¡Feliz año nuevo! Primer capítulo del 2014, sean todas bienvenidas.
Mil gracias por acompañarme en esta locura con vuestras lecturas y comentarios... la historia sigue y se van develando cosas... algunos personajes acercándose, ya saben...
Historia beteada por mi adorada Gaby Madriz y Manu de Marte como colaboradora.
A leer entonces. Mil besos a todas y nos estamos leyendo prontito.
Facebook como Catalina Lina y en Twiter como Cata_lina_lina
;-)
10.
"¡Oh, Dios, oh Dios… otra vez!" gimoteaba Ángela, agarrándose de las sabanas grises con fuerza mientras otra vez un orgasmo sacudía su cuerpo y lo hacía estallar.
La noche anterior, y después de pasar un excepcional día con Garrett, ni ella ni él resistieron a la tentación de echarse sobre la cama, abrazados y fundidos en un beso abrumador. Allí, una cosa llevó a la otra, no percatándose del momento justo de cuándo fue que su ropa desapareció de su cuerpo y de la de Garrett.
Técnicamente, aquella era la primera cita de ambos y se podía pensar que ella profesaba de ser "guarra" por esa actitud, pero en aquel momento le valía un pepino lo que se pudiese pensar. Ella lo único que deseaba era entregarse en cuerpo y alma a Garrett, por lo que ni siquiera se cuestionó sobre si era o no correcto tener sexo con él… No, corrección: ni siquiera se cuestionó sobre si era correcto o no "hacer el amor" con él, pues eso es lo que había pasado entre ambos aquella noche, habían hecho el amor.
Jamás en sus veintitantos años de vida, ella se había sentido tan amada y deseada por un hombre ―o un adonis como era su caso―, y en el caso de él, jamás había deseado a alguien con semejante ímpetu, nunca su cabeza había estado ocupada pensando en una mujer, ni se había visto suspirando como Romeo nunca antes por nadie. Así que era oficial: estaba enamorados.
―¡Dios, Garrett! Es increíble… ―Susurraba ella, aferrada aun al cuello de Garrett, que aún se mantenía meciéndose suavemente en su interior, aferrando la estrecha cintura de Ángela y besando los recovecos de su cuello― Nunca me había sentido igual… y amo esta manera de despertar ―. comentó al final, soltando una risita.
Sí, porque ella estaba durmiendo muy tranquila después de aquella noche tan pasional, cuando sintió un cosquilleo extraño que la llevó a removerse. Era un hormigueo agradable, pero que se iba intensificando a medida que iba regresando a la realidad. Abrió los ojos de golpe cuando se percató que inconscientemente se estaba aferrando a la almohada por sobre su cabeza, mientras Garrett hacía su expedición matutina con su boca por su monte de Venus que ya la noche anterior había colonizado y hecho suyo.
"¡Por vida de Jesús, esa lengua…!"
Garrett, al verla dormida, no pudo resistir la tentación del asalto aquel. Se iba a conformar con acariciarle el rostro con su dedo índice. Su piel era tan suave que se tentó para ir bajando con este por su cuello, recordando cómo la noche anterior sus manos la habían recorrido por completo y como ella se estremeció con su toque poniendo ella mismo en tela de juicio su cordura: "¡Dios, Garrett, me vas a volver loca…!". Hasta que la tentación fue más fuerte y avasalladora, bajando sutilmente por ella hasta llegar al lugar exacto donde sus hermosas piernas se unían.
―Mi amor, me siento tan completo contigo que no voy a dejarte ir nunca… ―Susurró él, haciéndose a un lado y atrayendo a su ángel con él entre sus brazos. Besó su cabello y suspiró de plenitud cuando ella besó su pecho desnudo. Se incorporó, y sonriente respondió a sus dichos.
―Lamento decirle, que de momento tendrás que dejarme ir, tengo un negocio que atender, ¿se te olvida? ―Le recordó, escabulléndose de los brazos de Garrett para sentarse en la cama y recuperar su ropa. Él sonrió observando como ella intentaba cubrirse con la sábana mientras recogía su ropa para meterse en el baño.
―¡No cierres la puerta con llave! ―Le advirtió Garrett, a lo que ella lo miró por sobre su hombro desnudo y le guiñó un ojo antes de entrar. Él se sentó sobre el colchó y estiró su mano hasta alcanzar su móvil que estaba sobre la mesita de noche. A penas desbloquear la pantalla, vio la cantidad de llamadas perdidas que tenia de Aro y Rosalie. De esta última, oyó un mensaje de voz que lo puso alerta:
"¡Dónde demonios estás, Garrett! Aro está como loco, Bella lo supo todo y anda desaparecida. ¡Así que regresa tu trasero al pueblo, pero ya!"
―¡Por un demonio! ―Exclamó, levantándose y dirigiéndose hacia el baño. Ángela ya estaba bajo el chorro de agua caliente. Si él se metía allí con ella, no saldrían en un buen rato, así que decidió dejarla sola, mientras él lavaba sus dientes, imaginándose los escenarios del día anterior, cuando Bella supo la verdad.
―¿No entras? ―Preguntó Ángela, muy atrevida, asomando su cabeza por la puerta de la ducha. Él la miró y negó dándole una sonrisa.
―Sólo cuando tú salgas.
―¿No te gusta compartir?
―No se trata de eso, Ángela, sólo que tenemos prisa.
Ángela frunció el entrecejo y cerró el agua que seguía cayendo, tomando luego la gran toalla que estaba colgada a un lado, aferrándola bien por sobre su busto. Se debe aclarar que Garrett estaba observándola por el reflejo del espejo, agarrado con fuerza a la encimera, pues sentía que de soltarse, correría hacia ella y la metería de regreso a la ducha para tomar ese baño de lluvia que tanto anhelaba. Pero en honor al tiempo y muy a su pesar, debía olvidarse de esa idea. De momento.
Ella sin embargo quedó preocupada que algo pudiera haberle molestado a Garrett, por lo que decidió insistir.
―¿Sucede algo?
―Tengo un montón de llamadas perdidas de Aro y Rosalie, necesitan que regrese al pueblo de inmediato ―. explicó― ¿Tú por casualidad has revisado tu teléfono?
―¿Yo, por qué?
―Uhm… quizás Bella se intentó comunicar contigo, no sé…
A la mención de Bella, Ángela bajó la cabeza con vergüenza y apretó aún más la toalla alrededor de su cuerpo. El día anterior lo había olvidado todo, incluso que técnicamente Garrett y su amiga aún eran novios y ella estaba en el papel de amante, cosa que no la enorgullecía. Garrett intuyó enseguida lo que le sucedía y se acercó a ella, levantándole con los dedos el mentón para obligarla a mirarle.
―Nena, te dije que las cosas se resolvería con respecto a Bella… y digamos que se resolvieron ya.
―No te entiendo, ¿ya hablaste con ella?
―No todavía… te lo explicaré mientras vayamos de camino. Ella te necesitará cerca, mi ángel, ahora más que nunca.
―Me estás asustando ―. Susurró ella.
Garrett simplemente dejó un beso en sus labios y la dejó para que se vistiera, mientras él se metía bajo el chorro de la ducha. Le prometió que luego hablarían del asunto, pues no sacaba nada con estarle escondiéndole lo que ocurría con Bella y lo que la rodeaba. Después de todo ella se enteraría y era mejor que estuviera prevenida, por si Bella la necesitaba.
Durante los cuarenta y cinco minutos que duró el viaje, Garrett le explicó qué era lo que lo había llevado al pueblo hace semanas atrás y por qué. Explicó a grandes rasgos la historia de Aro y su relación con Bella, y le dijo que según lo que Rosalie le había hecho saber, a esas alturas, Bella ya lo sabía.
Ángela estaba muda, mirando fijo hacia el frente. Todo ese relato parecía una novela y le parecía increíble todo lo que se tejía en torno a esa verdad.
―¿No me vas a decir nada? ―Preguntó Garrett al ver que Ángela no decía nada― ¿Estás enfadada conmigo?
―Creo que hubiese sido mejor que hablaran con la verdad desde un comienzo. Prácticamente usaste a Bella…
―No podía decirle nada porque no me correspondía ―. Dijo, justificándose, dolido porque Ángela pensara eso de él― Entiéndeme por favor, se trata de Aro, su historia, lo he visto sufrir durante años, he visto como ha buscado a la mujer que amaba y cuando la encontró, ella estaba muerta, pero en cuanto supo de Bella, inmediatamente tuvo seguridad que era su hija, por eso pensó en acercarse de a poco, conocerla…
―Engañándola con un novio para sonsacarle la verdad de su vida.
―Oye, lo del noviazgo prácticamente lo empujó ella, y tú sabes por qué. Bella no se iba a abrir conmigo, con un desconocido. Una cosa llevó a la otra, yo no forcé nada.
―Pobre Bella… debe estar devastada ―. dijo, mirando su teléfono, el que comenzó a vibrar en sus manos con el nombre de Edward en la pantalla. Ella respondió enseguida.
―¿Edward? ―Preguntó Ángela, a lo que Garrett lanzó un gruñido que ella pasó por alto― ¿Qué sucede?
―¡Oye, dónde has estado!
―Estuve en La Capital…
―Bella llegó no sé por qué a nuestro apartamento anoche –comentó Edward, pasando por alto de preguntarle por qué estaba en La Capital, por lo que continuó –Llegó muy mal… ni te imaginas lo que me contó, una historia increíble… bueno, no sé si increíble, pero me dijo que Charlie estaba muy enfermo y que él en realidad no era su verdadero padre, sino el padre de su novio, ¿te das cuenta?
―¡Dios! ¿Ella sigue en tu casa?
―Cuando salí, Jacob iba a desayunar con ella, porque no quiso ir a su casa a dormir, así que pasó la noche en el apartamento. Dijo que no pensaba moverse de allí, no estaba preparada para enfrentar si a Charlie ni a ese otro señor, ni tampoco quiere ver a su novio.
―¿Y cómo está?
―Confundida y herida. Tiene un montón de cosas que digerir… Sentí lástima por ella.
―Bien… iré a la tienda y dejaré a Maggie a cargo y luego iré hasta tu apartamento a verla.
―Sería lo mejor.
―Gracias por llamarme, Edward. Nos vemos más tarde.
―Claro.
―¿Qué quería? ―Preguntó Garrett con algo de enfado en su voz cuando Ángela colgó la llamada.
―Bella pasó la noche en su apartamento. Llegó allí después de buscarme a mi… ¡Dios, pobrecita, debe estar desesperada! Edward me dijo que estaba dolida y muy confundida, así que iré a su casa después de pasarme por la tienda. Menos mal y estaba él…
―¡Oh, sí, gracias a Dios estaba el buen Edward! ―Exclamó con ironía. Ángela lo miró con cara de pocos amigos, pero no hizo comentario al respecto, sólo se limitó a decir:
―¿Puedes dejarme en la tienda, por favor?
Garrett torció su boca en una mueca y alargó su mano hasta el rostro de Ángela
―Oye, no te enfades conmigo. No podía hablar con Bella de todo esto. Hice lo que pude, traté de ser sincero con ella todo lo que pude, por algo le dije que no podíamos ser novios y por algo ella me explicó lo de su padre. Estaba desesperada y ella tiene que comprender que esto será lo mejor. Aro es como mi padre, por lo que Bella es como mi hermana, pero había cosas en las que no me podía inmiscuir más allá, porque no me correspondía.
―Lo entiendo… o intento hacerlo. No me corresponde hacer juicio de nadie, si Aro lo hizo así es por algo, si Charlie le escondió la verdad seguro tenía sus razones, pero intenta ponerte en el lugar de ella.
―Lo hago, por eso no dejé que las cosas pasaran más allá, creo que ella necesita saber la verdad, y creo que es el momento justo, ella y Charlie necesitan ayuda y Aro puede ayudarlos, quiere hacerlo.
―Te creo, Garrett ―. Susurró ella, girando su cara hacia él y besando la palma de su mano que seguía en su rostro― Ahora démonos prisa, quiero ver a Bella.
Garrett aceleró y entró de lleno al pueblo, esperando ponerse al día con los hechos del día anterior. Dejó a Ángela en la entrada de la florería, pidiéndole que le llamara cuando hablara con Bella. Antes de arrancar el coche, llamó a Rosalie que le dijo que Aro había estado en casa del señor Swan hasta muy tarde y que por la mañana muy temprano había regresado, así que Garrett aceleró hasta la casa de Bella, donde al llegar se encontró con la tensión reinante allí.
―Perdona que haya estado inubicable ayer… ―Se disculpó Garrett acercándose a Aro.
―No te preocupes ―. Respondió él con un tazón de café caliente entre sus manos, tranquilizando a Garrett. El joven luego se acercó a Charlie, quien contemplaba el teléfono que estaba sobre la mesa de centro, esperando noticias de su hija. Ya la noche anterior Edward le había hablado para avisarle que Bella estaba en su casa y que se quedaría allí hasta que estuviese tranquila. Temprano por la mañana Jacob fue quien le marcó, diciéndole que su hija al menos estaba durmiendo y que podía estar tranquilo, que allí la cuidarían el tiempo que fuese necesario.
―Charlie, ¿se encuentra bien?¿Necesita algo?
El jefe de policía suspiró antes de responder ―Estoy bien, muchacho.
―Señor, yo espero que usted no guarde rencor conmigo por…
―No hiciste otra cosa sino ayudarla en todo este tiempo, Garrett. –Le interrumpió Charlie –No sientas culpabilidad ni nada de eso.
―Gracias por sus palabras, señor ―. Le dijo, poniendo una mano sobre su hombro.
― ¿Ella no se ha comunicado contigo? ―Preguntó Aro, de pie junto a la ventana.
―No, no lo ha hecho.
― ¡Dios!
―Pero entonces, ¿qué harán ahora?
―Pues esperar a que ella regrese…
―Pues creo que no es lo que deben hacer. Creo más bien que deben dar el siguiente paso ―. Dijo a ambos, luego dirigiéndose a Aro― Creo que es tu momento de hablar. Charlie ya hizo su parte, ahora te corresponde darle las explicaciones que ella se merece, responder sus dudas o lo que sea. No vale la pena quedarse sentados aquí esperando que ella se acerque, son ustedes los que deben ir hasta ella, eres tú Aro el que debe ir a ella ahora.
Aro miró a Charlie después de oír a su hijo, como esperando que él le diera la autorización para dar el siguiente paso, pues Garrett tenía razón. Charlie lo miró, comprendiendo lo que el empresario esperaba de él, a lo que dijo:
―Es su decisión, Aro. Haga lo que crea conveniente, sólo le pido que traiga a mi niña de regreso.
―Está bien, Charlie. Necesito saber dónde está ahora ella, yo no sé…
―Te indicaré donde es ―. Anunció Garrett, acompañando a Aro hasta la salida, explicándole donde debía de ir. Aro comprendió las indicaciones, se metió a su coche y se dirigió hasta allá, rogando de camino que Dios se apiadara de él.
Ángela estaba sosteniendo entre sus brazos a su amiga, quien al menos había dejado de llorar hacia un rato. No habían hablado mucho, pues Ángela sabía que ella hablaría cuando lo sintiera necesario, sólo le importaba saber que estaba al menos un poco más tranquila.
Así la encontró Aro cuando este se atrevió a golpear a la puerta, la que le fue abierta por Jacob, siendo Bella la última en verlo allí. Se apartó de los brazos de su amiga, poniéndose de pie de un salto, dando un paso atrás y mirándolo como si frente a ella hubiese un fantasma.
―Anda Jacob, dejemos a Bella y al señor Vulturi hablar en privado…
―¡No! ―Negó Bella con pavor.
Aro sintió pena de la reacción de Bella, pero debía entenderla. Ella desconfiaba de él y era lógico, sólo esperaba que ella lo oyera. Ángela dio un paso hacia su amiga y la tomó por los hombros, mirándola directamente hasta sus cristalinos ojos.
―Bella, sabes que esto debes enfrentarlo tarde o temprano. Escucha lo que él tiene que decirte, repróchale lo que tengas que reprocharle, hazle las preguntas que tienes atoradas en la garganta, pero hazlo ahora, no dejes pasar más tiempo.
Bella asintió a su amiga, dejó que besara su mejilla para luego salir junto a Jacob del apartamento. Cuando Bella y Aro quedaron solos, él dio un paso hacia ella.
―Antes de decir cualquier cosa, debes de saber que en cuanto tuve conciencia de tu existencia, tuve la intención de acercarme a ti, de conocerte. No creía correcto llegar y presentarme ante ti, para decirte de sopetón que yo era tu padre. Por eso le pedí a Garrett que se acercara y te conociera, él no te usó ni mintió, te tiene mucho cariño y su intención es ayudarte, por favor no tomes represalias contra él. Garrett sólo deseaba ayudarme a acercarme a ti, a conocerte a través de él.
―Lo entiendo ―. Susurró Bella, después de carraspear. Se acercó al sofá y se sentó, imitándole Aro y sentándose en una otomana frente a ella. Meditó durante unos segundos cómo era que debía comenzar a hablar, decidiendo tocar el tema de Charlie:
―Lamento por lo que está pasando Charlie. Cuando Garrett me lo contó, supe que estaba buscando medidas desesperadas por ayudarlo, y me parece muy loable de tu parte. Sé que no tienen los medios económicos para cubrir, y bueno, quisiera ayudarlos, quisiera que me permitieras hacerlo…
―No queremos limosnas.
―No son limosnas, Bella. Por favor, no pienses eso. Mi afán de acercarme a ti es ayudarlos y Charlie lo sabe. Él y tú han esperado demasiado por esta oportunidad… hazlo por él.
―¿Y qué tengo que hacer yo a cambio?
―¿Bella, qué crees que voy a pedir o a exigir? Sólo quiero que me des una oportunidad de acercarme a ti. Se me negó la oportunidad de ser padre por veintiún años…
―¡Usted abandonó a mi madre!
―¡Las cosas no fueron así, Bella! Por Dios, no fueron así… ―Susurró, bajando su rostro y escondiéndolo tras las palmas de sus manos. Los recuerdos del día que supo que Renée había desaparecido, eran palpables en él y aun después de todo ese tiempo, seguían causando dolor en su corazón.
―Bella, tu madre se fue de la casa donde trabajaba de la noche a la mañana, sin darme explicaciones. No supe lo que sucedió realmente hasta mucho tiempo después… ¡Dios, teníamos tantos planes! Yo apenas era estudiante y esperaba ganar mi propio dinero para irme con ella y establecernos juntos, pero quedó embarazada y ―tragó grueso antes de confesar― … y mi madre la obligó a marcharse. Estoy muy avergonzando de ello, pues si yo hubiese sabido que ella estaba esperando un bebé, jamás hubiese permitido que la apartaran de mi lado.
―¿Su madre la echó de la casa, sabiendo que estaba embarazada? ¡Qué persona hace eso!
―Ella me mintió, me dijo que Renée se había marchado porque le ofrecieron un mejor trabajo en otro lado. Le creí a mi madre cuando me lo dijo, y no puedo negarte que me sentí traicionado por tu madre durante mucho tiempo, porque teníamos planes, nos amábamos y habíamos prometido… habíamos prometido muchas cosas el uno al otro. Cuando supe que mi madre había tenido que ver con su desaparición, me fui de casa y nunca la perdoné. Fue entonces cuando me puse a buscar a Renée… pero mi búsqueda no surtió efecto sino hasta hace poco. La encontré tarde, Bella… años buscándola y cuando finalmente la hallé, fue muy tarde…
―Ya estaba muerta…
―Sí, estaba muerta y no sabes el dolor que eso causó en mí. Nunca amé a nadie más, siempre guardé mis sentimientos hacia ella fielmente.
La voz quebrada del empresario y sus ojos inundados de lágrimas, daban fe de lo que decía. Bella no pudo poner en duda su discurso, intuía que él hablaba con la verdad. Aun así, todo eso le era muy difícil de digerir. Hubo un momento de silencio, mientras Aro intentaba retomar la compostura antes de continuar.
―El investigador que contraté averiguó que el paradero de Renée estaba aquí, y bueno, después que supe que ella había muerto, enseguida supe de tu existencia, y no tuve duda ni por un segundo de que eras mi hija…
―Siempre oí chismes de algunas personas… ―Comentó pensativa, con la vista fija en alguna parte― decían que mi madre llegó aquí embarazada, pero mi papá nunca me aclaró aquello y pues…
―No sientas rencor porque no te dijo la verdad, Renée seguro se lo pidió. Me alegro que ella lo encontrase, Charlie es un buen hombre y no podría haber elegido mejor a alguien para resguardarla. Me alegro… me alegro que él haya sido y sea un buen padre para ti.
―Lo amo mucho, ha sido un buen padre.
Eso dolió. Así lo sintió Aro. Pero no podía reprochar ni culpar a nadie por eso, sólo le quedaba agradecer que su hija y Renée hayan estado en buenas manos.
―Bella… yo quisiera… yo quisiera que me dieras la oportunidad de estar cerca de ti. Quiero ganarme tu confianza, quiero darte lo que me fue imposible en todos estos años, quiero que nos conozcamos… yo…
―No dejaré a mi padre solo ―. Aclaró terminantemente.
―Y yo no permitiría eso. El agradecimiento que tengo hacia Charlie es… inexplicable, jamás haría nada por alejarte de él, muy por el contrario, créeme por favor.
―Yo no puedo quererlo de la noche a la mañana si usted es eso lo que espera, no puedo llamarlo papá de un día para otro, pero sí puedo darle… o darnos la oportunidad que se nos fue negada a ambos, porque siento que usted fue tan víctima como mi madre… ¡Y no quiero conocer a su madre, sépalo antes que me pida eso!
―Por mi madre no hay problema, ella murió hace años. Y sobre lo demás, me conformo con que me dejes acercarme a ti y ganarme poco a poco tu confianza, espero que el tiempo vaya forjando y estrechando nuestra relación.
―Quiero confiar en usted, Aro…
―Dame la oportunidad entonces ―. Se levantó y se sentó junto a ella, atreviéndose a tomar sus manos entre las suyas y apretarlas― Eres tan hermosa, tan parecida a tu madre, que estoy segura que ella ha de sentirse muy orgullosa de ti.
―No estoy segura de eso. Mi papá está enfermo y yo no he podido ayudarlo…
―¡No digas eso! Has sido de ayuda para él, Charlie me lo dijo. Y ahora me tienes a mí para ayudarlos también. Vamos a hacer un buen equipo, ya lo verás.
―Gracias, Aro.
Aro llevó las manos de su hija hasta sus labios, las que besó con todo sus sentimientos de cariño hacia ella, agradeciéndole a la vida esta oportunidad de ser padre.
En ese momento, el ruido de la llave en la chapa de la puerta los interrumpió, asomándose Edward por la puerta, con los brazos cargados de libros, quedando un poco confundido al ver a las dos personas allí en la sala de su apartamento.
―Uhm… disculpen…
―Llegas temprano, Edward ―.comentó Bella, levantándose del sofá al igual que Aro, quien miró al muchacho frente a él. Nunca lo había visto antes.
―Sí… ―Respondió, dubitativo― acabé el examen y me vine enseguida, tengo mucho que estudiar.
―Este, creo que no nos han presentado, soy Aro Vulturi… ―Se presentó Aro, saludando a Edward.
―Él es Edward, vive aquí ―. Explicó Bella, mirando alternadamente a Aro y a Edward. El empresario dio un paso hacia Edward entonces, y le dijo:
―Gracias por acoger a mi hija anoche, fueron muy amables con ella.
―No tiene nada que agradecer ―. Respondió el estudiante muy sinceramente. Aro asintió y se giró sobre sus zapatos italianos hacia su hija.
―Bueno, Bella, creo que debemos marcharnos. Charlie quedó preocupado en casa.
―Sí… uhm… yo antes iré a asearme ―. dijo, pues aun llevaba puesta la camiseta que Edward le prestó la noche anterior para dormir, y la verdad es que por nada quería quitársela, o al menos deseaba llevársela con ella― Después iré a casa.
―Entiendo. Te espero allí, tenemos mucho más de qué hablar ―. Indicó Aro con una sonrisa, no pudiendo aguantar la tentación de besar la frente de Bella. Enseguida se despidió de Edward antes de marcharse, y cuando los dos jóvenes estuvieron solos, el estudiante soltó la respiración.
―¡Vaya! Ese hombre te quiere, ¿sabes? ―. dijo, caminando hacia el centro del salón y dejando sobre la mesita sus libros.
― ¿Por qué lo dices? ―Quiso saber ella, muy curiosa, siguiendo todos los movimientos del estudiante. Era increíble que ese hombre se viera tan atractivo en una camiseta negra y desteñida puesta al revés, y sus jeans negros, tan negros como sus botines de cuero y su chaqueta del mismo material. Y más increíble resultaba que con su presencia le hiciera olvidar un poco de todo lo vivido recién.
―Por cómo te miraba ―. Explicó Edward, alzándose de hombros― Presumo que han hablado…
―Sí, y creo que nos daremos una oportunidad de conocernos… además, me ayudará con la enfermedad de mi papá, que es lo que más me preocupa en este momento.
―Me alegro de verdad, Bella. Todo mejorará para ti de ahora en adelante, estoy seguro.
―Eso espero… ahora iré adentro si no te molesta…
―Claro que no. Puedes coger otra camiseta, si gustas, la tuya estaba sucia y...
―Gracias ―. Respondió ella con una sonrisa, girándose sobre sus talones y caminando hasta el cuarto de Edward, sintiéndose conforme por cómo había tomado todo lo referente a Aro y la decisión de querer darle una oportunidad.
Hacía mucho que no se sentía así de bien, por lo que deseaba disfrutar de esa sensación ligera que sentía. Esperaba que todo, absolutamente todo se arreglara para ella, deseó, quitándose la camiseta por la cabeza y llevándosela a la nariz para absorber el aroma del perfume de Edward aún llevaba impregnado.
"Sí, en adelante, todo será para mejor"
***S.D***
― ¡¿Qué haces aquí, Sam?!
Maggie había quedado a cargo del negocio durante el tiempo que Ángela se ausentaba. Pasó aquella mañana muy apurada y le pidió ese favor, dejándola hecha un atado de nervio. Apenas hace un par de días había comenzado a ayudarla allí, y ya durante esa mañana había tenido que hacer tres arreglos florales y vender unas cuantas docenas de flores. Ahora, cuando el flujo de gente había mermado, ella se disponía a relajarse un poco, no lográndolo pues Sam apareció en la floristería, con su cara de borrego a medio morir
―Mi mamá me mandó por sus rosas ―. Explicó Sam con mucha calma.
― ¡Pues tendrás que venir más tarde, Ángela no está! ―Respondió Maggie tan cortantemente como pudo, cruzándose de brazos y evitando a toda costa mirar a Sam directamente a los ojos
― ¡Pues la espero! ―Dijo, afirmando su cadera al mostrador y cruzándose de brazos muy despreocupadamente. Maggie bufó y se dispuso a ignorarlo y de paso llamar a Ángela para que viniera en su rescate.
Se giró para acomodar unas flores que ciertamente no necesitaban más orden del que ya tenían, sobresaltándose cuando las campanillas de la puerta sonaron. Honraba a la floristería "La Casa de Ángela" nada más y nada menos que la estrella del rock que por esos días pisaba El Pueblo: Jasper Whitlock. Lo malo, más allá de su desagradable presencia que denotaba petulancia, iba acompañado de dos de sus groupies, una de ella grabada a fuego en la memoria de Maggie, quien arrugó un trozo de papel en cuanto la vio. Desvió su vista hacia Sam, quien apretaba aún más sus brazos sobre su pecho, mirando hacia el piso, pues la afroamericana mujer acompañante de Jasper, lo miraba, mientras lamía sus labios.
"¡Joder, líbrame Señor!" rezaba Sam.
―Dios, pero qué tenemos aquí ―. Dijo Jasper, quitándose sus gafas negras de diseñador, mirando con sus ojos entornados hacia Maggie, alzando una de sus cejas, obviando la presencia de Sam― ¿Estás a cargo de este local, belleza?
Sam, para ese momento, era como un volcán con peligro de erupción. Él podía sentir dentro de sí mismo, una especia de lava ardiente que burbujeaba y amenazaba con hacerlo estallar, lava que se conocía coloquialmente como celos. Maggie se apartó un poco del mesón y frunció sus cejas por la actitud del extraño, porque ella no tenía ni idea de quién era.
―Sí, estoy a cargo, mientras Ángela regresa, ¿te puedo ayudar?
―Oh, nena, claro que puedes ayudarme, no sabes cómo…
― ¡¿Qué buscas aquí, Jasper?! ―Preguntó Sam con su mandíbula tensa… o a decir verdad, con su cuerpo completamente tenso, mirando al rockero con la intención de saltarle encima si no le daba una buena respuesta. Maggie desvió su vista del cliente hacia Sam, sorprendida por la reacción del moreno hombre, allí. Ciertamente se dio cuenta de su estado de tensión, pareciéndola muy extraña su reacción, pues Sam solía ser amable con todo mundo.
Jasper giró su cabeza muy lentamente desde la menuda mujer tras el mesón hacia Sam, con su siempre sonrisa socarrona.
― ¿Estabas aquí? ―Preguntó, soltando una risa ―Estoy en una floristería, ¿qué supones que quiero, Sam? ―. Respondió, volviendo su atención a Maggie.
―¿Tienes planes de almorzar? Perdona, ¿cómo me dijiste que te llamabas?
― ¡No te lo dijo! ―Respondió el volcán a punto de hacer erupción.
―Sam, por favor ―. Dijo Maggie a Sam, luego respondió muy educadamente a Jasper― Sí, ya tengo planes.
― ¿Y puedo saber con quién?
― ¡Conmigo!
― ¿Sam, no tienes nada más que hacer?
La mujer de rasgos afroamericanos que no le había quitado los ojos al furibundo dueño del bar, caminó sobre sus altísimos tacones hasta llegar cerca de Sam y poner una mano sensualmente sobre su pecho, sobresaltándolo.
― ¿Por qué no vamos tú y yo a terminar lo que dejamos pendiente aquella vez…?
― ¡Basta! ―Exclamó Maggie― No voy a almorzar con usted ni ahora ni en ningún otro momento. Si quiere flores, tendrá que venir por la tarde cuando Ángela se encuentre. Igual tú, Sam. Ahora si me permiten, debo cerrar ―. Dictaminó, rodeando el mesón y acercándose a la puerta para abrirla, en clara señal para que todos allí se largaran y la dejaran sola, porque de momento a otra sintió una profunda necesidad de llorar.
Jasper puso otra vez sus gafas sobre sus ojos, arregló su chaquetilla se giró y salió, no sin antes acariciar la mandíbula de Maggie, susurrándole un "Nos volveremos a encontrar", seguido por las dos mujeres, una de ellas mirándola de pies a cabeza despreciativamente.
―Vete, Sam –pidió con voz cansada.
Sam caminó hacia ella y en vez de salir, cerró de un portazo y se apresuró a abrazarla por los hombros, abrigándola en su pecho. Ella estaba tensa y triste, no haciendo nada por zafarse de su agarre. A pesar de todo, los brazos de Sam la confortaban, muy a su pesar.
―Dios, Maggie, ¿qué tengo que hacer para que me perdones? Soy un imbécil, de talla mayor, lo sé, pero estoy arrepentido de lo que permití que sucediera con esa mujer. ¡Perdóname, nena, te lo suplico!
―Sam, por favor…
― ¡¿Quieres que me arrodille?! ¡Pues lo haré! ―Anunció, hincándose frente a ella a toda velocidad, mirándola desde abajo con súplica, a ella que abría y cerraba su boca, mientras desde afuera se colaban un par de miradas indiscretas que observaban el acto desesperado de este joven enamorado.
― ¡¿Quieres por favor levantarte?!
― ¡No! ¡No me levantaré hasta que me perdones, y si tengo que ir andando sobre mis rodillas hasta el bar y trabajar así, pues lo haré hasta que me perdones!
― ¡No seas ridículo, Sam!
La dueña de dicho negocio, acababa de dar la vuelta a la esquina, dirigiéndose directo a su negocio en compañía de Edward, cuando vio a las mujeres que estaban mirando con extrañeza hacia su negocio mientras cuchicheaban algo.
― ¡Y ahora qué! ―Exclamó Ángela, caminando rápido hacia su local. Cuando llegó y vio la escena que se filtraba desde adentro por los ventanales, entendiendo todo el algarabío. Edward soltó una risotada y se dobló hacia adelante, agarrándose el estómago mientras se reía. Ángela le dio un codazo para que se calmara, apartando a las mujeres de edad para que la dejasen pasar; abrió y Maggie enseguida le dio una mirada como pidiéndole disculpas, mientras Sam no apartaba su vista de ella. Seguro a lo lejos había oído las carcajadas de Edward y se había percatado ya de la presencia de Ángela, pero no le importaba. No se levantaría hasta que ella lo perdonara, o le diera la oportunidad de hablar… con eso último se conformaba, porque sus rodillas estaban ya comenzando a protestar.
― ¿Sam?¿Qué haces? ―Preguntó Ángela con curiosidad.
―No me levanto de aquí hasta que Maggie me perdone o al menos acepte almorzar conmigo.
― ¡Hazlo sufrir, Maggie! ―Exclamó Edward, ya más tranquilo, pero denotando la diversión en su voz.
―Cállate Edward, o estarás despedido ―. Amenazó Sam.
―Maggie, por qué no hablas con él… o si no, de verdad se quedará de rodillas hasta que consiga lo que quiere ―. Dijo Ángela, intercediendo por Sam. Maggie mordió su labio y miró a su amiga.
―Nena, por favor… ―Susurró Sam una vez más.
―Anda, Maggie, el hombre está sufriendo. Al menos dale la oportunidad de hablar… -dijo ahora Edward, intercediendo por su amigo.
―¡Está bien, está bien! ¡Pero sólo un momento, Sam! ―Respondió Maggie, poniendo sus manos sobre las caderas. Que hablara con él, no significaría que lo perdonara… ¿no, verdad?
Sam se paró como un rayo, sin quitarle los ojos de encima a Maggie, que fue hacia el cuarto de atrás a buscar su bolso. Mientras tanto, dio un paso hacia Ángela y besó sus mejillas, una a la vez.
―Gracias, gracias Ángela… y entérate que tienes barra libre en el bar… por el resto de tu vida.
―Vale, Sam.
―Tú y yo hablaremos por la noche ―. Dijo Sam a Edward, apuntándolo con el dedo índice. Oh, sí, seguro iban a hablar, pensó Edward, que dejó salir a "Sam-Romeo-Suspiritos" detrás de su "Furiosa Julieta". Definitivamente ese hombre iba a tener que esforzarse.
Cuando Ángela y Edward se quedaron a solas, caminaron hasta el mesón un poco extrañados por lo que acababa de pasar. Por todo lo que acababa de pasar.
― ¿Te das cuenta… te das cuenta de toda esta locura?
― ¿Lo dices por lo de Sam?
―Oh, eso es un detalle. Lo digo por lo de la telenovela esa de Bella y su padre… y su otro padre…
―Sí, parece una locura. Pero me alegra que al final su vida vaya a tomar el rumbo adecuado para ella. Se le abrirán un montón de oportunidades, en todo sentido.
―Seguro, sólo espero que pueda aprovechar esas oportunidades.
―También lo espero.
―Uhm… y sobre su noviazgo… bueno, o lo que sea que tuviera con ese tipo… ahora que se acabará todo entre ellos, tú y él…
―Sí, Edward, Garrett y yo nos daremos nuestra oportunidad.
La decepción doliente en el pecho de Edward lo hizo incomodarse. Sintió ganas de protestar, de rebatir la decisión de su amiga, pero debía morderse la lengua. ¡¿Por qué demonios se iba a dar una oportunidad con ese tipo y no con él?! ¡Basta, Edward!
―Me alegro. Ahora me voy, tengo un montón que estudiar… ―Dijo, girándose hacia la puerta.
― ¡Edward! Podemos vernos esta noche, en el bar y conversar…
―Lo siento, Ángela, pero trabajaré sólo un par de horas y luego me iré a estudiar.
―Bien, entiendo.
―Adiós.
―Oye…uhm… gracias por estar con Bella.
Edward no dijo nada, sólo asintió, tomó la manilla, abrió la puerta y salió con cargando la decepción en el pecho. Definitivamente las relaciones sentimentales no iban a ser lo suyo. Mejor se dedicaba a estudiar y a prepararse para alejarse de allí y descubrir las cosas nuevas que la vida depararía para él al otro lado del continente.
