¡Hola! Tengo un montón de notas para este capítulo:

Primero: la chica del otro fic me pidió que les dijera que cambió los capítulos de "autoría dudosa". De nuevo les pido unos segundos de su tiempo para leer algunas palabras al respecto en mi perfil. Pero si no lo hacen, sólo sepan que si se topan con ese fic, ya no encontrarán esas partes sacadas de este.

Segundo: Perdonen la tardanza; cuando casi estaba terminando el capítulo, decidí que no me gustaba nada y lo reescribí todo otra vez. Me lié por escribirlo en retrospectiva, me quedó muy largo, dramático y excesivamente introspectivo por parte de Vegeta… Es verdad que saqué muchas partes que me gustaban, pero opté por la simplicidad.

Y tercero: Por esta vez y sólo por esta vez… dejo a un lado a Bulma. Ya sé que este es un fic sobre la pareja Vegeta/Bulma, pero les repito que es sólo por esta vez. Me interesaba tratar la relación padre-hijo con Trunks del futuro; espero que no les moleste que me apartara del plan original. Por eso esta vez se trata de ellos dos en la Habitación del Tiempo…

--------

Acto XI: En la Habitación del Tiempo

- ¡Papá!- rasgó el aire la angustiosa voz del muchacho y llegó hasta él como si pudiera atravesar físicamente su cuerpo. Esa voz… esa palabra

¿Qué podía decir al respecto? Aún no acababa de acostumbrarse a eso de ser padre y demasiado pronto (demasiado pronto para cualquiera) su hijo ya era un adolescente. Hacía sólo unos días se había enterado que ese muchacho era su hijo. Le pareció irónicamente gracioso que hubiera ocurrido lo mismo que con el bebé: se había sentido celoso por nada. Tres años atrás había desconfiado de aquel Don Nadie que, ostentando unos poderes asombrosos, podía convertirse en un súper saiyajin. Pero ahora todo se explicaba por si sólo: ¡él era su hijo, tenía su sangre! Por eso podía convertirse en un súper saiyajin; por eso era tan fuerte a pesar de ser tan joven. Más aún: ese chico había eliminado a Freezer, su padre y todos sus soldados en un instante. Y lo hizo a sangre fría y sin rodeos: ¡como un verdadero saiyajin! Al fin un descendiente de la familia real había derrotado a Freezer, vengando a toda su raza. Eso significaba mucho para Vegeta; por primera vez se hinchó realmente de orgullo por alguien más que sí mismo.

Pero su idilio no duraría mucho: ese joven había resultado muy quejoso y lo peor es que insistía en recurrir a esa basura de Kakarotto cuando él, Vegeta, era mucho, pero mucho más fuerte.

En realidad, la peor parte de este "nuevo" hijo era que él no le gradaba del todo. Era cierto que trataba de acercarse a él y conocerlo mejor, cada vez que podía; pero también criticaba bastante su manera de ser y de actuar. Vegeta no se sentía muy seguro aún con su rol de padre, y ya tenía bastante con que el bebé llorara cada vez que lo veía; ahora además, su hijo tenía la edad suficiente para poder decirle a la cara que no era un buen padre.

Muchas veces había recurrido a la memoria de su propio padre preguntándose qué debía hacer. Aunque había sido separado de él siendo muy niño, su recuerdo permanecía aún fuertemente grabado en él, y era un buen recuerdo. Y su padre había sido un buen padre sólo porque él había sido un excelente hijo: había nacido con un poder extraordinario y excelentes capacidades para la batalla. Pero de no haber sido así, se hubiese desecho de él y hubiera corrido el mismo destino que el otro hijo del Rey, del que no volvió a saber. Era así de simple. Pero los terrícolas tenían ideas muy distintas en torno a la paternidad. Ese chico, en especial, había crecido sin un padre, había soñado con él toda su vida, y ahora que finalmente lo conocía, Vegeta sentía que estaba obligado a cumplir los estándares del ideal que éste se había formado. Por eso intentaba mantenerlo alejado: le dolía no estar a la altura de las expectativas de las personas que le importaban y sabía que hiciese lo que hiciera acabaría decepcionándolo.

Pero helos ahí en una situación que los encerraría en una mágica habitación por espacio de un año. Es allí donde se encontraban.

- ¡Papá! –volvió a llamarlo asustado, al ver que el entrenamiento y las duras condiciones de esa extraña habitación estaban poniendo en peligro la vida de su padre.

Vegeta se detuvo y lo observó por un instante; su mirada llena de miedo y preocupación por él le recordaban muchísimo a Bulma. Ese chico podía ser muy fuerte pero no tenía tanta experiencia en las batallas: lo sabía porque no podía distinguir el verdadero peligro. A Vegeta le gustaba entrenar de esa manera un poco extrema: era la única forma de conocer realmente sus límites, pero no era algo que se saliera de su control así que no había razón para estar gimoteando. Eso le había pasado por crecer consentido por su madre, pensó; se prometió que a su hijo le enseñaría a no mostrarse tan patético aún antes que a pararse derecho o comer con la boca cerrada. Mirando fijamente esos ojos, trató de ver los de su pequeño hijo, aquel que debía estar jugando con su mamá y sus abuelos en la Corporación Cápsula, y le prometió a ese niño que su padre estaría a su lado mientas creciera. Ahora tenía una razón más para sobrevivir a esa pelea.

- Ni se te ocurra seguirme –le dijo, y voló hacia un lugar apartado donde pudiera entrenar sin distracciones y sin perturbar al angustiado muchacho.


Trunks había llegado a aprender algunas cosas de su padre el tiempo que estuvo allí con él. Se trataba de una persona muy fuerte y orgullosa, tal como le había dicho su madre, y también era un hombre muy solitario. Nunca lo quería cerca y le hablaba siempre en el mismo tono de voz: como si le diera órdenes. Pero ahora Trunks entendía que esa era su forma de ser, y no quería decir que lo odiara por algo, como interpretó en un principio. Pensó que su madre seguramente había pasado por los mismos problemas para llegar a conocerlo. Sin embargo, entendía qué le agradó de él: Vegeta era un hombre muy fuerte y no sólo físicamente; su sola presencia le inspiraba respeto y no solamente porque fuera su padre. Su voz era imponente y su mirada muy intensa; tenía una gran fuerza de voluntad y determinación, y se dedicaba por completo a lo que hacía. Todo esto pudo saberlo viéndolo de lejos, porque la verdad es que nunca había podido hablar bien con él.

Pero quería hacer el intento. Un buen día preparó el almuerzo y esperó a que su padre se despertara.

- Papá –lo llamó cuando Vegeta apareció, luego de haber dormido unas pocas horas. Éste no respondió. - ¿Qué te parece si comemos juntos? -…aún nada. - …Y pensé que tal vez podías contarme cómo conociste a mamá –sonrió el muchacho.

Vegeta resopló con sorna.

- ¿De verdad hiciste un viaje en el tiempo sólo para saber eso? –dijo, que entre líneas quería decir "por qué no te ocupas de asuntos más importantes".

Trunks se quedó molesto y contrariado, ¿por qué tenía que ser siempre tan odioso? Ahora no entendía cómo su madre pudo enamorarse de un hombre así. Siempre que él preguntaba, su madre le hablaba de la fuerza o del orgullo de su padre, pero nunca decía algo bueno… ahora entendía por qué: ¡no había algo bueno para decir!

- ¡Señor Vegeta! –Trunks lo siguió hasta ese inmenso vacío detrás de la habitación donde Vegeta se iba a entrenar. Éste se detuvo al notar cómo Trunks había cambiado el tono de su voz y que ya no lo estaba llamando "papá". – Contésteme: quiero que me diga si usted amó a mi madre.

Vegeta volteó apenas, mirándolo por sobre su hombro; el chico estaba tan molesto que podía llorar o explotar…

- ¿Usted realmente la amó? –insistió - ¿O usted… usted… la forzó? ¡Respóndame!

Las palabras ardían y parecían rasgarle la garganta; la idea de que ese hombre que tenía delante hubiera ultrajado a su madre era muy perturbadora, pero si no podía controlarse y desataba su enojo contra su padre en ese momento le preocupaba más ganar que perder contra él.

Trunks nunca llegó a escuchar una respuesta por parte de Vegeta. Despertó en su cama tratando de hacer memoria y lo último que recordaba era tener a su padre en frente, haberle gritado y fallar en convertirse en súper saiyajin. Luego todo se desvaneció…

Oyó pasos y como por instinto fingió estar dormido.

- Ya sé que estás despierto –gruñó Vegeta aún antes de verlo. Trunks volvió a abrir los ojos y lo vio saliendo de la despensa con un platón grande de frutas, comiendo una crujiente manzana.

Trunks hizo ademán de incorporarse.

- Te recomiendo que descanses un poco más – dijo Vegeta.

- No, tengo que volver a entrenar… -dijo tratando de sentarse y al hacerlo no se sintió nada bien.

- Te dije que te quedaras acostado –le ordenó Vegeta, empujándolo de nuevo hacia la cama. –Olvídate del entrenamiento por hoy; descansa y podrás volver mañana.

Trunks frunció el ceño y volteó la cabeza para no tener que mirar a su padre. Al hacerlo, cayó sobre la almohada un paño húmedo que no notó que tenía sobre la cabeza. Sintió el dorso de la mano de Vegeta sobre su frente.

- …Todavía tienes fiebre –anunció, retirando por un momento el guante. –Trata de dormir.

Trunks hizo un gesto de dolor, haciendo un esfuerzo por ocultar su respiración pesada y lucir lo más compuesto posible. Vegeta entornó los ojos y se llevó las manos a la cadera.

- He visto soldados con esta misma afección –dijo escupiendo una semilla a un lado. –Sucede cuando por alguna razón se abstienen de sacar todo su poder…

El chico entendía a qué se refería. Últimamente su entrenamiento se había estancado y sólo obtenía malos resultados, desde que empezó a sospechar que estaba cerca de superar los poderes de su padre, o que quizá ya los había superado. Su padre era tan orgulloso que no podía permitir que se enterara de eso; además, temía que si lo superaba éste terminaría odiándolo rotunda y abiertamente. Desde que esto le preocupaba tanto, cada vez le costaba más convertirse en súper saiyajin… aunque esta era la primera vez que se desmayaba en el intento.

- …Claro que como tú eres mucho más fuerte que esos infelices, también la estás pasando mucho peor. Descansa. –acabó Vegeta, cerrando las cortinas de su hijo y saliendo para volver a entrenar. –Y si puedes intenta comer algo.

Sólo entonces Trunks notó las frutas en la mesa junto a su cama; Vegeta las había llevado para él. Se sentó y estiró una mano para volver a correr las cortinas y llamar a su padre. Al hacerlo, también pudo ver una silla vacía junto a su cama.

- ¡Papá! Gracias… -dijo un poco dubitativo.

- Si quieres agradecerme sólo vuélvete más fuerte –respondió Vegeta sin voltear.

Trunks no estaba seguro si su padre realmente sabía el motivo de sus preocupaciones, pero tomó esas palabras para darse ánimo y seguir con su entrenamiento a pesar de todo.

-----

Auch, Trunks me rompió todos los esquemas, llegué a maldecirlo mucho mientras escribía el primer borrador de este capítulo. Pero volveremos con Bulma muy pronto ^^u.

Por favor, déjenme saber qué opinan de este capítulo, me lo merezco porque me costó mucho ñ_ñu. No sé si ustedes también lo encontraron embrollado o con un final tonto o… no quiero meterles mis ideas sólo díganme qué les pareció a ustedes (yo sigo ambivalente; un poco me gusta y otro poco creo que metí la pata).

Y también… esta es la segunda vez que Vegeta aparece comiendo una manzana; los desafío a adivinar por qué siempre come una manzana en mi fic ^^. Si alguno de ustedes adivina, puede pedirme un fic de cualquier personaje o pareja que quiera, ¿qué les parece ^^? Les diré la respuesta en el próximo capítulo :D.

Espérenlo para enterarse qué pasa cuando Bulma le pregunta a Vegeta qué pensó de ella la primera vez que la vio ^_^. En el próximo capítulo les cumpliré una promesa ;). ¡Hasta entonces!