Capítulo 10
¿Qué le has hecho a esa masa? –le preguntó Rene Swan, completamente atónita-. ¡Parece que la estas torturando!
Bella miró la masa que había estado preparando y luego miró a su madre.
-No te preocupes. Prepararé más.
-Yo lo haré – dijo Rene, contemplando a su hija con gran preocupación.
Había tratado de mostrarse alegre, pero mostrarse feliz cuando se sentía tan triste era un gran desafío. Ya habían pasado casi tres semanas desde que se había marchado de Londres. Había decidido volver a su casa y empezar de nuevo. Había habido lágrimas, reproches y lamentaciones, pero también mucho amor. Que sus padres la perdonaran por todo el sufrimiento que les había causado fue un gran alivio para Bella, como también que aceptaran plenamente a su hijo.
A medida que iban pasando los días, sus padres le hacían preguntas que turbaban la paz de Bella.
-Nunca piensas antes de actuar –le había dicho un día su padre-. Se tiene que trabajar muy duro para mantener un matrimonio. Deberías haber hablado con tu marido antes de hacer nada. Era bueno contigo. ¿Por qué iba a marcharse de repente con esa otra desvergonzada? Estoy seguro que ningún otro hombre decente querría tener a su lado a una mujer como que se comporta de ese modo.
Aquella noche, Bella se fue a la cama llorando. Echaba de menos a Edward con todo el aliento que había en su corazón. Se despertaba por la noche y, en sueños, trataba de abrazarlo. Entonces, demasiado tarde, se daba cuenta de que estaba sola.
Dos días después, su madre anunció que la casa necesitaba una buena limpieza. Aquello era algo que Bella odiaba, pero a media tarde, incluso la vieja cocina relucía como nueva. Sus padres iban a acudir a la iglesia aquella noche, pero bella notó que su madre parecía más callada que de costumbre.
-¿Sabes una cosa, hija? Tu padre y yo… siempre queremos lo mejor para ti, pero no creo que hayas sabido llevar muy bien las riendas de tu vida.
Bella se sintió dolida por su comentario, a pesar de que sabía que su madre tenía razones para decir aquello. Se marchó a su cuarto y se dispuso a acostar al pequeño Timothy, quien dé vez, en cuando parecía llamar a Edward, cada vez con menos esperanza.
Entonces, oyó que alguien llamaba a la puerta. Supuso que seguramente su madre había olvidado algo, por lo que se apresuro en acudir a la puerta.
Era Edward. Atónita, Bella lo miró, boquiabierta, con el rostro lleno de lágrimas.
-¿Cómo… cómo me has encontrado?
-Saber que estabas aquí me resultó fácil. Desgraciadamente, había perdido dos semanas, pensando que seguramente estarías en Londres y que habrías encontrado un trabajo. Bueno, ¿me vas a invitar a pasar?
Bella se sonrojó y dio un paso atrás.
-Ten cuidado con las puertas. Aquí son más bajas.
Edward no dejaba de mirarla, con una gran intensidad. Seguramente se había fijado en el descuidado aspecto que presentaba, con el cabello revuelto, unos viejos vaqueros y una sudadera más vieja todavía.
Por el contrario, Edward estaba tan atractivo como siempre, como unos vaqueros negros, un jersey color crema y una cazadora negra.
-parece que tienes dieciséis años…
Juntos entraron en la cocina. Por la ventana Bella vio que había un reluciente Ferrari aparcado a la puerta de la granja.
-¿Cómo has conseguido subirlo hasta aquí?
-Con mucho cuidado. ¿Cómo pudiste marcharte de aquel modo, dejando nuestra casa y llevándote a Timothy de esa manera?
-No me resulto muy difícil después de lo que tú hiciste en la fiesta –replicó ella.
-Ya veo que no confías en absoluto en mí.
Bella guardó silencio. Su experiencia con los hombres no le había enseñado a confiar en ellos. Con Edward había vivido el día a día, pero seguro de que tarde o temprano él le partiría el corazón.
-Supongo que quieres que te hable de Tanya… de acuerdo. ¿Por dónde quieres que empiece?
Bella lo contempló atentamente, por primera vez desde que había llegado. Notó que los rasgos parecían estar más afilados, como si hubiera perdido peso. L e agrado ver que parecía arrepentido y contrito. Evidentemente, la vida con Tanya no era un camino de rosas.
-Dio mio…. Tal vez debería haber ensayado esto primero –susurró-. Tanya y yo teníamos una relación casi a distancia. Había veces en las que pasábamos más de un mes sin vernos. Su profesión le llevaba mucho tiempo y tenía que viajar por todo el mundo y a mí me pasaba lo mismo. De hecho, creo que he pasado mucho más tiempo a solas contigo de lo que pase con ella. Cuando estábamos juntos, casi nunca estábamos solos. Cuando menos la veía, mas creía que la amaba… me ha llevado mucho tiempo darme cuenta…
-¿Darte cuenta de qué?
-De que, en realidad, no conocía a Tanya. Lo que había entre nosotros era puramente superficial, que me habría casado con ella sin darme cuenta.
-Entonces, ¿Qué te hizo cambiar?
Un ligero sudor había empezado a cubrirle la frente. De repente, se puso pálido como la muerte.
-La noche en que te conocí, había entrado a hurtadillas en su apartamento para esperar a que llegara. Tanya no me esperaba… Yo quería darle una sorpresa. Cuando regresó no lo hizo sola.
-¿Había un hombre con ella?
-Creo que necesito una copa.
Bella habría querido envenenarlo en aquellos instantes. ¿Había perdonado a Tanya por serle infiel con otro hombre? Le sirvió un poco de brandy del que sus padres guardaban para ocasiones especiales. Edward se toó la copa de un trago.
-Te lo debería haber contado hace semanas, pero no quería hablar al respecto. No estaba con un hombre… estaba con una mujer.
Bella se quedó estupefacta. Nunca habría imaginado a Tanya en aquel contexto.
-¿Estás hablando en serio?
-Sí. Estaban haciendo el amor.
-Oh…
-Le prometí que no se lo contaría a nadie, pero he de admitir que no fue esa la razón por la que guarde silencio. Me sentía traicionado, humillado, sexualmente y en el resto de los sentidos. La mayoría de los hombres se consideran como buenos sementales. Cuando te enfrentas a una escena como esa, con la mujer con la que has pensado en casarte, resulta demoledora. De hecho, dudo que Tanya me fuera fiel mientras estuvimos juntos.
-Entonces, ¿Qué sigues viendo en ella? Estas describiendo una situación que la mayoría de los hombres no podría perdonar.
-Tanya está pasando un mal momento en la actualidad. Tendría que ser un verdadero canalla para pasar de largo. ¿No te diste cuenta de lo que ocurrió en la fiesta? Sue me suplicó que la sacara de la casa…
-¿Qué Sue, la anfitriona de la fiesta te lo suplicó?
-A aquellas alturas de la fiesta, el hombre que habia aparecido con Tanya en la fiesta ya se habia marchado, probablemente avergonzado del comportamiento de su acompañante. Estaba hasta arriba de droga…
-¿De droga?
-Sue la sorprendió tomando Cocaína y le pidió que se marchara, pero Tanya se negó. Billy y Sue perdieron a su hijo por culpa de la heroína hace un par de años y Sue sigue muy afectada. Yo accedí a ayudarla, no solo por su beneficio, sino también por el de Tanya. Estaba fuera de control, comportándose como una estúpida…
-Podrías habérmelo explicado primero.
-No me habrías escuchado. Te habrías molestado… además, yo tenía que sacar a Tanya de la fiesta rápidamente y sin hacer una escena. Las circunstancias eran excepcionales, pero yo confié en que tú comprenderías que estaba ocurriendo algo muy grave.
-Tienes razón… ¿Sabías que tomaba drogas?
-Antes de aquella fiesta, no tenía ni idea de que tuviera algún problema, pero ella era demasiado lista como para tomar nada delante de mí. Aquella noche yo no quería hacerme responsable de ella, pero había sido parte de mi vida durante mucho tiempo y sentí que tenía que ayudarla.
-¿Qué hiciste con ella?
-La lleve al hospital y me puse en contacto con su familia. Dos días después, la metieron en una clínica de rehabilitación. Sigue allí.
-¿Crees que tomó el mal camino por que tú la dejaras?
-No, su hermana Kate me dijo que sus problemas con las drogas y con el alcohol habían empezado mucho antes de conocerme a mí. Sabía que, en ocasiones, bebía demasiado, pero me temo que no lo consideré un problema. Además, ella no confió en mí. Sin embargo, su hermana fue muy sincera.
-¿Te culpo de los problemas de Tanya?
-No, al contrario. Aparentemente, Tanya se sentía algo confundida por su orientación sexual cuando era una adolecente. Más recientemente, la aterrorizaba ver que iba envejeciendo y cada vez le costaba mucho más ocultar el grave problema que tenia con las drogas.
-Entonces, ¿Cómo encajabas tú en su vida?
-Según Kate, Tanya me veía como un modo de asegurarse monetariamente el futuro. Cuando yo la abandone, tuvo que enfrentarse a realidades de su vida a las que se había negado a prestar atención hasta entonces. Su hermana, que es psicóloga, me ha dicho que está mucho mejor.
-Me contaron que había perdido un importante contrato con una empresa de cosméticos.
-Sí. Kate me lo explicó todo. Me dijo que se habían empezado a escuchar rumores sobre la clase de vida que llevaba.
-En ese caso, lo único que te puedo decir es que siento mucho haberme comportado como lo hice. Sentía celos de Tanya y pensé que habías decidido volver con ella. Me sentía como la segundona. Cuando me encontré con ella en la casa de tu madre…
-Ojala me hubieras contado –le dijo Edward.
-Me dijo que quería recuperarte y que se interpondría entre nosotros. Aquello me molesto mucho…
-Ya me lo imagino. Sé la poca estima que te tiene…
-De hecho, es solo culpa mía… -añadió, tomando suavemente las manos de Bella.
-No, no lo es. Si yo te hubiera hablado de las amenazas de Tanya, tú habrías comprendido por qué me molestaba tanto verla cerca de ti.
-Nunca hubo posibilidad alguna de reconciliación entre nosotros, pero si yo hubiera sido más sincero, a ti te habría resultado más fácil creerme. La verdad es… que no sabía lo que me había pasado en el momento en que te conocí. No podía pensar en otra que no fueras tú, pero me dije que estaba algo afectado por lo que me había ocurrido con Tanya.
-Te comprendo. No importa…
-Claro que importa, cara. Yo no te estaba dando lo que tú te merecías. No sé cómo ni cuándo me enamore de ti, pero fue muy rápido. Debiste notar que no podía dejar de mirarte… ¿te parecía normal?
-¿Normal? Yo sentía lo mismo –susurró Bella, sin poder creer que Edward hubiera dicho en serio que estaba enamorado de ella.
-Entonces, se produjo la más explosiva atracción entre nosotros desde un principio. Yo me resistía a la fuerza de lo que sentía por ti, porque aquello significaba admitir que solo había sido un estúpido que casi se había casado con una mujer a la que no amaba.
-¿De verdad no amabas a Tanya?
-Yo creí que sí, pero nunca estuvimos muy unidos, no del modo en que estamos tú y yo. Sin embargo, no sabía lo que significaba la complicidad hasta que te encontré a ti. Me olvidé de Tanya muy rápidamente, y, aunque te parezca extraño, me avergonzaba de ello y me obligue a tener mucha cautela sobre lo que sentía por ti…
-Sí, me dijiste que te gustaba…
-Sin embargo, ya no pude fingir más cuando desapareciste. Estaba desesperado. No podía trabajar, ni dormir. Me pasaba el tiempo recogiendo los albergues para los que no tienen casa… no tienes ni idea de lo que pase en esas dos primeras semanas. Me pareció que había bajado a los infiernos. Y estaba tan preocupado… pensé que no os volvería a encontrar.
-Supongo que tarde o temprano habría acudido a un abogado para que nos tramitara el divorcio, pero era algo a lo que no me podía enfrentar…
Edward la tomó entre sus brazos con tanta fuerza que Bella casi no podía respirar.
Nunca habría aceptado divorciarme de ti. Habría luchado. No hay nada que no hubiera sido capaz de hacer para recuperaros a Timothy y a ti… habría sido capaz de suplicar… ¿Es que no te das cuenta de lo feliz que soy contigo?
Efectivamente, Bella había presentido todo aquello muchas veces, pero sin las palabras de amor que confirmaban lo que sentía…
-Tú dijiste que te gustaba y que, con el tiempo, podrías tomarme cariño. Me pareció tan vacio de sentimientos… era como decir que jamás te podrías enamorar de alguien como yo.
-No sabía lo que decirte ni cómo tratarte, pero te aseguro que no lo dije con la intención que tú lo tomaste. Me daba miedo mezclar y decir la palabra amor tan pronto después de mi ruptura con Tanya…
-¿Y me engañaste deliberadamente?
-Sí, porque sentía que, si no, me rechazarías. ¿Acaso no te empezaste a preguntar de que planeta era yo cuando te pedí que te casaras conmigo solo unos días después de conocerte? Me aferre a la primera excusa que se me ocurrió para no volver a separarme ni de Timothy ni de ti. Por cierto, ¿dónde está?
-En la cama. Puedes ir a verlo si quieres –dijo Bella. Se sentía dichosa de que ya no hubiera nada que ocultar entre ellos-. Te amo tanto…
-Yo también te amo, tesoro mío…
Bella lo acompaño al dormitorio, que estaba en la planta de arriba, para que viera al niño. De repente, Timothy abrió los ojos y los miro fijamente. Entonces con gran esfuerzo, se puso de pie en la cuna por primera vez.
-¿Cuándo ha aprendido a hacer eso? –preguntó Edward.
-Es la primera vez que lo consigue.
El niño parecía tan sorprendido como ellos de lo que había conseguido. Entonces, sonrió, pero cometió el error de soltar la barra de la cuna a la que se había agarrado y cayó sobre el colchón con un gruñido de decepción.
Edward tomó al niño en brazos.
-¡Eres muy listo! ¡Mamá y yo estamos muy impresionados!
Después de tantas emociones, les costó un poco que el niño se volviera a dormir, pero al final, el agotamiento paso factura.
Mis padres llegaran muy pronto a casa –dijo Bella, cuando estaban en lo alto de las escaleras.
-No. Van a pasar la noche en un hotel.
-¿Cómo has dicho?
-Vine por primera vez ayer por la tarde, tú estabas de compras con Timothy. Tus padres me invitaron a pasar y me sometieron al tercer grado. Me sugirieron que viniera a verte esta tarde, cuando ellos estuvieran fuera, pero los preocupaba que no tuviéramos tiempo suficiente de limar nuestras diferencias…
-¡No me lo puedo creer! ¡No me dijeron nada!
-Me contaron que tal vez me costara un poco convencerte para que regresaras conmigo, así que se me ocurrió la idea del hotel.
-¿Cómo has sido capaz de echarlos de su propia casa? ¡No han estado en un hotel en toda su vida!
-Lo sé, me lo dijeron. Y a tu madre pareció emocionarla mucho la idea.
-Ya veo que te los has ganado…
-Estamos empatados. Tú tienes a mi madre de tú parte.
-Eso es imposible.
-Por cierto, ¿es esa tu habitación? –Preguntó él, metiéndose en el dormitorio-. Me encantan las flores y todos los volantes que tienes –bromeo, tirando de ella para que entrara al cuarto.
Acaricio suavemente los rizos castaños y la besó con una inmensa ternura, tanta que ella se echó a temblar. Era maravillosa sentirse amada.
-Eres tan hermosa y te amo tanto que me duele –confesó Edward -. Cada vez que pienso que podría no haberte conocido, el miedo se apodera de mí y…
-Yo también te amo…
A partir de entonces, el deseo se hizo el amo. Se quitaron la ropa entre frenéticos besos. Aquella era una nueva dimensión para su amor. Se habían pasado tres tristes semanas separados y sentirse juntos de nuevo era un regalo muy especial…
Después de la pasión, se abrazaron llenos de paz y gozo.
-¿Hablabas en serio cuando me dijiste que tu madre estaba de mi lado?
-Fue a Londres porque se sentía muy avergonzada por el modo en que te había tratado. Así fue como me enteré de que conocías a Tanya. Cuando mi madre se entero de que me habías abandonado, todo lo que me dijo fue que no la sorprendía en absoluto. ¿Cómo pudiste decirle que yo te había dicho que podría sentir cariño por ti?
-Te lo mereces…
-Por cierto, nunca me disculpe por permitir que fueras sola a ver a mi madre. Mi madre lo dramatiza todo tanto…
-No le habías dicho nada sobre mí.
-Se lo conté todo en Londres y por eso ahora ocupas el lugar más alto en su estima. Te considera la mujer que me rescató de las garras de una perdida y que salvó a mi familia del escándalo. Cuando se enteró de que habías estado tomando clases de italiano, se convenció todavía más de que yo no te merecía…
-¿Cómo has sabido eso? ¡Oh, no! ¡Se me olvido cancelarlas!
-Tu profesora llamo por teléfono y le dije lo mismo que a la niñera: que te habías marchado por una emergencia familiar. No le podía decir a nadie que te habías marchado porque yo mismo no podía soportar la perspectiva de que no volvieras.
-Si me hubieras contado la razón de que por qué rompiste tu compromiso, nunca me habría marchado.
-No quería que pensaras menos de mí…
-¿Qué pensara menos de ti? ¿Cómo?
-Creí que pensarías menos de mí si sabias la verdad. Que mi prometida se hubiera refugiado en otra mujer…Tal vez te parezca una tontería, pero tenía miedo de que te desaparecieran las estrellas que te brillan en los ojos cuando me miras.
-¿Y te gustan esas estrellas? –preguntó Bella. Edward asintió-. Pues todavía las tengo –añadió, abrazándose a él con fuerza. Le parecía que lo quería más que nunca…
-Estoy loco por ti, tesoro mío. Asegúrate de que me lo dices si sientes alguna vez que esas estrellas se van apagando.
-Tendrás que mimarme mucho…
-Eso no es problema. Mimarte y adorarte será una tarea muy placentera –añadió, colocándola en una posición más intima con respecto a él…
-Te amo, cara…
-Te amo, Edward…
Como todo lo que empieza debe terminar, aquí el capítulo final… espero y les haya gustado.
Pero no desesperen que aun hay un pequeñísimo epilogo.
