Eterno Paraíso, Eterno Sufrimiento. Capítulo XI
Bad ending
El atardecer se veía precioso. El cielo había tomado un color distinto, índigo. La gente observaba con admiración el espectáculo de colores que había sobre ellos. Alicia estaba viendo televisión en ese minuto, pero de pronto un corte de luz la interrumpió. Había sido un corte en general, un apagón mundial. Sintió algo muy extraño dentro de sí, era una quietud y calma increíbles. Pero la armonía se esfumó cuando se dio cuenta de que había alguien con ella, alguien que había entrado de forma inadvertida y sigilosa a su cuarto. Absalón Guerra.
-¡Absalón! Pero… ¿Cómo entraste? ¿Y cuándo llegaste de Estados Unidos? – Su presencia era bastante desagradable, parecía que el ambiente se agitaba. Tenía un aspecto horrible, estaba muy sucio, y con manchas de sangre por todos lados. Sus ojos, estaban bastante irritados.
-Alicia… Supe lo de nuestro bebé. Tuve que venir enseguida. –Se acercó hacia ella como queriéndola abrazar, pero Alicia lo apartó.
-¡Le dije a ese hueón que no dijera nada! Es verdad que estoy embarazada, pero tú no eres el padre, estás equivocado.
-Yo sé que soy el padre, estoy completamente seguro. Pero yo… he fallado. Les he fallado a todos. A cada una de las personas importantes en mi vida, les he fallado. –Bajó la mirada. Estaba muy triste, decepcionado. Sea lo que fuera que le haya pasado, le afectó enormemente. –Mi hijo ni siquiera va a poder tener una buena vida ahora.
-¿De qué hablas? Pareciera que estás delirando…
-Lo siento Alicia, lo siento mucho… Tendrás que aprender a vivir una vida nueva… una vida basada en los sueños de bienestar de unos dementes. Ya nada será como antes… –Absalón se alejó con pasos débiles. –Ya lo entenderás. –Se fue misteriosamente, sin ni siquiera despedirse. Alicia creyó que era alguna de sus locuras, que después de tener alucinaciones, ahora daba mensajes extraños e incoherentes. Se acercó hacia la ventana, la abrió, respiró aire fresco, y contemplo con mucho júbilo el cielo, que parecía irradiar algo nuevo y hermoso.
Felipe se encontraba recluido en la Estación de Policías de Silent Hill. El pánico cundía por una serie de desapariciones que se habían registrado, desapariciones inéditas, delante de los ojos de los demás. Era una verdadera crisis, no existía explicación para lo que estaba sucediendo. Los miembros de las sectas de Silent Hill salieron a anunciar el cambio de época que se estaba registrando, ahora al fin el ser humano conocería el Paraíso. Una a una, dependiendo de la fe y de lo limpia que se encontraba su alma, las personas comenzarían a integrarse al Paraíso que se encontraba reconstruido. Algunos verían cosas muy bellas, otros, en cambio, por su perversidad en la vida, no lo lograrían ver, estarían atrapados en una dimensión de caos y oscuridad, donde las cosas están oxidadas, y hay sufrimiento por todas partes. El sufrimiento que ellos mismos sienten que necesitan para autocastigarse. Felipe había asesinado recientemente, así que su alma estaba manchada con el pecado. ¿Valía la pena el sacrificio? ¿Convertirse en un pecador por el bien de los demás?
Luego de que ambos descansaran, Felipe y Absalón se fueron al Rosewater Park. Felipe le mostró a su amigo la revista que había encontrado en el cuarto, que hablaba sobre la historia de Silent Hill. En realidad, él mismo había llevado esa revista en su equipaje. Felipe la utilizó para distraerlo, en ese instante estaba decidido a dispararle mientras él leería el artículo. Pero Absalón no lo leyó para nada, sólo lo miró por poco tiempo, y luego preguntó algo sobre qué es lo que había dicho anteriormente Felipe, cuando estaban el en restaurant de comida rápida. En ese instante, la niebla comenzó a cubrir todo.
-Yo te iba a hablar de Alicia. Lo que pasa es que… bueno, yo… no sé como explicártelo, pero voy a tratar. Alicia y yo… –Pero Absalón no parecía escuchar lo que estaba diciendo. Tenía un comportamiento extraño, se movía como si se estuviera ahogando y parecía desorientado. – ¿Qué te pasa? – Felipe también se empezó a sentir mal. Le comenzó a doler la cabeza, terriblemente. Él sabía qué estaba sucediendo, estaba siendo absorbido por la niebla, lo que anunciaba que pronto cambiaría de plano. Ya le habían dicho que eso ocurriría en algún momento de su estadía, que tenía que estar preparado. Especialmente porque el poder de Dios era realmente grande, y ya estaba desvirtuando la realidad. Dios renacería ese día, por lo que no debía haber interferencia alguna. El culto le había ordenado a Felipe que asesinara a su amigo, especialmente tomando en cuenta que él era un asesino, que les había quitado la vida a muchos inocentes, y que algo malo planeaba viajando a Silent Hill. Felipe le había mentido a Absalón, él sí sabía todo lo referente al culto, desde pequeño que le habían introducido en su mente las enseñanzas de la religión de Silent Hill. Pero por suerte, al haber nacido en Chile, y no ser educado allá, no terminó como un maníaco como la mayoría de los niños inocentes a los que le lavaban el cerebro en el pueblo.
Felipe entró a una dimensión extraña, llena de niebla, donde no había nadie más que él. Unas criaturas horrendas aparecieron amenazadoramente, así que no dudo en dispararles. Corrió hacia el Jack's Inn, pues sentía que allí estaría seguro. Pero resultó que se encontró con otras criaturas peores, unas que tenían forma humana, y que poseían grandes y peligrosos cuchillos. También les disparó. Tantas balas gastó, que se le acabó la munición al arma. Por eso fue que tiró la pistola al suelo, cerca de donde se encontraba la habitación en la que se alojaba Absalón. Entró a su cuarto desesperado, esperando que todo se calmara. Extrañamente, pudo volver al mundo real. Debía concretar su misión rápido, debía asesinar a Absalón de una vez. Como venganza, como un acto de justicia. "Él está ciego, no puede ver que todo lo hacemos por el bien de la humanidad", se dijo a sí mismo, tratando de convencerse de que lo que haría no sería nada malo. Felipe tuvo que sacar el cuchillo especial que le habían dado los miembros del culto. Al salir del cuarto, se horrorizó al ver que unas personas yacían muertas en el suelo. "He gastado mis balas en seres humanos, ¡no puede ser!", pensó, espantado. Rápidamente fue a ver si Absalón estaba en su cuarto, debía apurarse. Lo llamó, pero no respondió. Se dio cuenta de que Absalón había dejado la llave puesta, quizás por cuál motivo. Sin dudar, entró violentamente. Absalón estaba allí, con la linterna encendida, a pesar de que la luz que había en la habitación era suficiente como para ver todo con claridad. Sin más preámbulos, Felipe se lanzó a atacar a su ex amigo. Luego de un forcejeo, lo dejaría muerto.
La policía llegaría pronto a buscarlo, debido a la matanza que hizo fuera del hostal, y por el asesinato de una persona dentro de uno de los cuartos.
Felipe se percató de que todos los que se encontraban dentro de la estación de policías se habían ido. Salió de la celda en que lo habían dejado, sólo para terminar horrorizado con lo que le esperaba. Quizás no podría entrar al paraíso, pero sin él, nada de eso se hubiera logrado. Por mientras debía pasar un tiempo afectado por sus propios demonios internos, pero quizás en algún momento sería perdonado. Después de todo, las muertes fueron por un bien mayor.
