Este capítulo es mucho más largo que la mayoría, pero necesitaba hacerlo así por que quería explicar de una vez todo el proceso que los protagonistas necesitaban sufrir. Espero les agrade, habrán muchos emociones, lo prometido es deuda.
-11-
Intrínseco.
—Ay…, él es tan perfecto.
—Si suspiras así todo el tiempo voy a creer que estás enamorada.
—Je, me gustaría decirle lo que siento, pero temo que tropezaré y…
—Sólo ten un poco de confianza, estoy segura que lo lograrás.
—¿Y si Adrien no me quiere?
—Nunca lo sabrás si no lo intentas…
Marinette tuvo una epifanía. Últimamente las tenía. Su interior se removió una vez más cuando el efecto de la automatización se esfumó de ella. Nuevamente, a su alrededor había una luz blanca, estaba vacío y al parecer alguien estaba haciendo mucho ruido, como si golpeasen una pared.
Parpadeó otro poco y llevó una mano a su cabeza. Le dolía y el ruido sólo complicaba su migraña. Estaba confusa además, pues no tenía idea de donde se encontraba, qué momento del día era o quien era ella. Lo único que prevalecía en su mente fue esa sensación de haber soñado con algo importante. Se esforzó por recordar su sueño, mas el sonido retumbante del impacto la sacó de quicio.
Miró molesta al frente y dio un pequeño respingo al contemplar al muchacho furioso que embestía el cristal. Ante su agresividad y su rostro transformado en odio, Marinette sintió temor. Su corazón se disparó y su respiración comenzó a acelerarse. Una crisis de pánico, algo que solía pasarle después de los efectos de su inmersión mental. Miró a los alrededores, buscó las cámaras, presentía que alguien le observaba, además del muchacho, claro estaba.
No había altavoces que le llamasen por lo que se desesperó un poco. Comúnmente una voz solía indicarle que hacer. No era de su agrado, pero era un consuelo en su estado de fragilidad mental.
—¡Argh! – el gritó y el tinte de dolor en la voz del joven llamó su atención. Marinette se giró para verlo. Vaya que se veía furioso. Su mirada se cruzó con la de él, pero no encontró más que ira contenida. El chico se paseaba de una esquina a otra, lanzándole miradas afiladas y después mostrándole los dientes, como un animal; incluso lo veía inclinarse y andar como un cuadrúpedo, eso le perturbó.
Era apuesto, no podía mentir. El joven tenía una cabellera rubia y exuberante, pues el cabello le corría libremente por los hombros, muestra de que ya hacía mucho tiempo que no se lo cortaban. Sus ojos, verdes como peridotos, iban y venían en las cuencas de sus orbitas, viendo a una velocidad impresionante todos los recovecos de la jaula. No poseía camiseta, así que sus músculos estaban a la vista. Marinette se sorprendió de ver el paisaje de cicatrices que se extendían en su espalda, brazos y abdomen. Desde arañazos, mordidas y cortes, la chica no encontraba explicación coherente en su saber para darle sentido a lo que veía.
Adrien le mostró los dientes y bufó al otro lado. Tenía las manos magulladas por los constantes empellones. Seguramente ya tenía un buen rato arremetiendo contra la pared de vidrio. Algo en él llamó su atención profundamente. La sensación de conocimiento amparó su desconsolada psique cuando, después de tanto andar, Agreste se detuvo frente a ella y se sentó sobre su trasero.
Lo observó jadear y resollar. 314 se estaba recuperando de su episodio maniaco, pero para 122 la imagen parecía más a un hombre que intentaba sacarse algo desde el pecho. Tosió un poco y carraspeó, se llevó las manos a la cabeza y entrelazó los dedos con su cabello, lo vio retorcerse, como si tuviera arcadas y después de un rato, el hombre suspiró sonoramente, dejando escapar toda la frustración que tenía dentro.
La tentación de llamarlo le carcomió, pero no lo hizo porque le asustaba que algo les pasara por el simple hecho de interactuar, dado que ya no se sentía tan desorientada como al principio y su cerebro evocó el dolor de los electrochoques cuando desobedecía la voz del hombre que solía entrar a sus pensamientos. Si ese sujeto la observaba, entonces existía la posibilidad de que les hiciera daño.
Tras unos minutos en los que nadie dijo nada y ella continuaba de pie, observó al muchacho enderezarse lentamente hasta que sus ojos volvieron a toparse. No había palabras entre ellos, pero conseguían comprenderse. La petición muda fue correspondida por ella, quien se inclinó y se sentó frente a la capa transparente que los separaba. Adrien entrecerró los ojos, no estaba totalmente recuperado, pero su anhelo era más fuerte que sus instintos animales. Se arrastró un poco hasta quedar completamente frente a ella, sólo separados por la barrera.
Azules contra verdes. Como si el cielo y el mar se mirasen a la distancia. 314 limpió su sudor y respiró para tranquilizarse, aún estaba agitado y ella a su comparación, se le veía más tensa que otra cosa. No sabía quién era, al menos no por ahora, pero sus rasgos evocaban familiaridad. Como un animal curioso, Adrien entrecerró los ojos y ladeó la cabeza, la respuesta fue en espejo. Marinette correspondió a sus movimientos haciendo lo mismo.
Eso emocionó al muchacho, quien estiró una mano hasta ella. La chica, recelosa hizo un ademán de retroceder, no obstante continuó sentada. Él la esperó con inusual paciencia y tras un buen rato, con suma parsimonia, sus dedos se posaron contra los de él a través del espejo.
Ninguno supo cuánto tiempo pasó exactamente. Fuera de sus miradas se adentraban en el alma del otro en un absoluto silencio precedido por caos. Finalmente y con pesar, la mirada seria de Adrien se transformó en una amarga y despreciativa. Al verle fruncir el ceño Marinette alejó su mano de él, sin comprender sus gestos.
—¿Quién eres? – preguntó en francés, ella le entendió perfectamente. Por alguna razón conocía esa lengua, ¿Por qué lo hacía?
—Yo… - intentó recordarse a sí misma, establecer coherencia, pero no conseguía nada. Su mente estaba en blanco.
—Yo sé quién eres… - respondió con melancolía, Marientte quedó atenta porque ella también deseaba saberlo. —Eres una ilusión… de nuevo, estoy soñando despierto. – No era infrecuente para Adrien que alucinara.
A veces, después de su conversión creía ver cosas que no existían, muchas veces eran sombras, otros sonidos y olores, pero había ocasiones en las que su mente jugaba cruelmente consigo mismo y viajaba al pasado. Soñaba que estaba recostado en su cama, con su padre y sus amigos, sin embargo, cuando despertaba de su ensoñación se descubrían dormido en el suelo su celda. Últimamente veía a Marinette, demasiado a menudo de cómo le gustaría y eso le incomodaba. Recordarla le lastimaba, pues cada que veía su rostro la culpa le quemaba por dentro en un doloroso proceso que hacía años intentaba detener.
Jamás se recuperaría de lo que le había hecho a su amiga. Las cicatrices se habían desvanecido un poco, pero para Adrien estaban ahí, tan latentes como nunca. Era horrible el tener que verla tan seguido. No sabía qué le estaban dando o haciendo, pero definitivamente cada vez que regresaba de su purgatorio cerebral la veía a ella; lo cual no podía tolerar.
Xiao conocía su historia con Marinette y le aterraba que estuviera insertando implícitamente en su memoria su imagen para conseguir más dominio sobre él. Ya se había rendido en el pasado, ¿Qué retorcido plan tenía ahora?
Adrien detuvo su tren de pensamientos cuando la vio arrugar el rostro. Ella habló.
—¿Un sueño? – qué curioso, pensó Marinette. Ella también soñaba muy seguido con un muchacho muy parecido a él, sólo que en sus sueños el chico era más joven, menos fornido y con el pelo corto. La única constante eran sus ojos, los cuales resplandecían fieles a aquel verde encantador. En este momento no recordaba su nombre, pero debía ser importante porque varias veces lo había visto en sus recuerdos, ¿Cuál era su nombre? Estaba segura que empezaba con A, ¿O terminaba con A?
Atrapada en sus conjeturas, Adrien interpretó el silencio de 122 como una señal. Posiblemente no tendría mucho que decir, puesto que era un producto de su imaginación, aun así, ansió con cada fibra de su ser que le dedicara una sonrisa, que le dijera algo bonito y que sus manos, que continuaban unidas a través del cristal, se tocaran finalmente. Mas Adrien sabía que el frio que sentía en la palma de su mano era la prueba de que todo esto sólo era una ilusión.
—Desaparece, por favor. –le dijo con un ligero temblor. —No soporte el verte, tu rostro me atormenta día y noche… - apretó sus labios, la chica respondía a sus palabras, ella estaba sorprendida y angustiada. —Marinette, vete en paz, no me lastimes más… - quería llorar, infiernos que sí, pero no frente a ella, aunque no fuera real, no soportaría romperse con ella mirándole, sería un golpe bajo a su orgullo.
—¿Marinette? – bajó su rostro y apreció su cuerpo, después a 314. Frunció el ceño. Ese nombre sonaba, casi inaudible en lo más profundo de su ser.
—¡No lo digas! – Adrien perdió el control, lloró y azotó su mano contra la de ella. La mujer retrocedió de golpe. —¡No digas su nombre! ¡No eres real! ¡Jamás serás real! ¡Estoy harto! – la ira volvía a emerger de su anatomía, no creía que fuese suficiente para transformarlo, ¿O sí? —¡Voy a destruirte! – exclamó fúrico. —¡Destrozaré cada parte de ti y así desaparecerás! – tal vez esta era la primera vez que estaba tan enojado sin la necesidad de escuchar su gatillo. —¡Estás muerta para mí! ¡Yo te asesiné! – gritó a medida que su rostro se transformaba nuevamente en una ejemplificación de la rabia. —¡Marinette no existe más! ¡Desaparece! ¡Desaparece! – casi como si la Invigonina estuviera en su cuerpo, los músculos de Adrien se hipertrofiaron dándole una imagen de superioridad. Su rictus reflejaba un incontrolable deseo de aniquilar y de nuevo parecía estar poseído por una bestia.
Se levantó y embistió el vidrio. Marinette estaba paralizada. Un miedo muy primitivo sofocó sus sentidos y la dejó quieta. Hiperventiló tanto que comenzó a marearse. El chico se golpeó contra la pared dos veces más y entonces, repentinamente las fuerzas abandonaron su cuerpo. Cayó de rodillas contra la pared mientras rezongaba en llanto.
Las puertas se abrieron para cada uno. Los enfermeros abordaron a Adrien muy rápido. Le inyectaron un sedante en el brazo y éste cedió, despojando a su cuerpo de la vigilia para desmayarse frente a ella. Alguien la sujetó por los hombros, pero no de forma violeta, le halaron un poco para arrastrarla a alguna parte, pero Marinette parecía clavaba al piso.
Lo recordaba todo… Su cabeza se había vuelto clara de repente. La turbidez con la que fluían sus ideas ahora marchaba como un rio plácido y nítido.
—¿Adrien? –bisbisó mientras la puerta de su habitación se cerraba, dejándola en completa oscuridad.
…
Adrien rugió mientras se despertaba en la misma fría prisión de siempre. Su despertar había sido violento y sin precedentes. Miró alrededor, desorientado para variar y de poco a poco comprendió en donde estaba. Efectivamente, había estado soñando, tal y como lo creyó. No había más que decir al respecto.
Como la oscuridad no daba oportunidad de ver más allá de sus manos, Adrien caminó a ciegas hasta llegar a los barrotes de hierro. Se aferró a ellos y pegó la cara para suspirar. Este era uno de sus momentos más sombríos y se alegraba enormemente el anonimato que tenía, pues no soportaría la idea de que sus amigos y familia lo viesen de aquella forma tan deprimente.
Hizo un gesto de incomodidad al recordar a su familia. ¿Cómo estaría su padre? ¿Qué estarían haciendo sus amigos? ¿Y los seres queridos de todos esos jóvenes que fueron sacrificados por el proyecto MTR?
¿Qué diablos le estaba pasando?
—¿Por qué…? – soltó la pregunta al aire, pero nadie le respondió. Nadie respondía nunca de todos modos. Adrien sintió desconsuelo cuando su voz hizo eco en el pasillo. Tenía años sin sentirse así, desde la muerte de Marinette había desconectado su mente de su cuerpo, sus emociones fueron encapsuladas herméticamente en su más profundo vacío y las condenó a permanecer ahí para el resto de su vida, ¿Por qué tenía que volver a sentirse así? Se había acostumbrado a no tener sentimientos ni pensamientos reflexivos, porque más que reconfortarlo sólo le herían.
Algo era diferente. ¿Tendría que ver con la cámara blanca? Tal vez lo estaban intoxicando con algo desconocido y por eso tenía esas escalofriantes alucinaciones. No podía haber otra alternativa, jamás se cansarían de jugar con su mente y ahora, por alguna razón, estaban decididos a enloquecerlo de verdad.
Temía que pudieran lograrlo. Reconoció que no se había comportado así antes. Generalmente sólo se hacía un zoántropo cuando escuchaba la música de Beethoven, pero en esta ocasión nada más fue necesario enojo propio para desatar su yo más salvaje. Nadie lo había hecho ante, ¿Esto sería el precepto de algo?
—Estás despierto, 314. – reconocía la voz del enfermero que le traía los alimentos. Su mirada se intensificó a medida que se acercaba. —Retrocede, tengo tu comida, ¿No querrás comer del suelo otra vez, o sí? – no, eso le desagradaba mucho. Adrien retrocedió lo suficiente para que pudiera dejar la bandeja a su alcance por un portillo. —Come rápido, necesitas un baño. – dio media vuelta para entregar el resto. No le importaba sus órdenes, así que comió a su ritmo. Como siempre, el alimento era fruta, carne fría y una pasta con multivitamínicos que alguien de las instalaciones se había inventado. Ese engrudo pegajoso era el más desagradable de todos, pero de no comerlo su estómago reclamaría toda la tarde, así que igualmente se la echó a la boca.
La ducha fue desagradable, como todo el tiempo. Eran chorros de agua helada que les rociaban desde una manguera. Los soldados los esposaban durante el baño y no les permitían usar ningún utensilio de aseo personal. Era inhumano, pero ya estaba acostumbrado. Adrien pasó por alto todo hasta que regresó a su celda. Al parecer ya no le molestarían por el resto de la tarde, porque el enfermero se fue sin decir nada. Se recostó para dormir cuando Xiao se recargó contra las barras de su habitación.
Lo reconocería siempre, sin importar la poca luz o el silencio. Se levantó del colchón y caminó hasta estar a una distancia prudente.
—¿Qué sucede contigo, 314? – habló el psiquiatra, su voz resonaba ruin. —Te noto agitado y… furioso. – Adrien tenía el ceño fruncido y era tanta la fuerza que le dolía. No respondería a nada que le dijera, pero quería hacerle entender que, claramente como él veía, no estaba feliz. —Necesitamos calmar esa ira tuya. – miró sobre su hombro, Suen Yao estaba ahí, ¿Cuándo había llegado? —Diles que preparen la cámara de inmersión psicológica.- sabía lo que le harían, intentarían suprimirlo nuevamente con hipnoterapía; y no podía hacer nada parar evitarlo, no obstante, a diferencia de otros días, Adrien se encontraba plenamente consciente de sus facultades, se juró a si mismo que esta vez no funcionaría.
…
Marinette miró el techo en penumbras de su cuarto. En realidad no podía distinguir nada, pero se había hecho a la idea de que el concreto debía terminar en alguna parte y conectarse con las paredes. No había dormido nada desde que le dejaron en su confinamiento. No quería hacerlo, pues temía que olvidara algo y su mente le hiciera creer que todo había sido un consuelo imaginario. Se concentró mucho en recordar, en remover cada recoveco de su cabeza. Necesitaba información, necesitaba formalizarse, ¿Cuánto tiempo tenía encerrada en ese sitio? ¿De dónde venía? ¡¿Quién era ella?!
Era confuso, pero tenía fe que lograría reponerse.
—Adrien. – repitió por enésima vez. Sabía quién era él, de donde venía y que al igual que ella había estado en ese lugar desde hacía mucho tiempo. Por extraño que pareciera le interesaba más él que su persona, ¿Por qué? Esa era una buena pregunta.
—¿Y si Adrien no me quiere?
—Nunca lo sabrás si no lo intentas…
Reaccionó ante la voz femenina que rebobinaba en silencio. Sabía que esas palabras venían del pasado. Entendía que ella y Adrien estaban relacionados desde antes… ¿Quién era esa mujer? ¿Adrien significaba algo para ella? Tanto pensar hacía que le doliera la cabeza, pero no desistió, si quería averiguar su pasado tendría que poner más empeño.
Tal vez no recordaba su propio nombre, pero sí el de Adrien y sabía quién era él. El chico de la cámara blanca, no podía estar equivocada. Ese hombre era violento, si el Adrien del pasado era alguien "perfecto" como decían sus memorias, ¿Qué había pasado para que el chico se transformara en ese demonio? Era importante que lo supiera, ¿Qué había sido de ese jovencito amable que tanto alababa? ¿Qué? ¡¿Qué?!
—Buenas tardes, 122. – Marinette dio un pequeño salto al escuchar a Xiao. La miró mientras se enderezaba en la cama. Sintió un escalofrío. —Tranquila. – ordenó para después acercarse más. Las luces de su habitación se encendieron, tuvo que cerrar los ojos porque el haz le lastimó las retinas. —Abre los ojos. – rezongó Xiao, le obedeció e introdujo con una lámpara de mano otro rayo de luz sobre sus pupilas. —Abre la boca. – así lo hizo. —Buena hidratación, buena coloración, respuesta positiva… - un enfermero detrás apuntaba todo en una tabla. —Si tuvieras un pensamiento, ¿Me lo dirías, verdad 122? – asintió. —Así me gusta, eres una buena chica, mi pequeño amuleto. – se alejó de ella. —Recuerda que yo siempre estoy aquí, hicimos un trato, ¿No?– sin decir otra cosa cerró la puerta tras él y se apagaron las lámparas.
¿Qué rayos había sido eso? ¿Un trato entre ambos? ¿Cuándo…? ¿Cómo…? ¿Por qué…? Marinette sospechó que esa revisión no había sido soló para checar su estado físico, era una treta. Se sentó en el suelo y se abrazó a sus rodillas.
Un juego de poder. Xiao se había vuelto más atento por un motivo. Creía que su mente ya no era tan voluble a su voluntad. ¿Por qué pensaría eso? ¿Tendría que ver con los experimentos en la sala blanca?
—Adrien. – la respuesta tintineo. Tenía que ser por él. Ahora que lo pensaba mejor, ella se encontraba bajo reclusión en solitario por alguna razón, ¿Y si esa razón era Adrien?
Los hombros de Marinette se tensaron. Ahora ella tenía el control sobre sí misma, fuera por lo que fuera que estuviera ahí lo indagaría y una vez que lo tuviera haría un plan. Por el momento la mejor opción para empezar era aquel chico de ojos verdes, Adrien.
…
—Tres meses, General. – respondió Suen cuando él le había preguntado cuánto tiempo tenían intentando incorporar a Adrien y Marinette. Las pruebas de la sala blanca seguían siendo un fiasco. Muy a pesar de que Adrien estaba empezando a responder y que Marinette parecía distraía cuando le veía, su temor le hacía tomar medidas preventivas en exceso. Xiao veía la dinámica entre ambos, una química retorcida, pero existente. En donde el efecto más que positivo para sus planes, resultaba ser una combinación aberrante y ambigua. Adrien se recuperaba torpemente de los efectos de la zoantropía, mientras que Marientte se quedaba ida mirándole caminar de un lado a otro. Las pocas interacciones que tenían cuando se apoyaban contra el cristal eran borradas dado que el muchacho comenzaba a vociferar en un mar de llanto.
Los lloriqueos del rubio habían estresado a Xiao. No eran lamentos temerosos, eran furia contenida con frustración que terminaba en luto. Si bien no estaba seguro de cómo se supone iba a reaccionar Agreste cuando se reencontrara con su amiga, esta respuesta no era la que quería. En sus planes, Adrien debía reaccionar dócilmente, readaptarse a la presencia de la chica e intentar protegerla, como un buen amigo haría. Ahora se daba cuenta que en su afán por marcarlo lo había hecho excepcionalmente bien.
Luego de unas sesiones en el área de hipnoterapia, Xiao pudo entender el porqué de su agresividad. Adrien estaba en negación. Una etapa primaria en el duelo, algo que ya había visto, pero con mayor intensidad. Su negación se entremezclaba con la ira y la depresión, es decir estaba atrapado en las tres etapas iniciales, otra vez. Supuso que no había pasado por el proceso adecuado cuando le torturó diciéndole que él mismo se encargó de estrangular a su amiga; en lugar de eso, lo suprimió con dolor y tristeza, haciéndole inclinarse y jurarle lealtad.
La falta de rehabilitación mental estaba surgiendo, causándole problemas y restregándole en la cara lo inestable que podía ser la mente humana si no se trataba con cuidado.
Marinette era otra historia. La chica se comportaba ausente. No es que no se lo esperara, pero suponía que debería tener más que sólo miradas y palabras sueltas. Si bien el proceso de conversión de un autómata era menos vehemente que el de un zoántropo, intuía que las reacciones deberían ser similares, cosa que no pasaba. La chica miraba por largo tiempo al muchacho, la notaba sumergida en melancolía, pero nada que no se hubiese visto antes.
No se molestó en internar a Marinette a la sala de inmersión mental, el que le preocupaba más era Adrien. Ambos todavía eran dominados durante sus estados metapsíquicos, pero la intención de usar la zoantropía y automatización era para procesos más específicos que sólo tenerlos en control.
—Tres meses. – repitió Xiao para sí mismo.
El tiempo se le estaba yendo entre los dedos. Confiaba en que a la posteridad sus métodos podrían funcionar, pero lo sentía muy lento. Si podía adelantar el proceso sería fantástico, ¿Pero cómo? Se había estancado porque cada vez que Adrien comenzaba a salirse de los lineamientos tenía que retroceder todo y dominarlo desde cero.
—General. – Suen se le acercó y se sentó a su lado, ambos estaban en la oficina del aludido. —Aunque sé que durará poco tiempo, ¿No sería mejor mantenerlos siempre en control? – eso ya lo había planteado, pero por orgullo se negaba a aceptar que se estaba equivocando.
Xiao había apostado en que el chico se acostumbraría a 122 en cuestión de tiempo, pero había sobrestimado a su sujeto de prueba. Más que acostumbrarse, parecía decidido a asesinarla, tal vez un poco menos con el tiempo, pero seguía siendo así. Durante su demostración de lucha, la primera vez, Adrien no dudo en morderle la garganta, a pesar de que sus órdenes fueron claras. Lo había intentado menos que otros sujetos, pero ello alarmaba a Xiao, por que significaba que su dominio sobre ellos tenía un límite y no podía permitirlo.
¿Cómo convencer a 314 de que la chica no era una ilusión de su mente a la que debía destruir? Porque en sí, ese era el problema. Cada vez que Agreste se recuperaba de su estado confusional, arremetía contra el cristal gritando que ella era una imagen de su pasado que ansiaba en torturarle. Incluso durante sus arranques de ira, sugirió que estaba cansado de lo que sea que le estuvieran dando para hacerlo delirar de esa forma. La cuestión aquí era que Adrien pensaba que Marinette no era real y por ello intentaba alcanzarla para deshacerla. Según su razonamiento, si la tocaba y desvanecía esa ilusión, podría convencerse a sí mismo de que nada era real y recuperarse; el problema era que Xiao impedía que la tocara por medio de la barrera, así que al no haber contacto físico, Adrien seguía pensando en ella como un invento de su imaginación.
Una idea se aferró en su mente. Era desafiante y descabellada, pero quizás podría ser lo que tanto necesitaban.
—Quiero hacer una prueba más. – pidió el hombre, Suen alzó una ceja.
—¿De qué se trata, señor?
—No induciremos a 314 esta vez, sólo a 122. Los pondremos a cada lado de la sala blanca y veremos cómo reaccionan. – Suen no estaba convencido que funcionara, pero no le contradijo.
—¿Está seguro? – le hubiese gustado preguntar más claramente el por qué, pero temía que Xiao le reprimiera.
—Necesito verlo sin el efecto de la zoantropía. – se cruzó de brazos. Ahí estaba de nuevo su actitud prepotente. Suen suspiró y retrocedió. —Les pediré a los soldados que los preparen.
—Mete a 314 antes que a 122, quiero hacer esto paso por paso.
—Será como desee, General.
…
Cuando llegaron por él no se defendió. Estaba tentado a hacerlo, pues dado que parte de su sentido de justicia está revitalizado, la lucha sonaba tentadora, pero desistió. No quería que le electrocutaran tan temprano. La rutina era más fuerte que la lucha, así que caminó dócil tras los soldados.
Lo llevaban a la sala blanca otra vez. Ese lugar se había vuelto más fastidioso que el coliseo o el cuarto oscuro en donde le ponían a escuchar música. Comenzaba a detestarla con ganas, porque cada vez que entraba ahí Xiao la hacía verla.
Tal vez tendría suerte esta vez y viera otra cosa, pero tampoco era como si fuese lo más fácil del mundo. Marinette estaba enterrada bajo su piel, le gustase o no, era imposible olvidarse de ella.
Cuando lo guiaron al cuarto tragó saliva, ahí iban, dentro de poco pondrían la música y su visión se distorsionaría.
—Buenos días, 314. - ¡Infiernos, en verdad deseaba no tener que escuchar la voz de Xiao en su vida! Él le dedicó una mirada expectante y Xiao sonrió sólo un poco. —Pese a mis intentos, cada cierto tiempo después de las pruebas tu ira se desata desmedidamente. Estoy preocupado por tu psique, 314. Eres un sujeto de prueba importante para mí. – le decía la verdad, Xiao tenía muchas esperanzas en él y Marinette. —Voy a hacerte un regalo. – su sonrisa se mantenía. —Podrás ser un monstruo, pero no estás loco. – tocó su hombro, una expresión sádica para su gusto. —Sólo recuerda… que tu vida me pertenece y la de todos aquí. No más juegos. Me juraste lealtad. – dejó de tocarlo y salía de ahí.
Para su asombro no hubo inducción, simplemente le quitaron las esposas y lo metieron en la cámara. Estaba desconcertado, no había nadie del otro lado. Suspiró, tal y como creía, era todo una pantomima de su cerebro.
Estaba muy equivocado…
La puerta del otro lado se abrió y a paso firme entró una mujer. Su primera impresión fue: Frialdad. Ella tenía el rostro enmarcado en una expresión muda y sin emociones. La luz que los rodeaba le permitió escanearla completamente. La mujer se detuvo frente a él y no hizo nada.
Adrien se giró a las esquinas, esperando que alguien entrara para convertirlo o que la música emergiera de algún punto oculto, nada de eso pasó. Temeroso dio un paso hacia ella. Su corazón se aceleró cuando, al estar más cerca, distinguió su rostro.
—¿Marinette? – su voz sonó ajena ante todo ese silencio. Caminó más rápido hasta acercarse al otro lado de la barrera. Pegó sus manos al recargarse. Sus ojos se abrieron tanto que casi saltaban de sus cuencas. Una vorágine de sensaciones innombrables consumió su pecho. Era tan… realista, ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué se parecía tanto a Marinette? ¡¿Era Marinette?! ¡¿Qué significaba esto?!
Adrien volteó a la cámara de vigilancia y su rostro desconsolado se reflejó del otro lado. Xiao, Xiao, Xiao… su mente repetía el nombre del militar una y otra vez. ¡Era otro de sus trucos! El calor se apoderó de su rostro, sus mejillas se tensaron en una muestra de rencor, frunció el ceño con rudeza.
—¡¿Qué es todo esto?! – no era una pregunta, era una exigencia. Su vista regresó a la chica, quien no se había movido para nada. —¿E-Eres…? – se reprimió. No, no era ella… él mismo la asesinó hace algunos años. Marinette era una víctima inocente en aquel juego mental, ¡Ella no podía seguir involucrada! ¡Sería demasiado cruel!
Tras su muerte Adrien solía consolarse diciéndose a sí mismo que después de todo estaba bien que ella muriera, pues de haberse quedado ahí habría sufrido un destino peor que la muerte. ¿Sería posible que Xiao le mintió? ¡¿Era esta una broma despiadada y pérfida de su parte?!
Podrás ser un monstruo, pero no estás loco. Esas palabras que le había dicho, ¿Acaso significaban algo?
—Esto es real, 314. – Xiao entró del otro lado, en la celda de Marinette. Le miró en pánico a lo que el psiquiatra se sintió satisfecho, prefería ver a su experimento con una mueca de terror a una desafiante. —La señorita Dupain-Cheng es ahora mi más fiel subordinada. – Adrien apretó los puños. —Ella hizo un contrato conmigo… para poder salvarte a ti. Pero las condiciones de ese "contrato" era que tendría que hacer lo que yo le ordenara si perdía. Ella perdió. – colocó una mano sobre la cabeza de la chica, ella ni se inmutó. —122, saluda a 314. – Marinette asintió e hizo una ligera reverencia. —¿Puedes verlo ahora? Ella es real, tanto como tú o yo. – aturdido negó lentamente con la cabeza, pero Xiao reafirmó su autoridad. —Recuerda esto, porque no lo repetiré: Ella se salvó gracias a mí. Si en ese momento yo no te hubiese detenido le habrías estrangulado. Le salve la vida y conservé la tuya. Ambos me pertenecen, pero a diferencia de ti, ella es incluso mejor para seguir órdenes. Ustedes dos tienen un propósito, 314 y es el de hacer todo lo que yo les diga. – dio un paso más cerca de Adrien. —Mis órdenes son absolutas. Si te atreves a desafiarme mataré a la chica y a ti con ella. – las amenazas nunca estaban de más. —122 es mi amuleto de la suerte, así que vas a trabajar con ella como su compañero. El futuro que les espera es el más reluciente, no quiero más retrasos. Protegerás a 122 siempre, incluso de ti mismo, ¿Comprendes? Sólo estarás con ella para trabajar. Si la atacas les harás daño a los dos. Yo cuido lo mío, 314. – era demasiado información para procesar. Estaba paralizado. Xiao metió su mano al bolsillo de su pantalón y sacó un teléfono celular. Hizo reproducir la música, el cerebro del muchacho lo captó enseguida.
Rugidos precedieron a su bestial cambio. Cuando Adrien se convirtió en un zoántropo, en lugar de atacar al otro lado, como siempre, permaneció muy quieto.
—Acércate, 122. – la muchacha caminó hasta estar a su lado. —Ustedes dos serán un equipo, nada de peleas, ¿Está claro? – ella asintió, Adrien no dijo nada. —314, recuerda mis palabras. – dio media vuelta. —Lleven a 122 a su celda, no muevan a 314 hasta que el efecto haya pasado.
Adrien los vio alejarse con Marinette siendo sujetada de los brazos. Por más rabia que sintiera, no se movió. Su mundo acaba de caer y reconstruirse al mismo tiempo y eso, pese a su zoantropía, era demasiado por procesar.
…
El tiempo pasaba lento y rápido a la vez. La razón de ello era que al estar encerrada no podía darse cuenta del paso de los días. La habitación que en un principio le habían conferido ahí continuaba, sin grietas o remiendos, sólo la misma. No obstante, ella era diferente. Quizá la única cosa que había cambiado era ella.
La mente trabaja de maneras indescifrables y la psique se manifiesta en una mescolanza de alma y conocimiento, sin embargo, para que ésta puede surgir y manifestarse, es necesaria la voluntad. Durante todo su tiempo recluido, Marinette había comprendido, nuevamente, lo que era la voluntad.
Los sueños habían dejado de verse brumosos y lejanos, las palabras, en lugar de ser retazos de conversaciones ambiguas, se habían aclarado, los nombres, aún no los recordaba completamente, sólo uno. Sus ojos… se habían abierto.
Todo cambia y se mueve en distintas direcciones y Marinette lo comprendía. Ya no era la oscuridad la que mermaba su inteligencia, ésta se había transformado en un refugio, una fortaleza de soledad. La mujer valiente, decidida y creativa que solía ser, se gestaba en el fondo de su corazón, llamando enérgicamente a su razón y su fuerza. Aún continuaba bajo el yugo de la obediencia, eso no podía negarlo, no obstante, el espíritu que le caracterizaba, el fuego que latía dentro de sí misma, lentamente se reavivaba, dándole una razón de ser.
Xiao no lo sabía. De hacerlo hubiera tomado medidas, por lo que era su deber más importante el que no supiera que estaba recuperando su dominio sobre sus pensamientos. Era un proceso lento y tortuoso, pues ante el menor signo de individualidad el general se las arreglaba para confundirlos y sumergirlos en un limbo estacionario. Le costaba salir de esos estados y por ello su mayor reto era mantenerse lo más robótica posible.
Gracias a este progreso, Marinette tuvo cambios internos. Algo más personal y humano que físico. Lo más apremiante fue su relación con Adrien. Reconocía la agresividad en el hombre, pero repentinamente, de un tiempo a la fecha, éste dejó de mostrarse violento con ella. En su lugar manifestaba horror, como si ella fuera una plaga a la qué evitar.
Las pruebas en la sala blanca continuaron un tiempo, actualmente ya no lo hacían, en su lugar los colocaban en el coliseo a luchar entre ellos y contra otros sujetos de prueba. Generalmente estaban sumergidos en sus estados psíquicos, por lo que no recordaba mucho de lo que hacían, sólo pedazos sueltos que más tarde se encargaba de darles sentido.
Lo que sí llamaba su atención era que el chico parecía abstraído y lo peor era que, cuando pareciera que quería decirle algo o manifestarse amistosamente éste se detenía o era detenido por Xiao.
Marinette aún recordaba su nombre: Era Adrien. Conforme los días pasaron y comenzó a recuperar su memoria, la chica dedujo que él debió ser alguien importante en su pasado. Dado que soñaba y le recordaba a menudo, intuyó que se conocían desde jóvenes, que eran compañeros de algún tipo y en algún lugar, que tenían amigos en común y que él le conocía bien, o bueno, esa impresión le daba.
Algunas veces le había atrapado mirándole fervientemente, como si quisiera atravesarla con su mirada y cocinarle por dentro. No sabía si era una señal de odio, demencia o algo positivo, lo que sí entendía es que él estaba conectado con ella de algún modo.
Sabía que al principio le detestaba. Se acordaba que durante sus transformaciones y después, emitía palabras despectivas y tristes. En varias ocasiones dijo palabras como: Muerte, dolor, arrepentimiento e ira. Dado a esto Marinette le temía, sin embargo, lentamente la forma de ser del muchacho cambiaba a una relacionada con la amargura, tristeza y añoranza. Le tomó mucho comprender un poquito de sus insinuaciones. Adrien creía que le había matado, ¿O sería que él pensaba que ella le había hecho daño? Bueno, la cuestión era algo relacionado con la muerte. Así pues, el muchacho le rogaba le perdonara en medio de un torrente suplicante, pero poco después atacaba diciendo que planeaba arrancarle la cabeza si se le acercaba.
Tras mucho tiempo de decirle esto, un día él cambió súbitamente. Pasó de ser un matón a ignorarle. Le evitaba lo más posible. Cuando se convertía en zoántropo no embestía, sino que se paseaba de un sitio a otro sin dirigirle la mirada. Se dio cuenta de esto cuando regresaba de ser autómata. Por lo general él se lanzaba sobre ella pero comenzó a ver que era cada vez más frecuente que le esquivara.
Al principio no le molestaba, más que eso le aliviaba. Sentía que al menos así ya no tendría tanto miedo de pensar que podría romper la barrera y asesinarla. Mas, con el paso del tiempo, Marinette se sintió vacía. Habían establecido un vínculo, retorcido quizá, y cuando Adrien dejó de verla y prestarle atención ella se deprimió. Ese chico era el único bálsamo que tenía para sentirse algo más que una máquina. Era desolador, pero real. Cuando ella recuperaba su razón y veía a Adrien se sentía humana y ello le anclaba a la tierra. Ahora, cuando le veía alejarse su depresión se apoderaba de ella, sintiendo como una forastera en tierra santa. El rechazo le enfermaba lo cual era peligroso, pues al sentirse triste los efectos de la automatización era más duraderos, motivándole a dejar de luchar contra Xiao por su independencia.
Al principio le dolía demasiado. Pero Marinette tras algún tiempo intentó sanarse a ella misma. Lo peor fue cuando comenzaron a interactuar más de cerca. Como bien había mencionado, ella y él se encontraban en el coliseo luchando uno a uno con como pareja.
La siguiente fase de Xiao con ellos era convertirlos en un dúo de acción, es decir, que se acostumbrasen a trabajar juntos durante una pelea o misión. Siempre era el mismo protocolo. Se convertían, duraban un tiempo uno frente al otro, para que se familiarizaran y después Xiao daba las órdenes por el altavoz, podrían ser disímiles en cuanto a sus respuestas, pero al final continuaban siendo esclavos del General.
El hombre había conseguido forjarlos justo como quería. Para estas instancias, los obligaba a cooperar entre ellos sin atacarse mutuamente. Podían tener roces y altercados, pero conseguía hacerlos obedecer. El orgullo rebosaba en su pecho. Las palabras de Sou Jin se desvanecían como la niebla en su mente. Había detestado profundamente cuando le dijo que todo su trabajo era una pérdida de tiempo y que sólo era cuestión de tiempo para que sus logros se desmoronasen. Había veces en los que deseaba no haberlo matado tan pronto y tenerlo a su lado para observar sus gestos cuando viera sus avances.
Habían pasado cuatro meses desde que tomó la decisión de decirle a Adrien que la chica en verdad estaba viva y a su merced. Él cambio, si bien no había sido instantáneo sí que fue rápido. Supuso que la cabeza del chico debía estar siendo un mar en tempestad, pues cuando estaban cara a cara él se comportaba a medias, a veces bueno, a veces malo. Eso consoló su desesperación y le permitió tomar el control. Con Adrien dubitativo podía moldearlo a su antojo, pues era más fácil interceptar a un paciente en un estado de fragilidad mental.
El resulto fue mejor de lo que esperaba y aunque siguió tomando tiempo todo parecía indicar que iba por buena senda. Marinette era dócil aún, así que, ¿Qué podía salir mal?
—Han conseguido la victoria. – dijo Suen, quien estaba a su lado, viendo las cámaras.
—Sí, lo han hecho bien. – Xiao tomó el micrófono. —122 y 314, atrás. – exclamó con voz ronca, los dos sujetos de prueba retrocedieron ante el mandato de su amo. Xiao observó a 1216LP y 1214LN en el suelo, ellos hacían intentos por levantarse y seguir luchando, pero les ordenó que permanecieran abajo. Los dos eran especímenes buenos para sus experimentos del uso simultáneo de los sujetos 122 y 314. 1216 era un clase B y desde que fue herido 1214 se comportaba menos agresivo, pasando de ser un clase C a un B. Lobo y León, irónicamente habían sido derrotados por un gato y una mariquita.
Los enfermeros y soldados no tardaron en llegar por los caídos. Ellos también se apresuraron en ir donde Marinette y Adrien, quienes estaban agitados y algo lastimados.
—Extiende las manos. – pidió un soldado y Adrien le mostró los dientes y gruñó, haciendo un además de ir contra él si no se alejaba.
—314, permite que te esposen. – habló Xiao y el hombre descendió un poco su postura, estiró ligeramente las manos al frente, permitiéndole que le tocaran. El soldado se apresuró a esposarlo. En el caso de Marinette no fue difícil, ella no se movería a menos que Xiao lo ordenara.
Adrien la miró de reojo mientras se la llevaban de su lado. A diferencia suya, ella no luchaba o renegaba cuando era conducida. Él poseía instintos los cuales le llevaban a luchar y era algo que le desagradaba al verla así. Pensaba que no tenía la fortaleza de oponerse a Xiao y se decepcionaba así como entristecía; Marinette era una chica inteligente y bondadosa, esa imagen no era más que una sombra, un espectro retorcido de lo que una vez fue su alegre amiga.
Pero no podía culparla. La culpa había sido de él.
Él había transformado a Marinette. Si no fuera por aquel encuentro en la granja nada de esto hubiera pasado. Quizá… lo mejor hubiese sido… que nunca se hubieran conocido.
Ese pensamiento rondaba frecuentemente su cabeza. Después de que Xiao reveló el secreto, el mundo se volvió más cruel y ruin de lo que ya era. Por una parte se alegraba, pues Marinette estaba viva y eso significaba que no había conseguido matarla. Sí, era un alivio. Pero también estaba el hecho de que había sido transformada en una horripilante marioneta de los deseos de Xiao. ¿Qué horribles cosas le habría hecho? Seguramente la había golpeado, medicado, encerrado y ridiculizado. El sólo pensarlo se quemaba las entrañas. Marinette era una chica dulce y gentil, ¿Cómo podía un demonio como Xiao tener los escrúpulos de hacerle daño?
Más de tres años y había pensado que merecía todo el mal que Xiao le hacía como manda por su muerte… Y ahora descubría que había sido un engaño. La sensación era abrumadora. ¿Y si Marinette le había escuchado decirle esas escalofriantes amenazas? ¿Le guardaría rencor? Después de todo, haya querido o no, él estuvo a punto de aniquilarla. ¿Quedaría rastros de su benévolo corazón? No tenía idea. Conocía los métodos de Xiao y si la había vuelto un monstruo como él, entonces posiblemente no quedaba nada de la noble mujer que había conocido.
Cuando Adrien consiguió aclarar y acomodar sus pensamientos, el miedo y la culpa apaciguaron su violencia. Temía que por hablarle y reconocerle Xiao le hiciera daño como una forma de dañarlo a él. Así mismo, le aterraba la idea de que Marinette le odiara por todo lo ocurrido. No podría culparla, siendo honesto, pero sí se desplomaría si eso era verdad.
Por eso la evitó tantos meses. Porqué cada vez que la veía recordaba que había sido él quien la hizo así. Marinette habría estado a salvo si no se hubiesen conocido, si no se hubiesen convertido en amigos y… si no se hubiesen reencontrado después de tantos años. Era duro pensar en eso, pero entendía que era lo mejor.
Fue por ello que Adrien rechazó toda comunicación con ella, por más fuerte que fuese la tentación. Llegó a rozarla, pero terminaba por hacerse daño al ver que ella no le reconocía en absoluto. Su rostro sin emociones era una estaca que se clavaba más y más adentro de su corazón. Triste y dolorosa realidad.
No paraba de soñar con ella, eso también era un tormento. Marinette tenía un lugar muy especial en su corazón y memoria, recordarla como había sido era mucho mejor que verla a diario convertida en un despojo sin sentimientos. Era difícil, muchísimo, pero no tenía nada que hacer, su amiga estaba tan muerta como al principio.
…
—Ha sido lento y su progreso es interesante, pero creo que necesitamos más que simulacros en el coliseo. – explicó Xiao mientras bebía su segunda taza de café.
—¿Cómo qué, señor? – Suen respiró cansinamente, era ya tarde, pero para Xiao no había horarios, sólo momentos de inspiración, así que debía seguirle el paso.
—Una misión en campo. – cuando le escuchó la punta de su lápiz se rompió.
—¿Habla de sacarlos… al exterior?
—Tu pregunta es redundante.
—Sí, lo siento. – carraspeó. —Creo que podría ser... interesante, ¿Pero estarán listos? En pelea son coordinados, pero en una misión real, ¿Podría funcionar?
—Luchar y correr en medio de una pista de obstáculos es lo mismo en esencia.
—Sólo que durante las peleas, ellos no han mostrado mucho compañerismo, en sí se defienden y no se atacan mutuamente; pero ir de aquí para allá como un verdadero equipo es diferente.
—Explica tu punto, querido Suen.
—Me refiero a que… ellos sólo actúan simultáneamente, mas no cooperan para llevar a una meta en común.
—Es por eso que creo que sería un buen ejercicio. – Xiao miró su taza vacía y la dejó estar. —Estaremos en todo momento sobre sus movimientos, yo les daré órdenes por la radio y el dron se encargará de seguirlos, como siempre ha sido. Los soldados estarán listos en todo momento. – se levantó a servirse más café. —Necesitaremos al oso.
—¿1917UR?
—Ha respondido bien al entrenamiento sencillo de órdenes. Será su oponente final, una vez que pasen por los obstáculos, el plato fuerte.
—¿Dos contra uno?
—Me encantaría que el gorila también peleara, pero tiene pista de obstáculos supervisada y estará en la cámara de inmersión psicológica ese día, ya está programado.
—Sí, lo sé. – Suen había encargado a otros dos médicos a supervisarlo. Cada zoántropo tenía un médico encargado de sus avances. Xiao veía todo por supuesto, pero era más sencillo tener a un encargado de cada sujeto en todo momento. Eran pocos y no suponía un gran problema. Adrien y Marinette tenía la atención especial de Xiao, por eso es que siempre estaba viendo todo lo que se hacía con ellos.
—Iremos subiendo el nivel. – dio un sorbo, su tercer café y la noche era joven. —Probaremos contra todos nuestros sujetos y dejaremos lo mejor para el final.
—1816TR y 191SA.
—Exactamente. - dio sus suspiro. —Informa a todos para el procedimiento de mañana, quiero que los sujetos estén al alba. Haz una revisión médica antes, el entrenamiento de hoy fue un poco… duro. – Suen asintió mientras se despedía. Xiao podría ser el jefe intelectual, pero en lo que respectaba a lo práctico, todo recaía sobre él.
…
—¿He sido claro? – Xiao preguntó por segunda vez. El día no había sido precisamente templado. En realidad había muchos nubarrones y la humedad se sentía en el aire, pero nadie dijo nada, no querían contradecir al militar.
Ahí estaban Adrien y Marinette, recién sumidos en sus estados y escuchando atentamente las ordenes de su amo. Los habían vestido con sus atavíos de misiones. Trajes especiales para resistir el calor y la humedad, así como audífonos y gafas con pequeñas cámaras de video que transmitirían todo. El dron ya estaba volando alrededor, pese a que la señal era muy buena, nadie quería cometer equivocaciones. Sacar a los zoántropo siempre podía resultar complicado, pues en muchas ocasiones estos sentían el irrefrenable impulso de huir hacia la vegetación.
122 y 314 eran un caso especial, claro estaba. Xiao les tenía mucha confianza y había inspeccionado todo para que no ocurrieran percances. Tenía fe en que resultaría en un éxito.
La misión era sencilla: Recuperar una bandera. Deberían correr campo traviesa por una pista diseñada aún dentro de las instalaciones pero que abarcaba una parte del bosque. Habían colocado obstáculos, algunos soldados listos para interceptar y demás cachivaches. Para finalizar, lucharían con 1917UR, el zoántropo oso. Era un clase C y había sido criado para la confrontación cuerpo a cuerpo. Se trataba de un hombre de nacionalidad rusa y se le había incorporado el oso como animal predeterminado debido al estereotipo. 1917UR era musculoso y robusto, bastante alto y agresivo si se le trataba con hostilidad. Era un sujeto de prueba que obedecía a Xiao, pero que no tenía un control tan fino como Adrien. Él sería el oponente perfecto.
Pasando sobre él estaría el estandarte y una vez que lo consiguieran podrían descansar. Se los explicó dos veces, para no tener dudas.
—Tenemos todo en sus posiciones. – habló Suen.
—De acuerdo. – Xiao subió a su jeep. —Entraré en comunicación en cuanto regrese adentro. – el auto se encendió. Suen se quedaría ahí para una mirar de cerca. —122, 314… - los dos le miraron atentos, esperando las órdenes. —Comiencen. – Adrien gruñó y dio media vuelta, Marinette no hizo ningún sonido, simplemente corrió en la misma dirección que su amigo.
La carrera fue mucho mejor de lo que muchos esperaban. La velocidad de Adrien era superior a la de Marinette gracias a sus zancadas, pero la chica le pisaba los talones a un ritmo constante. El primer punto llegó rápido. Se trataba de una enorme pared que tenían que escalar. Adrien se sintió como pez en el agua, sus manos, tan rugosas y musculosas se adhirieron a la pared con relieves en una habilidad casi nata. Marinette se detuvo por completo y lo miró escalar. Ella retrocedió unos metros y tomó impulso. El dron grabó todos sus movimientos.
Gracias a su velocidad consiguió subir algunos metros usando sólo la punta de sus manos y pies, pero cuando pareciera que iba a caer se aferró al cuerpo de Adrien. Ella trepó su cuerpo y saltó usándolo de trampolín. El muchacho resbaló pero alcanzó a aferrarse justo a la mitad de la pared. Le lanzó una mirada furiosa a la chica, quien se deslizaba por una cuerda al otro lado. No quería quedarse atrás, así que se apresuró.
Marinette ya estaba corriendo cuando él llegó al suelo.
—Parece que no quieren perder. – Xiao veía todo por medio de las cámaras en las caretas de 314 y 122.
Adrien la alcanzó rápido y esta vez ambos mantuvieron el mismo paso. El siguiente obstáculo vino. Como todo regimiento militar había un camino de púas y la única salida era ir por debajo en un monto de fango. El joven se apresuró a correr bajo y arrastrarse por el suelo, era astuto y muy atlético, pero otra vez la chica mostraba lo ingeniosa que era. No es que lo hiciera a propósito, sino más bien su cuerpo se manejaba por sí solo, pero había que decir que en realidad era sorprendente. La chica dio otros pasos atrás y se lanzó con rudeza al frente. Su cuerpo resbaló graciosamente hasta llegar al otro lado. Adrien se emparejó con ella pronto. Ya estaban de pie otra vez.
—¿Quién le enseñó esos movimientos? – preguntó un técnico que estaba cerca de Xiao.
—Es muy inteligente. – sólo dijo Xiao.
Iban en el tercer segmento y los espesos nubarrones tronaron para después liberar la lluvia. A pesar de las condiciones climatológicas ellos continuaron corriendo. Ahora era turno de los soldados para atacar e ráfaga con pintura. Adrien se detuvo de abrupto, dándose cuenta antes que Marinette. Cuando ella cruzó el terreno los soldados dispararon. Le atinaron en un costado y tras sentir el dolor la mujer se lanzó al suelo por reflejo. Adrien gruñó y se agazapó. Caminó sobre sus extremidades muy pegado al suelo, comenzó a cazar.
La chica por su parte se recuperaba del dolor inicial de la pintura. La ira resaltó en sus ojos y gracias a su liberación de adrenalina pudo seguir adelante. Se desplazó cabizbaja por el suelo, las balas continuaban, pero de poco a poco dejaron de disparar. No le importó mirar atrás y averiguar por qué, ella se levantó y comenzó a correr.
Adrien no apareció de nuevo, pero no le importó. Las órdenes del amo eran absolutas y no se detendría hasta llegar a esa condenada bandera. La lluvia le nublaba la vista, así que tenía que sacudirse para evitarlas. Eso movía un poco la cámara y los audífonos.
Sólo faltaban unos metros, ya casi la tenía entre manos, pero su paso fue detenido por una masa humana. El sujeto de prueba 1917UR rugió mientras alzaba los brazos sobre su cabeza, como un oso preparándose para caer sobre ella. Marinette retrocedió veloz para dar espacio entre ambos.
No había tenido oportunidad de verlo antes, pero su musculatura era similar a la de Tao, por lo que reconoció ciertos patrones de movimiento en su balanceo. El zoántropo se empecinó sobre la muchacha y ella se deslizó en una pirueta lejos de su alcance. No quería perder tiempo luchando, así que prefirió esquivarle e ir directo a su objetivo.
Sin embargo no contaba con que el lodo haría toscos sus pasos. El oso la alcanzó con facilidad y la tomó de la cintura. Todo pasó muy rápido, la azotó contar el suelo y sacó el aire de sus pulmones. Marinette gimió dolorida al caer sobre su espalda. El hombre lanzó un puñetazo directo a su rostro, pero para ella, quien constantemente estaba en esas situaciones la respuesta fue clara. Ladeó su cuerpo para esquivarlo y enroscó una mano sobre uno de sus costados, se apresuró a tomar el brazo derecho de su agresor y mover al lado contrario, así y apretando en un abrazo casi mortal, Marinette ejerció fuerza con una de sus piernas sobre la nuca del zoántropo, haciendo una llave sobre éste.
La rápida reacción de la mujer desconcertó al hombre, quien quedó inmovilizado de repelerla. Podía sentir el férreo agarre, mas conocía sus límites. Entrenado en lucha grecorromana y en resistencia, el hombre buscó una solución poco ortodoxa. Sumió su cuerpo contra la muchacha. Su peso claramente la superaba y al aplastarla contar el lodo comenzó a hundirla para así asfixiarla.
El equipo tecnológico de Marinette sufrió daños a causa del lodo, desconcertándose al no escuchar la estática que normalmente había. Quiso ser asertiva y aplicar más fuerza para ver si lograba sofocarlo, pero tal como estaban las cosas él sería quien la dejara sin aliento primero.
Cuando el limo se acercó a sus fosas nasales y la presión se intensificó, ella cedió. No pudo luchar contra la gravedad y aflojó su agarre, esto fue todo lo que el sujeto masculino necesitaba. Consiguió liberarse de su agarre y estar más cómodo para empujar. Cuando pudo colocarse a horcajadas sobre Marientte llevó una mano a su cuello y apretar. La chica reaccionó aferrándose a su callosa extremidad, pero ya estaba muy débil como para darle pelea.
De pronto y en forma de salvación, el cuerpo del ruso se quitó de encima. Pudo respirar más tranquila al ver la figura de Adrien sobre ella. El rubio rugió y se apresuró contra el otro hombre. Le abrazó por la cintura tan implacable que lo derribó, entonces se apresuró a agarras sus extremidades en una maniobra grecorromana. El oso soltó un gruñido y se sacudió intentando quitarse al gato.
Marinette se alejó de ella mientras recuperaba la noción y el aliento. La lluvia bañó su cuerpo, limpiándole el lodo. Una vez libre apreció la bandera a lo lejos. Se decidió por avanzar pero escuchó un grito feroz. Su vista se desvió a los dos hombres que se habían separado y ahora se empujaban contra sus corpulencias. En medio de su forcejeo el 1917 alzó uno de sus talones y le dio de lleno a Adrien en la rodilla. Al pegar por la porción medial la fuerza de la articulación se perdió momentáneamente. El chico soltó un bufido y el oso aprovechó para darle un golpe directo en el pecho. Casi caía contra el suelo, pero recuperó el aliento, empuñó su mano y le correspondió con un doloroso embate en el rostro. El oso retrocedió y gruñó, se abalanzó contra Agreste, pero éste giró para ver cómo caía de bruces en el foso que habían creado. No esperaría a ver si se recuperaba, regresó su vista a Marinette, quien aún continuaba viéndolos pero que se acercaba a la bandera.
Se encorvó, como si fuera a saltar contra ella, pero el embiste de 1917 le sorprendió. La espalda le dolió mucho y un estallido caliente ocurrió contra su cabeza. Adrien se había golpeado contra una parte seca y quedó muy mareado como para responder. Le habían atacado por la retaguardia y se había descuidado. El oso lo giró para tenerlo al frente y le dio un puñetazo en el rostro, después otro en el estómago.
Los siguientes dos golpes Adrien los detuvo y entrelazó sus dedos con los de él. Alek gruñó mientras sumía su cuerpo contra el del muchacho. Estaban muy parejos, pero al estar arriba él tenía la ventaja. Decidió pasar al siguiente nivel. Su boca se abrió grave sobre el rostro de Adrien, decidido a morderle sin piedad. Sólo la fuerza bruta de ambos impedía que le alcanzara el rostro y se lo deformara.
Inconscientemente 314 buscó ayuda en alguna parte, no había nadie, ni siquiera Marinette. La ira y la tristeza le invadieron. Se sintió solo y vulnerable. Reconoció entonces que una parte de él estaba volviendo en sí y en el peor momento, pues al tener la conversión la fuerza extra de la adrenalina se esfumaría.
Sintió el vaho de su oponente sobre su rostro y desvió la vista al furioso espécimen sobre él. Con zoantropía o no debía ganar, pues era su única oportunidad de sobrevivir. Pero… su magullado cuerpo comenzaba a cobrarle factura. El dolor y el agotamiento físico ya eran notorios, estaba en severos problemas.
Una gota de saliva cayó sobre su mejilla, este era el fin, si al menos no le mataba, bien le destrozaría la cara. Estaba a punto de darse por vencido cuando la presión disminuyó y escuchó un sonido ahogado proveniente de su oponente.
Lo que vio le dejó perplejo. Marinette estaba sobre la espalda de Alek y con la bandera que le habían pedido recogiera estaba estrangulándolo. El sujeto de prueba se enderezó y tomó el trozo de tela con sus zarpas. Luchó contra la tela hasta que la destrozó. Dio media vuelta para enfrentarse a la mujer quien se había caído cuando éste consiguió liberarse.
Éste le lanzó un golpe que ella evitó, pero no se limitó sólo a eso. Enredó la tela alrededor de su muñeca y tiró de él para hacerlo perder el equilibrio, al tener el brazo tan tenso se apresuró a enroscarse contra su cuello y una llave de frente.
El oso fue impulsado por la aviada de Marinette y cayó al suelo, con ella de paso. No se rindió, estaba vez lo tenía a su merced. Apretó tanto como pudo, mas parecía que su fuerza continuaba siendo insuficiente. Ella conocía esa desventaja, era por eso que se empecinaba en usar el impulso de su atacante en su contra. Lo sintió intentando girar y revolcarla en el lodo otra vez, así que temió pasara lo mismo de hacía un rato, mas un rugido desgarrador distrajo a ambos. Adrien le dio un puñetazo tan potente en el estómago que le sacó el aire y removió las entrañas.
El oso gimió antes de desmayarse dada la fuerza con la que había sido golpeado. Cuando el peso muerto fue claro, Marinette se detuvo. Se apresuró a levantarse y se alejó del pozo.
Estaba agitada pero su rostro continuaba siendo tan vacío como al principio. Adrien también jadeaba y le dedicó una mirada duradera mientras la apreciaba de pie a su lado. Él se levantó lentamente, le dolía la rodilla aún y estaba cansado porque su transformación se estaba pasando.
La vio caminar y tomar algo del suelo, eran los retazos de la bandera, sin pudor pasó a su lado y juntó los trozos. Los depositó sobre el asta en donde estaba colocada en primer lugar. Ella le daba la espalda. Adrien escuchaba un zumbido en sus oídos, así que sacudió su cabeza y se deshizo de los audífonos. Al verlos colgar de su cuello entendió que ahora Xiao no podría darle órdenes y espera, que tampoco escucharlos.
Avanzó hacia la mujer que continuaba de espaldas a él. Por su postura adivinaba que estaba sumamente tensa, tal vez siendo un autómata todavía. Carraspeó para empezar a hablar pero el sonido de las aspas llamó su atención, no muy lejos estaba el dron que les seguía de cerca. No estaba seguro si los estaban grabando, así que actuó lo más tranquilo posible, para no levantar sospechas.
La lluvia era copiosa y molesta, incluso llegaba a doler si permanecía mucho tiempo inerte. Caminó hasta estar a unos metros de la chica. Ella enderezó su cabeza y miró a los lados, después llevó una mano a su sien. Adrien dedujo que estaba volviendo en sí. Respiró sonoramente, su corazón latía con tanta premura que pensó explotaría de la emoción.
Afuera, sin nadie rodeándolos, en medio del bosque a muchos metros lejos de su verdugo, él intentaría conectar con aquella silueta que solía ser Marinette. No estaba seguro si lograría hacerla reaccionar de algún modo, pero la necesidad estaba fundiéndolo por dentro. Tenía que decirle lo que sentía, fuera recibido o no.
Cuando la vio luchando para salvarle la vida una chispa se encendió en su interior. Era pequeña, ardiente y frágil, pero estaba viva y crepitando. La esperanza prevalecería hasta el final, no importara que tan absurda fuera. Ella soltó un resuello, al parecer su conversión se desvanecía y el humano regresaba sobre la aberración. Era su oportunidad.
—¿Marinette? – le hubiese gustado que su voz no sonara tan lastimera y dolorida, pero no pudo evitarlo. La chica no movió ni un músculo. —No sé si realmente eres tú… pero, de ser así… - tragó saliva. —Quiero pedirte perdón.- estaban hablando en francés, al hacerlo parte de su espíritu volvía a reconstruirse. El idioma era otra forma de hacer notar que no era dominado por nadie, pues era libre de usar su lengua madre al menos por ahora.
Como no había réplica, él continuó.
—Sé que justo ahora… debo parecerte un monstruo. Lo cierto es que… lo soy. – rayos, no esperaba que su nariz se congestionara a causa de las lágrimas. —No te culparía si quisieras matarme, yo lo haría en tu lugar. – suspiró sonoramente, su nariz hipó. —Te hice mucho daño, Marinette. Incluso pensé que eras una ilusión e intenté destruirte. En verdad lo lamento… - perdió la fuerza de sus rodillas, la emoción era demasiado poderosa. —Yo soy el causante de que seas así ahora, todo es mi culpa, yo te cambié, yo te destruí. Debes guardarme rencor… lo acepto, no te sientas mal por ello. Ya no soy quien solía ser. Soy un monstruo. – inclinó la cabeza hacia la tierra, tantas sensaciones juntas le doblegaban, no pensó que hablar nuevamente con su amiga le dejara tan desprotegido. —Lo lamento... - musitó inconsolable y dejó que la lluvia lavara sus pecados cual fría penitencia.
Pero de la nada, un sonido, casi imperceptible, llamó su atención. Eran sollozos, pero suyos. Alzó su rostro en busca del dueño y contempló el cuerpo erguido de Marinette, con la cabeza viendo al cielo mientras dejaba caer los trozos de la bandera. El llanto provenía de ella y quedó estupefacto al reconocerlo.
—Yo jamás… podría guardarte rencor… Adrien. –dijo entrecortada a la vez que su cara se giraba lentamente hasta él.
Azul contra verdes. Cielo versus mar. La sensación era abrumadora, profunda, envolvente… De pronto el frio dejó de ser frío, el agua dejó de mojar, el viento de soplar… Sólo había luz. Una inherente, súbita e intrínseca luz.
Todo se resumía a dos profundad palabras: Sigo aquí.
Y esa era la única verdad, tan implícito como eso, tan explícito como sus miradas. Podrían haber estado en el infierno, pero su interior, jamás cambiaría.
Y Adrien… sonrió, porque era real.
…
Intrínseco: Que es propio o característico de la cosa que se expresa por sí misma y no depende de las circunstancias.
…
Continuará…
Como pueden ver, este capítulo nos hizo avanzar a pasos agigantados. Me pareció necesario explicar lo más posible los puntos de vista de ambos. La referencia del título es más bien el decir que ellos, a pesar de todo, aún conservaban su esencia.
Déjenme decirles que con este capítulo y este avance ya estamos a un capítulo de llegar al clímax. En el siguiente veremos un giro y cambio que nos conducirá a la verdadera acción. Adrien y Marinette tienen mucho todavía, pero pueden apostar a que como hasta ahora, esto promete no ser nada sencillo.
Espero leerlos próximamente, oh y antes de que me olvide, muchas personas me preguntan hacer de los códigos. La explicación será casi hasta el final, pero lo que sí puedo decirles es que los animales en los que cada zoántropo debía convertirse se sacaron a partir de la nacionalidad y/o carácter de los sujetos de prueba.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
