A la tarde siguiente, Ronald iba con paso acelerado por la calle, iba seguido por el pequeño Scorpius que debido a su pequeña estatura se veía obligado a correr para seguirle el paso a su 'padre', pensaba en el pelirrojo como su padre pero siempre que se lo decía él se ponía furioso y la gritaba que él jamás sería su padre y que le daría asco serlo. El pequeño no entendía por qué su padre lo trataba así, según su mamá ambos lo querían mucho pero el pelirrojo no se lo demostraba nunca, le decía y hacía cosas muy feas como cuando lo metía en el armario con el pretexto de que se había portado mal cuando en realidad no había hecho nada.

-Ya sabes, huroncillo, quiero que te quedes en el banco sentado hasta que yo vuelta y que ni se te ocurra levantarte.- Ronald se giró para retomar el paso pero no pudo llegar muy lejos ya que el niño replicó con voz queda.

-Pero papá, mami dijo que teníamos que comprar la comida de la cena.- Dijo el niño cohibido y con inseguridad, Ronald se giró con hastío y mirando mal al pequeño le dijo.

- Ya hablaré con tu madre después, ahora tengo cosas que hacer, y no quiero tener que volver a repetírtelo.- Se aproximó al niño hasta quedar a su altura.- ¡NO SOY TU PADRE!- Le gritó al niño haciendo que éste último se encogiera en sí mismo y reprimiera las lágrimas.- Ahora te vas a estar sentadito y calladito en uno de esos bancos hasta que venga a por ti y ni una palabra a tu madre, ¿entendido?- Scorpius simplemente mantuvo la cabeza gacha lo que provocó la ira del pelirrojo que repitió la pregunta esta vez gritando.- ¿ENTENDIDO?- Scorpius asintió quedamente con la cabeza sin elevar la vista para evitar que el pelirrojo viera los tremendos lagrimones que salían de sus tiernos ojos color mercurio, pues si el pelirrojo le veía llorar se enfadaría todavía más.

Cuando Ronald retomó el paso Scorpius agarró más fuerte a su dragón de felpa y el libro de cuentos que siempre llevaba encima y fue a sentarse en uno de los bancos todavía con el soponcio en el cuerpo. Desde donde estaba sentado veía como los demás niños jugaban entre ellos o con sus papás, cosa que a él le daba mucha envidia, sus padres casi no jugaban con él, su papá porque lo consideraba una pérdida de tiempo además de que lo quería lo más alejado de él que pudiera y su mamá trabajaba mucho, los ratos que pasaban juntos y jugaban eran en casa o en La Madriguera pero nunca en el parque, le gustaba mucho jugar con su mamá porque era muy divertida y nunca se cansaba de jugar con él, lo malo era que los ratos que podía eran pocos; tampoco tenía muchos amiguitos en la guardería lo consideraban raro, porque en una ocasión tuvo un brote de magia involuntaria cuando un niño le pegó lápices en el pelo con pegamento y él se enfadó mucho con el niño, tanto que hizo explotar los cristales de las ventanas y el niño salió volando por una de ellas, los únicos amigos que tenía eran Tutty, Teddy y Victorie a los dos últimos solo los veía de vez en cuando porque tampoco iba mucho a La Madriguera. El niño siguió ensimismado en sus pensamientos mientras no dejaba de llorar viendo como los otros niños eran felices y él no.

No muy lejos de ahí, Narcisa había logrado convencer a Draco de que salieran a dar una vuelta y a tantear el terreno del lugar donde instalarían la tienda de NarMa. A Draco todavía se lo llevaban los demonios no podía dejar pasar el descubrimiento que había hecho por nada del mundo, y tenía que empezar a deliberar sus opciones legales cuanto antes. Su madre hablaba sin cesar de un tema que siendo sincero consigo mismo no le interesaba para nada pero sabía que estaba haciendo un esfuerzo por distraerlo y era un gesto que Draco agradecía enormemente. Cerca de un parque Draco recibió una llamada de un inversionista que llevaba esperando desde hacía horas por ello se alejó unos metros de su madre para tener mayor privacidad mientras Narcisa iba a comprar algunos adornos florales para poner en el salón y en los despachos -aun en contra de las protestas de Draco y Lucius-.

-Me alegra haber tenido noticias de usted sr. Milton, le aseguro que no se arrepentirá de hacer negocios con nosotros, y siento tener que declinar la cena pero en otra ocasión podremos celebrar el éxito de nuestra unión empresarial, que tenga un buen día señor.- Draco colgó su móvil con una mueca, ni loco iría a una cena con ese señor, estaba seguro que lo único que quería era intentar que cayera bajo los encantos de su aparente inocente hija y así conseguir más puntos en ese negocio y por lo tanto hacerse más rico, pero Draco no estaba interesado en absoluto tener ni siquiera una aventura con una niña rica mimada y estúpida como la hija de Milton.

Draco iba pensando en la hipocresía y descaro de su nuevo socio que si no fuera por los millones que le acababa de hacer ganar ni siquiera la hubiera dado la hora, cuando oyó el llanto de un niño, no es que le extrañase mucho puesto que estaba en un parte en donde abundaban los infantes pero era raro escucharlo en esa zona que era más alejada y aislada pensando en que tal vez el niño se hubiera perdido decidió curiosear para ver que ocurría, se dejó llevar por el sonido del llanto del niño, el cual cada vez se escuchaba más de cerca y lo que encontró le paralizó, el niño mejor dicho el bebé de aproximadamente dos años y medio le daba la espalda pero con solo ver el cabello Draco sintió una punzada en lo más profundo de su ser, el niño tenía el pelo rubio platinado como él, si tonalidad de piel era blanca pálida, era un bebe de dos años y medio fecha que encajaba perfectamente con la de su hijo. Se fue acercando despacio a él como temiendo que aquello no fuera real y que en cualquier momento el pequeño desapareciera, pero no fue así el niño era real, el llanto era real y cada vez más fuerte lo que hizo que Draco se preocupara. Acortó la distancia con el pequeño rubio e hizo mayor ruido con sus pisadas para que el niño notara su presencia y no se asustara de verlo de repente a su lado.

El pequeño a sentir los pasos de Draco, creyó que sería Ronald por lo que rápidamente se limpió las lágrimas con sus manitas e intento reprimir los espasmos del llanto. Se giró despacio y se encontró con un completo desconocido, lo que lo asustó aún más. Draco al notar el miedo en el niño del cual ya no había dudas de que era su hijo al ver sus ojos grises, levantó las manos en señal de paz.

-¡Hey! Mi nombre es Draco, no tienes que tener miedo de mí, no te haré daño, sólo es que me preocupé cuando te oí llorar y vine a ver qué pasaba, ¿te encuentras bien?- El niño no hacía ningún indicio de responder parecía paralizado. Draco se fue acercando a él muy lentamente cuando estuvo cerca se arrodilló para quedar a la altura del niño que se encogió en su asiento. Draco lo miraba cada vez más maravillado, nunca pensó que el primer encuentro con su hijo sería así pero le estaba muy agradecido a Merlín.- Mira yo no te haré daño, es más podemos ser amigos, mira si somos casi iguales, mira mi pelo es del mismo color que el tuyo, mi piel también lo es y mis ojos también son como los tuyos, una persona que se parece tanto a ti no puede ser mala a no ser que tú seas malo, ¿lo eres?- El niño negó con la cabeza mirando los rasgos que el rubio mayor había citado con recelo, era verdad que eran iguales.- Pues yo tampoco soy malo, si quieres podemos ser amigos, ¿quieres?- Scorpius se encogió de hombros aún desconfiado, su mamá le había advertido que no debía hablar con desconocidos pero nunca digo nada de que no pudiera hablar con gestos.- Pues lo amigos se cuentan los secretos y como ahora nosotros somos amigos podemos contárnoslos así que ¿por qué llorabas?, ¿te ha hecho algo algún niño?- Scorp negó con la cabeza.-

El niño abrió la boca para responder, emocionando en el acto a Draco viendo que había conseguido algo de la confianza del niño, cuando una voz los interrumpió.