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« Lupin también tenía un aspecto más joven y mucho menos desgastado, su pelo estaba más espeso y obscuro. Parecía feliz de haber regresado a ese lugar tan familiar [El bosque prohibido], escenario de tantos vagabundeos adolecentes.»—

Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte, cap 34. El Bosque Otra Vez.


Cuatro chicos en el Bosque Prohibido

—Muy bien equipo, gran trabajo—Felicitó Potter al pie del campo del colegio. Una marca de sudor se había esparcido a lo largo de su torso adhiriendo la tela de la camiseta a su cuerpo. —…terminamos por hoy—declaró.

Aterricé la escoba dando tumbos para frenar, aún tenía que dominar los aterrizajes rápidos. Me sequé el sudor de la frente mientras seguía al resto del equipo hacia la carpa de Gryffindor, cada cual comenzó a alistarse para salir. Guardaban las escobas y se desmontaban el equipamiento protector de brazos y piernas.

—"Lanzadora"— El capitán se acercó a mi mientras desajustaba los broches de sus espinilleras—Si realmente quieres quedarte en el equipo voy a tener que pedirte que trabajes esas piernas—Manifestó. Se quitó las gafas unos instantes para limpiar los cristales. —…Cuando las bludgers golpean a fin de derribar a un jugador de la escoba, la permanencia de éste recae en las fuerzas de sus piernas—Explicó. —Y tú tienes piernas débiles, tendrás que ejercitarlas.

—¿Qué me sugieres que haga para ejercitarlas?—Pregunté.

James pronto se quitó su camisa empapada de sudor sin pudor alguno. Rápidamente me di la vuelta con un rubor latente en mis mejillas, hice lo posible por aparentar que aquello no me incomodaba.

—Veamos…—Hizo memoria un minuto.— Spinnet entrena en la sala de los menesteres,—Sugirió. —…aunque no lo recomiendo, hay muchos alumnos que entran y salen de ahí y Peeves aprovecha para gastarles bromas; Blummer sube trotando la colina hasta la lechucería todos los días, aunque habría que ir con cuidado, dice que el suelo es resbaloso. Sé de varios alumnos que vienen a trotar alrededor del campo de Quidditch antes del desayuno, escuché que Christy Abott, tu amiga, lo hace a menudo.

—¿Y tú que haces?.

James se había colocado una remera limpia con el emblema de los "Puddlemere United", el equipo británico de Quidditch.

—Yo corro por los alrededores—Respondió escuetamente.

—No sabía que eras fan de los Puddlemeres—Hice un pequeño paréntesis mientras notaba el escudo de su remera.

—Han tenido una temporada floja pero… aun ostentan el record de goles—Se explicó este con cierto orgullo por el logo que portaba en su pecho. Se colocó los anteojos en su lugar y se montó un morral con el escudo de Gryffindor sobre el hombro—…Nos veremos en pociones—Dijo marchándose de la carpa.

Musicalización de Capítulo: Creedence Clearwater Revival: Have You Ever Seen The Rain? (1970)

Ajusté mi itinerario. A partir de ese día. Iría a la cama un par de horas antes para despertar a las seis y media de la mañana.

Era la primera vez que saldría del castillo antes del alba. La frescura de la noche me calaba hasta los huesos, estuve a nada de cambiar de idea aquella primera vez que me alisté a salir a correr, pero me alegro no haberlo hecho.

El plan inicial al salir por el patio trasero, era dirigirme al campo de Quidditch a dar un par de vueltas por el óvalo de la cancha, pero tan pronto pillé a Regulus Black y Emma Vanity ir para el mismo rumbo, tuve que desistir de aquél plan y obligarme a improvisar.

Sencillamente comencé a trotar a lo largo del puente de madera que conecta con el bosque, hasta llegar al círculo megalítico desde dónde se podía vislumbrar la cabaña de Hagrid y el criadero de las distintas criaturas mágicas. Continué por la orilla del lago, dónde los tentáculos del calamar gigante brotaban del agua. Comenzaron a asomarse los primeros vestigios de sol entre las montañas y se fusionaba el ámbar del nuevo día con el púrpura profundo y estrellado de la noche. Mi nariz comenzó a impregnarse de una embriagadora brisa con olor a musgo, tierra húmeda y bosque. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan llena de energía y contagiada del mejor ánimo.

En algún punto ya había dejado atrás el lago y la vista del castillo, estaba corriendo entre pinos y bayas de frutas silvestres. El suelo era irregular y terregoso, el sendero apenas reconocible. Cinco años en Hogwarts y era la primera vez que exploraba aquellos alrededores que se extendían más allá del lago y los límites dónde pudieran verse las torres de Hogwarts. Sentí que no habría manera en que pudiera perderme, bastaría con volver sobre mis pasos. Así que seguí con la confianza de avanzar hasta que comenzara a entrecortarse el aliento. Pero a medida que avanzaba, la espesura de los árboles obstruía la vista de la luz del alba. Y de pronto, cuando sobre el sendero sólo se percibían hayas gigantes y maleza demasiado espesa, intuí que había ido más de lo permitido.

Entonces me paré en seco y giré. Era hora de regresar. Pero volver sobre mis pasos no era en absoluto tan sencillo como cualquiera hubiese pensado. Con la hierba a la altura de mis rodillas no encontraba mis huellas. Sentía que el camino que estaba tomando era mucho más complicado e irreconocible. Fui a desorientarme más cuando me vi a la terea de elegir entre un camino dónde la hierba medía poco más de un metro o entre una declive encharcada y pestilente. Sabía que estaba completamente perdida cuando di a parar con una dolmena de siete metros que nunca había visto. Maldije. No tenía vista al cielo para orientarme, la espesura de los hayas no dejaba penetrar la luz del cielo. Caminaba sin saber si me dirigía al este o al oeste; Y tan pronto recordé que McGonagall había advertido que los centauros no eran amistosos con los humanos,y rememoré aquella vez que había pillado el aullido de un hombre lobo, caí en la noción de que perderse en aquél sitio podía ser letal.

Escuché unas zancadas aproximarse, rompían las hojas secas y se abrían paso entre los arbustos. Me escondí detrás de la roca gigante que formaba la dolmena. Provenían de lo profundo del bosque, así que me llevé la mano a la varita que tenía guardada en el bolso de la sudadera.

Para mi alivio no se trataba de un centauro, ni un hombre lobo ni ningún tipo de criatura. Por sus carcajadas intuía que eran un grupo de alumnos. Suspiré.

—"La próxima vez deberíamos llevar un par de bombas fétidas"—Decía una voz —"Fastidiar a los Trolls del bosque es tan divertido".

Reconocí de inmediato esa risa arrogante y vivaracha. Era Sirius Black. ¿Qué hacían a esta hora saliendo del bosque prohibido?.

—"Aún no supero su cara"—Rio Peter.

—"Ho no Canuto"—refutó Remus—"Ya vamos a dejar de molestar a esos Trolls".

—"Lunático, ¿No me digas que también te compadeces de esas criaturas?"—Rio James.

Los chicos tenían la pinta de haber estado activos durante toda la noche, y Remus en especial llevaba un aspecto espeluznante, como si hubiese resbalado hacia un pozo enterregado y se hubiera hecho mucho daño en el cuerpo.

Cruzaban la maleza con maestría y naturalidad, como si lo hubiesen hecho miles de veces antes, a diferencia de mí que daba pasos cuidadosos por temor a encontrar un bicho venenoso. Se encaminaron hacia donde yo recién había cruzado, y siguieron el mismo sendero que yo hubiera seguido. Al parecer no estaba tan perdida. Esperé a que se caminaran unos cuantos pasos antes de ir tras sus huellas. Me sentí un poco como Snape al esconderme mientras les veía y escuchaba sin su consentimiento, aunque yo no codiciaba enterarme de su vida y ni sus andanzas, tan solo quería regresar al castillo.

Sinembargo reconozco que podía no dejar de darle vueltas a su misterioso comportamiento que mostraban entre secretismos y risitas cómplices. Puede que mi teoría de que fueran los merodeadores de la sección prohibida no pudiera estar más desacertada, y todo el asunto del mapa se debiera a aquella fuga al bosque. Quizá todo se condensaba a eso; Los chicos simplemente vagueaban por el bosque prohibido molestando trolls. Algo fuera de las normas, cierto, pero no necesariamente terrible. Admitía que yo esperaba algo aún más escandaloso y perverso, vaguear por ahí lo percibí como algo inocente propio de chicos curiosos e inquietos (O por lo menos lo pensé de momento, antes de recordar que los Trolls de bosque eran criaturas de tres metros y muy violentas). Sin embargo aún había dudas que me saltaban a la mente ¿Cómo lograban evadir la seguridad del castillo? ¿Y cómo lidiaban con los peligros del bosque?, ¿Hagrid se los permitía? y de no ser así ¿Nadie más se enteraba de aquello?.

No había que darle gran importancia, por que súbitamente notaba la familiaridad del sendero. El cielo matutino ya coloreaba sus tintes claros, y lograba ver las torres del castillo en el horizonte. Se erguía a una decena de metros el sauce boxeador, que recuperaba su postura habitual tras haberse agitado demasiado. Di un vistazo a lo lejos esperando ver a los muchachos cruzar frente a la cabaña de Hagrid o bien cruzar el puente camino al castillo, pero al no ver sus siluetas por ningún lado supuse que debieron tomar otro camino para acceder al mismo, si es que se dirigían hacia ahí. Pero, como dijo, no me desgastaría en darle importancia, había sido una suerte topármelos al fin y al cabo, ya que gracias a ellos pude encontrar el camino de vuelta.

Apartir de aquél día sentí la plena confianza de adoptar aquél trayecto como un circuito diario para correr y fortalecerme, como lo había pedido James. Siempre a la misma hora, antes de la salida del sol y, la mejor parte, antes de que el despertador-Hada de Lily me atormentara.