El día siguiente transcurrió casi exactamente de la misma forma que lo hizo cuando fueron al campamente moblin, salvo por el hecho de que en lugar de estar listos antes del amanecer, tuvieron que partir antes del atardecer. Ella no sabía absolutamente nada del plan de Vaati, excepto que era absolutamente crucial para ella lucir como una confiada y hermosa princesa digna de Hyrule. Ella necesitaba representar que Hyruel no estaba derrotado, si no en su mejor momento, también necesitaba mostrar que la gloria de Hyrule había caído en las manos de lo que podía decir, él planeaba usar el mismo truco que había hecho con los moblins.

Durante la primera mitad del día, Vaati la dejó sola, diciéndole que necesitaba hacer algunas preparaciones, apareció o una o dos veces nada más para asegurarse de que ella estuviera bien con todo esto. Eso podría haberse interpretado como un buen gesto, pero Zelda no se podía quitar el cínico pensamiento de que el éxito de esto dependía de que tan bien se sintiera. Aun así, una pequeña parte de ella reconocía de mala gana que quizá, solo quizá, algo de la discusión del día anterior le había llegado, después de todo, él podía haberla forzado a ir le gustara o no. No había punto en preguntar su opinión sobre algo, si una parte de él no se había dado cuenta de que quizás dejarla decidir ir era también una opción. Wow ¿Increíble no?

Se vistió en el nuevo atuendo que Vaati le había dejado temprano durante una de sus visitas. Su viejo vestido de princesa estaba un poco deteriorado y sucio luego de todas las acciones no principescas que había tenido que soportar, aunque la mayor parte del desgaste venía de ser tomado de forma inceremoniosa por una garra gigante perteneciente a cierto brujo agresivo, ese no era un trato apropiado para ese tipo de ropa.

Su nuevo vestido era muy similar al viejo, manteniendo su diseño, salvo por su color y otros pequeños detalles. En lugar del emblema Hyliano bordado en el pendón delantero, se encontraba el ojo demoniaco debajo de la trifuerza. Las piezas doradas en su vestido también estaban bordadas con un ojo. La marca de Vaati estaba en cada rincón. También en lugar de color rosa, el nuevo atuendo era púrpura. Ella aún odiaba el púrpura. La princesa arrugó la nariz mientras ajustaba el corsé.

Zelda se colocó los guantes blancos mientras observaba su reflejo en el espejo junto al centinela que revoloteaba alrededor de su cabeza. Tenía que admitir que se veía bien en púrpura, tanto como odiaba el color. Aunque este no era exactamente el tono regio e imponente que el brujo usaba, era más como un suave lavanda que recordaba la dulce inocencia. Ella sonrió. El color y el diseño decían mucho de lo que él pensaba de ella, de lo que quería que fuera. Vaati quería que fuera esa inocente y dulce princesa de Hyrule que estaba completamente bajo su posesión.

Se cruzó de brazos. Seguro, ella lucía muy linda en su nuevo vestido morado claro. Le daba un cierto aire de gentileza y trato suave que no era muy aparente con el viejo diseño en rosa. No podía evitar sonrojarse de lo adorable que lucía con el enorme lazo lavanda que reemplazó al anterior, quizás podía decir que le gustaba un poco, pero al mismo tiempo se sentía como si fuera algún tipo de mercancía para alegrar la vista de todos, eso la hacía sentir asqueada. Tocando su barbilla, abrió su cajonera y sacó unas tijeras, con las cuales procedió a recortar su lazo para darle un aspecto más aguzado a su indumentaria.

Le dedicó una sonrisa satisfecha a su reflejo. Mucho mejor.

Salió del cuarto y pasó a través de las estatuas de piedra llena de confianza, haciendo su mejor esfuerzo por sacudirse los últimos retazos de nerviosismo. Se dirigió hacia Vaati, quien reposaba apoyado contra la pared. Si él lo hubiera querido, podría haberla visto desnuda, ya que su habitación no tenía una puerta a la que pudiera poner cerrojo, pero en lugar de eso él esperó educadamente fuera de su vista. Zelda entrecerró los ojos mientras lo observaba. La ponía enferma pensar que podría ser forzada a hacer cosas que no le eran agradables pero…

Quizás era un pensamiento desesperado, proveniente del miedo de atravesar de nuevo algo que la hiciera sentir terrible pero… Quería creer en él. Quizás solo estaba imaginando cosas, pero sentía que había algo en el brujo hoy que sugería que se había vuelto un poco más maduro.

—Lista. —Declaró luego de un profundo suspiro.

Vaati estaba observando su cabello.

—¿Qué le hiciste? —Frunció el ceño mientras se incorporaba de la pared y apuntaba su lazo—. Se supone que debes lucir presentable, no como si un monstruo te hubiera atacado esta mañana. —Agregó con desaprobación.

—Soy el espíritu de Hyrule y yo…. —Zelda cruzó sus brazos desafiante—. Soy fiera.

El brujo parpadeó. En lugar de regañarla y enfardarse con ella por arruinar el look que cuidadosamente había elegido comenzó a reírse. Sus hombros se relajaron, él ni siquiera se había dado cuenta de que estaba tenso. Nunca lo admitiría, pero si un extraño lo viera, diría que Vaati lucía aliviado de que la princesa aún no hubiera perdido su fuego. Otra cosa que tampoco admitiría nunca, era que ahora que sabía que ella podía deprimirse no quería verla así otra vez. Y no porque ella le importara o algo, sino porque era desagradable, aburrido y molesto verla así… En ese estado no era mejor que un Redead, ya habían suficientes de esas cosas alrededor (Y cuando fuera el supremo gobernante de Hyrule habrían aún más).

Además ¿Qué tenía de bueno un juguete si estaba roto? Él había aprendido su lección.

Aun cuando ella le había crispado los nervios más veces de las que podía contar, aun cuando nunca hacía nada de lo que quería, sus raras estrategias nunca fallaban en divertirlo.

—Muy bien. —Contestó el brujo.

Zelda lucía casi sorprendida de que Vaati se estuviera riendo y no de forma sarcástica, pero su mirada de desconcierto fue rápidamente reemplazada por una de suspicacia. Vaati lo notó y detuvo sus carcajadas para regresar a un sonrisa maligna.

—¿Pasa algo amor?

Zelda hizo una mueca.

—Estás demasiado alegre hoy.

Oh sí, sin duda su gilipollómetro estaba al 100%, igual que el día en que se conocieron, cuando él solo tenía cosas triviales de las cuáles ocuparse, cuando ella todavía no trabajaba tan duro para hacer su vida lo más molesta posible, o cuando él estaba confiado en sus grandiosos esquemas. En cualquier caso, verlo así era un poco irritante.

La sonrisa de Vaati se ensanchó y se acercó a la princesa colocando las manos detrás de su cintura.

—Tengo todo lo que necesito aquí en mis brazos —Ronroneó deslizando a propósito sus labios cerca de la oreja de ella, de tal forma que pudo ver el rostro de la chica congelarse de la sorpresa. Entonces tomando una de las mejillas de la princesa la hizo dirigir su mirada hacia él—. Cuando termine el día, seré el único que habrá salvado tu precioso Hyruel y estaré un paso más cerca de ser la voz más poderosa de la región.

A la princesa esto no le pareció divertido, apretó sus manos con frustración, lista para darle otra cachetada en la mejilla si decidía hacer algo demasiado desagradable.

—¿Por qué no eres el más poderoso aún? —Preguntó Zelda con alevosía mientras colocaba una mano en el hombro del brujo como una advertencia de que estaba demasiado cerca.

Vaati sonrió y usando la mano que había estado en la mejilla de Zelda tomó el brazo de la princesa que descansaba sobre su hombro, para colocarlo alrededor de su cuello en una posición extremadamente íntima. Por la forma en la que sus hombros se agitaban, parecía que se estaba quebrando por dentro, por su parte Zelda se pateaba a si misma mentalmente, aunque su expresión era de absoluta serenidad.

—Soy el más poderoso, es solo que no estaré satisfecho hasta que todos lo sepan.

Sus labios estaban muy cerca, quizás demasiado cerca. Ella esperaba que en cualquier momento él se acercara aún más y tratara de robarle un beso, como había hecho otras veces antes. Sus puños estaban listos, y sus reacciones preparadas como las de un gato. Si Vaati seguía adelante, definitivamente lo golpearía.

Entonces abrió sus dedos y deshizo sus puños. Un segundo pensamiento cruzó su mente, quizás golpearlo no era la mejor idea si quería evitar que se rodeara de una rabia asesina. Era un milagro que se hubiera librado del por golpearlo antes.

Sin embargo, Vaati la sorprendió no haciendo nada de nada. El lugar de eso, le dio una sonrisa maliciosa disfrutando la expresión desconcertada que tenía y luego la empujó lejos.

—Bueno, vamos entonces.

Sonrió dejando a Zelda parpadeando sorprendida por su actitud infantil. Entonces, con un estallido de humo, la forma hyliana de Vaati fue reemplazad por su aspecto de ojo demoniaco, tomó gentilmente a la princesa con sus garras y emprendió el vuelo.

No fue un viaje largo el que tuvieron que hacer hasta llegar al lugar de encuentro con aquellos curiosos monstruos mágicos conocidos como Wizzrobes. Vaati voló hacia unos bosques que no estaban muy lejos de una de las villas de la frontera en los campos de Hyrule y eventualmente aterrizaron en una mansión en el bosque. Era realmente alarmante lo cerca que estaba de las villas Hylianas, Zelda se preguntó por qué nadie mencionó nunca nada acerca de un escondite de monstruos tan cerca de la civilización.

Me pregunto si los wizzrobes tendrán algo que ver con esos sinistros rumores acerca de magos errantes alrededor de Hyrule… Pensaba Zelda mientras aterrizaban. Impa le había hablado una vez acerca de problemas con gente desaparecida que se había desvanecido luego de tratar de encontrar magia prohibida. La mayoría de los casos venían de gente de villas de la frontera, y aunque en su momento ignoró esos cuentos por considerarlos fantasías de zonas rurales, no estaba muy segura de que fueran simples historias ahora.

A diferencia de como ocurrió con los moblins, nadie salió a recibirlos de la mansión y Vaati inmediatamente cambió a su forma Hyliana. Zelda lo miró curiosa cuando este le extendió su brazo para que lo tomara y lo siguiera hasta la construcción. Obviamente los wizzrobes iban a ser muy diferentes de los moblins. Esto la hizo ponerse un poco nerviosa, ya que no sabía qué esperar. Lo peor, debían caminar hasta la guarida de los monstruos, directo a su territorio.

Instintivamente se aproximó a Vaati, la única cosa familiar en todos los alrededores. El brujo arqueó sus cejas momentáneamente, extrañado de que ella no lo empujara lejos por primera vez, continuó caminando hasta la mansión con una ligera sonrisa en sus labios.

Tan pronto como llegaron a las altas puertas de madera, estas se abrieron con un crujido, causando que Zelda saltara de la sorpresa por el movimiento repentino. Ella escuchó un coro de risas que venían del interior, no había duda de que se reían de su reacción, frunció el ceño indignada.

Mientras tanto, Vaati parecía bastante habituado a estas conductas, por lo que avanzó dándole un pequeño tirón al brazo de Zelda. Bajo la escaza luz de los candelabros y la polvorienta lámpara de araña que colgaba del techo, ella pudo notar docenas de criaturas encapuchadas que los observaban desde todos los rincones del cuarto. Eventualmente 6 de ellos salieron a saludarlos, y por lo que vio, no había nada particularmente "monstruoso" en ellos. De hecho, podrían haber sido confundidos con individuos excéntricos que cubrían sus rostros con coloridas capuchas de pájaro. Tres de ellos usaban capuchas azules, mientras que los otros tres, rojas. Por unos pocos segundos susurraron entre ellos mientras lanzaban miradas furtivas a los visitantes, mitad curiosos, mitad temerosos de que el brujo de los vientos los hubiera honrado con su visita.

"—En verdad vino.

—Estamos en problemas ahora… Kehaha.

—¿Cuándo no lo estamos?

—Solo cállate y estaremos bien.

—Le habrán dicho algo los moblins?

—¿Crees que no lo harían?

—¿Quién es esa?

—¿Acaso no es…?

—¡Es la princesa!

—Ohhoho

—¿Se van a dedicar a hablar entre ustedes o…? —Vaati golpeteaba sus dedos contra su costado impacientemente dejando la oración inconclusa de forma amenazante.

Eso fue suficiente para captar la atención de los monstruos, quienes realizaron una torpe y demasiado dramática reverencia y le indicaron a los visitantes que los siguieran dentro de la mansión.

Los guiaron hasta una pequeña mesa vacía con tres sillas. Aparte de los 6 wizzrobes que los guiaban, los demás los observaban desde las sombras, asegurándose de mantenerse fuera de su camino. Aun cuando estaba fuera de la vista, Zelda no podía quitarse la sensación de ser observada. Ella y Vaati tomaron asiento en la mesa, mientras que los 6 wizzrobes reunidos detrás de la silla restante discutían entre ellos quien se sentaría.

Parecía que ninguno quería ser el que tuviera que hablar con el cada vez más enojado y extremadamente poderoso brujo. Luego de mucho debatir, finalmente se las arreglaron para elegir un sacrificio, un wizzrobe azul que por lo poco que pudo captar Zelda, aparentemente cometió algún tipo de ofensa anteriormente que lo hizo merecedor del peor rol. Ocupó la silla vacía abatido y se encogió de hombros.

—Keha… Ummm… Um… Parece que tendré el placer de ser su anfitrión hoy. Supongo que tendré que jugar mi rol con algo de chispa.

Zelda observó alos monstruos con interés, esto era definitivamente muy distinto de lo que había visto con los moblins. Los wizzrobes, al menos este, tenían un Hyliano muy fluido. Ya que el lenguaje no era una barrera ¿Por qué Hyrule nunca intentó negociar con ellos? ¿Era realmente porque sus culturas eran demasiado distintas? Mientras la princesa tenía estos pensamientos, el wizzrobe aclaró su garganta con una pequeña tos y comenzó de nuevo, esta vez con mucha más seguridad.

—¿Y a qué debemos el placer de su visita?

—Sabes muy bien por qué estoy aquí. Ya lo discutimos suficientes veces y no quiero repetirlo otra vez: Cesen el ataque a Hyrule. —Gruñó Vaati.

—Oh, oh, pero tú sabes que nosotros no seguimos nadie, ni siquiera a Lord Vaati, nuestro altamente estimado brujo. — El wizrobe de hielo chasqueó la lengua sonoramente, causando que algunos de sus camaradas detrás de él agitaran sus cabezas advirtiéndole que estaba yendo demasiado lejos con sus palabras—. Porque como veras, hay algunos de nosotros que piensan que te has vuelto demasiado suave en tu actuar. Uno de esos individuos te retó a una especie de desafío y es la razón por la que no nos matarás si puedes evitarlo.

Los anteriormente asustados Wizzrobes detrás del interlocutor se calmaron y asintieron instantáneamente esta vez, recuperando su confianza. Ellos tenían inmunidad ¿Cómo pudieron olvidarlo? Vaati le lanzó una mirada amenazadora.

—Sabes mucho Wizzrobe.

La criatura de hielo se carcajeó.

—El mundo se mueve, Lord Vaati.

—Mmm.

Vaati parecía pensativo. Entonces chasqueó los dedos y el sonriente monstruos de pronto comenzó a toser, sujetando su garganta y mirando a su alrededor salvajemente en confusión. El brujo sonrió mientras observaba al monstruo asfixiarse hasta la muerte.

—Es difícil reír cuando no puedes respirar ¿No es cierto? —Sonrió maliciosamente.

Dejó que el Wizzrobe se desesperara por aire por algunos agonizantes segundos más, entonces haciendo un movimiento con sus dedos, dejó que el aire fluyera nuevamente alrededor del rostro del monstruo.

El ser de hielo cayó en su silla mientras sus camaradas reían detrás de él en una forma que parecía decir "Que le sirva de lección". Todo ese tiempo, Zelda no pudo evitar mirar el intercambio con desaprobación, era tan… Barbárico con todas esas amenazas y ese sarcasmo y aquellos intercambios incivilizados cada pocos segundos.

—Una maravillosa broma, aunque un tanto dolorosa. —Jadeó el monstruo de buen humor, a pesar del hecho de que casi lo habían asfixiado hasta la muerte—. Pero como estaba diciendo, nosotros los wizzrobes no seguimos a nadie Lord Vaati. Y usted deberá entender que no somos los únicos que compartimos ese sentimiento, especialmente con el otro maestro estando tan escéptico de su poder.

Ante esto, Zelda inclinó su cabeza curiosa. La gente de Hyrule siempre había asumido que los monstruos escucharían a alguien como Vaati sin cuestionar nada, pero mientras más tiempo pasaba con el brujo, más comenzaba a comprender que no era el caso. Tal como en todas las sociedades, los monstruos, al parecer también tenían descontento con sus regidores. Pero la mención de otro maestro era otro punto con el que no estaba familiarizada. Obviamente había algún tipo de estructura jerárquica en la sociedad de los monstruos, esto la hizo preguntarse cuántos niveles habría y quien estaría en la cima.

Vaati sonreía, pero no de una forma agradable o amistosa. Era el tipo de sonrisa que haría a la gente correr lejos de él tan rápido como pudieran. El cuarto casi se sintió más frío solo por esa sonrisa.

—¿Exactamente de qué está escéptico?

—Brrr. —El monstruo tiritó dramáticamente, siendo animado por las risas apagadas de su grupo detrás—. Pues verá, —Inmediatamente continuó antes de que Vaati decidiera matarlo de una buena vez—. El primer erm…. Tema, supongo que podríamos llamarlo así, es esa idea de casarse con esta señorita. —Apuntó a la princesa sentada junto al brujo como si ella fuera una desconcertante anomalía—. Matrimonio… Nosotros no… Esa es una idea demasiado humana Lord Vaati. Es un concepto muy despreciable. Algunos de los maestros consideran una debilidad que siga ese tipo de tradiciones humanas.

—Irrelevante. —Soltó Vaati con desprecio. Ni siquiera dio un argumento detallado, solo dijo eso—. ¿Y el segundo punto?

El Wizzrobe de hielo parpadeó, entonces reunió sus pensamientos de nuevo.

—Mmmm, ya veo. El segundo punto es que nosotros nunca hemos realmente ganado siguiéndolo Lord Vaati.

—¿Y tú creer que lo harán mejor ustedes por su cuenta? —Siseó el brujo.

—Estoy simplemente relatando la opinión de los grandes maestros Lord Vaati, nosotros somos meros lacayos que no se atreven a cuestionar a aquellos que están más arriba. —Replicó el monstruo malhumorado, aunque fue una réplica bastante suave que indicaba que no quería molestar al brujo Demasiado. Entonces el wizzrobe rió en un intento de disipar la tensión y puso un vaso de madera negra y brillante con tres dados verdes sobre la mesa.

El ser encapuchado se inclinó hacia adelante descansando su barbilla en una de sus manos y miró al brujo inquisitivamente, mientras que la princesa se encogía en su sitio. Ella podría haber pensado que eran similares a los Hylianos antes, pero había algo en la forma en la que sus ojos brillaban que no era exactamente humano.

—No estamos diciendo que no queramos seguirlo Lord Vaati, —continuó el wizzrobe—. Solo necesitamos un poco de convencimiento. Lo tenemos en muy alta estima a usted y sus poderes mágicos. Supongo que es por eso que tenemos esta reunión.

—Déjenme decirles que me estoy aburriendo de tratar de cumplir con el desafío de cierto "maestro" y podría considerar matarlos a todos ustedes si no escuchan. —Advirtió Vaati peligrosamente.

Los wizzrobes sin embargo, no estaban molestos como lo estuvieron los moblins.

—Entonces eso es muy malo. La muerte no asusta a la carne de cañón cuando esta tienes ideales por los cuales morir, —replicó el monstruo alegremente—. Pero por favor, Lord Vaati. Entretengámonos un momento, le garantizamos que en los próximos minutos usted se retirará con nuestro apoyo o con nuestras cabezas.

Ante esto hubo una corrección de uno de los otros wizzrobes que afirmó que él no se iría con sus cabezas.

—…. O usted se irá con… Oh, olvídelo. Lo verá luego de la explicación ¡Kehaha! Le propongo jugar un juego de apuestas, completamente basado en la suerte —El monstruo de hielo señaló con su mano el vaso y los tres dados en la mesa, mientras que la expresión de escepticismo de Vaati continuaba creciendo—. Si usted gana le juraremos lealtad.

A pesar de la irritación y la creciente rabia que había habido en la voz de Vaati, ahora mostraba un tono de desprecio

—¿Me estás diciendo que vamos a decidir esto por una especie de juego de azar?

Incluso Zelda estaba confundida ahora. Arrugó el puente de su nariz mientras pensaba: Creo que ya entiendo por qué no negociamos con los Wizzrobbes.

—¡Trivial Hazard no es sólo un juego de azar! —Contestó el ser encapuchado con indignación—. El destino es una cosa repugnante y muy poderosa en las manos correctas. Estoy seguro de que usted y la princesa ya saben esto.

—No pensaba que fueran del tipo religioso —Bramó Vaati ignorando el coro de risas ante la mención de la palabra religión.

—Si el destino le sonríe Lord Vaati… —El wizzrobe carcajeó—. Entonces lo seguiremos. Ahora, nuestra apuesta es el poder de nuestro gremio entero a su disposición, que según entiendo, es fundamental para convencer al testarudo maestro. Esperamos una apuesta de similar peso de parte de usted.

—No veo por qué tendría que estar en términos de igualdad con unos simples wizzrobes —Escupió Vaati.

¿Acaso lo había imaginado o los ojos de los monstruos se habían entrecerrado detrás de sus máscaras? Zelda no podría decirlo, pero sus voces sonaban menos alegres que antes

—Entonces seguramente usted no tiene nada que temer por apostar con unos simples wizzrobes. —Gruñó la criatura.

Con una risa Vaati golpeó su palma contra la mesa.

—Bien.

—Nada de tierras o dinero, por favor Lord Vaati. Esas cosas no tienen valor para nosotros.

Vaati observó los tres dados en frente de él con una mirada fría. Giró el dado alrededor de sus dedos por unos pocos segundos de forma pensativa y pareció considerar qué podría arriesgar. Entonces, una desagradable sonrisa apareció en su cara mientras colocaba el dado de vuelta en la mesa

—¿Qué tal si hacemos esto? —Comenzó captando la atención de los Wizzrobes—. Ustedes prometen su gremio, junto con la completa obediencia de los Darknuts que sé que pueden invocar….

Hubo un susurro suave proveniente de un wizzrobe de fuego "Eso sería demasiado".

—Y yo… —Vaati colocó su brazo alrededor de los hombros de Zelda—. Apostaré a la princesa de Hyrule.

—¿¡Que!? —Gritó Zelda poniéndose de pie abruptamente. Su mente se puso en blanco. Eso no era parte de nada que ella y Vaati hubieran discutido. ¡Cómo se atrevía a ponerla al mismo nivel que una mercancía! ¡Como si fuera algún tipo de comodidad comerciable!

Ella no tenía el poder de hacer nada, sin embargo, antes de que supiera lo que estaba ocurriendo, los wizzrobes ya habían decidido su respuesta. Sonriendo detrás de sus máscaras con placentera sorpresa, el ser de hielo tomó el dado de la mesa y dijo:

—Trato hecho.


Esta vez no habían demasiadas notas relevantes de parte de fleets, salvo quizás que Trivial Hazard, es una versión modificada de un juego de azar que de verdad existe y que se llama Grand Hazard, no soy muy aficionada a ese tipo de cosas así que la verdad no podría explicar en qué consiste, pero de todas formas en el siguiente capítulo se explica de forma simple de qué Trivial Hazard.

Bueno, no tengo más que decir, Vaati lo ha hecho otra vez y se ha comportado como un imbécil y aún así esta historia sigue catalogada dentro de la categoría de Romance ¿Pueden creerlo? Da lo mismo, así como va la cosa es muy interesante. Hasta el siguiente capítulo.