Disclaimer: Naruto y sus personajes, desafortunadamente, no me pertenecen. Son de Masashi Kishimoto. Escribo esto sin fines de lucro. Basado en una novela de Vicki Lewis Thompson.
Velis nolis: por la fuerza (latín)
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Lemon NaruSasuNaru… sí, ya sé que la idea es el NaruSasu, ¡pero no pude resistirme! Yo considero que de vez en cuando dejar a Sasu de seme no es tan malo… si no les gusta, pueden saltar esa parte
NSNSNSNSNS Inicia lemon
SNSNSNSNSN Termina lemon
-Vamos a vivir juntos, Naruto.
Velis Nolis
Capítulo XI: Problemas de convivencia
–Y esta es tu habitación. –abrió la puerta, mostrando una linda recámara con paredes pintadas en tono azul claro y varios peluches de diferentes animalitos adornaban la cama. Kai sonrió y corrió hacia la cama individual, saltó sobre ella, abalanzándose sobre los peluches.
Kyuubi persiguió al niño cuando lo observó correr. Subió las patas delanteras al colchón y se quedó mirando al nuevo habitante. Gruñó un poco y abandonó el cuarto al poco tiempo, listo para buscar alguna travesura que hacer.
Sasuke sonrió. Su hijo parecía completamente feliz en la improvisada habitación del departamento de Naruto. Le daría las gracias a Hinata por arreglar el lugar. Suspirando, también salió de la habitación, dejando al pequeño examinando los nuevos peluches, cortesía del rubio y de su amiga.
–¿Y bien? –preguntó a Naruto. –¿Cuál será mi habitación?
Naruto iluminó su rostro con su enorme sonrisa característica y tomó a Sasuke de la mano para guiarlo a la habitación principal. Por fin dormiría en su cama, después de doce días de vivir en el hospital. Abrió la puerta de su propia recámara y entró seguido por Sasuke. El moreno por primera vez se detenía a mirar con atención el cuarto. La última vez había estado tan ocupado devorando la boca de Naruto que no prestó ninguna atención al lugar. Caminó alrededor de la cama y su vista se fijó en una fotografía especial. Tomó el portarretrato entre sus manos y observó de cerca a las tres personas que aparecían en la imagen. Inmediatamente reconoció al padre de Naruto, Minato Namikaze, porque su hijo era una copia idéntica de él. La sonrisa que tanto le gustaba de su dobe era herencia, sin lugar a dudas, de su madre. Dejó la fotografía de nuevo en su lugar y se sentó sobre la cama.
–¿Dormiré aquí? –susurró en voz tan baja que a Naruto le fue difícil escucharlo.
–Por supuesto que sí, teme. –lo miró con duda. –¿No es lo que querías? Te recuerdo que fue tu idea vivir juntos.
Sasuke asintió. Aún recordaba la cara estupefacta del rubio cuando se lo sugirió. Al principio, Naruto intentaba negarse, pero después de pensarlo un poco aceptó. A pesar del poco tiempo de conocerse, Sasuke sabía que aquellos sentimientos que el Uzumaki le provocaba no podían ser otra cosa más que amor. Y también reconocía que nunca se había enamorado de esa forma de ninguna persona. Sus sentimientos eran serios y sus intenciones también. Pero la vacilación de Naruto lo hacía dudar de los sentimientos del rubio. ¿Tal vez iban muy rápido? Quizá sí. Pero podía jurar frente a la tumba de sus padres que jamás se podría volver a enamorar si Naruto lo dejaba. Simple y sencillamente era la persona indicada para él. Ni por Sakura había sentido algo así. El único en su corazón además de Naruto, era Kai. Por esos dos daría la vida, sin dudarlo ni un segundo. Los defendería a toda costa de Orochimaru.
–¿Cómo se lo explicaré a Kai? Será difícil para él asimilar que vivirá con nosotros durante un tiempo.
–Está bien. –suspiró, sentándose junto al moreno y entrelazando su mano con la de él. –Kai es un niño muy inteligente. Dedujo por sí solo que tú eres su padre. Sólo será cuestión de explicarle lo que está sucediendo. Si te molesta dormir conmigo, puedo arreglar otro cuarto para que duermas ahí.
–No, me quedaré aquí. –se recostó y casi de inmediato sintió el peso de Naruto acomodarse sobre su pecho. Dejó un poco de espacio y envolvió entre sus brazos el cuerpo del rubio. –Eres un dobe.
–Me lo has dicho tantas veces que comienzo a creerlo.
–No te duermas. –acarició los cabellos rubios con sutileza cuando la respiración del rubio se volvió pausada. –Hey, usuratonkachi.
–¿Mmm..?
–Tienes que tomar tu medicina. –contestó.
–Déjame quedarme un rato así, Sasuke. –restregó su mejilla contra el pecho del moreno y Sasuke no pudo resistirlo. Alzó su rostro un poco para que sus labios quedasen a la misma altura y lo besó. Su lengua voraz invadió rápidamente la húmeda cavidad del rubio y sus inquietas manos acariciaron toda la espalda. Suspiró dentro del beso, separándose sólo lo necesario para tomar un poco de aire antes de continuar con la húmeda caricia. Naruto se acomodó mejor sobre Sasuke para profundizar el beso, apoyando sus manos sobre el colchón a ambos lados de la cabeza azabache. Los mimos en su espalda continuaron bajando más… pero el rechinido de su puerta los interrumpió. Se separó tan rápido de Sasuke que sus costillas se lo reclamaron con una punzada de dolor. Apretó fuertemente los dientes para que el moreno no se diera cuenta del quejido que luchaba por abandonar su boca.
–Kai, ¿sucede algo? –respiró profundamente para tranquilizar su acelerado corazón. De ahora en adelante se aseguraría de cerrar con llave la habitación para evitar ser sorprendido con Naruto en medio de algún acto que pudiera traumar la pura y casta mente de su hijo.
Los enormes ojos negros del niño alternaban entre Naruto y su padre. Al final optó por volver a su recámara y encerrarse con el zorrito de Naruto. Sasuke, preocupado, miró al rubio antes de asegurarle que volvería. Siguió a Kai hasta la habitación. Tocó varias veces la puerta, pero el niño no respondió. Con la autoridad de padre, abrió la puerta. Kai se encontraba en una esquina del cuarto, con el pulgar en la boca y jugando con una simpática serpiente de peluche. Se inclinó para quedar a la altura del niño. Tomándolo en brazos, salió hacia la mini terraza que había en la sala. La vista desde el piso veinte era fantástica y Naruto había colocado un par de sillas en el lugar para apreciar la vista. Se sentó en una de ellas y acomodó al niño en sus piernas.
–Naruto es una persona genial ¿no lo crees, Kai? –tendría una charla con su pequeño hijo de tres años y le aterraba el hecho de tener que explicarle lo que pasaba con su madre porque no encontraba la mejor manera de planteárselo. Kai miró a su padre y asintió, dándole la razón. –Viviremos con él por un tiempo.
–¿Y mamá? –preguntó con su vocecita infantil. Aunque su mamá lo trató mal al encerrarlo tanto tiempo en el coche, la quería mucho.
–Kai, mamá está enferma.
–Sasuke –los hermosos ojos verdes se cubrieron de lágrimas. –Tengo un tumor en el cerebro. En mi condición, las cosas sólo empeorarán. Y lo último que quiero es lastimar a Kai. Así que es mejor que él viva lejos de mí. No quiero volverlo a lastimar como lo hice anteriormente. Y tampoco quiero lastimarlos a ti o a Naruto. Ustedes me han ayudado tanto… –no la amaba, pero era imposible no conmoverse por aquellas palabras. Aún estaba estupefacto por la noticia y le era difícil asimilar lo que le decía. –… por eso te pido que cuides durante un tiempo a Kai. Sé que es una imposición de mi parte…
–Claro que no. Kai también es mi hijo. –contestó inmediatamente. –Ni siquiera tienes que pedirme que lo cuide.
Ella sonrió y acarició sutilmente la mejilla de Sasuke. –Gracias. En cuanto Naruto se recupere, le diré que haga todo lo necesario para que te quedes con la custodia de Kai.
–¿Para qué? Lo cuidaré el tiempo que dure tu quimioterapia y después arreglaremos el asunto con Orochimaru.
Sakura asintió, con una sonrisa triste. No había ningún tratamiento posible. La custodia sería para Sasuke porque no quería que lo único bueno de su vida cayera en manos de Orochimaru cuando la enfermedad la venciera.
–Pero le darán medicina y se pondrá bien ¿verdad? –se ocultó más entre los brazos de su padre.
–Eso esperamos, Kai. Hay otra cosa que deberías de saber. –tomó un par de segundos antes de continuar. –A veces las relaciones entre los adultos son muy complicadas. Tu mamá y yo nos separamos antes de que nacieras. Creciste creyendo que Orochimaru es tu papá, pero...
–Ya sé que tú eres mi papá. –concluyó el niño alegre. –Porque nos parecemos mucho. Y creo que es genial tener un papá bombero. –exclamó con emoción. –Todos mis amigos se van a sorprender. ¿Me llevarás un día a la estación de bomberos?
Sasuke estrechó el pequeño cuerpecito aún más. –Claro. Si tienes suerte, tal vez podamos subir a un camión de verdad.
–¿Podré ir yo también? –Naruto intervino en la plática con una sonrisa. –Siempre quise subirme a uno.
–No lo sé. Eres tan dobe que te caerías.
–¡No es cierto, teme!
–Esperemos a que te recuperes y después veremos. Iré a preparar algo de comer. –intentó ponerse de pie, pero las manitas aferrándose a su camisa se lo impidieron y Naruto lo notó.
–No te preocupes, teme. Yo prepararé la comida. Ustedes continúen con su plática. –el rubio se perdió alegremente en la cocina con Kyuubi siguiéndolo. Tal vez podría conseguir una galletita.
–¿Qué es lo que sucede, Kai? –preguntó Sasuke. Su hijo se comportaba raro desde la aparición de Naruto. ¿Serían los típicos celos infantiles? Eso era muy extraño, en el hospital él y Naruto se llevaba muy bien.
–No quiero vivir con Naruto.
–¿Por qué no? pensé que te caía bien. –el puchero en su cara le dio a entender muchas cosas.
–¿Es tu amigo?
Sudó frío. Esa era la pregunta que no quería responder todavía. ¿Por qué era tan difícil ser padre?
–¿Tú crees que él es mi amigo? –"bien, Sasuke, evita sus preguntas. Eso sí que es muy maduro", pensó.
–No.
–Bueno… –trató de encontrar las palabras adecuadas para decírselo a su hijo. –Naruto y yo tenemos un tipo de relación especial. Eres joven para comprenderlo, pero…
–¿Son novios? –interrumpió. No era ningún tonto. Tenía tres años, pero sabía el significado de una relación como esa.
–Algo así... es difícil de explicar…
–¿Te vas a casar con él?
–¡No! –exclamó inmediatamente. –No, quiero decir… es… tal vez en el futuro…
–¿Y él va a ser mi nuevo papá?
–¡Yo soy tu papá!
–¿Tendré que llamarlo mamá?
–¡No! Kai, él y yo tenemos una relación, pero eso no significa que se convertirá en tu mamá o en tu papá. Puedes seguir llamándolo tío Naruto, estoy seguro que no se molestará. –si ese tipo de conversaciones difíciles sucedían en la infancia, no quería ni pensar en cómo sería la famosísima charla sobre sexo durante la adolescencia.
–¿Entonces tendré dos papás?
Suspiró. Era mucho más complicado de lo que parecía. –Si tú quieres que él sea tu papá número dos, no hay problema.
–Pero… si él es tu novio, ya no me vas a querer a mí. –sus ojos azabaches se llenaron de lágrimas que Sasuke no supo cómo controlar. Lo único que pudo hacer fue abrazar a su hijo y arrullarlo, mientras le susurraba que no iba a cambiarlo por Naruto.
–Los quiero a los dos. –susurró.
–Es nuestra última oportunidad. –susurró Orochimaru. –Si fallamos, todo se irá al caño.
Kabuto asintió, sin estar muy seguro de que aquello fuera buena idea. Entrar al departamento de Naruto sin ningún plan no era la idea más brillante que a su jefe se le había ocurrido. Suponía que el miedo a ser atrapado lo obligaba a tomar decisiones drásticas.
–¿A quién quiere que llame? Kimimaro creo que aún se encuentra negociando con otros.
–No necesito a nadie. –desenfundó una de sus espadas favoritas de su colección personal. –Iré yo mismo.
–¡Señor Orochimaru! eso es peligroso… si volvemos a Japón, la policía o Akatsuki nos atraparán.
–No seas un cobarde. Es ahora o nunca. Podemos quedarnos aquí y dejar que todo se derrumbe. O podemos volver y convencer a Sasuke de ayudarnos. Con él de nuestro lado, ni Itachi ni Akatsuki nos atacarán. –dijo.
–Aún así… ¿qué pasará si Sasuke se niega? –no estaba muy convencido del plan de su jefe.
–Kabuto… con la vida de Kai y Naruto en mis manos, no podrá negarse.
–¡Naruto! ¡Me alegro tanto de verte! –con mucho cuidado rodeó a su amigo con sus brazos para darle un caluroso abrazo de bienvenida. –Te extrañamos muchísimo. Y tienes cientos de cosas por hacer.
–Muchas gracias, Ino. –sonrió a su secretaria. –Afortunadamente estoy mejor y me pondré al corriente con mi trabajo cuanto antes.
–Muy bien. ¿Cómo está Sasuke? –preguntó por el moreno al que no había visto desde que Sakura fue a buscarlo.
–Sobrevive. Cuidar de Kai lo deja muy agotado. Aunque es un niño tranquilo, le encanta jugar al futbol y Sasuke lo consiente llevándolo al parque todo el día. –comentó.
–Es un padre primerizo, así que es normal que lo mime mucho. Pero ten cuidado o Kai se volverá demasiado egoísta.
–No me sorprendería. –recordó las miradas de reojo que el niño le daba. Seguía celoso del tiempo que su padre pasaba con Naruto, el cual, por cierto, era muy poco.
–Si quieres puedes llevarlo un día a la casa, para que conozca a Sasuke y a Seth. Son casi de la misma edad, así que pueden llevarse bien. Y podría cuidarlo una o dos noches para que ustedes tengan una romántica cena.
Naruto sonrió. Allí tenía la solución a sus problemas. Dejaría al mocoso con Ino una noche y tendría a Sasuke para él solito. Lo difícil seria convencer a su novio para que aceptara dejar a su hijo al cuidado de otra persona.
–¡Tomaré muy en cuenta lo que me dijiste, Ino! –aceptó.
Con Sasuke las cosas eran bastante diferentes. Con Kai en la guardería, él debía volver al trabajo… y su jefe no lo esperaba con muy buena cara.
–¡Uchiha! –exclamó en cuanto el moreno entró a su oficina. –¿Qué te tenías pensado? Has faltado al trabajo durante tres semanas… ¡tres!
–Me debías dos periodos vacacionales. –se encogió de hombros, restándole importancia.
–¡Pero no puedes tomar tus vacaciones cuando se te pegue tu reverenda gana! Hay un protocolo a seguir…
–No me vengas con esas tonterías. ¿Hablas de protocolos? Bien, entonces dime ¿en qué documento se establece que puedes doblar las jornadas de tus trabajadores para evitar contratar más personal? Me pregunto a dónde va todo ese dinero de la nómina…
–Bastardo… –masculló el hombre desde su cómodo sillón. Sasuke conocía los trucos sucios que utilizaba de vez en cuando para llevarse un dinero extra al bolsillo y estaba chantajeándolo con eso. –De cualquier forma, estás despedido. Sería mejor si tú mismo firmaras tu carta de renuncia. –deslizó por el escritorio una carpeta con los papeles correspondientes, en espera de la firma del Uchiha.
–Si es lo que quieres. –tomó una de las plumas del escritorio. Leyó atentamente la carta de renuncia previamente redactada y frunció el ceño. –No firmaré esta mierda. Si lo que quieres es despedirme, tendrás que hacerlo conforme a lo establecido. No dejaré que mi dinero termine en tu cartera. –se cruzó de brazos y el hombre lo miró con furia. –Despídeme con mi liquidación íntegra o te demandaré.
–No estás en posición de exigir nada, Uchiha. ¿Crees que puedes ganar una demanda de ese tipo? Date por vencido y acepta el trato. Te daré una carta de recomendación para que puedas conseguir trabajo en otro lugar.
–¿No ganaré? –alzó una de sus perfectas cejas. –¿Acaso Lee no te contó por qué me tomé estas vacaciones? Resulta que mi pareja tuvo un accidente y me quedé a cuidarlo. Y da la casualidad que es uno de los mejores abogados de la ciudad. Naruto Uzumaki estará realmente muy molesto si se entera de que me despediste sólo porque se te dio la gana.
El hombre gruñó, pero no tuvo otra opción. Le regresó a Sasuke su placa. –Haz lo que quieras, Uchiha.
El moreno sonrió con prepotencia. –Haces lo correcto. Sabes que no encontrarás ningún bombero rescatista mejor que yo. –suspiró. El maldito Sasuke Uchiha tenía razón. Debía de reconocer que el moreno era excelente en su trabajo. Pero de ahora en adelante se andaría con cuidado.
La competencia había dado comienzo. Su mirada azul no dejaba de observar la contraria de color azabache. El viento se colaba por una de las ventanas abiertas del departamento, secando sus ojos. Pero de ninguna manera parpadearía. Iba a ganar ese encuentro y entonces el maldito bastardo egocéntrico se iría de su cuarto.
–Ríndete.
No era extraño que el azabache no contestara, después de todo así era su personalidad.
–No puedes contra mí. –sus ojos azules ardían terriblemente, pero no se daría por vencido tan fácilmente. Aquel bastardo malagradecido desaparecería esa noche aunque fuera lo último que hiciera.
–¡Dobe, Kai, ya llegué!
–¡Papá! –gritó el niño, parpadeando y perdiendo automáticamente el duelo de miradas contra Naruto. El rubio observó a su pequeño contrincante correr al encuentro de su padre, recibiendo un abrazo por parte de él.
–¡Te gané! Esta noche dormirás en tu habitación. –exclamó con entusiasmo el rubio, brincó un poco en la cama y también fue a darle la bienvenida a su novio. Se acercó a sus labios, pero recibió un coscorrón como respuesta.
–Hola, usuratonkachi. –Naruto odiaba la regla de "no muestras de cariño frente a Kai" y comenzaba a creer que ese pequeño engendro del demonio hacía hasta lo imposible por separarlo de su amado.
–¡Teme! –gruñó. –No es necesario que me pegues.
–¿Qué estaban jugando? –preguntó.
–Nada. –contestaron al unísono Kai y Naruto mientras intercambiaban una mirada de complicidad que no pasó desapercibida por el moreno.
–¿Me están ocultando algo?
–Para nada. –se apresuró en responder Naruto. –Ya está lista la cena.
Comieron en un silencio incómodo que a veces era roto por los comentarios de Naruto. Kai y Sasuke se mantenían en silencio, contestando sólo cuando era absolutamente necesario.
–¿Quieres más, Kai? –preguntó amablemente el rubio. Kai se negó y entonces Naruto continuó: –Bien, si no quieres más, entonces es hora de ir a dormir.
Se levantó velozmente, retiró los platos dejándolos en el fregadero y tomó al niño por los brazos para llevarlo a su habitación. Necesitó de uno que otro jalón para convencer a Kai de que entrara en la recámara. Cambió su ropa por un pijama, ganándose varios quejidos de parte del pequeño. Sonrió con satisfacción. Por fin el condenado niño dormiría en su propia recámara y le dejaría un tiempo a solas con su querido Sasuke.
–Dobe. –Sasuke entró también en la habitación para ayudar a Naruto. –¿No crees que es muy temprano? Apenas son las ocho de la noche.
Kai sonrió, pero Naruto se apresuró a replicar: –Por supuesto que no, teme. Leí que los niños deben dormir hasta ocho horas para crecer bien. Además, Kai está cansado ¿verdad? –le dirigió una mirada intimidante al niño para convencerlo de irse a dormir.
–¿Podemos ver una película antes? –ignoró la furia en los ojos azules. Seguro que su padre no se negaría.
–Pero ¿por qué? –replicó por quinta ocasión Naruto.
–Porque tu cama es mucho más cómoda que los sillones de la sala. –Sasuke contestó, enfadado de tener que repetir lo mismo por quinta vez.
Naruto hizo un puchero, enojado porque una vez más, Kai había arruinado su velada perfecta. Lo último que imaginó para esa noche era tener a Sasuke y a Kai en su cama, mientras veían una estúpida película infantil. ¡Por Dios! ¿Qué necesitaba para tener a Sasuke un par de horas sólo para él? Siempre ocurría algo que los interrumpía. Al principio, el moreno no quería ni tocarlo por temor a lastimar su herida. Después, con lo de Kai, Sasuke se dedicaba a jugar con él y satisfacer sus demandas, justo como un padre primerizo complaciente. En ocasiones, llegaba tan cansado del trabajo que lo único que deseaba Sasuke era dormir un par de horas. Y cuando por fin su herida había sanado, el "mocoso demoniaco" apodo dado por el rubio a Kai, siempre se interponía. ¿Dónde quedaban sus necesidades? No pedía mucho…. un par de arrumacos, besos y una que otra noche de pasión. ¿Era demasiado exigente? Si las cosas continuaban así, no pasaría mucho tiempo para que se enfadara. Lo peor del caso era que, si Sasuke tuviese que decidir entre él y su hijo, no dudaría ni un segundo en elegir a Kai.
Miró de reojo a Kai, acomodado en medio de la cama, justo entre Sasuke y él. Parecían una familia feliz, pero no lo eran. Observó con más atención al mocoso demoniaco, notando que sus ojos comenzaban a cerrarse. Lo sacudió suavemente para que despertara.
–Perdiste la apuesta. Tendrás que dormir en tu cuarto. –soltó con malicia.
–¡Dobe! Ya está dormido, no lo molestes.
–¡Pero…!
–Una noche más no le hará daño. En una casa nueva y desconocida, es normal que tenga miedo de dormir solo los primeros días. –explicó mientras se acomodaba para dormir.
–¡Él lo había prometido! –clamó desesperado.
–Si tanto te molesta dormir con él, nos iremos a su habitación. –murmuró molesto con Naruto y sus niñerías.
–Da igual. –se rindió. No tenía ánimos ni fuerzas para discutir con Sasuke. –Lo he soportado dos semanas en mi cama, un día más no me afectará. Pero mañana dormirá en su recámara. –advirtió.
–Ya lo veremos, dobe. –se estiró un poco para ofrecerle a Naruto un beso suave sobre los labios. –Duerme bien, usuratonkachi.
No era exactamente el tipo de beso que él deseaba, pero tuvo que conformarse por el momento. Se acomodó entre las sábanas y no tardó en sentir la mano de Sasuke acariciando sus cabellos. Suspiró, complacido por la caricia. Intentó acercar su cuerpo al del azabache, pero Kai se adelantó a su movimiento, aferrándose al pecho de su padre. Las caricias en su cabello cesaron para dedicarse a mimar al niño. Naruto gruñó y dio media vuelta sobre su costado, dándole la espalda a Sasuke. Kai sonrió en la oscuridad, tendría una noche más para dormir con su papá. Mañana se las ingeniaría para volver a conseguirlo.
Esa mañana el desayuno corría por cuenta de Sasuke. Naruto debía reconocer que los waffles de arándanos que preparaba eran condenadamente deliciosos. Tomó uno más del plato donde el moreno los colocaba después de salir del sartén. Kai hizo lo mismo. Ambas miradas, negra y azul, se cruzaron en un duelo silencioso. Sólo quedaba un waffle. Y ninguno permitiría que el otro se lo comiera. Kai estaba más que satisfecho, pero con tal de ganarle a Naruto, se lo comería. El rubio también se encontraba en las mismas condiciones. Se bebió de un trago el resto de la leche para ayudarse a tragar el último trozo de pan y estiró el brazo para alcanzar el último waffle… mala idea, porque Kai hizo lo mismo, pero con el tenedor. Un par de centímetros más y su mano hubiese sido atravesada por los afilados dientes del tenedor.
–Mío… –susurró sin dejar de mirar al niño.
–Yo lo gané.
–Pero tú ya comiste muchos. –afiló aún más sus ojos azules. –Déjalo y nadie saldrá herido.
–Tú comiste como una vaca. –Sasuke era ajeno a la pelea, pues se encontraba buscando más mermelada en la alacena. –Es mío.
–Mira, mocoso demoniaco, evítate problemas y déjalo.
–¡Es mío! –insistió.
–¡Ya comiste demasiados! Suéltalo….
Sasuke encontró el frasco y regresaba al comedor. Era el momento ideal. Dejó el waffle y miró con una sonrisa de superioridad a Naruto. Después, su rostro se transformó instantáneamente. Sus ojos se agrandaron, llenándose de lágrimas. El rubio lo ignoró y llevó el waffle a su propio plato. Cuando alzó su mirada para burlarse del niño, supo que estaba en problemas.
–Te-tengo hambre… –sollozó.
–¡Dobe! ¿Puedes dejar de ser tan infantil? Ya comiste suficiente, déjale el waffle a Kai. –dijo con enojo.
–¡Pero, teme…! Él también ya comió suficiente. No es sano que un niño coma tantas cosas dulces.
–¡Naruto!
–Maldita sea. –le dio el waffle a Kai, quien gustoso lo aceptó en su plato, lo bañó de mermelada y lo devoró. No pudo evitar la sonrisa al ver el rostro de Naruto siendo regañado por su papá. Sabía a la perfección que las lágrimas siempre funcionaban. Y Naruto entendió todo lo que la maquiavélica mentecita de Kai había planeado. Respiró profundo un par de veces, armándose de paciencia para soportar al mocoso. Era sábado, lo cual significaba que Sasuke tenía el día libre. Y también significaba que tendría que soportar todo el día a Kai.
Cuando el niño terminó de comer, Sasuke lo cargó en brazos para bañarlo.
–Después iremos al parque de diversiones ¿te parece? –le preguntó a su hijo. El niño movió su cabeza con entusiasmo.
–¡De ninguna manera! –explotó Naruto. –Quedamos de ir a comer con Kakashi e Iruka.
–Le hablé a Kakashi para cancelar. Kai se divertirá más en el parque.
–¡Siempre es Kai! ¿Dónde quedo yo? Apenas tienes tiempo para mí. Nunca te despegas de ese mocoso demoniaco. –le reprochó.
–¡No lo vuelvas a llamar así, dobe! –su fría mirada lo traspasó.
–¡Haz lo que se te dé tu real gana! –enojado, tomó una de sus chaquetas olvidadas en el sillón y se dirigió a la salida.
–¿A dónde demonios se supone que vas? –preguntó al ver a su pareja tomar el maletín.
–Olvidé que hoy tengo trabajo. –azotó la puerta al salir, dejando a Kai y a Sasuke en medio del departamento.
–¿Naruto? –abrió la puerta, sorprendida de ver a su jefe y amigo en su departamento. –¿Qué haces aquí?
–Hola, Ino. ¿Puedo pasar?
–Claro. –se apartó del camino para dejar entrar al rubio. –¿Sucede algo?
–No, nada importante. Sasuke y yo peleamos. –explicó, sentándose en uno de los sillones. –¿Puedo preguntarte algo?
–Lo que sea. Sólo espera un segundo. –dejó solo a Naruto para ir a buscar a los gemelos. Los niños llegaron detrás de ella, saludando con timidez al rubio. Seth se mostraba un poco más abierto que el pequeño Sasuke, pues ya había visto anteriormente a Naruto. Después del saludo obligatorio, los niños corrieron a esconderse de nuevo en su cuarto.
–¿Qué es lo que querías preguntar? –le ofreció un vaso con agua.
–¿Tú… –jugueteaba con el vaso nerviosamente entre sus manos. –… alguna vez… tuviste un problema con tu esposo por culpa de los niños?
Ino sonrió comprensivamente. –Como sabes, mi esposo viaja constantemente y pocas veces lo veo. Pero cuando los niños nacieron… él se molestó porque yo no le brindaba la atención que antes tenía. Ahora debía de pensar en los gemelos y en él. Al principio es difícil, pero si logras encontrar el equilibrio perfecto entre tu pareja y los hijos, entonces podrán superar esos problemas.
–¡Ese es el problema, Ino! Sasuke sólo piensa en Kai. Y se olvida de mí. No hemos tenido un momento a solas desde que volví del hospital. –se quejó. –Y Kai no hace las cosas fáciles. Siempre está interrumpiéndonos. Es… es como si no quisiera que yo estuviera con Sasuke. –finalizó con un suspiro.
–¿Has pensado desde el punto de vista de Kai? –preguntó suavemente.
–No… ¿por qué…?
–Piénsalo un momento. Imagina la infancia de Kai.
Naruto lo hizo. Kai había crecido en un ambiente frío, donde Orochimaru como figura paterna, pocas veces estaba en casa. Y Sakura, con sus dolores de cabeza frecuentes, tampoco le brindaba la atención necesaria. El niño crecía en un ambiente donde el dinero y los juguetes eran la muestra de amor de sus padres.
–Kai ha descubierto que su verdadero padre es diferente. Con él puede jugar, reír y abrazarlo, cosas que no podía hacer con Orochimaru ni con Sakura. Es normal que tenga miedo a perder el cariño de su papá. –explicó Ino con voz baja. –¿Puedes entenderlo?
Por supuesto que lo entendía. Porque él también estaba celoso de Sasuke. No quería perderlo.
–Supongo que no todos podemos ser pacientes con los niños.
–Necesitas hablar con Kai y hacerle entender que no quieres quitarle el cariño de su papá. Puedes intentar ser su amigo. –sugirió. –Habla con Sasuke y dile cómo te sientes. Él también debe de darse un tiempo para cuidar de su relación contigo.
–¿Amigo del mocoso demoniaco? –recordó lo bien que solían llevarse antes de descubrir su relación con Sasuke. –Sí, tal vez eso sea una buena idea. Pero no prometo nada.
La visita al parque de diversiones no había sido tan divertida como lo imaginó. Su papá se mostraba ausente en ocasiones y su mirada se perdía entre la multitud. Quizás la presencia de Naruto era lo que animaba a los dos morenos. Aunque odiara reconocerlo, debía de admitir que Naruto era la alegría que hacía falta. Hasta en el departamento se sentía su ausencia. Incluso Kyuubi se mostraba apático. El teléfono sonó con insistencia y Sasuke contestó.
–¿Diga?
–Hola, Sasuke. Habla Iruka. ¿Se encuentra Naruto?
–Se supone que está trabajando. Pensé que estaría contigo.
–… –la línea quedó en silencio un par de segundos. –Bueno, los sábados rara vez hay trabajo.
–Ya veo…
–Y si mal no recuerdo, Naruto no tenía ningún pendiente para hoy.
–Tal vez surgió algo de improviso.
–Aunque es raro que accediera a trabajar el día de su cumpleaños. Quizá sí ocurrió algo urgente. Lo llamaré a su celular.
Sasuke se quedó mudo. ¿Cómo pudo haber olvidado el cumpleaños de su dobe? Por eso se molestó en la mañana. Pero Naruto ni siquiera le reclamó nada. Contuvo el impulso de estrellarse contra una pared. El pequeño Kai lo sacó de sus pensamientos.
–¿Quieres comer algo? –preguntó, mientras el niño negaba con la cabeza y se sobaba el estómago. –¿Te duele?
–Es sólo una indigestión. –dictaminó Kakashi después de revisar a Kai. –Te dejaré algunos medicamentos que lo harán sentir mejor, pero estoy seguro que mañana estará recuperado completamente. ¿Qué comió hoy?
–Desayunó waffles con mermelada y en el parque sólo se comió un algodón de azúcar.
–Bueno, creo que se excedió un poco con el azúcar hoy. –cerró su maletín y escribió una receta. –Tal vez su pequeño estómago no está acostumbrado a tanta comida dulce. ¿Cuántos waffles comiste, Kai?
El pequeño, oculto bajo las cobijas de su cama, alzó su manita.
–¿Cinco waffles? –preguntó sorprendido Sasuke. –Creo que exageraste un poco.
Y ahora estaba pagando las consecuencias de arrebatarle el último waffle a Naruto. Jamás volvería a competir en el terreno de la comida con el rubio, la lección había sido aprendida.
–No me fijé en eso. Soy un padre terrible. –murmuró mientras acariciaba la frente de su hijo.
–No eres terrible, apenas comienzas a aprender. –le aseguró el médico. –Es normal que quieras consentir un poco a tu hijo, la próxima vez tendrás más cuidado.
Le dio la razón a Kakashi. La siguiente vez vigilaría de cerca cuánto comía Kai e incluiría comida mucho más sana en su menú.
–No he visto a Naruto ¿Dónde está? Aprovecharé para felicitarlo.
–Naruto salió. –contestó. ¿Acaso todo mundo intentaba restregarle en la cara su error? Vale, la mayor parte había sido su culpa por olvidar algo así de importante, pero la otra parte había sido del rubio por nunca haberle dicho la fecha de su cumpleaños.
–Bueno, entonces llamaré para felicitarlo más tarde. Seguramente está en el cementerio, visitando a Minato y Kushina.
Cuando Kakashi se fue, el departamento volvió a quedar sumido en el silencio. Kai dormía en su cama. Sasuke buscó algo que ver en la televisión para esperar a Naruto, pero se quedó dormido sin haber escuchado los pasos del rubio.
Los ruidos en la cocina y el aroma a café recién hecho lo despertaron. Entumido por dormir en el sillón, avanzó a cortos pasos hacia la cocina. Naruto servía café en dos tazas y se sorprendió al verlo entrar. Aún vestía la misma ropa del día anterior.
–Buenos días, teme. –le ofreció una taza.
Sasuke aceptó la bebida y dio un sorbo. Realmente sabía bastante bueno. Respiró profundamente para darse valor antes de comenzar a disculparse con Naruto.
–Dobe, tenemos que hablar.
–Lo sé. Pero antes debo decirte algo…
–Naruto, sobre lo de ayer…
–¡No! espera, primero tengo que decirte algo yo. –interrumpió al moreno. –No es fácil hacerlo así que escúchame y después podrás gritarme si lo deseas.
–De acuerdo.
–Lamento mucho lo de ayer. Sé que no debí de gritarles de esa forma, pero de verdad había pensado pasar todo el día con ustedes e Iruka. Creo que necesito un tiempo para entender todo eso de la psicología infantil y de los celos. A veces me lastima el hecho de que prefieras pasar más tiempo con Kai en vez de conmigo, pero he entendido que él es tu hijo y ahora es tu prioridad. Pero estoy celoso de ese niño porque tiene toda tu atención…mmn… –los labios de Sasuke sobre los suyos cortaron su pequeño monólogo.
Olvidó el café y atrapó la cintura de Sasuke con sus brazos, mientras el pelinegro lo empujaba contra la alacena. La lengua hambrienta de Naruto buscó a su compañera para comenzar una danza excitante. Las inquietas manos de Sasuke acariciaron las doradas hebras de su nuca, bajando por toda la bien formada espalda para detenerse en la cadera de su compañero. Se impulsó un poco para subirse por completo al mueble que estaba detrás de él y separó un poco sus piernas para que Sasuke se acomodara mucho mejor. Ambos necesitaron separarse un poco para tomar aire antes de continuar.
–Feliz cumpleaños atrasado, Naruto. –los hermosos ojos azules se abrieron por la sorpresa y una sonrisa se le pintó en los labios.
–¡Te acordaste, teme!
El moreno asintió, ocultando el hecho de que fue necesario que alguien más se lo recordara.
–¿A dónde quieres ir hoy? –preguntó, delineando los labios del rubio con su lengua.
–A mi cama. –suspiró. –Quiero abrir mi regalo. –añadió y dirigió sus manos al pantalón de Sasuke para comenzar a desabotonarlo.
–Naruto…mn… –tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para separarse del rubio. –Yo también quiero ir a la cama, pero tenemos un pequeño problema.
Naruto puso los ojos en blanco. Sí, su pequeño problema de nombre Kai estaba a punto de despertar. Paciencia, paciencia, se repitió mentalmente.
–Ya. –apretó los dientes para no decir algo de lo que pudiera arrepentirse. –¿No tienes trabajo hoy?
–Pedí el día. –respondió con sencillez. –Te llevaré a donde quieras.
Un motel de paso no estaría nada mal, pensó.
–No hay ningún lugar en especial al cual quiera ir. –acomodó un poco su camisa desarreglada.
–Estás molesto. –no fue una pregunta, sino una afirmación.
–¡No! Mira, ya sé que hay cosas que no podemos hacer mientras Kai esté aquí, pero… hay días en los que ni siquiera me besas, teme. –ahora que lo decía en voz alta se escuchaba como toda una nenita quejumbrosa.
–Usuratonkachi… –susurró. –Me gustas y quiero hacer muchas cosas contigo. Pero por el momento Kai necesita un poco más de mi atención y…
–¡A eso me refiero! –exclamó. –Entiendo eso, pero aún no puedo creer que te tengo que compartir. Supongo que me acostumbraré.
Sasuke suspiró y se pasó una mano por sus cabellos. Reconocía que había descuidado demasiado al rubio, pero aún le daba miedo que Kai pudiese ser atacado por Orochimaru. Además, su hijo por primera vez experimentaba lo que era tener un padre de verdad. Pero no podía seguir así. La relación con su rubio comenzaría a desmoronarse si lo dejaba de lado y eso no era algo que deseara. Tenía que lograr un balance en su vida, lo cual por el momento, era bastante difícil.
–Dobe, prometo que festejaremos tu cumpleaños como se debe.
–Sí, supongo que tendré que esperar. –cruzó los brazos.
–Sólo una semana. Trata de no hacer planes para el viernes en la noche.
Naruto bufó medio molesto y se bajó del mueble. Estaba a punto de abandonar la cocina cuando el pequeño demonio de sus pesadillas se apareció frente a él, con las manos detrás de su espalda.
–Hola, Kai. –saludó sin mucho entusiasmo. –¿Quieres desayunar?
Kai negó con la cabeza y estiró sus bracitos al frente, mostrándole a Naruto lo que ocultaba tras él. El dibujo mostraba un enorme pastel decorado con velitas y merengue.
–Feliz cumpleaños, Naruto. –dijo en voz baja. Naruto sonrió y olvidó su enojo. Tomó el dibujo e inmediatamente lo colocó en el refrigerador.
–¡Muchas gracias, Kai!
El niño le regaló una sonrisa y miró a su padre. Sasuke parecía haber vuelto a la normalidad. Se alegraba mucho de que Naruto hubiese regresado.
–Es un regalo temporal. Papá y yo te compraremos algo. –aseguró Kai.
Naruto insistió en que no era necesario ningún regalo. Miró a los ojos azabaches de Kai y supo que no iba a ser nada difícil ganarse la amistad y confianza de aquel niño.
–Naruto. –la puerta de su oficina se abrió, dejando pasar a Ino. –Llamada de Sasuke por la línea uno.
–Gracias, Ino. –atendió el teléfono velozmente para escuchar la adorada voz de su moreno. –¡Hola, teme!
–Hey, Naruto. ¿Estás muy ocupado?
–Un poco. ¿Pasa algo?
–Olvidé que hoy cerrarán la guardería una hora antes por una junta. Hubo un accidente de tráfico y no podré ir por Kai…
–¡Ni se te ocurra! ¿No puedes llamar a Itachi? –preguntó, preocupado ante la idea de pasar toda la tarde a solas con el niño.
–Está de nuevo en Hokkaido, volverá hasta el viernes. Ya sé que es una imposición de mi parte pero…
–Olvídalo. –suspiró derrotado. –Yo lo recojo.
–Te debo una, dobe.
–Más de una, bastardo. –susurró antes de colgar. Miró la hora en el reloj y decidió que era mejor salir a recoger al mocoso.
–Ino, saldré por Kai. No volveré esta tarde, pero si surge algo puedes localizarme en mi celular o en el departamento. –le dijo a su secretaria antes de abandonar su oficina.
Kai no se encontraba muy feliz de que Naruto lo recogiera. El camino hacia el departamento transcurrió en silencio. Al pasar frente a un restaurante de comida rápida, el rubio tuvo una gran idea.
–Kai, no hay nada de comer en la casa. ¿Qué te parece si comemos unas hamburguesas?
–Pero mi papá dijo que no comiera alimentos chatarra. –replicó al acordarse de la advertencia de Sasuke después del episodio de indigestión.
–Una hamburguesa con papas no te hará daño una vez a la semana. Además, Sasuke no tiene porqué enterarse. –miró de reojo al niño y este asintió, de esa manera quedó acordado que ninguno de ellos le diría ni una palabra al moreno.
Comieron en silencio, observando a las personas a su alrededor. Naruto le ofreció su salsa de tomate cuando sus papas fritas se quedaron sin cátsup. Tomó una servilleta y limpió la carita embarrada de salsa.
–¿Quieres ir a los juegos? Sasuke tardará un poco en llegar. –sugirió el rubio.
Kai no necesitó otra palabra. Dejó su refresco y corrió a los juegos infantiles. Naruto suspiró y observó al niño subirse al laberinto en miniatura. Había pocos niños además de él y lo dejó jugar un poco más.
–Hey, será mejor irnos. –se acercó a los juegos luego de un tiempo. El niño estaba en lo alto de un resbaladero y se sorprendió al oír la voz de Naruto. Perdió el equilibrio, cayendo por el borde del juego. Afortunadamente el rubio había observado todo y atrapó a Kai antes de que éste tocara el suelo.
–¡Ten más cuidado, pedazo de tonto! –exclamó asustado, estrechando el cuerpecito más cerca de su pecho. –¡Deberías poner atención!
–¡Fue tu culpa! ¡Doooobe! –pudo notar que Kai temblaba, pero a pesar de eso, no iba a admitir que se había asustado.
–¡Es…! ¡Arg! ¡Olvídalo! Será mejor que regresemos o Sasuke se molestará conmigo.
–Gracias… –murmuró, aún refugiado entre los brazos del rubio.
–No fue nada. –caminó hacia el auto. –Hablando de Sasuke… hay algo de lo que me gustaría platicar contigo, Kai.
Dejó al niño en una de las jardineras que decoraban la fachada del restaurante. Como era un poco tarde para comer, había pocos clientes y tenían cierta privacidad. Esperaron a que una familia entrara al local antes de continuar con su plática.
–Bueno, Kai… yo quería decirte… es un poco difícil para mí, ¿sabes? –ahora entendía el nerviosismo de Sasuke cuando tenía que explicarle algo complicado a su hijo. –Sasuke, es decir, tu papá y yo… nosotros…
–Ya lo sé, son novios. –completó el niño, mirándose los pies para no ver directamente a los ojos azules. –Me lo dijo mi papá.
–¡Ah! Qué bien… me alegra que lo sepas… el punto es que yo…
–Quieres que deje de meterme entre ustedes. –abrió los ojos por la sorpresa. Vaya que el niño había heredado la inteligencia de su papá y de su tío, era todo un Uchiha de cabo a rabo. Lo único que faltaba era el apellido, pero los trámites de la custodia estaban en proceso y gracias a Iruka, muy pronto lo tendría.
–¡No! no es eso… es tu papá y tienes todo el derecho de pasar tiempo con él. Lo que yo quiero decir es... mmm… quiero ser tu amigo. Antes nos llevábamos muy bien ¿recuerdas? –Kai afirmó moviendo su cabeza. –Quisiera que volviéramos a ser igual que antes. Sabes que puedes confiar en mí. –el niño permaneció en silencio, asimilando las palabras de Naruto. –No quiero robarte a tu papá ni nada por el estilo. La relación entre Sasuke y yo… es diferente. ¿Por qué no hacemos un trato?
–¿Un trato?
–Sí. Las mañanas y tardes de lunes a viernes serán sólo para ustedes dos. –propuso. –A cambio dormirás en tu habitación todas las noches.
–¿Y los fines de semana?
–El sábado trabajaré medio día, de esa manera tú y Sasuke podrán salir a cualquier lugar por la mañana. Los domingos lo pasaremos los tres juntos ¿qué te parece?
–Bueno… –aceptó no muy convencido. –¿Alguna noche podré comer palomitas y ver una película en tu habitación?
–No lo sé… –fingió meditarlo. –¿Qué me ofreces a cambio?
–Mmmm… ¡un sábado libre!
–Trato hecho. –aceptó el rubio. –¿Amigos?
Le sorprendió sentir los brazos del niño alrededor de su cuello, pero aceptó el abrazo, pensando que ser amigo de Kai no sería la tortura medieval que había imaginado.
Abrió la puerta del departamento y escuchó las risas de Kai inundar el ambiente. Le sorprendió escucharlo reír sobre todo porque últimamente no se llevaba del todo bien con Naruto. Tratando de hacer el menor ruido posible, se dirigió hacia la habitación principal. Abrió la puerta de la recámara que compartía con el rubio y un espumado Kyuubi salió corriendo en dirección a la sala. Sus ojos se pararon en la puerta del baño principal abierta. Desde lejos podía observar a Naruto y a su hijo rodeados de espuma y burbujas, con las ropas completamente empapadas y sonrisas de oreja a oreja.
–¿Se puede saber qué me estoy perdiendo? –se paró frente a ellos, con los brazos cruzados y un falsa mirada de reproche.
–¡Bañamos a Kyuubi, papá! Pero se escapó. –contestó el pequeño, mientras sacaba sus piececitos mojados de la tina. –¡Voy por él, Naruto!
Los dos adultos echaron un vistazo a Kai que salió corriendo de la habitación en busca del animalito. No le fue difícil seguir el rastro de las huellitas mojadas hasta la cocina. Detrás del refrigerador, Kyuubi se sacudía cómicamente, intentando quitarse la espuma. El espacio era estrecho, así que sacar al zorrito de ahí no iba a ser labor nada sencilla. Buscó con la mirada algo que pudiera ayudarle y entonces vio sobre la mesa el bote con galletas de chocolate que tanto le gustaban a él y a Kyuubi. Se subió a una silla para bajar el enorme tarro con cuidado. Decidió sentarse en el suelo a compartir las galletas con el animalito, que inmediatamente salió de su escondite para conseguir una de esas golosinas. Abrió el bote y sacó una. Kyuubi se sentó obedientemente a un lado del niño, en espera de recibir una compensación. Sonrió mientras comía la segunda galleta, Sasuke y Naruto necesitarían un tiempo a solas y por primera vez no le molestaba que el rubio pasara tiempo con su papá. Confiaba en su nuevo y único amigo.
En la habitación, Sasuke recorrió con ojo crítico el torso desnudo de su novio, deteniéndose en cada músculo deliciosamente marcado. El condenado rubio estaba más bueno que el pan y eso aceleraba su corazón hasta límites insospechados.
–Me quité la camisa porque Kyuubi siempre la moja cuando lo baño. –explicó al notar la inquisidora mirada azabache sobre él. –¿Pasa algo, Sasuke?
–Absolutamente nada… –lanzó su chaqueta de bombero sobre la cama y después se arrojó él mismo a la caza de los labios del Uzumaki. El rubio no se negó, aunque le preocupaba que Kai volviera en cualquier minuto.
–Sa-Sasu-ke… ¡ah! –gimió cuando las manos del moreno alcanzaron uno de sus botoncitos rosados y lo retorció entre sus dedos. –¡Dios! Eres tan… –jaló sus cabellos azabaches para volver al beso.
–¿Sabes lo bueno que estás? –una de sus manos bajó por el costado del rubio, dirigiéndose hacia su trasero para estrujarlo. –Me pones a mil, usuratonkachi…
–¿De verdad?
–No sé porqué lo dudas, dobe. –mordió suavemente su oreja antes de susurrar. –¿Te quitaste la camisa para provocarme?
–No tenía ni idea… –contestó entrecortadamente. –Pero me alegro de saberlo. ¡Ah! Teme, Kai…
–Lo sé. –dejó de tocar el cuerpo de Naruto, pero hasta que su hijo abrió la puerta, dejó de besarlo. Naruto tomó la primera toalla que había a su alcance para cubrir la erección que las caricias de Sasuke habían provocado en él.
–¡Tío Naruto! Kyuubi ya está seco.
–Sí, pero tú no. –miró la ropa aún húmeda de su hijo. –¿Qué comiste?
–Nada. –respondió inmediatamente, ajeno a los restos de chocolate que manchaban sus mejillas.
–Kai… –advirtió con voz grave. Tal vez era un padre novato, pero una de las primeras cosas que había aprendido era que, en el lenguaje infantil, "nada" siempre significaba "problemas".
–Galletas de chocolate. –dijo, dándose por vencido. De cualquier manera su padre se enteraría después de ver las migajas del suelo y el tarro vacio.
–No lo regañes, teme. –lo defendió Naruto, sorprendiendo al niño. –No es nada que un poco de agua y jabón no puedan solucionar. –señaló las manchas de chocolate.
–¿Me puedo bañar hoy solito, papá? –preguntó emocionado Kai.
–No sé… –Sasuke siempre se había creído imperturbable, pero la carita de cachorrito de su hijo era una de sus debilidades. –Ten mucho cuidado, ¿de acuerdo? Si necesitas algo, avísame e iré enseguida.
Kai asintió, corrió a su habitación por su toalla y ropa limpia antes de meterse en el enorme cuarto de baño de Naruto. Limpió un poco el desastre que había causado Kyuubi y llenó la tina hasta la mitad, para no ahogarse. El agua estaba un poco fría, pero nada mal para su primer intento.
Afuera, Naruto continuaba con la toalla ocultando su despierto miembro, actitud que no pasó desapercibida para Sasuke. Jaló su brazo para tumbarlo sobre la cama y quitó la molesta toalla.
–¡Sasuke! ¿Qué vas…? –no se había fijado, pero también Sasuke estaba en las mismas condiciones. Se quitó su playera y bajó el zipper de su pantalón, liberando su erección. –¡Teme! Kai está en el baño y…
–Se tardará un poco. Y tú te enfermarás si continúas con la ropa mojada. –bajó los pantalones y la ropa interior de Naruto para dejarlo completamente desnudo.
–¡Pero…!
–No tardaremos. –besó a su novio un momento antes de rodear con una de sus manos el erguido pene del rubio.
A pesar de su inicial renuencia, también rodeó el miembro de Sasuke para darle el mismo placer que él le proporcionaba con el movimiento de su mano. Los gemidos no se hicieron esperar, pero ambos los reprimieron hasta convertirlos en ligeros murmullos que Kai no pudiera escuchar.
–Te-teme… voy a…
–Espera un minuto más, Naruto. –detuvo un momento sus caricias para rodear la mano de Naruto con la suya y acelerar las caricias en su propio miembro.
–¡Ah! ¡Dobe! ¡Mn…! –no tardó en correrse, dejando su esencia en ambas manos. Una mirada de reproche por parte del Uzumaki lo hizo sonreír. Naruto aún continuaba con su miembro erguido. –Esto es para compensarte el favor de hoy, usuratonkachi.
Tomó los muslos del rubio para separarlos y acomodarse mejor entre sus piernas. Depositó un suave beso en la cara interna de los muslos, para posteriormente recorrer con su lengua toda la longitud de su miembro. Naruto tuvo que colocar una de las almohadas sobre su cara para ahogar sus gemidos. Besó la punta que goteaba ya líquido pre-seminal mientras intentaba quitar la almohada del rostro de su novio.
–Eh, dobe, quita eso… –jaló el cojín. –Quiero verte.
El rostro de Naruto no podía ser más rojo. Cerró sus ojos azules porque estaba seguro que no podría resistir la visión de Sasuke entre sus piernas sin correrse en un segundo.
–Mírame, Naruto… –susurró.
Un escalofrío lo recorrió al escuchar las palabras de Sasuke. Entreabrió sus ojos para encontrarse con la sonrisa de superioridad del Uchiha. Al conseguir la atención de Naruto, retomó su tarea e introdujo todo lo que pudo del pene de su amante en su boca, comenzando a subir y bajar.
–¡Maldita sea, teme…! ¡Ah! –llevó sus manos a su boca para acallar los gritos de placer y no alarmar a Kai.
El rostro sonrojado de Naruto era todo un espectáculo digno de verse. Y el saberse observado de esa manera, lo encendía. La cabellera azabache subía y bajaba rítmicamente, produciéndole un placer indescriptible. Además, la mirada oscura estaba atenta a todos sus movimientos. No tardó mucho en sentir el característico hormigueo recorrer todo su cuerpo y concentrarse en su miembro. Jaló suavemente los cabellos de su amante para que se apartara.
–Teme… voy a… ¡ugh! Quítate…
–Hazlo. –murmulló antes de recibir el líquido tibio de Naruto en su boca.
El rubio jadeaba en busca de aire y tenía una sonrisa en su rostro. Trataba de normalizar el ritmo de su corazón, pero era imposible viendo a Sasuke tragar su semen y relamerse los labios después.
–No tenías…
–Lo sé, pero quise hacerlo –lo besó larga y profundamente, separándose sólo cuando Naruto necesitó un poco más de aire debido a su agitada respiración.
–Kai… –susurró al sentir el peso del Uchiha apoyarse en su pecho, buscando una posición cómoda.
–Tardará un rato más en salir. ¿No lo viste entrar con sus juguetes?
–¿Llevaba juguetes?
–Estaban ocultos bajo su toalla. –besó la desnuda piel de su novio. –Quería bañarse él solito para poder jugar un rato.
–Oh. –acariciaba las suaves hebras negras de Sasuke, recordando la última vez que habían estado compartiendo un momento tan íntimo. –Será mejor que eches un vistazo para ver que todo esté en orden.
Los pasos de Kai los alertaron. Abrochó su pantalón a toda prisa y se puso su camisa. Naruto se envolvió con el edredón de la cama. Cuando Kai salió del cuarto de baño, su padre parecía muy interesado en la televisión, mientras que el rubio se encontraba sonrojado y escondido entre las sábanas.
–Tío Naruto ¿te sientes bien?
–¡Estoy perfectamente, Kai!
–Sólo tiene frío. –comentó Sasuke. –Ve a dejar tus cosas al cuarto antes de cenar.
No esperaba encontrarse con un enorme pastel en el comedor, mucho menos con los globos que decoraban todo el departamento.
–¡Feliz cumpleaños, tío Naruto! –fue el cálido recibimiento por parte de Kai. Lo tomó en brazos y dio vueltas hasta que el niño le pidió que lo bajara porque estaba muy mareado.
–¡Gracias, Kai!
–¡Felicidades, Naru! –Hinata estaba esperando su turno de abrazar al chico.
–¡Hinata! –correspondió el abrazo. –¡Muchas gracias!
–Es un poco tarde, pero… –fue interrumpida por Naruto.
–¡No importa! Es genial. –miró a la chica y a Kai. –¡Se los agradezco mucho! No tenían que hacerlo.
–Kai insistió. –explicó Sasuke mientras acomodaba un par de platos sobre la mesa. –Iruka y Kakashi vienen para acá. Comprarán ramen.
Unos minutos después aparecieron, trayendo consigo una enorme cantidad de ramen del restaurante favorito de Naruto. Para sorpresa de todos, a Kai pareció gustarle mucho esa comida y pidió otro tazón. Las visitas no le gustaban particularmente a Sasuke, pero viendo la sonrisa de su dobe y de su hijo se dijo que podía tolerarlo.
–¡Tío Naruto, abre tus regalos! –pidió el pequeño al finalizar su comida, entregándole una pequeña cajita naranja decorada con un enorme moño rosa brillante. La cinta adhesiva cubría toda la parte de abajo. Se notaba que Kai había trabajado sin ayuda de nadie en la envoltura. Y también los colores eran de su elección. Quitó la cinta con cuidado y después el moño. Descubrió dentro de la cajita una delgada pulsera de cuero con una pequeña placa de plata en cuya superficie se encontraba grabada una elegante S.
–¿Te gusta, tío?
–Es perfecta. –ató los lazos en su muñeca para amarrarla. –¡Muchas gracias, Kai! ¿Tú la elegiste?
El niño asintió con alegría. –Sip. Y también usé mis ahorros para comprarla. La letra es para que no se te olvide que eres novio de mi papá. –añadió.
Naruto se conmovió por el interés que Kai mostraba. Lo levantó del suelo, abrazándolo con fuerza. –Mil gracias, pequeño bastardo.
–¡No es nada, dobe! Bájame, todavía tienes que abrir el regalo de Hinata, y de Iruka. –sonrió y corrió a empujar a la chica, animándola a entregarle el regalo a Naruto.
Agradeció a su amiga y a Kakashi los obsequios después de abrirlos, a insistencia del niño. Kai parecía más entusiasmado que el propio cumpleañero. Corría por todos lados, jugando con los globos y comiendo pastel de chocolate. Sasuke lo notó y tomó nota mental de celebrar una gran fiesta por el cumpleaños de su hijo.
–¡Falta un regalo! –gritó Kai.
–Ya abrí todos, Kai. –protestó el rubio.
–No, falta el de mi papá. –contestó y salió trotando hacia la recámara principal. Había visto el momento en el que su papá escondía la caja de regalo debajo de la cama, además de que juntos habían comprado el obsequio. Era raro que su papá no quisiera entregarlo.
–¡Kai, espera! –el pánico lo invadió. Tenía pensarlo darle el obsequio al día siguiente, cuando estuviesen a solas. Corrió detrás de su hijo para evitar que encontrara el regalo. Llegó demasiado tarde. Con la delgada y pequeña complexión de Kai, no le fue nada difícil deslizarse por debajo de la cama y tomar la brillante caja azul. Encontró también una caja más pequeña de color negro.
–¿Qué es esto? –preguntó inocentemente.
La cara pálida de Sasuke se sonrojó. En un movimiento brusco, le arrebató la caja de condones que había comprado para usarlos con el rubio.
–No es… es… ¡cosas de adultos! –Kai aprovechó el instante en que su padre se distrajo guardando la cajita para correr de vuelta a la sala y poner sobre las piernas del rubio el regalo.
–¡Este es de mi papá! –mencionó emocionado. –¡Ábrelo!
–¡Kai, no…! –todos lo miraron, extrañados por su reacción al llegar corriendo a la sala. –¡Tsk! Pensaba dártelo después… –explicó en voz baja. –Como sea, puedes abrirlo si quieres.
–¡Vaya! ¿Es un regalo para abrirse en privado? –cuestionó pícaramente Kakashi. –Tal vez deberíamos irnos…
–Es un regalo normal. –contestó el azabache.
Naruto sonrió y rompió el papel azul sin ningún cuidado. Abrió la caja para encontrarse con un regalo envuelto por papel blanco. Retiró el papel y su sonrisa se ensanchó. Sacó la hermosa chamarra informal de piel blanca y miró a Sasuke.
Aquella chamarra tenía un significado especial. Acarició con la punta de sus dedos el fino cuero blanco, recordando la ocasión en que Sasuke le había regalado su chamarra al taxista como soborno para que no delatara el domicilio del moreno cuando las locas fans lo acosaban, después de su cita en el yate. Al parecer Sasuke no había olvidado el detalle. Pero la calidad de la piel y la marca le advirtieron el alto precio de aquella prenda.
–Sasuke, es… es genial, pero debió de costarte una fortuna…
–No te preocupes por eso, usuratonkachi. –sí, la mitad de su sueldo de los próximos seis meses se iría directamente a pagar esa deuda, pero Naruto lo valía. Y el beso que el rubio le estaba dando en esos instantes también lo valía. Kakashi e Iruka fingieron admirar uno de los cuadros que colgaba sobre las paredes, Hinata y el pequeño Kai comían pastel, todos evitando incomodar a la parejita mientras se besaba.
–¿Ya tienes la dirección? –preguntó Orochimaru mientras bajaba del jet privado que alquiló para regresar a Japón. Las luces del aeropuerto por la noche eran casi enceguecedoras. Detrás de él bajaba su mano derecha, Kabuto.
–Sí, además hemos confirmado que Kai y Sasuke están viviendo con él.
–Magnífico. –siseó el mayor. Caminó a paso veloz hasta el automóvil negro que los esperaba, sin despegar la mano de la empuñadura de su espada que llevaba en la cadera. El largo abrigo lo cubría y, si de casualidad alguien del personal lo descubría, tenía el suficiente sentido común para callarse, ignorarlo e inclinar la cabeza mientras el imponente hombre pasaba frente a ellos.
Subieron al automóvil, el chofer aguardaba las instrucciones. Kabuto se sorprendió al escuchar a su jefe decir que volverían a la mansión que había compartido con Sakura.
–¿Por qué volveremos allá? Es el primer lugar en el que Akatsuki buscaría, por no decir que también la policía.
–Tantos años a mi servicio y sigues sin entenderlo. –suspiró frustrado. –Le advertiremos a ese grupo de estúpidos que ya estamos aquí. Así sabrán precisamente dónde encontrarnos.
–Si es lo que usted quiere… –dijo no muy convencido del plan.
–Maldito Asuma. –masculló, tratando de maniobrar con la puerta, las llaves y su maletín, todo al mismo tiempo que cargaba una pila de papeles para trabajar ese fin de semana. Apoyó su rodilla contra la puerta y dejó los papeles en equilibrio mientras insertaba la llave en el cerrojo para poder abrirse paso al interior de su departamento. Volvió a coger los documentos entre sus brazos y entró.
La habitación estaba a oscuras, cosa que no le extrañó para nada siendo casi medianoche. Seguramente Kai y Sasuke ya estarían perdidos en los brazos de Morfeo. Quizás se equivocaba. El reflejo del televisor lo guió hasta la sala.
–¿Dobe? –preguntó la figura que estaba tendida sobre el incómodo sofá.
–Ya llegué, teme.
–Sí, me he dado cuenta. –replicó sarcásticamente. –¿Por qué tan tarde?
–Es culpa de Asuma. –caminó hacia el interruptor para encender las luces del lugar. –Mientras estuve en el hospital, me pasó los casos que no eran urgentes, así que ahora mi agenda está… –su discurso se cortó cuando las luces revelaron el cuerpo relajado y semidesnudo de Sasuke sobre el sillón, apenas cubierto por un bóxer negro que delineaba perfectamente todo el paquete del moreno. Los ojos azabaches continuaban atentos a la película de acción que se proyectaba en el televisor, ignorando la mirada de Naruto. –¿Qué…?
–Qué lástima que tengas tanto trabajo. Probablemente estás cansadísimo. –tomó el control remoto para apagar la televisión antes de ponerse de pie y caminar hacia el rubio. –Me iré a la cama. Buenas noches. –le dio la espalda a Naruto, caminando lentamente hacia la recámara.
Sus brazos dejaron caer los documentos, desparramándose sobre el suelo. La sangre abandonó su rostro para ir a concentrarse a su entrepierna. El delicioso culito redondo de Sasuke se contoneaba frente a él.
¡A la mierda el trabajo! –pensó, dejando los papeles sobre el suelo. Mañana se encargaría de recogerlos y ordenarlos de nuevo.
Arrojó el maletín y el saco sobre el sillón que Sasuke había ocupado anteriormente y siguió el mismo camino que el moreno, encontrándose con la puerta del dormitorio cerrada. Se aflojó la corbata y el cinturón, sacando la molesta camisa de sus pantalones. Odiaba utilizar traje, pero aquél día había visitado la corte, donde era requisito obligatorio asistir con esa vestimenta. También se quitó sus zapatos y de un puntapié los arrojó a algún rincón del departamento, los recogería por la mañana.
NSNSNSNSNS
Con una enorme sonrisa en los labios, abrió la puerta. Se vio asaltado inmediatamente por los besos de Sasuke en su cuello y sus manos ansiosas terminaron por quitar la corbata y abrir su camisa. Naruto tomó el rostro de Sasuke con ambas manos para acercarlo y poder besarlo como era debido. El beso salvaje, lleno de pasión, los llevó hacia la cama. El Uchiha empujó a Naruto para sentarse a horcajadas sobre él y continuar con la húmeda caricia. Sus manos recorrían el pecho y el abdomen del rubio, colándose un poco más allá del borde del pantalón. Por supuesto que Naruto no se iba a quedar atrás. Acarició toda la desnuda espalda de su amante en una sutil caricia que subía y bajaba mientras dejaba que el moreno lo desnudara. Suspiró cuando se encontró en las mismas condiciones que su amante.
–Feliz cumpleaños, Naruto. –susurró Sasuke.
–Creo que será el mejor cumpleaños de toda mi vida. –contestó con una sonrisa. Delineó con la punta de sus dedos los labios de Sasuke que ya comenzaban a hincharse por los besos. Su nariz captó un tenue aroma a vainilla y prestó atención a su alrededor. Con las luces apagadas, las velas aromáticas que había colocado el moreno le daban a la habitación un resplandor casi irreal. Las sábanas en su espalda también tenían un aroma refrescante y atrayente. –Te faltaron los pétalos de rosas. –farfulló a modo de broma.
–Ja, no pensé que fueras una linda nenita que necesitara de eso. –contestó, retirándose del vientre de Naruto para obligarlo a dar media vuelta y quedar de espaldas. –Hoy es tu día de suerte, te daré un masaje.
–¡Sasuke! –se levantó de golpe al ver la puerta abierta, dándole un leve cabezazo en la mandíbula a su amante por el movimiento tan repentino. –¡No podemos! Kai…
–Itachi cuidará a Kai esta noche. Lo traerá mañana por la tarde. –interrumpió, frotando un poco la zona del golpe. –Te prometí que te compensaría tu cumpleaños ¿no es verdad? Ahora –se estiró para tomar un de aquellos frasquitos que había escondido varios días antes entre los cajones de su mesita de noche. –¿Quieres el masaje o seguirás…? –los labios ansiosos de Naruto le impidieron continuar con su intento de amenaza. Ante la insistente lengua del rubio, abrió los labios para darle paso y jugar un rato con ella. Cuando sus pulmones les reclamaron por un poco de oxígeno, se separaron. Naruto obedientemente se tendió sobre el colchón, cruzando sus brazos para utilizarlos como almohada acomodando su cabeza entre ellos para recibir el masaje, de ninguna manera desperdiciaría una oportunidad como esa.
Sasuke se acomodó sobre la espalda baja del rubio antes de abrir el frasco y dejar caer la oleosa sustancia sobre los músculos tensos del dorso. El olor a vainilla se hizo más fuerte, inundando el ambiente. Con sus manos extendió el aceite sobre toda la espalda y comenzó masajeando el cuello.
–Estas muy tenso, dobe.
–Sí… –contestó en voz baja. –Mucho trabajo… mn… –suspiró de placer por las caricias recibidas. –Huele a vainilla…
–Era éste o de lavanda. –comentó, sus manos recorrieron un poco la espalda y regresaron a los hombros.
–Eres bueno… mn…
–Por supuesto. Deberías sentirte privilegiado. No a cualquiera le brindo tan excelente servicio. –dejó la zona de los hombros para bajar un poco más hasta la cadera.
–Pues el mundo se perderá a tan buen masajista… mn… porque no te dejaré que toques a nadie más. –afirmó, sintiendo las manos firmes y trabajadoras de Sasuke bajar un poco más hasta el borde de su ropa interior. Un segundo después, la lengua de su amante se unió al masaje, recorriendo la línea media desde su nuca, en la parte superior, bajando por su columna hasta toparse de nuevo con el bóxer. –Sasuke… mn…
–¿Qué quieres, usuratonkachi? –murmuró al mismo tiempo que sus manos se hacían cargo de desaparecer la única prenda del rubio, deslizándola por las piernas firmes de su pareja y arrojándola al suelo. Naruto suspiraba de placer ante sus caricias, notando en su trasero el bulto que comenzaba a formarse aún atrapado detrás de la tela.
–¿Ya puedo… voltearme? Quiero verte…
Se retiró un momento para que pudiera girar sobre su costado y quedar frente a frente. Atrapó los labios de Naruto en un beso demandante y apasionado, dejándolos sin aliento. El miembro del rubio comenzaba a despertar y palpitaba contra su abdomen. Era maravilloso poder compartir una noche como esa sin el temor de que Kai pudiera verles u oírles, además el pequeño estaba seguro al lado de su tío Itachi. El forcejeo de Naruto en su cadera intentando desnudarlo por completo lo hizo volver a la realidad. Con una pequeña sonrisa prepotente se estiró para tomar la olvidada corbata del rubio. Lo distrajo con un nuevo beso, llevó sus manos a la nuca para acariciar los dorados mechones de cabello y profundizar el beso. Bajó lenta y sensualmente sus dedos por los hombros y los brazos de Naruto hasta llegar a sus manos para entrelazarlas. Con un movimiento ágil las llevó arriba de la cabellera rubia, deteniéndolas con una sola mano para utilizar la que aún estaba libre para atarlas con la corbata. Al terminar el beso, Naruto se dio cuenta del agarre.
–Esto de atarme comienza gustarte ¿no? –protestó el rubio.
Sasuke sonrió. –Me hace sentir superior a ti.
–Recuérdame nunca practicar el sado contigo o terminaré en el hospital. –bromeó.
–Idiota. –susurró. Besó el cuello de Naruto, succionando en la unión de éste con la clavícula para dejar una bonita marca roja de propiedad que sería muy notoria al día siguiente.
–Sasuke, quiero…
–No. –atrapó entre sus dientes uno de los pezones y le dio un suave mordisco, haciendo que Naruto se retorciera entre una mezcla de placer y dolor. –El cumpleañero sólo se dedica a sentir.
–Pe-pero… ¡ah! –su otro botón rosado se vio envuelto entre los experimentados dedos de Sasuke. Las sensuales caricias en su pecho continuaron bajando lentamente, saboreando la suave piel del rubio que se mezclaba con los restos del aceite de vainilla que aún continuaban en sus manos. Los ligeros gemidos que escapaban de la boca de Naruto fue el aliciente que el moreno necesitaba para continuar descendiendo.
Al llegar al ombligo, vio la rosada cicatriz que surcaba verticalmente el abdomen del rubio, recuerdo de la operación y de lo cerca que estuvo de perderlo para siempre. Delineó la delgada línea con la punta de su lengua, provocando más de un estremecimiento en el cuerpo de Naruto y después cubrió de pequeños besos toda la longitud de la cicatriz, jurando internamente, que jamás volvería a permitir que su pareja estuviera en peligro nuevamente. Naruto sonrió ante tan inesperada muestra de cariño, pensando en que Sasuke tal vez continuaba inseguro acerca de su salud.
–Ya estoy bien, teme…
–Lo sé, solo que…-–e mordió la lengua antes de continuar. No había necesidad de que Naruto se enterase de sus cursis y ridículos pensamientos. –Continuaré.
El rubio asintió y movió un poco su cadera para dejar más espacio a Sasuke entre sus piernas. En poco tiempo se vio invadido de besos y mordidas ligeras cerca de su miembro y ansiaba más contacto, pero la manía del moreno por atarlo se lo impedía. Su pelvis comenzaba a hormiguear al sentir el aliento cálido tan cerca de su palpitante carne.
–Pídelo… –susurró, dando una lamida al glande.
–¿Estás tonto o qué…? ¡ah! –Sasuke jugaba con su pene, subiendo y bajando por toda la longitud con su lengua, provocando escalofríos y la necesidad de enterrarse en la húmeda boca de su novio. Quizá debería de mandar su orgullo al carajo y rogar por un poco de atención. –¡De acuerdo! ¿Qué quieres que diga…?
Otra vez aquella maldita sonrisa de superioridad se hacía presente. Y por un momento no supo si odiarla o temerle. – "Maestro del sexo Sasuke, por favor, cógeme" sería lo correcto.
–¿Eres imbécil? Nunca en mi vida diré algo tan vergonzoso como eso. –desvió su mirada hacia otro lado, tratando de disminuir el sonrojo en sus mejillas provocado por las palabras de Sasuke. –Antes muerto que… ¡ah! ¡mn! ¡Sa-suke! –la sensación de necesidad se hizo mayor, el moreno acariciaba sus testículos e iba más allá. –Maldición… ¡muy bien! ¡Si vas a cogerme, hazlo de una puta vez!
El Uchiha intentó disimular la carcajada que luchaba por salir de su garganta. –Bueno, es un comienzo.
Por fin su miembro era acogido en la boca del moreno. Casi gritó de placer ante la deliciosa sensación que lo hizo estremecer hasta la punta de los pies. Separó más sus piernas, colocando la planta de los pies sobre el colchón. Trataba de no mover demasiado su cadera para evitar que su amante se ahogara con su miembro, pero era muy difícil poder controlarse cuando la boca de de Sasuke le estaba dando la mejor felación de su vida. Perdido en el placer, no se dio cuenta de que una de las manos del moreno tanteaba entre las sábanas buscando el bote de aceite.
–¡Teme! ¿Qué rayos…? –un incómodo dedo lubricado se abrió paso a través de su interior, provocándole una sensación desconocida hasta el momento. Había estado con Sasuke en varias ocasiones, pero nunca siendo el uke. Supuso que era el turno de invertir posiciones, pero no estaba del todo convencido. –¿En serio vas a…?
Sasuke no podía contestar con la boca ocupada en su pene, pero la mirada que le dirigió bastó para transmitirle el mensaje. Suspiró, tratando de olvidar el segundo dedo que comenzaba a jugar en los alrededores de su entrada, esperando abrirse camino también. La sensación era incómoda y su cuerpo se revolvía ante los extraños invasores. Sasuke dejó de atenderlo con su boca para poder hablar con él.
–Dobe, deberías tratar de relajarte.
–¡Claro, como a ti no te están metiendo algo por el culo…! –sus ojos se llenaron de culpabilidad. El moreno había soportado lo mismo y ni una queja había salido de sus labios. ¿Por qué no podía hacer lo mismo por Sasuke? Tal vez debería decirle que estaba nervioso por ser la primera vez que intentaban penetrarlo, pero no quería que su amante lo tratara con delicadeza sólo por esa razón. Intentó disculparse por sus palabras al ver la cara de Sasuke. –Eh… es que… yo.
–Como sea. –suspiró y cerró los ojos. Los dedos abandonaron su interior tan rápidamente que le causó un extraño sentimiento de insatisfacción. –Eres un dobe.
Naruto observó maravillado que Sasuke embarraba aceite en tres de sus dedos antes de dirigirlos a su propia entrada y comenzar a dilatarse él mismo. Su entrepierna palpitaba más que antes ante la erótica visión de su novio. Adoraba al pelinegro, aunque tendría que convencerlo de que no lo atara tan seguido, a él también le gustaba tocar y participar en la acción. Sasuke jadeaba en voz baja y cuando se sintió preparado, se montó sobre el rubio.
–Sasuke, espera, yo tengo que decirte algo… ¡Maldición, teme! ¡Ah! Estás condenadamente apretado… ¡Umn! –el cálido interior se abría para recibirlo y con la ayuda del lubricante no tardó en estar por completo dentro del azabache. Sus caderas comenzaron a subir y bajar para buscar por más placer, pero Sasuke aún no estaba listo, pues mordía su labio inferior en un intento por distraerse de la incomodidad inicial; por mucho que lo hicieran siempre había una sensación dolorosa o incómoda al principio.
Haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, logró sentarse sobre el colchón para quedar cerca del rostro de su amante. Aún con sus manos atadas, envolvió a Sasuke entre sus brazos, dejando al moreno en medio de ellos y con las muñecas atadas detrás de su nuca. Buscó sus labios en forma instintiva, compartiendo un beso con un ligero sabor metálico, producto de las gotas de sangre que escapaban del labio de Sasuke. Sus ojos se encontraron cuando el beso terminó y el moreno elevó un poco su pelvis, indicando que estaba listo para comenzar. Segundos después, Naruto se hallaba jadeando mientras el Uchiha saltaba sobre su cadera, apresando en cada embestida su miembro. Con el moreno sentado sobre él, acercó sus cuerpos más para reducir la distancia entre ellos y poder rozar con su abdomen el miembro descuidado de Sasuke, pues con las muñecas atadas y abrazándolo le era imposible acariciarlo con sus manos.
–Do-dobe… ¡ah! –las penetraciones profundas y el calor palpitante en su interior amenazaban con volverlo loco. Quería aumentar la velocidad, pero sus piernas comenzaban a acalambrarse por el esfuerzo de subir y bajar. Se detuvo un momento para liberarse del abrazo y desatar las muñecas del rubio. Al poco rato, su espalda golpeó contra el colchón y sus piernas se hallaban sobre los hombros de Naruto. Gimió fuertemente al sentir la potencia de las embestidas que esa posición les facilitaba. El condenado miembro de Naruto llenaba su interior de forma deliciosamente placentera, casi quemándolo por dentro. El chasquido excitante de las embestidas junto con los gemidos y jadeos de ambos, llenaba la habitación.
–Teme… ¡ah! –jadeó cuando los músculos pélvicos de Sasuke comenzaron a contraerse. –¿Podemos intentarlo de otra ¡ah!... de otra forma?
Sus ojos azabaches entrecerrados se abrieron para mirar los hermosos ojos azules. –¿Cómo quieres ¡mnn!...?
–¡Ugh! Cuatro… –su boca fue cubierta por las manos de su amante, evitando que completara la oración. El rostro de Sasuke estaba completamente rojo, en parte por imaginar la posición y en parte por el acto sexual.
–¡Olvídalo! ¡ah! –pudo observar un poco de decepción en el rostro del rubio y se sintió repentinamente culpable. Aquello lo avergonzaba a sobremanera, así que ocultó sus ojos detrás de los mechones de cabello que caían por su rostro. –Sólo porque es tu cumpleaños... ¡Pero no creas que lo haremos siempre! ¡Es humillante!
Se separó de Naruto y aún continuaba ocultando su mirada cuando giró sobre su costado, para ponerse a gatas y satisfacer la fantasía de su amante. Apoyó sus codos sobre las sábanas, de tal manera que su trasero quedaba completamente expuesto a los ojos de un maravillado Naruto. Por primera vez en su vida sexual, Sasuke se sentía avergonzado por algo. Giró un poco su cabeza para mirar por el rabillo del ojo al rubio, que continuaba embobado con su trasero.
–¡No duraré todo el día así y lo sabes! Así que apúrate o perderás la oportunidad.
–¡Lo siento, teme! –mordió una de sus nalgas, provocando un escalofrío en su cuerpo y la sensación del sonrojo en su rostro se hizo mucho más fuerte. ¡De alguna manera se vengaría de aquel rubio! Colocó su rostro directamente sobre el colchón, esperando inútilmente que su cara se fusionara con las sábanas y que Naruto no pudiese ver lo apenado que se sentía. –¡Es que no podía evitarlo!
Naruto guió uno de sus dedos al surco entre las nalgas de su amante, recorriéndolo hasta toparse con la entrada, que le absorbió a su interior. Escuchó el gruñido de Sasuke como protesta y lo retiró. Como sabía que era una oportunidad única e irrepetible, separó los dos pedazos de carne con sus manos para echarle un vistazo a la entrada. El estrecho agujerito se estremecía por más y eso lo encendió de sobremanera.
–¡Me largaré y te dejaré así! –advirtió Sasuke y Naruto rió.
–Es mi venganza por obligarme a decir: "cógeme, maestro Sasuke"
–Eres un imbé… ¡ah! –el insulto murió en sus labios cuando Naruto se abrió paso con una fuerte y certera embestida en su interior. Aunque antes había maldecido una y mil veces esa insultante posición, ahora no le parecía tan mala. Cada embestida llegaba a ese punto que lo volvía loco. Y la fricción causada entre su interior y el pene con cada estocada lo hacía estremecer, además de que Naruto aprovechaba para masturbar su erguido miembro al ritmo de las embestidas. Los casi gritos de Naruto le señalaron que el rubio estaba cerca de correrse. Contrajo los músculos de su pelvis para estrechar aún más el miembro que entraba y salía, ganándose un grito por parte de su amante y una mordida en su hombro que le pareció increíblemente excitante a pesar del dolor.
Entre jadeos, escuchó a Naruto decir: –Es cierto, ¡ah! No volveremos a practicar esta posición…
–Fuiste ¡mnn!... tú quien lo pidió, usuratonkachi.
Sus embestidas se detuvieron. Con un movimiento rápido, el rubio giró a Sasuke para quedar los dos de frente. Volvió a penetrarlo, recibiendo un par de marcas rojas en su espalda a cambio. –Sí, pero de esa forma no podré ver tu cara cuando te corras, teme… ¡ah! Me la estrujas toda… ¡mnn!
Las palabras no hicieron más que encenderlo. Enredó sus piernas alrededor de la cintura de su amante para atraerlo más a su cuerpo, profundizando las embestidas. El final se acercaba, ambos jadearon por el hormigueo que amenazaba con hacerlos explotar de placer.
–Dobe, voy a… ¡ah! ¡mnnn! más rápido…
–Como quieras, teme… ¡ah! Pero no te quejes si te parto en dos ¡ah! Te adoro, imbécil. –depositó un beso en la cabellera negra antes de sentir el espasmo que recorrió el cuerpo que estaba debajo del suyo y la cálida esencia de Sasuke en su mano y abdomen. Un par de embestidas más y Naruto se dejó caer en el pecho del moreno, jadeando por un poco de aire.
Solía ser su costumbre acariciar los cabellos dorados de Naruto cuando éste se recostaba en su pecho y aquella ocasión no era la excepción. Ambos esperaron a que sus respiraciones y latidos volvieran a la normalidad.
–Gracias, teme. –susurró Naruto. –Por dejarme tenerte.
–No seas ridículo y cursi, dobe. –escuchó la suave risa de su amante y él también sonrió en la oscuridad.
–No lo soy. Es sólo que tú eres muy frío y poco cariñoso.
–Usuratonkachi. –murmuró. Naruto se revolvía inquieto sobre él. –¿Qué sucede ahora?
–Tengo ganas de más, me has tenido mucho tiempo olvidado. –contestó, fijando su mirada en la contraria. –¿Podemos empezar el siguiente round?
–Estoy cansadísimo…
–Entonces tendré que encargarme yo solo de todo el trabajo. –con una sonrisa ladina, se acomodó sobre el regazo del moreno, provocando que ambos miembros se tocaran. Los dos gimieron ante el íntimo y placentero contacto.
–Dobe… ¿de verdad quieres más?
Se agachó un poco para atrapar entre sus dientes uno de los pezones de Sasuke e incitarlo a jugar una vez más. Movió un poco su pelvis para continuar con la caricia de sus miembros.
–¡Ah! Usuratonkachi, tal vez deberíamos parar…
–Una vez más, Sasuke. –susurró en su oído. –Tal vez pase mucho tiempo antes de que Itachi acepte volver a cuidar a Kai.
El rubio tenía razón. Le había costado bastante convencer a su hermano de que cuidara a Kai una noche, pero era el único al que le podía confiar la seguridad de su hijo, además del rubio. Suspiró al sentir las manos de Naruto explorar su anatomía, bajando por su abdomen hasta llegar a la entrepierna. De pronto ya no se sentía tan cansado, aún así, dejó que el cuerpo rubio se restregara sobre él, sintiendo el deseo de su amante y el suyo crecer exponencialmente. Gimió cuando las manos del rubio apresaron su palpitante miembro y lo guiaron directo hacia…
–Dobe, ¿Qué piensas…? ¡ah! –movió su cadera, sin poder contenerse al sentir su pene pasear entre las nalgas de Naruto, sin llegar a penetrarlo, pero muy cerca de su entrada aún virgen.
–Ya me dilataste antes ¿no? supongo que el lubricante es suficiente… –sonrió, cerrando sus ojos para prepararse mentalmente para lo que seguía. Sería un mentiroso si dijera que no tenía ni pizca de miedo, pero si Sasuke lo había soportado ¿por qué él no? además, a juzgar por la cara de placer del moreno después de que penetrara en su interior, el pequeño sufrimiento bien valía la pena.
–¿Estás seguro, Naruto?
–Claro que sí, baka… pero… bueno, da igual. –trató de ocultar sus sonrojadas mejillas tras los cortos mechones de cabello para evitar que Sasuke lo notara, pero fue inútil. El moreno sí se había dado cuenta del sonrojo y acarició tiernamente su rostro, delineando con la punta de los dedos sus labios.
También notó como se mordía el labio, era más que claro que Naruto estaba nervioso. El rubio tenía la costumbre de desviar la mirada y morderse el labio cuando estaba pensando en algo… u ocultándole algo. Un nuevo movimiento puso un poco de presión sobre su entrada, arrancándole un jadeo mitad sorpresa y mitad placer. –No sé porqué insistes en ocultarlo, dobe. Ya me lo habías dicho.
–¿A qué te refieres? –otro empujón de las caderas de su amante y su entrada se abrió un poco para dar paso al insistente miembro que esperaba deseoso su permiso para entrar. –¡Sasu-suke! ¡mnn!
–Tal vez no administro una empresa, pero mi memoria es excelente. –apresó los brazos de Naruto, obligándolo a invertir sus posiciones. Deslizó sus manos sobre los costados hasta llegar a los delineados muslos, separándolos para tener un mejor acceso al interior de su novio. –¿En verdad piensas que no sé que eres virgen? Tú mismo lo dijiste, usuratonkachi.
Sí, por supuesto que recordaba la maldita llamada en la que le había dicho al pelinegro que eraél había sido su primera vez, pero en realidad esperaba que Sasuke no lo recordara. Malditos Uchiha y malditos genes que los hacían tan inteligentes. Los besos de Sasuke en su pecho subieron peligrosamente hasta cazar sus labios, intentando distraerlo de lo que hacía con sus piernas. Estaba tan absorto en la lucha de sus labios que apenas y notó que el moreno subía sus piernas sobre los hombros. Pero la punta del pene de Sasuke abriéndose paso en su interior sí lo notó. Gimió, era un poco doloroso, pero placentero. ¿Cómo era posible tal dolor paradójico?
–Seré cuidadoso. –prometió Sasuke, dejando un beso en la punta de la nariz del rubio, después de todo él sabía perfectamente lo incómodo que podía ser la primera vez.
–Ni lo pienses, Uchiha. –advirtió Naruto y cruzó sus brazos detrás de la nuca morena. –Sí, soy virgen, pero no soy una nenita. Dame duro y párteme. –suspiró.
Sonriendo en la oscuridad y con el placer del interior de Naruto comenzando a invadirlo, se vio envuelto en la tentadora necesidad de hacer lo que le decía, pero se contuvo. Entró despacio, dándole tiempo de que se acostumbrara a la nueva invasión, mientras que las manos del rubio se aferraban a sus hombros, clavándole las uñas, seguramente tendría un par de marcas al día siguiente pero no le molestaría en absoluto. Cuando los gemidos de Naruto se volvieron más audibles, comenzó con el vaivén, encontrando pronto el punto que volvería loco al rubio.
–¡Maldición, teme! ¡ah! Dame otra vez allí.
–¿Ves que no es tan malo, dobe? –en un arrebato de pasión, tiró con los dientes de la oreja. –Espero que no te arrepientas de tus palabras… ¡ugh!... te partiré por la mitad.
–Inténtalo, Uchiha. –susurró con la misma pasión, sintiendo su interior siendo invadido por el miembro de su amante. Se sentía tan bien, que casi se arrepentía de no haberlo hecho antes. El colchón comenzó a rechinar con cada movimiento certero de sus caderas y ambos gemían.
–Eres tan… ¡ah!... estrecho.
–Y tú tan ¡mnn!... tan grande… –lamió sensualmente la mejilla de su moreno, provocando escalofríos. –Dame más rápido, Uchiha.
Miró el rostro sonrojado y sonriente de Naruto, acelerando sus embestidas. Adoraba la cara de placer de su pareja, esos labios apretados tratando de contener los gemidos de placer. Con el cálido interior del rubio apresándolo de esa manera, no necesitaba mucho tiempo para correrse. Guió una de sus manos al miembro de Naruto para ayudarle con las caricias.
–¡Teme! ¡Ah! Eres tan bueno… ¡ugh! Ya casi…
–Lo sé, dobe… yo también. –gimió fuertemente y pegó su frente a la contraria antes de arquear su cuerpo y dejar su semilla en el interior del rubio.
La cálida sensación de la escancia de su amante le provocó un hormigueo por todo el cuerpo. Todo su ser se estremeció, su mente quedó en blanco y el éxtasis lo invadió. Lucecitas de muchos colores cruzaban su campo de visión. Abrazó el cuerpo de Sasuke antes de que éste se dejara caer sobre su pecho, vencido por el cansancio y por el delicioso sopor post-orgásmico. El moreno movió sus caderas para sacar su miembro del interior de Naruto, pero el rubio contrajo los músculos pélvicos, impidiéndoselo y provocando un nuevo gemido.
–Usuratonkachi, no hagas eso.
–Quédate un poco más.
–¿Acaso quieres otra ronda? –sonrió con su característica superioridad.
–¡Dios, no! –se apresuró a contestar. –Creo que me has dejado sin semen
–No seas dobe. –suspiró. –Naruto, yo… quiero decirte… bueno… yo te… –los labios de Naruto sellaron su boca.
–También te quiero, teme. –le regaló una sonrisa. –Cuando no te de pena decírmelo, lo escucharé.
SNSNSNSNSN
Sasuke agradeció las palabras de su pareja. Sí, amaba a Naruto, pero la falta de práctica le impedía demostrárselo con palabras, pero no con hechos. Salió de su interior antes de acomodarse al lado del rubio para envolverlo entre sus brazos y dejarse llevar por el sopor. Besó su cabello y sintió el cuerpo del contrario moverse para encontrar una posición cómoda. No les fue difícil entrelazar sus manos momentos antes de quedarse dormidos.
Con el rubio entre sus brazos, dormitó durante un rato, despertando entre pesadillas que no recordaba. Dejó de pensar, observando el techo blanco y acariciando los suaves cabellos de Naruto. Escuchaba el canto de los grillos y algunos de los murmullos incomprensibles del rubio. Movió con cuidado a su amante para poder salir de la cama. Buscó con la mirada algo que pudiera cubrir su desnudez, pero el pantalón de vestir de Naruto no era una opción. Suspirando, buscó en el clóset un par de pantalones deportivos y se dirigió a la cocina por un poco de agua.
Estaba dejando el vaso de cristal en la mesa cuando un ruido extraño llamó su atención. Tratando de hacer el menor sonido posible caminó a la sala. Al llegar, no vio nada fuera de lo normal y suponiendo que era su imaginación, volvió a la recámara. Por el rabillo del ojo observó un brillo que se dirigía rápidamente hacia él. Su instinto de supervivencia le dictó arrojarse al piso. Rodó un par de metros, chocando contra la pared y quedando acorralado entre ésta y el filo de una espada apuntando cerca de su garganta. Levantó su mirada hasta la figura que apenas era distinguible gracias a los débiles rayos de luna que se colaban a través de las cortinas. Reconoció al hombre de largos cabellos oscuros.
–Orochimaru… –siseó con furia.
–Veo que me conoces, Sasuke. –acercó la afilada espada a su cuello, dejándola a milímetros de tocar la piel. –Me alegra, porque tú y yo tenemos que hablar.
–No hay nada que hablar. –su mirada se desvió en dirección a la habitación donde Naruto dormía tranquilamente, ajeno al ajetreo en la sala. Se alegraba enormemente de que Kai estuviera esa noche con Itachi, ahora su prioridad era proteger al rubio.
–Es un tipo duro. –comentó Orochimaru al entender la mirada de Sasuke. –Un accidente de ese tipo hubiera matado a cualquiera. –suspiró exageradamente. –Pero supongo que ni siquiera él podría salvarse de un disparo en la cabeza.
Los ojos negros se ensancharon ante la insinuación del mayor. –Si te atreves a tocarlo… –intentó ponerse de pie, pero Orochimaru fue más rápido y de una fuerte patada en el abdomen lo mandó de nuevo al suelo. El filo de su espada favorita, Kusanagi, se apoyó directamente sobre la piel de su cuello, haciendo una cortada pequeña a través de la cual salió un hilillo de sangre.
–Sasuke, sólo quiero hablar de negocios. Una sola palabra mía es todo lo que necesita Kabuto para soltar el gatillo y volarle los sesos a tu queridísimo Naruto. –explicó. –¿Vas a escucharme ahora?
–¿Qué demonios quieres?
–Hablar de negocios, ya te lo dije. –guardó la espada en su funda, con la amenaza anterior era más que suficiente para que Sasuke se quedase quietecito. Caminó en círculos, recordando el discurso que había planeado. –Trabaja para mí y dejaré en paz a Naruto.
–¿Estás loco? ¿Por qué quieres que trabaje para ti? Además, ¿qué haría?
–El porqué, sólo me incumbe a mí. Es cierto que no eres un chico malo y tus manos jamás se han manchado de sangre. –aún en las sombras de la noche, la sonrisa de Orochimaru era escalofriante. –Pero eso se puede remediar. Tienes unos reflejos y un cuerpo que son un diamante en bruto. Un poco de entrenamiento y después del primer asesinato, serás un hermoso diamante brillante.
–Eres un imbécil. Sabes que yo jamás…
–¿Aunque la vida de Naruto y Kai esté en juego? –interrumpió su sermón.
–¿Qué…?
–Te daré un poco de tiempo para pensarlo. Pero espero tu respuesta antes del viernes. –y añadió. –No creo que tengas que pensarlo mucho. ¿Te imaginas lo traumante que sería que el próximo incendio sea en una guardería? Esos lugares son muy peligrosos y los niños son más vulnerables al humo. Imagina el dolor que sentirías al ver el cuerpo de tu pequeño bastardo quemándose entre los cimientos del lugar. ¿Volverías a sentir esa impotencia de no poderlo salvar al igual que sucedió con tus padres? –se alejó un par de pasos antes de llamar a su sirviente. –¡Kabuto! Nos vamos.
El aludido guardó el arma y salió de la habitación en silencio. El rubio tenía el sueño bastante pesado. Miró el cuerpo de Sasuke sobre el piso recargado contra la pared, con su mirada perdida en algún lugar lejano más allá de la ventana. –¿Señor Orochimaru? Sasuke…
–Nuestro trabajo aquí terminó. Sasuke vendrá a nosotros por su propia cuenta.
Continuará…
¡Hola!
Muy feliz año nuevo… sí, con quince días de retraso. ¡Lo siento mucho! Pero tuve un problema con el lemon… la falta de inspiración al principio y después mi familia… cuando por fin alcanzaba la cima de la inspiración, prendía mi lap, me acostaba sobre mi cómoda cama y me ponía a escribir… hasta que alguien entraba a mi cuarto y espantaba a mi musa. Aunque no podían ver lo que escribiera… ¿se imaginan lo incómodo de escribir un lemon mientras tu madre está en tu habitación, utilizando el internet? Sí, definitivamente tendré que vender alguno de mis órganos en el mercado negro para pagar el internet inalámbrico y evitar este tipo de situaciones en el futuro. :D
Saben lo mucho que agradezco sus reviews… espero que este penúltimo capítulo sea de su agrado. ¡Sí, el próximo capítulo será el último! Ya tengo toda la trama planeada y mis dedos se mueren por comenzar a escribir el final de esta historia que me ha dado muchas alegrías al hacer felices a quienes la leen. También he estado pensando en algún epílogo, pero como las ideas aún no vienen a mi cerebro, no estoy muy segura, así que no prometo nada. Lo que sí es cien por ciento seguro que haré, es editar los primeros capítulos, tal vez pueda juntar los primeros tres o cuatro capítulos en uno y modificar una que otra cosa. Como este fic lo empecé hace casi cuatro años, mi forma de escribir ha cambiado y los primeros capis definitivamente necesitan un arreglo, así que me dedicaré a eso en el futuro.
Respecto a Orochimaru, su destino en mis manos aún permanece incierto. Digo, de que va a sufrir, lo hará, eso está seguro. Pero no sé si matarlo o darle una existencia tormentosa y traumática. ¿Qué opinan ustedes? ¿Lo "desaparezco" o lo hago sufrir? Me interesa saber sus opiniones. :D
Como siempre, les agradezco muchísimo a todos los que han leído este fic o lo han agregado como sus favoritos. Gracias especiales a: Lenay-chan (Mil gracias por tu review! Lo de la antorcha será muy útil en el próximo capítulo, ya verás porqué jejejejejeje. Entiendo a la perfección que la escuela quite mucho tiempo, a mí también me pasa lo mismo. Pero espero que tu dolor de muela haya mejorado. De nuevo, muchas gracias. ¡Un abrazo!), narutteba (¡Hola! Antes que nada, mil gracias por tomarte el tiempo de dejar un review, de verdad te lo agradezco. Me dio mucho gusto leer que te gustó lo de Akatsuki, te aseguro que en el próximo capítulo tendrán una participación especial. Este capítulo también es largo y espero que valga como compensación por la espera. ¡Un abrazo y un saludo!), camiSxN (¡Hola de nuevo! Mil gracias por el review, verte por mis fics siempre me deja una sonrisa en la cara. Kai es tan adorable, que espero que no termines por odiarlo en este capítulo, a fin de cuentas es un niño adorable y abrazable, jejejeje. No tuve muchos regalos yaoi D: pero se compensa porque he estado atascando a mi pobre cerebrito de doujinshis y fics durante estas vacaciones, lo cual es casi tan bueno como un regalo, pero siempre los mejores regalos son los comentarios, jejejeje. ¡Cuídate mucho y un abrazo!)¸ Luna (¡Hola! Me da gusto que el fic sea de tu agrado, agradezco tu review. Espero que no sea muy pesado leer los capis, sé que están muy largos, pero es para compensar la espera. ¡Y por supuesto que continuará! ¡Un abrazo!), Susana Mode (¡Hola! Muchas gracias por el review :D. Sí, el final se acerca exactamente por las dos razones que mencionaste :D. El escribir lo que dijo Sakura fue como un trauma para mí, pero tenía que ponerla como una desesperada por su enfermedad, me sorprendió saber que no la odias ya que la mayoría sí, pero es totalmente respetable tu opinión. Me alegra también que te gusten los capis largos, espero que este sea de tu agrado. ¡Claro que habrá conti! Me tardé un poco por el lemon, pero ya está aquí. ¡Cuídate muchísimo y un abrazo!), Arichan nya (¡Mil gracias por tu comentario! Me hace muy feliz saber que te gustó el fic y que los personajes son de tus favoritos. En cuanto a Hinata, no sé si dejarla con Kiba o buscarle otro galán… tal vez el sexy de Itachi, al cual yo también adoro. Es taaan lindo, sexy y violable jejejejeje. La enfermedad de Sakura es terrible y estoy de acuerdo contigo de que no se lo desearía a nadie. Espero que este capi sea de tu agrado y una disculpa por la tardanza. ¡Cuídate y un abrazo!), Karu-suna (¡Muchísimas gracias por tu review! Jejejejejeje me alegra que hayas estado pegada a la pantalla durante lo del accidente y el hospital, estaba un proco preocupada de que encontraran esa parte muy aburrida, por eso me alegró mucho leer tu comentario. Espero que tengas un inicio de año excelente. Muchas gracias de nuevo y cuídate. ¡Un abrazo!), kaoryciel94 (¡Hola! Siempre me da mucho gusto leer tus reviews :D. Espero que este capi te guste, ya vimos que vivir juntos no siempre es tan fácil como parece. Kai es un niño adorable, pero no sé lo que opinarás después de este capi, pero definitivamente ese pequeño mocoso tiene escrito el apellido Uchiha en cada cabellito suyo, jejejejejeje, vamos, que es imposible no decir que es un Uchiha. Cuídate muchísimo, un saludo y te mando un abrazote :D), y Soy YO-SARIEL (¡Hola! Muchas gracias por tomarte el tiempo de dejar review. Me alegra mucho que el capítulo haya sido de tu agrado. Y una disculpa por no actualizar antes de año nuevo, juro que era toda mi intención, pero el lemon no me salía y había prometido escribirlo jejejeje. De cualquier forma, espero que este capítulo te guste y sea una pequeña compensación por la espera. ¡Cuídate mucho y un abrazo! :D).
¡Oh es cierto! Casi olvidaba preguntar algo más… ¿les gustan las historias de época? Estaba pensando que al terminar este fic y el otro, podía experimentar y escribir un SasuNaru, pero no sé si les guste… es que últimamente he visto más apoyo al NaruSasu que al SasuNaru y me aterra pensar que me apedrearan por hereje o algo así, jejejeje. La cosa es que a mí me gustan los dos juntos, no importa el orden, pero como ya son dos historias con Naru como el seme principal, quería darle una oportunidad al bastardito de Sasuke. La verdad estoy emocionada porque el argumento lleva un par de días rondándome la cabeza, pero no sé si mi idea sea aceptada… De cualquier forma no es algo seguro, primero quiero ver si las prácticas de la escuela me dejen algo de tiempo libre para dedicarme a la escritura, pero por supuesto que su opinión también me interesa. :D.
¿Alguien es valiente y leyó hasta estos renglones? Jejejeje, les agradezco aguantar todas las tonterías que escribo, me gusta compartir algo de lo que pienso en el momento de escribir.
Aunque ya es algo tarde, les deseo que hayan tenido unas excelentes fiestas y que este año sea muchísimo mejor que el anterior, éxito en todo lo que hagan :D.
Me despido, no sin antes mandarles un abrazo a todos.
Cuídense.
Kerky
Número de palabras (sin notas de autor): 14.915
