Holaaaa, lamento mucho la demora gente, fueron días ocupados.

Les doy las gracias por todos sus comentarios y por su apoyo (heart).

Éste capítulo es un regalo con cariño para Mari Morson, como pequeño gesto que espero sea de su agrado. :3


Se quedó a un lado de la puerta, esperando. Con todo el peso de la situación tenía que admitir que necesitaba un trago, pero se negaba a caer en eso porque no le sería de utilidad; en estos momentos tenía que mantenerse alerta y prestar atención a cualquier pequeña oportunidad que tuviera para acercarse de nuevo a Shizuru.

Tres días habían pasado desde aquello y, aunque por fuera todo parecía estar bien, sabía que no era así. Su relación con ella y todo lo que comenzaron a tener se cae a pedazos debido a la lejanía impuesta obligatoriamente. Por eso estaba ahí, para evitar que eso sucediera.

Cuando por fin la vio salir se acercó. Ella parecía sorprendida de verla y volvió a darle esa sonrisa de mentiras, como si no supiera que eso no podría a engañarla. ¿Qué pretendía mintiéndole de esa manera si ambas conocían ya la verdad? Shizuru no estaba pasando por un buen momento, eso era claro, pero no podía ayudarla si no la dejaba hacerlo. Y si tenía que forzarla a escuchar, entonces así sería.

—Ara, no esperaba verte tan temprano.

—Necesito hablar contigo… Shizuru, lo que sucedió…

—Tal vez después —le cortó la palabra—. Si no me apresuro llegaré tarde.

Suspiró tratando de tomar su mano y llevándose un nuevo rechazo. La vio alejarse un paso, pequeño, apenas unos milímetros que parecían ser del tamaño del océano.

—Sé que todavía falta bastante tiempo, Shizuru. Déjame hablar contigo y…

—Por favor, Nat —la interrumpió de nuevo, tenía los ojos acuosos—. Necesito irme.

Asintió al no saber cómo ayudarla. Tal vez estaba forzando demasiado las cosas, quizá lo único que necesitaba era tener algo de tiempo a solas y después volvería a buscarla. La vio subirse al coche y partir dejando una estela de polvo tras de sí, de modo que optó por hacer lo mismo.

La universidad era lo último en lo que podía pensar en estos momentos, pero sabía que faltar tampoco mejoraría nada. Se sentó en su asiento habitual y trató de prestar atención sin conseguirlo. Incluso Nao se dio cuenta de que su mente no estaba en ese lugar. Durante el almuerzo apenas probó bocado y se dedicó a jugar con la comida hasta que la voz de su amiga la sacó del trance.

— ¿Has podido hablar con Shizuru?

La observó y negó con la cabeza bajando la vista de nuevo.

—Esto no está bien, no lo está en lo absoluto.

Apoyó las manos sobre la mesa y miró afligida el mantel. La situación se estaba complicando y necesitaba hablar con alguien, poner en palabras la hecatombe en la que se convertía su cabeza debido al cambio repentino que Shizuru estaba teniendo.

— ¿Tan mal está la situación? —Preguntó Nao con una seriedad poco característica en ella.

—Shizuru no me deja ayudarla. Ni siquiera me permite acercarme y no sé qué más hacer, estoy desesperada.

—No deberías dejarla sola ahora.

— ¿Crees que quiero hacerlo? Pero ella se fue a trabajar como si no hubiera pasado nada y yo tenía que venir a la universidad, no servía estar en casa si ella no iba a estar ahí.

—No sé qué decirte, siempre ha sido muy terca —dijo revolviendo el jugo con un cuchillo—. Pero no te des por vencida tan fácil, es normal su comportamiento y si alguien puede ayudarla eres tú.

—Me estás dando demasiados méritos, tal vez Haruka pueda ser más útil que yo en estos momentos.

—Para nada, ella es bastante imprudente, terminaría arruinando más las cosas.

—Es su mejor amiga —dijo con un suspiro.

—Y tú eres su novia.

Esa simple frase la sacó del combate y sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso. La miró sin dejar de parpadear, aturdida de momento.

— ¿De qué hablas? —Preguntó al fin—. Shizuru y yo no somos novias…

En realidad ni siquiera estaba segura de cómo definir lo que habían empezado y de todos modos, ahora se estaba terminando tan fácil como inició.

— ¿En serio? Pero algo pasó ¿No es verdad?

—No tiene importancia eso ahora. Shizuru no quiere que me acerque.

—Lo superará en algún momento.

—Supongo…

No hablaron más del tema. El día continuó tan normal como podría serlo teniendo la cabeza ocupada y, contrario a su habitual desempeño, cometió varios errores en el trabajo. Vio a Nina, pero no tenía ganas de hablar con ella y la evitó mientras pudo, sin embargo, fue inevitable saludar cuando chocaron de frente.

— ¡Natsuki! No te había visto en todo el día, pensé que no habías venido… ¿Pasó algo? —Preguntó al notar su mirada apagada.

Hizo un gesto hacia una mesa cercana y se sentaron a conversar. Traía un té en la mano que ni siquiera había probado todavía, al darle un sorbo notó que estaba frío y le dejó de vuelta en la mesa.

—No quiero agobiarte con cosas, Nina. Pero digamos que hemos tenido algunos problemas últimamente.

— ¿De quién hablas? ¿Tú y Shizuru?

—Sí, pero no peleamos si eso es lo que piensas. Ella tuvo… Problemas y estoy preocupada, eso es todo.

— ¿Tuvo problemas? ¿Qué le pasó? —preguntó levantándose a medias.

Había olvidado el cariño que Nina le tomó a Shizuru, era lógico que estuviera preocupada. Pensó en decirle la verdad, pero no le correspondía y sólo lograría preocuparla más, de forma que mintió.

—Nada serio, no te preocupes —dijo con una falsa sonrisa.

— ¿Estás segura?

—Totalmente, te aseguro que pronto todo estará como antes.

— ¿Crees que pueda verla?

— ¿A Shizuru?

—Claro, si tiene problemas quiero que sepa que cuenta conmigo.

Tragó saliva, preocupada. No estaba segura de que Shizuru estuviera en condiciones de mantener una conversación con cualquier persona, y mucho menos con Nina, se vería forzada a fingir como llevaba haciendo todo este tiempo y no quería eso para ella.

—Le diré que quieres verla ¿De acuerdo? Yo creo que por ahora lo mejor es dejarla tranquila, sabes. Voy a intentar ayudarla y después iremos a comer juntas ¿Qué te parece?

—Está bien —aceptó algo desganada.

—No me lo tomes a mal, me ha pedido espacio y quiero respetarlo.

—Descuida, Nat, lo entiendo. No quiero molestarla, hablaré con ella cuando todo esté mejor.

—Gracias.

Nina era una niña increíble. La vio alejarse por los pasillos y dar la vuelta en la esquina. A pesar de haber regresado hace un par de días, todavía no tenía oportunidad de ver a Sergay, temía que el contrato le hubiera sido negado puesto que de ser las cosas diferentes ya la habría buscado. Decidió ir a verlo en su despacho; estaba tan ensimismado en la computadora que no la vio llegar, parecía molesto. Pensó en irse, pero ya estaba ahí de modo que se aclaró la garganta. El sonido cumplió su función, Sergay la notó y cerró de golpe la computadora. Al ver que era ella pareció relajarse.

—Maldición, me asustaste.

— ¿Estabas viendo cosas indecentes en el trabajo? —preguntó con una sonrisa alzando la ceja.

Él devolvió el gesto sin dar una respuesta.

— ¿Qué necesitas?

—En realidad nada, sólo quería saber que estás bien. Has estado muy extraño desde que volviste y… Espera, ¿qué te pasó en el rostro?

Un golpe adornaba su pómulo derecho, pero por la escasa luz no lo había notado al entrar.

— ¿Esto? —Preguntó tocando su mejilla—. No es nada, fue una tontería.

— ¿Alguien te golpeó?

—Pues sí, pero no es importante.

— ¿Quién te hizo daño? —preguntó preocupada.

—Un raterillo de cuarta. No te preocupes, estoy bien. Se irá en unos días.

—Si tú lo dices.

No dejó de mirar su golpe de todos modos hasta que el silencio se volvió demasiado incómodo y optó por despedirse.

—De acuerdo, iré a mi puesto. Es bueno tenerte de vuelta.

—Gracias, Nat.

Había algunas cosas en su vida en estos momentos que quería arreglar, pero al menos en su trabajo podía estar tranquila. Ahí dentro era como pausar el mundo un momento y dar un largo respiro. A pesar de todo, sabía que esas situaciones complicadas seguirían perturbando mientras no hiciera algo al respecto, quizá por eso al día siguiente decidió saltarse su última clase para ir a buscar a alguien a la universidad.

Vio a Shizuru de lejos y se apartó de ella en la medida de lo posible para no ser vista. No quería que le hiciera preguntas innecesarias y siguió esperando hasta verlo salir. Reito; apareció entre la gente con un maletín en las manos y una expresión entre aburrida y cansada, no supo distinguir desde lejos.

Él la vio cuando iba a medio camino de la salida. Parecía sorprendido y luego enojado, como si su simple presencia fuera algo desagradable a su vista.

—Si buscas a Shizuru ya se fue.

—En realidad quería hablar contigo.

— ¿De qué podríamos hablar tú y yo? —Dijo sin dejar de avanzar.

Natsuki se cansó de seguirle los talones y se detuvo a mitad del pasillo viendo como él continuaba su camino. Sólo entonces volvió a hablar, lo suficientemente alto como para ser escuchada.

—Tienes razón, sólo debería ir directo con Shizuru y decirle que le estás robando a su padre.

Se detuvo de golpe y giró la cabeza a todos lados, como si estuviera buscando que no hubiera otra persona en el pasillo escuchando sus palabras. Regresó y la tomó del brazo para sacarla de ahí.

Lo siguió sin objeciones pues supo que en esta ocasión sí se tomaría el tiempo de escucharla. El estacionamiento estaba vacío y se detuvo al lado de un auto que imaginó sería el suyo.

— ¿Quién te lo dijo?

—Eso no te incumbe.

—No te atrevas a decirle nada —dijo soltando su brazo.

— ¿Por qué habría de ocultarlo? Si no se lo he dicho es porque no es el momento, pero tiene derecho a saber. Eres un maldito ladrón.

Él la observó como quien ve una rata durmiendo plácidamente en su zapato; con asco y desprecio, queriendo que desaparezca sin tener que tocarla.

—Si hablas de esto con alguien meterás en problemas a los Fujino. Shizuru jamás te lo perdonara.

— ¿De qué demonios estás hablando?

— ¿Crees que oculto todo ese dinero para mí? ¿No te parece que si así fuera viviría mejor o tendría un auto último modelo?

—Seguramente no eres tan estúpido como para tener riquezas de forma inexplicable.

Lo vio caminar de un lado a otro antes de darle la cara de nuevo. Parecía enfadado y se preparó para defenderse en caso de que fuera necesario.

—No debería decirte esto, pero si abres la boca echarás a perder todo lo que hemos trabajado —dijo—. Ese dinero no es mío. Es el señor Satoru quien lo está tomando de los inversionistas, mi único trabajo es esconder el robo, y si dices algo arruinarás la vida de Shizuru ¿Entiendes?

—No te creo nada —respondió, aunque dudosa—. El señor Satoru no necesita robar ¡Es su empresa!

—Está en quiebra. Necesita el dinero para aparentar que no es así y seguirle dando a su familia la misma vida que han llevado hasta ahora y no dejaré que por tu culpa vaya a prisión el padre de la mujer que amo.

Era demasiado que digerir. Se quedó callada sin prestar atención a la forma que usó para referirse a Shizuru y pensó en el fraude y las consecuencias que tendría para la familia Fujino si las personas llegaran a saberlo.

—No querrás dejarla sin padre ¿No es así?

Ese último comentario fue la guinda del pastel. Si eso era verdad no podría hacer nada al respecto, aunque quisiera. Ahora era cómplice de un fraude, pero era imposible delatarlo porque tenía razón, estaría llevando a prisión al padre de Shizuru.

—No lo menciones a nadie, no por mí sino por Shizuru. Investígalo si quieres, sólo probarás que estoy diciendo la verdad —dijo al tomar sus hombros—. Y por ningún motivo se lo digas a ese imbécil de Sergay, él no perdería la oportunidad de hundir a la familia Fujino.

— ¿Qué?

Reito no dijo una palabra más. Se quedó sola y recargó la espalda en el muro mientras pensaba en sus palabras. Sergay no haría nada en contra de la familia Fujino porque sabía lo importante que era Shizuru para ella. Era su mejor amigo y no dudaría de él por la palabra de un ladrón.

Una vez que pasó la sorpresa se dio cuenta que no había preguntado sobre lo ocurrido con Shizuru en el cumpleaños de Yukino, ya que hasta el momento no podía ni acercarse tal vez él le diría, pero comprendió: no iba a decirle nada. Quizá hasta creyera que ser el único en saber sobre los acontecimientos le daba cierta ventaja con la chica, pero por lo visto estaba equivocado o de lo contrario Shizuru hubiera permitido su compañía para llevarla a casa y alcanzó a ver el rechazo que sufrió.

Decidió hacer lo único que podía hacer y fue a verla de nuevo. Como no tenía trabajo ese día podía darse el lujo de tomarse su tiempo y en cuanto llegó se quedó un momento sobre la moto decidiendo si esto era lo correcto en lugar de esperar a que ella estuviera lista para hablar, pero ya iban cuatro días y seguía huyendo como si fuera a hacerle daño cuando en realidad todo lo que quería era protegerla.

Dio un largo suspiro y tomando valor de algún lugar desconocido bajó de la motocicleta y tocó la puerta. Al principio no escuchó un sólo ruido al otro lado, pero sabía que estaba en casa porque podía ver su coche a través de la ventanita en la cochera. La puerta se abrió; Shizuru llevaba una bata de baño y el cabello húmedo. Recargó el cuerpo en la puerta un poco molesta, arrugando las cejas y habló con un tono más duro del que esperaba.

— ¿Qué haces aquí otra vez?

—Tenía que hablar contigo.

—Pero yo no quiero hablar contigo —dijo relajando su expresión—. Necesito que me entiendas.

— ¡Lo hago! Pero no quiero dejarte sola en estos momentos, sólo deja que me quede. —Entró con la mirada de Shizuru fija en sus movimientos—. No me iré de tu lado, me quedaré contigo esta noche aunque tenga que dormir en el sillón ¿Entiendes? Sé que lo que te sucedió es horrible y que quieres olvidarte de ello, pero no puedes sólo ignorarlo. No funciona así.

Cerró la puerta tras ella y se cubrió el rostro con las manos. Sus hombros se sacudían, con suavidad al principio; lloraba. Quiso decir algo, pero ya lo había dicho todo, ahora estaba en sus manos dar el siguiente paso, cualquiera que fuese. Esperó sin acercarse para no volver a incomodar; se lamentaba en silencio de verla así, de no haber podido ayudarla aquel día y en especial de que Reito fuera al final el héroe. La impotencia y la culpa roían su interior con todas aquellas decisiones que podrían haberle evitado este sufrimiento al amor de su vida.

Le tendió su mano, la cual ella observó un rato antes de atreverse a tomarla. La llevó al sillón donde se acomodaron una frente a la otra y la vio limpiarse el llanto del rostro con la manga de la bata.

—Es muy difícil.

—Lo sé.

—No, crees que lo sabes y te agradezco que quieras hacerme sentir mejor, pero no puedes entender —dijo. Apretó los dientes, pero sabía que el enojo no era hacia ella sino a la situación vívida—. Esos hombres… Trataron de abusar de mí.

Era la primera vez que lo decía en voz alta, aunque ya todas fueran conscientes o tuvieran alguna idea de lo ocurrido, Shizuru no había sido capaz de explicar lo sucedido.

—Entiendo que te duela hablar, pero hay que sanar las heridas para purgar el dolor, e ignorar la situación no cuenta como solución.

Dio un apretón a su mano para instarla a continuar y ella asintió mordiendo su labio inferior mientras las lágrimas rodaban por su mejilla con más fuerza. Controló su respiración, o lo intentó.

—Había salido de casa de mis padres con el chófer cuando se detuvo por culpa de un neumático que al parecer se pinchó con algo. Me dijo que esperara dentro porque llovía, que él iba a encargarse de todo, pero no quise dejarlo solo mojándose, así que salí y cubrí su cuerpo con el paraguas mientras cambiaba la llanta… No los vi llegar… Te juro que no lo noté… Golpearon a Takato…

— ¿El chófer?

—Sí… Uno de ellos le dio un golpe y lo dejó inconsciente. —Calló un momento, hipando—. Eran tres, tal vez cuatro… Podía sentirlos, tocándome…

No pudo continuar, pero no hizo falta. Tampoco quería obligarla a revivir cada detalle de lo sucedido a modo de tortura.

—No tienes idea de lo que fue sentir como me sujetaban —dijo con rabia—. Si no fuera por Reito yo… Si no fuera por él. Me defendió cuanto pudo y poco después llegó la policía y la ambulancia. Estaba muy alterada así que no tengo muchos recuerdos de esa parte; me dieron un calmante.

Miró al suelo con la vista empañada. No podía decirle que debido a eso entraba a la ducha al menos tres veces al día tratando de arrancarse de la piel esa horrible sensación de manos desconocidas acariciando su cuerpo bajo la ropa. No quería hacerle saber cómo la atrapaba el insomnio por las noches y que lo poco que lograba dormir no le servía para descansar; las pesadillas invadían su mundo onírico provocando que despertara temblando a mitad de la noche. Se negaba a quedarse con ella para que no se diera cuenta lo atormentada que estaba. Su única razón para poner distancia era seguir pareciendo la misma persona fuerte pese a lo miserable que se sentía.

Lágrimas caían en la falda que estrujaba con fuerza entre las manos. Notó movimiento por parte de Natsuki y no quiso mirar; rogó con el propósito de detener cualquier intención de tocarla pues desde aquel día no podía soportar el contacto físico más allá de un saludo.

La vio de rodillas frente a ella, sintió sus manos aferrar las suyas y levantó la vista lo suficiente para ver sus ojos empañados. No entendía su llanto si no había tenido que padecer tal horror, incluso se diría que tuvo la suerte de no estar ahí.

—Debí protegerte. Si hubiera insistido más en traerte de casa de tus padres…

—No. Por favor, no te culpes por eso.

—Pero te prometo que estaré contigo, voy a tener paciencia y cuidaré de ti mejor que nadie —dijo besando sus manos antes de recostar la cabeza en ellas—. Y me gustaría que vieras a un psicólogo porque te ayudará en todo aquello que yo no pueda.

—No sé si estoy lista para hablar de esto, ni siquiera con un psicólogo.

—No tienes que decirle todo —replicó—, pero sé que te servirá. Hazlo por mí, por favor.

No buscó más excusas. Recargó la cabeza sobre la suya con suavidad tratando de entrar en calma. El llanto había cesado y aunque nada había cambiado, sintió que muy dentro de sí una puerta acababa de abrirse.

Natsuki se quedó toda la noche sin acercarse demasiado. Incluso se esforzó en hacerle la cena y, aunque no salió del todo bien, lo comió todo porque estaba feliz de verla esmerarse tanto por ella. No quiso irse y tampoco la obligó a dormir juntas, se quedó en el sillón a pesar de no poder estirarse en toda su estatura.

Una vez en la cama susurró un gracias, algo que debería decirle directamente a Natsuki y que tarde o temprano terminaría por hacer. Le debía demasiado pese a las peleas sufridas antaño, ahora estaban juntas e incluso después de… El pensamiento la entristeció porque quizá ahora fuera ella quien no era suficiente y sin embargo, Nat estaba haciendo lo posible por volver a acercarse, por ayudarla a superar el horror y estaba dispuesta a esperar todo lo que fuera necesario con tal de volver a estar juntas como antes. Aunque mentiría si dijera que no le daba miedo perderla, que tanta espera terminaría por cansarla porque a fin de cuentas ni siquiera sabía cuánto le tomaría poder aceptar de nuevo un abrazo, un beso, por no decir algo más.

Lloró de impotencia con la mano en la boca para que sus sollozos no fueran escuchados fuera de esa habitación. Trató de dormir, pero despertó dos horas después con perlitas de sudor en todo el cuerpo; otra pesadilla. Se sentó a medias en la cama y apoyó la palma en su frente sin poder dejar de temblar. No quería volver a dormir, en su lugar decidió levantarse e ir a tomar una ducha sin importar que fueran las tres de la mañana.

Para cuando Natsuki despertó ya tenía listo el desayuno y ambas salieron de casa al mismo tiempo a sus respectivos compromisos. Por su parte, no dejó de pensar en la conversación y decidió hacer algo por sí misma e ir a ver a Haruka, después de todo, era su mejor amiga y si con alguien podía ser totalmente sincera era con ella.

Reito iba a verla todos los días a la universidad a pesar de no tener trabajo ese día y le llevaba comida, pero no era capaz de estar mucho tiempo con él porque el recuerdo la invadía. Era injusto para Reito, pero no podía evitarlo.

—Debo irme.

—Puedo llevarte.

—No te preocupes, necesito estar sola. Quiero ver a mi amiga.

Él se cruzó de brazos con la mirada triste.

— ¿Te refieres a Natsuki?

—A Haruka.

No pudo decirle que Nat pasó la noche en su casa haciéndole compañía.

—Vale, entonces te veo mañana.

—De acuerdo.

Yukino le abrió la puerta, llevaba el bolso en la mano así que imaginó que iría de salida. Parecía sorprendida de verla ahí y la hizo pasar enseguida.

—Que sorpresa. ¿A qué viene la visita?

—Necesitaba hablar con Haruka.

—Entiendo. Está en la cocina —dijo y volvió a caminar a la puerta—. Yo debo salir un momento, pero no tardo.

—Con cuidado.

—Gracias.

Dio con Haruka en donde Yukino le indicó. Estaba distraída por lo que tuvo que sentarse frente a ella en la mesa para que al fin pudiera notarla.

— ¡Bubuzuke! No esperaba verte. ¿Sucedió algo?

—Sólo quería hablar contigo.

Haruka asintió ya un poco más tranquila.

— ¿Quieres un té?

—Sí, gracias.

Dejó una taza frente a ella y volvió a sentarse. Decidió empezar la conversación enseguida porque quería evitar crear tensión innecesaria.

—Hablé con Natsuki de… Lo que sucedió.

— ¿Hablaste con ella antes que conmigo? —reclamó Haruka sorprendida.

—Tal vez, pero tú eres mi mejor amiga —respondió esperando que el comentario lograra distraerla—. Ella me pidió que fuera al psicólogo y creo que lo haré, quizá de esa forma logre superar todo esto que siento.

— ¿Al psicólogo? ¿Para qué? Fue una mala experiencia, no quiere decir que estés loca.

Haruka parecía molesta y apoyó las manos en la mesa, supo que tendría que explicarle las cosas de forma que pudiera entenderlo. Algunas ideas se arraigan tanto dentro de las personas que es difícil hacerlas cambiar de opinión.

—No se trata de locura, Haruka. Con un psicólogo se puede hablar de cosas como esta, de problemas que te hunden la vida… Se trata de que un profesional me ayude a encontrar el camino para continuar.

La vio desplomarse en su asiento con los ojos bien abiertos. Era consciente de que nunca antes le había hablado de esa manera, con sus palabras denotando derrota, como si la vida fuera demasiado y no pudiera ver la valía en ella, pero era necesario hacerle ver la importancia de ir a terapia.

—Si lo dices así no parece tan mala idea... ¿Y no vas a contarme a mí lo que sucedió?

Desvío su atención al té sobre la mesa y tomó un trago. No quería volver a hablar de ello, sin embargo, a Haruka no le gustaba sentirse desplazada ante Natsuki; tenía que encontrar la forma correcta de negarse.

—No hace falta que te cuente, seguro lo has deducido ya por tu cuenta. No se te escapa nada.

—Es verdad —dijo orgullosa—. Lo he deducido.

Librarse de la situación fue sencillo, cuando Yukino llegó les hizo compañía hasta tarde y no preguntó nada con respecto a aquel día; no pudo hacer más que agradecerlo, quizá fuera la única persona que no la estaba forzando a mentir o, en el mejor de los casos, negarse a hablar.


Respuestas a los reviews.

invitado/a: Sorpresa!

Leedoraespectral: Hola! lamento hacerte sentir mal, son sólo cosas que deben pasar en la historia uvu Te aseguro que lo hará, todo esto sólo las va a unir más. Aw, gracias por los halagos :3

Nefi: Lo siento! De todos modos, sí la está apoyando, Natsuki no la dejará sola. Hasta la próxima, un abrazo!

Langely: jaja no soy tan cruel, el mal momento ya pasó, o al menos no están alejadas ni nada, ya después veremos de quién es la culpa... Saludos ;3

Gler Lin: En este capítulo se explica ese cambio uwu Oh! En fb me encuentras con el mismo nombre que aquí, o puedes ver el link aquí mismo, en mi perfil :3

Reiko: Bueno, de culpables ya se verá en otro capítulo jaja Saludos!

Mari Morson: Aw! siii, ahora ya tienen algo, aunque les falte hacerlo oficial es como si lo fuera. Gracias a ti, Mari! Espero te haya gustado, un abrazo OwO

Setsuna M: Gracias por tu apoyo :3 Me encantaría confirmar o desmentir eso sobre Reito, pero todavía no puedo, será después, un abrazo.

Daphne Parkinson: jaja perdón! Ya las volví a juntar uwu

Katy Villalobo: Orden cumplida ;3 ellas dos no van a separarse tan pronto. Saluditos.

Chat'de'Lune: Gracias por comentar en cada capítulo, que dulce! Pronto se aclararán otras dudas, te lo aseguro. Un enorme abrazo!

Estefan Ruizito: No te preocupes, esto las va a unir :3 Saludos mi querido lector.