Hasta la próxima!

PD: mírenle el lado positivo, faltan pocos días para la próxima actualización xD

PD2: GRACIAS POR LOS 110 REVIEWS!