TITULO: El Trato
Capítulo: Si hasta ahora no has llegado a conocerme, nunca me conocerás.
Libro: Harry Potter
Pairing: H/D B/R T/N
Category: Tiene algo de Fluffy, Angs, Romance y quizá algo más.
Raiting/Warning: PG-13 por el momento. M-Preg. Algunos Spoilers del último libro (sin llegar a ser todos y cambiando, obviamente, mucho).
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Harry Potter, pertenecen a su Creadora J. K. Rowling y a sus respectivos socios comerciales. Ésta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.
Lo único mío son la historia, las ideas y OCC (Personajes originales).
De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.
CAMPAÑA LE FAY : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
Tiempo: Posterior a la "saga" de libros.
En calidad de Universo Alterno.
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Nota:Esta historia, por ser lo que es contiene OCC en los personajes (creo que eso está claro desde el momento en que se llama: FanFiction) y M-Preg. Hago hincapié en esto.
¿Qué es M-Preg? Es la contracción para referirse a un: Masculine Pregnant (embarazo Masculino) Si no te agrada esta temática, entonces no lo leas.
De esa manera te ahorrarías algún sentimiento de contrariedad. Pero si te da curiosidad, entonces adelante. Recuerda que yo no me hago responsable de nada ya que es tu decisión. Gracias
OoOoOoOo
Harry miró al hombre dormido y solo pudo mover la cabeza.
No era como si algo hubiera sucedido. De hecho nada sucedió, pero no dejaba de sentirse incómodo, sobre todo porque sabía reconocer las señales.
Alec Laurent había sido su pareja hacía unos años. Quizá era una de las personas con la que más había durado dentro de una relación.
Pasó momentos agradables con él, vivió un tórrido, fogoso e inolvidable romance y también finalizó de manera abrupta, justo cuando el de cabello también negro partió a Etiopía y él a Irlanda.
Sus trabajos eran semejantes pero jamás coincidirían, ese era el único inconveniente que Harry veía…ese y el hecho de que Alec trataba de ver siempre todo de color rosa.
No era el más grande pesimista en la historia, pero la vida, SU vida, lo había enseñado a ser objetivo y realista. Algo que Alec no compartía con él.
El hombre se la pasaba soñando despierto, viajando y disfrutando de su trabajo, demasiado interesado en follar de vez en cuando con quien se dejara y captar una buena fotografía de algún paisaje perdido por la madre naturaleza. No tenía un plan de vida digno, ni mucho menos se le veía la intención de tenerlo en un futuro próximo.
Alec Laurent era un alma libre que jamás sentaría cabeza, quizá eso le había llamado la atención en un principio, pero no después.
Demasiadas experiencias y acostones le habían vuelto intuitivo, y por las barbas del fallecido Albus Dumbledore, que él sabía cuando alguien quería algo más que un buenos días de él.
Si Alec estaba pensando que su finta de inocencia era su cruz diaria, se veía que el también fotógrafo jamás lo llegó a conocer.
Sin mucho tacto se puso de pie. Ya era hora de que su invitado se marchara.
-Buenos días.-Saludó el hombre, estirándose para desperezarse.-Te despiertas temprano.
-Ya lo sabes. Nunca me ha gustado levantarme tarde.
Alec rió, estirando la mano para que el otro la tomara, cosa que no sucedió y que obligó al sonriente hombre a abrir los ojos y buscar al ojiverde que había salido de la habitación.
Suspiró, había deseado que Harry le hubiera dado más que asilo por la noche, pero evidentemente el joven fotógrafo no compartió su brillante idea. Por eso se tuvo que conformar con solo dormir a su lado y recordar viejos tiempos.
-Fuimos bastante felices, ¿no?
-¿Dijiste algo?-Indagó el ojiverde quien volvía a entrar a la habitación con la ropa ya puesta.
-Que la noche se me ha ido demasiado rápido.
-Eso te pasa por no dormir a una hora decente.
-El trabajo, Har, el trabajo.
-Excusas viejas, siempre las anteponías cuando no deseabas decirme que te habías largado de juerga.
El rostro de Laurent pareció apenado pero Harry sabía que no era así.
-Con tú manera de tratarme pareciera que no te alegró mucho verme.
Harry rodó los ojos pero negó.
-No es que no me diera gusto verte. Después de tantos meses me alegra saber que regresaste bien de tú trabajo. Es solo que…
-¿De verdad no interrumpí algo con el rubito anoche?
El de ojos verdes negó con demasiada efusión, algo que provocó que el otro riera con estruendo.
-Bien, bien, tranquilo. Solo lo preguntaba porque…
-Malfoy solo está…va a hacerme un favor, es todo.-Comunicó, de todas maneras tarde o temprano se enteraría de alguna forma.
Alec se sentó sobre la cama, mirando al chico que suspiró audible y pesadamente.
-¿Es algo bueno? Porque luces como si fuera más un suplicio que un placer.
-Es algo bueno, muy bueno.-Medio sonrió el muchacho.-Es solo que…nunca me imaginé que pudiera llegar a ser precisamente él quien pudiera ayudarme.
Laurent se incorporó de la cama y abrazó al muchacho que no esquivó el contacto. Visiblemente lo necesitaba.
-¿Puedo hacer algo por ayudarte?
Harry negó, si Alec hubiera podido ayudarle estaba claro que ya se habría dado cuenta. Incluso habría aceptado su libertina vida a cambio de lo que él más deseaba en la vida.
-Solo él puede ayudarme.
-Quizá, si me cuentas un poco yo…
-Es tarde, tengo que ir a ver a Jonathan y regresar con un amigo. Prepararé el desayuno.
El muchacho se zafó del agarre y caminó nuevamente fuera de la habitación. El hombre que quedó dentro solo suspiró.
Era consciente y siempre lo sería, que él había tenido que ver con el rompimiento entre los dos. Pero después de algunas cosas y si, de apreciar lo tenido hasta haberlo perdido, decidió intentarlo nuevamente.
Estaba listo para dejar de lado su vida desenfrenada y las infidelidades para sentar cabeza, como Harry siempre lo deseó. Pero el problema era que quizá el mismo muchacho que continuaba evadiendo parte de su vida, ya no lo quería.
Tal vez si era buena idea hablar con Draco Malfoy. Al menos el muchacho parecía conocer a Har más que él
oOoOoO
La NatGeo, sede Londres, se encontraba ubicada justo frente a la Tower Bridge. Un lugar bastante pintoresco si se tenía el suficiente tiempo para admirar el Támesis por la ventana.
Harry saludó a los guardias de seguridad y al personal que salió a su encuentro. Tenía un par de semanas sin acercarse a la oficina y eso le dio gusto.
-Harry, cariño, tanto tiempo sin verte. ¿Cómo estás?
-Perfectamente Melissa. Disfrutando mis vacaciones.
La mujer rubia y de no más de cuarenta besó ambas mejillas del chico y sonrió satisfecha de escuchar aquello.
-Ya era hora de que pidieras tus vacaciones, desde que entraste aquí nunca habías tenido.
-Es que el trabajo en sí ya son vacaciones, Mel.-Guiñó el muchacho.
-Oh, tontuelo.-Rió la mujer golpeando el brazo del chico.-Esas ocurrencias tuyas. ¿Vas a ver a Jonathan?
-Sí, me dejó un par de mensajes. Creo que está como loco tratando de encontrarme.
-Y no te equivocas, cariño. Eres uno de sus mejores fotógrafos, muy pocas personas se comprometen como tú.
A Harry le gustaba esa mujer, no solo porque era amable y siempre lo trataba mejor que a los demás, sino porque el tono maternal que utilizaba con él le recordaba a Molly Weasley.
-En seguida le aviso que estás aquí.
-Gracias, Mel.
Aguardó un momento mientras sonreía aquí y allá. Había extrañado a esa gente, sobre todo y después de estar nuevamente en el mundo mágico.
Los mugg…esas personas, le hacían sentir la normalidad que siempre había buscado.
-Puedes pasar, cariño.
-Gracias Mel.
-Oh, ¿has sabido algo de Alec? Jonathan también lo está buscando y se suponía que vendría ayer.
-No.-Negó, como era costumbre en él.-Pero si lo veo lo saludaré de tú parte.
La mujer sonrió, poniéndose al teléfono que sonaba insistente.
Harry odiaba inmiscuirse sentimentalmente con personas del trabajo, sobre todo porque nadie era lo suficientemente discreto para ocultar la relación y al final, si las cosas salían mal, todo el mundo daba por sentado que él sabía con exactitud en dónde localizarlos.
Cómo si él fuera una nana.
Eso lo molestaba seriamente.
Tratando de olvidar el comentario y el hecho de prácticamente haber corrido a Alec de su departamento, tocó a la puerta del despacho de su jefe.
-Adelante.
Harry abrió y cerró la puerta tras de él, caminando hacia el escritorio lleno de papeles, papeles y colecciones de tazas de café que Melissa odiaba limpiar.
-¡Harry!-Sonrió el hombre sentado tras la maravilla de escritorio.-En seguida estoy contigo, debo atender esta llamada.
El más joven asintió, tomando asiento delante de su jefe.
Jonathan Wells era un hombre acercándose a los cincuenta, periodista de profesión y que había escalado bastante para llegar al puesto en dónde se encontraba.
Amaba su trabajo y de vez en cuando se atrevía a escribir alguna columna sobre historia antigua, su materia predilecta.
Harry lo consideraba un hombre lo bastante preparado como para hacer lo que deseara, por eso sabía que si su estado anímico era bueno todo era positivo, pero si no…
Altibajos laborales de una mente estresada y llena de responsabilidades como la suya.
-Bien, bien, te haré llegar ese artículo la próxima semana…no puedo ahora, David…
Harry sonrió, aunque no entendía ni jota de español, Jonathan dominaba varios idiomas. Y debía hacerlo, tener conexiones con todas las sedes de la NatGeo era imperativo para seguir en el mercado.
Por eso el ojiverde lo admiraba también, Jonathan no solo era un buen jefe, aunque en ocasiones desquiciante, era también su mentor en el medio, quien le ofreció una oportunidad cuando seguramente nadie lo habría hecho.
-Bien, bien, entonces nos reunimos aquí la próxima semana cuando vengas. Saluda a Lola de mi parte…si, adiós, adiós.
El hombre de tez morena colgó el teléfono con evidente enfado.
-Mi mujer suele decirme a menudo que me jubile, pero yo le digo que no podría hacerlo, amo mi trabajo. ¿Pero sabes qué?-Indagó, reclinándose en su silla.-En momentos como este estoy tentado a hacerle caso.
Harry sonrió levemente, tratando de animar a su jefe.
-Pero bueno, gajes del oficio. Por cierto, benditos los ojos que te ven, Potter. Por un momento creí que te habías desaparecido del mapa.
-No podría aunque lo quisiera.-Rió el aludido, sabiendo que el momento tenso había pasado.-Escuché sus mensajes.
-Probablemente son los de la semana pasada. Cuando dijiste que tomarías vacaciones lo decías muy en serio, ¿eh?
El pelinegro asintió, no tenía porque ocultar nada…casi nada.
-De todas formas me pasé por el departamento, tenía que regar mis plantas.
-Sí, y el hecho de que Alec acabe de llegar de Chechenia no implica nada, ¿verdad?
El hombre rió pero Harry no lo hizo.
Ahí otro factor del porqué no le gustaba enredarse con compañeros de trabajo. Todo el mundo, hasta el jefe, especulaba cosas.
-Y, ¿para qué me buscaba?
El jefe, quien aparentemente veía muy divertido eso de los enredos amorosos entre sus empleados (aunque no debían hacerlo según las normas laborales), detuvo su risa.
-Trabajo.-Dijo, tomando seriedad en el asunto.-Un reportaje sobre la India, ya sabes: Nueva Delhi, el Taj Mahal…Bolywood. Con eso de que por ahora es el Boom del mundo cinematográfico, todo el mundo y repentinamente quiere saber sobre la India.
-Interesante.-Asintió Harry con veracidad.-Pero por el momento…
-Ya sé, me di cuenta de tú falta de interés cuando no acudiste a mí corriendo para que te dijera en qué hotel te hospedarías y a cuanto ascendían tus viáticos esta vez.
-Lo lamento, pero como dijo, me tomé eso de las vacaciones bastante en serio y de verdad en este momento las estoy apreciando.
Jonathan admiraba a Harry Potter por su entrega y porque jamás había antepuesto algo o dado una negativa para realizar su trabajo con la mayor entereza y profesionalidad posible.
Cuando dos semanas atrás se presentó ante él pidiéndole vacaciones, supuso que algo importante estaba por llegar a la vida del muchacho que sonreía mucho y socializaba, pero que mantenía al margen su vida privada.
Aunque no se escapaba de las parejas poco discretas.
-¿Entonces, si te ofrezco aumento de sueldo y un viaje todo pagado a Egipto, no lo aceptarías?
Harry rió, esa era la particular forma de su jefe de decirle te necesito de regreso con urgencia.
Tal vez en otras circunstancias habría aceptado pero esa vez era totalmente diferente.
-Lo lamento, jefe, pero de verdad necesito mis vacaciones acumuladas.
Jonathan asintió sin terminar de resignarse.
-Bien, entonces mandaré a Ollivia. Se ha ganado el mérito.
La mujer no era del agrado de Harry, sobre todo porque se la pasaba jactándose de las cosas que lograba y él no.
-Si usted lo considera oportuno, entonces hágalo.
-En serio eso que haces debe ser importante.
-¿Eso qué hago?-Indagó él sin comprender.
-Si.-Suspiró el más viejo.-Debes estar haciendo algo que vale la pena como para dejar escapar la oportunidad de vengarte de Ollivia.
Harry volvió a reír.
-Ya lo creo jefe.
-¿Y si mando a Alec contigo?
El chico se enserió en el acto. Quizá unos años atrás eso le habría caído de maravilla, pero no en la actualidad.
-Alec y yo hace mucho que dejamos de tener algo, jefe. Seguramente él se lo insinuó, ¿no es así? Si no conociera lo caprichosamente insistente que puede llegar a ser…
-¿Todo bien entre ustedes dos?-Indagó el hombre antes de que el más joven dejara ver algo más de su enfado.
-No…si…ni siquiera lo he visto. Estaba en Chechenia, ¿no?
-Pues…esta mañana…
-Debí saberlo.-Gruñó el de anteojos cruzándose de brazos.-Definitivamente debería de enviarlo a él a Egipto, a ver si se lo come una momia o algo.
Jonathan rió.
-Creo que deberían solucionar sus problemas antes de que los afecte en el terreno laboral, Harry.
-Yo no tengo ningún problema con él, es solo que…estoy a la mitad de algo importante en mi vida, jefe, y no deseo que nadie, mucho menos él, me lo eche a perder.
-Entiendo.-Asintió Jonathan tras un momento.-Entonces no insistiré más. Alec tendrá que conformarse con ir solo a su próximo destino o quedarse varado aquí hasta nuevo aviso.
Harry agradeció la comprensión y discreción de su jefe. Al menos no se sentía desamparado.
-Solo vine a reportarme, así que no se asuste si desaparezco otro poco, jefe.
-No te preocupes, tú sigue con tus cosas. Pero me dio gusto verte, muchacho.
Harry sonrió y se puso de pie, dando por finalizada la pequeña entrevista con su superior.
-Bien, debo irme o mi amigo me matará. Estoy siendo aprendiz de niñero, ¿sabe?
-No sabes en lo que te metes. Dímelo a mí que tuve cuatro monstruos en casa y tuve que cuidarlos…y eso que no cuento a mi suegra.
Ambos rieron, estrechándose la mano de buen agrado.
Harry se despidió pero antes de cruzar la puerta su jefe volvió a detenerlo.
-Harry…tengo algo que proponerte.
Y a pesar de que hubiera deseado negarse, algo le impidió que lo hiciera.
Quizá el destino.
oOoOoO
Ron se zafó bruscamente del agarre de su esposo. Lo que este había hecho no tenía perdón. Ni demente lo habría aceptado, jamás.
-Ron…
-Traidor.-Murmuró, alejándose del italiano quien lo siguió a pesar de las negativas.
-Pero Rojo…
-No me hables, no me veas, no me toques y NO te acerques a mí. Lo que has hecho… ¡no tiene perdón, Zabini!
Si a Blaise podía dolerle algo, aparte de que lastimaran a su familia, era la mirada indiferente que el amor de su vida podía llegar a dedicarle en ocasiones. Sobre todo cuando, según él, había hecho algo mal.
-Rojo.-Imploró, abrazando a su consorte por la espalda, el cual se removió pero no logró librarse.-No te enfades, no lo hice con el afán de molestarte.
-¿Entonces?-Indagó el enfadado pelirrojo, quien se sentía un poco inútil por no poder escaparse de Blaise. Su barriga se lo impedía.
-Es que…tiene derecho a convivir con él, Ron. Él es…
-¡No me interesa que sea el maldito rey de la Luna!, ¿me escuchaste? Debiste haberme consultado antes para…ahora mismo voy por él.
El italiano reforzó su agarre y le impidió total movilidad al pelirrojo que había contraído las manos y su rostro asemejaba el color de su cabello.
-Suéltame, Zabini. Mi hijo me necesita.
-No te necesita, exageras.
-¡¿EXAGERO?...¡¿EXAGERO?...¡Solo deja que me suelte y verás lo que es exagerar, Zabini!
El pelicastaño pudo haber reído ante eso, pero sabía y reconocía que su esposo estaba lo suficientemente enfadado como para darle un gran derechazo.
Y valla que golpeaba fuerte.
Por eso, y como pudo, giró a su consorte para mirarlo a los ojos y tratar de justificar sus acciones.
-Rojo, escucha, yo sé que jamás te caerá bien pero es el padrino de Derek.
-¡Solo porque tú te empeñaste!
-Lo sé, lo sé pero debemos aceptarlo. Lo será durante toda su vida.
Ron gruñó, ni todas las justificaciones del mundo servirían para exonerar el gran pecado que su esposo había cometido.
-Entonces voy por él.
-No lleva ni una hora fuera de casa, Ron.
-Pues ni una hora lo quiero cerca de MI hijo, Zabini.
-Ron…
-Ya, suéltame.
-Pero…
-Puedo disculparte el hecho de que te hayas empeñado en que justamente él, sea el padrino de Derek.-Indicó el pelirrojo sin borrar el enfado de sus ojos.-Pero lo que no puedo perdonarte es que te hayas atrevido a hacer eso sin antes consultarme.
-¿Y lo habrías permitido?
-¡NO!
Blaise suspiró, besando la mejilla del pelirrojo que se giró para evitar el contacto en sus labios, pues sabía que si el italiano lo besaba estaría perdido.
-Ron…entiende, ¿sí? es amigo mío y padrino de Derek. Jamás le haría daño y yo nunca lo permitiría.
-Es que…
-¿Confías en mi?
Ron miró los ojos de su esposo y tras un enorme puchero asintió.
-Entonces no tienes nada que temer, rojo. Créeme, a pesar de todas las cosas negativas que puede tener, es bueno con los niños, en especial con Derek.
Además actúas como si fuera la primera vez que se ven, cielo.
El pelirrojo lo sabía y quizá, solo mínimamente, se estaba comportando demasiado melodramático con ese asunto pero…era su hijo y por todo lo sagrado, lo protegería de cualquier cosa. Incluyendo Slytherin amigos de su esposo.
Blaise, sabiendo que las defensas de su esposo se encontraban bajas, tomó su mentón y lo besó largamente.
Odiaba pelear con él pero a veces la sangre Weasley y la maldita estirpe Gryffindor obraban cosas terroríficas en su usualmente comprensivo consorte.
Sin embargo no se arrepentía de lo que había hecho.
Lo malo de pertenecer a dos bandos, era que jamás se le daría gusto a ninguno.
Cuando el beso finalizó, el pelirrojo se abrazó a su esposo y este lo acunó con inmenso cariño.
-Pero iremos por él pronto, ¿verdad?
-Claro, en cuanto logremos que Hara y Kara dejen de llorar y patalear por las cosas terriblemente malas que sus mentecillas diabólicas han creado en torno al medimago, y en lo que Ander y Aidan dejan de levitar cosas para buscar dulces, iremos por Derek.
Ron suspiró, ocultándose en el cuello de su esposo quien sonreía ampliamente.
El pelirrojo pensaba que el único que disfrutaba esas visitas con el medimago era Blaise. Para el italiano era como ir a algún centro recreativo, pero para él…
-Tardaremos horas.
-Solo lo usual, amor.
Ambos se sonrieron…. Pero querían más hijos.
-Entonces vámonos.-Propuso el italiano, una vez que el berrinche de su consorte pasó.
-Solo déjame buscar los frascos de las últimas pócimas que le dieron a los niños y…
-Hola, ¡¿hay alguien en casa?
Ambos hombres se miraron, mientras sus manos buscaron de inmediato sus varitas.
-Hola, ¿Ron?
El aludido estaba a punto de lanzar un encantamiento aturdidor hasta que el rostro conocido de su mejor amigo apareció de repente.
-Harry.-Suspiró aliviado el pelirrojo, bajando la varita.
-Hey, lamento haber entrado así pero la puerta estaba abierta y… ¿me van a lanzar algo?
Blaise negó, bajando también su arma.
-Lo lamento, Potter, pero presentarse así da pie a pensar lo que sea.
El pelinegro asintió un poco apenado.
-¿En dónde estabas? Estuve esperándote buena parte de la noche.-Indagó Ron, quien más relajado comenzó la búsqueda de los frascos de pócimas.
-Oh, decidí quedarme en casa.-Indicó el pelinegro, tratando de justificarse.
-Entiendo, ¿demasiadas cosas por atender?
-Algunas.
-Voy por los niños.-Anunció Zabini, dándole espacio a los amigos para que conversaran.
A Harry siempre le haría gracia que Blaise sucumbiera de esa forma cuando se trataba de su familia.
Jamás lo había visto trabajando, pero se imaginaba que no era ni la mitad de bueno de lo que era en casa.
-¿Van a salir?-Indagó, teniendo en cuenta que había llegado sin anunciarse.
-Los niños tienen cita con el medimago.
-¿Se encuentran bien?
-Claro, solo el chequeo usual.
El ojiverde asintió. Debía empezar a tomar nota de todas esas cosas, los pediatras eran importantes.
-Entonces iré a vagar por ahí.
Ron asintió pero de inmediato cambió de parecer.
-Harry.-Dijo, en un tono tan bajo que el aludido tuvo que inclinarse un poco para escuchar a su amigo.- ¿Puedo pedirte un favor?
El rostro acongojado del pelirrojo no le gustó en nada, por eso de inmediato asintió.
-¿Qué ocurre, Ron?
El pelirrojo sonrió. Su esposo lo mataría si se enteraba pero…no tenía por qué saberlo, ¿cierto?
Suspiró, ¿por qué había aceptado ir ahí?
-Porque quieres hacer bien las cosas y demostrar que has cambiado…y porque Ron tiene buen poder de convencimiento.-Se dijo, tras gruñir un poco.
Tal vez los años, los hijos y el esposo que tenía habían sacado la serpiente que Ron llevaba dentro.
Años atrás no lo habría insinuado ni en broma, pero quizá la humanidad tenía un Slytherin latente, aguardando por salir en el momento menos esperado.
Y justamente había tenido que ser ese día.
-Bueno, ya estoy aquí.-Suspiró, volviendo a tocar como algunos días atrás en la puerta del número 25 de Spell Street.
Aguardó solo un momento para volverse a topar con la misma criatura de ojos saltones y cabeza aplastada que ya conocía.
-Hola, Crushed, buenas tardes.-Saludó tan cordial como pudo, mirando el desconcierto del elfo doméstico que entrecerró la puesta.- ¿Me recuerdas?
-Señor Harry Potter, señor.-Asintió la criatura mágica, saludando a la visita.
-Yo…ham…
-Mi amo, el señor Draco Malfoy, señor, no me dijo que vendría.
-No, ni yo tampoco.-Murmuró, tratando de pensar en que su buena obra del milenio estaba siendo cumplida.-Yo…he venido por el hijo de mi amigo Ronald Weasley.
El elfo lo miró fijamente, dando a entender que no había comprendido.
-¿Un niño pelirrojo?... ¿hijo de Blaise Zabini?
-El niño pequeño amo-ahijado de mi Señor Draco Malfoy, señor.-Respondió el elfo cuando pareció comprender de lo que le hablaban.
Harry parpadeó pero asintió. Eso de los grandes títulos extraños era obra de los elfos domésticos.
-Sí, Derek. Su padre me ha enviado a recogerlo.
Crushed pareció meditarlo muy bien y antes de que le cerrara la puerta en la cara para irse a aplastar la cabeza por atreverse a pensar, Harry actuó rápidamente.
-Solo déjame entrar, no tendrás problemas.
El elfo doméstico agachó las orejas y tras lo que parecieron milenios abrió la puerta para permitirle el paso.
-Gracias. Te prometo que no te castigarán.
Crushed desapareció sin más, dándole una idea a Harry sobre a dónde se había ido.
Afortunadamente para él, conocía parte de aquella casa por lo que con cierta confianza se adentró en ella.
Buscó en la única habitación que conocía pero no hubo rastros del pequeño pelirrojo y su padrino.
¡Por Merlín, aun no aceptaba eso!
¿Cómo había convencido Blaise a Ron de semejante cosa?
Rodó los ojos, a pesar de los pocos días que tenía conviviendo con ellos, ya se daba una idea de los métodos de convencimiento que el Slytherin tenía con su esposo.
-Ahora veo porque tienen tantos hijos.
Continuó buscando, maravillándose un poco por las fotografías móviles que mostraban algún bello paisaje o algún adorno que resaltaba de entre todo lo ostentoso que Malfoy tenía ahí.
No imaginó que la casa del rubio fuera tan grande hasta que él mismo lo verificó.
¿Para qué vivía en ese inmenso lugar si solo eran su esposa y él?
-Porque es Malfoy.-Medio sonrió, recordando su preciada estirpe.
Avanzó un tramo más de pasillo hasta que unas voces conocidas le indicaron el lugar dónde el pequeño pelirrojo y su padrino se encontraban.
Llegó hasta una habitación bastante alumbrada a donde se acercó con sigilo. Tal vez y si atrapaba al rubio en un mal momento, le podría servir a Ron contra su esposo.
-Eso sería digno de ver.
Sin embargo lo que buscaba jamás lo encontró.
-Entonces, ¿te gusta?
-¡Woowww, es genial, tío Draco!
-No soy tú tío, soy tú padri…
-Y dime, tiito, ¿en dónde están los niños?
Derek, quien estaba mirando el juguete que su tío le obsequió, elevó un poco la mirada para escuchar la respuesta de labios del adulto quien había enarcado una ceja.
-¿Niños?-Indagó el rubio que sentado en el piso y dejando atrás todo el porte y distinción con el que se presentaba ante la sociedad, escuchaba atentamente a su ahijado.
-Sí, ¿en dónde están?
-No sé a qué niños te refie…
-Los niños.-Gruñó el pelirrojo, mirando fijamente al rubio.-Los niños de la casa.
Draco conocía muy bien esa mirada, por lo que no pudo evitar sonreír con sinceridad.
Su ahijado sería un excelente Slytherin algún día.
El solo pensamiento lo llenó de tanto orgullo que se atrevió a abrazar al niño que en un principio se resistió pero terminó sucumbiendo al contacto.
-Blaise te ha educado bien, Derek. Serás un digno representante para la casa cuando crezcas. Te llevaré a las reuniones de egresados… ¿sabes que hay una organización secreta que solo admite Slytherin? Casi no puedo esperar para llevarte.-Indicó, con un algo distinto en la voz que podía pasar por felicidad.
-¿Slytherin?-Indagó Derek, separándose un poco del contacto del hombre.
-Sí, Slytherin.
-¿Eso está en Hogwarts?-Preguntó, aguardando con emoción la respuesta.
-Así es. Es una de las casas de Hogwarts.
-Papá Blaise fue a Slytherin.-Comunicó el niño ya sin ocultar la sorpresa que eso le causaba.- ¿Tú también?
Cuando Malfoy asintió, sonrió con el gritito del niño.
-¡Eso es tannnnn genial! ¡Espera a que se lo cuente a mis hermanas!
-Tú serás Slytherin.-Agregó el adulto, quien estaba experimentando una cálida sensación en el pecho.
-¡¿Yo? ¡¿En verdad?
Aunque las pecas y el cabello eran reconocibles como línea Weasley, la mirada cargada de emoción y el brillo de altivez eran claramente las de un Zabini.
Era casi un hecho que el pequeño pelirrojo tenía en la sangre mucho con lo que él y su amigo habían sido criados.
-Ya verás que si.-Fue la respuesta que le ganó, sin imaginárselo, todo el respeto del niño y también un afectuoso abrazo.
-¡Papá Blaise se pondrá feliz de escucharlo!-Comunicó Derek con la emoción que solo un niño de seis años podía mostrar.-Pero…
-¿Qué ocurre?
Derek se separó del adulto y miró sus manos con cierto bochorno.
-¿Tú crees?-Indagó, mirando con intensidad al rubio.- ¿Qué mi Papi se enfade conmigo?
Draco pensó que si lo miraba justamente como en ese momento, Weasley jamás le negaría nada.
-Claro que no.
-Es que papi…
-Mira.-Explicó, cargando al niño que aguardó la explicación.- Weas…tú papi fue un Gryffindor, pero se casó con un Slytherin y…lo que trato de decir.-Dijo, aclarándose la garganta y orando para que el niño no fuera a decir ni una palabra de eso en su casa.-Que tus padres aceptaran lo que la vida te tenga deparada.
Derek dudó un momento pero al final sonrió.
-Solo no en Hufflepuff, ¿de acuerdo? Puedo soportar todo menos eso.
El pelirrojo asintió, riendo como solo un niño podría llegar a hacerlo en alguna situación así.
-¿Entonces, todo bien?
Derek asintió, regresando a su sitio frente al rubio.
-Sí, pero no has respondido, tiito.
Draco hablaría seriamente con Zabini. ¿A caso la espesa cabellera roja le impedía a su cerebro captar la palabra padrino?
-¿Qué no he respondido?
-Los niños.
-¿Cuáles…?
-Tus niños.-Respondió Derek con una mueca de fastidio.-Los amigos de mis papis tienen niños con los que puedo jugar pero tú no. ¿Están con su mami?
El rubio abrió los ojos, mirando al niño que aguardaba una respuesta.
-Yo…
-Nunca he visto niños contigo, ¿están con tus papis?
-No…
-¿Cuántos niños son?
-Derek…
-¿Son pequeños o grandes? Porque si son grandes entonces no puedo jugar con ellos, pero si son pequeños sip.
-Es que…
-¿Están en Hogwarts?
El pelirrojo miraba alternativamente al adulto y a su nuevo juguete, aguardando cualquier tipo de respuesta que disipara sus dudas.
Sin embargo al rubio le estaba costando bastante trabajo seguir la charla del infante.
-Mira Derek, no hay…
-¿Son Slytherin como mi papá y tú? Porque podríamos hablar de…
-¡Derek!-Dijo Draco, dando un pequeño suspiro cuando obtuvo la total atención del infante.-Escucha, yo no…yo no tengo niños.
El pequeño parpadeó.
-¿No tienes?
-No.
-¿Por qué?
Quizá por esa misma situación.
-Porqué…porqué si yo tuviera niños entonces no tendrías toda mi atención ni tampoco juguetes o dulces.
-¡Ah!-Exclamó un poco maravillado.-Pero papi Ron dice que los niños son buenos.
-Pero no para todos.
-¿Y tienes esposa o esposo? Porque mis papis son esposos pero también hay mamis, como las mamis de mi amigo Adalbert. ¿Sabías que una de sus mamis tiene un dragón en Ruga…Ruga...Rugañia?
-Rumania.-Suspiró el rubio, un poco fascinado de la charla tan divergente que estaba sosteniendo con un niño de seis años que hablaba y hablaba sin parar mientras intentaba poner en su lugar la pequeña escoba del mini jugador de Quidditch que le había obsequiado.
Niños. Demasiado complicados para su gusto, pero también bastante monos…desde una perspectiva objetiva, claro está.
-…y luego Adalbert dijo que podíamos entrar a la habitación de sus mamis porque no estaban, pero encontramos un gran…
-Derek.
Tanto adulto como niño dieron un pequeño brinco ante la voz que salió de ningún lugar.
Sin embargo fue el rubio quien desenfundando rápidamente su varita apuntó al intruso.
-Potter.-Gruñó, cuando reconoció al hombre que decidió que era el momento oportuno para interrumpir.
-Lo lamento.-Se disculpó el pelinegro, elevando las manos a modo de defensa.-Pero estaba abierto y…
Malfoy lo miró desafiante por un largo momento hasta que decidió guardar la varita.
-Yo…
-¿Qué haces aquí?-Pregunta tajante y molesta en un tono muy diferente al que Harry había estado escuchando a escondidas.
-Vine…vine por Derek.
El aludió frunció el entrecejo y se acercó a Draco.
-No voy. Estoy con mi tiito.
-Pero tú padre…
-Dile a Weasley que su maridito me dio el permiso de quedarme con él hasta que entre a Hogwarts para entrenarlo como me plazca. Así que ya puedes irte.
Harry gruñó.
-Estoy jugando con mi tiito. Él si es mi tiito.
El ojiverde trató de razonar con el infante al que probablemente jamás le caería bien.
-Derek, tú papi Ron me mandó a buscarte porque está preocupado y…compraremos helado.-Dijo, en un último intento por parecer un mejor candidato que el rubio que se mofó audiblemente.
-Sigue así y lo tendrás comiendo de tú mano, Potter.
El aludido evadió el comentario y continuó esperando la respuesta del pelirrojo quien pareció debatirse ante lo que el recién llegado había dicho.
-¡No! ¡Quiero quedarme aquí con mi tío Draco!
-Pero tú padre…
-Ya lo escuchaste, Potter.-Sonrió el rubio con un brillo de victoria en los ojos.-Aconséjale a Weasley que no se preocupe tanto por su hijo. Aun tiene cuatro más que atender.
-No sé como a Zabini se le ocurrió esta gran idea.
-Hum, no sé, pero tanto MI ahijado como yo estamos muy bien. Ya se los llevaré yo cuando hayamos terminado por aquí, ¿verdad, Derek?
El pelirrojo asintió, mirando a Harry de forma tan Slytherin que este se dio cuenta de que si continuaba hablando solo sería tiempo perdido.
Era obvio que había sido mala idea ir a ese lugar cuando el niño no lo soportaba ni en pintura. Así pues resignado y en cierta forma humillado, se giró para salir de inmediato.
Ron tendría que conformarse con que su hijo apareciera en casa más tarde y de la mano del hurón.
-¿Cómo entraste?
La voz a su espalda lo detuvo.
-Por la puerta.
A pesar de la respuesta, la sonrisa de Malfoy no desapareció. Su queridísimo ahijado acababa de patearle el trasero al santo de la comunidad mágica, y eso se sentía tan bien.
-Gracioso.
-Me aparecí.-Mintió el pelinegro, girando para enfrentarse al rubio quien se había levantado del piso y lo miraba fijamente.
-Aja.-Se mofó, sacudiéndose la túnica.
-¡Claro que lo hice! Aprendí a hacerlo muy bien.
-Por supuesto, y como has hecho tannnta magia desde que regresaste, supondré que supiste cómo desvanecer las barreras protectoras que tengo instaladas en mi casa e investigaste el sitio en donde estaban, ¿verdad?
Harry se mordió el labio mientras escuchaba la risita del rubio.
Solo pudo friccionar las manos.
-Seamos realistas, Potter. Los gemelos de Weasley hacen más magia que tú ahora, no me hagas reír.
Ron le debía un enorme favor y lo haría pagar de alguna forma que compensara la humillación que estaba sintiendo en ese momento.
Draco rió hasta sentirse satisfecho.
-Bueno, ya que eres el mandadero de Weasley y que te apareciste aquí, siéntate.
Harry lo miró sin comprender.
-No quiero que mi ahijado piense que su padrino no tiene modales. Además no es como si alguien te hubiera invitado en realidad. Debes aprender educación, Potter.
Pudo haberse sentido humillado pero al parecer el rubio estaba siendo civilizado, cosa que no lo habría creído sino lo estuviera viviendo.
-Malfoy…
-No pretendo que te lleves a Derek aun, así que o esperas o llegas con la cola entre las patas a escuchar el griterío de Weasley, que no será ni lindo ni afectuoso, mucho menos en su estado.
Harry tragó con fuerza. Efectivamente, Ron le explicó que Blaise había dejado a Derek con Malfoy, cosa que odiaba, y le pidió encarecidamente que lo llevara de regreso.
Algo, quizá su instinto de supervivencia le decía que era buena idea escuchar a Malfoy solo esa vez.
Además estaba seguro de que le gustaba más la idea de enfrentarse a Malfoy que a su amigo. El embarazo, a veces, lo volvía un poquito insoportable.
Al final terminó asintiendo, mirando al rubio que señaló un sofá.
Claramente esa no había sido su idea de pasar una buena tarde de vagancia.
Tal vez había sido el hecho de marcar la madurez, como Harry decía. O quizá solo pagar el comportamiento del día anterior.
No lo sabía, pero a Harry le parecía estar conociendo a otro Draco Malfoy.
Al hombre que solo en la intimidad y quien lo merecía, tenía derecho a conocer.
Afortunadamente para Harry, Pancy no se presentó en todo el resto del día.
"Está con su madre y por lo regular llega tarde a casa"
Eso le había calmado la… ¿ansiedad?
No sabía cómo catalogarlo, pero la última vez que había visto a la mujer, su relación, si existía una, había quedado bastante más deteriorada.
Ahora, con lo del trato…seguramente la mujer lo degollaría si la tuviera enfrente.
Sin embargo, el hecho de convivir un poco con el hombre que imitaba voces, hacía gestos y tenía al niño pelirrojo al borde de la emoción con las historias que le relataba, le hacía sentir extrañamente relajado.
Jamás se imaginó presenciar algo como eso, pero no se arrepentía, todo lo contrario. Algo en su interior en verdad se alegraba y como el ambiente era tan inimaginablemente agradable, ni siquiera se mortificó en buscarle alguna razón.
-Ahora verás, Potter, lo buen cocinero que soy.
-Brinco de felicidad.-Murmuró Harry, sonriendo cuando el rubio se giró gruñendo.
Le gustaba molestarlo, sobre todo porque sabía que sacaría lo mejor de sí para demostrarle lo tan equivocado que estaba.
En el colegio no había sido de esa forma, todas las discusiones se dieron sin sentido y por culpa de una maldita guerra que afortunadamente quedaba ya muy lejos.
Pero a pesar de eso, la sensación de adrenalina al límite y el hecho de saber que el único ser humano sobre la tierra que jamás lo alabaría, era precisamente ese que regresaba de la cocina con un enorme platón que desprendía un delicioso aroma.
-Luce bien.
-Y espera a que lo pruebes. Tú cena de ayer es comida de hipogrifos comparado con esto.
El gesto de superioridad del rubio solo le hizo girar los ojos, pero muy en el interior estaba seguro que tenía razón.
-¿Qué es eso, tío Draco?
-Es secreto de familia, Derek, quizá algún día te lo diré.
El niño pelirrojo arrugó el entrecejo pero pareció conforme, por eso aguardó a que le sirvieran.
A pesar de que durante la tarde su posición había sido únicamente de observador, Harry intuyó que Derek ya no lo miraba tan fijamente.
Tal vez tenía que ver con el hecho de que su papi Ron no estuviera por ahí, o qué se sentía bastante bien en compañía del rubio que acababa de servirle lo que parecía lechuga y hacía lo propio con su plato.
El ojiverde miró con cierta perspicacia.
-No voy a envenenarte, Potter.
Derek rió, engullendo felizmente su alimento.
Harry se mordió la lengua para no realizar algún comentario mordaz, por lo que un poco renuente comió.
Y para su sorpresa estaba exquisito.
-¡Malfoy!…cielos… esto está...
El rubio, que había tomado asiento en la cabecera de la mesa sonrió con la superioridad de siempre. No era necesario que escuchara el resto de la frase para saber a dónde su invitado deseaba llegar.
-Por supuesto que es delicioso, ¿qué esperabas?
Harry no iba a darle la razón pero…vaya, ¿quién iba a pensar que el engreído y nada humilde Draco Malfoy fuera un excelente chef? ¡Y eso que solo eran vegetales!
-Te lo dije, Potter, no como carne pero no es necesaria para disfrutar de un excelente banquete digno de un rey.
-A mi me gustó.-Asintió el niño, que muy feliz devoraba las cosas verdes que en casa sus padres no podían hacer que comiera.
El pelinegro no mencionó nada pero tuvo que admitir, muy dentro de sí, que el rubio tenía la razón.
Rayos, todo ese día era de locos, sobre todo por haber conocido a un hombre que ni siquiera sabía que existía.
Lo miró de reojo, el rubio sonreía cordialmente a su ahijado y el niño se encontraba encantado.
Harry no podía creerlo pero…
"Los niños y los ebrios siempre dicen la verdad"
¿Y quien más que Derek Zabini-Weasley para hablar de verdades?
Algo en su interior, que no supo darle nombre, apareció repentinamente.
Comenzaba a entender que pasarse toda una vida suponiendo cosas sobre las personas, cuando tal vez ninguna era real, solo afectaba el crecimiento personal.
Él pensaba que había alcanzado un alto grado de madurez por su comportamiento, pero se percató de lo equivocado que estaba.
-Gracias.-Murmuró, interrumpiendo la charla del rubio y el niño quienes lo miraron.
-¿Qué?-Indagó Malfoy sin comprender.
-Gracias por…invitarme a cenar y no echarme de tú casa.
Derek miró a su padrino quien le regresó el gesto.
-No hay porqué, Potter.-Señaló al fin, bebiendo un poco de vino.
Y Derek, por primera vez desde que comenzaron a convivir, le sonrió de buena fe.
Harry Potter entonces se sintió extraño, como transportado a otra dimensión. Sin embargo continuaba en la tierra, en casa de Draco Malfoy y conviviendo de forma cordial.
¿En verdad una persona podía cambiar tanto?
No cabía duda que para conocer a alguien no se requería de años, solo minutos que obraban maravillas en los corazones de las personas.
Continuará…
Bueno, realmente he andado ocupada y aunque he tenido tiempo de actualizar y de subir una historia aparte de HP, vengo hasta ahora.
Ojalá hayan disfrutado el chap tanto como yo al escribirlo ^^
Bien, debo decirlo o si no me carcomerá jaja, hace como un mes me inscribí a un concurso de fics de Harry Potter y…bueno, he ganado ^^
Por ahora no publicaré el fic, lo haré cuando haya terminado con el Trato, así que muchas gracias a quien votó por mi y…ya después juzgarán ustedes mismos este fic. Mientras tanto les dejo el banner que gentilmente me hicieron el favor de regalarme y sobre este fic, recuerden que cualquier duda pueden preguntarme que yo responderé a la brevedad posible.
Millones de gracias por continuar leyéndome y si la vida real me lo permite, nos veremos pronto ^^
Katrinna Le Fay
Octubre 2010
PD1: Sigan apoyando la campaña Anti Plagio porque entre más seamos más podremos alzar la voz ^^
PD2: El título de este capítulo lo he sacado de una canción ya antigua llamada: If you don't know me by now de Simply Red. Si pueden escucharla…creo que encontrarán la razón del porqué este chap va más o menos por ahí ^^
PD3: Si pulsas el botón de acá abajo y me dejas un comentario (el cual no cuesta mucho, se los aseguro) estarás contribuyendo a que conozca lo que opinas de la historia, así como tus sugerencias y todo lo que se te pueda ocurrir (solo insultos y review anónimos no acepto pero lo demás, claro que si ^^) De antemano gracias por tu comentario n.n
