Llevaba un día bastante productivo, por la mañana había terminado de leer el último de los libro-series que le trajo Nicole hacía ya dos días, tenía que admitir que le sorprendió la nueva faceta de escritora de su amiga, sería la nueva Nicole de Rowling; y ahora se encontraba pintando el techo de su celda, al fin consiguió un momento de tranquilidad para poder dibujar esos caballitos de mar.

Después de terminar su mañana de lectura, se dirigió hacia el economato y, como no les dejaban comprar lápices ni ningún objeto largo y delgado que pudieran usar para apuñalar, improvisó con tinte del pelo y sus propias manos. Eligió tinte de color rosa fucsia, era su color favorito aparte del negro, siempre le decían que el negro no era un color, así que tenía el rosa fucsia como alternativa, y demasiado triste era estar en Azgeda como para encima pintar el techo de negro.

Tenía las manos y parte de la cara llenas de tinte, una buena artista debe ensuciarse para crear sus obras y, otra cosa no, pero artista lo era y lo sabía. Dibujaba desde pequeña y cada vez se le fue dando mejor, hasta tal punto que acabó pintando sus propios cuadros y colgándolos en algunas galerías de Sydney de poco renombre. Siempre se empieza desde abajo, eso le repetía una y otra vez Álex cuando se desmoronaba porque no conseguía buenas ofertas para mostrar su arte.

-No eres tú, no eres tú, no eres tú, soy yo "soy yo" -Puso un tono más bajo en su voz para hacer el coro -No te quiero hacer sufrir, es mejor olvidar y dejarlo así "así", échame la culpa. Ok, I don't really, really wanna fight anymore, I don't really, really wanna fake it no more, play me like The Beatles, baby, just let it be, so come and put the blame on me, yeah -Movía la cabeza y la mano libre al ritmo de la canción que estaba cantando.

Estaba tan concentrada en hacer perfectamente la unión de las colas de los caballitos de mar al ritmo de Demi y Luis Fonsi que no escuchó entrar a Nylah.

-Vaya, no se te da nada mal esto de los idiomas, ni lo de cantar ni dibujar por lo que veo. Es muy bonito, Clarke -Le dijo Nylah con una gran sonrisa en la cara contemplando el dibujo del techo.

Se asustó. Y menos mal que por una vez en su vida se alinearon los astros, las estrellas y los planetas, y su pésimo sentido de la estabilidad le dio tregua y se mantuvo encima de la silla en la que estaba subida.

-Me has asustado, no te he oído entrar -Dijo con una mano en el pecho recuperándose del susto -¿Te gusta? -Le preguntó mientras miraba su obra.

-Es precioso, no sabía que dibujabas y mucho menos que lo hicieras tan bien -Le comentó mientras miraba esos caballitos de mar fucsias -¿Estás pintando con tinte para el pelo? -Le preguntó divertida observando sus manos.

Asintió con la cabeza mientras bajaba torpemente de la silla y se acercaba a ella.

-Hola, guapa - Le dio un beso en los labios y le regaló su sonrisa más dulce -Es algo que quería pintar desde que llegué, creo que me va a ayudar a mantener la cordura aquí dentro.

No quería darle más explicaciones, aún no se sentía preparada y el tema de Álex era algo que solo lo había hablado con su gente más cercana. Mierda, y con Lexa. Se quedó pensando unos segundos en porqué se lo contó a Lexa, sí, estaba en plena conmoción, pero igualmente nunca había hablado del tema con nadie que no formara parte de su vida, mínimo, diez años atrás.

Nylah la devolvió a la realidad sacándola del ensimismamiento en el que se había metido.

-Eso es una de las cosas que me gustan de ti, eres decidida y aunque te pongan trabas para conseguirlo, siempre buscas otra manera para poder lograrlo -Le dijo Nylah que le devolvió el beso y la abrazó.

Se sentía a gusto entre sus brazos, y lo más importante, no sentía culpa. Le devolvió el abrazo, y por pura necesidad de sentir aún más, la apretó contra su cuerpo. Nylah se dio cuenta de esa necesidad y le respondió intensificando un poco más ese abrazo. Poco a poco se fueron separando, pero Nylah se frenó y le agarró ambas manos entrelazando sus dedos.

-Eres increíble -Sentenció Nylah mirándola intensamente a los ojos haciendo que se ruborizase.

De un impulso le sujetó la cara con ambas manos y la atrajo otra vez hacia ella posando un suave beso en sus labios, un simple roce, aunque rápidamente notó la lengua de Nylah pidiéndole permiso y algo en su interior se prendió. Empezó a perder el raciocinio e intensificó aquel beso, a los pocos segundos ya se estaban devorando haciéndole perder el control de sus manos que empezaban a actuar por si solas posándose en la cadera de la rubia, la cual deslizó las suyas hacia su trasero.

-Espera, espera, quiero ir despacio y me lo estas poniendo muy difícil -Le dijo con la voz entrecortada.

-Lo siento -Respondió con una sonrisa tímida abrazándola después y escondiendo la cara en su cuello -Yo también quiero ir despacio, Clarke -Se separó para hablar y mirándola a los ojos continuó -No sabes el tiempo que llevo deseando esto, y ahora que lo tengo no querría estropearlo por nada del mundo -Le dijo mientras le regalaba otra sonrisa y le acariciaba la cara con el pulgar -Iremos a tu ritmo, ¿Si?

Asintió con la cabeza y le devolvió la sonrisa. A cada paso que daban se sentía más cómoda y se convencía más de lo perfecta que era para ella.

-Tienes algo en la nariz -Comentó cambiando de tema y Nylah la miró extrañada -¡Justo aquí!

Sin que lo viera venir le manchó la nariz con tinte mientras rompía a reír y se alejaba todo lo posible de ella a pesar de que sabía que no podría ir muy lejos en esa celda de metro y medio. No tardó en escuchar un te vas a enterar. Ven aquí y a los pocos segundos estaban envueltas en una guerra de tinte. Acabaron como un cuadro de Picasso, versión Barbie. El rosa estaba por todas partes, se lo habían pasado de puta madre entre risas y tonterías, pero iba a ser la leche de difícil limpiar todo ese desastre. Obviamente, le pediría a su compañera de guerra que la ayudara. Para lo bueno y para lo malo, amén.

Finalmente, quedaron tumbadas en el suelo boca arriba, con sus manos entrelazadas, la respiración aún agitada por esa guerra de tinte y admirando el mural que había creado en el techo. Y en ese instante, con Nylah a su lado, sintió que nada podría ir mal.

-No te lo vas a creer, pero me ha sobrado tinte -Se le escapó una risita -¿Te atreverías a hacerme una mecha en el pelo? -Giró la cabeza para mirarla a los ojos -Siento que justo en este momento empieza un cambio en mi vida y necesito plasmarlo físicamente -Le explicó a Nylah que le estaba sonriendo asintiendo con la cabeza -Alma de artista, ya sabes... -Rió mientras se tocaba un mechón de pelo con la mano que tenía libre.

Después de una sarta de crueles amenazas hacia Nylah para evitar que la muy descerebrada le tiñera el pelo entero de fucsia, procedieron a limpiar la celda de todo ese desastre rosa que habían montado, aunque más que una celda parecía una habitación de burdel para unicornios. Y menos mal que se ofreció ella misma para ayudarla a limpiar y no tuvo que seguir con sus amenazas, porque con el tema de su pelo ya había agotado todo su repertorio.

Dos horas más tarde y una vez terminado el duro trabajo de limpieza, el cual las dejó realmente cansadas, sucias y sudadas, decidieron darse una merecida ducha. Le costó unas cuantas súplicas conseguir que Nylah se quitara la idea de ducharse juntas. Quería ir despacio ¿Tan difícil era de entender?

Estaba enjuagándose el pelo con los ojos cerrados disfrutando de ese momento de paz y relajación, aunque sentía los ojos de Nylah clavados en su cuerpo. Habían unos paneles de separación entre las duchas, pero eran tan pequeños que podías ver perfectamente el cuerpo desnudo de la reclusa de al lado, y en este caso era una visión bastante agradable.

-Puedo sentir tu mirada clavada en mis tetas -Abrió los ojos y con una sonrisa en la cara la enfocó comprobando que efectivamente tenía la mirada donde había intuido.

Nylah se sonrojó al instante y después de una retahíla de perdones y sinónimos de perdón, apartó la vista y continuó con su higiene personal.

Enseguida se sintió mal, entendía que podía ser duro de cojones tener a tu lado completamente desnuda a la persona que te gusta, básicamente porque lo estaba viviendo ella misma con Nylah, pero lo sabía disimular mejor. Menudo cuerpazo se gastaba su rubia.

-Ven aquí, tonta, dame un beso -Le pidió con tono gracioso y alargando la mano para atraerla hacía ella.

Dicho y hecho, nunca había visto a nadie actuar tan rápido ante una petición, virgen santísima, y mentiría si dijera que no estaba deseando besarla ella también. Le estaba encantando sentir ese cosquilleo en la entrepierna mientras el beso iba intensificándose. Tanta intensidad dio vida a sus manos que empezaron a actuar de nuevo por su cuenta acariciando la espalda mojada de Nylah, y esta vez no llevaban ropa de por medio, así que era la hostia de difícil poder contenerse, y tampoco ayudaba que el diminuto panel que las separaba de cintura para abajo le dejara notar como sus pechos se rozaban con los de su rubia volviéndola completamente loca. Tiró de sangre fría y con mucha fuerza de voluntad consiguió volver a cortar el intenso momento. A la otra parte no pareció importarle en absoluto aquella interrupción y continuó regalándole sonrisas y miradas jugetonas desde la ducha de al lado.

Se lo estaba poniendo realmente difícil, no sabría por cuánto tiempo podría contener sus instintos, pero es que estaba acojonada con el siguiente paso, porque sexo había tenido en muchas ocasiones después de la muerte de Álex, pero sexo con sentimientos de por medio, no, y el miedo que estaba sintiendo en esos instantes era de proporciones bíblicas.

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Se encontraba frente a la celda de Emori compartiendo consigo misma un último debate antes de arriesgarse a que la pillaran. La serie en la que se había convertido su vida estaba en ese punto en el que los espectadores estarían gritándole al televisor que no lo hiciera, seguro, ella misma lo había hecho millones de veces con Nicole, ¿Pero qué probabilidades había de que la pillara? Se había asegurado de que Em y su mamut estaban en el gimnasio que había en una de las alas del patio y, personalmente, hasta ahora no le había ido tan mal eso de arriesgarse.

Cogió aire y sin pensarlo ni un segundo más, entró en la celda con decisión porque cuanto antes acabara con el tema de la tarjeta del puto mal, mucho mejor; primero miró debajo del colchón, sabía que no encontraría nada, pero era Emori, todos sabían de su falta de intelecto, así que lo intentó.

-Bueno, resulta que no eres tan lerda al fin y al cabo... -Se dijo a si misma en un suave susurro.

Continuó por los dobladillos de las cortinas, idea que sacó de Wentworth, pero tampoco obtuvo suerte; volvió a la cama y sacó la funda de la almohada, la cual palpó entera mientras se reía internamente pensando en que nunca había manoseado así ni el cuerpo de una mujer. "Dios, céntrate, está en juego tu vida, imbécil". Al no encontrar nada en esa zona, se dirigió hacia el retrete, y con mucho asco y arcadas contenidas, lo inspeccionó a fondo. Después de eso tenía claro que iba a lavarse las manos con aguarrás. Solamente le quedaba por inspeccionar las dos estanterías casi vacías que tenía en el lado contrario de la cama.

-Maldita peluquera, ahora resulta que es lista y todo -susurró de nuevo -¿Dónde la habrá puesto? Piensa, Clarke, piensa -Se dio unos golpes en la frente con del dedo indice.

-Mi inteligencia opina que dentro de unos minutos vas a estar muerta.

Infartada. Así se había quedado tras las palabras de Emori a sus espaldas. Se giró despacio porque su cuerpo no podía ir más deprisa por la tensión del momento. Emori estaba apoyada en el marco de la puerta y una sonrisa diabólica dibujada en su cara. Se fijó que había dejado la puerta entreabierta y pensó que si gritaba quizá alguien la escucharía, pero no podía ni respirar, ¿Cómo iba a gritar?.

Aquella individua, que no merecía ni ser nombrada, la miraba como sopesando alguna decisión en su cabeza, miró sus manos y se encontró con una de ellas jugando con un jodido bisturí. Subió su vista rápidamente para conectar sus miradas y tragó saliva porque sabía perfectamente lo que pasaría a continuación.

Iba a morir, estaba segura, no había hecho ejercicio en su puta vida y mucho menos había practicado algún deporte relacionado con defensa personal, joder, es que de tanto ver series la teoría se la sabía a la perfección, pero la práctica era otro cantar, y cantar cantaba bien, pero en lo demás era un puto desastre.

-No tienes porqué hacerlo -Le salió la voz temblorosa.

Pero mientras intentaba la forma de salvarse una vez más mediante aquellas palabras, pudo comprobar que había sido en vano cuando Emori se abalanzó sobre ella, cayendo sobre la cama e inmovilizándola contra el colchón con una de sus manos agarrándole la muñeca por encima de la cabeza; mientras tanto, ella ejecutaba la misma acción sujetándola de la muñeca que portaba el bisturí intentando evitar ser apuñalada.

-No tengo porqué no hacerlo -Respondió Emori con una sonrisa amenazadora -Y eres peor que un puto grano en el culo.

Empezaron a forcejear y a los pocos segundos sentía como ya perdía fuerzas. El bisturí poco a poco se acercaba más a su cuello y no podría aguantar mucho más. No podía morir, no quería, joder. Si salía de ésta iba a ir al gimnasio cada día durante toda su maldita condena.

-¡Para! Haré lo que quieras, lo juro -Suplicó.

Emori cesó el ataque y la miró confusa un instante, se incorporó sentándose encima de ella ingeniándoselas para atrapar ambos brazos bajo su cuerpo y así no darle opción de hacer ninguna tontería. Al final la desgraciada no solo no era lerda, sino que era la reina de la extorsión.

-Tienes razón, puede que sí quiera algo de ti antes de matarte -Dijo mientras paseaba el bisturí suavemente por su cara, pero sin llegar a cortarla.

Después de unos intensos segundos en silencio con el bisturí en su cara y la mirada lasciva de Emori, ésta le dio un tirón a su camiseta rasgándosela y dejando al descubierto parte de sus pechos. Volvió a sacar a pasear el bisturí, pero esta vez desde su cuello hasta sus pechos mientras la seguía devorando con la mirada. Empezó a latirle el corazón demasiado deprisa cuando vio como cogía la tira de su sujetador y empezaba a cortarla lentamente, disfrutando del momento; como acto reflejo se revolvió debajo suyo haciendo que aquella psicópata posara la hoja del bisturí en uno de sus pechos mientras negaba con la cabeza, dándole a entender que aquello no había sido una buena idea.

-Eres indomable en la cama, ¿Eh, Griffin? Me gustan las chicas difíciles -Dijo mirándola a los ojos -¿Sabes lo que también me gusta? Que griten.

Joder, que la matara ya y acabara con esa agonía.

-Aunque esta vez quiero que guardes silencio, ninguna de las dos queremos que se me vaya la mano ¿No? Al menos no tan pronto... -Alargó la última palabra mientras que con el bisturí comenzaba a hacerle un corte bastante pronunciado encima de uno de sus pechos.

Gritó a pesar de que la peluquera psicópata le había dicho que no lo hiciera, aquel dolor era demasiado fuerte y le estaba quemando por dentro; fue un grito desgarrador, el cual fue rápidamente ahogado por la mano libre de Emori que tapaba su boca.

Cuando terminó el corte, se agachó con la mano aún tapando su boca y se acercó a su oído para susurrarle un "ssssshhhh". Se separó lentamente de ella dejando el espacio justo entre ambas para poder lamerle un lado de la cara, de abajo arriba, despacio y saboreándola. Dios, iba a vomitar.

Intentaba mantener la compostura aun con el pánico en el cuerpo, pero algunas lágrimas rebeldes caían sin remedio; no quería morir, le quedaban demasiadas cosas por hacer y una vida que rehacer al salir de ahí. Cerró fuertemente los ojos esperando que terminara ya con lo que sea que pensara hacer con ella aquella pervertida psicópata, así que se rindió y se dejó a su suerte porque ya no podía hacer nada más.

Pensó en Nicole y en sus padres, ellos se tenían el uno al otro, pero Nicole solamente la tenía a ella, "Lo siento, Nics", por lo menos le había dicho que la quería la última vez que se vieron en el vis a vis, pero a sus padres aún ni les había llamado, "Os quiero, lo siento tanto...". No pudo evitar pensar también en Álex, su Álex, que seguramente en esos momentos le estaría diciendo lo idiota que era por no haberse apuntado a kick boxing con ella cuando le insistió tantas veces, se le escapó una sonrisa al imaginarla, y la verdad es que si le hubiera hecho caso en su día, en esos momentos las probabilidades de morir habrían disminuido considerablemente. "Voy a reunirme contigo, cariño".

Mientras se estaba despidiendo mentalmente de todos sus seres queridos dejó de sentir esa presión en su cuerpo notándose de repente liberada. Abrió los ojos rápidamente encontrándose a Emori en el suelo y a Octavia a su lado tendiéndole una mano y gritándole un "levántate de una vez y tápate esos pechos, rubia estúpida". Lo estaba escuchando todo con eco y distorsionado, como si fuera un sueño y pasara a cámara lenta, aun así logró aceptar la mano que Octavia le tendía y nada más ayudarla a incorporarse, Octavia se giró y le propinó una patada en la cabeza a Emori dejándola inconsciente en el suelo. Salieron de la celda cerrando la puerta tras ellas y largándose de ahí lo más rápido que pudieron.

Lograron llegar a la salita común de su bloque sin que nadie las viera, y por fin pudo respirar. Se sentó en el sofá que estaba libre y echó la cabeza hacia atrás intentando relajarse mientras escuchaba como Octavia les contaba lo ocurrido a las ahí presentes, tenían que ser una piña y su coartada.

-Clarke, haz el favor de taparte con algo esos pechos, en serio, no puedo dejar de mirarlos -Le dijo Octavia completamente seria -Y que alguien le cure ese corte, no puede ir a la enfermería, nadie debe saber lo que ha pasado, ¿Queda claro?

No escuchó respuesta por parte de ninguna de ellas, así que levantó la cabeza para ver qué estaba pasando, encontrándose con Allie, Brenda, Kim, Lexa y Luna asintiendo con una efusividad pasmosa, las llevaba a todas a raya esa sabandija salvadora.

-Lexa, ¿Te ves capaz de curarle el corte a Clarke sin desmayarte? -Dijo Octavia dejando escapar una risita.

-Tranquila -Interrumpió -Cuando Nylah vuelva ya me ayudará ella -Le dijo a Octavia después de observar a Lexa.

Llevaba varios días notando algo rara a Lexa, la veía apagada y más pensativa de lo normal, parecía haber vuelto a su estado de autómata; tampoco es que fueran grandes amigas, pero desde el día del motín se habían unido bastante, se reían, se buscaban y lo más importante, se sentía a gusto de la hostia al lado de esa maniática de ojos verdes. Le dolía pensar en la distancia que se había creado entre ellas, no quería perder lo poco que tenían, pero viendo la cara que se le quedó cuando Octavia la medio obligó a curarla prefirió dejarle su espacio aunque no entendiera qué mierda le había hecho.

-No, ese corte no tiene buena pinta, hay que curarlo cuanto antes, ven, vamos a mi celda -Le dijo Lexa totalmente inexpresiva pero decidida mientras se levantaba e iba hacía su celda.

No iba a ser ella la que aumentara esa distancia, así que sin decir ni una palabra se levantó y se encaminó hacía la celda de Lexa.

-¡CLARKE! Las tetas, ¡JODER! -Soltó Octavia totalmente desesperada.

De verdad que lo intentó, pero no pudo evitar girarse para encarar a Octavia mientras se quitaba la camiseta y sus pechos quedaban totalmente al descubierto dentro de ese sujetador negro que estaba usando. Y sin dejar de mirarla a los ojos, le guiñó un ojo y le sacó la lengua bajo las risas de las demás reclusas. Maldito humor, un día le traería problemas.

Entró en la celda de Lexa encontrándosela sentada en la silla con un algodón en una mano, desinfectante en la otra y la mirada perdida en un punto de la pared. Por el amor de Dios, era rara de cojones, pero era su rara favorita en esa prisión. Pensó que sería mejor taparse un poco, así que volvió a ponerse la camiseta, sería mejor enseñar parte de sus pechos que los dos al completo¿No?

Como Lexa seguía sin mirarla ni decirle nada, avanzó y se sentó en la cama quedando así en frente de ella y de su instrumental de cura. La miró y vio como la castaña tenía los ojos más abiertos de lo habitual y como se había puesto bastante roja de repente. No pudo evitar soltar una carcajada.

-Lo siento, no esperaba...no esperaba que fueran tan grandes, son...son...es...es muy bonito el sujetador -Le dijo Lexa tartamudeando por los nervios y poniéndose aún mas roja.

-¡Oh! Sor Lexa ha dicho que tengo los pechos grandes -Empezó a reír -Tienes que estar realmente mal, ¿Qué te pasa? ¿Estas enferma? -Le tocó la frente con la mano para averiguar si la castaña tenía fiebre.

-Cállate, idiota -Le sonrió con malicia y le echó un chorro de desinfectante directamente en la herida.

-¡Serás mala pécora! Escuece que te cagas, ¿Es tu venganza? -La maldijo mientras se soplaba la zona para calmar ese escozor del infierno.

Lexa empezó a reír a carcajadas y sin darse cuenta estaba riéndose ella también, le había contagiado las malditas carcajadas y le había hecho olvidar ese escozor infernal. Y entre miradas divertidas y risas contagiosas, Lexa continuó con su cometido, esta vez echó desinfectante directamente sobre el algodón y procedió a dar suaves toques en la herida con él para limpiarla bien. Por un momento, se permitió el lujo de observar el perfil de su compañera, desde tan cerca era aún más perfecto. Enseguida desvió su mirada a la mano de la castaña observando su capacidad en el arte de la cura, estaba jodidamente cerca de su pecho y notó cómo le temblaba el pulso ligeramente.

-Tranquila, no me haces daño -Le mostró su sonrisa Griffin para que se calmara.

-No, no es eso. Clarke... -Empezó a decir Lexa con mucho nerviosismo en su tono de voz -Me gustaría comentarte algo, llevo varios días dándole vueltas y no encontraba el valor para decírtelo...

Empezó a sonar la sirena de las catástrofes, no recordaba como la llamaban ahí dentro, pero esa alarma las levantó de la silla y de la cama de un salto. Se miraron un instante y salieron a la carrera hacía la sala común aunque más bien parecía que se habían teletransportado. En la sala seguían las mismas reclusas que había dejado hacía unos minutos, pero además se le sumaba el agente Jasper. Cuando lo vio no pudo evitar sonreír, lo echaba de menos, sobre todo sus largas charlas durante la noche con café y algún juego de cartas, ¿No se iba de vacaciones una semana? Porque le había parecido una eternidad. Se fijó que él no estaba tan entusiasmado al verla, no sabía descifrar bien su cara, pero era algo entre asombro y vergüenza, y de repente una camiseta voladora aterrizó en su cara.

-Ponte esa puta camiseta, pesada -Escuchó la voz de Octavia a su izquierda.

Ahora sí que entendía la cara de su amigo, asombrosamente se ruborizó y con un gesto ágil se colocó la camiseta que le había tirado a la cara, literalmente, Octavia.

-Jasper ¿Qué está pasando? -Le dijo mientras se acercaba a él e iba recuperando su pálido tono de nuevo.

-Hemos encontrado a la reclusa D'Oliveira muerta en su celda, ¿Alguna ha visto algo? -Respondió Jasper completamente serio.

-Joder, Jasper, no sabemos los apellidos de todas las reclusas, ¿Podrías especificar un poco más? -Dijo Allie apareciendo en escena por su derecha.

-Emori.

Recuperó todo su tono pálido de golpe. Se giró lentamente para buscar con la mirada a Octavia, que estaba con su mismo tono de piel y la misma expresión catatónica. No emitían ni gestos ni palabras, pero con las miradas estaban manteniendo una conversación.

¿La has matado con esa patada?

Me cago en la puta ¿La he matado?

Tranquila, no diré nada

Más te vale si no quieres que termine lo que empezó el cadáver de Emori.

Tuvo que salir de ese estado porque empezaba a quedar sospechoso y volvió a mirar a Jasper.

-¿Cómo que muerta? ¡¿Qué ha pasado?! -Dijo Lexa apareciendo también en escena.

-Nos ha avisado una compañera de su bloque, se la ha encontrado tumbada en su cama con una jeringuilla colgando de la vena de la flexura del codo. Claramente ha muerto de sobredosis, aunque no teníamos constancia de que se drogara -Comentó Jasper a las compañeras que estaban a su alrededor -Si os enteráis de algo, avísame, por favor, Clarky -Le dijo directamente a ella en un susurro.

No la dejó ni responder ni reaccionar, Jasper ya se había ido en dirección al siguiente bloque y ella estaba siendo arrastrada por Octavia en dirección a su celda bajo la atónita mirada de sus compañeras y la mirada preocupada de Lexa.

No encontraba el valor para decírtelo...

Recordó las palabras de la castaña al cruzarse sus miradas. ¿Qué querría decírle?

Hasta aquí el undécimo capítulo de Azgeda. ¿Qué os ha parecido?

Nuestra "pareja" de rubias parece ser que se gustan un poco bastante...

El mamut ha quedado desamparado ¿Cómo le sentará a Luna no poder vengarse de la peluquera? o quizá ya lo ha hecho. Teorías, Teorías.

¿Quién ha sufrido por los pechos de Clarke? A Octavia la traían de cabeza y a Lexa... Ay Lexa, ese tamaño de pecho la ha descolocado

Lexa está llegando a su límite...

¡Hasta el próximo viernes! Un abrazo perezoso a todxs.