Capitulo 11: "Observando La Desgracia"

Sí se pudiera cambiar el destino…
¿Que sería lo que primero cambiarias?

- Esto… no puede ser verdad – jadeo entrecortadamente mientras que trataba de no perder el juicio ante tantas emociones. Todas las personas de su pueblo, su clan, estaban siendo consumido por las llamas y esos caballeros que jamás había visto en toda su vida. En su pecho no tenían ninguna insignia, o algo, para poder reconocerlos. Simplemente llevaban sus armaduras y luchaban con los de su clan. Alzo la mirada hacia más allá donde se encontraba su castillo, contemplándolo con dificultad por las lagrimas que caían de sus ojos y nublaban su vista. El alma pareció abandonar su cuerpo, al ori desde aquel lugar un grito que corto el aire con una intensidad increíble, dejándola completamente fría. Helada.

Era la voz de su padre.

No lo pensó o reparo en las consecuencias. Sólo se inclino y sintió que era impulsada hacia donde se encontraba su castillo. Podía sentir la brisa del aire golpeándole las mejillas, y quemándole por tenerlas húmedas. Apretó los puños con fuerza mientras que su corazón palpitaba desbocado dejándola casi sin aliento.

"Que no sea nada, que no sea nada"

Los tres hombres permanecieron estáticos al ver la reacción de la chica. Ni siquiera les había dado el tiempo para que ellos pudieran abrir la boca o algo. No, ella sólo se marcho, volando como si supiera lo que hacía, como si tendría total control sobre los poderes que poseía.

Inuyasha observo serio la situación. No sabía cómo comportarse, ahora que sabía quien era esa mocosa, ahora que tenía claro quién demonios era. ¡Maldición¿¡Por qué demonios el destino se empecinaba con querer hacerlo tomar decisiones!? Se sentía culpable al tener que llevarla a las manos de ese maldito bastardo y él salir victorioso, sin ningún rasguño, obteniendo lo que más deseaba en el mundo. Tenso la mandíbula casi crujiendo los dientes. ¡Ella era la niña que había rescatado en el bosque! La que se hecho a sus brazos sin saber quién era y agradecerle profundamente, con tola la sinceridad e inocencia que un niño puede tener. Sentía cómo por dentro su corazón se encogía. Le había hecho una promesa a esa pequeña, y él odiaba no cumplir con esas cosas. Si bien, él había desaparecido de el mundo de los humanos y de Avalón cuando decidió vender su alma, pero jamás había olvidado las palabras que le había pronunciado a la mocosa cuando niña.

Él tenía que llevarla a las manos del travesti.

Esa había sido su misión, hasta habían hecho un trato con esa endemoniada cosa (el travesti). Y ahora que descubría quien era la mocosa… se arrepentía. No merecía sufrir aquellas cosas. No tenia que sentir dolor. Ella tenía que permanecer en casa, con su familia, amistades y todos quienes la aprecien. Ella no debería estar en un mundo como en el que se había metido.

Que ÉL la había metido.

¡¡Maldición¡Cuántas yardas tenia de retroceder en el tiempo e impedir que callera de la cascada! Que se hayan encontrado. Observo el lugar por donde había marchado y desvió su mirada hacia su alrededor. Todo aquello lo había provocado él, esas eran las consecuencias que sus actos habían logrado…

Todo era su culpa… por la maldita ambición que tenia.

- Ustedes dos… – dijo de pronto Hoshinki haciendo que Miroku diera un brinco e Inuyasha levantara su mirada vacía hacia el viejo.

- ¿Nos puedes ver? – inquirió Miroku receloso.

- Claro, muchacho, puedo verlos claramente – exclamo sin voltear. Tenía la mirada fija en el frente viendo como poco a poco las llamas absorbían las casas de las personas, como la sangre de los guerreros se derramaba sin cuidado, los gritos de ayuda de las mujeres, el llanto de los pequeños…

El sufrimiento de las personas.

Sabía que lo que le había mostrado a Kagome podría hacerla perder el juicio, ya bastantes emociones había tenido y eso podría provocar el colapso de todo. Era un riesgo muy grande para solo una adolecente de diecisiete años de edad. Pero era algo que tenía que hacer, debía mostrarle lo que pasaría si ella se dejaría vencer o no controlaría sus poderes, si se quedaba en aquel mundo. Todas las personas que conocía en su pueblo morirían a manos de… ése.

Volteo enfrentándose con dos hombres que parecían demonios en espera de ser atacados para dar el golpe de gracia. Esa chica sí que sabía cómo buscar compañía peligrosa.

- Y claramente sé que no tienen que estar aquí…

Miroku e Inuyasha fruncieron su ceño.

- Nosotros no pedimos estar aquí – respondió Inuyasha.

- Ella nostramo ¿verdad?

El anciano los contemplo placido. Ellos tenían razón, y ni él sabía la razón por la que ellos se encontraban allí, no sabría porque, pero tenía el presentimiento de que aquella joven la cual era su reencarnación los había llevado allí con algún propósito. Cerró sus ojos y suspiro cansado, tendría que ocuparse de tres chiquillos…

- Este lugar en donde estamos… es… – vacilo, no muy convencido de formular aquella pregunta.

- Sí, este es el lugar es donde el penmerlin nació. Donde ella creció y vivió asta el día en que te encontró.

Lo observo receloso. Parecía que ese viejo sabía más de la cuenta. Y era más que claro ya que él sabía todo, pero Inuyasha no lo sabía.

- ¿Quiere decir que este es el hogar de la señorita Kagome? – inquirió Miroku dando un paso al frente. En algún lugar vio ese rostro, sabía que lo conocía o al menos daba crédito a que en alguna parte lo había visto. Frunció su ceño y abrió sus ojos como platos – Hoshinki… – musito en un hilo de voz.

Inuyasha volteo el rostro para observarlo igual de sorprendido que el caballero negro.

- ¡¿Estás queriendo decir que este viejo es el gran Hoshinki?! – se precipito apuntándolo con el dedo índice.

Hoshinki trato de hacer oídos sordos al descaro con que lo había llamado el hombre de ojos dorados.

- ¿¡Él gran penmerlin que dio su vida por mantener la paz en todos los mundos!? – Miroku asintió. - ¡del que se tenía que hablar con respeto y a lavación! – volvió a asentir. - ¡ja, no te lo creo¡Un viejo como este no puede ser el gran penmerlin del que tanto tiempo se hablo! – se cruzo de brazos sobre su pecho con una actitud arrogante. – además míralo, vistiendo harapos y con una barba que no deja distinguir si es viejo o vieja.

Hoshinki soltó su mandíbula y por un momento temió que se le pudiera despegar del rostro. Nadie jamás le había hablado con el descaro que ese muchacho había utilizado para con él. Mientras que lo observaba aun incrédulo y con los ojos abiertos como platos, trato de controlarse tomando la postura anterior. Impasible.

- Y aparte este es medio afeminado.

Pero no duro mucho…

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Kagome volteo asustada al escucha que a lo lejos, de donde había venido, se podía percibir una enorme explosión que hizo levemente sacudir a la tierra. Restándole la menor de las importancias, acentuó sus pies en la tierra, dejando de flotar. Contemplo con un nudo en su estomago las ruinas en que se encontraba el interior de su castillo, en donde había crecido y jugado de pequeña, el fuego consumía todo a una gran velocidad mientras que el humo y el hollín se veían por todas partes, sino fuera porque aun era un cuerpo traslucido y parecía ser un fantasma ya la hubiera ahogado hace tiempo. Con la mirada desesperada busco a alguien o algo que le diera pistas de que se encontraban vivos.

Un grito cortó el aire.

Con el corazón en la mano, Kagome volteo asustada. Palideció al ver de pie a su madre, con sangre alrededor de sus mejillas, el hollín cubriendo la mayoría de su cuerpo, y los ojos bien abiertos, como ella. Parecía que hubiera visto un fantasma porque se encontraba estática sin mover ni un solo musculo de su cuerpo observando algún punto indefinido detrás de Kagome.

Entonces se desplomo.

Jamás borraría de su meten lo que vio aquel día.

Su madre tenía clavado un puñal en su espalda…

Contuvo la respiración mientras que sentía como su propia alma la abandonaba en aquel lugar, dejándola sola. Los sonidos, gritos, suplicas, cosas derrumbándose, nada, se escuchaba a su alrededor. Estaba consumida en la imagen de su mente: su madre cayendo al suelo, con una daga profundamente clavada en su espalda. ¡¿Pero que demonios pasaba?! Quería llorar, gritar, golpear… respirar. De pronto recordó que debía respirar, y de más de un jadeo trato de tragar todo el aire que le era permitido mientras que las lagrimas caían de sus ojos. Siempre lloraba… pero esta vez tenía una buena razón para hacerlo hasta que agonizara de angustia. Sentía impotencia, la observo morir y ella no hizo nada para ayudarla solo permanecer de pie enfrente de ella, con el corazón sin palpitar y sola. ¡Su madre murió enfrente de sus ojos! No soporto más y de un súbito impulso…

Grito.

Grito a todo pulmón sintiendo como la garganta comenzaba a arder y picar mientras que se quedaba sin respiración. Su grito era ensordecedor, y cualquier arpía hubiera querido gritar como ella lo había hecho. Las piernas le flaquearon y golpeo sus rodillas con el suelo aun gritando. Podía sentir como las tibias lágrimas llenas de dolor, acariciaba sus mejillas sintiendo un frio aire que golpeo su rostro. Cuando ya no pudo mas, dejo de gritar y se calmo… con la respiración entrecortada, rápida, constante, mientras que trataba de asimilar lo que sus ojos le habían mostrado. Observaba el suelo en donde se encontraba arrodillada con la cabeza cabizbaja sintiendo un súbito dolor oprimiéndole el pecho, dejándola con un incomodo malestar allí dentro.

- Debe ser horrible ver que tu madre muere enfrente de tus ojos… y tú sin poder hacer nada para evitarlo – se sobresalto al escuchar una voz, calmada y casi suave, pero grave. Sin levantar aun la cabeza del suelo escucho como se acercaba lentamente hacia ella. – y tener al acecino de ella ante ti… ¿Cómo sería?

Atónita ante aquellas palabras se quedo helada. Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras que la impotencia y el odio se acrecentaban en su interior.

Él era el culpable.

"Hazlo pagar… sácale las entrañas una por una, dejando que muera lentamente. Asesínalo de la manera más fría que alguien pudiera hace…r"

Alzo su mirada llenada de odio penetrándola en unos gélidos ojos rojos. Cualquiera hubiera retrocedido o huido al ver cómo podían verse los demonios en ellos, pero el odio y la venganza que sentía en ese momento hicieron que los temores que sentía más, los pocos razonamientos que llego a tener, la hicieran mas valiente que cualquiera. Se irguió velozmente plantándole cara a ese hombre. Tenía el cabello largo con leves ondulaciones, piel pálida marcando más esos endemoniados ojos. Era alto. Muy alto, tanto, que capaz llegara a la altura de Inuyasha. Abrió su boca para hablar pero se vio interrumpida por el rápido movimiento que él hizo tomándola por el cuello, ejerciendo más fuerza que él adonis que la ataco en otra ocasión. Gimió de dolor y coloco sus mansos en la de él tratando de quitárselo, pero viéndose imposible de hacerlo.

La levanto del suelo como si fuera más ligera que una pluma y la sostuvo en el aire mientras que sonreía y echaba su cabeza hacia atrás riendo estruendosamente de la diversión que todo aquello le causaba. No era de utilizar sus manos para ese tipo de trabajo pero tenía que hacerlo.

- Que indefensa te ves – sonrió con malicia. – Y pensar que tú eres la próxima penmerlin – suspiro fingiendo indignación. – yo que pensé que esta vez sería más divertido que la anterior…

- In… feliz – dijo en un hilo de voz mientras trataba de respirar. Daba patadas al aire tratando de golpearlo para que la soltara pero parecía inútil.

- Esto sucedió porque tú huiste de mi… fui claro en la nota, que le envié a los concejeros del rey – asevero apretando aun mas su delicado cuello, haciendo que soltara un alarido de dolor. – Nada de esto hubiera pasado sino hubieras sido tan precipitada – le clavó la mirada. – ¡ahora sufre las consecuencias!

- Vasta…

Escucho la voz del anciano, suave, sosegada en su mente. Cuando sentía que ya todo estaba perdido y que el aire se acababa cerro lentamente sus ojos, sintiendo que todo estaba acabando y que de esa manera moriría. Pero de un segundo a otro todo se esfumo como si explotara en una enorme nube de polvo.

Y todo se oscureció…

"En ese momento me encontré en la cueva donde los grises me perseguían, y los encontré enfrente de mí. Hoshinki ya no estaba a mi lado e Inuyasha aun no había llegado, al verlos impulsarse sobre mí, chille asustada y con una mano extendida hacia ellos sentí como una rara vibración recorría desde el fondo de mi corazón hasta mi brazo y ser impulsada finalmente de mi mano hacia los grises que desaparecieron… en ese momento, perpleja y aun incrédula me mantuve con la mirada hacia el frente, tratando de razonar lo que había contemplado con mis propios ojos… mi madre había muerto enfrente de mi… un hombre con la mirada más aterradora de todas casi me estrangulo… supe que era un penmerlin… y que estoy sola en este mundo… hasta que vi lo que no me esperaba… él llego de la plena obscuridad observándome minuciosamente como si buscara algún indicio de algo que no supe entender. Cuando escuche su voz, llamándome "mocosa" no pude evitar derramar las lágrimas del dolor que sentía. Mi corazón se ahoga con sus lagrimas y eso provocaba que yo no resistiese poder retenerlas… menos con todas las horrendas cosas que vi… sin saber cómo me abalance a sus brazos… y espere que todo lo que descubrió jamás pasara… que aun no llegara…"

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- ¡¡VIEJO DE MIERDA!! – vocifero con la voz amenazadora mientras que lo sostenía de la túnica a Hoshinki que carecía de expresión en su rostro. Lo tenía tan cerca de su rostro que podía sentir la respiración de ese el que se hacía llamar el gran ex penmerlin. - ¡¡maldito infeliz, te desfigurare el rostro!! – alzo su puño en el aire y lo alejo lo mas que pudo para darse impulso y al menos poderle romper la nariz a ese anciano. ¡¿Cómo se atrevía a hacerle aquello a una niña¡A la niña que él rescato! Estaba a punto de desfigurarle el rostro cuando sintió que alguien lo detenía por detrás tomándolo de los brazos y haciéndolo retroceder. - ¡¡juro que te sacare las entrañas!! – sus ojos estaban segados en la ira, desorbitados, y brillosos como si pudiera descuartizarlo con una sola mirada.

- ¡¡Cálmate Inuyasha!! – grito Miroku desde su espalda. - ¡¡no seas insensato!!

- ¡¡Me dices a mi insensato, cuando este pasado de basura le mostro esas cosas a Kagome!!

Miroku se congelo.

"¿Estás preocupado por la llave?"

Inuyasha, no sentía nada por nadie desde hace tiempo, cuando había perdido a… cuando había sido cruelmente engañado por el travesti y lo obligo a perder a su más grande amor… su pobre Kikyuo. Al morir ella, también murieron sus sentimientos. Era algo inconcebible, no lo lograba asimilar. Porque se preocupada por la llave…

"¡¡¿Se abría enamorado?!!"

- Tenía que hacerlo… – dijo de pronto el viejo sacándolo de sus pensamientos. – ella debía conocer a donde llegaría si no volvía a su hogar. Estando en este mundo jamás podría salvar a sus padres y esas tierras se verían infectadas en las redes de… – suspiro ronco. – Naraku.

Eso dejo sin aliento a Miroku e Inuyasha.

- Naraku no…

- ¡¿Por qué Naraku pudo tocar a Kagome?! – inquirió Inuyasha interrumpiendo a Miroku y dejándolo pasmado ¿él la había llamado por su nombre de pila?

Vieron como el anciano se encogía de hombros despreocupadamente.

- ¡Conozco ese tipo de magia¡Se que puedes permanecer como un fantasma y ser un fantasma sin que nadie te note o te presienta! – sentención con el mismo tono brusco en la voz. – ¡¡CONTESTA MALDITO HIJO DE PUTA¡¡¿POR QUÉ PUDO TOCARLA?!! – se removió inquieto tratándose de zafar del agarre de Miroku pero se vio imposibilitado ya que el caballero lo sostenía firmemente. Gruño por ello.

Hoshinki le clavó la mirada.

- Ella es un penmerlin, y aunque no sepa utilizar aun su magia en su interior una disputa se debate entre sus poderes y el control de ellos. Yo no fui el culpable de nada, ella misma deshizo el conjuro con sus poderes…

"Es por eso que ella pudo acabar con los grises en la cueva"

- Ella los envió aquí a ustedes dos. ¡Jamás tuvieron que ver todo esto! – alzo la voz de la nada mientras que por primera vez desde que se encontraban ahí lo veían fruncir su ceño. - ¡están interfiriendo el futuro¡Nada tiene que cambiar, retírense de este lugar antes de que yo mismo los expulse!

- ¡¿Pero quie…?!

- ¡¡AHORA!!

Antes de que pudieran decir otra cosa, sintieron como eran expulsados de aquel lugar.

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Cuando abrieron sus ojos lo primero que divisaron fue el frio cielo azul que se encontraba encima de ellos. De un sobresalto que casi los desmaya observaron alrededor de donde se encontraban. Sus miradas se cruzaron y sabiendo lo que pensaba cada uno, se irguieron del suelo. La fogata estaba apagada mientras que Shippo dormía tranquilamente en su sitio donde Miroku lo había aplastado la vez anterior. Todo se encontraba iluminado por los cálidos rayos del sol de aquella mañana de invierno, el clima era frio, pero no molesto. Todo absolutamente todo se encontraban como lo habían dejado: las espadas en el suelo, huellas de botas por doquier, pasto arrancado y unas mantas a lo lejos descubiertas…

Inuyasha abrió sus ojos como platos.

¡Kagome no estaba!

- ¡¡La llave!! – exclamo sin creer que no estuviera ¡donde debería estar!

- Hay que buscarla ¡Hoshinki no pudo advérsela llevado!

- ¡Pero ella no estaba con nosotros cuando él nos devolvió aquí!

El silencio los envolvió.

- ¡¿Se abra quedado allí?!

- ¡No puede, NO debe¡Hoshinki dijo que estamos interfiriendo con el futuro!

- ¡¿Ella también lo estaría haciendo?!

- ¡¡¡NO LO SE!!!

- ¿Por qué gritan chicos? – dijo Kagome desde atrás teniendo palillos y ramas en sus brazos. Inuyasha volteo y colérico, le grito desesperado.

- ¡No preguntes que te estamos buscando!

- ¿eh?

Lo observo extrañada.

Inuyasha, NOTO, que Kagome se encontraba enfrente de él observando expectante mientras que trataba de entender que era lo que había querido decir con que la buscaba a ella, si ella se encontraba enfrente de él.

- Sólo fui a buscar unas ramas para la fogata que se apago por la noche. – se excuso inocentemente, mientras que lo observaba aun confusa. – ¿te encuentras bien?

- ¡¡¡¡EL SOL QUE ILUMINA MIS MAÑANAS!!!! – grito Miroku extendiendo sus brazos a los lados de su cuerpo y echándosele a Kagome encima. – ¡pensé que nunca más te volvería a ver!

- Bájala en este mismo instante… – gruño Inuyasha en voz casi de ultratumba. Él era su guardia, y tenía que protegerla, de cualquier… cosa.

Kagome sonrió mostrando todos sus perfectos dientes blancos mientras trataba estoicamente soportar la risa. No podía soportar más y cuando Miroku la soltó notando lo tensa que estaba, ella se echo a reír a carcajadas. Era una risa armoniosa, sincera y con alegría. Cerró sus ojos y sostuvo su estomago, temiendo que se abriera de la risa. Inuyasha y Miroku se encontraban, completamente llenos de polvo, con hollín en las mejillas. El caballero negro tenía todo el pelo revuelto mientras que la capa de él se enredaba con la de Inuyasha, el flequillo de su frente estaba hacia atrás, como si estuviera duro. Mientras que Inuyasha tenía hojas por todo el cabello y una en la nuca, pareciendo un indio con una pluma, mientras a su calza le faltaba tela de la pierna de derecha, mostrando su velluda, pero poderosa, pierna.

- ¡¡Tienen que verse!! – rio señalándolos.

Parpadearon sin comprender aun de que se trataba todo lo que ella decía, hasta que ambos se observaron por primera vez en el estado que se encontraban. Los dos sintieron lo vergonzoso de la situación y con incomodidad desviaron la mirada, tratando de disimular lo ridículo que estaban.

Ella una reía viéndose completamente feliz desde que Inuyasha pudo recordar. Esa era la niña que él había rescatado de los lobos esa noche de invierno, en el bosque donde se encontraba la cascada por donde ella cayó. Su risa era contagiosa y no pudo evitar sonreír ante lo tonto que se debería ver, ya que no podía verse. Era sorprendente como la mocosa podía estar como si nada después de todas las cosas que vivió esa noche en la cueva…

"Eso fue hace dos noches atrás…"

Sí, pero de todas maneras cualquier mujer hubiera al menos enloquecido y ella se encontraba enfrente de él riendo a carcajadas con, ahora, Miroku acompañándola.

¡Maldito sea el destino! Ahora se encontraba entre la espada y la pared. Sus malditas intenciones no eran protegerla, sino enviarla a las manos del travestí para el poder estar libre y tener a ella consigo…

Eso sí que era un maldito dilema…

Continuara…

N/A: ¡¡¡¡GRACIAS¡¡DE VERDAD GRACIAS¡¡SOY MUY FELIZ!! XD ¡qué bonito recibir de nuevo reviews de lectoras! n.n MUCHÍSIMAS GRACIAS DE VERDAD. Jeje, ese discurso que di sí que sirvió. Bueno solo espero volver a recibir mas reviews con este cap. Bien, pasando a otra cosa… en el capítulo de hoy se develaron muchas cosas (muajaja) la perra de Kikyuo, (no tengo nada contra ella pero igual no la soporto u.ú) apareció un poco sobre ella e Inu, apenas fue notable pero por allí esta. Eso fue lo que Hoshinki le mostro a Kagome en la cueva cuando le dijo que debía mostrarle algo. Miroku e Inuyasha dieron con ellos porque Kagome sin saber cómo los envió mostrándoles lo que ella misma vio ese día. Sé que esta algo confuso pero pronto varias cosas más saldrán a la luz.

Ana¡¡¡¡¡¡TE KIEROOOO MUCHOOOOO!!!!!!! Jamás me imagine que arias lo que me dijiste (o lo haces) de verdad me pone muy feliz, hasta casi salen lagrimitas de mis ojos. De verdad tus palabras se colaron en mi corazón y allí están. Voy a guardar ese mail. Ni loca lo pierdo. Gracias otra vez por el mail TAN LARGO AMO ESOS COMENTARIOS de verdad gracias… jeje parezco tonta diciendo gracias, pero bueno, me siento muy feliz… n///n

¡Ah! Por ahí recibí un mail que me pedían permiso para entrar a mi spaces. Claro que tenes permiso, conmigo ningún drama, ya te voy a enviar el permiso, pero por ahora no creo poder ya que mi internet se volvió loquita o mi compu… bueno no se u.ú pero cuando ya se soluciones te lo envió ñ.ñ, SIN MAS QUE DECIR ME VOY ALIOZ… ¡AH! ¡¡DEJEN REVIEWS PORFA!!

La Vida Sin Sueños No Puede Cambiar…

Dulce Kagome Lady-