Hoy solo posteo, que llevo una semana… -

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No le fue difícil esquivar durante esos días a Blaise. Él siempre estaba a su rollo, entre las sombras. Nadie parecía saber qué hacía, excepto, tal vez, Draco, con el cual hablaba de vez en cuando y en silencio.

Y cada vez que aquello sucedía, se le erizaban los pelos de la nuca, y sentía un escalofrío bajándole por la espalda.

Permaneció de pie, completamente erguida, con su usual actitud de dama fría y distante e imperturbable, pero por dentro, sentía una tormenta. Miedo, terror. ¿Diría algo Blaise a Draco?

Suspiró profundamente, esperando con todo su ser que no fuera así. Se sentía al borde de un abismo, al que iba a caer sin remedio alguno.

Repentinamente, sintió cómo algo le empujaba y la precipitaba, pero después. La sujetó.

Observó a la joven que se acababa de agarrar a su brazo.

- ¿Podemos hablar?- preguntó, como una vívora, Serena.

Pansy le dirigió una mirada vacía de cualquier sentimiento.

- Podemos hablar aquí.

- No, no podemos- contrarío Pansy.

- ¿Recuerdas mi carta?- preguntó Serena, furiosa y entre dientes.

- Por favor, Serena… es de todos sabido que ese Potter está saliendo con la Granger.

Serena fue a decirle algo, pero, se quedó en blanco. Pansy suspiró con cansancio:

- Serena ¿tú nunca te enteras de nada?- protestó.- A ver si alguna vez tienes constancia de algún cotilleo, porque, la verdad…

Draco se acercó a ellas:

- ¿Qué ocurre?- preguntó.

- ¿Tú sabías que la Granger y Potter estaban saliendo?- inquirió Serena.

El joven le dirigió una cierta mirada de desdén:

- Claro, como para no saberlo- suspiró.- ¿Por qué lo dices?

Pansy notó casi con satisfacción cómo Serena se enfadaba debajo de su rostro inmutable y ligeramente ofendido. Después, cuando se apartó el pelo de la cara, pareció que había recuperado la compostura.

- Bueno, tal para cual, San Potter y la sangre sucia.

Pansy notó dentro de ella una ira creciente, pero supo reprimirla a tiempo y esbozar una sonrisa burlona. Observó a Draco por el rabillo del ojo. Pero no hizo nada, absolutamente nada.

Tan solo, cambió de tema.

- Serena, esta tarde hay entrenamiento de Quiddicht- informó.

Se alejó y Pansy le siguió con la mirada. Quizá, debería empezar a agradecerle a su madre haber aprendido a averiguar cosas sobre Draco, puesto que temía que si no se andaba con cuidado, descubrirían lo de Hermione y ella.

Y no sabía qué era peor.

Repentinamente, se encontró con los ojos de Blaise, que la observaban, interrogantes.

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El primer partido de Quiddicht de la temporada se preveía cargado de emoción y tensión entre las casas. Gryffindor contra Slytherin.

La humillación que sintió el equipo de las serpientes en el último partido que se había celebrado el año anterior, quería ser devuelta. Los leones estaban enufóricos y pletóricos y hasta Ronald Weasley se permitía pasear por los pasillos con aires de chulería, como no, acompañado por su reciente estrenado club de Fans.

Y contrastando con él, se encontraba su capitán de equipo.

Harry, tenía una expresión ceñuda e iba algo encorvado. Sabía que Draco no olvidaría el partido anterior y buscaría venganza, pero no sabía qué. Apenas se dio la vuelta cuando unos pasos corrieron tras de él.

- ¡Harry!- era Hermione.

- Hola- saludó él, secamente.

- Mucha suerte- deseó ella.- Estaré con Lavender entre el público- informó ella.

- Vale, vale…- murmuró él.

Lavender se acercó a los dos, y después, enrojeció.

- Yo… esto…lo siento… no quería interrumpir.

Se marchó afuera para no interrumpir a la pareja y Harry y Hermione se miraron.

- Creen que estamos saliendo juntos- aclaró la joven.

Harry lo comprendió entonces.

- Vaya…- murmuró. Miró a su amiga de ojos castaños y preguntó.- ¿A ti te importan que lo piensen?

Hermione pensó en esa posibilidad. Sabía que si descubrían que Pansy y ella… y aunque solo fueran amigas, le crearía muchos problemas, y por lo que sabía hasta en esos momentos, Pansy ya tenía bastantes.

- No, no me importa, me da igual- declaró ella.- ¿Y a ti?

Él pensó en Tonks. La verdad, era muchísimo mejor que la gente pensara que estaba saliendo con Hermione y no con una profesora. Luego se obligó a pensar que no salía con Tonks, que ni siquiera podía tocarla ni hacerla feliz… y sintió un profundo dolor en el pecho.

En ese instante, alguien le abrazó.

- Lo vas a hacer muy bien, Harry- declaró ella.

- Gracias, Hermione- declaró él. Le dio unas palmadas en el hombro y se alejó a paso apresurado.

La joven le siguió con la mirada, detenida en medio del pasillo en donde varios retratos la miraban con interés mientras algunos se hacían los dormidos. Pero ella no hizo caso, seguía con la mirada perdida.

¿Qué secreto escondería Harry?

¿Algo parecido como ella?

Suspiró y decidió que era hora de ir a ver el partido, o si no Lavender se preguntaría por qué Harry y ella habían salido del castillo con tanta distancia del tiempo.

Cuando salió al exterior, el viento cortante del invierno le enredó el pelo. Las escalinatas de entrada al castillo resbalaban ligeramente y la atmósfera estaba tensa.

Lavender la esperaba, cruzada de brazos y protegida con una gruesa capa, unos guantes y un gorro. Hermione se protegió mejor con la bufanda y ambas caminaron hacia el campo.

A su lado, pasaron el grupo de animadores de Slytherin. Su verde y su plateado destacaba del resto de estudiantes que iban abrigados con gruesas capas negras e iban cantando.

Detrás de ellos pasó Pansy, como si fuera una princesa. Rodeada de un séquito, pero sola. Iba con la mirada al frente y expresión fría y serena. Despedía un aura de soledad y frialdad.

Y Hermione tuvo la certeza de que la joven se sentía desolada, abandonada. Tuvo que reprimir el impulso de ir a abrazarla y continuó caminando al lado de Lavender, mientras algunos de los miembros de Slytherin les dirigían miradas envenenadas.

Se apretujó más en su capa y continuó el camino, mientras intentaba concentrarse en lo que iba a pasar. Lavender le dio una suave palmada de ánimo y sonrió:

- Tranquila, Harry lo hará genial- declaró.

Continuaron su camino y, finalmente, llegaron a las gradas. En el lado opuesto, se había sentado toda la comitiva de Slytherin. Y en el centro, se encontraba Pansy. Sentada a su lado estaba Blase Zabbini.

Ambos miraban al campo con expresión inmutable, y solo parecieron sonreír y aplaudir cuando el equipo de Slytherin salió al campo.

Y justo entonces, las miradas de Hermione y la Slytherin conectaron. Sonrieron ligeramente, sintiendo la calidez del gesto y apartaron la vista casi un instante después.

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Blaise se pasó una mano por el mentón.

Estaba tranquilo. Sus ojos fríos examinaban todo el campo, en busca de… no lo sabía, pero tampoco le importaba. Cuando lo viera, ya se daría cuenta de lo que buscaba.

Observó a Pansy, sus cabellos negros azabache y sus ojos inquietos. Permanecía serena, pero había un extraño brillo en sus ojos. Cuando el equipo de su casa salió al campo, esbozó una pequeña sonrisa.

- Ojalá ganemos…- murmuró.

Y como en todos los partidos, permaneció ausente, aunque pendiente.

- ¿Ocurre algo?- le preguntó, repentinamente, la joven.

Él la estudió con sus ojos, recorrió su cuerpo con la mirada.

- No, no ocurre nada- declaró.

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Pansy no disfrutó mucho del partido. Los de Gryffindor parecía que habían mejorado un montón y el resto del colegio estaba de su parte. Mientras, los de Slytherin se afanaban a una ilusión que se les escapaba continuamente de las manos.

Lo más triste, quizá era la relación entre Serena y Eis.

Draco tuvo que pedir varias veces que se interrumpiera el partido, y en todas ellas, siempre acababa gritando a los dos jóvenes.

Su tez pálida se teñía de sonrosado y sus ojos se crispaban, haciendo que le aparecieran momentáneamente, patas de gallo.

Cuando Harry Potter atrapó la snitch, las gradas se levantaron de felicidad, excepto las plateadas y verdes que miraron con furia a las rojas y doradas, que conformaban tres cuartos del total.

Cabreado, Draco se marchó del campo con la cabeza bien alta y la mirada furiosa.

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Harry cogió la snicht.

Sentía cómo la sangre le viajaba a través de sus venas fuertemente. Miró hacia la tribuna de profesores y observó a Tonks, sonriéndole.

Sintió cómo su corazón cada vez latía con más fuerza, de la emoción, cuando observó a la persona que estaba a su lado. Remus Lupin, que también sonreía de satisfacción.

Después, esas dos personas intercambiaron palabras, sonrisas y más tarde, unas carcajadas.

Parecía que la alegría de haber triunfado sobre Slytherin se evaporaba lentamente.

Una mancha roja, se abalanzó sobre él.

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Se sentía como un gato travieso.

Deslizándose suavemente por los pasillos del colegio, la adrenalina le alcanzaba niveles peligrosos, seductores y rayando lo maligno.

Una pequeña risita se le escapó entre los labios y meditó durante cinco segundos para obligarse a guardar silencio. Después, con la agilidad propia de una ardilla, cubrió el resto del camino ágilmente.

Observó en la distancia la puerta de la biblioteca.

Era de madera de roble, en la que estaban grabadas diferentes hojas de árboles, un mural místico que encerraba mucho misterio y que, por el contrario, emitía una clara lección: lo que sale de la Naturaleza vuelve a ella.

Equilibrio.

Y como por el día parecía que la puerta era de sólida madera, inquebrantarle, bajo la mortecina luz de las velas, el relieve adquiría una vida y una vibración tan inusuales como escalofriantes.

Y a pesar de eso, Lavender no podía quitar la vista de la puerta. Casi ni parpadeaba.

Tan solo el sonido brusco y molesto de varios pasos yendo hacia ese lugar, la hicieron volver a la realidad.

Y al ver la silueta del hombre, su corazón comenzó a latir fuertemente y le hizo, sonreír traviesa, al pensar en los planes oscuros que tenía pensado para él. Se ocultó tras la sombra de una estatua y vio a la que podía ser su posible enemiga.

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Tonks se apartó su pelo azul del rostro y se lo colocó detrás de la oreja. Observó los ojos de Lupin, por los que un tiempo había suspirado, pero que en esos momentos solo dejaban en ella un lago de tranquilidad y no los turbios pensamientos que antes la atormentaban.

- McGonagall nos lo ha ordenado- suspiró la joven.

Lupin observó a la chica, en parte contento por que ella se había dado cuenta de lo tonto que podía ser estar con él. Pero, por otra parte, preocupado… ¿qué era aquello que se asomaba en sus ojos, turbio y lejano? Lo que más temía él era que algo pudiera dañarla.

- Ya… ¿y eso?- preguntó él, intentando aún descifrar el misterioso lenguaje de sus ojos.

- Al parecer, varios alumnos se dedican a hacer visitas nocturnas aquí- declaró, con un suspiro de cansancio.

- Y… ¿tenemos alguna idea de quienes son?- preguntó, incluyéndose.

Tonks se encogió ligeramente de hombros.

- Sé que al menos uno de ellos lleva capa de invisibilidad.

- ¿Harry y el reenger?- adivinó Lupin, sorprendentemente. Captó la mirada de incertidumbre de Tonks y se encogió de hombros.- Le di clase durante un año. Algo que no quiera saber sobre cómo combatir el lado oscuro es inimaginable.

- Ya, pero esto no se trata de Quien-tu-sabes- declaró Tonks, con un deje de impaciencia.- Como me recordó la profesora McGonagall cuando lo vio en mi despacho.

Lupin casi se echó a reír.

- ¡Vaya! Así que decidió atacarte en tu propio terreno…

Tonks murmuró algo incomprensible y desvió la mirada. Aunque tenía ganas de compartir con alguien sus sentimientos hacia el joven, una parte de ella se resistía a hacerlo con Lupin.

Y sabía que estaba acertando en esa decisión, puesto que se trataba de alguien muy importante para el hombre, e intuía que él la consideraba como una hermana mayor de Harry.

Suspiró.

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Hermione se paseó intranquila por la sala de la biblioteca.

Pansy tardaba demasiado y, además, había oído pasos en la sala.

Murmuró por lo bajo, esquivó la mesa y se sentó detrás del sofá. Allí se aplicó un hechizo desilusionador. Y no se había equivocado, puesto que los pasos se dirigían hacia allí.

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Debajo de la capa invisible se sentía libre, y además, gracias a ella, había descubierto muchas cosas. Aquella vez, no fue diferente.

Oyó sus voces.

Escuchó sus palabras.

Y su sangre empezó a hervirle. ¿Eso qué significaba?

Después, una voz en su interior lo llama a la calma. Quizá se estuviera precipitando, y fueran solamente amigos… O no, podía ser que compartieran algo mucho más íntimo que eso.

Tuvo que serenarse, porque sino, hubiera estrellado un pie contra una de las numerosas mesas que reposaban, tranquilas, sobre el suelo embaldosado de la biblioteca.

Mientras veía la silueta de la mujer de la que se había enamorado fieramente, acompañada del amigo de su padre, sintió, que si no la cogía a solas y la besaba y escuchara esas dos palabras mágicas, no se daría por satisfecho.

Sabía que ella sería incapaz de hacer algún mal, pero quería estar seguro de sus sentimientos hacia él. Y consideró que aquello era su prueba.

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Blaise tuvo que retener a Draco. Le dio una excusa tonta, y él se dio cuenta, pero funcionó.

Después del partido, el rubio estaba muy arisco, y casi hacía sangrar de dolor a los demás con una simple mirada. Y sabía que la joven Pansy se llevaría la peor parte.

Así que intentó detenerlo… con un sorprenderte buen éxito.

- Solo puedo confiar en ti, Blase- le había dicho nada más quedarse a solas, los dos, en el dormitorio.- Eres mis ojos.

Blaise asintió. Ya lo sabía.

Él veía cosas que Draco no era capaz.

- Eres mis oídos.

También lo sabía. A Blase no se le escapaba nada, ya que no estaba expuesto y actuaba entre bambalinas.

- No hay nadie más que me comprenda como tú.

Blaise también asintió. Eso le era sobra conocido. Solo él conocía los oscuros secretos que le habían conducido a convertirse en fiel seguidor de Voldemort.

- ¿Qué puedo hacer para que esa panda de estúpidos pueda jugar bien?- protestó, al aire. El moreno no respondió, sabía que sería inútil y sabía que el rubio no esperaba respuesta.

- Dime…- volvió a insitistir.- ¿Qué ocurre entre Eis y Serena?

- Tú.- Contestó, simplemente, él.

- ¿Yo? Eis sabe de sobra que mujer que quiera, mujer que consigo ¿se lo recuerdas de mi parte?

Blaise bajó ligeramente el rostro y asintió, pero no dijo nada, no le salía la voz. Entonces, Draco le espetó:

- Y tú, no me vengas con escrúpulos.

- Nunca te he ido con escrúpulos- se defendió él.

Draco pareció un poco desconcertado, al principio, pero después, suavizó la expresión.

- Es cierto… lo siento.

- No pasa nada.

Mantuvieron un cruce de miradas.

- De acuerdo.

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Lupin y Tonks entraron en la habitación de Estudio que un día descubrieron cuando la señora Pince no miraba.

- Aquí no hay nadie- suspiró Tonks.- Esta habitación no la conoce nadie.

Cerraron la puerta tras ellos y se alejaron de ella. Empezaron a moverse por la biblioteca y con un sigilo propio de los gatos. Lentamente, barrieron la zona, hasta que, finalmente, descubrieron a Harry, que los miraba con un cierto aire de ofendido.

Lupin suspiró, casi divertido.

- Venga, vamos al despacho de Tonks- propuso.

Lavender, desde su escondite, fuera de la biblioteca, pudo verlo todo, y escucharlo. Después, vio cómo Tonks le aplicaba un hechizo no-verbal sobre las puertas de doble hoja de la gran estancia y seguía a los dos hombres.

Suspiró.

- Revélate…- susurró, ante la puerta.

Esta permaneció impasible, ocultando el hechizo que la aurora había realizado. Puso mala cara, intentando imaginar cual podría ser, cuando Hermione salió de la biblioteca, provocando un sobresalto en la Gryffinffor que esperaba afuera.

- ¡Hermione!

- ¿Qué haces aquí?- preguntó la castaña de ojos marrones. Por un momento había pensado que se trataba de Pansy, pero esta todavía no había hecho acto de presencia.

- ¿Y tú?- contestó Lavender.

- Yo no te he visto si tú no me has visto- convino Hermione marchándose.

La otra joven la dejó ir. No necesitaba que la castaña le respondiera, sabía de sobra que habían pillado a Harry y que ella se había escapado por los pelos. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de lo que realmente sucedía entre los dos jóvenes.

Así que sin más dilación, Lavender se introdujo en la biblioteca, dispuesta a encontrar lo que buscaba.

Observó los estantes, y, finalmente, se introdujo en la Sección Prohibida de la biblioteca, en donde, después de examinar los estantes, encontró el libro que buscaba:

Moste Potente Potions

Abrió el libro, y finalmente, encontró el filtro de amor perfecto.

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Cuando Tonks cerró la puerta del despacho, una vez que Harry y Lupin habían entrado, se situó en un lugar apartado. No podía decir nada, era incapaz, las palabras se le habían atascado en la garganta, así que dejó que Lupin llevara la voz cantante.

- Harry… ¿tú sabes qué son los Horrocruxes?- preguntó.

Él se encogió ligeramente de hombros:

- Pues…

- Los Horrocruxes- declaró Lupin con voz trémula,- son magia oscura muy avanzada. Es un conjuro horroroso para partir el alma.

Harry no pudo reaccionar ante aquella revelación tan directa.

¿Trozos de alma?

¿Existía algo más horrible?

- Los Horrocruxes se forman cuando la persona en cuestión comete un acto terrible y vuelca ese trozo de alma que se desprende en un objeto o en un ser vivo que no sea él.

- Eso, eso…- el chico apenas podía articular palabra. Estaba tan aterrorizado que casi no podía imaginárselo. ¿Para qué querría alguien partir su alma?

Su antiguo profesor, adivinando sus pensamientos, continuó con la explicación:

- Si una parte del alma muere, la otra sigue viviendo, y por lo tanto, la persona sigue entre el mundo de los vivos- declaró.- Es un acto impuro y horripilante, que sabemos, que Voldemort ha hecho al menos seis veces, partiendo su alma así en siete cachos.

En esos momentos, Tonks, que había estado apartada, prestando atención hasta al más mínimo detalle, decidió intervenir.

- El número siete, como debes de saber ya, es un número con grandes propiedades mágicas. Por lo tanto, Voldemort, al partir su alma en siete trozos, ha adquirido un poder increíble.

- Pero a la vez- declaró Lupin,- tiene menos calificativo de un ser vivo. No tiene la integridad y la pureza de un alma pura y entera. Él consiguió poder, pero por otra parte, perdió prestigio ante la vida, y se acercó más a la muerte.

- Pero… ¿Esto que tiene que ver con el…?

- ¿Con el reenger?- se le adelantó Lupin.- Muy fácil, Harry- declaró él,- cada vez que el alma de una persona se rompe, se crea una atmósfera con mucho odio. Y poco a poco va creciendo con las particiones del alma, haciéndose poderosa.

»Sabemos que Voldemort ha partido su alma seis veces para hacer siete trozos porque la presencia de esa atmósfera, de ese reenger, es muy fuerte en todos nosotros, haciendo que actuemos sin pensar y a base de impulsos.

»Pero también sabemos que el reenger no se hará más poderoso, ni engullirá el mundo de los vivos porque Voldemort no partirá su alma en ocho trozos, que le hará perder poder.

- Por una parte estamos a salvo del reenger- declaró Tonks.- Pero por otra muy distinta, estamos en un gran aprieto en lo que respecta a Voldemort.

- ¿Eso es lo que tiene a todo el mundo preocupado?- preguntó Harry.

Ambos asintieron.

- Sí, no nos enfrentamos solo al odio y sed de poder de Voldemort- declaró Tonks, con voz de ultratumba.- Si no que nos enfrentamos a la plaga de estupidez e irracionalidad que extiende el reenger. Si esta plaga se propaga más y se hace más fuerte, llegaremos a nuestra autodestrucción.

Harry se quedó pensativo, intentando asimilar las nuevas. El panorama era preocupante y muy oscuro, así que no le extrañaba que todos estuvieran tan preocupados, sobre todo, los profesores, que tenían conocimiento de aquella terrorífica verdad.

- ¿Y yo puedo hacer algo?

- Podemos pedirle a la profesora McGonagall de que te dé clases particulares- propuso Tonks.

- Y seguro, que no se negará- declaró Lupin. Se levantó de la silla en la que había permanecido todo ese tiempo y dijo:- iré a hablar con ella, ahora, personalmente.

Tonks asintió, mientras Lupin salía, y sin dejarle opción a Harry a decir nada de la relación que quería llevar a cabo él, declaró:

- Harry, mejor que vayas a la Torre Gryffindor, tengo que hacer guardia en la Biblioteca.

Se marchó y lo dejó solo.

Solo, en mitad de la oscuridad.

Y por un momento, tuvo miedo, miedo a quedarse solo, sin nadie a su lado, sin nadie que llorara por él, con lágrimas de sincero afecto, de haber conocido a la persona que estaba detrás del famoso y grande Harry Potter, cuando Voldemort acabara con él.