Capítulo 11. Tres días sin Edward

Era irritante y estúpido, ¡qué ocultaban! gritó interiormente el menor de los Elric, frustrado y enfadado, por no poder acceder a las habitaciones del profesor de pociones donde sabía que su hermano permanecía inconsciente. Él siempre estaba junto a su hermano cuando Edward se metía en problemas, siempre eran ellos dos, era normal que el hecho de que decidieran separarlos ponía a Alphonse furioso, por eso pateó una de las barandillas tratando de lesionarse, o, al menos, sacarse la rabia de dentro.

-Vaya. Deberías ser jugador de fútbol... –comentó una risueña voz femenina, Al giró su rostro, vio que la joven pelirroja estaba sentada en un saliente cerca de donde había golpeado con tanta fuerza, suspiró y volvió a sentarse en aquellas frías escaleras-. Hey... Al, no estés así...

-¿Cómo quieres que esté Ginny? –masculló con un gruñido, la pelirroja se sentó a su lado moviendo la mano para que su amiga Luna desapareciera-. El profesor Snape no me deja ver a mi hermano...

-Vaya, pobre... -acarició el rostro de Alphonse haciendo que éste se sonrojara-. Al menos sí que hay hermanos que se preocupan de sus otros hermanos...

-¿Qué quieres decir? -musitó mirando a la chica perplejo, ésta sólo suspiró con un gesto nervioso.

-Bueno, al fin y al cabo, vosotros siempre estáis el uno para el otro, apoyándoos, para lo que haga falta Edward sabe que te tendrá para él, en cambio mis hermanos siempre están ocupados planeando travesuras y me dejan un poco, apartada -confesó la pelirroja apartándose un mechón de la cara-. Me dais algo de envidia.

Alphonse sonrió porque pensaba que todos los Weasley, no sólo ella eran traviesos, aunque sin duda alguna, los que se llevaban la medalla de oro como los más trastos, con diferencia, eran los gemelos de la familia, esos dos eran una bomba de relojería andante, donde ponían el ojo, ponían la bomba fétida. Se lo comentó a la hija menor y ésta se rió con ganas empujándolo un poco como si se hubiera molestado. Bajaron las escaleras entre bromas y risas, era la hora de comer y no les esperarían mucho tiempo más.

-¿Qué clase tienes ahora? -le preguntó Ginny cogiendo su mano como si temiera no verle en mucho rato.

-Los Slytherin tenemos una hora libre... –confesó aún algo ruborizado por el atrevimiento de la chica-. Puede que sea por la llegada del nuevo profesor de DCAO...

-Eso pensé yo... –confirmó con una sonrisa mirándole de reojo, y sonrió al ver las mejillas de Alphonse aún más rojas-. Pues,... podríamos ir a dar un paseo... ¿qué te parece?

-Yo estoy en contra... –los interrumpió alguien que arrastraba las palabras con aire de superioridad-. Hay algo más interesante que hacer ahora mismo...

-Draco... por favor... –suplicó Al intentando separar a la pelirroja del rubio-. No estoy en condiciones de lidiar con otra pelea más...

-No vengo por eso Alphonse... –gruñó el rubio con los brazos cruzados apoyando su espalda contra la pared, lanzando una pequeña libreta de anotaciones al menor de los Elric-. Creo que te interesará... se lo he cogido "prestado" a Severus Snape...

-¡Draco, eres un prefecto! -regañó el menor bastante furioso.

-Debería de darte el puesto de prefecto... –señaló el rubio poniendo los ojos en blanco, que un Slytherin estuviera tan pegado a la reglas como lo estaba Alphonse era bastante frustrante, pero al fin y al cabo eso formaba parte de su encanto-. Vamos léelo, te interesará...

Antes de que Alphonse abriera la libreta la joven pelirroja se la arrebató y comenzó a leer rápidamente antes de que ninguno de los dos pudieran reaccionar correctamente. Draco la cogió por detrás intentando arrebatársela pero justo cuando ya alcanzaba a alcanzarla Ginny se quedó congelada en su sitio observando la página pálida y algo confundida. Alphonse apoyó una mano sobre el hombro de la chica que tardó un poco en reaccionar.

-Draco -lo llamó su novia, Pansy Parkinson, parecía debatirse entre mostrarse celosa o divertida-. ¿Ahora te interesan las pordioseras?

-No es lo que piensas Pansy... –se excusó apartándose de la pálida pelirroja para acercarse a su prometida.

-¡Draco! -escuchó un grito procedente de Alphonse que alzó el libro y lo miró furioso-. ¿¡Es esto cierto!?

-Pansy ahora te explico, sí... –la cortó el rubio agachando la cabeza-. Al parecer tu hermano logró abrir el libro y ahora mismo esta bajo un hechizo reviviendo un recuerdo de otra persona, según ha investigado Snape...

-¿¡ Y por qué no le despierta!? ¿¡y si esa persona muere!? –chilló comenzando a pasearse por la sala como si fuera un animal enjaulado-. ¿¡Por qué no me han dicho nada!?

-A lo mejor creen que así te están protegiendo pero, a pesar de todo, creo que tenias derecho a saberlo... -puso sendas manos en los hombros del castaño-. Al, ¿te gustaría investigar sobre la vida de quien sueña tu hermano y los comienzos de Hogwarts...?

-¿Qué?... bueno, si con eso ayudo a mi hermano... –murmuró apretando los puños, se giró y observó al rubio mayor-. De acuerdo...

-¡Draco! –exclamó, el muchacho se giró sobre sus talones y sujetó el brazo de Pansy para atraerla para besarle en los labios, dejándola sin palabras.

-Hazme el favor, ve y llama a Zabini... –pidió con una sonrisa seductora, la muchacha asintió algo perpleja y comenzó a correr hacia los calabozos para buscar al chico reclamado... Mientras Ginny y Alphonse le miraban con cierta rojez en las mejillas-. ¿Qué? Venga chicos vosotros sois pareja ¿no...?

Severus Snape se personó en el despacho después de dejar a Poppy con el chico inconsciente, al entrar en ella pudo ver a los miembros de la Orden del Fénix, Alastor, era acompañado por un misterioso encapuchado que él conocía bien. En uno de los sillones le sorprendió ver a ese animago que era su eterno némesis, Sirius Black, Tonks y los demás estaban apostados cerca de Moody y en el centro, el director, a su derecha la líder de la casa Gryffindor, Minerva MacGonagall.

-Bien, ya que estamos todos... comencemos con la reunión... –murmuró Minerva-. Albus...

-Las últimas noticias son algo preocupantes, muggles, brujas y magos están desapareciendo en las calles de Londres, sobretodo después de haber sellado el círculo de alquimia... –anunció el director entrelazando los dedos, tras esto suspiró-. ¿Qué opciones tenemos Alastor...?

-Albus debemos utilizar todas las armas existentes hasta la fecha, contra lo que nos enfrentamos es un poder nunca visto... no se necesita varita... –gruñó lanzando una carpeta sobre el escritorio del anciano-. Esa es la lista que pediste de usuarios de alquimia en una fecha de 1900 en adelante... ¿para qué la quieres?...

-Hay algo que me inquieta del joven Elric... –comentó abriendo la carpeta y mirando aquella lista-. Algo que me dijo la enfermera...

-¿El qué? –intervino Severus preocupado observando el rostro demacrado del director.

-Algo sobre su padre... –suspiró Dumbledore mirando por encima de sus gafas de media luna-. Me temo que debemos traer a Mustang... si hubo más usuarios de Alquimia ….

-Entiendo -murmuró el profesor de pociones saliendo de la sala tan rápido como entró, iría al despacho de ese vago y lo llevaría a rastras de ser necesario.

Como siempre, el despacho de Mustang relucía por el desorden a pesar de la constante labor de los elfos domésticos, el alquimista estaba leyendo un libro con cierta pasividad y ni siquiera pareció inmutarse cuando entró sin molestarse en llamar a la puerta, se incorporó y cerró el libro como si el tiempo sólo existiera mientras él lo hiciera moverse, tenía esa clase de arrogancia y prepotencia del que se sabe poseedor de un gran poder.

-El director te reclama en su despacho -anunció cuando los ojos negros se posaron en él rozando la indiferencia.

-Tarde o temprano tenía que hacerlo -murmuró incorporándose del sillón orejero, movió el cuello como si estuviera algo agarrotado y se levantó dispuesto a seguirlo.

Al entrar en la habitación, Roy observó al profesor de pociones viendo esa risa áspera tan típica de Severus Snape cuando vivía un momento de tensión, Sirius analizó al joven mirándole de arriba a abajo y comprendiendo porqué Snivellus estaba tan irritable cuando le vio. El moreno se acercó hasta el director y con porte chulesco típico de él habló.

-¿Qué se trae ahora entre manos? –le dijo directamente al anciano con la sonrisa torcida.

-¿Puedes decirme quien de estos es el padre de Edward Elric? -el moreno frunció el ceño y caminó hasta aquella lista con pequeñas fotografías antiguas, rememorando aquella escena en la puerta donde Edward le gritaba con todas sus fuerzas.

-¿Para qué? -preguntó algo preocupado el profesor de Alquimia-. No creo que sea de su incumbencia la vida privada de mi subordinado.

-Lo es cuando un alumno grita en sueños a su padre para que no se muera... en la enfermería... –espetó al director con calma y entonces señaló una de las hojas y un nombre-. Hohenheim,Van muerto en 1945.

-Sí, ¿y? –masculló cruzándose de brazos, disimulando su sorpresa al saber que el padre de Edward estaba muerto en ese mundo desde tanto tiempo atrás.

-Pues que es raro que sea padre de Edward Elric, además al parecer fue victima de un asesinato, lo descuartizaron... -observó a aquel hombre de ojos negros directamente, finalmente, el director sonrió-. Ya veo, no piensas decir nada...

-Es sencillo Mustang... –murmuró Snape con su viperina voz, Roy giró su cuerpo observando con desafío a esos ojos ponzoñosos que le miraban con superioridad-. Responde a las preguntas que te hagamos con sinceridad... o nos veremos obligados a utilizar Veritaserum...

-Yo no soy uno de tus alumnos, Snape, y prefiero no hablar de algo que concierne a Edward... –masculló con orgullo, cruzándose de brazos en actitud claramente defensiva-. Por cierto, hablando de él... ¿¡por qué no me informan del estado de mi subordinado!?... Alphonse estaba histérico...

-Ni que fuera un militar... -señaló Sirius, bastante divertido por ver a otro hombre desafiar al profesor de pociones-. Snivellus tú siempre tan locuaz...

-Cállate Padfoot... –espetó el moreno poniendo las manos en la cintura-. Al menos yo puedo vigilar a mi ahijado...

Sirius entrecerró los ojos lanzándole una mirada envenenada, Roy sonrió ligeramente, todos habían dejado de mirarle con la sospecha dibujada en la cara, Albus había vuelto su atención a los papeles que acababa de recibir, pese a todo, podía sentir la fría mirada de alguien sobre él, evaluándolo, sopesando sus capacidades y la posibilidad de continuar hablando de la Orden en su presencia. El ojo de Alastor Moody parecía girar sobre su cuenca cuando el moreno se volvió y lo miró fijamente, clavando sus apabullantes ojos negros en él.

-Creo que debería irme -sugirió dando un paso hacia la puerta disimuladamente, como si la conversación que habían iniciado no tuviera nada que ver con él.

-Espera un momento Mustang... -lo retuvo Tonks dando un paso hacia él, el hombre la miró con cierta indiferencia pero se detuvo-. Nos gustaría saber tu opinión sobre ciertas cosas como alquimista experimentado que eres.

-Eso es interesante, así que nos ocultan cosas... qué propio de los magos... –suspiró dejando caer los brazos con frustración, era algo bastante ridículo, a estas alturas iban a comenzar a desconfiar-. Escuchen... no sé que pensaran de nosotros pero hasta ahora hemos sido sinceros... ¡y tu Snape lo has comprobado en carne propia!... y no me digas que aún no sabes nada...

-¿Qué quiere decir Severus? –inquirió Alastor haciendo sonar su bastón-. ¡Tú nos ocultas algo!

-Se refiere a la confianza que tengo con su subordinado... no metas a un indefenso Edward en esto... –gruñó apretando los dientes y se acercó al altivo moreno para fijar aquellos ojos negros con los suyos de igual color-. ¿O te recuerdo nuestra pequeña competición...?

-Sólo quiero decir que hasta ahora no nos hemos portado mal... como para considerarnos peligrosos... –se explicó cruzándose de brazos de nuevo-. ¡Por dios, si incluso enseño a los niños magos a hacer alquimia! Tal grado de desconfianza tenéis...

-Está bien... te daremos informes completos... -cedió el director-. Y hablaremos con Edward cuando despierte...

-Trato hecho. El intercambio Equivalente depende de un guardián, el guardián es que decide si el intercambio es válido, en otras palabras "el sacrificio" que hicieron Alphonse y Edward no era suficiente para el guardián, por lo tanto, y para que sus dos hijos no recibieran un rechazo alquímico a pesar de la piedra filosofal que habían utilizado, sabiendo que ellos estaban perdiendo por lo que tanto lucharon así que su padre trajo a alguien para vigilar y ayudarles, hizo el trato con el guardián entregando su piedra filosofal y su vida con ello... Edward presenció ese acto ante sus ojos... lo descuartizaron frente a nosotros sin que pudiéramos hacer nada... como parte del trato –explicó de carrerilla, todos se mantuvieron en silencio cuando escucharon esas palabras-. Si se enfrenta un gran pedido a la puerta, los alquimistas podemos llegar a morir, por eso es preferible enseñar las leyes de una manera más plena y memorizarla, no es válido el intentar superar las normas establecidas en nuestra disciplina...

-Edward... lo vio... –susurró Snape conmocionado, Roy asintió apenado-. ¿Y por qué no dijo nada?

-Por Alphonse... –susurró Roy y sonrió, tristemente, mirando al techo-. Aún no has comprendido a esos dos hermanos, Edward jamás querría ver triste a su hermano menor... el muchacho seguirá aguantando todo tipo de responsabilidades para que al menos el pequeño pueda tener una oportunidad de vivir en paz...

-Eso es demasiado sacrificio... –murmuró el director tristemente, el profesor de pociones y los demás presentes se quedaron pensativos a pesar de que algunos no conocían a Edward, podían sentir en las palabras del coronel una fuerte emoción, algo que les impresionó, sobretodo por la escasa expresividad del moreno-. ¿Lloró su muerte...?

-Eso es irrelevante ahora mismo... –interrumpió mirando al profesor Albus Dumbledore, el alquimista de fuego se cruzó de brazos-. Bien, yo revelé algo, ahora le toca a usted ¿cuál es la verdadera razón de que pregunte por el alquimista de la luz?...

-Hay una leyenda... –se explicó el anciano sacando unos pergaminos que estaban escritos en una lengua ya muerta para los magos, pero demasiado viva para los alquimistas se acercó-. La princesa Edwing de Xerxes, sacrificó su vida y su corazón para obtener la paz de su reino... pero el resto no he logrado descifrarlo...

Roy lo sostuvo y abrió repentinamente los ojos, si lo que ponía en el pergamino era cierto. Todos en aquel mundo estaban en peligro, Roy apoyó sus manos en el escritorio del director y observó a los ojos de éste con preocupación, acto seguido se incorporó y puso dos dedos en el tabique de su nariz intentando calmar el inminente dolor de cabeza que se estaba creando.

-Diga a sus superiores que den prioridad a capturar a ese tal Voldemort... –masculló el coronel alejándose del escritorio acercándose hasta la ventana abierta notando el viento en su cara y mirando al lago negro, observando al calamar gigante asomar un instante, sus pensamientos estaban con su mundo en ese momento-. Si quieren sobrevivir... será mejor actuar cuanto antes...

-¿Qué quieres decir? -añadió cruzándose de brazos, reclinado sobre el escritorio del director con una más que palpable irritación.

El coronel comenzó a traducirles en voz alta el contenido de los pergaminos, permitiendo que a su alrededor aquellos que habrían podido dudar de la seriedad con la que se tomaba el tema. Moody casi inmediatamente de la fría indiferencia a un estado alertado y tenso, se podía mascar la preocupación en el ambiente, puesto que el tema en sí mismo era mucho más grave de lo que podrían haber previsto en un principio. Tonks enlazó su manos jugueteando nerviosa y preocupada por los hechos que relataba aquel hombre, con una seguridad en sí mismo que le negaba la posibilidad de no tener razón en tales asuntos.

-La situación sin duda es más grave de lo que jamás imaginé -comentó Dumbledore, con un tono jovial pero incapaz de ocultar la repentina palidez de su rostro, Snape permaneció pensativo, aunque tal vez sólo trata de idear una manera de indagar en lo que pretendía el Lord sin desvelar su condición de espía.

-Opino que deberíamos separarnos de una vez ya -arguyó Ojoloco dando una vuelta rápida por la estancia observando a los presentes con ansiedad-. Si pasamos demasiado tiempo fuera de nuestros respectivos puestos nuestra pertenencia a este pequeño grupo podría resultar más que evidente para cualquiera -añadió sin dar destalles de las actividades que cada uno hacía por la desconfianza que caracterizaba su personalidad observando de reojo al militar.

-Entonces mi buen amigo Ojoloco... -tomó la palabra el director Albus Dumbledore, situándose delante del escritorio-. ¿por qué no fortificamos esas zonas...? Está claro, que no podremos contra esto nosotros solos... yo comunicare con Nicolas Flamel... ya que es un entendido de la materia y de esa manera nos puede poner al día en la alquimia...

-Cabe decir que la alquimia de Shambala es diferente... -interrumpió el profesor de alquimia-. No sé si ese tal señor Flamel, podrá...

-Él ha vivido por casi 1000 años, creo que no haremos mal en ir a verle... Snape, tú vigilaras a Edward... -el profesor de pociones asintió conforme con las ordenes-. Sirius y Roy, vosotros a Harry y a su grupo, no queremos que esos niños se vuelvan a meter en problemas... el resto os aseguraréis de todas las zonas peligrosas en Londres... señores, estamos en margen de alerta...

-¿Albus no le diremos a los chicos? -la vista de todos se volvió hacia Minerva que acababa de hablar, esta mostraba claramente su preocupación por aquellos chicos-. Creo que Harry y Edward merecen saber que están en peligro...

-Minerva, déjales que disfruten, dentro de poco oscuros días nos acompañarán... –inquirió Albus haciendo un gesto con la mano, dando por finalizada la reunión, todos los presentes desaparecieron de la sala rápidamente y el anciano se sentó en la silla masajeando su barba y mirando a los cuadros móviles de aquella sala-. Merlín nos asista...

Los tres miembros del grupo de las serpientes estaban sentados a las orillas de las oscuras y, en aquella época del año casi congeladas, aguas del lago, Ginny se acercó a ellos después de alejarse un rato para hablar con unos compañeros y se sentó al lado de Alphonse interponiéndolo entre ella y el resto de Slytherins. Draco continuó hablando como si no se hubiera dado cuenta de su presencia cogiendo la mano de su adorada novia Pansy que jugueteaba con los dedos de su prometido nerviosa por una razón desconocida para el.

-Entonces esos libros que mencionas se encontrarían en... ¿cómo has dicho que se llamaba? -mencionó Alphonse dejando claro que no le importaba que Ginny lo supiera.

-La Cámara de los Secretos -dijo con más ceremonia y artificiosidad de la debida, mostrando su vena arrogante con cierto orgullo, Ginny abrió la boca pero optó por no comentar nada.

-Y dices que Harry pudo abrirla... –insistió Alphonse observando a su novia que se encogió de hombros-. Para rescatar a Ginny...

-Sí, se enfrentó a un basilisco... aunque yo no pude verlo porque estaba medio muerta... -movió la mano delante de su rostros-. Pero aún así, es un poco peligroso, y necesitamos a alguien que hable pársel...

-Yo hablo pársel desde pequeño... y lo escribo... –admitió Al, los sentados al lado del chico, se sorprendieron por la noticia-. No es una lengua común en la tierra, muy pocos alquimistas la hablan... pero padre, bueno él... es una de las pocas cosas que nos enseñó...

-Tu padre debía ser alguien estricto... -Alphonse volvió arrancar hierba del suelo y esta vez la dejó volar, escuchando a Draco decir esa frase.

-No lo sé... -Ginny giró la cabeza y observó que el rubio miraba al cielo-. Padre nos abandonó cuando mi hermano contaba tres años y yo dos... nunca supe cómo era...

-Además tenemos un problema añadido, no sabemos donde está la Cámara -comentó Draco con gesto aburrido, le molestaba tener que plantearse un problema al que muchísima gente antes que él no había encontrado solución.

-Yo sé donde está... -musitó la pelirroja asomándose por encima del hombro de Alphonse.

Draco se levantó de inmediato, con muchísimas ganas de comenzar a indagar en aquellos libros prohibidos, repletos de conocimientos oscuros y poderosos, muertos para el mundo hacía tiempo ya, Blaise cogió su mano durante un largo instante y en seguida comprendió que su mejor amigo necesitaba hablar con él urgentemente. Lanzó un Tempus y vio que era casi la hora de la siguiente clase, esta en concreto compartida con los de Ravenclaw, así que simulando una paciencia y entereza que en realidad no poseía se inclino recogiendo sus libros del suelo.

-Ya es hora de ir a clase -anunció mirando a sus compañeros-. No queremos que esos empollones puedan decir que descuidamos nuestro nivel...

Pansy salió a toda prisa y miró con ansiedad a su novio y a su amigo Zabini por última vez antes de salir corriendo al castillo seguida de Alphonse, Ginny se unió a ellos en seguida, Draco lanzó una piedra a las gélidas aguas, logrando que botara varias veces antes de, inevitablemente, hundirse en ellas, lograr eso consiguió arrancarle una sonrisa de satisfacción. Tras eso se volvió hacia el moreno que permanecía serio y preocupado.

-Draco... tengo que confesarte algo -comenzó a decirle ruborizado y arrepentido.

-Dime -inquirió sin siquiera girarse para mirar a su amigo.

Al entrar en la clase, un silencio sepulcral se hizo entre los Slytherin. Sobre todo al ver que el príncipe de su casa, estaba realmente furioso y curiosamente no era por que Potter hubiera salido ganando en algo, todos los Slytherin lo sabían, pero todos callaban por simple respeto a su compañero de casa. Draco pasaba las páginas de su libro como si no tuviera compañero al lado, ignorándolo en toda la clase o tratando de pensar como afrontar esa noticia que le acababa de dar su mejor amigo.

Al termino de la clase, Draco caminó hasta poder encontrarse con Alphonse y Ginny, ambos se miraron no comprendiendo el porqué de repente el rubio no estaba tan hablador como de costumbre, Zabini algo rezagado los siguió, procurando por mantener cierta distancia con el líder Slytherin. Esto fue así hasta que llegaron al baño de las chicas en el tercer piso, en cuanto estos entraron como en un acto reflejo Draco se giró y sujetó del cuello de la camisa a Zabini.

-¿¡Por qué demonios no me lo dijiste antes!? -gritó Malfoy furioso tirándolo contra la pared y pasándose una mano por el cabello de manera nerviosa.

-Lo siento, pasó... pasó sin más, Draco... -Zabini trataba de disculparse de todas las maneras posibles.

-¡Escucha! Porque eres mi amigo te lo permito... pero ahora como le explico que cancele la fiesta de pedida... –masculló apartándose de su mejor amigo, Alphonse y Ginny se observaron no comprendiendo demasiado de lo que hablaba, hasta que Draco-. ¡Pansy era mi prometida idiota! ¡La fiesta de presentación iba a ser esta navidad!

-Lo siento, no fue mi intención... -agachó la cabeza arrepentido-. Ella y yo...

-Vale –lo calló alzando la mano, mirando hacia los otros dos-. ¿Cómo se abre la puerta...?

-Tiene que hablar en pársel a través del grifo señalado con una serpiente... –explicó la pelirroja sin dejar de observar a Draco-. ¿Todo bien?

-¡Mejor no podía ir!

Ante la brusca respuesta del rubio la joven pelirroja dio un respingo y observó a Alphonse mientras pensaba en cual sería la manera más correcta de actuar en tales circunstancias, el joven castaño se apoyó en el lavabo y se inclinó mirando su propio reflejo en el espejo. Entonces pronunció las palabras que consideró oportunas, dio un par de pasos hacia atrás observando fascinado el resultado de sus palabras, los espejos giraron sobre sí mismos y se hundieron en lo profundo de la tierra, revelando unos escalones que se perdían en el oscuro abismo de las cañerías.

-Busquemos aquí dentro

-El estudio de Salazar Slytherin tiene que estar por alguna parte –susurró Draco caminando hasta una laguna y miró impresionado la gran efigie del centro-. Este sitio es terrorífico...

-Y tanto... -murmuró la pelirroja en respuesta, no podía negar que aquel lugar, le traía malos recuerdos a su mente.

-¿Estás bien? -preguntó atento Alphonse que la abrazó observando aquel lugar de manera analítica, como solía hacer Edward-. Le agradeceré a Harry, el que te haya salvado...

-Al, eres tan cariñoso... -Ginny besó su mejilla algo sonrojada-. Bueno, vamos a buscar...

-¡Draco! -escucharon al moreno que señalaba una sala en concreto-. No sabes la cantidad de libros que hay... es una auténtica biblioteca para Slytherin...

Oculta entre las sombras había una puerta que fácilmente podrían haber confundido con una genuina pared de piedra, tras ella había un despacho privado con estanterías talladas en la piedra repletas de pergaminos guardados en contenedores de piel enumerados cronológicamente, la habitación estaba llena de polvo y de ella emanaba un olor mezcla de humedad y moho fruto sin duda de la falta de uso. Ginny lanzó un hechizo y una brisa fresca cambió el ambiente de inmediato, entraron lentamente y comenzaron a mirar la serie de números buscando alguna referencia.

Para Alphonse fue como descubrir el secreto de la eternidad fue por eso que camino hasta los contenedores y fue sacando los pergaminos, sentado en el suelo no importándole nada lo sucio que estaba aquel lugar, comenzando a leer aquellos con tal rapidez que tanto Ginny como Zabini se impresionaron, Draco camino hasta el rubio menor y se puso de cuclillas.

-¿Es lo que necesitas...? -Alphonse giró su cabeza hacia ellos y asintió, regresando su mirada al documento que tenía entre las manos-. Chicos, debemos ayudar a Alphonse a buscar por la habitación a ver si hay más pergaminos de esos...

-¿Qué harás tu? -preguntó la pelirroja desconfiada por dejar a su inocente novio con aquella víbora.

-Pues buscaré en esta estantería algunos libros de ayuda...

Una hora más tarde Alphonse volvió a guardar el pergamino en su recipiente, Draco estaba en la otra punta de la habitación mirando los números de los incontables contenedores, a su lado Blaise con uno de los pergaminos extendido sobre un escritorio que no había visto al entrar, se limpió un poco el polvo de los pantalones avergonzado por su falta de atención, miró a su alrededor pero no vio a Ginny por ninguna parte.

-Oye Draco... - Al llamo la atención del rubio y éste alzó la mirada-. ¿Dónde está Ginny?

-Ahora que lo dices... -el rubio se rascó la mejilla pensativo-. Hace un buen rato que no la veo...

-Pues de aquí no ha podido salir... -Zabini se acercó hasta ponerse delante de Draco y Alphonse-. La hubiéramos visto...

-¿Sabes si Slytherin tenía alguna sala secreta? -preguntó Alphonse algo preocupado.

-No sé, es la primera vez que bajo Al... -respondió el rubio suspirando-. A ver en qué demonios de lío se ha metido esta chica...

-No, si es que de los Gryffindors puedes esperarte cualquier cosa -comentó con una carcajada el moreno, Al lo miró con reproche pero no comentó nada.

-Ya bueno, la curiosidad mató al gato -murmuró Draco comenzando a palpar las paredes en busca de una puerta camuflada o algo similar-. Creo que he encontrado algo... ¡Ah!

Tan pronto como oyeron el grito ambos chicos se giraron en dirección al sonido pero el joven había desaparecido, Alphonse se precipitó sobre la pared y desapareció junto con los demás, Zabini se quedó mirando el punto exacto de la desaparición pero no hizo absolutamente nada, sólo esperó seguro de que entre los tres encontrarían una salida y volvieran por el mismo lugar, y si no era por el mismo, Draco iría a buscarlo por su falta de coraje, pero ¿qué podía hacer?.

Alphonse cayó en un suelo mullido y lleno de polvo, buscó la pared con las manos, en ella sintió una gran multitud de ruscos, re-siguiéndolos notó que parecían ser círculos de transmutación, buscó a tientas su varita en el bolsillo trasero de su pantalón. Invocó un "lumos" antes de que ambos jóvenes gritaran para impedírselo, la varita desapareció de sus manos y las miró aún en la oscuridad perplejo.

-Ginny... -intentó caminar a tientas por aquella habitación, cuando una mano salió de la nada sujetando su hombro, al girar su cuerpo Alphonse palideció y comenzó a gritar-. ¡Aaaaaaaaaaaaahhhhhh!

-¡Ya vale Al, que soy yo Draco! -gritó el altivo Malfoy intentando quitarse esas telarañas que se habían alojado en su rostro, por lo que le daba un aspecto aún más fantasmal-. No se ve nada, y mi varita ha desaparecido...

-No me pegues esos sustos... –Alphonse recuperó la compostura-. Bueno, si no hay magia, puede haber alquimia...

El menor palmeó ambas manos y las puso en el suelo, la habitación reaccionó ante el fulgor de la alquimia como si eso fuera algo esperado. Al levantarse observó que Draco estaba pálido como una hoja de papel, señalando a algún punto en especifico de aquella habitación, al girar su cuerpo Alphonse comprendió aquella sorpresa, un hermoso cuadro, donde una muchacha rubia de ojos dorados y que se parecía al endemoniado de a su hermano mayor.

-¿Qué hace tu hermano en ese cuadro? -preguntó el rubio platinado sorprendido.

-No tengo ni idea -comentó con la boca abierta por la sorpresa, Ginny parecía todavía algo asustada pero pronto recobró la valentía, típica de los Gryffindor.

Comenzaron a pasearse por la habitación, parecía una especie de despacho privado, tal vez los aposentos de alguno de los antiguos habitantes del palacio a juzgar por la cantidad de polvo que se acumulaba por toda la estancia. Al fondo de la sala había una puerta que daba a un dormitorio, la pelirroja de los Weasley se puso a indagar por allí mientras los dos chicos veían el contenido de los cajones y estanterías, buscando algo que no sabían.

-¡He encontrado algo! -exclamó Ginny saliendo de la habitación con un cuaderno negro de piel-. Parece un diario...

-En la tapa pone SS... ¿Creéis que sea de mi padrino? -comentó Draco con una fuerte carcajada, arrebatando el libro y abriéndolo-. No entiendo nada de lo que dice... ¿crees que pueda estar escrito en clave?

-Es pársel -aclaró Alphonse comenzando a leer, pronto se dejó caer en el sillón logrando que una inmensa nube de polvo se esparciera por la sala.

Sus dos amigos trataron de no mostrarse ofendidos por su falta de atención pero siguieron buscando documentos o informes, algún diario o cualquier cosa que se pareciera remotamente a un libro de hechizos, Alphonse murmuraba a medida que leía palabras sibilantes e incomprensibles para ellos pero pronto comenzaron a notar la emoción impresa en la dulce voz del castaño. Cuando ambos se hartaron de buscar infructuosamente vieron que Alphonse estaba llorando, aunque al parecer no se había dado ni él mismo cuenta de ello.

-Oye... Al... -Ginny se sentó en aquel sillón apartando sus lágrimas, y fue en ese pequeño contacto que Alphonse reaccionó pasándose una mano por la cara-. Hey...

-Mi... Mi hermano... ya sé con quien está... -la pelirroja sonrió al muchacho-. Esa chica del cuadro, se llama Edwing Van Hoeim, hija del fallecido Rey de Shambala y su esposa Aurora,... ¡fue la familia de la leyenda de mi país natal!

-¿Qué leyenda Alphonse? -preguntó el rubio cruzado de brazos.

-Se recoge en varios libros de texto, al parecer el hermano de la reina Aurora, relegó a su sobrina a la mera esclavitud... pero el país a causa de su avaricia desapareció en un solo día... -pasó una página más y un pequeño guardapelo cayó, éste estaba escondido entre las hojas, se inclinó para sujetarlo y lo abrió sonriendo divertido-. No ha sido casualidad que mi hermano y yo estemos en este mundo...

-Hey, ese es mi padrino... -parpadeó Draco sorprendido-. Un momento, ¡esto suena a broma estúpida!

-Yo creo que es posible, recuerda que si en palacio hay fantasmas... por qué no iba a pasar esto también... -explicó Ginny con tranquilidad-. Puede que ellos... no consiguieran su amor en el pasado y ahora lo intenten de nuevo, en esta época... -suspiró emocionada por la historia de amor que ella misma había creado.

-Je, Ginny en concreto este tipo es Salazar Slytherin... y ella es su prometida... según el diario, al parecer Merlín los obligó a estar separados si ellos no hubiesen llegado a hacer el escudo que rodea a Shambala, hubiese habido una matanza... y Edwing ocultó al parecer mucha información de lo que en realidad había pasado en Shambala...

Alphonse se dirigió a la puerta con decisión aún algo conmocionado, tenían que salir de allí pronto, tenía que enseñarle aquél colgante a Edward, tenían que saberlo todo, antes de cometer los mismos errores que en el pasado. Ginny y Draco lo siguieron cuando abrió la puerta presionando un símbolo junto a la puerta falsa.

-¿Adónde vas Alphonse? -preguntó Ginny tratando de alcanzarle, pero con lo largas que eran las piernas del castaño a duras penas lo lograba.

-Tu hermano aún está inconsciente, aunque lograras verlo no serviría de nada -reprochó Draco plantándose delante de él.

-¡Pero tiene que saberlo! Hay una manera de abrir la puerta pero no le gustará nada... -mostrando el diario con todas esas letras que Draco no comprendía.

-No, es mejor recabar toda esa información... -le aconsejó su novia sujetando su mano-. A fin de cuentas tu hermano estará débil, cuando despierte...

-¡Ah! Es verdad, información... –exclamó Alphonse regresando sobre sus pasos hasta la habitación para seguir buscando.

-¿Cómo lo haces? -preguntó Draco mirando a la pelirroja de reojo.

-Conocer a la persona con la que sales ayuda mucho Dragoncito... -caminó altiva, no viendo la mueca de odio del platinado.

Sirius salió disparado de la torre de Gryffindor, después de saber que su ahijado no estaba allí. Hermione amablemente le informó que Harry estaba en la clase de refuerzo de alquimia, junto con ese profesor que fieramente encaraba a Snape con el desafío del que se sabe vencedor o tal vez con la estupidez de un necio, al llegar a esa clase y abrir la puerta jamás espero ver, algo semejante. Su inocente, y crédulo, ahijado estaba besándose con aquel profesor.

-¡Tú! -caminó rápido, y sujetó de la camisa a Roy-. ¡Asalta cunas! ¡Cómo te atreves!

-¡Sirius para! -intentó separarlos el menor-. ¡No es lo que crees!... bueno, puede que sí... pero no es como crees.

-¿Qué quieres decir? ¡No! -lanzó a Roy contra el suelo y el moreno se levantó sacudiendo su vestimenta y al ver que Harry se había puesto delante de él, le rodeó la cintura con el brazo, en un gesto posesivo. A Sirius se le erizó el pelo y mostró los dientes como si estuviera a punto de transformarse en perro y a matarlo, por haberse atrevido siquiera a tocar a su ahijado-. Suelta a ¡Harry!

-¿Y si no quiero?¿Qué harás? -preguntó en pose chulesca el coronel.

-Sois... –le dio un codazo en el estomago, con tal fuerza que lo dejó sin aliento haciendo que el profesor de alquimia se arqueara-. ¡Unos idiotas! ¡Yo no soy propiedad de nadie! -se giró hacia Sirius y señalando con el dedo gritó-. ¡Y por lo que a ti respecta! ¡Como si me caso con él! ….

Harry comenzó a caminar haciendo resonar sus pasos con fuerzas, hasta llegar a la puerta y cerrar de un sonoro portazo. Tanto Sirius como Roy se quedaron mirando la puerta con expresión perpleja, sorprendidos por el arrebato de genio del joven mago.

-Tengo que decirle que se junte menos con Edward... -rozando su estómago con la mano-. Ya empieza a dar grima...

Roy se volvió y tomo asiento, Sirius parecía reponerse del impacto inicial y tomó asiento al otro lado del escritorio, se podía decir que la tensión entre ambos se podía cortar con un cuchillo, ni el uno ni el otro, dieron su brazo torcer, en aquel desafío de miradas. Finalmente Sirius bufó decidiéndose a ser él, quien iniciara la conversación.

-Así que profesor de Alquimia –comentó reclinándose en el asiento, para sólo dedicar una mirada de desprecio a aquel hombre-. No sabia, que hiciera falta esta inútil materia en el colegio...

-Pero parece que así es... –murmuró Mustang apoyando la barbilla sobre su mano-. Y más después de los últimos acontecimientos...

-¿Qué pretendes? –preguntó Sirius, directo como un cuchillo.

-¿No es evidente...? -bromeó con una sonrisa burlona-. ¿O tengo que enseñarte un gráfico...?

-Dudo mucho que mi inocente Harry consistiera en que le besaran, y menos a un tipo como tú... -moviendo la mano señalándolo claramente a él-. Y menos con tu edad...

-Así que eres su padrino... -preguntó fingiendo que no había escuchado su último comentario, Sirius sonrió orgulloso.

-Sí, desde el día en el que fue concebido... –masculló mordazmente observando a aquel moreno-. Si James estuviese aquí, creo que no la hubieses contado, es más, tienes suerte chico...

-Harry es alguien con mucho talento... –Roy se levantó de su asiento, y caminó hasta la estantería observando el expediente de Harry en su asignatura.

-Sí que es talentoso por eso no quiero que se desvíe... –comentó Sirius siguiéndole con la mirada.

-¿Y considera que estando conmigo se desvía del buen camino...? -preguntó cruzado de brazos con una sonrisa de autosuficiencia.

-¡Por supuesto que sí! -gritó levantándose del asiento, apretando los puños dispuesto a saltar encima a la próxima provocación.

-Con todo lo que ha sufrido... -murmuró un poco cansado de aparentar, con un profundo suspiro.

-¿Y tu que vas a saber de lo que ha sufrido ese niño? -preguntó acercándose a Roy, sujetándolo por el cuello de la camisa., Roy le devolvió la mirada fijamente, esos ojos oscuros hacían que sintiera escalofríos.

-No es un niño. Es mucho más maduro que cualquier joven de su edad... -apartó la mano de Sirius con tal facilidad que parecía imposible.

-Aunque sea muy maduro, no sabe donde se está metiendo... -Sirius tosió para intentar mantener la compostura-. Además, ¿qué sabes tú de su vida...?

-No mucho más de lo que saben todos... -musitó encogiéndose de hombros.

-Entonces no sabes que sus tíos lo maltrataban, y lo maltratan, que han abusado de él desde que era muy pequeño y siempre se ha llevado los peores golpes –murmuró Sirius enfurecido, dio un fuerte puñetazo contra la limpia pared de la clase, sorprendiendo un poco a Roy que por primera vez deseo que Riza estuviera en aquella habitación.

-No lo sabia... lo siento... -agachó la cabeza, como si fuera un niño regañado.

-Con eso no basta... -se acercó de nuevo hacia el moreno quedándose a escasos centímetros de él-. Está jugando con los sentimientos de un chico... y tú, como su profesor deberías guiarlo y no perderlo aún más...

-Lo sé -levantó la vista y miró a Sirius directamente a los ojos con una sinceridad abrumadora-. Pero a pesar de eso, no pienso renunciar a él...

-Pues yo no dejaré que te le acerques... -desafió Sirius a las palabras del profesor de alquimia.

-Si hemos terminado nuestra conversación me gustaría irme... -masculló el moreno pasándose una mano por el pelo y agitando un poco la cabeza, para volver a su habitual fachada frívola. Sirius dio un paso hacia atrás, incapaz de saber cual de los dos era el verdadero Roy Mustang.

-Una cosa más... -se cruzó de brazos haciendo sacar su carácter típico de Gryffindor-. Como te vuelva a ver cerca de él, ni una docena dementores lograría detenerme...

Roy lo miró por encima del hombro y sonrió disfrutando, porque mal le pesara, aquel tipo era igual que él. Sirius rascó su nuca, en busca de algún apelativo que definiría a semejante tipo.

-Tú y Snape, no os lleváis bien... -el profesor de alquimia giró su cuerpo y puso las manos en la cintura, no pudiendo evitar reír.

-Más bien, competimos... -ambos se miraron de nuevo y en los rostros del contrario encontraron un buen pasatiempo-. Ya me contarás, algún secretillo de él...

-Ni te pienses... que te daré pistas para acercarte a él...

Continuará...