Capítulo 11
Shaoran entró en el Erotique y vio que todavía es taban entrevistando a Sakura. Pensó en volver a la habitación y trabajar un poco, pero no le apetecía. Estaba cansado tras un largo día de negociaciones con los empleados de cocina. Además, había apro vechado los ratos libres para estudiar los contratos del nuevo hotel Kinomoto de Belice.
Se acercó al bar y se sentó junto a Tomoyo Daidouji.
—¿Quién es ése?
—Eriol Hiiragizawa —respondió, sin dejar de mirar a su amiga—. Es de Vanity Fresh.
Shaoran contempló la escena durante unos segun dos, intentando encontrar una conexión entre la mujer que respondía a la periodista y la que se ha bía acostado con él. No se podía negar que era una gran mujer de negocios, y con una enorme capacidad de negociación, y lo había demostrado claramente durante su reunión con el sindicato. Aunque por otra parte, sus empleados no tenían motivos de queja. Sakura pagaba muy bien. Decía que era la mejor forma de asegurarse su lealtad y su dedicación.
—¿Quieres tomar algo?
Shaoran se giró al oír la voz de la camarera, una atractiva mujer con mechones azules en el pelo.
—Un vodka con hielo, por favor. ¿Tú quieres algo, Tomoyo?
—Un martini, gracias.
Cuando la camarera se alejó, Tomoyo le preguntó:
—¿Empiezas a entenderlo?
—¿A entender qué?
—De qué va el Star Sky. Lo que Sakura intenta ha cer.
—No, en absoluto.
Tomoyo suspiró.
—Esto va a salir bien. El concepto es brillante, y nadie mejor que Sakura para sacarlo adelante.
—Eres su amiga y es lógico que veas las cosas desde su punto de vista.
—¿Insinúas que soy tonta por ser su amiga?
—De ninguna manera.
—He trabajado mucho en este hotel, pero ni la mitad de lo que ha trabajado Sakura. Ni te lo imagi nas.
—Ella conoce muy bien este negocio, pero no está pensando con claridad.
—¿Qué quieres decir con eso?
La camarera sirvió las bebidas y Shaoran pagó.
—Fujitaka construyó un imperio, pero también una marca. Los dos están inseparablemente liga dos.
—Pero este hotel no es de Fujitaka Kinomoto.
—Eso no importa. Sakura también está ligada a su apellido y está dañando la base que ha hecho rico a su padre. Ni siquiera sé cómo se atreve. Es como si hubiera abierto un burdel.
Tomoyo lo miró.
—Ya has tenido ocasión de ver todo el Star Sky y sabes que eso no es cierto.
—Pero a pesar de todo, el proyecto se centra en el sexo. Eso ensombrece todo lo demás.
Tomoyo negó con la cabeza.
—Te equivocas. Está creando su propia marca y lo está haciendo de forma brillante.
—Si no fuera Sakura Kinomoto, tal vez funcionaría. Pero siendo ella, no puede funcionar.
—Si le quitáis este hotel, la mataréis...
—Me temo que está en juego mucho más que el orgullo de Sakura.
—Deberías reconsiderar tu opinión —insistió ella—. Se lo ha ganado, Shaoran. Ha trabajado mucho.
—Mira, este asunto me disgusta tanto como a ti. Pero no hay otra salida.
—Fujitaka y tú seguís viviendo en el pasado. Puedo entender lo del padre de Sakura, pero lo tuyo...
Shaoran echó un trago de su vodka y miró a Sakura, que seguía contestando a su entrevistador. Sus ges tos, su forma de mirar, el lenguaje de su cuerpo, eran absolutamente perfectos. Sabía cómo llamar la atención y cómo mantenerla. Tenía un indiscutible don de gentes, un talento muy especial. Pero estaba demasiado centrada en su imagen y había perdido la perspectiva. Si no recapacitaba a tiempo, lo perdería todo.
Además, aquella situación encerraba el riesgo de provocar una ruptura definitiva entre Fujitaka y Sakura, lo cual sería una verdadera pena. El único ganador sería Touya, y aunque Shaoran lo apreciaba sinceramente, también sabía que carecía de la inteligencia y del carácter necesarios para dirigir la empresa. La cadena de hoteles se resentiría, y Fujitaka era tan consciente de ello que había deci dido jugar fuerte.
Tomoyo suspiró en ese momento.
—¿Ocurre algo?
—No, es que me fascina el comportamiento de Sakura. Los seduce con una simple sonrisa.
—Le enseñaron bien, desde pequeña.
—Tal vez tenga un gran dominio de la técnica, pero ya era así de niña. Lo sé porque yo la veía.
—Por lo visto, os conocéis desde hace mucho tiempo...
—Desde siempre.
Shaoran notó el poso de tristeza en su voz y co mento:
—Supongo que habrá sido difícil para ti.
—En realidad no. No me importa que me hagan sombra.
Shaoran observó con atención a Tomoyo. Nunca le ha bía prestado demasiada atención, porque no man tenía relación directa con la cadena Kinomoto y sólo se veían ocasionalmente en alguna fiesta. De cabello oscuro, ojos bonitos y atractiva boca, era tan be lla que no entendía que le hubiera pasado desaper cibido. Y a pesar de haber crecido a la sombra de Sakura, seguía siendo su amiga. Notable.
—¿Por qué has aceptado trabajar con ella? —le preguntó.
—Porque conozco los hoteles. Yo también he crecido en este negocio.
—Sí, pero ¿por qué aquí? ¿Por qué con Sakura?
—Porque es mi mejor amiga.
—¿Y no habrías preferido trabajar en otro sitio, o tal vez por tu cuenta?
—No. Estoy acostumbrada a esto.
—Comprendo.
—¿Y tú? En cierta ocasión, Sakura me comentó que tenías intención de ser abogado y abrir tu pro pio bufete...
—En realidad terminé la carrera de Derecho, pero decidí cambiar de objetivos.
—¿Y no te arrepientes?
—A veces —confesó, mientras contemplaba a Sakura con abierta admiración.
—Ya sé lo que te pasa —dijo Tomoyo.
—¿De qué estás hablando?
Tomoyo le dio una palmadita.
—Se te pasará. Tu problema está muy locali zado.
—¿Qué diablos quieres decir?
—Sakura tiene ese efecto en todos los hombres. Al menos, en los heterosexuales... y ahora que lo pienso, también en los homosexuales. Pero cuando se acostumbran, no es tan malo.
—Tomoyo, estás loca.
—Tal vez. Pero llevo el tiempo suficiente a su lado como para reconocer el efecto Sakura. Y tú lo sufres, créeme.
Shaoran no quiso admitirlo, pero tenía razón. Y también notó que Tomoyo miraba al periodista con de masiada intensidad.
—¿Conoces a ese hombre?
—No, lo he conocido hoy.
Shaoran echó otro trago de vodka. Justo en ese momento, Tomoyo dijo:
—Bueno, te dejo. Tengo trabajo que hacer. Dile a Sakura que la veré por la mañana.
—¿Estás segura de que no quieres quedarte hasta que termine la entrevista? Tal vez venga con Eriol... y sospecho que le encantaría saber lo que piensas del hotel.
—Sí, claro. Ya nos veremos, Shaoran...
Él asintió y la observó mientras cruzaba la sala. Allí estaba pasando algo raro y no sabía qué. Pero supuso que eran imaginaciones suyas. A fin de cuentas Tomoyo era una mujer bastante misteriosa y por otra parte no se conocían bien.
A lo largo del día se las había arreglado para concentrarse en el trabajo, pero de cuando en cuando su mente volvía a su relación con Sakura. Era la primera vez que permitía que el placer y los ne gocios se mezclaran, y estaba confundido. Además, no quería que Sakura fracasara. Pero tampoco es taba dispuesto a cambiar de opinión.
La miró de nuevo, y por primera vez desde que había entrado en el bar, ella le devolvió la mirada.
Shaoran no supo si el periodista se había dado cuenta, pero Sakura le dedicó una sonrisa levísima, apenas perceptible, que lo llenó de orgullo.
Decidió que sería mejor que se marchara de allí. No quería permanecer en el bar, esperando, como si fuera un vulgar seguidor de su querida amante. Si ella quería verlo más tarde, sabía dónde encon trarlo. Además, necesitaba ir a casa a recoger ciertas pertenencias.
Pero sobre todo, necesitaba aclarar las ideas. Nada estaba saliendo como lo había previsto.
Tomoyo entró en su despacho. Tenía mucho que ha cer y quería bajar más tarde al Exhibit A para asistir al ensayo final. Yukito Tsukishiro había puesto todo su empeño y talento en la coreografía y en el es pectáculo de luces y sonido.
Era un concepto único, al menos para Tokyo. Un espectáculo ideado para una clientela muy especial, para una clientela de adultos, con un am biente exótico y cálido y los bailarines y bailarinas más atractivos del país, que actuaban casi desnudos.
Estaba deseando verlo. Pero tenía un motivo di ferente para querer volver al bar: Eriol le gustaba mucho. Su vida siempre había estado totalmente centrada en el trabajo, y aunque disfrutaba de él, quería algo más. Lamentablemente, nunca había te nido mano con los hombres. En la universidad ha bía salido muy poco, y las exigencias de su profe sión habían hecho el resto.
Envidiaba a Sakura. Incluso había logrado fascinar a Shaoran; y a pesar de lo que había dicho sobre Fujitaka Kinomoto y sobre el hotel, estaba segura de que al final cambiaría de opinión. Pero antes, daría mucha guerra a su amiga. Y eso estaba bien: era lo que necesitaba.
Por lo menos, ya no estaba saliendo con Kyo. El cantante siempre le había parecido un idiota, aunque a Sakura no parecía importarle. Al fin y al cabo la suya había sido una relación fácil y además era atractivo.
PeroTomoyo prefería a Shaoran. Era un hombre mucho más completo, más interesante. Esperaba que las cosas le salieran bien. Su amiga era una gran per sona, pero había demostrado un notorio mal gusto en lo relativo al sexo masculino.
Abrió el archivador y decidió ponerse a trabajar e intentó convencerse de que estar sola no era tan malo. Lo había estado siempre y lo superaría.
Sakura consiguió llegar a la suite antes de que su sonrisa desapareciera. La entrevista había durado demasiado, pero estaba segura de haberlo hecho bien. Necesitaba la publicidad de la prensa.
Sin embargo, sabía que se había comportado con menos naturalidad de la habitual en ella. Es taba demasiado desconcentrada. Durante el día, du rante las reuniones con los empleados y con el sin dicato, había conseguido mantener el control. Shaoran había estado a su lado, pero se las había arre glado bien hasta que descubrió que no sólo la estaba tratando con respeto, sino también con admi ración.
Aquello la desconcertó. Estaba acostumbrada a que la trataran de ese modo, pero no a que lo hi ciera Shaoran. Él siempre le había echado en cara su comportamiento público. Hasta pocos días antes, no parecía haberse dado cuenta de que no era ninguna loca ni mucho menos una borracha. Todos los que la conocían sabían que mantenía el control de las situaciones; y en lo relativo al alcohol, inevita ble en su mundo, utilizaba un truco que no le fa llaba nunca: sólo bebía hasta que empezaba a afec tarla. Y nunca, en los muchos años transcurridos, había sobrepasado su límite.
Pero en ese momento no quería pensar en pe riodistas, en trabajo ni en ninguna otra cosa por el estilo. Sólo quería darse una ducha, bajar a cenar al bar y hacer planes con Shaoran.
Se sentó en el borde de la cama y pasó una mano por la colcha de seda. Llevaba el teléfono móvil en el bolso y el bolso estaba a su lado, así que decidió llamarlo.
Entonces pensó en la noche anterior. Había sido maravilloso. De hecho, su relación mejoraba día a día. Y cuanto mejor era, más la asustaba.
Sin embargo, estaba empezando a hacerse extra ñas ilusiones. Incluso había pensado que cabía la posibilidad de que Shaoran cambiara de opinión con respecto al Star Sky; y más aún, de que no lo hiciera por la relación que mantenían, sino por respeto a su juicio profesional.
De todas formas, lo dudaba mucho.
Tomó el bolso, sacó el teléfono y marcó su nú mero. Le dejó un mensaje en el contestador y le dijo que la llamara en media hora. Después, se diri gió a la ducha y comenzó a idear su plan noc turno.
