11. Sueños al atardecer
Los exámenes se acercaban y Harry estaba desesperado. Ahora entendía porque los profesores estaban siempre tensos alrededor de esa época. Era un reflejo de su enseñanza, estaba siendo probado también, muy en serio. Sus estudiantes de séptimo año eran geniales y él los quería por eso. Eran su última clase, antes de los exámenes. Y fueron ellos quienes terminaron calmándolo a él, no al revés.
–No se preocupe, Profesor. Me siento bastante seguro –le aseguró un Gryffindor, con tono tranquilizador.
–¿De verdad? Yo estoy muy nerviosa por los Patronus, es la primera vez que será usado en una prueba, tal vez el Profesor Potter nos está exigiendo mucho, no se ofenda, señor, pero…
–Cállate, Gwen –espetó un Slytherin, luego se giró hacia Harry–. Es realmente impresionante, profesor. Creo que el Patronus será muy práctico. Y creo también que usted hizo un gran trabajo enseñándonoslo.
–Chupamedias –murmuró alguien, pero Harry estaba agradecido.
–Tengo que decir que han hecho un trabajo absolutamente maravilloso –dijo–, no tengo dudas de que lo que elijan hacer, lo harán con un éxito admirable.
Gwen se echó a llorar.
–Es mi última semana aquí.
–Y la de los estudiantes.
–Sí, pero no regresaré después de las vacaciones de verano. La Profesora Westbrook estará de regreso –Ginny tomó la mano de Harry con una sonrisa triste–. ¿Qué hay de ti, Harry? ¿Regresarás para el próximo año escolar?
–Sí.
–¿Y qué hay de lo nuestro? –sonrió Ginny, apartando el cabello de sus ojos. Harry miró ausentemente el vivo brillo de su cabello bajo el sol. Ginny era muy bonita, pensó. Todavía tan llena de ingenuidad e inocencia.
–Algunas veces es como si nada hubiera pasado nunca –murmuró Harry–. Como si nunca hubieras ido a la guerra.
–Oh, Harry. No cambies el tema –dijo Ginny–. De todas formas, estas vacaciones las tendremos juntos, al menos. Estaba pensando que podemos pasarlas aquí.
–¿Qué, Escocia?
–Sí, tendremos Hogsmeade para nosotros solos, sin ningún alumno molesto –sonrió Ginny, llevando la mano de Harry a sus labios–. ¿Qué opinas?
–Yo creo… Ginny ¿por qué querría pasar más tiempo aquí?
–Bien, muy bien, olvida lo que sugerí –ella rió, sacudiendo su cabeza–. Puedo ver que no estás de humor. ¿Qué opinas de una agradable caminata alrededor del lago? Han pasado años desde la última vez que hemos estado cerca del Bosque…
–¿Cerca del Bosque? –Harry la miró sin creerle. ¿El Bosque? ¿Dónde Voldemort había torturado a Neville? ¿Dónde Harry había muerto? ¿Dónde Hagrid lo había cargado, sollozando? ¿Dónde niños y padres fueron asesinados por igual?
–Sí, es tan bonito en esta época del año, y la calidez del lago es suficiente para calentar nuestros pies, por lo menos –dijo Ginny, poniéndose de pie e intentando levantar a Harry. No obstante, él permaneció obstinadamente sentado.
–¿De qué estás hablando? ¿Tan bonito? –escupió. Se acordó del pasto pisoteado y marchito con maldiciones, el piso lleno de cadáveres, el lago rojo de sangre…
–Harry ¿qué te pasa? –la sonrisa de Ginny estaba decayendo–. ¿Está todo bien?
–Tan bonito –murmuró con disgusto.
–Sí, no lo puedes negar –dijo Ginny, mirándolo perpleja–. Debes ver los narcisos, Harry. Son hermosos. Vamos, no desperdiciemos el día…
–Yo…, no… me siento bien, Ginny –murmuró Harry–. No puedo ir.
–¡Vamos, Harry! Es tu último periodo libre por este día. Vamos a…
–Tengo que ponerme al día con algunas tareas.
–¿De qué estás hablando? Si no has enviado ninguna –protestó Ginny, sonriendo y atrayéndolo hacia ella. Repentinamente, la puerta de la oficina se abrió de golpe y ella se alejó apresuradamente.
–Hey, profesor, regresé. Y McGonagall dijo que le mostrara mi tarea –Scorpius le extendió un pergamino, mirándolo con expectación.
–Scorpius –dijo Harry exasperado–. Estoy un poco ocupado en estos momentos.
–Oh, Harry. Está bien –dijo Ginny cálidamente–, tenemos tiempo de sobra, especialmente para pequeños chicos como Malfoy –se inclinó hacia Harry y bajó la voz–. Merlín sabe que su padre no le ofrecerá ayuda, el pobre chico necesita algo de atención…
–Mi padre me da mucha atención –dijo Scorpius en voz alta–. Justo la semana pasada, se pasó una hora entera gritándome.
–¿Gritándote? –exclamó Ginny–. Puedo ver que sus métodos paternales son bastante…
–No, está bien, profesora. Realmente lo enojé esta vez. No debería haber sido suspendido.
–¿Fuiste suspendido? –gritó Ginny, antes de girarse y susurrarle urgentemente a Harry–. Claramente necesita ayuda, y no está consiguiendo ninguna de ese inútil mortífago que es su padre… Apuesto a que es realmente horrible –su expresión se oscureció y luego su atención volvió a Scorpius, quien la fulminó con la mirada–. ¿Scorpius, tu padre alguna vez te ha pegado?
–No.
–Está bien. Puedes decírmelo.
–Él no me pega –Scorpius la miró como si pensara que estaba loca.
–¿Incluso cuando está muy, muy enojado?
–¡Él no me pega, maldita sea! ¿Quién es usted? ¿Una jodida sorda?
–Scorpius no le hables así a la Profesora Weasley –Harry trató de intervenir.
–Bueno, ella sólo está diciendo porquerías. No me gusta que las personas hablen mierda sobre mi papá.
–Nadie está diciendo nada sobre tu padre. Ahora discúlpate con la Profesora Weasley –ordenó Harry.
–No, ella debería estar disculpándose conmigo.
–Está bien, Harry –dijo Ginny–. Puedo ver que Scorpius está pasando por muchas cosas y eso está bien. Disfruta tus vacaciones, Scorpius –se dirigió a la salida y Harry miró tan duramente a Scorpius que el chico finalmente se retorció y murmuró algo.
–Sí, gracias Profesora.
Ginny se iluminó y se fue sonriendo.
–Bien, déjame darle una mirada a tu trabajo –dijo Harry con cansancio.
Scorpius se la entregó, hablando. –Señor, está completamente loca. No sé lo que ve en ella. Definitivamente se tomó algo…
–Scorpius, ésta es tu primera tarea con algunas palabras cambiadas –Harry lo cortó exasperado, dándole una rápida mirada al pergamino–. Esto es absurdo. Voy a tener que darte una T.
–Oh, profesor. McGonagall pateará mi trasero.
–¿Y qué quieres que haga con eso? Si no querías meterte en problemas, deberías haber hecho la tarea.
–Sí, señor –Scorpius pateó infelizmente su silla y Harry suspiró.
–Sólo… asegúrate de pasar el examen, ¿sí?
Scorpius sonrió ampliamente y Harry tuvo una sensación de hundimiento.
El Día de la Graduación
Era un día feliz, uno agradable. Algo que Harry nunca había experimentado. Él nunca tuvo un día de graduación, pues había perdido su último año. Aunque al final del año se le otorgó un certificado honorario de educación y recibió un título de mejor alumno en Defensa Contra Las Artes Oscuras, a pesar de no haber asistido a ninguna clase en séptimo año. Aparentemente vencer al Señor Tenebroso era un buen sustituto.
–…Tepple, Bronwyn. Thorpe, Alicia.
Los estudiantes se presentaban con orgullo a recibir sus certificados y brillaban de alegría. Habría una toma de fotografías después del acto y Harry estaba determinado a conseguir algunas de sus estudiantes de séptimo año. ¡Como los iba a extrañar! Los maravillosos, maravillosos de séptimo año. Ellos trabajaban duro, querían aprender, querían sacar buenas notas, eran calmados, respetuosos, realmente pasaban tiempo haciendo sus tareas y las entregaban a tiempo. Nunca había excusas, nunca había historias lacrimógenas de sus serios alumnos de séptimo año. Una clase de ensueño.
–¿No lucen todos muy distinguidos?
Harry se volteó mientras Ginny se apretaba contra él.
–¿Dónde has estado?
–Oh, tuve que detenerme en Hogsmeade hoy. Gladrags tenía un fabuloso conjunto con túnicas de diseñador, a mitad de precio. Muy bonitos, de color azul pálido. ¿Crees que el azul me queda bien?
–Todo te queda bien –murmuró Harry, sin despegar sus ojos de las filas de los graduandos de Hogwarts.
–Oh, no seas tonto. El rojo me queda terrible. ¿Recuerdas el vestido escarlata?
–No.
–Un total desastre. Recuerdo que la tía Muriel fue muy desagradable conmigo por eso, pero una vez más, ella odia el rojo. Una mujer de escarlata, una ramera, bla, bla, bla. Oh, ¿qué pasa después de esto? ¿Formamos algún tipo de guardia de honor o algo así? ¡Ay!, hay un clavo o algo saliendo de esta silla, te juro que…
–Se sacarán algunas fotos después de esto, luego tendremos el Gran Banquete y se irán mañana –dijo Harry en breve.
–Oh, apenas van en la 'T' y siento que he estado aquí por años. Esto está muy congestionado, deberían haberlo hecho afuera en los jardines de rosas o algo así. Vamos a dar un paseo por los alrededores.
–No lo creo.
–Vamos, es un día muy bonito. Y me aseguraré que regresemos a tiempo para el Banquete.
–Ginny…
–¿No es hermoso? Vamos, así tomas un poco de aire fresco, y nadie pensará que estás siendo maleducado, en serio, Slughorn ha estado saliendo y entrando como un yo-yo, y Penny se fue discretamente a fumar un poco.
–¿Penny?
–Ya sabes, Penelope Clearwater. Es absolutamente fantástica, deberías escuchar todo lo que sabe de Runas, es genial. Vamos, sólo digamos que me sentía un poco mareada por el calor y tú me acompañaste hacia afuera como el caballero encantador que eres.
Harry suspiró. A lo largo de la mesa de profesores, estos se volteaban a mirarlos y McGonagall tosió ruidosamente. El calor era bastante molesto y su piel se erizó incómodamente por el calor, su cabello húmedo se pegaba a su cuello. Suspiró otra vez, luego le ofreció el brazo a Ginny, quién teatral y vigorosamente se abanicaba mientras él discretamente abandonaba la sala.
–¡Oh, mucho mejor! ¡La luna ya está en el cielo! Mira Harry, junto al lago ¿no es hermosa?
Lo era, la luna brillaba pálidamente en la prolongada puesta de sol, el lago ondulaba suavemente y reflejaba el ocaso sobre ellos. En el brumoso, purpura atardecer, el olor del brezo llenaba el aire y Harry respiró hondo.
–…completamente hermoso, ¿verdad? –Ginny tomó su brazo y caminaron por la orilla de la suave pendiente. Ginny eligió un sitio razonablemente libre de insectos y se tumbó sobre la hierba deliciosamente verde, riendo como una suave briza por la noche. Se levantó y bailó con sus túnicas–. Vamos Harry, no te preocupes. No te ensuciarás las ropas.
Harry, sin embargo, permaneció de pie apoyado contra un sauce delgado. Observó cómo sus esbeltas ramas se arrastraban sobre el agua del lago, observó la puesta de sol sobre su superficie. El agua deslumbró por un momento -de un color naranja brillante con dorado- y luego el cielo y el agua se volvieron de un suave color rosa. Una exclamación de alegría se elevó en la distancia, todos los graduados tenían sus certificados y se estaban peleando por las fotografías.
–Me siento como si tuviera diecisiete otra vez –suspiró Ginny, cerrando sus ojos, volteando su rosto al moribundo sol–. Como si fuésemos adolescentes de nuevo, perdidamente enamorados. Puedo oler el brezo, ¿no es divino? Oh, Harry ¿te acuerdas de nuestros paseos por el lago?
–Yo no me siento como si tuviera diecisiete –dijo Harry en voz baja–. Me siento como si tuviera veintinueve.
–Bueno, yo me siento de maravilla –rió Ginny, extendiendo sus brazos hacia el cielo como si quisiera abrazar al mundo entero–. Me siento como si este fuera el día de mi graduación. Nada ha cambiado, ¿verdad, Harry? Somos todavía jóvenes y el mundo espera por nosotros.
Harry se levantó suavemente, con el ceño fruncido.
–Yo debería estar allá con ellos –dijo en voz baja–. Debería estar ahí con mis alumnos para celebrar su éxito. Me acabo de perder su graduación y nunca la veré otra vez –¡se lo había perdido! Se preguntó si Gwendolyn caminó con los ojos llenos de lágrimas, si los Slytherin se burlaron de ella por eso. Si Vivienne Topham-Viney sacudió sus nervios y caminó al frente con grandes zancadas llena de la confianza que había ganado todo ese año. Si George Llewellyn envió su Patronus -una ardilla- haciendo saltitos y volteretas a través del grupo de graduandos como había dicho que haría.
–Me lo perdí –dijo con la voz ligeramente quebrada.
Si Ginny lo escuchó, no dio ninguna muestra. Estaba tendida en la hierba con una media sonrisa en su rostro, encerrada en algún otro mundo.
Él volteó el rostro, mirando hacia la solitaria luna.
