Disclaimer: No es mío, si lo fuese, el asunto de John el Rojo igual seguiría enredado y con muchas preguntas por contestar, pero al menos se verían a Jane y Lisbon, intentando avanzar en la investigación.
A/N: Un capítulo de sospechas, intrigas, pistas, enredos y desenredos, a través de una conversación con matices profundos entre Jane y Lisbon. Espero lo disfruten. Abril, muchísimas gracias por la observación de mi error en la redacción, corregido xD
11. Redes
- …93, 92, 91, caminas despacio, sientes la arena de la playa entre tus dedos, 90, 89, 88, escuchas el vaivén de las olas, te sientes liberada –Jane hablaba suavemente, mientras aleteaba su brazo frente a ella para comprobar que había logrado hipnotizarla-.
- Muy bien Madeleine; ahora quiero que volvamos a ese día de diciembre, cuando atentaron en contra de Todd Johnson, dime qué hiciste esa noche antes de salir del CBI.
Pismo Beach había sido el lugar escogido para reunirse; era un pequeño poblado de a lo mucho 9000 habitantes, siendo el atractivo principal, sus hermosas playas cuyas aguas del pacífico, atraían especialmente a los amantes del surf. Jane y Hightower se habían reunido en un motel barato cerca del boulevard que daba al muelle. Él bromeo un tanto; le dijo que parecían amantes, viéndose cada cierto tiempo en una ciudad ajena para no ser descubiertos; el chiste tomó mayor relevancia cuando estacionó frente al motel; "bromeas", le dijo ella; "ya llevamos varias citas Madeleine, es hora de entrar en acción", le respondió él jocosamente. Luego de explicarle y convencerla de que necesitaba hipnotizarla para que recordara personas claves que pudieran ser el posible topo, ella accedió a sus peticiones sin mayor inconveniente.
- Es tarde y quiero irme a casa para estar con mis niños –dijo Hightower con una voz relajada-, pero necesito dejar todo listo para la reunión del día siguiente.
- Dónde estás en esos momentos.
- En mi oficina, pero debía salir a buscar unos registros que necesitaba para completar la presentación que estaba preparando.
-Entonces ¿qué hiciste luego?
- Me dirigí al sótano, esos registros están guardados en el depósito 02B; comenzaba a arrepentirme de haber dejado ir temprano a Kelly; pero es una buena asistente, ese día había trabajado mucho.
- Es cierto, es muy dedicada; así que fuiste tú misma por los registros, dime ¿qué hora era cuando bajaste al sótano?
- Las 9:10, lo sabía porque miré mi celular antes de salir de la oficina –Jane y Smith, para ese entonces, entraron a la celda y encontraron a Todd a las 9:20 pm aproximadamente-.
- Bien, ahora quiero que me digas exactamente a quién te encontraste en el recorrido de ida y vuelta, mientras fuiste al depósito 02B –Jane no le había mostrado la lista de sospechosos a Hightower; quería primero escuchar su relato, para ver si algún nombre de los que allí estaban, coincidían con su versión-.
- El CBI estaba casi desierto –relataba Hightower con sus ojos cerrados-; decidí ir por los registros y trabajarlos desde casa, así que cerré la oficina y llevé mis cosas conmigo, me dirigí hacia el ascensor y allí estaba Bertram esperando; nos saludamos, me recordó la importancia de la reunión pendiente; como si yo no lo supiera, ni que fuese idiota –se quejó ella; Jane se limitó a sonreír-, él salió del ascensor en planta baja, nos despedimos.
De planta baja a los calabozos todavía faltaba bajar unos tres niveles; a Jane le pareció un poco difícil que en menos de 10 minutos Bertram se movilizara desde planta baja hasta los calabozos, buscara los instrumentos necesarios para prenderle fuego a una persona y salir de allí antes de que él y el guardia pudieran verlo. Analizaba todo ello mientras seguía escuchando a Hightower.
- En planta baja, luego que Bertram salió, quedé sola; el ascensor pasó el nivel del estacionamiento sin detenerse y luego abrió sus puertas en el nivel del sótano; no había nadie; por lo menos yo no vi a nadie, me dirigí hasta el depósito 02B y saqué el registro que necesitaba, quizás me demoré allí unos 05 minutos, porque ya sabía exactamente dónde buscar.
- Y de regreso, ¿viste a alguien? –preguntó Jane ansioso, pero con voz suave-.
- El ascensor ya iba por planta 04, así que decidí tomar las escaleras, sólo tenía que subir un nivel hasta el estacionamiento para tomar mi camioneta e irme –Hightower frunció el ceño y aceleró un poco la respiración-
- ¿Qué viste Madeleine?
- Antes de abrir la puerta que daba hacia el estacionamiento, escuché unos pasos subiendo los escalones que estaban un poco más arriba; no lo recordaba antes.
- Porque no era significativo para ti, para esto nos sirve la hipnosis, ayuda a recordar pequeños detalles que creímos olvidados, dime ¿qué recuerdas?
- Fue muy rápido, pero vi una figura atravesando fugazmente los escalones para salir hacia planta baja; tenía una larga cabellera rojiza, ¿Van Pelt? –Hightower hizo una breve pausa-, si, era Van Pelt.
Jane sintió como algo dentro de sí se derrumbaba poco a poco, como fichas de dominó cayendo una tras otra; la desilusión, la incertidumbre y un tanto de asco se mezclaban en su mente y cuerpo; ¿acaso podría ser la persona que tanto ansiaba encontrar? Antes de planta baja solo estaba el nivel del sótano y luego los calabozos; así que indudablemente regresaba de este último nivel; además, la hora coincidía atrozmente con el incidente de Todd. "Maldición, ¿cómo pude estar tan ciego? ¿Cómo se me pudo pasar alguien así? ¿Tan cerca de mí, tan cerca de todos? Maldita sea" se recriminaba entre la rabia y el dolor-.
- No vi a más nadie –casi olvidaba que Hightower seguía en hipnosis-, tomé mi camioneta y salí del CBI.
-R-
Los Ángeles, 04 horas después:
Escuchó unas risas cómplices mientras se acercaba al sofá que había dispuesto para él, en su espacio de trabajo en el FBI.
- Te lo juro, siempre funciona; háblales de sus madres y terminarán confesando todo, bien sea por rabia o por tristeza –Lewis (medio sentado en una de las esquinas del escritorio de Lisbon) le relataba a ella sus experiencias como interrogador-.
- Yo prefiero basarme en los hechos –le respondió Lisbon sonriendo. En ese instante vio a Jane entrar, cruzaron brevemente sus miradas; supo de inmediato que algo raro le sucedía-.
- Hey Jane –le saludó Lewis, al verlo acostarse en el sofá- Lisbon es genial, en su primer día de trabajo ya derribó a un maleante de unos dos metros; en serio, deberíamos pagar por ver semejante espectáculo –dijo mientras le sonreía a Lisbon; ella le devolvió la sonrisa un poco sonrojada. Jane mantuvo sus ojos cerrados-.
- Sin duda es la mejor inmovilizando gente –Jane no pudo evitar recordar la noche anterior cuando lo dejó congelado en su apartamento-
- Voy a interrogarlo ¿quieres venir conmigo para comprobar mi teoría sobre las madres? –Le preguntó Lewis a Lisbon-.
- Yo paso, no dudo de tus habilidades, además necesito continuar con algo por aquí –rechazó amablemente su propuesta; en realidad necesitaba ver qué le sucedía a Jane-.
Lewis salió del bullpen, Carter y García habían salido a corroborar unas pistas y Johnson estaba en su oficina; por lo que no había nadie cercano a Lisbon y a Jane en esos momentos. Ella se acercó hacia el sofá y quedó a un lado de éste, observando a su antiguo consultor.
- Parece que te has estado divirtiendo con Lewis –le dijo aún con los ojos cerrados-.
- Un poco, es divertido; me parece que no había visto nunca a alguien de mi estatura tumbar a un sospechoso–Jane abrió los ojos y la miró-.
-Yo también me sorprendí cuando te vi hacerlo por primera vez; él tiene razón, deberíamos pagar por ver eso –le dijo mientras levantaba una de sus piernas para darle espacio en el sofá y daba pequeñas palmadas en el espacio vacío invitándola a sentar. Lisbon se acomodó junto a él, se observaron en silencio por un instante. Ella se percató de su expresión con rastros de desconsuelo-.
- ¿Tan mal te fue? ¿Estábamos en lo cierto? –le preguntó con un tanto de miedo-.
- No, es peor de lo que pensé, necesitamos hablar, pero no aquí –Lisbon asintió-.
- Estudié el expediente de Rebecca que me dejaste antes de irte, revisé los antecedentes de una de las recomendaciones personales que había puesto en él, no vas a creerme la coincidencia que encontré –Jane se incorporó, sacó lo pies del sofá y quedó sentado al lado de ella, expectante a lo que tenía que decir-
- Julie Scott, referencia personal, es nada más y nada menos que una miembro activa en visualiza; le hablé, al parecer conoció a Rebecca hace unos años atrás, cuando ésta realizó un seminario en la secta de Stiles.
- Pero por supuesto, Stiles está enredado de alguna u otra forma en esta red, aún no sé bajo qué papel, pero Rebecca es un buen vínculo por donde seguir indagando el misterio de Bret –respondió Jane con la mirada a lo lejos-.
- ¿Recuerdas a Steven? El agente que trabajó de infiltrado en visualiza –Jane asintió-, me pareció que podía ser de ayuda; supe que está acá en los Ángeles, le hablé y almorzamos juntos, conversamos algunas cosas de cuando estuvo trabajando allí.
- ¡Si que ha estado movido tu día! –le dijo Jane sin poder ocultar su orgulloso por ella- ¿Qué quieres cenar hoy?
-R-
Estaban sentados en una de las últimas bancas del Santa Mónica Pier, aquellas que daban frente al Océano Pacífico en Santa Mónica; en su paso por llegar a ese lugar, habían dejado atrás la montaña rusa y la rueda de la fortuna, así como la gente que se divertía en medio de las atracciones del lugar; tanto Jane como Lisbon apoyaban los pies en la baranda del muelle, mientras comían hotdogs como si se tratase de un manjar de cinco estrellas. Aunque al igual que las últimas veces, la comida no era plenamente disfrutada, porque siempre había una conversación atravesada con respecto a John el Rojo.
- Sácate esas ideas de la cabeza, no fue ella –le decía Lisbon con seguridad-.
- Estaba en el lugar y en el momento –replicó Jane, sacando el enojo que había guardado durante todo el día-. Además, Grace llegó al poco tiempo en que te fue asignado el caso de John el Rojo; no te has preguntado cómo una novata llegó a formar parte de una de las mejores brigadas de investigación criminal; eso es una vacante destinada a agentes con trayectoria.
- Van Pelt tiene un historial académico impecable; al final fui yo la que tomó la decisión de dejarla con nosotros ¿vas a empezar a desconfiar de mí también? –Le interpeló Lisbon con un toque de indignación-.
- Claro que no –respondió Jane mientras miraba el horizonte-, pero ahora que lo pienso bien, ella tiene todas las de perder –Jane miró a Lisbon para darle mayor énfasis a lo que iba a decirle-, ella nunca ha estado en las redadas relacionadas con John el Rojo; dónde estaba mientras todos fuimos a Tijuana por Jared; dónde estaba cuando atrapamos Hardy en Sparrow Peak; qué se hizo cuando Hightower huía del CBI cuando el caso de Johnson –Lisbon no podía creer lo que escuchaba, Jane parecía estar desvariando-, dime, quién estaba custodiando a Kristina cuando John el Rojo se la llevó de su casa, además su padre es un entrenador de fútbol.
- ¿Y qué demonios tiene que ver eso? –Le preguntó Lisbon enojada-.
- El fútbol americano siempre ha estado presente, allí tienes a Todd y a Montero, los dos practicaban ese deporte –decía Jane nuevamente con la mirada en el horizonte y tocándose los labios-.
- Oh por Dios Patrick, estás entrando en paranoia, ¿te estás escuchando? –le dijo Lisbon, mientras le miraba un poco asustada-.
- Nada de paranoia, además ella es tan apegada a esas cosas espirituales, que encaja con el perfil.
- Yo también soy creyente y eso no me hace una débil mental para caer en los juegos de John el Rojo –Jane volvió a mirarla-.
- Lo siento, no quise decir eso –dijo un tanto apenado-.
- Escúchame, Van Pelt no es el topo.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? –le preguntó con desespero, esperando muy en el fondo que le diera razones convincentes para sacarse esas ideas de la mente-.
- Es lo que he intentado explicarte desde que empezaste a divagar –le dijo casi en un gruñido-. Yo envié a Van Pelt al sótano, cuando te fui a buscar para decirte que Todd quería hablar contigo, primero me asomé al bullpen para ver si estabas en tu sofá; solo estaban Rigsby y Van Pelt; ella me dijo que tú estabas en el ático y me preguntó si necesitaba algo porque ya se retiraba, fue cuando le pedí que guardara los expedientes de los anteriores asesinatos de Todd porque ya no los íbamos a necesitar, le dije que estaban en mi escritorio y que de favor los llevara al depósito correspondiente en el sótano –Jane se sintió un poco idiota, aunque aún no estaba seguro del todo, respecto a la inocencia de Van Pelt-.
- Pero Madeleine no la vio.
- ¿Y acaso ella estuvo vigilando la entrada del sótano todo el tiempo? –le dijo Lisbon en tono irónico- Probablemente Van Pelt ya estaba dentro de uno de los depósitos cuando Hightower llegó al sótano y luego mientras ella estaba en el depósito 02B, Van Pelt salió un poco antes que ella. Por favor, no pierdas el piso –dijo Lisbon casi en un suplicio-, ayer estabas prácticamente convencido de que era Bertram y mira ahora.
Jane puso sus codos sobre sus piernas y colocó su rostro entre sus manos, agarrando su cabello y cerrando los ojos; ya no sabía qué pensar, estaba desesperado por encontrar respuestas y una salida a todo ese laberinto que se hacía cada vez más complejo, empezó a mover nerviosamente una de sus piernas, en señal de impaciencia; a Lisbon le conmovió verlo en ese estado, se veía tan vulnerable y tan abatido; John el Rojo lo estaba volviéndolo loco. Instintivamente Lisbon llevó una de sus manos hacia sus risos, los acariciaba y también acariciaba las manos de Jane que se posaban en ellos. Se acercó un poco hacia él, para hablarle cerca al oído.
- Son tus amigos Patrick, son nuestra familia –le dijo en voz baja-, te queremos y daríamos todo por ayudarte a salir de este pozo; Van Pelt al igual que Cho y Rigsby, nos ha demostrado en incontables ocasiones su fidelidad; el día en que desconfíes de tus amigos, te habrás perdido por completo.
Jane abrió los ojos, tomó la mano de Lisbon, la llevó a su boca y la besó suavemente, luego la mantuvo sobre sus labios mientras seguía mirando el horizonte. Lisbon podía sentir el sudor frío de él, así como un leve temblor que le embargaba; sabía que estaba librando una lucha interna entre convicciones, sospechas, conjeturas y sentimientos.
- ¿Confías en mí y en mi criterio? -Le preguntó Lisbon-.
- Incluso más que en el mío–le respondió Jane, pegando de nuevo su espalda al espaldar de la banca, sosteniendo la mano de Lisbon a la altura de su pecho y mirándola a los ojos-.
- Entonces créeme cuando te digo, que podría mis manos en el fuego por Van Pelt y si aún te quedan dudas, te entiendo; pero dale una oportunidad; dale tiempo a nuestras investigaciones, sigamos recopilando pruebas antes de juzgar definitivamente a alguien ¿ok? –Le pidió Lisbon mientras le miraba a los ojos. Jane se sentía terrible por desconfiar de esa forma de la gente que quería, por lo que estaba dispuesto a dar un voto de confianza y no perder la cabeza o cegarse ante los hechos-.
- Gracias por mantenerme en tierra –le dijo Jane mientras reprimía las enormes ganas de besarla-.
- Me pones las cosas muy difíciles Patrick Jane –le respondió ella con una sonrisa. Jane igualmente no pudo evitar sonreír; soltó su mano y tomó la bandeja de los hotdogs-.
- Sólo comiste la mitad de uno, anda termina la otra parte -le dijo Jane mientras le acercaba la bandeja. Ella puso una cara de asco, tomó la misma y la colocó en otro lado de la banca-.
- Ya no quiero, además está frío –se quejó-.
- Sigues sin alimentarte bien –le dijo Jane mientras examinaba meticulosamente su rostro-.
- Quizás si intentáramos comer sin hablar de John el Rojo tuviese mejor apetito –contestó ella con sarcasmo-.
- Has tenido antojos frenéticos por comida que normalmente no consumes y luego casi ni pruebas los alimentos.
- ¿Eso es un regaño?
- También te has quejado últimamente de estar agotada. No es común en ti.
- Discúlpame; quizás porque hoy me leí una y mil veces los expedientes de Rebecca y Bertram, perseguí tres cuadras a un sospechoso del tamaño de King Kong con quien luego tuve que forcejear, pasé a reunirme con Steven y para colmo lidiar con tu ataque de frenetismo –dijo Lisbon rodando los ojos. Jane sonrió-.
- ¿Cuándo fue tu última menstruación?
- ¿Y desde cuándo te interesa mi ciclo menstrual? Es que ahora… -Lisbon quedó sin palabras y abrió la boca al comprender a dónde él iba con sus preguntas y comentarios extraños; luego apretó los labios para evitar la carcajada que le estaba naciendo- Espera, ¿crees que estoy embarazada?
- No nos protegimos –le dijo Jane con cara de susto-.
- Apenas harán dos semanas de eso.
- Hay mujeres a quienes se le manifiestan los síntomas desde muy temprano.
- No tengo síntomas de embarazada; no estoy embarazada.
- Debes hacerte una prueba –sugirió Jane un poco nervioso- que tal si estás embarazada y andas pateando traseros de gorilas gigantes o te caes o alguien te golpea; no quiero que te pase nada –Lisbon se quedó mirándolo por un momento con ternura; tenía ganas de reírse, pero aunque se aguantó, no pudo evitar mostrar una sonrisa-.
- ¿Qué? –preguntó él-.
- Me tomé una píldora del día después, además ayer me vino la menstruación –le contestó mientras apretaba sus labios para no reírse-.
- ¡Eres una chica mala! –Dijo Jane con algo de vergüenza- ¿por qué no empezaste por allí?
Lisbon no sabía si era desilusión o un respiro de alivio lo que veía en el rostro de él.
- No lo sé; quería disfrutar lo más posible de tu reacción –le dijo con algo de malicia en el rostro-, ¿qué harías si hubiese quedado embarazada? ¿Cómo reaccionarías ante la idea de ser padre de nuevo? –Jane mantuvo por un momento la mirada baja; como intentando buscar las mejores palabras para su respuesta-.
- Un hijo contigo sería la mayor bendición que pudiese recibir –contestó mirándola a los ojos-, sin duda sería la criatura más hermosa sobre la tierra; pero sería muy egoísta traer una persona a este mundo, con un peligro tan atroz y latente rondando sobre sus padres –dijo él con tristeza- y por ende sobre el mismo bebe. Si en estos momentos estuvieses embarazada, me volvería loco tanto de felicidad como de miedo, así que creo que te encerraría bajo llave para que nadie te hiciera daño y con "nadie" sabes a quien me refiero -Lisbon lo miraba, mientras sentía que era imposible poder amarlo más-.
- Por eso tomé la píldora, y también te compré algunos condones por si algún día de estos, las ganas superan a nuestra razón –ambos sonrieron, luego quedaron por un momento en silencio-. Si no estuvieses tan paranoico te abrazaría en este instante –agregó Lisbon-.
- No te burles –le dijo él sonriendo. Ella se levantó de la banca y apoyó sus brazos en el barandal para admirar el mar y dejarse consentir por la fuerte brisa que invadía el muelle. Jane se unió a ella y la admiraba con descaro; le encantaba ver su cabello revolotear salvajemente y como poco a poco se sonrojaba por saberse observada de ese modo.
- ¿Quieres saber a qué conclusión llegué luego de hablar con Steven?
- Si claro.
- Debemos investigar a Craig.
- ¿O'Laughlin? –preguntó Jane sorprendido-.
- Era el único agente que mantenía contacto con Stiles, Steven solo estaba de incógnito en visualiza y simplemente se encargaba de pasar información. Pero Craig era el que se reunía con Bret, así que si alguien pudo pasar o desviar información para estancar la investigación en visualiza, ese es Craig –le dijo Lisbon con toda seguridad-, y si eso no te convence, entonces te convencerá el hecho de que fue un jugador de fútbol profesional –le dijo ella en tono de burla, él la miró y sonrió-.
- Además es el esposo de Grace Van Pelt –Jane comentó de manera sádica-.
- Basta –contestó de inmediato Lisbon-, tú mismo lo dijiste, Van Pelt es muy ingenua.
- Sólo bromeaba –le respondió sonriendo-. Entonces a investigar a Craig. Una pregunta, dices que cuando John el Rojo te tuvo secuestrada, ¿te puso música de Bach?
- Así es, ¿por qué?
- Tengo una idea –dijo Jane con la típica cara suspicaz que ponía, cuando tramaba sus planes-. Necesito ver a una vieja amiga –sonrió-.
Próximo: Lisbon lo miró con sus bellos ojos verdes, un tanto acuosos por el sentimiento, negando con la cabeza e intentando gesticular algo. Se miraron y se hizo una pausa que pareció eterna; allí estaban, en un medio abrazo: Jane con una de sus manos en su espalda y la otra en su cuello; ella con sus dos manos en su pecho; el mundo se detuvo justo en medio de esa habitación.
