Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.
Historia adulta, contiene escenas no aptas para personas sensibles, si eres menor de edad ruego sea bajo tu responsabilidad.
Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction
Beta malvada nos estamos acercando a ya sabes qué, gracias por las correcciones ;) y Yanina muchísimas gracias por cambiarme escenas y algunos diálogos, queda mucho mejor eres un amors.
Si son mayores de edad, no se les olvide ponerlo en su muro de Facebook para que cuando lo revise las pueda aceptar, las espero en el grupo:
www. facebook groups/ eraseunavez. dannysk (recuerden, sin espacios o en mi perfil pueden ir directamente al link)
—¿Mike también te acosa en el puñetero trabajo? —medio siseé, sintiéndome absolutamente un imbécil. Había creído que después de mi amenaza en la escuela él la había dejado en paz. Que estúpido e ingenuo había sido.
—Todo el maldito día, Embry lo aborrece también —comentó su amigo. Bella se puso de pie antes de fulminar a la pareja con la mirada.
—No es cierto. Olvida lo que dijeron, Edward. Será mejor que nos vayamos.
—No te molestes, Bells, ¿verdad que te tiene sin cuidado ese pendejo? ¿Verdad, Edward? —preguntó Quil lanzándome una mirada desesperada.
Némesis se materializó a mi lado, lo supe por el suave susurró de su falda en el aire, lo supe por su burlona risa cantarina. Lo supe porque el deseo de acabar con Newton no solo era un sentimiento, sino un canto en mis oídos.
"Piensa sólo en tu locura... para hacer tu paz".
-Elizabeth Gilbert
¿Han respirado hondo para controlarse y no les ha funcionado?
Bien, justo eso me estaba pasando. Ni contar hasta cien, nada. El sentimiento de odio hacia ese jodido rubio se había disparado a cotas increíbles. Por un momento me pregunté si de no tener el medicamento controlado ya habría ido a buscarlo.
Durante el camino de regreso a Forks, traté de mantener mi furia a raya. Pensando en que también había sido una noche estupenda, los amigos de Bella habían sido por mucho, los mejores que hubiera podido desear que tuviera…
Dios, pero es que mi mente cómo jodía.
Esme había dicho que mi problema consistía en la fijación, a ella le pasaba. Así que sin darme cuenta, estaba pensando en Newton, una y otra, y otra puta vez. Resultaba increíble cómo podía hundirme en pensamientos homicidas, había arruinado ya mi humor y la piel me picaba en completa ansiedad… quería un par de pastillas. Lo que me faltaba, que el puto provocara una recaída en todo mi maldito récord de logros. Tan arruinado estaba que apenas y sentí una pequeña mano deslizarse sobre la mía, entrelazándose con mis dedos.
—Gracias por esta noche, Edward.
—No hay de qué —murmuré distraídamente. Bella apretó mi mano.
—Creo que Leah de verdad está enamorada de ti. —Suspiré mirando fijamente la carretera, me alegraba poder congeniar con sus amigos, pero el mal humor estaba por todos lados ahora, rodeándome como una manta.
—Me… —carraspeé—, me agradaron también. —Había sido una noche estupenda y de verdad me rehusaba a cagarla.
—Pero…
—No hay peros —insistí, tratando de que mi voz sonara aplacada. Claro, no lo conseguí. Bella acarició con el pulgar el dorso de mi mano.
—Sé que te molestaste por lo de Mike. —Aquello de nuevo fue como una patada en las bolas, así que no fui capaz de responder—. Pero la verdad es que no me importa cuánto lo intente, él o Riley, o quien sea, para mí solo importas tú.
Me quedé en silencio meditando lo que ella había dicho. El aroma a frutas y licor impregnaba el auto y lograba calmarme. Me resultaba desconcertante todo esto, haber sido novios y luego haber terminado, ahora estar aquí con ella permitiéndome hacerlo todo bien de nuevo, pero únicamente porque no me recordaba.
—No puedo alegrarme aunque quiera por eso, Bella. Porque sé que te mereces ser muy feliz con alguien más, quizás incluso con el pendejo de Yorkie, he escuchado que también está detrás de ti, pero tampoco puedo evitar ser un egoísta de mierda. —Le di un apretón a su mano, negándome a quitar los ojos de la carretera—. Te quiero, y por eso quiero ser mejor para ti, pero vengo arrastrando un montón de cosas jodidas, soy consciente de ello. Por eso te tengo una promesa. Cuando recuperes la memoria y me eches de tu lado, aceptaré eso, no me quedaré ni un segundo más, y con eso, te prometo que no volverás a verme.
No mencioné la parte donde definitivamente perdería la cabeza y acabaría dentro de una camisa de fuerza, estaba seguro de que eso la espantaría. Cristo. ¿Qué haría cuando ella recuperara la memoria? Esa era una muy buena pregunta a la cual no tenía respuesta, no me hacía una mejor persona estar cambiando ahora para ella. Puesto que solo estaba haciendo esto por ella. Si Bella no existía en mi mundo, entonces todas las demás personas seguían valiéndome una soberana mierda. Así que si ella me dejaba, no me quedaba más que hundirme en mi maldita miseria.
—No me gustan esas promesas, no quiero que las cumplas. —Apreté la mandíbula—. Además, creo que yo también soy una egoísta de mierda, porque te dije que te voy a utilizar hasta que recupere la memoria, a sabiendas de que puedo quererte o no a mi lado cuando eso suceda. —Acarició de nuevo con el pulgar mi mano—. Elegí mis sentimientos por encima de los tuyos y te exhorté para quedarte. Así que estamos a mano, estoy segura de que todavía queda mucho por conocer el uno del otro.
Di vuelta en la calle que daba directo a su casa y me detuve unas cuantas cuadras antes. Nos quedamos en silencio, nuestras manos entrelazadas. Miré la calle cubierta de agua, neblina levantándose alrededor de la casa. En Forks al parecer ya había llovido, dejando una noche fresca y algo tenebrosa. Odiaba no poder bajarme del puto auto y acompañar a mi chica a la puerta, darle un beso de despedida y venir temprano para llevarla a la escuela, odiaba no poder sujetar su mano y esta vez tratarla como el maldito tesoro que realmente era para mí. Odiaba haber tenido todo aquello y haberlo desperdiciado.
—No hay mucho que conocer de mí, Bella. —La miré antes de sonreír con algo de amargura—. Creo que ya sabes todo lo que soy, y a estas alturas ya deberías haber visto que casi no tenemos nada en común.
—¿Ah, no? —murmuró mirando nuestras manos unidas, una sonrisa bailando en sus labios.
—No.
—Bueno, lamento discrepar contigo de nuevo. Yo te puedo mencionar algunas cosas que tenemos en común, ¿sabes? —Encontró mi mirada, aún estaba sonriendo—. Nos gustan las películas de Los Juegos del Hambre, te gusta la pizza y nos encanta la cerveza, las Corona, para ser más precisos. Te gustan los deportes y aunque me mortifique, tengo que aceptar que me gustaría verte de nuevo en el campo, eso ha de ser caliente. —Acarició mi mejilla con suavidad, logrando que una estúpida risa abandonara mis labios—. También he notado que ayudas a recoger los platos siempre que terminamos de cenar.
—Solo ves lo positivo.
—¿Piensas que no sé lo negativo? —inquirió, elevando una delineada ceja—. Por las historias que he escuchado, nuestra relación estaba basada en largas fiestas donde la gente se comportaba como idiota y solo platicaban del juego y nada más. Créeme, estoy enterada. —Suspiré pasándome una mano por el cabello—. Por eso sé que estás cambiando y además, existen un montón de cosas que me faltan por conocer…
Su mirada se oscureció, cargándose de deseo y su pequeña mano descendió hasta mi pecho, no había nada más que decir, sabía a qué se refería, me reí entre dientes.
—Te controlan demasiado las hormonas. —Ella me miró antes de soltarse riendo, una carcajada de hecho que recorrió mi piel por entero.
—Y tú pareces un señor de noventa años, no parece que tuvieras diecisiete.
Y así nos quedamos un rato más platicando en el auto, el ambiente tenso otra vez saliendo por la ventana, dándome esperanza de que tal vez podríamos salir adelante, podría hacer bien esto. Bella realmente era hermosa, y no solo por fuera, su compasión lograba calentar mi corazón como nadie. El cabello largo y en ondas caía despreocupadamente entre sus abundantes pechos, se encontraba cómodamente sentada de lado, gesticulando con las manos mientras parloteaba y se reía al recordar a Leah y Quil.
—¿Entonces Quil dijo que Leah le gustaba? —Me encogí de hombros.
—Lo haces sonar como que soy un maldito soplón o algo. —Bella se soltó riendo mientras negaba incrédula.
—Pobre Embry, la verdad es que también está enamorado de ella, que confuso. —Asentí mirándola antes de juguetear distraídamente con nuestros dedos unidos.
—Si no hubiera nada entre nosotros, hipotéticamente hablando, y yo le gustara a Leah, tú… ¿te habrías hecho a un lado?
—¿Hacerme a un lado? —Me miró de arriba abajo, con esos ojos castaños cargados de lujuria e indignación—. Más bien le habría dicho: ¡a un lado, zorra, lo vi primero!, hipotéticamente, claro. —Sonreí negando—. ¿Y si fuera lo contrario, si Quil o Embry se fijaran en mí? —Suspiré mirando hacia la calle desierta—. Te habrías hecho a un lado.
Odié la certeza que empañó su voz, pero más me odié por haber traído esto siquiera a colación.
—Si alguien te hubiera olvidado porque fuiste una mierda, ¿lo volverías a buscar?, ¿te aparecerías por ahí queriendo entrar en su vida de nuevo?, ¿esperarías a que te recordara y después te echara de su lado?, ¿le contarías incluso las cosas amargas de su pasado, angustiando así su nueva vida?
—¿Hipotéticamente? —preguntó elevando una ceja.
—Es decir, si ese alguien…
—Supongamos que se llama… Joe. —Suspiré mortificado.
—Bueno, ¿tú crees que Joe no sentiría un montón de remordimientos de mierda, y por eso siempre se haría a un lado? —Bella me acarició la mano, como si intentara calmarme.
—Pienso que él debería dejar eso de lado, si quiere algo todavía con… supongamos que se llama Jane, yo creo que debe luchar por ello —sentenció antes de suspirar. Yo me quedé frío ante la estúpida mención de Jane, aunque fuera hipotéticamente hablando, Bella en cambio, prosiguió—: ¿Qué crees que haya visto Joe en Jane para sentirse atraído en un principio? —Me removí incómodo en mi asiento.
—Bueno, creo que Joe estuvo durante muchos meses mirando a Jane animar al equipo, sabía que ella tenía novio, pero eso no impedía nada. Siempre le pareció jodidamente hermosa y quería tenerla, sin importar sobre quién tuviera que pasar —bufé—, desde ahí podemos ver lo bastardo que es Joe.
—Todos podemos mirar, no culpes a Joe. —Rodé los ojos—. Habiendo tantas chicas al parecer igual que ella, ¿por qué crees que estaba tan intrigado con Jane?
—No eran igual que ella —aseguré acariciando con suavidad su mejilla—. Jane siempre había sido distinta, no andaba por ahí exhibiéndose con su novio como las demás, me intrigaba —carraspeé—. Le intrigaba a Joe hasta lo insano.
Escuchando mis propias palabras en voz alta, contemplando los hermosos ojos marrones que había visto por primera vez hacía ya casi dos años, me pregunté qué mierda me había poseído en aquel entonces, al grado de querer arrebatársela a Mike Newton para tenerla a mi lado como nada más que un trofeo. Tener todo lo que ese cabrón tenía era mi prioridad, desde su puesto de mariscal, hasta su chica.
—Y esta Jane, no le parecía a Joe… ¿una superficial? —Suspiré acariciando el ceño fruncido ahora entre sus cejas—. Porque déjame contarte, alguien que leyó su diario jura que era toda una superficial. ¿Vas a creer que contaba las calorías que consumía al día? No me veas así, lo leí por ahí…
Me reí, después me incliné para darle un beso suave en los labios. De todas las mierdas que pudiera mortificarle más a mi chica, esa era justamente la peor. Haber llevado una dieta o algo.
—Lo era en ratos. —Me encogí de hombros—. Vanidosa, y a veces un tanto petulante, pero a Joe no le importaba nada de eso, creo que en realidad solo le importaba acostarse con ella, era un bastardo. —Bella suspiró mirando sus manos en su regazo—. Lo siento, Bella, en ese entonces solo podía pensar en tenerte bajo mi cuerpo, y lo siento muchísimo por eso.
—No necesito que te disculpes más. —Sacudió la cabeza—. Estamos juntos ahora por otras razones y no necesito saber nada más. —Yo no pude mirarla, me sentía bastante mierda. Así que me sorprendí cuando de alguna manera ella se inclinó hasta sujetar mi rostro entre sus manos—. Ahora estoy aquí contigo, porque me gustas, y porque, definitivamente, estoy enamorada de ti.
—Esto no está bien —murmuré en voz baja contra sus labios, me sentía frustrado—. ¿No puedes verlo, Bella? De todas las cosas en las que te has visto involucrada en los últimos dos años, yo estaba ahí, y que no lo recuerdes solo me hace sentir peor. —Fijé los ojos en cualquier punto lejos de su hermoso rostro.
—Estoy enamorada de ti —repitió obstinada, por lo que disparé finalmente una envenenada mirada en su dirección—. Y no quiero escuchar que digas que esto es un error, que no es seguro o que eres peligroso, porque te voy a responder con lo mismo. —Bufé—. Ah, ya veo, no te gusta, pues bien… —bufó ella—, a mí tampoco así que grábatelo por favor.
Y sí, quizás aquello debió de escandalizarme aún más, debí gritarle de nuevo que no podía enamorarse de mí, pero no lo hice. Tampoco vino Némesis a tirarme mierda, todo se quedó en silencio mientras yo me devanaba los sesos. Maldita sea, no podía soportar la idea de estar sin ella otra vez, pero también estaba toda esa otra mierda, todas las cosas que Bella iba a sentir cuando me recordara, quizás Alice y Jasper tenían razón y cuando recordara todo, ella simplemente no iba a estar enamorada de mí, mucho menos amarme, y sin embargo me encontré diciendo:
—Bien. —Bella elevó una ceja, mirándome aún recelosa.
—¿Eso quiere decir que Joe finalmente va a dejar los remordimientos de lado? —Rodé los ojos conteniendo una sonrisa.
—Lo intentará al menos.
—Bien —repitió ella, una hermosa sonrisa dibujada en sus sensuales labios—. Estoy segura que a Jane le encantará saberlo. Por cierto… —Besó la comisura de mis labios—. Tampoco le molestaría que Joe quisiera tenerla bajo su cuerpo de nuevo.
Me solté riendo mientras negaba, y cuando comencé a besarla con apremio, pensé: «Esto estará bien, es suficiente, podemos funcionar». Sin embargo un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, de pronto sentí una opresión en el pecho.
—Por ahora —canturreó Némesis en mi oído.
.
.
.
—¿Crees que Jasper y Rosalie acepten ir a la reserva?
Respiré hondo tratando con todas mis fuerzas de no pellizcar el puente de mi nariz. Bella odiaba cuando hacía eso. Decía que prefería que le externara en voz alta mi fastidio. Así que en su lugar, di un sorbo a mi té tratando de concentrarme en la multitud de personas que nos rodeaban en el centro comercial de Seattle.
—No creo que Jasper quiera ir, nena. Lo siento. —Ella mordisqueó su labio antes de dar un sorbo a su bebida.
—¿Por Alice? —Asentí.
—Preferiría que no hiciéramos nada en mi cumpleaños, de verdad, no me gustan los festejos. —Bella rodó los ojos antes de detenerse abruptamente. Por poco le lanzo un poco de té al rostro, varias personas bufaron al tener que rodearnos pero a ella pareció no importarle, sujetó mi cintura y con ridícula fuerza me pegó a su pequeño cuerpo.
—¿Qué prefieres? Un montón de amigos míos, en su mayoría, festejando tu cumpleaños... —sonrió seductoramente antes de ponerse de puntitas y murmurar contra mis labios—: O, a mí desnuda sobre tu cuerpo. —Ja. De verdad mi chica quería matarme. Entre nosotros mi maldito miembro se endureció al instante. Carraspeé antes de dar un sorbo a mi té.
—Le preguntaré a Rose si le gustaría ir… esperando que papá no sospeche nada. —Bella suspiró desviando la mirada, así que tomé de nuevo de mi té tratando de enfocarme en cualquier otra cosa.
—Cada vez que tocamos ese tema, me haces sentir como un maldito señor queriendo robarte tu virtud. —Suspiró liberándome. Me ahogué con el té, llamando así la atención de varias personas, mi chica comenzó a darme fuertes palmadas, hasta que finalmente logré recuperar el aliento.
—Tú y tu boca sucia un día de estos me van a matar. —Ella se soltó riendo.
Ahí, en medio de la multitud, con niños corriendo, personas platicando o riendo, tomados de la mano parecíamos dos personas totalmente normales. Sin un pasado. Yo no era Edward el hijo de puta que se había portado como una basura con la chica que venía sujetando mi mano, ella tampoco era aquella chica, aunque igual se veía hermosa en ese puñetero vestido blanco. Lo peor era que no solo yo me había percatado de eso, quería mentir y decir que debíamos irnos, quería sacarla de ahí, portar algún abrigo y ofrecérselo, quería un montón de mierda del pasado. Así que sacudí mi cabeza, me obligué a sonreír antes de robarle un beso.
Ella me lo correspondió con una sonrisa, tampoco era Isabella la capitana de porristas superficial que había sido tan solo unos meses antes, no era aquella chica que había cambiado para agradarme, aquella que contaba las calorías, que exageraba la risa, que reprobaba en la escuela, que se maquillaba para aparentar la mayoría de edad. Aquí solo éramos nosotros dos, en una versión mejor de nosotros mismos.
—Me gustaría mucho que Alice, como mi ex mejor amiga, comprendiera esto y asistiera, quisiera que me apoyara. —Una extraña expresión cruzó por su rostro—. ¿Crees que si se lo pido acepte?
—No —aseguré sujetando su mentón, fijándome por primera vez en las diminutas pecas que cubrían su rostro—. Nunca fue particularmente mi amiga, no la hubiera invitado de todos modos. —Ella suspiró, no contenta con mi repuesta—. Mira, Bella, sé qué haces esto para que Jasper asista, pero te aseguro que mi hermano me puede felicitar en casa.
—Bueno… si tú lo dices, entonces te creo. —Asentí dándole un beso en la comisura de sus suaves labios.
La tienda estaba repleta, como seguramente estaban todas las tiendas un sábado por la tarde. Había sido su idea venir aquí a comprarme un obsequio, sin embargo no habíamos entrado específicamente a alguna tienda, habíamos deambulado por ahí solo riéndonos y portándonos como una pareja normal. Finalmente me empujó hacia la tienda de música, soltó mi mano y comenzó a caminar de aquí para allá, su vestido blanco marcando cada curva, ondeando con sus movimientos, era hermosa.
—¿Tocas algún instrumento? —preguntó sosteniendo una flauta. Elevé una ceja.
—Definitivamente ese, no. —Me preparé para el puñetazo que sabía que iba a recibir. Bella podía ser una personita muy violenta.
—¡Edward! —chilló golpeándome, sonreí frotando con suavidad mi pecho—. Ya en serio, ¿no tocas la guitarra? Generalmente los chicos rudos, o con aspecto rudo como el tuyo, tocan la guitarra. —Miré mis ropas, tan solo llevaba una sencilla camiseta oscura con el estampado de "The killers" unos vaqueros oscuros y mis inseparables Puma—. Estoy pensando en aquel chico que le gustaba a Leah hace un par de semanas, se llamaba… hum, ¿Collin?, tocaba la guitarra todo el tiempo, volvía loca de amor a Leah, Dios, ¿quién no vuelve loca a Leah? Recuerdo aquel día cuando un cliente…
Mientras Bella dominaba el arte del déficit de atención en voz alta, observé el movimiento de sus carnosos labios. Bien, lo admito, ya no le estaba poniendo atención. Estaba pensando que todavía me faltaba mucho por conocer de Isabella y quizás mi tiempo estaba contado. Solo conocía una cortina.
Esa chica de meses atrás no era esta mujer que parloteaba con una dulce sonrisa, que se imponía frente a mí ante cada negativa o pensamiento estúpido que pudiera surgirme, y claro, me gustaba muchísimo más, incluso el descubrimiento de que Bella podría ser más conversadora y gritona que Leah. Y bueno… también le estaba viendo los pechos, imaginándome esas torneadas piernas envueltas alrededor de mi cintura, sacudí la cabeza antes de reírme en voz baja.
—Bueno, ahora de verdad tenemos que ir al rodeo, quiero verte con una camisa vaquera, y no puedo esperar para ver tu cara cuando veas mi atuendo. —Puse una cara del tipo "¿a qué hora me perdí en la conversación?". Ella se soltó riendo—. ¿Sabes? Es inquietante cuando haces eso, bebé. Siempre sé cuándo tu mente está en otro lado porque ahí estás, mirándome fijamente con tus enormes ojos de pantera…
—Me quedé en el tema de la guitarra —la interrumpí, pasando un mechón de su cabello tras la oreja—, y si eso es lo que quieres regalarme como una manera sutil de decirme "quiero-que-aprendas", la acepto. —Bella sonrió antes de dar otro sorbo a su té chai, hice lo mismo con el mío terminándomelo y ansiando otro al instante.
Mis compañeros del americano dirían que soy un afeminado, yo solo tengo que decir que el té es la maldita mejor cosa del mundo. Bueno, la segunda, la primera estaba de pie a mi lado mirándome con interés.
—¿Esa es tu forma de decir "quiero una guitarra y este es un buen pretexto"?
—No me quejaré si me la regalas. —Me encogí de hombros.
—No te será difícil, ya tocas el piano. —Me reí mientras negaba, ella suspiró—. Me gustaría saber si… alguna vez interpreté algo, sé tocar un poco y esa era una de mis metas cuando estuviera en la preparatoria, ahora estamos por salir y siento que no he hecho nada con mi vida.
—Eso no importa, Bella. Haremos nuevos recuerdos, ¿te parece? Yo no sé tocar la guitarra, tú sabes las bases… podemos partir de ahí.
Bella sonrió, arrastrando uno de mis brazos alrededor de sus hombros para fundirse a mi lado. Tiré de ella más cerca y deposité un beso en su frente, por el rabillo del ojo vi como el dependiente nos observaba, era un tipo moreno y alto, que sin duda se estaba comiendo con los ojos a mi chica hasta que se encontró con mi mirada. Evité bufar o maldecir, tan solo suspiré pensando en lo que acababa de decir Bella. Que no había hecho nada con su vida.
No podía imaginarme lo mierda que sería haber perdido dos años de vida antes, hasta hoy. Mientras la miraba canturrear de una guitarra a otra, hablar del color que le gustaba más para mí, o cual era más delgada, entendí que nuestra relación estaría taladrada siempre por momentos importunos como éste, donde el pasado sería una constante sombra del presente y no había nada que pudiera hacer con ello.
.
.
.
—¿Estás molesto? —Bufé rondando los ojos y cruzándome de brazos.
—Un poco.
—¿Quieres una paleta?
—Sí, Bella, claro —murmuré sarcásticamente.
—¿De qué la quieres, de fruta o de púdrete? —Me reí sin poder evitarlo mientras negaba—. Ya en serio, Edward, sé de una forma muy eficaz que quita los nervios.
—No me interesa conocer esas formas. —Ella suspiró tirando de mis brazos cruzados en un intento por colarse entre ellos, no me quedó más remedio que permitírselo, ella sonrió contenta acomodándose.
—Solo son mis amigos del trabajo, tu hermana y su novio, un insípido pastel. No va a pasar nada, bebé.
Nos encontrábamos en el garaje de Quil, donde habían montado de forma improvisada mesas, sillas y, por supuesto, el condenado pastel. Bella llevaba un suave vestido en tonos claros que la hacía lucir escandalosamente hermosa y curvilínea, el cabello le caía en pesadas ondas hasta casi la cintura, sus ojos chispeando de esa forma entre alegres y seductores, sin maquillaje, era algo digno de contemplar por jodidas horas, pero aún así dije:
—De nada sirvió que te dijera que odio los cumpleaños.
—Razón de más para que ya lo superes, sabes que me encanta hacer cosas que te mortifiquen, es un poco lo mío. —Suspiré apretando los labios para evitar una sonrisa.
—Vaya que es lo tuyo.
—Pudo haber sido una fiesta sorpresa.
—Ahí sí estaría furioso. —Bella se soltó riendo, antes de ponerse en puntitas y abrazarse a mi cuello.
—Podría haber traído Coronas.
—Sería una fiesta ilegal. —Ella sonrió antes de tocar sus labios con los míos.
El beso comenzó normal, distractor. Solo un roce simple de labios, pero cuando me quise retirar, para seguir vociferando sobre pasteles y cumpleaños, Bella profundizó el beso, enterrando una mano bajo el cabello en mi nuca, presionando sus labios de forma insistente contra los míos hasta que abrí la boca. Su lengua rápidamente se unió a la fiesta, y de pronto yo estaba malditamente jadeando.
Y luego como siempre pasaba, tenía este sentimiento contradictorio. El de sentirme igual de caliente que nauseabundo. Todavía había cosas que no podía superar a causa de los remordimientos y el hecho de que ahora, mientras la lengua de Bella estuviera jugando con la mía, yo no estuviera sintiéndome tan culpable decía mucho, aunque ¿cómo iba a sentirme culpable si amaba besar a Bella? Amaba esto a pesar de que siempre estábamos en este nivel: rayando en la lujuria, jugando contra algo más poderoso que cada vez me era más difícil controlar. Dar el siguiente paso parecería lo obvio, pero no obstante a mis reticencias de pasar a algo físico, yo seguía amando besar a mi chica.
Sin darme cuenta me encontré levantándola entre mis brazos, dejando que sus piernas tomaran su lugar rodeando mi cintura, me odié por no poder parar, al contrario por atreverme esta vez a ir más allá, recargando su pequeña espalda contra la pared. No quería ser esto, el maldito adolescente hormonal que fui antes, quería ser un caballero, sin embargo me encontré dejando a mis caderas moler contra ella, dejándola sentir mi excitación. Me encontré deseando hacer sus bragas a un lado, deseando hundirme más que nunca dentro de su estrecho interior. Odiaba que mi mente estuviera llena de dudas, de voces molestas, pero que mi cuerpo por el contrario, aparentemente no tuviera dudas ni vacilaciones sobre lo que quería.
—Debemos parar —murmuré con la voz ronca, tomando aire entre los dientes apretados, intentando que mi cerebro volviera a carburar, dejé besos por su mandíbula.
—No quiero parar. Edward, por favor, bebé.
—Bella… —Ella puso un dedo en mis labios.
—Dijiste que lo prometías. —No pude responder nada a eso, ella respiró hondo apoyando su frente en la mía, sus labios se movieron contra los míos cuando dijo—: Eres tan insoportable. Cada vez que pasa algo bueno entre nosotros, te empeñas en arruinarlo.
—Lo lamento, arruinar las cosas es un poco lo mío —murmuré con una sonrisa acariciando su espalda.
—Gracioso —espetó con sarcasmo dándome otro de esos golpes en el pecho—. Ahora te voy a soltar tan solo porque ya escuché un carro detenerse allá afuera. —Abrí los ojos como platos, inmediatamente la bajé de mis brazos, ella sonrió negando mientras se reacomodaba el vestido.
—¿Edward? —Casi al segundo, la voz de Rosalie se escuchó del otro lado de la puerta, tensándome.
—Todo va a estar bien, ¿ok, bebé? —Se puso de puntitas y me dio un suave beso en los labios para luego irse a abrir la puerta—. Hola, Rosalie. —Mi chica estrechó a mi hermana, la cual se quedó sorprendida. En el pasado nunca fueron mejores amigas, y mucho menos Bella daba muestras de afecto tan evidentes—. Que gusto que pudieran venir, ¿y tú eres…?
—Emmett, el mariscal de los Espartanos —concluyó mirándome de esa forma come mierda que tanto le encantaba, adoraba restregarme que se había quedado con mi puesto.
—Pues mucho gusto, Emmett mariscal de los Espartanos, adelante. —Mi amigo se echó a reír antes de abrazar a Bella.
—A veces pienso que esto es una broma, ¿sabes, Bella? —Mi chica jadeó liberándose al fin del agarre de Emm.
—¿Broma?
—Sí, ya sabes, te ves toda normal y eso, además estás de nuevo con el emo —canturreó mirándome—. Es como si fingieras no recordar nada.
—Hum, bueno… —Mordisqueó su labio—. Desearía que así fuera.
—¡Cumpleañero! —Leah rompió el incómodo momento, lanzándose a mis brazos—. ¡Felicidades!
—Gracias —murmuré riéndome al ver la cara de Bella. Estaba... encabronada, es poco.
—Leah, ¿qué te he dicho de lanzarte como zorra a los brazos de mi novio? —murmuró una molesta Bella. Quil, quién venía detrás de Leah, soltó una carcajada mientras se acercaba a saludarme, un tipo de cabello corto y rizado venía acompañándolo.
—Hola, Edward, feliz cumpleaños —comentó estirando un puño y chocándolo con el mío—. Este es Embry.
—Mucho gusto —murmuramos los dos al mismo tiempo. Por un lado me daba gusto conocer a Embry, por el otro me pregunté si Quil estaba ya con Leah o no.
Bella y sus amigos se pusieron a charlar animadamente, como era su costumbre, esta vez no me afectó tanto no pertenecer a ese círculo, simplemente no tenía por qué afectarme, estuve conversando con Emmett y mi hermana, quienes estaban asombrados de la nueva Bella, no solo por su boca de camionero, sino por su forma de comportarse.
De vez en cuando, sentía los ojos de mi chica viajar a lo largo de todo mi cuerpo, me gustaba, siempre me había gustado sentir su mirada. Me gustaba saber que ahora éramos tan cercanos como para mirarnos con descaro, mi cuerpo también parecía lejos de tensiones y pensamientos que incluían a pequeños Némesis.
Y mientras la veía sonreír, llevar una vida aparentemente nueva y normal, tuve que seguir recordándome que ella ya había elegido, bien o mal, había elegido quedarse conmigo y decía que en eso no había vuelta atrás. Yo no podía dejar de querer que estuviera a salvo, claro, pero entonces, ¿qué se suponía que debía hacer?, ¿apartarla de mi vida? Ahora eso me parecía impensable.
—¿Cuánto dolerá cuando te deje? —Bella se materializó justo a mi lado—. ¿Qué pasará cuando te recuerde? —El uniforme de porrista desgarrado siempre lograba ponerme la piel de gallina, suspiré mirando hacia cualquier otro lado.
—Me gusta más esta versión de Bella —murmuró mi hermana trayéndome de vuelta a la Tierra—. Sigue siendo desenvuelta, pero no parece que quiera llamar la atención… solo es ella.
—De hecho, qué bueno que ya no le hable a ninguna zorrista —canturreó Emmett refiriéndose a las "porristas".
—A mí también me gusta más, y salvo porque odio celebrar mi cumpleaños, todo estaría perfecto.
—Ay, vamos, hermano, concédele esto. Bella sigue siendo muy sociable y se rodea de amigos, eso es bueno, algo que tienen en común.
—Yo ya no tengo amigos. —Emmett tosió exageradamente—. Bueno, salvo Emm, tú sabes que ya no me rodeo de personas.
—Bueno, una razón más para dejarla celebrarte. No sabes cuánto le agradezco que lo haga y que incluso nos haya invitado. Estoy feliz cuando tú lo estás —susurró mirándome con aquellos ojos azules brillantes.
Rosalie siempre estaba viendo por mí, cuidándome como si fuera mi mamá, era reconfortante saber que mi hermana era mucho mejor ser humano que yo, por eso mismo me preguntaba cómo Emmett había logrado retenerla a su lado. Pero entonces me acordaba de Bella conmigo y entendía que cosas más jodidas habían sucedido.
—¿Te estás divirtiendo, bebé? —preguntó mi chica ya entrada la noche, cuando por bizarro que pareciera, Emmett y Embry cantaban una canción en el karaoke mientras Rose se partía de risa.
—Claro, gracias por… por obligarme a celebrar.
—Por nada —acarició con suavidad mi mejilla—, sé cómo te encanta hacerte de rogar. —Me dio un suave beso en los labios antes de gritar que era su turno para cantar… ya saben: I'm not the only one.
Y mientras escuchaba las amargas quejas de Leah, la risa despreocupada de Emm y mi hermana, pensé que a esto podía llamarle un nuevo comienzo. Mi nueva vida con ella era todo. Por mucho que me aterrara pensar que tarde o temprano ella me recordaría, estaba más que feliz de tenerla cualquier cantidad de tiempo que el destino me lo permitiera.
—Hey, ¿cómo te la estás pasando, cumpleañero? —murmuró Quil llegando hasta mí, se había alejado de la zona peligrosa, es decir, el karaoke, y estaba mirando a la distancia a su chica reírse junto con Embry.
—Podría decirse que bien, ¿y tú, cómo vas con Leah? —Él se encogió de hombros, antes de dar un sorbo a su cerveza.
—Es complicado, creo que somos muy distintos. ¿Y tú como vas con Bella? —Fue mi turno para beber cerveza.
—Creo que bien, aunque también somos muy distintos, me falta conocerla tanto como ustedes la conocen. —Quil se echó a reír.
—Yo creo que ya la conoces bastante, además no es igual cuando está contigo. —Me tensé.
—¿Eso es malo? —Él se rio de nuevo.
—Por el contrario, yo la veo más feliz. Cuando entró a trabajar a la tienda era bastante callada, reservada, siempre llena de misterios. Después vimos el cambio, supongo que es ahí donde entras tú, Leah todo el tiempo sentía incluso lástima por ella.
—¿Lástima? —Fruncí el ceño.
—No me malinterpretes —comentó repentinamente avergonzado—. Es que perder dos años de memoria no debe ser fácil, ninguno de nosotros queríamos tenerle lástima, pero no podíamos evitar… bueno, sentirnos mal por ella.
—Ya —murmuré, sintiéndome de nuevo como una completa basura mentirosa.
—Pero entonces un día llegó tarareando y sonriendo. Todo su semblante ceniciento parecía incluso iluminar ahí por donde ella caminaba. El cambio fue obvio, desde que te conoció es feliz, espero por tu bien que nunca le hagas daño, la quiero como a una pequeña hermana, no sé mucho acerca de ti o tu pasado, pero eres una buena persona.
Una risa burlona se escuchó dentro de mi mente, suaves labios acariciaron el lóbulo de mi oreja.
—Basura mentirosa.
—No confíes tanto en mí —murmuré de forma sombría, él se encogió de hombros.
—Mientras la hagas feliz.
.
.
.
Mi apego a Bella estaba evolucionando considerablemente.
Me encontré deseando que me mirara en clases, tentando a la muerte cada vez que ella lo hacía. En la cafetería, le correspondía las miradas con un guiño de ojo provocándole ese jodido rubor, antes de que rodara los ojos yéndose a su mesa con su amiga Angela. Me encontré deseando romper cráneos cada vez que Riley o Mike la escoltaban al salón de clases. Varias veces me encontré cerrando los ojos y aspirando profundo, repitiéndome que era yo quien la tenía siempre, que ella era mía y que en las noches podía visitarla en su alcoba.
El puro pensamiento me tranquilizaba siempre. Era yo quien podía pasar los dedos por su cabello húmedo después de que se hubiera tomado una ducha, era yo quien podía estrecharla fuerte entre mis brazos y era solo yo, quien podía robarle esos pequeños jadeos entrecortados cada vez que me presionaba sobre ella.
Sin embargo, aun y con todas esas certezas, la risa de Némesis me atormentaba constantemente, sus pensamientos negativos sobre cómo cualquiera podría hacer eso mismo con ella, podían volverme loco donde fuera. Y aunque me enfocaba en el ejercicio, y el medicamento ayudaba, no dejaba de ser eso únicamente, una ayuda no una solución. Bella tenía un trabajo, amigos, mientras que yo… bueno, no tenía ninguna de las dos. No quería sonar como un afeminado, en serio, simplemente que se estaba volviendo más que evidente que yo no estaba ocupando mi tiempo adecuadamente. ¿Qué es lo que hace un ex cabrón mujeriego y ex mariscal de campo en su retiro? Obvio, no lo que yo estaba haciendo.
—La Push, cariño. Podemos ir ahí este fin de semana —canturreó con alegría Riley.
Respiré hondo pellizcando el puente de mi nariz, necesitaba calmarme. Cuando elevé la vista y vi a Bella mirarme con reprobación, supe que le molestaba que me pusiera así por nada. Ella le llamaba nada a esos bastardos.
Me puse de pie y me largué al baño, a la mierda, la maestra Esme enarcó una ceja pero no me detuvo. Necesitaba despejarme. Y aunque después pensaría que muchas veces estamos en la trayectoria hacia un choque y ni siquiera somos conscientes, ahora, mientras veía el suave cabello rubio de Jane, solo podía pensar en el pasado.
—Edward… yo… ¿qué haces aquí? —Ella estaba de pie a mitad del puñetero pasillo. No había nadie más y aun así sentí como si todos lo supieran, respiré hondo. «¡No pasó en realidad nada!»,me repetí.
—Voy a tomar un poco de aire.
—¿Puedo acompañarte? —Me aseguré de mirarla directamente a sus intensos ojos azules.
—No. —Y así, de la nada, escuché que alguien corría por el pasillo hasta llegar a donde estábamos. Los ojos de Jane se endurecieron como piedras, no era necesario saber quién estaba detrás de mí—. Nos vemos luego —murmuré regresándome por donde había venido.
Ignoré a Bella quien no pudo evitar mirarme, incluso me regaló una mirada acusatoria cuando nuestros ojos se cruzaron, suspiré regresando al salón de clases. Jane, menos que nadie, podía enterarse de que de nueva cuenta le estaba hablando a mi chica. Bella entró inmediatamente en su papel, después de que yo la ignorara. Tampoco me volvió a mirar y continuó caminando hacia Jane, ajena a todo, pasó a su lado sin reconocerla y terminó encerrándose en los baños.
Cuando volvió traté de regalarle una pequeña sonrisa, traté de enfocarme en la mierda que sea que la maestra Platt estaba dictando. Ella notó que algo me pasaba, pero afortunadamente no me había dicho nada o, al menos, no todavía. Y mientras mi mente viajaba a mis noches con Bella en su alcoba, pensé que ella también estaba cambiando. Muchas veces la encontré anticipándose a mis reacciones estúpidas por el medicamento, y la observé aprender el significado de mis constantes silencios, la mayoría de las veces parecía contenta con solo tenerme a su alrededor aunque estuviéramos haciendo cosas de lo más cotidianas.
Había días que deseaba con todas mis fuerzas ser capaz de enfrentarme al oficial Swan de una vez por todas, explicarle que las cosas habían cambiado, que no volvería a lastimar a su hija de ninguna manera, pero sabía que estaría mintiendo. La lastimaría en cuanto ella me recordara. Así que había decidido hacerme el ciego, al menos hasta que ella me recordara.
.
.
.
—Estás muy callado hoy, bebé. ¿Qué te ocurre? —Los delicados dedos de Bella acariciaron con premura mi mandíbula, sus labios ya recorrían un suave camino por mis mejillas.
Esta parte del día me provocaba un sabor agridulce. Amaba tener a mi chica en mi regazo, ¿quién no amaría tener una deliciosa morena entre las piernas?, pero claro, eso conllevaba también tener que decirle que no cuando las cosas comenzaban a calentarse entre nosotros. Afortunadamente yo estaba bastante frío ahora.
—¿Irás a La Push?
Una de las cosas que más detestaba de mí últimamente, era mi inseguridad. Me resultaba aberrante la manera en la que parecía un afeminado a tiempo completo. Bella suspiró, sus manos profundamente enterradas en mi cabello, dieron un exigente tirón para que mis ojos se encontraran con los de ella.
—Edward, casi todo el grupo irá, Angela quiere ir. ¿Por qué no vas tú también?
—¿Eso quiere decir que irás? —Ella me miró fijamente antes de asentir—. Vaya o no vaya. —Obvio me refería a mí, ella volvió a asentir—. Genial, simplemente, genial.
Me puse de pie haciéndola a un lado, mientras sentía como el escozor recorría todo mi cuerpo, la urgencia de tomarme unas Prozac era algo con lo que combatía día y noche, respiré hondo rebuscando en mi chaqueta los cigarros. Afuera era una noche densa, bochornosa incluso, no había vecinos cercanos alrededor de la casa de mi chica, un montón de nubes y relámpagos era lo único que se veía cerca. La sentí llegar incluso antes de que hablara.
—Escucha, Edward. Supe que Emmett también te invitó, ¿por qué no quieres ir? —No respondí nada, me apresuré hacia su balcón donde la única iluminación era la que proporcionaba mi cigarro encendido—. No puedes esperar de mí que me quede siempre en casa, tengo amigos, quiero conocerlos, quiero ver si recuerdo algo… —Seguí estoico haciéndola enfurecer—. Ugg, detesto cuando me ignoras de esta manera.
—¿Qué quieres que diga? Bien por ti, Bella. Diviértete, conoce el mundo, aquí te espero. —No sabía por qué mierda estaba tan enfadado, era obvio que quisiera ir a una fiesta, salir, convivir con los demás. Di otra calada al cigarro, por Dios, ella apenas tenía diecisiete, solo yo actuaba como si en lugar de dieciocho tuviera noventa, Bella tenía razón.
—¿Sabes qué? —Se acercó bruscamente hasta ponerse delante de mí, el viento jugaba con su cabello enmarañándolo de mil maneras, sus ojos chispeaban furiosos, creando su propia tormenta—. ¿Qué te parece si también dejo mi trabajo?, así me quedaré aquí esperándote cada noche, rogando porque hoy no sea el día en que nos descubran, rogando por el maldito día en que te decidas a enfrentar a mi papá.
—Isabella…
—¡No, espera!, mejor me quedaré aquí pensando en las zorras que te acosan todo el día en la escuela, ¿porque sabes qué? ¡No tengo otra maldita mejor cosa que hacer que atormentarme! —gritó mirándome con verdadero rencor—. Con lo que me encanta ser una estúpida mujer sufrida y abnegada, esto es perfecto, Edward, es más, comenzaré con un diario. —Pellizqué el puente de mi nariz, ya estábamos con eso.
—Sabes que yo nunca me fijaré en ninguna de esas zorras, para mí solo importas tú. No quiero a nadie más, y no quiero que seas ninguna abnegada, tan solo te pido...
—¿Ah, sí? —interrumpió—, ¿y qué hay de la rubia de hace rato? —escupió con desdén mirándome con superioridad a pesar de que tenía que elevar la mirada.
—No significa nada. —Ella apretó los labios.
—¿Y por qué no puedes entender que la misma mierda va conmigo? Tampoco me fijaré en ninguno de esos imbéciles de la escuela, ¿cómo te lo explico?
—¡Confío en ti, pero no confío en ellos! —grité antes de lanzar mi cigarro hacia cualquier parte.
—No, no confías en mí —siseó—, piensas que a la primera me voy a ir detrás de cualquiera que pase.
—No pienso eso —gruñí ante la innecesaria imagen que se coló en mi mente.
—Sí lo haces, pero te recuerdo que eres tú quien se rehúsa a estar conmigo. —Sus ojos brillaban furiosos—. ¿Es por eso que piensas que voy a buscar a otro?
—¡No pienso esa mierda! —rugí.
—¿Entonces? —preguntó aturdida—. Es que no entiendo qué te pasa, ¿acaso quieres que piense como tú?, ¿quieres que piense que un día vas a terminar cayendo con alguna de esas zorras?, ¿con una que sí te guste lo suficiente como para lograr que pierdas el control?
—¡Tú me haces perder el maldito control todo el tiempo!, ¡tú eres la única a quien quiero!
—Cualquiera de esas mujeres consiguió aunque sea hacerte una mamada. —Contuve un respingo al escucharla soltar las palabras—. ¿Qué se supone que piense, Edward? No despierto en ti absolutamente nada.
—Sabes por qué tengo que decirte que no.
—¿Para qué me quieres en realidad? —En sus ojos pude ver que ridículamente no lo sabía, y no solo eso, parecía no sentirse deseada ni deseable. Contuve el impulso de rodarle los ojos—. ¿Para pagar alguna clase de penitencia?
—Eres la mujer más lista y guapa que he conocido nunca, y quiero estar contigo porque te amo. ¿Cómo crees que me la vivo en clases? Todo el jodido mundo te desea —siseé pensando particularmente en Riley—. Todos estaban esperando a que la cagara para poder correr a ti. Eres demasiado deseable para tu propia seguridad.
—Para todos, menos para ti. —Bella sonrió amargamente, antes de darse la vuelta e inclinarse contra el balcón, escupiéndome así en la cara que no me creía nada.
Una risa un tanto extraña, incluso rayando en lo espeluznante me robó un escalofrío, Némesis se había materializado al lado de Bella, pero a diferencia de mi chica, ella no me estaba dando la espalda, estaba apoyada contra la barandilla mirándome de frente. El contraste ahora era bastante notorio. Mientras mi chica era todo colores y vida, mi alucinación parecía un fantasma arrollado por un camión, con la falda rota en girones y el cabello salvaje rodeándola.
—¿A qué le tienes miedo en realidad? ¿A ser igual de malo para el sexo que para todo lo demás? —se rio de esa forma cantarina antes de rodarme los ojos—. Anda, díselo, mírala a los ojos y explícale por qué te puedes acostar con todas esas chicas. Con todas ellas. Excepto con ella.
Apreté los puños a mis costados, la rabia en mi interior podía alcanzar cotas inimaginables, antes nunca me había pasado, no quería culpar de todo al medicamento, ¿pero entonces por qué mierda ahora era tan voluble e irritable? Sus palabras me habían resultado incendiarias, odiaba que no se sintiera lo suficientemente deseada por mí, ni siquiera se sentía amada. Odiaba que quisiera largarse con los cabrones de la escuela, odiaba que le hablaran en mi presencia ignorándome por completo, yo para ellos no era nada. No era su novio, ni su amigo. Era el maldito y depresivo exnovio y nada más. Ningún jodido rival.
De pronto me sentí enfermo de actuar como alguien siempre bajo control, agradable, respetuoso, yo no era un puto caballero y, sin duda, Isabella no era mi jodida damisela. No quería ser tratada como tal, de nada servían mis precarios intentos de autocontrol, porque por el contrario, estaba jodidamente claro que ella no los apreciaba. Y lo que me hacía sentir más enfermo, era que por alguna bizarra razón, estaba excitado con toda esta situación de mierda. La observé fijamente, tenía la vista clavada en el horizonte, mirando los relámpagos apoyada en el balcón, evadiéndome a mí y a mi estúpida rabia, evadiéndose a su vez de nuestra realidad. Y era tan malditamente caliente, Bella nunca se había impuesto ante mí de esta manera y su nueva actitud me resultaba fascinante. Me acerqué sin ser al parecer percibido, porque cuando me detuve detrás de ella y puse ambos brazos a su lado, encarcelándola, dio un respingo.
—¿No tienes idea de cuánto te deseo? —pregunté con la voz áspera contra su oreja. Bella mordió su labio, conteniendo un puñetero escalofrío se encogió de hombros, mirando solo hacia el frente—. ¿No me vas a creer?
Cerré los ojos, su aroma era embriagador, se me hacía agua la boca por lo que tragué saliva ruidosamente. El vestido amarillo se adhería perfectamente a su silueta, era suave, corto, con un escote discreto pero que aun así me permitía ver sus abundantes pechos, las puntas de sus pezones se marcaban pese a que la noche era calurosa. Como siempre, no llevaba puñetero sostén. Se lo quitaba al llegar de clases, alegando incomodidad. A estas alturas ya no sabía si lo hacía por tentarme más. Y realmente, realmente no quería hacerle daño, Dios sabe que eso era lo último en mi maldita lista, no quería volver a ser el adolescente que la acosaba en cada esquina, que la tomaba sin pudor en dondequiera que se le antojaba, y sin embargo, ahí estaba ella, presionando mis botones, lanzándome al borde.
—Repítete a ti mismo que esto es lo mejor que puedes hacer por ella, mientras le pisoteas el orgullo. Dile que la estás utilizando para extirparte de la culpa. Eres un cobarde.
Hoy era uno de esos días donde me estaba costando de sobremanera manejar toda mi mierda. Había soportado de todo en los últimos días, para cerrar con mi chica gritándome que se quería ir a la jodida Push con esos cabrones, uno de los cuales había intentado sobrepasarse con ella, y como si eso no fuera suficiente, remarcarme el sentirse al parecer despreciada. Ella no podía ver el esfuerzo que me costaba andar a su alrededor sin saltarle encima, ella no apreciaba mis intentos por cambiar porque no me recordaba de otra manera, así que todo mi puñetero esfuerzo era para nada. Aspiré profundo, mi rabia ahora era un jodido monstruo, uno vivo.
—Si no me das una puta respuesta, Isabella… —amenacé sujetando sus caderas con algo de rudeza, robándole un suave gritito—. Te la voy a dar yo mismo, de una manera que no nos va a gustar a ninguno de los dos.
—¿Qué quieres escuchar? ¿Que pienso que no soy lo suficientemente buena para ti? —Su voz ronca, pero llena de convicción, lanzó una daga directamente contra mi magullado orgullo—. Estoy segura de que decírtelo no cambia nada. —Su respiración se aceleró de forma considerable, ganando velocidad con cada bocanada de aire que tomaba.
—¿De verdad eso piensas? —gruñí al tiempo que con una mano subía tentativamente su vestido hasta las caderas.
Bella se quedó estática, tensa entre la prisión de mis brazos y me permití regodearme en su maldito miedo. El suave viento golpeó sus muslos desnudos hasta que finalmente se estremeció.
—Tendría que parecerme a la zorra de Jessica o quizás a Lauren para lograr algo contigo. —Cerré los ojos ante sus venenosas palabras.
Yo quería ser mejor, una persona civilizada, quería flores y puñeteros corazones para ella, quería darle todo lo que antes no fui capaz, ser un novio modelo, lo juro. Pero ella no quería ninguna de esas mierdas. Lo supe cuando de improvisto se contoneó contra mi maldito pene bastante erecto. Eso fue como una burla directa, una provocación. Ella no me creía capaz de tomarla, no me creía que no hacía ni unos meses yo era un bastardo, y pese a que no quería verme en la obligación de recordárselo, me encontré restregando mi puñetera erección contra las diminutas bragas que a penas y cubrían su bonito culo.
Dios, ahora estábamos en una zona bastante peligrosa, ni siquiera sabía cómo habíamos llegado aquí, quisiera decir que era culpa del efecto de las pastillas, me habría encantado embarrar de mi mal comportamiento a cualquier otro, pero no. Solo era yo, bastante jodido cuando la apreté más contra mi pecho, y pese a mi buena voluntad, me encontré buscando el botón de mis vaqueros.
—Isabella, detén esto —rogué miserablemente contra su cabello. Mi voz fue ronca y débil, por el contrario de mis manos decididas mientras terminaba de sacarme el miembro—. Detenme ahora, dime que soy un maldito enfermo hijo de puta, dime que me quieres tener en el olvido de donde nunca debí haber salido.
—Edward… —gimió arqueándose, lanzando sus pequeños brazos hacia atrás para rodear mi cuello, nuestros ojos se encontraron.
—Por favor, Bella —supliqué de nuevo, esta vez mirándola directamente a sus oscurecidos ojos—. Di que me odias, que no quieres que te empuje como un maldito animal hacia adelante y te coja, no dejes que haga de tu primera vez, esta mierda. Sé que no era esto lo que querías.
—No es mi primera vez, y lo único que quiero es estar contigo —susurró en una voz ahogada, sus ojos cargados de excitación y miedo.
Puta mierda, tenía que parar. Esta era como su primera vez, mientras que para mí una oportunidad para redimirme, entonces, ¿qué puto demonio me estaba poseyendo de nuevo? Suavicé el agarre fuerte de mis dedos clavados en su cintura, pero fui incapaz de soltar sus bragas, apoyé la cabeza contra su nuca, respiré hondo todo el olor a frutas y lavanda que ahí se concentraba, me repetí por millonésima vez que tenía que ser otro, que la amaba. Y entonces ahí, mientras sentía contra mi garganta su respiración elaborada, recordé que ella no quería que yo la utilizara como redención, así que simplemente no pude soltarla, sin embargo tenía que decirle cuán asustado me encontraba por mis propios impulsos, cuán asustado de dañarla estaba, de algún modo me encontré murmurando:
—Dime que soy una mierda, por favor dime todos los insultos que te sepas, recuérdame por qué no te merezco ni ahora ni nunca.
—No voy a decir esas cosas —jadeó internando una de sus pequeñas manos en mi cabello, con la otra sujetó el brazo con el que estaba rodeando su cintura y se aferró con fuerza a él—. Solo hazlo, Edward. Quiero ser tuya por completo, demuéstrame que sientes lo mismo que yo, no me hagas sentir tan vacía y perdida.
Era estúpido, en serio. Todos hemos escuchado que las pruebas de amor no se dan ni se piden así. Y sin embargo, pese a mis intentos de caballero, a mi buena educación, al recuerdo de que yo era un bastardo, pese a mi voluntad para detener eso, me encontré haciendo sus bragas a un lado, apenas tanteando su abertura húmeda con la punta de mi pene y un segundo después, yo estaba casi dentro. Me sumergí rápido, duro, pero no por completo. Bella jadeó por la impresión, su boca haciendo una perfecta "o" al tiempo que enterraba sus cortas uñas en mi antebrazo, se arqueó levemente hacia atrás, estaba condenadamente húmeda y tan estrecha como siempre. Y Dios sabe que me habría quitado si ella me lo hubiera pedido, pero de sus labios salieron palabras completamente distintas:
—Por favor, dime lo mucho que me amas, Edward. —Sus caderas empujaron hacia atrás, empalándose ella misma aún más contra mi erección, robándome un sonido estrangulado.
Su voz era ronca, necesitada. Su calor era increíble al igual que como la recordaba. Quería embestir como un maldito desquiciado, pero aún dentro de la neblina de lujuria que me invitaba a perderme en ella, no lo hice. Apreté el agarre en su cintura haciéndolo casi doloroso.
—Ahora tú eres mi vida, Bella, eres más importante que cualquier cosa que quiera o pueda necesitar. —Mi chica respiró entrecortadamente, sus respiraciones elaboradas golpeando contra la curva de mi garganta, me negué a moverme un solo milímetro, no quería lastimarla—. Te he extrañado de esta manera, cada jodido día, te echaba tanto de menos.
Mierda, estaba diciendo puras estupideces. Y es que esto no estaba siendo como había soñado que fuera. No había para empezar una puñetera cama, no había pétalos de rosas por ningún lado, nada de velas, música suave, ni siquiera estábamos desvestidos. Las palabras románticas y el maldito poema que debí recitar antes de tomar su "virginidad", eran inexistentes, y me pregunté si en algún universo paralelo podría hacer esta mierda alguna vez bien. Estaba siendo un imbécil otra vez. Cayendo en errores del pasado, siendo un jodido cavernícola egoísta y pese a todo me importaba una mierda.
Ahora, mientras acariciaba sus brazos y besaba debajo de su nuca con suavidad en un intento por hacer esto mejor, solo podía pensar que Isabella era mía en la misma medida que yo era suyo. En mi mente y en mi cuerpo, no habían pasado mujeres después de ella, no cuando me dejó, ni siquiera cuando me olvidó. Estaba tan confundido en mi mente, que por primera vez fue un alivio dejar que mi cuerpo se hiciera cargo en esta situación. Así que dejé simplemente de actuar como alguien que no era y me rendí a ella. Al poder que era capaz de ejercer sobre mi control, a esa fuerza que como un ciclón pasó robándose todas mis pretensiones. Incliné el rostro besando sus mejillas calentadas hasta que me encontré con sus carnosos labios, ella dejaba escapar pequeños jadeos que me tragué gustoso, no lo pensé mientras introducía mi lengua, porque necesitaba estar dentro de ella en todas las jodidas formas que pudiera. Necesitaba todo eso como si la vida se me fuera en ello.
Ella gimió en mi boca de nuevo, mientras su cuerpo pequeño y delicado se movía instintivamente contra el mío. Los besos eran entrecortados, con la respiración errática y llenos de jadeos de ella y gruñidos de mi parte, recorrí con una mano sus costillas, hasta llegar a sus abundantes pechos donde apreté, robándole otro de esos deliciosos gemidos, ahora estaba por fin donde quería estar. Al fin, después de lo que pareció una vida. Y claro, justo en ese momento un oscuro pensamiento se deslizó por mi mente, mientras recordaba que de nuevo era solo mía, empujé contra ella un poco más antes de controlarme. Yo no iba a ser como antes. Claro que sentía posesión pero en absoluto la necesidad de recordarle ni a ella ni a mí, quién era mejor en el sexo. No dejé a mi mente ir por un segundo a ese rincón enfermo en donde yo tenía que ser mejor que el jodido Newton.
Un grito se escapó de la boca de mi chica, sus uñas se clavaron firmemente en la piel de mi brazo, me habría detenido si ahora no estuviera gimiendo y jadeando de esta manera, así que no me impidió que continuara avanzando dentro de ella. Por lo que apretando la mandíbula empujé de nuevo, una vez y otra, hasta que sentí todo de mí dentro de su apretado calor. Entonces fui incapaz de hablar. Fui malditamente incapaz de lograr que palabras dulces y de puñetero agradecimiento salieran de mi boca, solo un maldito siseo estrangulado fui lo único capaz de emitir.
Apreté los ojos con fuerza. Mierda, había deseado esto durante tantos meses, durante demasiadas noches, incluso mientras estaba hundido en terribles pesadillas. No había nada que pudiera ahora decirle para que compensara este sublime momento. Y lo peor, tenía que concentrarme en cualquier otra cosa si no quería correrme en dos segundos.
—Te amo, Edward… por favor —suplicó casi exigiéndome con sus movimientos que comenzara a moverme. Retomé mis jodidos pedazos de marica eyaculador precoz esparcidos por el suelo, y comencé a moverme lánguidamente contra ella.
Sin embargo con el paso de los segundos mi chica no parecía entender mis problemas. Sus fuertes empujes, esos que hacía contra mi maldito pene, me exigían que fuera más rápido, más duro, que fuera en serio. Bella nunca había sido precisamente sumisa, claro, no lo era tampoco ahora incluso aunque no lo recordara. Apreté los dientes y palmeé uno de sus pechos, sin pensarlo lo saqué del vestido. Ella jadeó por la sorpresa, su pezón creció entre mis dedos mandando una descarga erótica por toda mi columna. Justo en ese momento decidí que si alguien se iba a venir primero, ese no sería yo, por culpa de sus jadeos y sus movimientos inconscientes pero con efecto devastador.
Estuve amansando ambos pechos, a veces tirando otras solo acariciando, hubiera preferido una puñetera cama para hacer todo esto mejor pero ya no había vuelta atrás, de cualquier forma no iba a pensar en esto como una simple cogida y ya. Sabía que no era idóneo, no había puñeteros pétalos, ni sonidos de ángeles cantando, tan solo era el golpear de carne contra carne, un coro de gruñidos y jadeos, pero con cada beso y caricia, le estaba haciendo el amor a mi chica. Aunque, puta mierda, estábamos siendo bastante indecentes a la hora de hacerlo en el balcón de la casa del oficial Swan, estábamos siendo bastante estúpidos en toda la extensión de la palabra, al hacerlo incluso fuera de la casa, y nuevamente no pudo importarme menos.
Estaba siendo recompensado por gemidos y súplicas, estaba siendo recompensado al estar envuelto dentro de su estrecho calor, eso era todo. La facilidad con la que comencé a deslizarme dentro de ella me indicó que estaba haciendo bien las cosas, así que pude ir más rápido, pude empujar con mayor facilidad. Coloqué las manos a cada lado de su cuerpo, sosteniéndome contra la barandilla, empujando dentro de ella duro esta vez.
—Tienes que perdonarme… Bella, por esto… por todo, lo siento tanto. —Y seguí embistiendo.
La cogí contra la barandilla de forma inclemente, casi levantando su diminuto cuerpo con cada embestida, no quería abandonar jamás la seguridad que me embargó al estar dentro de su cuerpo, porque mientras estuviera así, dentro de ella, era mía y yo suyo. Nadie podría quitármela. Ni policías enfurecidos, ni padres decepcionados, ni puñeteros compañeros de clases, mientras estuviéramos así, no había manera de que yo pudiera echar a perder las cosas entre nosotros.
Mis rodillas comenzaron a temblar por el esfuerzo, quería sujetarla por las caderas y dar una embestida final, pero me obligué a continuar con este ritmo que al parecer parecía gustarle, dada la forma en la que su cuerpo se arqueaba, y sus uñas me desgarraban, y sus gemidos me encendían, y entonces pasó. La cogí incluso a través de su fuerte orgasmo, su sexo se contrajo a mi alrededor, ordeñándome mientras todos sus músculos se ponían rígidos y sus gemidos se volvían casi gritos suplicantes, seguí golpeando contra ella incluso cuando descendió de su éxtasis y cayó su cabeza sin fuerza contra mi pecho.
—¿Dónde debo correrme? —pregunté a través de los dientes apretados, el sudor cubría ahora toda mi frente. Sus hermosos orbes oscuros se abrieron, revoloteando por mi rostro.
—Estoy tomando las pastillas de vuelta, creo… creo que puedes hacerlo dentro de mí.
Hubiera querido preguntar por qué las estaba tomando de vuelta, pero la verdad es que mi cerebro realmente solo registró dentro de mí. Me golpeó duro. El orgasmo me llegó sin más ceremonias, sus gemidos por encima de mí, el calor y la tensión rodeándome, me corrí con fuerza dentro de ella, jadeando y gruñendo. En algún lugar de mi embotada mente sabía que esto había estado, por mucho, lejos de ser ideal; estaba bajando de mi nirvana a toda velocidad, seguro de que más pronto que tarde comenzaría a escuchar la voz de Némesis y comenzaría a regodearse con mi miseria. Antes de que todo eso se desencadenara, aún con la respiración entrecortada y el corazón estallando contra mis costillas, la estreché entre mis brazos, enterrando la nariz en su cuello.
—Quiero que me digas lo disgustada que estás conmigo por esto. —Acaricié con la nariz su cuello, mis brazos enroscados completamente a su alrededor—. Quiero que digas que me vas a dejar, de forma que yo pueda suplicar y arrastrarme de rodillas para que te quedes.
—Lo siento —suspiró contra mi calentada piel con satisfacción innecesaria—. No puedo hacer eso.
—Al menos deja de intentar que me sienta mejor. Déjame sufrir por la mierda que acabo de hacer. Me lo merezco.
—No —insistió ella, en un murmullo bajo.
Se movió logrando que me saliera de su interior, provocándome una mueca porque, en serio, era increíble estar dentro de ella, entonces subí mis vaqueros porque realmente era el único indecente ahora, su vestido cayó fácilmente ocultándolo todo como si nada hubiera pasado y se giró para estrechar mi cuello entre sus pequeños brazos. Era la primera vez que nos mirábamos de frente después de lo que habíamos hecho, y podía sentir la ansiedad instalándose en mis hombros ahora.
Me encontré devanándome los sesos para decir algo pero no encontré nada. Pude escuchar los ecos de una risa histérica formándose en el fondo de mi mente. Aquí es donde iba a empezar mi miseria. La miré con ojos cargados de arrepentimiento, pero me quedé sin aliento al ver sus oscuros orbes. Eran cálidos, tenía instalada una mirada satisfecha y una dulce sonrisa bailando en sus labios que me robó el aliento.
—Te amo, bebé. Esto fue como tenía que ser. —Estiró su mano y acarició mi mejilla—. Este eres tú. No puedo pedir más.
Y solo hasta entonces pensé que quizás, solo quizás, la vida tenía que ser sencilla alguna vez para mí, ¿no? Había tomado una decisión y no iba a mirar atrás.
Gracias por su paciencia y su apoyo, a todas las chicas que me agregan a sus listas y demás, así como a las que siguen por aquí a pesar de mi tardanza en actualizar, un abrazo!
Gracias por comentar: soledadcullen, hola nena, Bella definitivamente no es ni la sombra de lo que fue, bueno quizás un poco, por ahí les tengo una sorpresa, Edward tiene aún sus problemas y alucinaciones, pero esta tratando de salir adelante, ¿te gustó? Cindy, casi me quedo calva cuando leí su rr, me tiene muy olvidada de plano, espero que todo este muy bien por su casa, los niños? el señor? jajaja un abrazo mi querida cuchu. JosWeasleyC, un poco MUY perdida nena, es un gusto tenerte de vuelta, y sí nena ese era el problema de los dos, ambos eran muy competitivos, un gusto tenerte de vuelta, espero te haya gustado el capi, jupy, ambos tienen miedo a seguir adelante sin embargo están construyendo más de lo que Edward aún es capaz de apreciar, como ves?, Guest, muchas gracias por tus lindas palabras eres un amor, también es un placer leerte pero no olvides dejarme tu nombre!, EbyCmasen, ya te ubiqué nena, muchas gracias por decirmelo, te cuento que como que comenzó a ser anorexico antes de volver con Bella, pero ahora se encuentra bien, hace ejercicio para aliviar la ansiedad y ya esta comiendo, muchas gracias a ti por comentar espero te haya gustado este capi también, PichiLG, ahí donde la vez, Bella no deja que Edward se haga el wey, jaja nunca lo ha dejado ya verás ;) ya sé que para tí solo hay un pony pero me encanta joderte con que este es otro jajaja un abrazo mi Chistosita agogó, Bella-Nympha, hola nena, un gusto tenerte por aquí de vuelta, la verdad esta historia es solo una idea, no he padecido amnesia ni transtornos, la he escrito en base a lo que he leído y me he informado, es para pasar un buen rato nada más, tanto leyendo como creando a un personaje complejo, espero te siga gustando ;), MoN cArTeR, hola hola nena, gracias por tus lindas palabras, y amo los tacos! tenía que mencionarlos, me fascinan, espero este cap te haya gustado :), Gloria, ya me imagino como te debe traer la uni, ¿qué estás estudiando? si no es mucha indiscreción, y bueno ellos tratan de ser novios normales pero a veces no se puede con tanta facilidad, saludos nena que estés muy bien. Tecupi, pues al final la materia dominó sobre la mente de Edward y ha cedido a los impulsos de ambos, crees que con esto cambie su relación? Rosbell, jajaja noo no todo... aún :p, saludos nena. MarleCullen, al final terminó subiendose al carrusel con Bella y cediendo a sus deseos, esa mujer tanto de carne y hueso como la alucinación, me lo traen todo loco al pobre, ya viste?, Ali-Lu Kuran Hale, jajaja sí, es raro lo sé en cuanto al desempeño de cada personaje, imaginate a Jake de niño siendo el hijo de Esme, pero bueno solo estoy jugando con los personajes, muchas gracias por tus palabras, espero este cap también te haya gustado, besos!, linda bella, Muchas gracias por tus palabras nena, son muy alagadoras, sé que Edward debe intentar cambiar por él mismo, ya verás como lo hace, por lo pronto, ¿te gustó el capi?, LeslieeMariia, Gracias nena, estos dos ahora dieron un paso peligroso en su relación, ¿crees que sigan por ese camino?, Stefi Martinez, Gracias nena, eres un amor que lindas palabras, de hecho les tengo una sorpresa para el siguiente capi respecto al pasado, pero bueno, ahora estamos con estos dos que se aventuraron en un terreno peligroso, ¿como viste?, Dayis, Gracias por tus palabras nena, espero en este no dejarte con ganas de nada, las cosas entre ellos avanzaron pero igual no fue lo ideal, ¿crees que todo se vaya en picada o por el contrario? Diana Daz, A Edward al final le ganaron las hormonas y cedió a la trampa en la que Bella lo tenía envuelto, esperemos que esto no haga un retroceso en su estado mental, cómo ves?, Anayka16, Mil gracias por todas tus lindas palabras, no le digas adios a este mundo de fanasía, verás como luego se nos ocurren más cosas, en cuanto a los lemmons, me he reido hasta el infinito porque justo cuando me dices eso, estoy escribiendo el de este, ajajaja así que realmente espero no defraudarte, oye y en cuanto a los burritos claro que lo escribí con la intención de que todo el mundo deje de ubicar a México como el promotor mundial de burritos, por Dios, los tacos son la onda, son por mucho mejores y más deliciosos, te lo dice una Mexicana :) así que saludos paisana :). MonZe Pedroza, gracias a ti por comentar nena, esperemos que cuando recupere la memoria, logré también recordar estos momentos con Edward y ponerlos en una balanza, ¿te gustó el capi?
Bueno chicas, me estoy volviendo una conservadora en esto, once capítulos y un lemmon? jajaja a donde vamos a parar, no se crean, espero les este gustando la historia y me lo hagan saber :)
