Capítulo XI: Trabajos

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Esos ojos dorados lo iban a devorar vivo y esa leve sonrisa provocadora le erizaba la piel por una extraña mezcla entre miedo y excitación y eso que estaba protegido por la lente de su infalible cámara de video. Nunca pensó que trabajar como cámara para Matsumoto-san sería un trabajo de riesgo.

— Fantástico Kyoko-san, puedes descansar— dijo Akira sonriente desde su cómodo asiento entre bastidores junto con Yashiro quien veía a Kyoko embelesado, ¡de verdad Natsu era impactante en persona! y eso que él había visto a Mio en vivo, eso sí que daba miedo pero esto era una sensación totalmente diferente.

— Perfecto, ha durado menos incluso de lo que esperé— dijo Akira contento— ve a que te retoquen el maquillaje y cuando termines tomaremos las fotos para hacer los carteles publicitarios— sonrió mientras la acompañaba levemente hacia el camerino.

— Roko-kun— llamó al joven cámara que había estado filmando el anuncio y que todavía estaba en trance— Kyoko-chan ya se ha ido, puedes dejar de enfocar a la nada y dejarme ver los resultados, aunque no creo que vayamos a necesitar ningún retoque digital.

— S-sí señor, lo siento.

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— ¡Kyoko-chan, eso ha sido increíble! ¡Maravilloso! ¡Qué aura tan impactante, ya verás cuando lo vea Ren! juju— Yashiro no paraba de alagarla con los ojos brillantes llenos de admiración y de una siniestra alegría.

A ella también le habría encantado estar saltando y gritando igual que él pero no podía, debía mantenerse en la piel de Natsu hasta que terminase la sesión completa.

Se sentía como una verdadera princesa reposando su espalda en esa gran silla mientras unas delicadas manos femeninas le espolvoreaban el rostro con un delicado tono rosa, le peinaban las pestañas hasta alargarlas infinitamente y le daban un brillo rojizo a sus labios.

A la voz de "ya está" abrió sus ojos y se encontró con una Natsu lista para abrir la Caja de Pandora y destrozar el mundo entero… pero con elegancia.

Se levantó de su silla y volvió a mostrar ese largo vestido negro ajustado con un escote de palabra de honor en pico que dejaba lucir a la perfección la joya que anunciaba junto con los pendientes que caían casi hasta sus hombros igualmente desnudos siendo sólo cubierta la piel de los brazos por unas finas medias semitransparentes que completaban el look de Natsu. *

Con pasos firmes y arrogantes, sin haber agradecido a la maquilladora por su trabajo, Kyoko, sin salirse de su personaje, se dirigió de nuevo a la sala del estudio donde se realizaban las sesiones de fotos.

Ese nuevo escenario estaba decorado con telas rojizas de fondo y focos con luz tenue y en sombra excepto en el lugar que ella ocupaba donde su cara estaba sensualmente ensombrecida en un lado pero la mayor porción estaba siendo totalmente expuesto.

Ahí de pie con una pose aristocrática y a la vez juvenil, mostraba orgullosa con una leve sonrisa ladina sus deslumbrantes joyas que brillaban a la luz de los focos que impactaban de lleno en ellas, esas joyas de cristal esculpido que lo reflejaban todo hasta cegar a quien las observara fijamente pero no podías apartar la mirada de ellas, ese era el secreto de Pandora, esa era su maldad.

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Sólo habían hecho falta un par de fotos en realidad para que Matsumoto estuviese más que satisfecho con el resultado, después de eso había llegado el momento de volver a ser Kyoko, quitarse su preciado maquillaje de princesa, el vestido de gala y las joyas de reina… había sido doloroso.

— Bueno, ha sido un placer el trabajo de hoy Kyoko-chan, Yashiro-san— dijo Matsumoto

— Igualmente— repitió ella con una delicada inclinación— ha sido muy agradable trabajar aquí.

— Me alegra que digas eso, porque sin duda recibirás más pedidos por mi parte, Darling— Sonrió Matsumoto, ante el sonrojo de Kyoko.

— ¿Cuándo sabremos sobre las fechas del anuncio? — Interrumpió el manager.

— Depende de lo que nos cueste montarlo, que no creo que sea mucho. El tiempo límite es el día veinticinco.

— ¡Eso es dentro de cinco días! — exclamó exaltado Yashiro. "¿Y nos contrató hace menos de una semana y sin total seguridad? Este hombre no ha cambiado para nada, sigue haciendo lo que quiere, no sé como sigue en el mundo del espectáculo" pensó Yashiro

— Sí, veo que llevas el calendario bien, buen trabajo— Se burló Akira metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón con tranquilidad, sabiendo lo que debía de estar pensando Yukihito, "todos son iguales"— Menos mal que apareciste tú Kyoko-chan, sino Pandora tendría que seguir esperando por la modelo ideal.

"¿¡Serias capaz de retrasar la fecha por no estar satisfecho con una modelo!?" La mandíbula de Yashiro estaba por los suelos por el libre albedrio de ese hombre.

— Os avisaré cuando salgan los posters que probablemente sean editados hoy y mandados a copiar mañana, así que en dos días tendremos tu imagen en todas las calles de Tokyo, el anuncio llegará a su fecha limite me temo— "Obviamente" pensó Yashiro mientras oía hablar al director — pero te avisaré igual, Kyoko-chan— Terminó sonriéndole ampliamente a su nueva modelo "¡Oye que yo también estoy aquí y con quien tienes que hablar de esos asuntos es conmigo, su representante!"

Rayos, ese hombre lo enervaba. "No me extraña que a Ren no le agrade trabajar con él ni que lo haga Kyoko-chan" pensó Yashiro

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Ren estaba en su habitación sentado enfrente del director de Tragic Maker´s, todavía caracterizado como B.J.

— Director, como ya le dije al principio del contrato, a partir de la semana que viene y durante los próximos diez días no podré asistir a los rodajes ya que participo en la semana de la moda y estaré sumamente ocupado, lamento los problemas— se disculpó Ren.

— No te preocupes— lo calmó el hombre— ya lo tenía previsto, así que no hay problema. Veo que Kyoko-san y tú tenéis mucho trabajo últimamente- sonrió.

Ren evitó hacer una mueca de desagrado y mantuvo una expresión serena, era cierto Kyoko no había podido hacer su papel de Setsu en dos días enteros por culpa de la campaña publicitaria que tenía, hoy por rodarla y varios días antes por encontrarse con el director y hacer los arreglos. Si a eso se le sumaban las jornadas partidas por varias de las presentaciones y entrevistas que hacía por su rol como Natsu, su tiempo juntos había disminuido considerablemente en esta última semana.

Ah… sin duda estaba de mal humor, eso era bueno para B.J. y el rodaje pero malo para su corazón. Necesitaba verla ¡urgentemente! y más ahora que él empezaría con su calvario personal en el cruel mundo de la moda, si no la veía en lo que restaba de semana no la vería en una buena temporada.

— Bueno, debo marcharme ya— se despidió el director terminándose de un sorbo el té ofrecido por Ren y levantándose de la silla frente a él— no te preocupes Tsuruga-san, los arreglos pertinentes del horario ya están hechos, por favor cuando termines con todos tus otros trabajos dímelo para reincorporarte lo antes posible.

— Así lo haré— afirmó Ren levantándose también él de la silla para acompañarle hasta la puerta.

— Nii-san ya estoy en casa— sonó una voz monótona y con un tinte levemente cansado— Tsk, no dejes la ropa tirada en el suelo— se quejó agachándose a coger una camisa que había esparcida descuidadamente por ahí, justo antes de levantar la mirada y ver que el director estaba en la habitación también.

— Director… ¿ha hecho algo? — preguntó Setsu directamente señalando a su hermano descaradamente.

— No, no— respondió el hombre llevándose una mano a la nuca. Era increíble como esos dos se habían metido en sus papeles y habían creado sus propias versiones de Cain y Setsu, bueno en realidad él no había creado a Setsu pero encajaba a la perfección, a veces se sentía torpe por no haber pensado en alguien como ella, sentía que era necesaria para el papel de Cain— Sólo estaba aquí para tratar el asunto de la ausencia de los próximos días.

— Mmm, está bien— Respondió Setsu, ya había notado al ver a Tsuruga-san que era él y no Cain, pero como el director ya se iba y el asunto de la ausencia de Tsuruga-san no iba con ella, decidió quedarse como Setsu.

— Buenas noches a los dos— se despidió finalmente el hombre.

—…Así que nii-san finalmente decidió tomarse unas vacaciones— dijo Setsu mirando de reojo a un Cain despatarrado en el sofá.

— Sí…a los japoneses les gusta demasiado trabajar, pero yo necesito un descanso— dijo abriendo una lata de cerveza y dando un largo trago, hasta que una mano se la quitó impetuosamente.

— Nii-san, vamos a cenar ahora, no bebas— ordenó dándose la vuelta y dirigiéndose con la lata hacia la cocina cuando sintió como el pecho de él se juntaba con su menuda espalda hasta rodearla completamente en un abrazo apretado y arrebatarle de nuevo la lata aprovechándose de su repentina debilidad.

— La cerveza no me quitará el hambre

Ella lo miró con los ojos entrecerrados y la cabeza alzada, altiva.

— Eso espero— le advirtió

— Ohh, sino ¿me castigarás? — preguntó interesado mirándola desde arriba a tan sólo un palmo de distancia de su rostro.

— No lo dudes— respondió ella con una provocativa sonrisa.

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"¡Ren-Kun!" "¡Ren-chan!" "¡Tsuruga-san!" "¡Tsuruga-kun!" "¡Tsuruga-senpai!" "¡Ren-samaaaa!"

Cerró la puerta de su camerino suavemente apoyándose contra ella con fuerza para que nadie se atreviese a entrar en ese lugar solitario y sagrado mientras un aura pesada de cansancio y disgusto se iba cerniendo a su alrededor y su sonrisa galante y brillante que había mantenido durante todo el maldito día se rompía en mil pedazos hasta quedar una mueca parecida a la de Cain Heel. "Ahhh, he perdido la costumbre" pensó sin ganas.

Día cero, preparación de la semana de la moda. Gente por todos lados, alborotada y nerviosa. Modelos novatas que lo miraban con admiración e idolatría, modelos curtidas que se le pegaban como lapas como si lo conociesen de toda la vida y como mucho había trabajado con ellas un par de veces. Maquilladores, estilistas y demás personal que lo llevaban de un lado para otro cambiándolo de look y dándole los últimos retoques para el gran momento. Fotógrafos que le decían "mira aquí" "mira allá" "ponte así", flashes que lo habían cegado y escenarios que cambiaban más rápido de lo que él podía pestañear. Ohh y por supuesto, fans que habían logrado colarse en el centro para tirarse encima de los modelos como hienas salvajes…

Y es por esto que no le gustaba la Semana de la Moda, hacía que perdiese toda su paciencia.

Tan pronto… había llegado tan pronto esta odiosa época.

"Maldito seas Yashiro" pensó Ren. Era por su culpa que estaba allí, y era por su culpa que la última semana que tenía de convivencia con Kyoko apenas había podido verla, por culpa de las entrevistas que el manager le había programado para reafirmar su fama como Natsu e incrementar ese odioso anuncio que ya estaba empezando a tener una impresionante repercusión y por el cual desde el primer día la habían solicitado.

— ¿De verdad eres mi aliado Yukihito?

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La semana de la moda era un evento en toda la extensión de la palabra. Eso era lo que pensaba Kyoko mientras se dirigía a la reunión de la segunda temporada de Box R, que por fin tenía fecha.

Mirase hacia donde mirase, había gente por todos los lados, mucha y eso ya es decir en Tokyo, daba igual al programa, estudio o corporación al que fuese, todo estaba abarrotado por modelos y sus managers, estilistas, grandes empresarios… ahora mismo era horrible moverse por cualquier lugar que tuviese que ver con el mundo del espectáculo ¡ni que decir del LME, estaba desbordado! Al parecer era una de las grandes sedes de los modelos que participarían en los desfiles y las campañas publicitarias, ¡prácticamente tenías que identificarte para entrar al edificio!

— Que agotador… esfuérzate, Tsuruga-san— suspiró Kyoko, pensando en su senpai y la confesión que le había hecho acerca de lo mucho que odiaba esta parte de su trabajo.

Por fin llegó a la reunión que se desarrolló sin problemas. El director estaba muy orgulloso por los frutos de su guión y dirección y porque todo había salido como él lo había planeado. Les felicitó por su esfuerzo y les dio los nuevos horarios en los que comenzarían en dos semanas, como ya estaba previsto.

— Kyoko-chan ¿te apetece si vamos a tomar algo ahora? — preguntó la actriz que interpretaba a Kaori.

— Mmm, está bien— dijo animada después de mirar su reloj, aún tenía un par de horas libres hasta su cita con el director de talentos en el LME.

— He oído que estás muy ocupada últimamente— dijo una de ellas.

— Sí, yo vi el anuncio de Pandora, está por todas partes— dijo otra— ¡es genial! A demás escuché que estaba dirigido por Matsumoto Akira.

— Sí, gracias— contestó sonrojada— estoy muy contenta por cómo están saliendo las cosas últimamente, gracias al éxito de Box-R estoy teniendo muchas propuestas, ¿cómo os va a vosotras?

— Oh, a mi me llamaron para un dorama de intrigas— dijo una, contenta.

— Vaya, al parecer se están poniendo muy de moda últimamente— dijo la otra— ¡yo he logrado un papel en una película con Kijima-kun como actor principal! — suspiró emocionada— aunque sólo soy secundaria.

— Eso es genial— Kijima-san es un gran actor— dijo Kyoko intentado animarla.

— Es verdad, tú trabajaste con él en Dark Moon— dijo— te tengo envidia Kyoko-chan, siempre estás trabajando con grandes estrellas, como Tsuruga-kun, Kijima-kun, Fuwa-kun o Matsumoto-san, tienes tanta suerte.

— Eso es cierto… a medias— dijo bajando la mirada— no en todos los trabajos que he tenido he trabajado con gente super famosa, pero… siempre, siempre aprendo mucho— murmuró más para sí misma recordando Bridge Rock— no creo que haya trabajos malos o buenos, creo que todo son buenas oportunidades.

— Ah, lo siento chicas— dijo Kyoko después de un rato— me tengo que ir.

— ¿Más trabajo? — preguntó una mientras tomaba un sorbo de su café.

— Sí, bueno, supongo, en realidad ahora es una reunión con el jefe del departamento de actores del LME— respondió mientras se colocaba la chaqueta— voy a ver si tiene alguna novedad para mí. Nos vemos dentro de dos semanas.

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Paco Rabanne era un diseñador español conocido mundialmente por sus diseños creados a base de textiles innovadores pero siempre llevables y por sus perfumes, cuyas esencias y anuncios los hacían siempre los más vendidos, especialmente entre los hombres. Él mismo había sido la cara de uno de sus últimos perfumes en Japón y también solía desfilar a menudo para él.

De hecho incluso compraba su ropa, a Ren le gustaba el estilo arquitectónico y clásico que tenía Rabanne en sus trajes, así que era uno de los diseñadores para los que solía trabajar. Pero aún así no se acostumbraba… ese hombre, siempre tenía la sensación de que lo observaba de más.

Matsumoto Akira, él era el director de los anuncios de Rabanne, aquel que se encargaba del éxito de las campañas y de la elección de los modelos. La marca de moda española-francesa era una de las que primero había visto su potencial administrativo y le había delegado la mayor parte de las funciones en la campaña publicitaria. Así que siempre que trabajase para Rabanne, tendría que trabajar para ese hombre.

Al principio pensó que eran imaginaciones suyas, que simplemente lo analizaba como buen crítico pero después de varios años trabajando en las campañas ¿no se supones que ya debes conocer a quien trabaja para ti?

Siempre se cruzaban sus miradas en algún momento y veía que lo observaba de forma analítica como si quisiese ver a través de él y no a modo sexual, ya estaba acostumbrado a eso así que lo sabía reconocer perfectamente, sino como si intentase desenmascararlo o reconocerlo. Otras veces simplemente lo miraba con rencor y mientras estaba posando juraría haberle visto un deje de admiración.

¿Quién estaba loco aquí? ¿Él? ¿Se estaba imaginando cosas? ¿O era Matsumo Akira, bipolar?

No lo sabía, definitivamente no lo sabía.

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Otra vez le tocaba trabajar con ese chico.

— Matsumoto-san— llamó su secretaria mientras él se colocaba su chaqueta para marcharse— recuerde por favor, que mañana es la sesión de fotos con Tsuruga Ren.

— Sí, sí, no lo olvido— dijo con voz ronca.

Cómo lo iba a olvidar, trabajaba todos los años con ese chico, si no era para la semana de la moda, era para algún anuncio suelto, pero era uno de los modelos predilectos de la marca Paco Rabanne para Japón.

— Tsk— Chascó la lengua molestó y encendió un cigarrillo. Él no solía fumar, pero ese chico le molestaba y le ponía nervioso. Desde el principio.

Recordó el primer día que lo conoció mientras transitaba por las calles. Él buscaba un nuevo modelo, fresco, joven un tanto yankee que pudiera darle un toque de agresividad y masculinidad al nuevo perfume que quería promocionar, ahí fue cuando conoció por primera vez a Tsuruga Ren, cuando apenas tenía diecisiete años y desbordaba belleza.

No supo porque pero su imagen, a simple vista tranquila y gentil, tuvo un horrible impacto sobre él. Era como si un monstruo durmiese tras esa sonrisa, algo más que un "simple yankee" sin embargo la gente a su alrededor no se daba cuenta de ese aura tan amenazadora y pesada que tenía ese chico demasiado joven para tener tanta oscuridad sobre sus hombros.

Aunque no le extrañaba las personas sólo vemos lo que queremos ver, por eso él era tan bueno en su trabajo, él leía las almas y no las caras. Ese chico mientras tuviese su bonita cara no tendría problemas, ese aura no se notaría mientras no se desbordase. "De acuerdo" pensó "Me lo quedó"

— Que estúpido— se dijo a sí mismo mientras seguía andando por las calles.

El muchacho le intrigó y decidió ver que podría hacer con él, quiso jugar a ver qué pasaba si lo presionaba un poco y si lograba sacar algo de oscuridad. No supo porque lo hizo, sabía que no estaba bien ¿y si el chico tenía algún trauma y él lo estaba sacando a flote? "Que no se hubiese metido en esta industria" pensó Matsumoto en ese tiempo "es un mundo extremadamente cruel" era algo que siempre pensaba y todavía lo hacía, "el que no vale y no se esfuerza, no sirve".

— Pero el que acabé jodido fui yo— se paró en un semáforo y esperó mirando al cielo oscurecido opacado por todas las miles de luces e la capital japonesa.

El chico no sacó la oscuridad, hizo una muy buena interpretación en el anuncio con la que pudo engañar a la audiencia y hacerse pasar por un "chico malo" y subir como la espuma en el mundo de las luces, pero a él no lo había engañado. No había sacado nada de su alma y eso le enfurecía ¿Por qué? ¿Por qué si había hecho un buen trabajo? ¿Si no era necesario que se dañara a sí mismo para hacer ese anuncio? ¿Por qué necesitaba causarle dolor a esa persona? ¿Por qué desde el primer momento la repudiaba y le intrigaba a la vez?

No había dejado de mirarle y de analizarle, de los pies a la cabeza, le había traspasado los ojos intentando ver el fondo de su alma, había estudiado cada uno de sus rasgos, sus movimientos, su forma de hablar, de sentarse, de comportarse… era definitivamente alguien extraño… y familiar. Ese chico para empezar era extranjero, sus facciones eran extranjeras, su forma de comportarse era extranjera, había cosas básicas cotidianas en las que todavía no estaba acostumbrado, su acento aunque era muy bueno a veces aun fallaba algo, muy alto, demasiado alto para ser japonés. Definitivamente extranjero.

Esas facciones… tenían algo de japonés por supuesto, uno de sus dos padres lo era, el otro… era difícil, en occidente hay mucha mezcla así que es difícil definir, pero estudiando sus fotos, estudiando sus rasgos en vivo, en diferentes ropas con diferentes peinados, observando su forma de andar le recordaba a alguien.

La siguiente vez que lo vio en vivo otra vez fue aproximadamente un año después, hasta ese entonces Akira había estado siguiendo su carrera cuidadosamente y cada vez había estado más seguro de ello. Cuando supo que volvía a trabajar con él se preparó bien.

Era una campaña para Dolce & Gabbana, elegancia y distinción pura, con un traje de etiqueta y bien peinado con toda su hermosa cara descubierta y su espalda apoyada contra la pared.

Perfecto, era la misma imagen que una vez una joven modelo hizo dar la vuelta al mundo décadas a tras, vestida con un traje de hombre y su hermoso cabello dorado repeinado hacia atrás descubriendo sus facciones divinas que la llevarían a convertirse en una de las más grandes modelos del mundo.

Cuando él, Matsumoto Akira tan sólo era un adolescente aficionado a la fotografía, su musa de por vida, su amor platónico, la gran Jullie Volkova, ahora Jullie Hizuri.

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*He aquí el vestido de Kyoko, (quitar los espacios):

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