Advertencias: Animatrónicos humanizados. Lenguaje obsceno.

Los personajes y la historia de Five Nights at Freddy's pertenecen a Scott Cawthon. Nala pertenece a simbalaika. Gabriela, Nozomi, Carina, Luz y la trama de esta historia son de mi autoría.


Orgullo

Sostenía a la humana fuertemente y la alzaba en el aire, al punto de que ella ya no pudiera tocar el suelo y sólo intentara desesperada de quitar la mano del zorro alrededor de su cuello, sin éxito, apenas respirando como podía y mirándolo con ojos cargados de terror.

Carina estaba aterrada. Había sobrepasado los límites de Foxy, sí, pero no creyó que sólo por abusar de su confianza haciendo una broma tonta sobre cómo él era mucho más tranquilo desde la llegada de Luz y Gabriela provocaría que el pirata se saliera a tal punto de sus cabales, amenazándola de muerte sin dar una sola señal de que estaba jugando.

La castaña, su prima y Nozomi sólo miraban, temiendo por la siguiente acción de Foxy si ellas intervenían y lo hacían enojar más. Su traje ya estaba viejo y desgastado, algunas partes estaban rotas y podía verse parte de su endoesqueleto, pero él seguía teniendo fuerza y rabia, suficientes para acabar con las cuatro a la vez.

-Que haya dejado a Gabriela y Luz vivir no significa que vaya a tener la misma consideración contigo –Carina habría tragado saliva, pero la mano metálica y fría que presionaba su garganta ni siquiera la dejó emitir el gemido de puro terror que tenía atorado desde hacía rato.

-Foxy, déjala –Imploró Gabriela, juntando sus manos a la altura de su pecho y viéndolo ya con los ojos llenos de lágrimas.

-Cállate, ¿o quieres ser la siguiente? –La voz ronca y brusca, junto con la mirada de reojo que le dedicó, fueron suficientes para que ella se callara, sólo pudiendo temer en silencio por su amiga.

Foxy recordaba esa escena como un rápido flashback al estar en una situación similar, sosteniendo esta vez del cuello de su camisa a la misma molesta chica que lo había provocado aquella vez, con la diferencia de que el gesto de terror ya no lo expresaba con ojos llorosos sino con una sonrisa nerviosa, y ahora tenían muchos más espectadores.

-Foxy, déjala –Las palabras de su novia ya no sonaban a ruego, sonaban demandantes, sonaban a orden.

Y eso, sin dudas, lo molestaba aún más.

Volvió a verla por el rabillo del ojo. Estaba cruzada de brazos, conectando sus ojos con los de él, con rastros de preocupación en su rostro pero sin demostrar el miedo que alguna vez sintió por él.

Esa vez tuvo que soltar a Carina, por supuesto, pero no porque Gabriela se lo pidiera; lo cierto era que disfrutó más torturando psicológicamente a la azabache las siguientes semanas a ese acontecimiento de lo que hubiera disfrutado matándola en ese instante. En aquel entonces él tenía su cuerpo original, su traje de zorro, y Gaby no era nada suyo, le valía muy poco lo que ella opinara.

Sin embargo, en esta ocasión, era distinto. No podía darse el lujo de hacerle daño por la misma bromita de mal gusto, esa tontería de que desde que estaba con Gabriela era más blando y hacía todo lo que ella pidiera, pues no lo admitiría pero Carina había dicho cosas peores y él las había soportado, porque era amiga de su novia y, por qué no, de él también. Y si no la dejaba en paz en ese preciso instante, se llevaría unos buenos golpes de parte de Toy Chica, y el enojo y la posterior indiferencia para con él de Gabriela, probablemente.

Aunque, irónicamente, soltarla sería darle la razón. Lo hacía por Gabriela, y odiaba tener que hacerlo, pero al final la dejó en el suelo de nuevo, empujándola bruscamente y haciendo que ella se tambaleara hacia atrás y se alejara lo más pronto posible de él.

-Bueno, razón tenía –El zorro gruñó al escuchar a Chica, sabiendo que alguien saldría en defensa de Carina pero esperando que fuera alguna de las humanas o incluso de los Toys, que eran más fáciles de callar la boca de lo que lo serían Chica, Freddy, Fredbear o Puppet, si éste último se dignaba a interrumpirlos-. Haces todo lo que ella te pida.

-¡No es cierto! –Bramó, enseñando los dientes.

Gabriela sólo resopló, tomándolo de la manga de su saco para obligarlo a alejarse de la gallina y dejar la discusión.

-Ay, Foxy, sabes que te están molestando, no les hagas caso –La castaña giró los ojos, sentándose en una de las sillas junto al resto de sus amigas, con Carina mirando temerosa al pelirrojo.

-¿Ves lo que haces, Carina? –Le acusó Toy Bonnie-. Estás causando problemas en una relación que no es la tuya. Eso no se hace.

-BonBon –Su novia le miró, molesta-. Contrólate.

-No, no te controles –Pidió Mangle, llegando desde el techo y bajando para apoyar su brazo encima del hombro del conejo y mirarlo con cierta gracia-. Quizá así logres molestar a Carina, que molestará a Gabriela, que molestará a Foxy, y eso es lo más divertido de ver en el mundo.

-Más divertido fue ver su cara de terror –A Carina le recorrió un escalofrío por el cuerpo ante las palabras de Endo, pues la pequeña cabeza extra que tenía Mangle solía mirarla tan fijamente que no podía evitar incomodarse notoriamente.

A todo esto, el zorro sólo se alejó unos pasos de donde estaban concentrados todos los demás, cruzado de brazos y balbuceando entre gruñidos algo sobre lo mucho que odiaba que esas humanas creyeran que podían bromear con él. Hasta cierto punto, Carina tenía razón, pues en otros tiempos él jamás habría dejado pasar por alto aquel insulto.

-Foxy –El llamado de su novia lo sacó de sus pensamientos, girándose a verla-, que si me puedes traer jugo de naranja, por favor.

La petición era sencilla. No era una orden, era un favor, ella estaba sentada y él parado cerca de la cocina, sin contar que no era raro que su novia le pidiera cosas que a ella le diera mucha flojera hacer. No obstante, el zorro primero miró hacia sus compañeros animatrónicos, notando la mirada burlesca que tenían la mayoría de ellos al saber que Foxy acabaría por obedecer.

-No –Su respuesta les sorprendió, mas no borraron la expresión divertida, girándose todos hacia Gabriela para deleitarse con su reacción.

A la castaña se le arrugó la nariz y sus ojos se entrecerraron. Presionaba fuertemente los labios al voltearse hacia los demás y notar que la miraban expectantes, entendiendo por qué Foxy contestaba de aquella manera, pero aún rabiosa al saber que se dejaba manipular por sus ganas de verse fuerte e imponente.

-¿En serio te vas a poner así para verte malo? ¿No me puedes hacer un maldito favor? –Hablaba rápido, con el acento caraqueño más marcado que de costumbre, como hablaba siempre que la ira la carcomía y su cerebro iba más rápido que su boca.

-No tengo por qué obedecerte –Su gesto era estoico pero sus ojos no demostraban la misma impasibilidad, Gabriela lo conocía y podía notarlo.

-¿Entonces prefieres hacerles caso a ellos porque te están diciendo mariquera y media para que te molestes?

-¡No es lo que estoy haciendo! –Trató de defenderse, pero con ella era imposible.

-Está bien, no me traigas un coño, ridículo –Apartó su vista de él y tomó su mochila, comenzando a guardar y ordenar algunas cosas para distraerse de su enojo y fingir que no le prestaría más atención al pirata.

-¿Ridículo? –Murmuró entre dientes, ofendido-. Vete a la cocina y búscate lo que quieras tú solita.

Ella no hizo nada más que alzar sus cejas, paralizándose por un momento con sus palabras, todos mirándola, atentos ante su siguiente diálogo. Gabriela, en cambio sólo se levantó sin dirigirle de nuevo la mirada al zorro, guardando su teléfono en uno de sus bolsillos, cerrando la mochila y poniéndosela en la espalda.

-Sí, ya me voy a la cocina –Comenzó a caminar hacia la salida-. Pero a la de mi casa.

-Gabriela, son las cuatro de la mañana, no te puedes ir sola –Nozomi intentó detenerla.

-Es peligroso, sólo espera hasta las seis –Insistió Luz, al ver que su prima las ignoraba.

-Vivo a cinco calles, claro que puedo –No se detuvo sino hasta que estuvo frente a las puertas de vidrio, todavía sin voltearse a ver a nadie-. Y si me matan, sería suerte. ¿Verdad, Foxy?

-¿Te estás burlando de la muerte? –Gruñó, ahora sí, enojado por un verdadero motivo.

-Mm, sí –Finalmente se giró hacia él, sin inmutarse por los ojos ámbares amenazantes que se clavaban en los suyos-. ¿Tú eres arrecho? –Se encargó de pronunciar cada letra como si soltara veneno de su lengua, moviendo mucho sus cejas, pues no podía evitar ser expresiva hasta cuando intentaba fingir no serlo-. Yo soy más arrecha.

Y se retiró del lugar, siendo seguida a paso rápido por Nala que, temiendo por su seguridad, se ofrecería al menos a llevarla en su auto.

Foxy, que casi parecía estar humeando de lo furioso que estaba, sólo se retiró hacia su Pirate Cove, dándole un grito amenazante a Mangle cuando intentó entrar detrás de él, advirtiendo que no lo molestaran.

Su día fue cansado e insoportable, como de costumbre, más cuando tenía en la cabeza que al llegar la noche e intentar hablar con su novia esta le mataría a gritos, o que tal vez lo ignoraría durante una semana, quién sabía, era impredecible.

Sin embargo, esperaba con ansias su llegada. Reconocía, al menos para sí mismo, que había tenido razones para molestarse con él, y eso ya era un avance. De todas maneras, la incómoda discusión con ella cuando llegara era inevitable.

-¡Foxy, que me bajes! –Chillaba Gabriela, pataleando en su vago intento por que la dejara en paz sin que él se inmutara.

Sí, sin dudas la había esperado con ansias. Por eso, apenas llegar, no dudó en cargarla en su hombro como si de un costal de papas se tratase y llevarla en contra de su voluntad hasta la cueva, cerrando las cortinas detrás de sí.

-Bueno, si me trajiste para acá, me imagino que es para pedirme disculpas –Una vez en el suelo, se cruzó de brazos y le miró, impaciente.

-¿Disculparme por qué? –Gabriela giró su cabeza hacia un lado, su cuello se tensó y la única forma que tuvo de calmarse fue soltando una risa, sólo para no comenzar a gritar.

-Listo, me fui –Antes de que pudiera retirarse como tenía planeado, el zorro la tomó por la cintura y la alejó de la salida, situándola frente a él y sosteniéndola con fuerza para que no se escapara.

Ella puso fuerza e intentó separarse de él, empujándolo en el pecho con sus manos, pero el firme agarre desde su espalda con el que la mantenía quieta era demasiado para ella. No pudiendo sostenerle la mirada, y aún con las manos sobre el pecho de él, desvió sus ojos hacia otro sitio, con el ceño fruncido.

-¿Entonces para qué me trajiste aquí? –Habló, al ver que el pelirrojo no lo hacía, probablemente no sabiendo cómo iniciar la charla.

-Porque te molestarás más si no hablo contigo.

-Bueno, no te oigo hablando.

Foxy suspiró.

-¿Por qué debería disculparme? –La mueca ofendida que hizo Gabriela era digna de enmarcarse.

-¿Por tratarme mal sólo para parecer malo y respetable frente a los demás?

-Soy malo y no lo puedes cambiar.

-Eras cruel, despiadado y un sociópata –Suspiró, bajando la mirada y jugueteando con algún adorno de su camisa-, pero ya no. Y sé que no has recapacitado y no piensas que ser todo eso está mal. Dejaste de actuar así por mí.

-¿Tú también piensas esa estupidez? –Gruñó.

-¿Por qué lo niegas? –Al fin le miró, con rostro afligido-. ¿Te avergüenza que los demás sepan que puedes actuar como una persona mínimamente normal por mí?

Él negó de inmediato con la cabeza, lo último que quería era que ella pensara que le causaba vergüenza o algún tipo de rechazo, aunque no supo realmente qué responder. Si fuera así, ni siquiera habría pensado en tener una relación con ella, y se habría ahorrado todas las burlas de sus compañeros por ser "débil" y enamorarse de una humana.

-¿Sabes por qué me gustaste? –Murmuró, dejando de aplicar fuerza contra él y permitiendo que la apegara más a su cuerpo-, porque aun siendo malo pudiste dejar tu orgullo por mí, para convencerme de que podíamos estar juntos –Cambió su tono por uno más fuerte, volviendo a fruncir el ceño-. Así que si vas a volver a esa mierda cruel y orgullosa que eras, me vas avisando.

Él sabía que ese "me vas avisando", en el extraño dialecto que hablaba su novia, significaba una separación que ninguno de los dos deseaba. Gruñó ante la idea, abrazándola más y haciéndola alzar la cabeza para darle un beso.

Gabriela lo detuvo, poniendo su mano sobre la boca de él. Una ceja alzada, los ojos entrecerrados y una notoria intención de alejarse fueron suficientes para que Foxy resoplara con fastidio.

-Lo siento –Susurró, acercándose de nuevo a su novia para besarla, esta vez con éxito.

La castaña sonrió, mirándole burlesca, y volvió una vez más a su voz suave, aterciopelada.

-Si me vuelves a hablar como me hablaste en frente de todos, no vengo más a la pizzería, cabrón.

Foxy giró los ojos, nada sorprendido de ese comentario. Él era orgulloso, pero Gabriela era el rencor en persona.


Ok, me gustó mucho escribir esto. Te hamo foksi xq no eksistes

Sayonara!