Capítulo 11

Por la tarde, Tsubasa decidió llamar a Sanae para preguntarle si quería salir con él. Se fue al pasillo y llamó a la casa de la chica.

Ring, ring.

Sanae: ¿Diga?

Tsubasa: Hola cariño.

Sanae: Hola cielo. ¿Qué quieres?

Tsubasa: Me preguntaba si te gustaría ir hoy a dar una vuelta por el parque.

Sanae: ¡Por supuesto!

Tsubasa: Bien, iré a buscarte a las 5: 40.

Sanae: Vale.

La chica colgó el teléfono y subió a su habitación para prepararse. Mientras, Tsubasa fue a la floristería para comprarle un ramo de claveles a Sanae, sin saber que alguien le estaba observando. A las 5: 40, el chico llegó a casa de Sanae, que le estaba esperando en la puerta. Tras darse un tierno beso, se dirigieron lentamente hacia el parque.

En el vertedero de la zona, Kanda no dejaba de buscar caza entre los montones de basura, tenía que quitarse a esa humana de la cabeza de una vez por todas. Su padre, preocupado, fue a preguntarle que le pasaba.

Tonichi: ¿Qué te pasa, hijo? Normalmente, cuando cazas tienes la cabeza fría.

Kanda: No me ocurre nada, padre. Sólo es que ese estúpido de Tsubasa hace que me hierva la sangre.

Tonichi: Entiendo. Bueno, sigue con tu rastreo de presas.

Mientras Tonichi se iba a vigilar los alrededores del territorio con los demás lobos, Bina se acercó a Kanda.

Bina: He oído la conversación que has tenido con tu padre. Conociéndote, no me creo que por ese humano inferior estés tan nervioso.

Kanda: Es que… no puedo decírtelo.

Bina: ¿Por qué no?

Kanda: Porque me echaríais de la manada.

Bina: Ya sé lo que te pasa. Te has obsesionado con un humano.

Kanda: ¡No es cierto!

Bina: Escucha Kô, a mí también me pasó lo mismo cuando estaba preñada de ti y de tus hermanos.

Kanda: ¿A sí? ¿De quién?

Bina: Del marido de Natsuko Kuroichi. Intenté seducirle, pero me rechazó.

Kanda: ¿Y qué hiciste?

Bina: Desafié a Natsuko, pero ella me venció.

Kanda: ¿Te venció esa simple humana?

Bina: Sí, pero porque estaba preñada. Si no, le habría cortado la yugular en un segundo. Por cierto, ¿quién es la humana en la que piensas?

Kanda: Sanae Nakazawa. Una de mis compañeras de clase, tiene el pelo castaño, los ojos del mismo color, y un olor único.

Bina: Ya veo, comprendo porque desees a esa joven. Pero, ¿hay alguien más que la desee?

Kanda: Sí, ¡Tsubasa! Todas las veces en las que he peleado contra él por Sanae me ha vencido de la manera más humillante.

Bina: Pues yo que tú no dejaría que ese Kuroichi te derrote de esa manera. Limpia tu reputación de lobo y consigue a Sanae Nakazawa, yo no conseguí al humano que deseaba, pero tú aún tienes oportunidad.

Kanda: Sí madre. Mañana, ese Tsubasa sabrá lo que es bueno, y Sanae será toda mía.

En el parque, Tsubasa y Sanae estaban sentados en un banco.

Tsubasa: Sanae.

Sanae: ¿Qué?

Tsubasa: Sé que no soy el novio que cualquier chica desea, pero, ¿eres feliz conmigo?

Sanae: Pues claro Tsubasa. Para mí no hay mejor hombre que tú. Y además, no solo eres una fiera luchando, en la cama también impresionas.

Tsubasa(colorado): Gracias.

El chico acarició la mejilla de Sanae y ambos se dieron largo y apasionado beso. Pero, entre unos arbustos cercanos, una joven loba castaña con una cicatriz en el cuello les estaba observando. Miraba a Sanae con envidia, y sintió el deseo de estar en el pellejo de esa chica, pero, ¿por qué quería estar junto a Tsubasa Ozora, mortal enemigo de su primo e insultante copia de los de su raza? De repente, la loba escuchó un sonoro aullido que la reclamaba y se marchó del lugar para reunirse con el que la llamaba. Tsubasa también oyó el aullido, aunque apenas le dio importancia, estaba demasiado ocupado como para prestar atención a los asuntos de los Kanda. Así pasó la tarde, y cuando se hizo de noche, la luna quedó cubierta por una capa de nubes cargadas de lluvia. Tsubasa acompañó a Sanae a su casa, y durante el camino, la cubrió de la lluvia con su chaqueta. Cuando llegaron a la casa de la chica, ésta le invitó a pasar para secarse y entrar en calor. Al entrar, Sanae se fijó en sus padres y su hermano no estaban, en la mesa del salón había una nota:

Sentimos no haberte avisado, Sanae. Pero hemos ido a ver a una amiga que acaba de dar a luz, posiblemente lleguemos sobre las 11:00. Puedes ir cenando, tienes la sopa del mediodía para calentar.

Un beso, mamá.

Sanae se alegró, podría estar un rato con Tsubasa sin que nadie les interrumpiese. La chica le propuso que se quedase a cenar si le dejaban, así que Tsubasa llamó a su madre para preguntarle.

Natsuko: Vale hijo. Pero cuidado con las hormonas, que te conozco.

Tsubasa: Vale mamá.

Después de cenar, se pusieron a ver una película romántica. Durante la peli, Tsubasa posó su mano sobre el hombro de Sanae, y ésta apoyó su cabeza sobre el pecho de Tsubasa. A las 9:00, la chica subió a su habitación a ponerse el pijama, pero cuando se estaba poniendo la parte de arriba, alguien la abrazó por detrás y le besó el cuello.

Sanae: ¿Qué haces Tsubasa?

Tsubasa: Nada, abrazarte.

Sanae: ¿Y se te ocurre hacerlo cuando estoy medio desnuda? ¬¬.

Tsubasa: Pues sí.

Sanae: No tienes remedio.

La chica se giró le besó a Tsubasa, mientras éste le iba haciendo retroceder hasta la cama. Al cabo de un rato estaban dentro de la cama, desnudos. Tsubasa estaba algo preocupado, pues su madre ya le había advertido de sus impulsos hacia Sanae, pero él la amaba profundamente y no pensaba detenerse. En cambio, Sanae sí que estaba preocupada, porque si llegaban sus padres y les pillaban, se meterían en un lío muy gordo. A las 10: 55, los señores Nakazawa y el pequeño Kunichi entraron en la casa.

Madre: Sanae cariño. ¿Dónde estás?

No hubo respuesta.

Padre: Estará durmiendo.

Madre: A estas horas, que raro. Kunichi, ve a la habitación de tu hermana y mira a ver si está durmiendo.

Mientras tanto, en el cuarto de Sanae, los chicos estaban aún despiertos, abrazados, exhaustos y empapados en sudor. Se miraron con ojos tiernos, se iban a dar un beso cuando de repente escucharon pasos que venían de las escaleras.

Sanae: Corre Tsubasa: Escóndete debajo de las sábanas.

El chico obedeció y entonces se abrió la puerta.

Kunichi: Sanae, ¿estás despierta?

Sanae: Pensaba ponerme a dormir ahora.

Kunichi: ¿Por qué estás desnuda?

Sanae: Eeeeehhhh, porque… porque se mojó la ropa con la lluvia y me metí en cama para entrar en calor.

Kunichi: Ah, ¿y ese bulto que tienes a tu lado?

Sanae: Ah esto… es… es un peluche.

Kunichi: ¿Duermes con peluches a los 15 años?

Sanae: Por entrar en calor también.

Kunichi: Ah vale, pues voy a dormir yo también. Hasta mañana.

Sanae: Hasta mañana.

Cuando Kunichi cerró la puerta por fin, Tsubasa salió de entre las sábanas.

Tsubasa: Ahhhh, pensé que nunca se iría.

Sanae: Yo también.

Tsubasa: ¿Y ahora cómo salgo de aquí?

Sanae: No podemos bajar así. Aunque te transformes, mis padres me preguntarán por qué le doy a un perro tu ropa.

Tsubasa: Pues me quedo a dormir.

Sanae: ¿Y tu madre?

Tsubasa: Tranquila, ya sabrá por qué no regresé a casa esta noche.

Sanae: ¿Tu madre sabe lo nuestro?

Tsubasa: Sí, y mis tíos y Tocko también.

Sanae: ¿Y les parece bien?

Tsubasa: Pues claro que sí. Siempre le caíste bien a mi familia.

Sanae: Gracias.

Tsubasa: Y supongo que tus padres no saben nada, ¿no?

Sanae: Pues no.

Tsubasa: ¿Por qué no se lo dices?

Sanae: El problema es mi padre, siempre fue muy protector.

Tsubasa: Entiendo.

Sanae: No me atrevo a decírselo, y menos ahora, que tengo novio a sus espaldas y que me he acostado con él.

Tsubasa: Tranquila, seguro que lo entenderá.

Sanae: Muchas gracias por tu apoyo Tsubasa.

Tsubasa: De nada.

Al poco, Sanae apagó la luz y ambos se durmieron, fuertemente abrazados. Durante esa noche nubosa, Tsubasa y Sanae soñaron cosas parecidas: Que Tsubasa conseguía ganar la copa del mundo de fútbol con el equipo japonés; después se casaban y tenían dos preciosos hijos, muy parecidos a su padre.

Mientras tanto, en el vertedero, Kanda se entrenaba sus tácticas de lucha con un poste grande de madera, que no tardó en quedar hecho astillas debido a los fuertes mordiscos y zarpazos del lobo gris.

Kanda: Mañana ese humano sabrá lo que es bueno, lo dejaré tan destrozado como ese palo.